jueves, 4 de octubre de 2018

General Augusto Pinochet y su época.-a



"Hay quienes dicen que el protagonista de este libro nació dos veces. La segunda vez, hace 16 años, al momento de intervenir militarmente en el gobierno de Salvador Allende"

Así comienza el libro "100 chilenos y Pinochet" (Zig-Zag), editado por el periodista Jorge Díaz y el doctor en Filosofía Eduardo Devés en 1989, un año después del triunfo del "No" en el plebiscito, hito que este viernes cumple 30 años. El ejercicio, en ese momento, fue simple: buscar a representantes del mundo público chileno del momento y enfrentarlos a la pregunta "¿Qué piensa usted del general Pinochet?".
"Uno se encuentra con un típico caso de maniqueísmo: es amor o es odio. Es el peor gobernante de la historia de Chile o el mejor que ha existido", explicaban los autores. "Hay múltiples estudios sobre lo que ha significado este régimen militar en los terrenos social, económico, político e, incluso, en el campo cultural. Más escasos son aquellos en torno a la sensibilidad de los chilenos, a su manera de apreciar, de valorar, de sentir estos últimos 16 años y al personaje que los encarna y los representa: el propio Pinochet. Este libro intenta contribuir a elucidar esa cuestión", añaden.

 ¿Qué pensaban en ese momento figuras como Ricardo Lagos y Joaquín Lavín? 
¿Cómo ha evolucionado el pensamiento de Diamela Eltit o Ascanio Cavallo?

 Pincha cada personaje para ver su testimonio: Marco Antonio de la Parra Diamela Eltit Sergio Marras Juan Pablo Ferrari Cristián García-Huidobro Ascanio Cavallo Máximo Pacheco Patricio Aylwin José Joaquín Brunner Eduardo Carrasco Ricardo Lagos Joaquín Lavín Luis Santibáñez 

Marco Antonio de la Parra

 Psiquiatra y escritor 1989 Hubiera querido, sin duda, a Pinochet como estratega en una guerra contra otros, que como estratega en la guerra contra su propia gente. La idea de que el enemigo pueda ser de repente un pariente de uno, me parece terrible. Pinochet es un personaje que dentro de mi experiencia psiquiátrica ha aparecido con una frecuencia pavorosa en sueños. Sobre todo en pesadillas, encarnando una figura bastante persecutoria, omnipotente, sugiriendo la idea de un padre temible que protege sólo a aquellos que se someten a sus indicaciones. Mi gran temor es de que esta enorme imagen paterna haya calado muy hondo en el inconsciente de todos los chilenos y no nos atrevamos a ser francamente libres o nos hayamos quedado con un brote de rebeldía que haya que atenuar. La duración del régimen militar ha sido la justa, no en términos de justicia, sino de que el golpe que tuvimos en 1973 fue tan fuerte que, a lo largo de estos 15 años, no nos permitió saber bien quién nos había golpeado. Y si nos hubiéramos dado cuenta antes no sé si realmente hubiéramos tenido la capacidad de pararnos y mirarnos mejor. 2018 Todo lo que describí lo sostengo aún ahora. Pinochet sigue siendo esa figura persecutoria, ese padre cruel y oscuro, ese maestro del mal. Se sigue generando esa sensación cuando aparece. Los más jóvenes pueden mirarlo de forma irónica, pero para las generaciones más maduras todavía está incrustado ahí. Quedó incrustado para siempre, porque el miedo fue una herramienta de manipulación. Hubo terrorismo de Estado también a nivel subliminal y psicológico, y el miedo se logró espantar muy tarde. El miedo todavía daba vueltas hasta el año 98. Ahora: qué pasó, por qué pasó y cómo fue para el país, son preguntas que no fueron respondidas del todo y se han ocultado con un trabajo de memoria institucionalizada rígida. Ya nadie se pregunta por qué pasó, sino que es algo que pasó, nada más, y lo que se hace es acordarse de que pasó, pero sin que haya reflexión. Yo tenía más confianza en que ese proceso reflexivo se iba a dar, y no se ha dado. Siento que de esa época quedaron dos situaciones: una docilidad extraña, con temor a volver a vivir algo así, y esta rebeldía profunda en los sectores que no vivieron la dictadura, que al final nos crea un problema, porque no entienden lo compleja que fue la transición. Si nos comparamos con los griegos, esta es nuestra Guerra de Troya. Vamos a seguir hablando de ella por mucho tiempo. 

Diamela Eltit

 Premio Nacional de Literatura 1989 Me preguntan por Pinochet. ¿Qué preguntan? Sin conocer el sentido exacto de esta pregunta, pienso en las plagas. Pienso, por ejemplo, en lo que se dice cuando se rompe un espejo: vendrán siete años de desgracias. Pienso, entonces, en un espejo roto. A buen entendedor pocas palabras: las plagas y lo que se dice de los espejos rotos. 2018 Sí, después de 30 años, pienso que Pinochet fue una plaga verdaderamente destructiva. Una plaga que penetró por todos los rincones de Chile, que mató, enfermó, aisló, contaminó. Más adelante se supo que esta plaga había acumulado una fortuna. Pienso lo mismo: Pinochet la plaga más mortífera e incontrolable del siglo XX. 

Sergio Marras

 Escritor 1989 Pinochet es algo en la vida de uno. Cómo no. Es mi retrato en el espejo, es la caricatura de mi propia cara. Pinochet es como un parto mío. Tiene un aire de familia. Es mi programa de televisión favorito. No soy más ni menos que él, creo que por fin me estoy acostumbrando a esa idea. El resto está por verse. Sacarme el Pinochet que tengo dentro me podría llevar hasta fines de siglo. Pero, aunque corro el peligro de quedarme vacío, no dejo de proponérmelo. Pinochet es casi todo lo que detesto de mí. 2018 El nuevo siglo cumplió 18 años. Es mayor de edad para todos los efectos, menos para nosotros los de entonces. Seguimos divididos tropezando más o menos en lo de siempre, como si no lo hubiéramos pasado fatal. Las ventanas solo nos sirven para mirar el vuelo de los elefantes. En estos 30 años, Pinochet envejeció mal. El héroe dejó de serlo transformándose en un ser tan común y corriente que dejó cuentas pendientes hasta en el bar de la esquina; cuentas que nadie, ni sus más ardientes detractores, imaginaba. Si no se hubiera muerto estaría enjuiciado por asaltos pecuniarios de poca monta; los de mucha monta, delitos criminales, seguramente se los habrían perdonado sus fieles seguidores que en buena medida siguen dictando cátedra hasta hoy. Yo envejecí mejor, me he puesto más divertido, más tolerante, mejor amante. Me importa menos la plata. He logrado con cierta eficacia desterrar al Pinochet que llevaba dentro. Lo veo ahora como un pariente de un pasado oscuro que se recuerda solo para ponerlo de cuco a los niños o de mal ejemplo a los adolescentes. He viajado muchísimo, he podido respirar grandes bocanadas de aire a discreción. Pinochet, por estos días, es la nada misma para mi.


Juan Pablo Ferrari

 Periodista e historiador 1989 Tengo 20 años, acaso la mejor edad, y resulta curioso que 16 de ellos le pertenezcan a un solo rostro, a una sola figura. Es increíble que en mi país no haya visto nada más que uniformes y gorras, siendo tan largo y con tanta versatilidad de expresiones, pero no es así. Seguramente Pinochet, a sus veinte años, jamás soñó con tanto poder, con tanta arrogancia. ¿Acaso no sintió el ímpetu de ser joven, idealizar y volar, si aquello fuese posible? ¿Acaso no rió y lloró con tanta irracionalidad? Lo cierto es que él hoy es un anciano, pero también es verdad que ha usurpado el deseo de soñar y de sentir de muchos jóvenes que han crecido al amparo de su fusil. Y es cierto, también, que son muchos los que se han regocijado bajo el alero de su aparente bondad senil. Pero lo que nadie descarta y ni siquiera osa discutir es el rotundo fracaso, la cruenta agonía que ha comenzado a recorrer los pasillos de su cuartel. ¡Qué lástima sentir el paso de 16 años! ¿Cuánto es lo perdido? ¿Cuánto lo no hecho? ¿Cuántos son los que hoy no cuentan como chilenos? ¿Podemos permitir que su conciencia permanezca limpia? ¿Será posible verlo morir de viejo? 2018 Tengo 50 años y no vivo en Chile hace 20. Tengo una perspectiva diferente, pero sigo pensando que Pinochet fue uno de los dictadores más cruentos de la historia de América Latina, que deshonró la democracia de nuestro país y también a toda una clase militar que hasta entonces había sido caracterizada por su valor y su trabajo incansable. También sigo creyendo abiertamente que no se hizo justicia. El hecho de que se muriera de viejo —enfermo, con descrédito internacional y no solamente afectado por haber sido un dictador, sino además por haber sido un sinvergüenza— no honró lo que realmente hizo. Soy honesto: en esa época yo quería que todos terminaran colgados de los postes de luz de la Alameda. Hoy sé que eso no era justicia: era venganza. Antes decíamos "Ni perdón ni olvido". A mí me costó perdonar, y finalmente creo que lo hice por mis hijos, porque no quería que crecieran en una lógica de odio. El tema de la memoria es extremadamente relevante para mí. Deshonrarla y pretender decir que aquí no ocurrió nada, o que lo que ocurrió fue menor, no me parece correcto. También creo que hay que tener un pensamiento liberador, y que las generaciones nuevas no tienen por qué cargar con esa mierda que nos tocó vivir. Hay que dar el paso, pasar la página y construir futuro. Fue algo muy relevante e importante, pero es sólo un capítulo de nuestra historia. 

Cristián García-Huidobro

 Actor y comediante 1989 Lo encuentro muy hábil, pero no inteligente. Creo que ha reaccionado muy bien en momentos en que se ha visto derrotado; como un lince. Cuando tiene que dar zarpazos es como los tigres: pega bien en el momento en que se ve atacado, pero cuando tiene que caminar tranquilo —otra característica del felino— no sabe ir en paz. Positiva creo que hay una cosa: se implantó un sistema económico, un sistema competitivo que no sé si sea bueno o malo; yo tuve que aprender a vivir en él. Yo creo que me puse más individualista, pero ha servido ponerme individualista. Creo que ha habido un desarrollo económico, que aquí hay posibilidades económicas, muy mal distribuidas, verdad, pero ha habido posibilidades. En lo negativo, veo que en el plano cultural hemos retrocedido. Tampoco se permite reír; el humor no tuvo cabida. A mí Pinochet me desarrolló el humor, pero un humor reprimido. Le creó a uno una "cultura de la subliminalidad". Durante diez o doce años, este país no va a querer acordarse mucho de Pinochet. Si las políticas económicas a futuro son un desastre, entonces todos se van a acordar de Pinochet. Mal que mal, un 43% votó por él. Muchos dirán que por susto, pero hay una realidad objetiva. Fue un plebiscito limpio, informado y un 43% votó por él. De un 43% a un 55% no hay una diferencia tan, tan abrumadora. 2018 Sigo pensando que Pinochet era un tipo muy hábil, porque evitó una guerra con Perú y después con Argentina. Chile no tenía capacidad para sostener un conflicto bélico y él siempre logró escabullir, escabullir. En ese sentido tuvo una habilidad muy rara: era hábil para escabullirse de los conflictos. Ahora creo que, si bien el individualismo y la iniciativa personal están bien, se llegó a un extremo increíble de individualismo, de gente que se apropió de plata ajena. El poder público se ha usado a destajo para enriquecerse, los casos son innumerables. La política cultural que tenemos es una política de clientelismo, de favores personales, que no nos ha favorecido en nada. Con la política cultural, la comedia se ha podido desarrollar muy poco. Yo sufrí mucha censura en dictadura, pero después también. A uno de mis shows, llamado "La Nueva Minoría", una vez le cambiaron el nombre a "Así somos los chilenos". Todavía vivimos el clientelismo al gobierno de turno. Por eso soy muy crítico respecto de esa generación, de ese Chile que ganó el No, que decía "La alegría ya viene". ¿Y después? Vamos haciendo negocios, vamos haciendo amigos. ¿Creerle al proyecto país? Yo no le creo nada. Pinochet sigue siendo un recuerdo, un mal recuerdo, pero a mí me gustaría también dar vuelta la hoja. Hay una generación de miles de jóvenes y la gente tiene que crecer culturalmente, y aquí estamos empantanados en buenos y malos para distintos lados. 

Ascanio Cavallo 

Periodista y escritor 1989 Yo tengo, ahora, la impresión de que la figura de Pinochet va a ser muy ambigua en la historia chilena, que no va a haber un juicio definitivo sobre él hasta muchísimos años más. Y ese juicio no va a ser necesariamente lapidario, como muchos de nosotros hemos pensado en algunos momentos. Especialmente porque me parece que es una figura muy de su tiempo, muy producto de esta sociedad, de las circunstancias que vivimos todos en el país. ¿Qué resume mejor la condición más honda de Pinochet? Creo que por muchas vueltas que se dé, uno retorna a lo mismo: es un reflejo, una imagen condensada de la sociedad chilena y de un momento histórico. Para los muchos que estiman que fue una pesadilla, debería ser asumido exacta y sinceramente como eso: un mal sueño. Pero hay que saber que los malos sueños no son endosables, no son atribuibles a la maldad ajena ni a la conspiración de unos pocos, sino que son, precisamente, distorsiones, ansiedades y volteretas de la conciencia de uno mismo. Es extraño que tantas veces la oposición haya usado como prueba de perversidad la famosa frase de Pinochet: "En este país no se mueve una hoja sin que yo lo sepa". Siempre me ha parecido que esta frase entraña algo patético, un deseo imposible, un delirio en pos del absoluto. Pinochet nunca supo que una hoja era movida por un viento más fuerte, el viento de los tiempos: él fue esa hoja. Y nosotros, el árbol, el follaje, la hojarasca. 2018 ¿Si Pinochet fue un mal sueño? Yo lo mantengo, pero los sueños no los tienen otros, los tiene uno. En realidad mantengo todo el texto, lo único que habría que matizar es que después de que ese libro se publicó, bastante tiempo después, Pinochet cometió el error y el ilícito de enriquecerse de forma fraudulenta. Pero eso fue después, y yo intuyo que por influjo más bien de la familia que por instinto propio. A la dimensión Derechos Humanos se le agregó una dimensión de robo, que no estaba antes y que es posterior. Hasta el momento del plebiscito, nada de eso había ocurrido ni se sabía, y sucede que para un sector de la derecha hay una cosa absurda: le perdonan la violencia y la violación de los Derechos Humanos, pero no le perdonan robar. Esa es una inversión de los valores humanistas: es bastante menor robar que matar gente, pero hay una parte de la gente que piensa de esa manera. Con respecto a cómo ha evolucionado la figura de Pinochet en estos 30 años, creo que a las generaciones más jóvenes se les ha pintado un retrato más agudo de un mismo demonio. Es el cambio más importante y, como se agregó ese tema del enriquecimiento ilícito, el monstruo parece más monstruo. 




Máximo Pacheco

 Ex ministro de Energía de Michelle Bachelet 1989 Aunque mis inquietudes juveniles iban más bien por el lado de desarrollarme en el campo intelectual o académico, me encontré con que no había muchas posibilidades de ese tipo, por lo que ingresé al sector privado. Lo hice un poco a contrapelo, porque siempre tuve la imagen de que la empresa privada convocaba únicamente a aquellos miembros de la sociedad a quienes sólo les interesaba la plata (...) y la verdad es que en estos años de experiencia profesional he modificado definitivamente esa opinión. Simultáneamente con ello, debo decir que provengo de una familia que ha tenido una vinculación muy directa con el tema de los Derechos Humanos. Eso me ha permitido vivir muy cerca de todo lo que ha significado la violación de estos derechos que se ha producido en este país. Y eso me ha significado vivir momentos muy irritantes y muy dolorosos. Mi relación con el gobierno del general Pinochet es contradictoria. Se ha dicho varias veces que aquí hay dos Chile. Y creo que de alguna manera llevo eso dentro de mí. Porque por un lado he vivido en un mundo profesional y laboral, pleno de oportunidades, de desafíos y de modernizaciones. Por otro lado, por mi formación familiar y cultural, tengo una especie de sensibilidad por ciertos valores morales. He tenido por eso, con este gobierno y con la obra del régimen, una relación muy dual. Esto, de alguna manera, va marcado en cada uno de nosotros. 2018 Con los años, cada día más, he ido convenciéndome de que la dictadura de Pinochet marca probablemente la etapa más triste e irrepetible de nuestra historia. Creo que todo lo que hemos sabido de los horrores cometidos en contra de personas por el solo hecho de pensar diferente nos marcan como sociedad para siempre. Tengo hoy cada vez más energía y compromiso para luchar por la democracia y para trabajar libremente en que la defensa de los derechos humanos esté en el centro de nuestra vida cívica y política. 

Patricio Aylwin

 Ex Presidente de la República 1989 El general Pinochet ha sido el principal actor político de este país. Y durante mucho tiempo en este lapso ha sido el único actor político. Él, quien ha despotricado contra los señores políticos, ha sido el único que podía hacer política. Que se reservó, como quien dice, el monopolio de la política. En consecuencia, a esta altura, el general Pinochet no puede dejar de ser un político. Él es un político. Ahora bien, las Fuerzas Armadas, por su naturaleza, son apolíticas. La política destruye la profesionalidad y disciplina de las Fuerzas Armadas. En consecuencia, no es bueno para el país, ni para el Ejército, que su Comandante en Jefe sea un político. El general Pinochet es un hombre que divide a los chilenos. Más allá del juicio que la historia dé sobre su gestión gubernativa, lo cierto es que los chilenos estamos profundamente divididos en torno a nuestra apreciación a su respecto. Tiene grandes admiradores y grandes detractores (...) No es bueno para el país, ni es bueno para la Fuerzas Armadas, y menos para el Ejército, que quien lo dirige sea una persona cuyo nombre divide a los chilenos. El ex Presidente falleció en en 2016. 

José Joaquín Brunner

 Ex ministro del gobierno de Eduardo Frei R. 1989 ¿Cómo será recordado Pinochet por esa otra historia, la historia larga de Chile? No podemos saberlo. No poseemos las claves del futuro y es sólo desde el futuro que la historia del pasado se lee y reconstituye. Está claro cómo Pinochet quisiera ser recordado. Como el "liberador" de la patria, una suerte de moderno dictador romano que con su audacia, firmeza y perseverancia refundó la nacionalidad y proyectó un nuevo Chile hacia el siglo XXI, rediseñando su economía y su institucionalidad (...) El "milagro económico" sólo existe en los ojos de los que tienen fe, pero no ha llegado a mejorar efectivamente las condiciones de vida de la mayoría de los chilenos. Dijo el último 11 de septiembre —por enésima vez— que él había debido enfrentar al "mayor enemigo de la humanidad, el marxismo de corte leninista y estalinista", el cual por todos los medios no había cesado de atacarlo. Es probable que Pinochet haya vivido subjetivamente ese enfrentamiento de potencias con una íntima verdad. Incluso hasta hoy. Incluso mañana, cuando el viejo General romano se encuentre retirado y cultive su jardín. Pues ya se mueva en un teatro donde se apagan las luces —es el fin de la función—, es posible que allí las sombras se confundan con las figuras reales y que la utilería aparezca amenazante, a la manera de ciertos espejismos crepusculares que se repiten sin cesar. 

Eduardo Carrasco

 Fundador y director de Quilapayún 1989 Para mí, con Pinochet comenzó el exilio, el quiebre del equilibrio de lo que fue mi vida hasta antes del golpe militar. Pero el exilio, a su vez, me hizo atravesar los límites de lo que hasta entonces había sido mi propio mundo y me abrió las puertas de un país de otros, de un mundo que hasta ese momento comenzó a pertenecerme. Descubrí, además la terrible inhumanidad que hay en toda lucha a muerte. Descubrí, con gran pena, que entre las ilusiones en las que había vivido figuraba una que compartía con mis propios enemigos. El absolutismo del que yo mismo era víctima, de alguna manera tenía una contrapartida en un absolutismo que habitaba en mí mismo (...) Descubrí que el reverso de la violencia es otra violencia y que para descartar todo absolutismo tenía que aprender a quererla de otra manera. Mi exilio, en definitiva, no fue una experiencia puramente negativa. Por causa de Pinochet conocí la ferocidad, la crueldad, la impiedad, la arbitrariedad, pero también todas las contrapartes positivas: la generosidad, la bondad, la solidaridad, el espíritu de justicia. Después del Golpe Militar creo que soy mil años más viejo, más escéptico, menos entusiasta, pero también más sabio, más profundo, más verdadero. A pesar del exilio, de las separaciones, de las víctimas que he tenido que lamentar, no estoy descontento con mi suerte. ¿Pinochet? Una circunstancia. Nada más, nada menos que eso. Contactado por Emol, declinó entregar una visión actualizada. 

Ricardo Lagos

Ex Presidente de la República 1989 El fenómeno de Pinochet va a marcar profundamente el Chile del futuro; toda una generación marcada por estos 16 años va a entender que ciertos valores, que en el pasado los considerábamos dados, ahora los vamos a considerar como bienes que hay que cuidar y preservar. Desde el 87 no me cupo duda de que Pinochet podía ser derrotado en su propio esquema institucional para permanecer en el poder. En octubre, el 5 de octubre, lo importante es que derrotamos a la dictadura por un camino que está acorde con nuestra tradición y nuestra historia. Y eso es lo inédito del caso chileno. En cierto modo, esta dictadura era percibida como algo muy peculiar en el mundo, pero la forma de derrotarlo fue también especial. No puedo menos que constatar con una cierta nostalgia que nunca más, creo, en nuestras vidas, como generación, nos vamos a encontrar en un momento como el de la gran gesta épica que fue el 5 de octubre. Pinochet nos marcó, pero la forma en que lo derrotamos también nos va a marcar el Chile del futuro. La historia, además, lo va a juzgar mal (...) Son las grandes improntas las que permanecen y él no la tiene; por lo tanto, no va a dejar una marca permanente. Contactado por Emol, declinó entregar una visión actualizada. 

Joaquín Lavín 


Alcalde de Las Condes 1989 ¡Qué lejos estamos hoy del Chile del 11 de septiembre de 1973! En ese entonces jamás imaginamos que el mismo general que nos devolvió la esperanza iba también a entregarnos un futuro. Ha cometido errores. ¿Quién no los comete? Algunos muy graves. Se ha visto envuelto en problemas serios provocados por desaciertos de sus subalternos. Tiene defectos. ¿Quién no los tiene? ¿Habrá algún político capaz de tirar la primera piedra? Pinochet no fue en el plebiscito el candidato de las ocho manzanas. ¡Qué duda cabe! Tampoco lo quisieron los políticos de salón. Él no es uno de ellos. No habla bien. Su sencillez se refleja en sus discursos. No es un orador, pero dice lo que siente. No tiene lenguaje florido. Llega más al huaso y al conscripto que a los políticos con roce internacional. Pinochet es un chileno típico, y con fe en Dios. Afortunadamente. Puede haber muchas críticas, ya que en estos 15 años ha habido cosas buenas y malas, problemas especialmente en el área de los Derechos Humanos, pero cuando uno hace un balance sobre lo que fue este periodo, mi opinión personal es que las cosas positivas son más que las negativas. Y el juicio de la Historia va a ser, una vez pasado el corto plazo y las dificultades personales que pueda haber, positivo, porque efectivamente se ha restaurado la democracia, quizás tomando más tiempo del que se había pensado y porque hay un país que, comparado con el resto de América Latina, tiene una situación claramente mejor. Contactado por Emol, declinó entregar una visión actualizada. 


Luis Santibáñez 

Ex DT de la selección chilena de fútbol 1989 Yo soy un hombre del deporte, del fútbol, y aunque naturalmente tengo un juicio del Gobierno en todos sus aspectos políticos y sociales, creo que no es honesto, no es legítimo, que me aproveche de la popularidad que me ha brindado mi actividad para decir cosas que después puedan tener un millar de utilizaciones y especulaciones. Porque los que nos hicimos un nombre en el deporte debemos seguir viviendo en él y los juicios estrictamente políticos le corresponden a la gente que es especialista en eso. Sin embargo, tengo muchísima conciencia de lo que ha sido el gobierno del Presidente Pinochet en el aspecto deportivo. Y en esto voy a ser muy claro, muy categórico, muy definido. 
El Presidente Pinochet ha constituido para el deporte chileno un desperdicio de dieciséis años al no haberle dado una política coherente, consecuente, de activación, de crecimiento, de ponerlo en el lugar y en el contexto que se merece en la vida nacional. Porque lejos de crecer, el deporte chileno en este periodo se ha jibarizado.


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