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martes, 3 de septiembre de 2019

Galvarino Sergio Apablaza Guerra.-a




Galvarino Sergio Apablaza Guerra (Santiago, 9 de noviembre de 1950) es un exguerrillero chileno, perteneciente al Partido Comunista y uno de los fundadores del FPMR (Frente Patriótico Manuel Rodríguez). Llegó a ser el líder de dicha organización desde 1988 hasta el 2001. Actualmente se encuentra en Argentina.

Hijo de Galvarino Apablaza, un suboficial de ejército que murió en 1986, y de Luisa Guerra Urrutia, era el antepenúltimo de seis hermanos. Entre sus hermanos todos llegaron a completar los estudios secundarios y los mayores se vieron obligados a trabajar en los últimos años de su enseñanza, como una forma de contribuir a las necesidades del hogar. Esto le brindó a Galvarino la oportunidad de ingresar a la universidad y por ser el primero y el único de los hijos con la posibilidad de continuar estudios superiores, 
En sus años de universidad definió su conciencia política, integrándose en 1968 a las Juventudes Comunistas. Al cabo del primer año, fue electo como representante de la facultad ante la Federación de Estudiantes de Chile. Luego del golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, fue detenido y deambuló por distintos centros de detención como Londres 38, el Estadio Chile, la Cárcel Pública de Santiago, la ex-Penitenciaría, Tres Álamos y Puchuncaví. El 5 de septiembre de 1974, fue expulsado del país rumbo a Panamá junto a otros 124 chilenos en calidad de exiliados políticos. Desde allí, por razones de salud, decidió trasladarse a Cuba, llegando a la isla en diciembre de 1974. Allí se hizo conocido bajo el apodo de "Compay".
Luego de un tiempo en La Habana, aceptó la oferta de su partido cuando éste le propuso enrolarse en “un nuevo ejército para liberar a Chile del fascismo”. En ese contexto despuntó como el líder natural del joven destacamento militar del Partido Comunista, desde los inicios del proyecto en 1975. Egresado de la Escuela Militar Camilo Cienfuegos, alcanzó el grado de comandante, el más alto en el aparato militar del Partido Comunista, en la especialidad de artillería. Desde ese momento pasó a ser conocido como el “Comandante Salvador”.

Su ascenso al Comité Central del Partido Comunista de Chile, en 1978, fue una señal de que el partido jugaba todas sus cartas en su figura para sacar adelante su proyecto armado. Sin embargo, la colectividad nunca se preocupó de conocer realmente su pensamiento. Su prueba de fuego como “comandante” llegó en 1979, cuando el contingente chileno debió viajar a Nicaragua para apoyar al Frente Sandinista de Liberación Nacional que luchaba en ese momento por derrocar al gobierno de Anastasio Somoza Debayle.
Luego de la victoria sandinista, el “comandante Salvador”, fue uno de los primeros en entrar al búnker del derrocado dictador, encabezando un grupo rebelde que arribó a Managua al amanecer del 20 de julio de 1979.
Para ejercer su liderazgo entre los chilenos, Apablaza contaba con un círculo de incondicionales entre los que contaban Raúl Pellegrin, y Juan Gutiérrez Fischmann, el “Chele”, este fue uno de los últimos en plegarse al grupo y tenía inmejorables vínculos con la dirigencia cubana, ya que su suegro era Raúl Castro, hermano de Fidel Castro. Por otro lado se especula que gracias a su lealtad a Apablaza, Pellegrín asumió como jefe máximo del Frente Patriótico Manuel Rodríguez cuando sus primeros mandos ingresaron a Chile, procedentes de Cuba en 1983.
Pese a todo Apablaza optó por regresar clandestinamente a Chile a comienzos de 1986, cuando se integró al Trabajo Político del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, pero después de conocida la internación de armas de Carrizal Bajo y fracasado el atentado contra Augusto Pinochet, debió regresar rápidamente a Cuba. En ambas operaciones, por lo demás, no participó en la línea operativa. Protegido por el régimen cubano y primero en la línea jerárquica de los oficiales chilenos de las FAR, nunca estuvo en misiones arriesgadas.
Sólo volvió a ingresar a Chile tras la muerte de Raúl Pellegrin en octubre de 1988. Entonces, asumió plenamente la jefatura del FPMR-Autónomo, la facción más radical del frentismo, que un año antes se había separado del Partido Comunista. Para conducir al FPMR-A, “Salvador” articuló una dirección junto al “Chele” y Mauricio Hernández Norambuena, “Ramiro”. Según investigaciones judiciales posteriores, fue al interior de este trío donde habrían surgido las órdenes para el asesinato del senador Jaime Guzmán y del secuestro de Cristián Edwards, ambos hechos ocurridos en 1991. Luego de estos sucesos, Apablaza nuevamente debió abandonar el país, regresando a Cuba. En 1994 el “comandante Salvador” decidió trasladarse definitivamente a Sudamérica, para establecerse en Argentina.

A fines del año 2000 las discrepancias entre “Salvador” y el resto de los comandantes que abogaban por una línea más militarista, terminaron por quebrar a la cúpula del FPMR, haciendo que Apablaza, en abierto desacuerdo con “Ramiro” y el “Chele”, decidiera abandonar la organización.
En el 2001, Apablaza ratificó públicamente su alejamiento del FPMR en una carta dirigida a la militancia, donde criticó con fuerza que se haya impuesto en la organización “una mentalidad operativa que busca vencer y no convencer”, donde “la eficacia política se ve asociada al carácter operativo de la acción y no a su pensamiento”. Luego de su salida de la cúpula del FPMR, se supo que Apablaza creo un grupo denominado Identidad Rodriguista, en el cual intento plasmar sus ideas políticas, junto a varios ex-frentistas que lo acompañaron en este proyecto.
Apablaza es acusado de ser el autor intelectual del asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards y, a pedido de la Justicia chilena, se extendió una orden de captura de la Interpol en su contra en junio de 2004.​
No se habían vuelto a tener noticias concretas de él hasta el 29 de noviembre del 2004, cuando, en un operativo especial de la policía argentina, fue apresado en la localidad de Moreno, provincia de Buenos Aires, donde residía bajo el falso nombre de "Héctor Daniel Mondaca" desde hacía varios años junto a su pareja, la periodista chilena Paula Chahín, quien es empleada en la Secretaría de Medios de la Presidencia, y sus tres hijos de nacionalidad argentina.
El 30 de septiembre de 2010, el Poder Ejecutivo decidió otorgarle a Apablaza el asilo político, por lo cual finalmente no fue extraditado.


Palma Salamanca en París

Daniel Alarcón investigó durante un año y medio antes de publicar el episodio ‘El helicóptero, el silencio, el balazo, la huida‘. Esta crónica la escribió en diciembre de 2018, mientras cubría el proceso de extradición contra Ricardo Palma Salamanca en el Palacio de Justicia en París. 

La primera vez que vi en persona a Ricardo Palma Salamanca fue en los pasillos del Palais de Justice en París, en octubre de 2018. El Palais es justamente eso: un palacio decidida y descaradamente regio, con corredores largos y amplios y escalones de piedra hundidos como viejos colchones. En esa audiencia de octubre, entre los exiliados ahí reunidos, se habló sobre pesadillas, tortura y recuerdos crudos y aterradores de la vida bajo el mando de Pinochet. Ver a Palma Salamanca les había traído todas esas remembranzas de vuelta, y los exiliados se mantuvieron juntos, compartiendo memorias y apoyo, reviviendo traumas que creían haber enterrado hacía mucho tiempo. La prensa chilena había venido, unos pocos medios franceses también, y Palma se destacaba entre la multitud, de rostro impávido, con tres guardaespaldas que levantaban una manta frente a su cara cada vez que alguien intentaba tomarle una foto. Un periodista, un muchacho desgarbado con un traje mal cortado que trabajaba para la televisión chilena, fue amenazado cuando se rehusó a dejar de tomar fotografías. Después de la audiencia hubo incluso un breve forcejeo, mientras él intentaba tomar una foto y un exiliado chileno empujó al joven periodista al piso.

Cuando regresé en diciembre, la atmósfera había cambiado por completo. En los meses anteriores, la Oficina Francesa de Protección a Refugiados y Apátridas, OFPRA, le había otorgado asilo a Palma Salamanca. Esto no significaba que su caso había terminado —técnicamente, extradición y asilo son dos procesos separados e independientes —, pero, en la práctica, ahora era difícil imaginar que el estado chileno tendría éxito en su intento de que Palma Salamanca fuera devuelto. Las posibilidades de que una corte francesa contradiga y anule la decisión de la OFPRA en un caso de asilo eran casi nulas. En Chile, el caso había sido descartado por lo enemigos políticos de Palma. Yo había estado en Santiago cuando se publicó ese fallo y vi cómo miembros del comité formado en solidaridad con Palma Salamanca levantaron una copa de champaña en celebración, un grupo heterogéneo de ex militantes de mediana edad y víctimas de la dictadura brindando frente a los miembros de la prensa chilena e internacional. Un raro momento de satisfacción: los activistas a favor de Palma sintieron, correctamente, como si hubieran ganado.


Palma Salamanca fue arrestado por las autoridades chilenas en 1992

Ahora, en diciembre, había menos prensa y ningún medio francés. En el corredor en frente de la sala del tribunal, los exiliados charlaron, vapearon, rieron y esperaron de buen humor. Habían venido a mostrar solidaridad, con la confianza de que la audiencia de hoy era sólo una formalidad.

Aún así, optimismo y confianza no son lo mismo que certeza. Que las cortes francesas finalmente negasen la solicitud de extradición —eso sería certeza. Eso significaría que todo había acabado, significaría claridad en el futuro, estabilidad e inexpugnable legalidad, algo que Palma Salamanca no había tenido en décadas, aún si había logrado crear un simulacro de todas esas cosas, brevemente, en México.

Esta vez, daba la impresión de ser un festejo, Palma en silencio en el centro de una reunión social, el corazón de la fiesta, pero no exactamente el alma de la misma. Sus partidarios venían a presentarle sus respetos, y él aceptó cada apretón de mano con una sonrisa, un breve y carismático destello de calidez, y entonces retrocedió y se alejó de forma casi imperceptible, y las conversaciones continuaron sin él. Era como si la gente lo tocara para tener buena suerte, o para verificar que era real, esta figura que para muchos exiliados es más un mito que un hombre. Vestía una chaqueta de cuero y una bufanda, que no se quitó, y nunca se puso cómodo. Le pregunté en cierto momento si así lo prefería, las conversaciones zumbando a su alrededor, pero sin él. Dijo que así era. Si los otros se sentían confiados, él aún era prudente.

No es que fuera poco amigable o distante. Era simplemente cauto; no era una falla de carácter sino una adaptación a las extraordinarias circunstancias que han marcado su vida desde que se unió al Frente Patriótico Manuel Rodríguez cuando era adolescente. En octubre, cuando la tensión era más alta, la incertidumbre apenas tolerable, él había estado protegido, rodeado por una impenetrable masa de exiliados chilenos. Esta vez estaba más accesible, sonriendo más, incluso dejaba de cruzar los brazos de vez en cuando. Esperamos un largo tiempo a que comenzara la audiencia —otra diferencia con respecto a octubre, cuando las autoridades vieron el tamaño de la multitud y reorganizaron el expediente para permitir que el caso de Palma Salamanca fuera escuchado primero. No le habían dado ninguna deferencia esta vez, y en algún momento, más o menos en la tercera hora de espera, giré y vi a Palma solo en el corredor, una imagen tan sorprendente en el contexto que tuve que mirar dos veces para confirmarlo.


Fue sentenciado en Chile a dos cadenas perpetuas y 30 años de prisión.

La larga espera también me permitió ver mi entorno con más claridad, o más bien entender algo que había pasado por alto la última vez: que la sala del tribunal no le pertenecía a Palma Salamanca o su drama particular, que el Palais era una institución francesa llena de historias francesas, y no, como parecía, un barroco destacamento de Chile, congelado en ámbar en algún punto de los últimos años de la dictadura. Una sala de audiencias —cualquier sala de audiencias— es un lugar ampliamente utilitario, donde se deciden destinos, donde se cambian vidas. No sólo la vida de Palma Salamanca. De alguna manera, en octubre, no me lo había parecido, pero hoy, mientras esperábamos, una mujer se me acercó y me preguntó en francés qué caso estaba esperando. Ella era una intérprete del árabe, me dijo, y había sido asignada a una audiencia de extradición para un hombre apellidado Djif.

 ¿Era esta? ¿Esta era la sala de audiencias? 
Le contesté sin pensarlo: No, dije. No hay ningún Djif aquí, y luego me di cuenta, al igual que ella, de que, por supuesto, había un Djif ahí. Era él, ese caballero de rostro estrecho que de alguna manera no noté porque no hablaba español, el que vestía un abrigo pesado y una barba marrón de un par de días, aquel con manos nerviosas, rodeado de su esposa y cuatro hijos, el más pequeño aún en un cochecito. La intérprete se alejó, y noté a la esposa de Djif, con un velo un poco suelto: estaba hecha un desastre, ansiosa y claramente asustada. Perdió de vista varias veces a sus dos hijos menores, de cinco o seis años, que se entretenían peleándose y que sólo pararon cuando un policía se llevó a su padre. El más joven, sintiendo intuitivamente el peligro, comenzó a llorar desconsoladamente y cayó hecho un ovillo entre los brazos de su madre.     

 

Para cuando comenzó la audiencia, a eso de las cinco de la tarde, habíamos esperado durante horas y nuestra energía se había agotado. Mucho tiempo de pie. Muchas cámaras tomando la misma foto una y otra vez. Gente arremolinándose, luego dirigiéndose a los bancos a lo largo del pasillo, después de vuelta. A buscar un café y luego de regreso. Cuando las puertas finalmente se abrieron, Palma Salamanca y su séquito entraron primero, después los chilenos, más o menos en orden de su cercanía personal, y una vez que ellos habían entrado, fue el turno de la prensa. La mayoría de nosotros nos quedamos de pie. Había unas cuarenta y cinco personas en la sala del tribunal, una habitación pequeña y cuadrada que se sentía atestada y cálida. Si no hubiera estado de pie, me habría quedado dormido.

El abogado de Chile habló primero, refiriéndose ocasionalmente a sus anotaciones y volviendo una y otra vez a los delitos por los cuales Palma Salamanca había sido condenado hace tantos años. No el contexto que los había rodeado, sino los detalles crudos del asesinato del senador Jaime Guzmán, por ejemplo. Lo que se alega: Guzmán, arquitecto de la constitución de 1980 de Pinochet, ideólogo del régimen, enseñaba derecho en la Universidad Católica. Un día, mientras Guzmán salía de clases, se encontró con dos hombres en las escaleras, quienes aparentemente lo estaban esperando. Ellos eran Palma Salamanca y otro militante del FPMR, Raúl Escobar Poblete, hoy preso en México. Cuando Guzmán los vio, supo que estaba en peligro, así que volvió a subir las escaleras, tomando un camino alternativo hacia su carro. Escobar Poblete y Palma Salamanca fueron al estacionamiento. El chofer de Guzmán no pudo huir, y los dos jóvenes supuestamente le dispararon a Guzmán, quien estaba en el asiento trasero. Como cualquier asesinato, es un crimen simple y brutal. Pero en el transcurso de esas visitas a París, a menudo les preguntaba a los exiliados chilenos, a muchos de ellos, qué justificaba el asesinato, y me encontré una y otra vez con incredulidad, como si no se pudiesen molestar en explicar algo tan obvio. Más allá de la cuestión moral moral, decía yo, ¿no fue un error táctico asesinar a un senador democráticamente electo en un momento político tan precario? Más tarde, volví a escuchar la grabación de estas entrevistas, y me sentí decepcionado: si te quedas debatiendo las tácticas del asesinato y no la cruda inmoralidad de él, entonces quizás has perdido por completo la conversación.    



Aunque era diciembre, una fría e invernal tarde parisina, en el tribunal el calor era soporífero y Palma cerró suavemente sus ojos, como si dormitara. Su francés está bien, no es magnífico. “Me las arreglo”, me había dicho al principio de la semana, entonces me pregunté qué pensaba de todo esto, si podía entenderlo del todo, o si las palabras se apilaban una sobre otra, casi indiferenciables, en una monótona recapitulación de eventos que preferiría olvidar. No era difícil imaginarlo desconectándose de aquello. Luego, en un momento, el abogado de Chile describió a Palma como “un homme très violent”  y vi que los ojos de Palma se abrieron de golpe, su rostro luciendo una expresión de sobresalto y desagradable sorpresa.

Cuando el monólogo del abogado de Chile llegó a su conclusión, la fiscal del estado habló. Ella representa al estado de Francia. Su presentación fue más notable por la mención de los eventos del día anterior en Estrasburgo, donde un islamista armado disparó a once personas, matando a dos, en un mercado navideño. Es más difícil que nunca distinguir entre violencia política y terrorismo, argumentó, particularmente en momentos como este. Aún así, el factor atenuante en el caso de Guzmán fue la tortura que sufrió bajo custodia, y ella parecía inclinada a rechazar su confesión en esos términos. Esta no era una audiencia para descubrir la verdad, no se presentaría evidencia para probar o refutar este o aquel alegato. Para la fiscal, si la confesión se obtuvo bajo tortura, no tenía valor legal.

Finalmente, habló el abogado de Palma, Jean-Pierre Mignard. Es un tipo jovial e ingenioso, pálido, redondo y alegre, con un algo de hombre de espectáculo, lo que era particularmente bien recibido en esa sala de audiencias cálida y atestada. Hizo hincapié en la larga historia de Francia de apoyar a aquellos que combaten regímenes autoritarios. Resaltó una y otra vez que la constitución de 1980 de Guzmán es aún, salvo por algunos cambios cosméticos, el documento que define la política chilena. No pude evitar pensar en una entrevista que había hecho semanas antes en Santiago, en la que un hombre cercano a la familia de Guzmán miró por la ventana de su oficina en un alto edificio hacia los rascacielos y amplias avenidas de la limpia y próspera ciudad, y me dijo con un movimiento de sus brazos que Guzmán era responsable de todo ello. Ese documento —su constitución— había hecho posible este capitalismo sin restricciones y todo lo que conlleva. Lo dijo con una pizca de asombro. No creo que los enemigos políticos de Guzmán diferirían, aunque quizás ellos podrían decirlo con un tono de voz distinto, con los dientes apretados. Llenos de rabia.

El largo día finalmente terminó poco después de las seis y media, y no hubo tiempo para deliberar. La jueza anunció un receso hasta el 23 de enero, golpeó su martillo y eso fue todo. Ese día, este capítulo de la historia de Ricardo Palma Salamanca no tendría fin. Sin cierre, la espera continuó.

El final de esta crónica está contado en el episodio ‘El helicóptero, el silencio, el balazo, la huida’, producido por Daniel Alarcón. 





lunes, 29 de julio de 2019

Bélgica otorgó refugio a ex frentista implicado en el asesinato de Jaime Guzmán.-a


Miguel Ángel Peña.

Pese a que la Corte Suprema había solicitado la extradición de Miguel Ángel Peña, el Comisionado General para Refugiados y Apátridas de ese país decidió otorgarle la calidad de refugiado.
Miguel Ángel Peña, ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y sindicado como uno de los participantes en el atentado que le dio muerte al senador Jaime Guzmán en 1991, recibió la calidad de refugiado en Bélgica, por parte del Comisionado General para Refugiados y Apátridas de ese país.
Según La Tercera, Mariana Durney, directora general de asuntos jurídicos del Ministerio de Relaciones Exteriores, fue quien informó a la Corte Suprema que la decisión se tomó hace pocos días, pese a la petición de extradición solicitada por el máximo tribunal.
Con esto, se complican las opciones de que Peña regrese al país para ser procesado por el ministro Mario Carroza.
No obstante, en su escrito Durney afirmó a la Suprema que se encuentran “abocados a la realización de todas las gestiones diplomáticas pertinentes” para revertir el fallo y agilizar los requerimientos enviados por Carroza.


Miguel Ángel Peña Moreno se habría encargado con Soto de robar el taxi en que se movilizaron los autores del asesinato. Alias "Simón”, el pistolero del FPMR. 
Rut : 10.526.005-9


El ministro en visita Mario Carroza, quien investiga el homicidio del senador de la UDI, Jaime Guzmán, ubicó en Bélgica a uno de los partícipes del crimen que por años permaneció en la clandestinidad. Se trata del frentista Miguel Ángel Peña Moreno, que adoptó la chapa de “Simón”, según averiguó The Clinic Online.

De acuerdo a los antecedentes que obran en el expediente, “Simón” fue el encargado de conseguir el automóvil donde el comando se movilizó para asesinar a Guzmán en el frontis del Campus Oriente de la Universidad Católica en abril de 1991.
Peña Moreno, luego del atentado a Guzmán se escondió en Illapel, Cuarta Región. Allí asesinó al esposo de la mujer que fungía como su pareja a mediados de los 90. Purgó varios meses de cárcel por ese hecho, pero logró obtener el beneficio de la libertad condicional. De allí partió al sur y casi a fines de los 90 la Inteligencia Policial, conociendo su participación en el crimen del parlamentario montó un dispositivo para detenerlo. Sin embargo, “Simón” nunca más se dejó ver, ya que había sido condenado a una pena de cárcel por este último asesinato.

Azar y apoyo

En esta ubicación que logró Carroza también jugó el azar. Sucede que el magistrado vivió en Illapel hace algunos años. De allí que mantenía contactos con personas que militaron en partidos de izquierda, cuya identidad este medio se reserva. Fue a través de ellos que logró conseguir la información, que indica que Simón hace una vida normal en Bélgica, con familia y trabajo estable.
El magistrado se encuentra estudiando los antecedentes para conocer cuál es el estatus que “Simón” tiene en esa nación europea. Ello con el fin de solicitar, si el caso lo amerita, el envío de un exhorto -para que sea interrogado- o una eventual petición de extradición.
Este diario consultó al abogado Luis Hermosilla, querellante de la familia Guzmán, quien indicó que “vamos a apoyar todas las gestiones que el ministro carroza haga para que este sujeto responda en Chile por los delitos que cometió en el país”.
“No hay que olvidar que este hombre fue condenado por un crimen cometido en illapel, pena que nunca se presentó a cumplir”, indicó Hermosilla.

El pistolero.

Peña Moreno, de acuerdo a los antecedentes recabados por este diario, también tendría responsabilidad en la ejecución del frentista y agente de “la oficina”, Agdalín Valenzuela ocurrido en 1995 en Curanilahue.
La decisión de asesinar a Valenzuela se tomó, luego que fuera detenido junto a Mauricio Hernández Norambuena, comandante “Ramiro”, entonces jefe del FPMR, siendo liberado el mismo día, con lo que su condición de informante del organismo gubernamental quedó en evidencia.


sábado, 27 de julio de 2019

Un enigma llamado “Fabiola” (Adriana del Carmen Mendoza Candia) a

Un enigma llamado “Fabiola” (Adriana del Carmen Mendoza Candia)




El septiembre de 1986, en una casa en el Cajón del Maipo, una veintena de combatientes del FPMR se prepara para morir. Están a punto de atentar contra la comitiva de Augusto Pinochet y tienen la certeza de que no saldrán con vida. Sólo uno de ellos es mujer; usa la chapa de “Fabiola”. La emboscada fracasa, pero la joven logra huir, evadiendo por años a la justicia. Su huella fue seguida por el periodista Juan Cristóbal Peña, autor de Los fusileros, la más completa investigación publicada sobre el atentado y sus protagonistas. Esta es la historia de esa búsqueda. En la emboscada a Pinochet se inspiró parte del octavo capítulo de la serie Los archivos del cardenal.
Por Juan Cristóbal Peña

as cosas ocurren en los patios de la antigua Peña de los Parra. Calle Carmen, entre Marín y Santa Victoria. Es de noche, es comienzos de septiembre de 2006 y en minutos comenzará un acto de homenaje por los veinte años transcurridos desde el atentado al general Pinochet. En ese entonces, cuando el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) estuvo a punto de matar a Pinochet, muchos de los presentes en este patio bordeaban los veinte años y eran muchachos y muchachas dispuestos a dar la vida. Más todavía en el caso de quienes se ofrecieron a participar de una acción que -se les dijo- cambiaría la historia de Chile pero en la que había un uno por ciento de posibilidades de salir con vida. Todos los fusileros salieron con vida de esa acción, pero en el camino varios fueron perdiéndola. Por las balas, por las torturas, por el cáncer y por accidentes de tránsito.
Más que héroes, los fusileros que quedan vivos para septiembre de 2006 son sobrevivientes, y algunos de ellos –y ella- rondan por los patios de la antigua Peña de los Parra.
Ella es “Fabiola”, la Negra “Fabiola”, la única mujer que esa tarde de domingo 7 de septiembre de 1986 disparó a la caravana en que viajaba el dictador. La única de entre veinte hombres.
“Fabiola” pertenece a la categoría de los fusileros que fue identificado pero jamás detenido. Jamás hasta que un hecho casual ocurrido mucho después del atentado la llevó a pasar unos pocos días en prisión, sin que se acreditara su autoría en el hecho por el que tenía orden de captura.

Vivió en la clandestinidad por muchos años. Incluso hasta después del fin de la dictadura. La prensa y la policía de los años ochenta la llamaron “una peligrosa terrorista” y la describieron como “morena y de estatura baja”. Esa misma policía, y la que vino después en democracia, la supuso participando en hechos subversivos de relieve. Ella misma corroboró esto último en una entrevista a Punto Final -la única que ha dado-, en la que dijo que esa tarde de domingo 7 de septiembre, en la cuesta las Achupallas del Cajón del Maipo, “las fuerzas de elite de la comitiva del tirano no dispararon un solo tiro” y “se lanzaron como conejos al barranco que da al río Maipo”.
Esa noche de septiembre de 2006, a veinte años de lo que el FPMR llamó tiranicidio, “Fabiola” subirá a un pequeño escenario y saludará a los presentes diciendo hermanos, compañeros, la lucha continua, aunque de otro modo y en otro frente. Luego subirá un muchacho con una guitarra eléctrica para interpretar una versión metalera del himno del FPMR. Esto es: una versión subversiva de un grupo subversivo. Entonces “Fabiola” volverá al escenario y presentará lo que todos han venido a ver: un documental del atentado producido por los autores del atentado.
La sala se ensombrece y la pantalla proyecta el emblema del FPMR. Por cinco, diez, quince minutos. Se escuchan tímidas rechiflas, algunas bromas. El público se inquieta, comienza a levantarse de sus asientos. Entonces alguien sube al escenario y explica que si bien, por problemas técnicos, no se podrá exhibir la película, quedan todos invitados a un vino de honor. La fecha para un nuevo estreno será anunciada en los próximos días.
Lo que ha ocurrido es un deja vu. Una cruel relación de hechos desafortunados. Como hace veinte años, el estreno de una película documental sobre el atentado falla por impericia de sus autores.

***

La primera vez que contacté a “Fabiola” fue por correo electrónico. Le conté que preparaba un libro sobre el atentado a Pinochet y que quería hablar con ella sobre el tema. Le dije que había estado en Francia y Bélgica hablando con algunos de los 21 fusileros y que la idea era contar sus vidas, quienes eran antes de esa acción y qué había sido de ellos –y de ella- después. Le escribí un largo y cuidado correo electrónico y de vuelta recibí uno corto y seco.

-Gracias, no me interesa.

Para entonces, por testimonios de ex frentistas, sabía algo de ella. Había pertenecido a las fuerzas especiales del FPMR, encargadas de realizar las acciones más connotadas y audaces, acciones de propaganda armada que pretendían apoyar el levantamiento popular al que apostaba la organización militar, apoyada por el Partido Comunista, del que dependía. En su diseño original, el FPMR no buscaba derrotar por las armas al ejército de Pinochet. Eso habría sido un delirio. Más bien el FPMR era el puntal que impulsaría a las masas a alzarse contra el dictador en tiempos en que el descontento popular campeaba. De ahí se entiende que además de organizar asaltos para financiarse y acciones de hostigamiento contra cuarteles de la CNI, la organización realizara apagones, secuestros de figuras del régimen, robos a camiones de pollos que eran repartidos en poblaciones, y tomas de medios de comunicación para la difusión de proclamas.
“Fabiola” fue la mujer -la única, otra vez- que participó de la toma de radio Minería, en junio de 1984. El FPMR cumplía seis meses de vida y sus fuerzas especiales llegaron hasta los estudios de Providencia esquina Tobalaba para realizar la que fue considerada la acción más audaz y efectiva que se le conociera hasta entonces. Técnicos y periodistas fueron encerrados en un casino mientras en La Florida un segundo grupo se ocupaba de neutralizar a los custodios de la antena transmisora. A esas horas de la noche, quienes escuchaban al locutor deportivo que relataba un partido de fútbol en directo desde el Estadio Nacional se encontraron con la grabación en caset de una voz gangosa y enérgica que dijo:
Atención, pueblo de Chile: la dirección del Frente Patriótico Manuel Rodríguez se dirige al país. Hermanos, la paciencia de los chilenos se está agotando. ¿Hasta cuando vamos a seguir soportando esta miseria a la cual se nos pretende condenar? ¿Hasta cuándo tanta hambre, tanta cesantía y tanta pobreza? ¿Hasta cuándo tendremos que vivir así, mientras unos pocos se apropian de los bienes nacionales? (…) ¿Hasta cuándo habrá que soportar tanta injusticia? ¿Tanto atropello a nuestra dignidad? ¿Tanto crimen de la siniestra CNI? ¿Tanta persecución y tanto abuso? ¿Hasta cuándo? (…) Sólo cabe luchar con renovada fuerza, empleando todos los medios que podamos, incluidas las armas.
Dos días después de la difusión de esta proclama, La Tercera del 8 de junio informaba que “el grupo, en el que aparentemente participaba una mujer, permaneció alrededor de cinco minutos en las oficinas de radio Minería”. Y que “una vez que la proclama comenzó a ser difundida, los desconocidos se retiraron” con rumbo desconocido.

Las fuerzas especiales de ese entonces estaban a cargo de Fernando Larenas Seguel, el “Loco” Larenas, ex estudiante de Ingeniería y recordado arquero del Club Social y Deportivo Orompello. Era muy cercano a otros dos jugadores del mismo club del conurbano entre Viña del Mar y Valparaíso que participarán del atentado a Pinochet y harán fama en el FPMR: Mauricio Hernández Norambuena y Mauricio Arenas Bejas. Como todos y todas en esta y en cualquier otra organización subversiva, y también en algunas de fachada legal como la misma CNI, sus integrantes usaban apodos para evitar ser identificados. Larenas era “Salomón” y así lo conocían “Fabiola” y otros combatientes que formaban parte de las fuerzas especiales..
Por testimonios y archivos judiciales supe que “Salomón” no sólo tenía a cargo un grupo de elite sino también que era uno de los que seleccionaba combatientes para enviarlos a instruirse militarmente en Cuba. Seleccionaba y daba instrucciones y dinero y mensajes cifrados en clave que solían ir embutidos al interior de un tubo de pasta dental. “Salomón” solía citar a sus subordinados en el Parque O’Higgins o en un restorán chino cercano al Paradero 9 de la Gran Avenida José Miguel Carrera llamado Sayonara. A sitios como este, que eran sitios de encuentros regulares, el FPMR los llamaba la oficina.

Es probable que “Fabiola” haya sido citaba a esta o a alguna otra oficina frecuentada por “Salomón”. Y que fuera el mismo “Salomón” quien le diera la noticia de que seguiría un curso de instrucción militar en Cuba. Aunque también es probable que la noticia se la diera Benito, el jefe que reemplazó a “Salomón” al frente de las fuerzas especiales una vez que en octubre de 1984 éste quedó fuera de combate. El hecho seguro es que en algún momento de su carrera subversiva “Fabiola” viajó a Cuba para aprender aspectos básicos de guerrilla urbana. Y que cuatro meses después del asalto a radio Minería, mientras caminaba por las cercanías del Sayonara, “Salomón” fue emboscado por la CNI.

Como correspondía a un combatiente de su talla y experiencia, “Salomón” acostumbraba andar armado y decía, como decían muchos en el FPMR, que un combatiente jamás se entrega, que antes es mejor resistir a tiros que caer en manos de los chanchos. Eso fue precisamente lo que hizo “Salomón”: se enfrentó a balazos, pero así y todo, tras recibir un tiro en la cabeza que lo dejó muy mal herido, cayó en manos de la CNI.

Ocho meses después, en junio de 1985, sus compañeros lo rescataron a balazos desde una clínica y lo sacaron del país, pero “Salomón” nunca más volvió a ser el de antes. La bala en la cabeza lo dejó con un daño neurológico irreparable.

“Fabiola” debió sentir el golpe, luego también el consuelo de saber liberado a “Salomón”. Pero ella fue leal a otra máxima que alguna vez pronunció “José Miguel”, el jefe de jefes de la organización, quien dijo que el “dolor no nos detiene a llorar”, “el dolor y la rabia -agregó- no se transforman en llanto, sino en más fuerza y empuje para salir adelante”. Eso fue precisamente lo que los jefes de “Fabiola” vieron en ella: una mujer con arrojo y preparación militar. Más capaz y preparada que varios de los hombres seleccionados para actuar en esa acción que debía cambiar la historia de Chile.

***

La segunda vez fue en directo, en septiembre de 2006, en los patios de la antigua Peña de los Parra. Había llegado a ver el estreno del documental sobre el atentado, pero sobre todo a hablar con “Fabiola”. Sabía que no era una mujer fácil de abordar para un desconocido, más todavía para un desconocido que oficiaba de periodista. A “Fabiola” no le gustan los periodistas, me advirtió un ex combatiente.

La abordé diciéndole algo similar a lo que le había dicho unos meses atrás por correo electrónico: Hola, mi nombre es tal y preparo un libro sobre el atentado a Pinochet. Soy la misma persona que tiempo atrás te escribió un correo electrónico. Quise presentarme personalmente y explicarte lo que estoy haciendo: un libro sobre quiénes eran y qué fue de los autores del atentado. Mi idea es dignificar esa historia. Me parece que esa historia ha sido muy maltratado por la prensa conservadora, me parece que hay una historia humana y política que no se ha contado como se debe.

Como la primera vez, hablé largo, midiendo mis palabras. Ella escuchó atenta, sin un asomo de empatía, y cuando terminé, como la primera vez, respondió corto y seco:

-Gracias, pero ya te dije no te voy a hablar.

“Fabiola” había hablado y su respuesta no dejaba lugar a la persistencia. Pero así y todo, guiado más por el orgullo del momento que por la curiosidad, pregunté:

-¿Por qué que no quieres hablar conmigo?

-Esa historia es nuestra. Esa historia la vamos a contar nosotros.

***

Un fusilero del atentado a Pinochet me dijo que la idea fue de “Tamara”, Cecilia Magni Camino, egresada del colegio Grange y quien llegaría a ser comandante y pareja del líder del FPMR. Tamara siempre se quejaba de que las mujeres no tenían el mismo lugar que los hombres en el FPMR, de que había mucho machismo para ser un grupo revolucionario. Por eso insistió ante la jefatura con que “Fabiola” tenía tantas o más condiciones que varios de los hombres seleccionados para participar del atentado al dictador.

Gracias a Tamara, “Fabiola” estuvo desde el comienzo. Desde que la dirección del FPMR decidió que la mejor manera de terminar con Pinochet era con un atentado dinamitero al paso de su comitiva, de la misma forma en que trece años antes ETA había acabado con la vida de Luis Carrero Blanco, el leal y más probable sucesor de Franco. Para ello se escogió una amasandería a los pies de la ruta El Volcán, frente al autódromo de Las Vizcachas, que Pinochet solía transitar cuando iba o volvía de su casa de descanso en El Melocotón. La amasandería era la fachada desde la cual nacería un túnel subterráneo cargado de explosivos, y quien estaba a cargo de atender ese negocio de pan amasado, empanadas y bebidas era “Fabiola”, la Negra “Fabiola”.
En rigor, poco antes de “Fabiola” estuvo “Claudia”, una mujer joven y menuda que hacía un pan amasado delicioso. Su problema era otro. En confianza, Claudia se mostraba temerosa y dubitativa con los alcances de la misión. “Y si nos pillan, ¿qué nos puede pasar?”, le decía a uno de los dos hombres a cargo de cavar el túnel bajo la ruta, y ese hombre no tardó en alertar a sus superiores del peligro. Entonces Tamara pensó en “Fabiola”, esa mujer resuelta, de un carácter opuesto al de “Claudia”, formada en las fuerzas especiales de “Salomón”.
Veinte años después, en la entrevista a Punto Final, “Fabiola” recordó que fue Tamara quien la citó a un punto en un café de Santiago para decirle que preparara un bolso con ropa porque “estarás fuera por un tiempo”. También le dijo que ese mismo día se reuniría con “un compañero al que [yo] había conocido en el exterior”, quien le explicaría detalles de la misión. Ese día de mayo de 1986 todo fue precipitado para “Fabiola”: al mediodía recogió su bolso, a la tarde se reunió con el hombre al que probablemente había conocido en Cuba, y a la noche ya estaba instalada en la amasandería.

En un comienzo “Fabiola” debía amasar y preparar almuerzo para ella y los dos encargados de cavar el túnel, además de llevar la marcha del negocio. Pero el trabajo era tan demandante que al tiempo no quedó otra que comprar pan y empanadas en un local cercano para venderlo como si fuera de elaboración propia. La amasandería recibía clientes, y “Fabiola” y los dos hombres debían guardar las apariencias. También, cuando las obras ya estaban avanzadas, guardaban armas y explosivos. El plan debía ser ejecutado en septiembre de 1986, a más tardar, pero por alguna razón fue abortado de manera repentina.
SI bien el diputado comunista y entonces jefe militar del FPMR Guillermo Teillier ha sostenido que la acción fue descartada porque se determinó que podía morir gente inocente, no se explica por qué no se pensó en eso antes de que el túnel de dieciocho metros de largo por seis de ancho estuviera concluido. El mismo razonamiento debilita la explicación planteada por “un alto jefe del FPMR” en el libro Operación Siglo XX (1990), de Carmen Hertz y Patricia Verdugo, según la cual “el estudio final de esa operación determinó que la velocidad de los vehículos era muy alta, sólo fracciones de segundos sobre el túnel, lo que impedía asegurar que cayeran los dos o tres autos claves de la comitiva y así asegurar la eliminación de Pinochet”.
Un hombre que tuvo rango e influencia en la jefatura del FPMR me dijo que lo que echó por tierra el atentado explosivo fue el hallazgo de los arsenales de Carrizal Bajo, ocurrido en agosto de 1986, en los días en que el plan estaba próximo a ser ejecutado. Entre las cincuenta toneladas de arsenales incautadas por la policía de Pinochet había más de 1.200 kilos de explosivos de TNT y T-4. Una décima parte de esa cantidad fue suficiente para que el auto de Carrero Blanco volara hasta 35 metros y quedara tendido sobre la azotea de un edificio. Pero según el mismo frentista al que consulté, el descalabro por la pérdida de arsenales fue de tal magnitud que obligó a cambiar los planes.

Quizás confluyeron varias cosas. Errores de cálculo, dispersión de arsenales, detenciones masivas. El hecho es que un día de agosto de 1986, cuando el túnel estuvo concluido, “Tamara” llegó a la amasandería para dar la noticia. El atentado explosivo sería reemplazado por una emboscada de aniquilamiento. Y entonces, otra vez, “Tamara” pensó en “Fabiola”.

***

En la casa del poblado de La Obra, donde se acuarteló el comando que emboscó a la comitiva de Pinochet, “Fabiola” tenía privilegios de los que no gozaban otros combatientes de su rango. Compartía una pieza junto a un grupo de tres hombres asignados a la Unidad 502, que se situaría en la ladera del cerro, frente a los primeros autos de la caravana, pero a diferencia de sus compañeros de cuarto, era la única que podía entrar y salir sin autorización de algún superior. Eso habla de una jerarquía por sobre los otros.
“Fabiola” tenía más experiencia militar que los tres hombres de ese cuarto, especialmente que “Juan” y “Óscar”. Este último, que es Lenin Fidel Peralta Véliz, declaró en el proceso del caso Atentado que en esos días de encierro en la casa de la Obra fue “Fabiola” quien lo ayudó a “practicar en seco (con un fusil), haciendo puntería a la llama de una vela en la pieza a oscuras”. También declaró, después de ser apremiado de muy malas maneras por la policía, que antes del Cajón del Maipo jamás había disparado un fusil ni menos había estado en Cuba. Cuanto más -agregó ante la sorpresa de sus torturadores- había hecho tiro al blanco en los patitos de los juegos Diana.
A diferencia de una de las piezas contiguas, donde se escuchaban risas y hasta chistes, en el cuarto de “Fabiola” había silencio, si es que no tristeza. Sobre todo después de que la acción fue postergada por una semana y en ese intertanto la jefatura decidió que “Tamara” no entraría en combate en la cuesta Las Achupallas. El argumento esgrimido por los jefes fue que “Tamara” era comandante y resultaba necesaria para la etapa que se abriría en Chile una vez que el dictador fuera ajusticiado. “Tamara” era demasiado importante para exponerla en una acción en la que de seguro resultaría muerta, se dijo.
Algunos de los que estuvieron cerca de ella en esos días me contaron que se resistió a la orden, orden que de seguro tomó el mismo “José Miguel”, el jefe de jefes, que era su pareja y tenía el nombre de Raúl Pellegrin Friedman. Dicen que Tamara protestó, que hizo amago de rebelarse, pero a fin de cuentas, porque el FPMR era una organización militar y no un club de amigos, terminó acatando.

En su reemplazo llegó “Guido”, alias de Julio Guerra Olivares, que se convirtió en el nuevo jefe de la Unidad 502.

“Tamara” estuvo hasta el último día en la casa del poblado de La Obra. Alentó a sus compañeros, repasó los planes con ellos y consoló a “Fabiola”. Fue un sustento moral para el grupo de fusileros, además de fungir ante los vecinos de dueña de casa convencional, a quien la política la tenía sin cuidado. Su lugar en esta historia quedó representado esa mañana de domingo 7 de septiembre, cuando llamó a los combatientes a formar filas en el living de la casa, y, fusil en ristre, sin mediar palabra, los hizo escuchar el último discurso del presidente Allende.
“Tamara” estuvo hasta el último, hasta minutos después de que el teléfono de la casa sonara para alertar que la comitiva del dictador se había puesto en marcha. Entonces “Tamara” y “Lidia”, la cocinera de la casa, se despidieron con abrazos del resto de los combatientes y abordaron un auto rumbo a Santiago.
El dolor no nos detiene a llorar, dirá “José Miguel”, el líder del FPMR. Pero esa tarde de domingo 7, cuando se despidió de “Tamara”, “Fabiola” la vio llorar.

***

Cuando me acerqué a “Fabiola”, quería saber cómo fue que ella vivió esos siete a nueve minutos que duró la emboscada. Qué ocurrió con el lanzacohetes LAW que tenía a su cargo, si logró dispararlo y dio en algún blanco o bien, como ocurrió esa tarde con otros combatientes, si se encontró con un lanzacohetes en mal estado. Si vació los tres cargadores de su M-16, si efectivamente vio cómo las fuerzas de elite del dictador se lanzaban como conejos al barranco que da al río Maipo.
Sabía algunas pocas cosas de ella y quería saber muchas más, entender lo que no terminaba de calzar en relatos de terceros. “Fabiola” era descrita como una mujer dura, demasiado autoritaria a gusto de algunos, pero esa misma mujer, cuando escapaba de la cuesta Las Achupallas a bordo de un Toyota Land Cruiser, dejando cinco escoltas muertos y nueve gravemente heridos, creyendo que había tenido éxito pero sin saber si lograría sortear la barrera de un control policial en Las Vizcachas, esa misma mujer de rostro severo que viaja en un auto rumbo a la muerte, fue la que le pidió matrimonio a viva voz a uno de sus compañeros que venía sentado a su lado.
“Fabiola” guardaba las distancias y parecía autosuficiente, pero esa tarde de domingo, cuando bajó del Toyota tras sortear la barrera policial y comenzó a caminar por una calle de Puente Alto, se topó con uno de los fusileros de más baja estatura, le tomó la mano y le dijo: “Vámonos juntos, chico, como pololos”.
Entonces “Fabiola” y “Rodrigo”, de la mano, como pololos ensimismados en sus asuntos, subieron a una micro cualquiera que se dirigía al centro de Santiago.

Veinte años después, en la entrevista a Punto Final, “Fabiola” habló del atentado pero no contó mucho de esa acción ni menos de sí misma. Tengo la impresión de que esa entrevista a rostro cubierto, sin identidad verdadera, ayudó a alimentar el mito de “Fabiola”. Especialmente cuando recordó el modo en que José Valenzuela Levi, el jefe de la emboscada, murió en manos de la CNI -amarrado, de rodillas, de un balazo en la cabeza- y lo relacionó con “el momento de la retirada, cuando (el mismo Valenzuela Levi) ordenó no rematar a los escoltas heridos”.

Después de leer y releer esa parte de la entrevista, me quedó rondando una duda: qué hubiera hecho ella en caso de no haber recibido esa orden. O bien, qué hubiera hecho si Valenzuela Levi hubiera ordenado lo contrario.

***
En diciembre de 1986, a cinco días de Navidad, la prensa oficialista anunció que la Policía de Investigaciones había identificado a dos mujeres protagonistas del atentado. Una de ellas era “Fabiola”, que según la información oficial se llamaba Adriana del Carmen Mendoza Candia, chilena, soltera, de 28 años.
No había más datos de ella ni pistas para ubicarla. Esa mujer que la policía chilena suponía “Fabiola” había abandonado el país a fines de septiembre de 1986.
Desde entonces, y hasta el 2000, Adriana Mendoza tuvo orden de detención pendiente. Es probable que para entonces nadie la buscara. Es probable que la misma Adriana Mendoza pensara que esa orden de detención que se dictó en 1986 había perdido vigencia catorce años después. De lo contrario no se explica que en diciembre de 2000 haya llegado a un cuartel de la Policía de Investigaciones para interponer una denuncia por robo y, para su sorpresa, quedara detenida.
En el expediente del caso Atentado, que aún sigue abierto, Adriana Mendoza negó ser “Fabiola”. Negó todo lo que le imputaban: haber participado del atentado a Pinochet, haber estado en el FPMR y conocido a una tal “Tamara”. De todas formas, pese a su negativa, y al tiempo transcurrido desde la ocurrencia de los hechos, el juez a cargo de la causa mantuvo detenida a esa mujer de profesión comerciante, con domicilio en Ñuñoa, nacida en diciembre de 1958.
Adriana Mendoza permaneció detenida hasta el 4 de enero de 2001. Casi dos semanas. Sus abogados lograron su libertad condicional después de que presentaran un escrito en el que argumentaban que las declaraciones de algunos de los fusileros que la reconocieron en fotografías habían sido obtenidas bajo tortura.
Ese escrito también formulaba razones humanitarias: Adriana del Carmen Mendoza Candia sufría un linfoma que la obligaba a someterse a tratamiento de radioterapia.

***

En estos días he vuelto a buscar a “Fabiola”. Pienso que puede haber cambiado de opinión tras leer mi libro sobre el atentado a Pinochet [Los fusileros, 2007]. Pienso, quiero pensar, que ha cambiado su parecer sobre el oficio con que me gano la vida. Me dan un par de números de teléfono fijo donde contactarla pero están fuera de servicio. Me prometen que la ubicarán y le darán mi recado. Pasan días, semanas, y “Fabiola” no acusa recibo. Vuelvo a llamar a uno de mis contactos y le pregunto cómo le ha ido con mi encargo. Me dice que bien y mal. Mi contacto ubicó a un amigo de un amigo de “Fabiola” que se comprometió a preguntarle si esta vez hablaría conmigo. Pero el amigo de ese amigo sabe que “Fabiola” es una mujer discreta, que guarda distancias, especialmente con los periodistas.
Al otro lado de la línea telefónica mi contacto promete que seguirá insistiendo, pero me advierte de que no me haga muchas ilusiones.
Tú sabes cómo es “Fabiola”, dice.

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ADRIANA DEL CARMEN MENDOZA CANDIA 


Familia 

Madre: CANDIA AVENDAÑO, NELLY NORMA;
Hermano: EDUARDO PABLO DURÁN CANDIA, 
 29-10-2013


lunes, 22 de abril de 2019

Asesinos del senador Jaime Guzmán.-a

Asesinos del senador Jaime Guzmán 



Galvarino Apablaza

Era el número uno dentro de la directiva nacional del Frente Patriótico Manuel Rodríguez cuando ocurrió el crimen del senador en abril de 1991. El “comandante Salvador” vivió en la clandestinidad hasta que fue detectado y detenido en 2004 en Argentina. Chile pidió su extradición, pero finalmente ese país le entregó la calidad de refugiado y finalmente se estableció en una parcela en el Municipio de Moreno en Buenos Aires.

Mauricio Hernández

El “comandante Ramiro” fue uno de los autores intelectuales del asesinato de Guzmán. Fue detenido y condenado por este crimen y el secuestro de Cristián Edwards. Sin embargo, escapó de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996. En 2002 fue detenido en Brasil por el secuestro del publicista Washington Olivetto, delito por el que cumple una condena de 30 años.

Enrique Villanueva Molina

El “comandante Eduardo” realizó durante los noventa la labor del vocería del FPMR. Los años pasaron y fue en 2010 que Hernández Norambuena lo vinculó al asesinato. En septiembre de ese año, el juez Mario Carroza lo procesó y en 2014 fue condenado a cinco años de libertad vigilada. Luego la Corte de Apelaciones lo sentenció a presidio perpetuo. Finalmente, el máximo tribunal rebajó esa pena a cinco años.

Raúl Escobar Poblete

El “comandante Emilio” está procesado como uno de los autores materiales del crimen de Guzmán. Tras el crimen pasó a la clandestinidad. Habría estado en Cuba y luego fue vinculado al secuestro de Washington Olivetto. Este año fue detenido en México por participar en una banda de secuestradores. Vivía en la localidad de San Miguel de Allende, donde incluso tenía una revista cultural.

Ricardo Palma Salamanca

“El Negro” fue el primer detenido por el homicidio del senador. Enfrentó una pena de presidio perpetuo por este hecho y en 1996 escapó desde la Cárcel de Alta Seguridad. Su rastro se perdió hasta este año cuando México lo vinculó a la banda de Escobar Poblete. En ese país también usaba un nombre falso y decía ser fotógrafo. La última pista lo sitúa en Francia, país al que entró junto a su pareja, otra ex frentista prófuga.

Marcela Mardones

“Ximena”. Así era conocida dentro del FPMR y su rol en el crimen de Guzmán habría sido realizar labores de vigilancia. Estuvo prófuga desde 1991 y el 9 de junio de este año fue descubierta por la PDI intentando ingresar a Chile. Su viaje lo realizó luego de que su ex pareja, Raúl Escobar, fue detenido. Vivía en la misma localidad de México bajo un nombre falso. Incluso viajó a Africa por labores humanitarias. Está acusada en el caso.

Emmanuelle Verhoeven

Según el equipo de la Policía de Investigaciones que indagaba el caso, la ciudadana francesa conocida como la “comandante Ana” pertenecía al grupo subversivo. Ella habría colaborado entregando información y se le vinculó con el crimen. Tras ser detectada en Francia, Chile pidió su extradición. Luego viajó a India, donde fue detenida. Sin embargo, ambos países rechazaron extraditarla.


Raúl Julio Escobar Poblete (Santiago, 17 de octubre de 1963) conocido como comandante Emilio en sus actividades guerrilleras, fue un integrante del grupo armado chileno Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) sindicado como el autor material del asesinato del senador Jaime Guzmán, ideólogo de la dictadura militar del general Augusto Pinochet. Se encontraba prófugo de la justicia chilena desde ese crimen, cometido en 1991; además, habría participado en el rescate de cuatro de sus compañeros desde la cárcel de alta seguridad de Santiago en 1996 y cometido otros delitos diversos. Fue detenido en México el 30 de mayo de 2017.​ El 26 de noviembre de 2018 el gobierno mexicano concede su extradición a Chile.

Biografía

Hijo del periodista deportivo Mariano Escobar González, conocido por el seudónimo de Sansón, y de Celia Poblete, profesora normalista, Raúl quedó huérfano de padre a los nueve años de edad. Debido a los aprietos económicos que generó el fallecimiento de Mariano, la madre decidió enviar al hermano mayor, Manuel, donde unos familiares en Estados Unidos; cuando este regresó, se quedó con unos tíos en Providencia e iba solo esporádicamente a la casa de su madre y su hermano Raúl, en la Villa Santa Elena de Macul.
En esos tiempos, Celia Poblete "vendía lencería en Irarrázaval y Raúl Escobar estudiaba en el Liceo Lastarria y pasaba las tardes en las calles de Santa Elena, donde sus amistades lo conocían por su segundo nombre, Julio. Una de sus cercanas era Marcela Mardones, con quien, además, compartía ideas políticas".

Con ella se casaría más tarde y tendría dos hijos.
Raúl Escobar se unió al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) en 1987 y sobre los motivos que le impulsaron a hacerlo existen dos versiones. Según la primera, que figura en informes de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI), habría sido al asesinato de una tía paterna, la frentista Elizabeth Escobar Mondaca, ocurrido en la denominada operación Albania (conocida también como matanza de Corpus Christi, 15 y 16 de junio de ese año) lo que habría inducido a Escobar a unirse al FPMR. Sin embargo, familiares directos tanto de Elizabeth como de Raúl niegan el parentesco. La segunda versión dice que lo hizo influenciado por Mauricio Arenas Bejas, conocido como Lobo o Joaquín, uno de los frentistas que habían atentado contra la comitiva del general Augusto Pinochet en septiembre de 1986. A este, Escobar lo conoció en la Penitenciaría, donde estuvo encarcelado durante casi siete meses después de ser detenido por su participación, en enero de 1987, en un asalto fallido a un departamento en avenida Pocuro, en Providencia.
Al quedar en libertad a fines de año, Escobar se puso a las órdenes de un amigo de Arenas Bejas, Mauricio Hernández (conocido como Ramiro, el Abuelo o simplemente Pepe), y adoptó como chapa (seudónimo de guerra) el nombre de Emilio (convirtiéndose más tarde en el comandante Emilio; los detectives le asignaron a él y a su compañera sus propias chapas: Emilio era para ellos Pájaro Loco y Ximena, es decir, Marcela, era Minnie).
El el aparato operativo del FPMR conformó dupla con Ricardo Palma Salamanca, otro joven frentista; en 1990 actuó en las muertes del coronel de carabineros Luis Fontaine primero, y del sargento de ejército Víctor Valenzuela Montecinos a finales del mismo año. En febrero de 1991 participó en el atentado con un cohete Law contra la residencia en Santiago del personal de seguridad de la embajada de Estados Unidos, en la que un infante de marina resultó herido.
El 1 de abril ese año, junto a Ricardo Palma, tomó parte en el atentado que le costó la vida al senador Jaime Guzmán, y a finales de 1991 intervino como uno de los jefes en el grupo que secuestró a Cristián Edwards, un joven empresario hijo del dueño del diario El Mercurio. Luego de estos hechos fue identificado por la policía que inició una intensa búsqueda, sin éxito.
Volvió a reaparecer en diciembre de 1996 como jefe del comando de la llamada operación Vuelo de Justicia, que rescató a los frentistas Hernández, Palma, Pablo Muñoz Hofmann y Patricio Ortiz Montenegro desde la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago, utilizando un helicóptero.

En el 2002, la policía de Brasil descubrió sus huellas dactilares en la vivienda que fue utilizada por los secuestradores del publicista Washington Olivetto.​ Meses más tarde fue ubicado por la Interpol en la localidad fronteriza de Santana do Livramento, donde estuvo a punto de ser capturado. Pese a ello su rastro se perdió inexplicablemente.
El martes 30 de mayo de 2017 fue detenido en San Miguel de Allende, México, país donde vivía desde hacía más de una década; también su ex pareja, Marcela Mardones, de la que separó a principios de la década de 2010, residía en ese país.​ Mardones había viajado a Chile, donde fue detenida el día 9 en las cercanías de Puerto Varas y llevada a la cárcel de Puerto Montt para luego ser trasladada a Santiago. Mardones, exestudiante de Educación Básica en el campus Oriente de la Universidad Católica, está acusada desde 1993 de asociación ilícita y delito terrorista; según la investigación, habría entregado la información sobre los movimientos y horarios de Guzmán.
​ En México, Emilio había pasado a llamarse Ramón Guevara y residía en San Miguel de Allende, donde era conocido como "fanático del fútbol, apoderado ejemplar y aficionado al arte" (jugaba dos veces a la semana, los martes y jueves, por su equipo Generación 35). Fue en esa ciudad donde fue detenido en su camioneta Tacoma blanca patente GR29157. A San Miguel de Allende había llegado con su pareja que adoptó la identidad falsa de Patricia Fernández y sus dos hijos, el mayor, Carlos, tenía entonces quince años y la menor, Rebeca, dos; vivían en el barrio del Atascadero. Después de separarse y de unirse a la española Isabel Mazarro (residían en el sector El Nigromante), continuó manteniendo una estrecha relación con su hija, a la que pasaba a buscar todos los días para llevarla a la escuela Árbol de Vida.
Escobar fue encarcelado en Valle de Santiago, Guanajuato, donde ingresó bajo el nombre Ramón Alberto Guevara Valencia, de acuerdo a su falsa identidad.​ Allí se le relacionaba con el secuestro de la francoestadounidense Nancy Michelle Kendall.​ El ministro del Interior chileno, Mario Fernández, señaló que lo más probable es que el frentista sea juzgado primero en México según las leyes de ese país; Chile pedirá la extradición para poder juzgarlo a su vez por los crímenes que se le imputan.



Detenido el 30 de mayo de 2017 y preso actualmente en el Cereso 1000 en Valle de Santiago, Guanajuato, el exguerrillero chileno Raúl Julio Escobar Poblete responde por escrito un cuestionario de Proceso en el que habla sin tapujos de su militancia en el extinto Frente Patriótico “Manuel Rodríguez”. En esta entrevista, la primera que concede tras su captura, aborda las diferencias con Ricardo Palma Salamanca, con quien durante lustros formó una dupla en el exilio mexicano.
 Desde su celda del Cereso 1000 en Valle de Santiago, el exguerrillero chileno Raúl Julio Escobar Poblete, Comandante Emilio, contesta por escrito un cuestionario enviado por Proceso, mientras espera el resultado del juicio que enfrenta como inculpado del secuestro de una ciudadana franco-estadunidense, así como del proceso de extradición –solicitado por la justicia chilena– relacionado con el asesinato del senador Jaime Guzmán Errázuriz.
Por medio de sus abogados Escobar Poblete envió las respuestas escritas de su puño y letra en las cuales relata su arribo a México y a San Miguel de Allende, el nombre que adoptó en territorio mexicano –el de Ramón Alberto Guerra Valencia– durante 20 años, así como de sus andanzas en esta ciudad guanajuatense como fotógrafo y editor de revistas…

Pero, sobre todo, expuso su etapa como militante del Frente Patriótico “Manuel Rodríguez” (FPMR) en su natal Chile y sus convicciones ideológicas, además habló con detalle de varios excompañeros de lucha, como Ricardo El Negro Palma Salamanca, quien hoy se encuentra asilado en París, donde ha defenestrado a Escobar en varias entrevistas periodísticas.
Desde que llegó a México, en 1998, Escobar Poblete decidió ocultarse en San Miguel de Allende, un lugar que le pareció “cosmopolita, lejos de todo y de todos”.
“Ahí encontramos la tranquilidad buscada –dice–. Comenzamos a tener amigos, mi hijo comenzó a ir al colegio y formamos una familia que se fue ampliando, con el cariño de muchos amigos. Amigos que hasta hoy lo somos, amigos generosos.”
Fue el último del grupo que se estableció en esa ciudad de Guanajuato. Ahí se reunió con Marcela Mardones, su pareja en esa época, y un hijo. En Chile, el gobierno había emprendido una persecución contra los exintegrantes del grupo guerrillero, activo opositor a la dictadura del general Augusto Pinochet.
En su respuesta fechada el 4 de marzo pasado, Escobar desmiente la versión de que tomó la identidad de un niño fallecido en Puebla:

 “Mucho se ha comentado de eso, pero la verdad es otra. Es simple, Ramón lo elegí porque fue el último nombre que uso el Che (Guevara) en Bolivia; Alberto era el nombre de mi padre; Guerra fue por un hermano Rodriguista asesinado (Julio Guerra); Valencia (lo tomé) de un compañero desaparecido. Y lo resolví en Santo Domingo, un lugar del DF (Ciudad de México), recuerdo”.

El Comandante Emilio relata sobre el comienzo de su nueva vida en San Miguel de Allende:

 “Fue difícil, en particular fui trabajando en fotografía, luego participé en restauración y construcción de alguna casa con un amigo arquitecto que conocí ahí en San Miguel; luego tuve un pequeño café internet, hice una revista de deportes, Deportivo San Miguel, y otra, Espiral, todo sobre vida sana, homeopatía, yoga, cuidar el planeta, pagando mis impuestos todos los años. Estábamos con mi familia en los centros de ayuda humanitaria René Mey, fue y es muy bonita labor”.

Asegura que cortó sus vínculos familiares en Chile por seguridad: “Yo sólo tenía la herencia de unas casas que mi padre dejó y una venta de acciones que estaban a mi nombre en Chile, del grupo Inforsa, que mi madre me vendió. Fue con lo que conté para iniciar”.
Casi 21 años después, para Escobar Poblete ha cambiado todo. Ha pasado los últimos tres meses recluido en el Cereso 1000 de Valle de Santiago, mientras enfrenta un juicio por secuestro ante un tribunal de oralidad penal; un proceso que parece no tener fin.
Desde su captura el 30 de mayo de 2017, el entonces procurador Carlos Zamarripa Aguirre –actual fiscal general de Guanajuato– calificó al exguerrillero chileno como cabeza de una banda internacional de secuestradores que, dijo, ha tenido entre sus víctimas lo mismo a empresarios que a prominentes políticos, y abundó que operaba desde San Miguel de Allende, donde Escobar ocultó por casi 20 años su pasado bajo el nombre falso de Ramón Alberto Guerra Valencia.
De lunes a viernes, durante unas horas al día debido a la inseguridad que prevalece en la zona, la Fiscalía ha realizado decenas de peritajes de todo tipo, testimonios e informes con los que intenta demostrar la participación de Escobar en el secuestro de una ciudadana franco-estadunidense.

Justicia guerrillera

Con relación a los asesinatos perpetrados por el FPMR contra violadores de derechos humanos y colaboradores de la dictadura del general Augusto Pinochet (1973-1990) y en los inicios de la transición a la democracia, Escobar Poblete responde:
“Fue un anhelo de justicia para un vasto sector del pueblo chileno, no dejar sin castigo a estos asesinos y torturadores. No dejar impunes los crímenes de lesa humanidad de la dictadura, puesto que, si no existía un Poder Judicial que juzgara a estos criminales, había tribunales del pueblo.”

Estos crímenes, en particular el del senador Jaime Guzmán Errázuriz, fundador de la Unión Demócrata Independiente (UDI) y principal ideólogo del régimen pinochetista, ocurrieron en el marco de la campaña “Nunca impunidad”, decretada por la Dirección Nacional (DN) de dicha organización política en mayo de 1989.
En esta entrevista, la primera que concede desde su arresto, Escobar Poblete (Santiago, 1963) aborda aspectos desconocidos de la historia del FPMR, de cómo se sumó a las filas de la organización guerrillera; también responde a las polémicas declaraciones de su antiguo compañero Ricardo Negro Palma Salamanca, con quien conformó “la dupla letal” del FPMR.
Escobar Poblete y Palma Salamanca –que en México utilizaban las identidades de Ramón Guerra y Esteban Solís, respectivamente– acribillaron a Roberto Fuentes Morrison, un represor del régimen chileno; al coronel Raúl Fontaine, jefe de la inteligencia del cuerpo de carabineros, y a Víctor Valenzuela (26 de octubre de 1990), un escolta de Pinochet.
En el caso de Guzmán, el FPMR lo ejecutó de manera similar frente al Campus Oriente de la Universidad Católica. Los autores eran integrantes de la fracción autónoma del frente, una escisión del Partido Comunista (PC) ocurrida a mediados de 1987, luego que el partido aceptó sumarse a la política institucional diseñada por la dictadura de Pinochet y definida en la Constitución de 1980.
Esa decisión del PC, según los desertores, ponía freno a la “política de rebelión popular de masas” iniciada precisamente en 1980 y que tuvo como principales hitos la creación del FPMR el 14 de diciembre de 1983 y el fallido atentado a Pinochet, el 7 de septiembre de 1986.
Escobar Poblete abunda sobre el caso Guzmán: 
“Asumo mi responsabilidad política de ese hecho, por haberlo realizado el Frente y por ser integrante de la organización. Ahora, es importante destacar que yo fui involucrado en ello sin estarlo, porque detuvieron a Ricardo Palma, un compañero al cual quebraron psicológica y físicamente. Por su confesión es que hoy tienen injustamente encarcelada a Marcela Mardones, ya que, naturalmente, no tienen ninguna evidencia legal y sólida, más que una confesión de este compañero.”

Palma Salamanca, quien fue detenido el 25 de marzo de 1992, reconoció ante el subcomisario de la Policía de Investigaciones Jorge Barraza, encargado de la persecución del FPMR, su participación en los hechos, agregando que Emilio lo convenció de involucrarse: “Bueno, le dije, pero yo no quiero tener una participación directa en eso. ‘No, me dijo (Emilio), si yo soy el encargado. Tú me cubrís las espaldas’. Ese era mi papel”.
El juez que investiga la causa por la muerte de Guzmán, Mario Carroza, estableció poco después de conocerse la captura de Escobar Poblete que el exguerrillero era el “autor material” de esa muerte, según lo consignó en la solicitud de extradición remitida a la Corte Suprema de Chile el 13 de junio de 2017.
Marcela Mardones, por su parte, fue condenada por Carroza el pasado 14 de marzo a 10 años de prisión por su autoría en el “atentado terrorista contra una autoridad política (Guzmán) con resultado de muerte”.
Mardones fue detenida el 9 de junio de 2017, tras atravesar el sureño paso Peulla, en la frontera con Argentina. Ella escapó de México tras la detención de Escobar Poblete, su exesposo, con quien procreó dos hijos.
Interrogada por Carroza, Mardones admitió que hizo tareas de seguimiento de la rutina de Guzmán. Pese a su participación secundaria, ella es la única “frentista” que está en prisión por ese asesinato.
Palma Salamanca, quien vivió también en San Miguel de Allende, abandonó la ciudad tras la detención de Escobar Poblete. Se fue a Cuba y de ahí se desplazó a Francia, donde obtuvo asilo político el 2 de noviembre pasado.

La vieja dupla

El 30 de diciembre de 1996, el Comandante Emilio encabezó la operación “Vuelo de Justicia” para rescatar de la Cárcel de Alta Seguridad a cuatro integrantes del FPMR: Patricio Ortiz, Pablo Muñoz, Palma Salamanca y Mauricio Hernández Norambuena, Comandante Ramiro, el líder del Frente en esa época.
En esa ocasión se utilizó un helicóptero, previamente robado por el Comandante Emilio. Desde la aeronave se lanzó un canasto al patio central del penal en el que se subieron los cuatro guerrilleros, mientras Emilio y otro guerrillero del Frente descargaban sus fusiles M-16 a los centinelas.
Escobar Poblete rememora lo que significó para él aquel operativo: 
Fue una operación llena de fraternidad, por la vida, en la que pudimos rescatar a los compañeros que nos propusimos. Cumplió todos los objetivos”.

Emilio también habla de sí mismo. En su escrito dice que es “un ser humano que busca vivir en paz”; “un convencido de que el amor es la base fundamental de cualquier construcción social”. Y añade:
 
“Si esta paz es violentada con injusticias… no puedo, ni debo quedarme como espectador inmóvil”.
E insiste en que “por circunstancias traumáticas y de terror” tuvo que asumir distintos nombres; “pero la esencia de este ser humano es indivisible”.
En San Miguel de Allende, Escobar y Palma eran una dupla socialmente identificada, sobre todo durante el tiempo en que participaban en una revista y se dedicaron a la fotografía. Las declaraciones de Palma hace varias semanas no sólo sacudieron a Escobar sino a muchos que los conocieron en esa ciudad.
El 11 de febrero pasado, el semanario chileno The Clinic publicó una entrevista con Palma Salamanca titulada: La cultura comunista me tiene harto, es ideológicamente intolerante y autoritaria. En ella, el antiguo fusilero del FPMR aseguró que “la revolución está agotada” y se definió como “un reformista”.
Además, hizo una descarnada crítica al papel jugado por el FPMR y se refirió a Escobar como una persona “de pocas luces y más bien básico”. También se mostró sorprendido de que “estuviera metido en los secuestros de los que lo acusan”.

Enterado de las afirmaciones de Palma, Escobar dice que son “tristes y lamentables”, aunque matiza: “No puedo responder desde un punto de vista político, ya que no cuento con todos los elementos objetivos y subjetivos que rodearon esas declaraciones.
“Tampoco creo correcto responder, desde la posición de prisionero en la que me encuentro, que mínimamente es desventajosa; y lo único que se lograría sería hacerle el juego a la derecha en Chile, que estará con su morbosidad política de siempre, esperando como pajarracos carroñeros comer de sus víctimas.”

No obstante, se pronuncia “desde un punto de vista humano”, según remarca: “Ricardo (Palma), desde su muy temprana edad arrastraba una serie de frustraciones, indecisiones y traumas, por situaciones familiares, sin haber encontrado alguna terapia que hubiera sanado ese cuadro psicológico”.
Y afirma que cuando la policía chilena detuvo a su excompañero en 1992, “con la tortura, además de doblegarlo, acentuó aún más esa debilidad emocional”.
Y añade: “El rescate fue un pequeño tanque de oxígeno que un buzo desesperado recibe en el fondo del mar. Mi detención –y la terrible posibilidad de haber sido detenido y extraditado y volver a las prisiones pinochetistas– hizo que Ricardo se viera sin más oxígeno en esa profundidad y buscó otra vez culpables con una inmadurez evidente, donde le tiró a todo: a la organización, a la izquierda, a las revoluciones, inclusive a su familia, pero nunca reconoce esas responsabilidades en él, principal responsable de sus ‘frustraciones’”.

Otro viejo capítulo

El libro El gran rescate, editado por LOM, relata la liberación de presos del FPMR de la Cárcel de Alta Seguridad, e incluye los relatos aportados por “todos los compañeros” partícipes de la operación. Y aclara que de manera circunstancial Palma firmó ese volumen, que estaba casi hecho en su totalidad: gran parte de su contenido no estuvo en sus manos.
 “A este compañero (Palma) –puntualiza el entrevistado– se le consideraba de confianza…”.

Escobar Poblete se pronuncia respecto de la política de “Guerra Patriótica Nacional” (GPN), emprendida por el FPMR al final del régimen dictatorial y al principio de la “transición a la democracia”. Asegura que la GPN “no fue casual ni antojadiza: estábamos en plena dictadura, y entonces no se creía posible una transición a la ‘democracia’”.
Estima que en esa época “todo el mundo” veía que el plebiscito de 1988 era una más de las tantas maniobras para ganar tiempo y legitimar la dictadura, la que buscaba extenderse por una década más, por lo menos. 
“Tenían todo el poder –dice–, habían hecho una Constitución para sus fines. No existía Poder Legislativo ni Judicial. No había nada para hacer un estado democrático ni ninguna base para hablar de transición”.
Puntualiza que, en ese estado de cosas, “lo más coherente y correcto fue lo que hizo (El Comandante) José Miguel (Raúl Pellegrin, fundador y principal líder del FPMR) y la Dirección Nacional (DN)”, en orden a intentar “sentar las bases… para preparar una eventual agudización de la lucha política y armada”.
Y agrega: 

“Había que reorientar los esfuerzos, descentralizar la táctica y centralizar la estrategia. Se avizoraba que el paso superior para la lucha contra la dictadura, pasaba por diseminarnos en la montaña y llevar la lucha fuera de las ciudades. Para ello, lo primero era crear y producir focos guerrilleros, que pasarían a ser engrosados por muchos cuadros y combatientes. La DN, junto a José Miguel, eran cuadros fogueados en las guerras de Nicaragua y El Salvador”.

Escobar también responde a preguntas sobre la operación de asalto al poblado cordillerano de Los Queñes (Región del Maule), realizada dos semanas después del plebiscito del 5 de octubre de 1988, en el que contrariamente a lo que el FPMR había pronosticado, la opción “No” a la continuidad de Pinochet, ganó. El dictador tuvo que reconocer su derrota.

“Los Queñes –escribe Escobar– fue la toma de un poblado perfectamente planificada; sólo (existió) una baja militar, un costo muy pequeño”. No obstante, admite que “el asesinato de José Miguel y la Comandante Tamara (Cecilia Magni) empañó todo”.
En esa derrota, comenta, nada tuvo que ver la decisión del Comandante José Miguel de dar inicio a la GPN.
“(Él quería) dejar asentado que, pasara lo que pasara con Pinochet, el pueblo podría estar seguro de que estaba en condiciones de pasar a una fase superior de la lucha.”
Escobar atribuye el escaso éxito de la GPN al hecho que “en el mismo seno de la DN estaba hace muchos años enquistado un esbirro de Pinochet conocido como Bigote (Luis Arriagada Toro).
Bigote, quien iba como segundo al mando (en Los Queñes), hizo la traición más grande y dolorosa en la historia del Frente, al entregar a José Miguel y a Tamara, a quienes las fuerzas represivas asesinaron brutalmente en La Rufina y tiraron sus cuerpos al río Tinguiririca.
“Era un lugar al que jamás hubieran llegado la policía ni el ejército, si este traidor no hubiera sabido su ubicación”, sostiene Escobar.

Esta entrevista se publicó el 14 de abril de 2019 en la edición 2215 de la revista Proceso



 
Ex frentista Raúl Escobar Poblete fue condenado a 60 años de cárcel en México

El ex frentista Raúl Escobar Poblete, quién se hacía llamar comandante Emilio dentro de sus actividades guerrilleras como integrante del grupo armado del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, fue condenado en México a sesenta años de cárcel por secuestro extorsivo.
Se le imputa ser el hombre que encabezó la operación para asesinar el 1 de abril de 1991 al senador de la UDI Jaime Guzmán.
Además de los múltiples años en prisión, Escobar Poblete deberá pagar casi 12 millones de pesos chilenos por concepto de multa y otros cinco millones por reparación de daño material y moral.
Debido a la condena, ahora el ex frentista arriesga ser extraditado a Chile, aunque su defensa decidió presentar un recurso para evitar que llegue al país, argumentando que acá no encontraría las condiciones de un "juicio justo".
Tras conocer la sentencia de Escobar, el abogado de la UDI, Luis Hermosilla, declaró a La Tercera que "el hecho de la condena me parece de la mayor importancia, pues demuestra que Escobar Poblete es una persona que ha hecho del delito un modo de vida. Es impresionante el monto de una condena que en Chile no existe como tal, a 60 años de cárcel".
En esa línea, agregó:
 "Espero que se busquen las vías para que sea puesto a disposición del ministro Carroza en Chile. Pero nuestro interés es que él se someta ante la justicia chilena por los delitos que cometió acá". 

 14 de junio de 2019


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DOM 23 JUN 2019

Los detalles inéditos de la sentencia que terminó con la libertad del prófugo exfrentista, hoy condenado a 60 años de cárcel por secuestro.
-Me dijeron ‘este es nuestro negocio, no esperes ninguna piedad ni simpatía. Nos comunicaremos por escrito y habrá un código de luces. Cuando vayamos a entrar prenderemos la luz tres veces, tú te voltearás a la pared para no vernos y te pondrás de rodillas en el colchón. Cuando salgamos volveremos a encender y apagar la luz tres veces para que puedas voltearte de nuevo’. De noche las luces eran bajas, a menos que me torturaran. Ahí estaban encendidas todo el tiempo.

Quiere flores, señorita

Eran las 11.30 horas de una mañana cualquiera cuando Nancy Michel Kendall (61) estacionó su auto en el centro de San Miguel de Allende y partió caminando por Calzada de la Aurora hacia la tienda Vía Orgánica. Pero ese día 13 de marzo de 2017 cambió su vida para siempre. Un hombre se le puso enfrente con un ramo de flores de papel en sus manos y, cubriéndose la cara, le dijo “las flores, señora”, en francés. Otro tipo la agarró por detrás y juntos la subieron a una van.

Nancy estuvo secuestrada durante casi tres meses.

El relato es parte del testimonio que ella entregó ante el Tribunal de Juicio Oral del estado de Guanajuato, México, el que la semana pasada condenó a Raúl Escobar Poblete, conocido en Chile como “comandante Emilio”, a cumplir una pena de 60 años de presidio por el delito de secuestro agravado. En el fallo, la justicia mexicana trata al exfrentista por su identidad chilena, pero también se refiere a él por el nombre que adoptó durante las décadas en que se radicó en San Miguel de Allende, una vez que logró burlar la justicia chilena que lo perseguía por el asesinato del senador Jaime Guzmán.
En su barrio de esa apacible ciudad colonial, Escobar Poblete era conocido bajo el nombre de Ramón Alberto Guerra Valencia. Decía que era arquitecto y cuando le preguntaban por qué tenía un acento diferente, contaba que había nacido en Puebla, otra ciudad mexicana, y que era hijo de padres extranjeros.
Su vida era relativamente normal. Sus vecinos conocían también a Patricia Fernández, la expareja sentimental de Ramón y madre de sus hijos, Carlos y R.E.M. Pero Patricia tampoco era Patricia, sino Marcela Mardones, hoy presa en la Cárcel de Mujeres de Santiago. La mujer decidió dejar intempestivamente su casa, en el número 5 de la calle Los Adobes, San Miguel, y venirse a Chile tras la detención de Escobar.
Más tarde la seguirían sus hijos.

La tranquila vida de los Guerra Fernández se quebró el 30 de mayo de 2017.
Llamó al 911

Fue un taxista. O su intuición.

Según declararía Marco Antonio Aguilar más tarde a la justicia, se sintió intimidado por un conductor que lo seguía en el trayecto a entregar la encomienda que le habían encargado. El conductor era “Emilio”, o Ramón, o Raúl, quien -acreditó el Ministerio Público- quiso cerciorarse de que un paquete que contenía el dedo meñique de Nancy Michel Kendall llegara a manos de su esposo, el empresario francés Alain Daniel Tessier, quien se encontraba junto a unos amigos en el Restaurante Nirvana de esa ciudad. A esa altura, la mujer llevaba 78 días en cautiverio en un pequeño inmueble bajo nivel ubicado en circuito Azucena 22 del fraccionamiento La Vista, en San Miguel de Allende. Nancy relató que siempre permaneció en una especie de “cajón”, cuyas paredes tenían telas acolchadas, posiblemente para aislar el sonido.
El fallo que condenó a “Emilio” sostiene que ese día Raúl Escobar o Ramón Guerra manejaba una camioneta blanca marca Toyota Tacoma y siguió durante un trayecto al taxista Aguilar. Poco antes de las 9.30, un cómplice de “Emilio” había pagado $ 500,00 pesos mexicanos (casi $ 18 mil pesos chilenos) al transportista para que llevara al Nirvana un paquete. No sabía el taxista que en su interior había una nueva y quizás última prueba de vida de Nancy Kendall: dos falanges de su dedo meñique de la mano izquierda y un par de cartas advirtiendo que la próxima vez aparecería cortado su cuerpo entero.
A poco de emprender el camino, el taxista se percató de que alguien lo seguía.
 “La persona que estaba en el interior de la camioneta, en el lado del conductor, se le quedó viendo el número de patente del taxi, y una vez que lo pasó, avanzó detrás de él, continuando su recorrido, incluso cuando se salió de su ruta por temor”.
 Fue entonces cuando Aguilar selló el destino de Escobar Poblete: paró en una bomba de bencina y llamó al 911. Hasta el lugar llegó la policía, incautó el paquete y registró la camioneta de “Emilio”. Encontró dos cartas escritas en francés por Nancy Kendall. Sus largos años como prófugo de la justicia llegaron a su fin. También los Guerra Fernández.

“Saquen lo del cajón”

Mientras estaba detenido por la policía municipal en espera de la ministerial, Escobar hizo dos llamadas de las cuales se rindió prueba en el juicio. “No pude llevar el encargo, saquen lo que tenemos en el cajón”, dijo en la primera. Acto seguido, se comunicó con otra persona:
 
“Ve con mi hijo Carlos, que vaya con los del departamento, me tiene la policía”.
Pese a que lo nombró, el tribunal descartó vincular al hijo mayor de los Escobar Mardones con el secuestro. El testimonio de una profesora de la hija menor, que iba a la escuela Árbol de la Vida  y que conocía a Carlos, resultó clave. “Sé que se fue a Cuba a mediados de abril”, dijo la profesional, lo que fue ratificado por otro conocido del barrio. Como, entonces, en la fecha de la llamada el hijo de “Emilio” no habría estado en México, el tribunal “consideró que esas probanzas, independiente de su veracidad, no es posible considerarlas”.
Lo que sí se dio por acreditado fue que la casa en Azucena 22 fue comprada por Ramón Guerra un año antes, y quedó a nombre de su hijo Carlos. Costó en total $ 410.000,00 ($ 14 millones en pesos chilenos) y la canceló en dos pagos, uno en efectivo y otro con cheque. A la corredora le dijo que era un regalo a su hijo por su graduación. Mientras cerraba el negocio, preguntó si podía remodelar el lugar. Los dueños dijeron que no, pues se trataba de un condominio. En el juicio, un vecino del frente contaría que sí se realizaron trabajos en la vivienda, y los peritos aseguraron que se modificó una de las piezas, se amplió para que contara con un baño y que allí había también una especie de tarima.
¿Por qué iba tanto a Azucenas 22?, preguntó la justicia al exfrentista una vez detenido.
 “Porque lo tenía rentado a dos personas que lo convencieron de alquilarlo semanalmente, por lo que, por ende, cada semana iba por el dinero del alquiler”, señala el expediente.
La explicación no era creíble y en nada coincidía con el testimonio de la señora que tenía un almacén frente a la casa. Ella contó que lo reconoció porque una vez fue a su local a comprar una serie de artículos para el aseo, y dijo que entre marzo y mayo de 2017, cuando Kendall estaba cautiva, “acudía frecuentemente por la mañana, entre 8.00 y 8.30, varias veces a la semana, y que entraba y salía de esa casa”.


El moreno

La mujer y otros testigos pudieron establecer que el domicilio era habitado por otros dos hombres: “Uno de tez blanca y el otro, moreno”.
Y la sentencia contra Escobar Poblete alude a cómplices.
 “Para mantener a la ofendida privada de libertad intervinieron al menos dos sujetos, quedando patente el actuar de cada uno de ellos, uno para abordarla al vehículo y el otro conduciendo el mismo, de los cuales se está seguro que ninguno de ellos era el acusado Raúl Escobar Poblete”.
Hasta hoy no se ha establecido la identidad de los coautores del secuestro de Nancy Kendall, pero el fiscal de Guanajuato,  Carlos Zamarripa, centró sus sospechas en el excompañero de armas de “Emilio”, Ricardo Palma Salamanca. Al igual que Escobar, Palma se instaló por años en San Miguel de Allende, y una vez descubierto “Emilio”,  escapó junto a su familia a Francia, en donde logró refugio. Pese a esto, el Ministerio Público activó una petición de extradición en su contra. En la sentencia contra Escobar, al menos, hay pocos rastros del “Negro” Palma en el secuestro, aunque sí de su vida literaria: en una de las casas de “Emilio”, allanadas, se encontró un libro de tapa roja. Era Il grande riscatto, la traducción al italiano del texto de Palma Salamanca sobre la fuga de la Cárcel de Alta Seguridad.

El caso Edwards, ruido y cobijas

Con una serie de reportajes de prensa chilena, el Ministerio Público mexicano intentó establecer  la similitud de los secuestros de Nancy Kendall y uno de los dueños de El Mercurio, Cristián Edwards. Y aunque fueron desechadas como pruebas, hay varios pasajes de la sentencia que lo abordan.
En la parte resolutiva, la sentencia alude a un reportaje de CiperChile que cuenta que Edwards estuvo cautivo en una caja de madera de dos por tres metros, que no tenía ventanas, cubiertas con caja de tipo huevo como aislante, y se le da a Escobar Poblete el rol de custodio.
El fallo sostiene, sin embargo, que ninguna autoridad judicial ha resulto su intervención en el secuestro de Cristián Edwards, por lo que “mucho menos de manera objetiva se puede establecer que sea contundente la coincidencia de la mecánica en que se llevaron ambos cautiverios”.

Se escuchó que mientras en el caso Edwards se utilizaron tarimas y cajas de huevos para aislar el sonido y al secuestrado lo sometían al ruido de música estridente, en el caso de Nancy fueron bases de cama y espuma aislante lo que se utilizó para neutralizar el ruido y nunca se habló de que se usara música estridente. Por lo que es claro que pueden existir mínimas coincidencias, pero no resultan atendibles y, sobre todo, vinculantes con el acusado Raúl Julio Escobar Poblete, como lo pretende hacer ver la fiscalía”, sostiene el fallo.

Aún así, al declarar Nancy Kendall aseguró que sus captores “ponían diferentes volúmenes de música”. Hay evidencia de que las paredes tenían vestigios de espuma aislante y en el celular que portaba “Emilio” se logró extraer un audio previo al secuestro de la mujer, en que una voz masculina sostiene “sí,  mañana temprano yo consigo las cobijas ahí para clavarlas”. 
En un segundo audio, se logra escuchar la respuesta “ok, entonces yo voy a tener las tarimas esas y ocupamos también el tapete que está allá atrás, entonces podemos poner cobijas debajo del tapete y otra cobija encima y ahí hacemos un buen acolchonamiento. ¿Vale?”.


Psicópatas

Para la comunidad de San Miguel de Allende va a ser difícil borrar de sus recuerdos el nombre de “comandante Emilio”, como llamó a Escobar Poblete la fiscalía de ese estado. Menos el crudo relato de la víctima, quien fue obligada a escribir cartas a su esposo para que pagara el rescate -comenzó en US$ 6 millones y terminó en US$ 1 millón- y  que, según ha declarado, fue “torturada”  y  expuesta desnuda ante una cámara por unas personas que calificó como “psicópatas”. “El tribunal de enjuiciamiento pudo darse cuenta del estado emocional evidentemente alterado de la ofendida, quien lloraba y hacía súplicas; es una clara muestra de que pasaba un dolor moral intenso”, dice la sentencia.

La casa de los secretos

Fue un WhatsApp. Llegó a las 16.52 del día del secuestro, al número de Tessier.

-Alain, Nancy está bien, cero policía es garantía de vida, espera comunicaciones.

Al día siguiente, un correo. “Nancy está bien, para liberarla necesitamos seis millones de dólares”. Como prueba de vida, decía: “Alain, espero que todavía te guste la casa de los secretos”, que era una denominación que la pareja daba a su casa en la playa.

Con el paso de los días, los mensajes se fueron poniendo más violentos, hasta llegar a decirle que matarían a Nancy y “harían público el proceso de negociación y resaltarían la irresponsabilidad de la policía y de él por no pagar”.

Hasta que llegó el 30 de mayo, el taxista y la intuición.

Dice la sentencia que Nancy Michel Kendall empezó a escuchar mucho ruido en la casa. Escuchó como si se llevaran muebles, envases de refrescos, y escuchó voces de gente molesta gritándose, como reclamándose. Escuchó que decían: “¡detuvieron a Ramón!”. Quince minutos después, volvía a ver la luz del sol.

“Emilio” dice que el día en que fue detenido, salió de su casa temprano para ir a la escuela “Árbol de la Vida” para firmar unos papeles de nuevas contrataciones. Él era parte del directorio. Dice que visitó a su hija que asistía a ese colegio, y se retiró del lugar pasadas las 9.30 rumbo a su tienda.  Fue entonces, dice, cuando pasó cerca de la bomba en que estaba el taxista y sintió unas sirenas y luces de la policía municipal. Escobar Poblete, en el juicio en su contra, acusó que estos lo detuvieron e incluso dijo que vio pasar al taxista que lo acusó y a otra camioneta blanca que iba tras él. “En el expediente, el taxista hace una declaración que dice que él se estaciona en la bomba número uno. ¡Mentira! -grita “Emilio”, yo me estaciono en la bomba número uno, echo gasolina, hago todo lo necesario y me voy y soy detenido”, replicó.

Pero los jueces no dieron crédito a su versión y así quedó escrito en su sentencia.

-No se puede encontrar alguna explicación a ese complot que dice el acusado fraguaron en su contra, basado en su pasado, pues este no se conoció al momento de su detención, porque hasta ese momento se ostentó como Ramón Alberto Guerra Valencia, de nacionalidad mexicana (…) El acusado miente”

La Justicia de México y los  asesinos del senador Jaime Guzman

Martes, 15 de Octubre de 2019

La Décima Sala Penal del Supremo Tribunal de Justicia de México confirmó la sentencia de 60 años de prisión por secuestro al ex frentista Raúl Escobar Poblete, conocido como el "Comandante Emilio", detenido desde mayo de 2017 en una cárcel del central estado de Guanajuato, informó la Fiscalía General de ese país. 
Escobar, condenado en Chile por el asesinato del senador y fundador de la UDI, Jaime Guzmán, en 1991, fue sentenciado en México por el secuestro agravado de una ciudadana francoamericana ocurrido el 13 de marzo de 2017 en la ciudad guanajuatense de San Miguel de Allende.
El ex guerrillero se escondió en la ciudad durante 20 años bajo la identidad falsa de Ramón Alberto Guerra Valencia, junto con algunos compañeros del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y, según la Fiscalía General del Estado de Guanajuato (FGE), continuó con su carrera delictiva con secuestros.
El "Comandante Emilio" fue detenido a finales de mayo de 2017 y se encuentra preso en el Centro de Readaptación Social (Cereso) 1000 de Valle de Santiago, en Guanajuato.
Finalmente, la Décima Sala Penal fue la encargada de confirmar la sentencia, quedando firme la condena, por lo que el ex guerrillero continuará recluido en el Centro de Readaptación Social de Guanajuato purgando su condena de 60 años.
La Justicia chilena había solicitado su extradición de Escobar por el crimen de Jaime Guzmán, la cual fue concedida en una primera instancia para luego ser suspendida debido a un recurso de amparo de la parte de su defensa del ex frentista en diciembre de 2018.




Corte Suprema confirma condena de 10 años para Marcela Mardones por homicidio de Jaime Guzmán.

JUEVES 12, MARZO 2020


La ex frentista había presentado un recurso de queja contra la Corte de Apelaciones de Santiago al considerar como un "abuso grave" que se haya calificado como terrorista el delito.
La Corte Suprema rechazó el recurso de queja presentado por Marcela Mardones Rojas, quien está condenada a 10 años de prisión, en calidad de autora del delito de atentado terrorista contra una autoridad política con resultado de muerte del senador Jaime Guzmán.
"Que, cuanto concierne a la impugnación del recurrente a la calificación de delito terrorista del ilícito establecido y a la participación atribuida a la encausada, atendido lo ya expresado, de que el recurso de queja no constituye una 'tercera instancia', destinada a revisar los supuestos fácticos establecidos por los jueces del fondo", sostiene el documento.
Mardones, también conocida como "Jimena", fue detenida en junio de 2017 en la ciudad de Puerto Montt por la Policía de Investigaciones, luego de descubrir que ingresó al país con pasaporte falso.
El fallo fue en votación unánime por la Segunda Sala del máximo tribunal, integrada por los ministros Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Manuel Antonio Valderrama, Jorge Dahm y Juan Manuel Muñoz Pardo, y descartó falta o abuso grave de los recurridos al calificar como terrorista el ilícito.



Corte de Apelaciones ratificó condena contra ex frentista por crimen de Jaime Guzmán.

Miércoles, 9 de Octubre de 2019 

La Corte de Apelaciones de Santiago ratificó la condena de 10 años y un día de cárcel para la ex frentista Marcela Mardones Rojas, como autora del delito de atentado terrorista con resultado de muerte por el crimen del senador de la UDI Jaime Guzmán, ocurrido en abril de 1991.
La Quinta Sala del tribunal de alzada confirmó de forma unánime el fallo que ya había dictado el ministro en visita Mario Carroza.
La ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez tenía la chapa "Ximena", fue ex pareja de Raúl Escobar Poblete, "el comandante Emilio", otro importante dirigente del FPMR y quedó detenida el 9 de junio de 2017 cuando ingresó a Chile por la zona sur con un pasaporte falso.
La ex frentista aún tiene la opción de recurrir a la Corte Suprema para intentar revertir esta condena en su contra.


Martes 16 marzo de 2021

"Fue una operación justa, del punto de vista ético": Mauricio Hernández y asesinato de Jaime Guzmán
Por Diego Vera


El exdirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FMPR), Mauricio Hernández Norambuena, dio una entrevista este lunes desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), donde cumple dos condenas de 15 años y un día de prisión, una de ellas por el asesinato del fundador de la UDI, el exsenador Jaime Guzmán.
En la entrevista dada al programa Mentiras Verdaderas de la RED, Hernández contó sobre la decisión de asesinar a Guzmán, reconociendo que fue un error político, pero que desde el punto de vista de ética de la organización sí se justificaba.
“Considero que fue un error político, porque no contribuyó a la política nuestra de colocar esa cuña de la temática de los DDHH, pero considero que fue una operación justa, del punto de vista ético, por lo que significaba él y su vinculación a las violaciones a los DDHH”, afirmó.
En la misma línea, indicó que la dirección del Frente estableció el ajusticiamiento de varios personajes involucrados con violaciones de los DDHH, como fue el mismo caso de Guzmán y que también tenían entre sus objetivos a Álvaro Corvalán y Fernando Torres.
De esta forma, Hernández explica que entre los objetivos habían “varios generales del Ejército, de la DINA, el fiscal (militar Fernando) Torres, estaba (el ex jefe operativo de la CNI, Álvaro) Corvalán. Había algunos civiles, como (el exministro del Interior) Sergio Fernández y Jaime Guzmán. El ajusticiamiento de Guzmán (en 1991) fue realizado en ese marco”.
“Esa decisión fue porque ya sabíamos lo que era la ‘justicia en la medida de lo posible’, porque nos parecía una vergüenza, se estaba ya decidiendo por la impunidad, y nosotros no lo aceptábamos. Dentro de esa campaña el nombre de Jaime Guzmán es situado como uno de los objetivos dentro de una serie de otros nombres”, justificó el ‘comandante Ramiro’.
La entrevista dada por Hernández Norambuena, ocurre dos semanas luego que el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago admitiera a trámite una querella por torturas interpuesta por el ex miembro del FPMR, en contra de los gendarmes a cargo de su custodia que resulten responsables del mencionado delito.





Corte Suprema confirma condena de 10 años para Marcela Mardones por homicidio de Jaime Guzmán.

JUEVES 12, MARZO 2020


La ex frentista había presentado un recurso de queja contra la Corte de Apelaciones de Santiago al considerar como un "abuso grave" que se haya calificado como terrorista el delito.
La Corte Suprema rechazó el recurso de queja presentado por Marcela Mardones Rojas, quien está condenada a 10 años de prisión, en calidad de autora del delito de atentado terrorista contra una autoridad política con resultado de muerte del senador Jaime Guzmán.
"Que, cuanto concierne a la impugnación del recurrente a la calificación de delito terrorista del ilícito establecido y a la participación atribuida a la encausada, atendido lo ya expresado, de que el recurso de queja no constituye una 'tercera instancia', destinada a revisar los supuestos fácticos establecidos por los jueces del fondo", sostiene el documento.
Mardones, también conocida como "Jimena", fue detenida en junio de 2017 en la ciudad de Puerto Montt por la Policía de Investigaciones, luego de descubrir que ingresó al país con pasaporte falso.
El fallo fue en votación unánime por la Segunda Sala del máximo tribunal, integrada por los ministros Carlos Künsemüller, Haroldo Brito, Manuel Antonio Valderrama, Jorge Dahm y Juan Manuel Muñoz Pardo, y descartó falta o abuso grave de los recurridos al calificar como terrorista el ilícito.



Corte de Apelaciones ratificó condena contra ex frentista por crimen de Jaime Guzmán.

Miércoles, 9 de Octubre de 2019 

La Corte de Apelaciones de Santiago ratificó la condena de 10 años y un día de cárcel para la ex frentista Marcela Mardones Rojas, como autora del delito de atentado terrorista con resultado de muerte por el crimen del senador de la UDI Jaime Guzmán, ocurrido en abril de 1991.
La Quinta Sala del tribunal de alzada confirmó de forma unánime el fallo que ya había dictado el ministro en visita Mario Carroza.
La ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez tenía la chapa "Ximena", fue ex pareja de Raúl Escobar Poblete, "el comandante Emilio", otro importante dirigente del FPMR y quedó detenida el 9 de junio de 2017 cuando ingresó a Chile por la zona sur con un pasaporte falso.
La ex frentista aún tiene la opción de recurrir a la Corte Suprema para intentar revertir esta condena en su contra.


Martes 16 marzo de 2021

"Fue una operación justa, del punto de vista ético": Mauricio Hernández y asesinato de Jaime Guzmán
Por Diego Vera


El exdirigente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FMPR), Mauricio Hernández Norambuena, dio una entrevista este lunes desde la Cárcel de Alta Seguridad (CAS), donde cumple dos condenas de 15 años y un día de prisión, una de ellas por el asesinato del fundador de la UDI, el exsenador Jaime Guzmán.
En la entrevista dada al programa Mentiras Verdaderas de la RED, Hernández contó sobre la decisión de asesinar a Guzmán, reconociendo que fue un error político, pero que desde el punto de vista de ética de la organización sí se justificaba.
“Considero que fue un error político, porque no contribuyó a la política nuestra de colocar esa cuña de la temática de los DDHH, pero considero que fue una operación justa, del punto de vista ético, por lo que significaba él y su vinculación a las violaciones a los DDHH”, afirmó.
En la misma línea, indicó que la dirección del Frente estableció el ajusticiamiento de varios personajes involucrados con violaciones de los DDHH, como fue el mismo caso de Guzmán y que también tenían entre sus objetivos a Álvaro Corvalán y Fernando Torres.
De esta forma, Hernández explica que entre los objetivos habían “varios generales del Ejército, de la DINA, el fiscal (militar Fernando) Torres, estaba (el ex jefe operativo de la CNI, Álvaro) Corvalán. Había algunos civiles, como (el exministro del Interior) Sergio Fernández y Jaime Guzmán. El ajusticiamiento de Guzmán (en 1991) fue realizado en ese marco”.
“Esa decisión fue porque ya sabíamos lo que era la ‘justicia en la medida de lo posible’, porque nos parecía una vergüenza, se estaba ya decidiendo por la impunidad, y nosotros no lo aceptábamos. Dentro de esa campaña el nombre de Jaime Guzmán es situado como uno de los objetivos dentro de una serie de otros nombres”, justificó el ‘comandante Ramiro’.
La entrevista dada por Hernández Norambuena, ocurre dos semanas luego que el Séptimo Juzgado de Garantía de Santiago admitiera a trámite una querella por torturas interpuesta por el ex miembro del FPMR, en contra de los gendarmes a cargo de su custodia que resulten responsables del mencionado delito.


El secuestro de una mujer en la localidad de San Miguel de Allende, en Guanajuato, es el delito por el cual Raúl Escobar Poblete, conocido como "comandante Emilio", fue sentenciado a 60 años por la justicia mexicana. De acuerdo a los antecedentes que se manejan en el país, Escobar no actuó solo, sino acompañado por dos chilenos y una española.

 "Participaba junto a su ex esposa, Marcela Mardones, ahora detenida en Chile, y su última pareja, Isabel Mazarro, hoy en Barcelona, España. La tercera persona involucrada es Ricardo Palma Salamanca, de quien tenemos referencia pidió asilo al gobierno de Francia para permanecer allí", dijo el fiscal general del Estado de Guanajuato, Carlos Zamarripa, a La Tercera. 

Por eso es que iniciaron las gestiones para lograr la detención de Palma Salamanca, con el objetivo de juzgarlo en México, noticia que fue celebrada por el diputado UDI, Issa Kort.

"Valoramos profundamente el actuar de la justicia mexicana, pero sobre todo esperamos que las cortes de ese país pidan a Francia la extradición", señaló. A su juicio, la noticia "demuestra que las células del grupo terrorista del Frente Patriótico Manuel Rodríguez no fueron desactivadas". 
"Lamentablemente, ellos mantuvieron su actuar delictivo y terrorista en otros países tras el asesinato del senador Jaime Guzmán", aseguró Kort. Con una eventual detención, el parlamentario espera que Palma Salamanca "dé cuenta de su actuar".
 "No es víctima de nada, es un terrorista condenado y confeso, y que además tiene implicancias en delitos cometidos en otros países, delitos tan graves como lo es un secuestro", señaló.

Además, afirmó que Palma Salamanca y los demás involucrados "no son personas que merezcan la protección política de un Estado: son personas que han hecho del terrorismo una forma de vida", concluyó.




Entre los historiadores que se han dedicado a investigar la historia reciente, Cristián Pérez (UDP) es una de las voces autorizadas para hablar de los grupos revolucionarios de la izquierda chilena en los tiempos del régimen militar y los inicios de la democracia. Autor de Vidas Revolucionarias, y de Cerca de la Revolución -ambos textos en que el FPMR tiene un papel central-, el académico aborda el asilo que Francia concedió al ex combatiente Ricardo Palma Salamanca, a pocas semanas de que la justicia de ese país resuelva la solicitud de extradición que Chile hizo del ex frentista.

“Cuando hablamos de Frente, del Negro Palma y del caso Guzmán, estamos hablando de una escisión del FPMR que fue la fuerza militar del Partido Comunista”, aclara de entrada Pérez. “El año 87, una parte importante del grupo se separa del partido, entonces la primera gran cuestión es que los comunistas en este asunto no tienen participación alguna. Entonces cuando se habla del mundo del Frente se habla de este grupo que se desmovilizó al inicio de la democracia. Terminó su vida ahí”, dice.
“Fue un grupo que tuvo corta duración; entre el 83 y 97, y luego hasta el 90 más menos, en forma autónoma.

 Entonces, mi sensación -no he conversado con nadie estos días- es que deben tener alegría y tranquilidad porque ven que uno de los suyos va estar contar tranquilidad viviendo en Francia. Y lo ven como premio a la coherencia, de haber vivido y actuado de ese modo en circunstancias muy complejas. Ellos también piensan que  es merecido este asilo, debido a la forma en que forma detenido el Negro, y a la forma en que fue torturado también. Fue procesado por ley Antiterrorista en la época de Pinochet, y estos elementos hacen pensar a la gente del grupo que es un asilo político merecido.

Lo mismo con Silvia Brzovic, su ex pareja.

Ella tiene una participación menor en todos estos hechos, si es que la tiene. Nunca ha figurado como una persona importante. De hecho, ellos no eran combatientes muy centrales, sino que formaban parte de una célula, no eran jefes ni mucho menos. El Negro era un subordinado de Ramiro. Esto es lo que parece, porque él nunca ha dicho que era el jefe.

¿Por qué se podría afirmar que este grupo se desmoviliza el 90?

Bueno, porque la realidad es más poderosa que cualquier cosa.  El 88 el pueblo chileno votó por el fin de la dictadura, asumió un gobierno democrático, y poco a poco, estos grupos marginales como el Lautaro o el Frente, comienzan a ver la realidad: que no Chile no estaba para una aventura militarista, sino que todo se iba a encausar en una lucha democrática. Creo que después del crimen de Guzmán, ellos prácticamente no realizan acciones, salvo el escape de la cárcel, donde sacan a los combatientes. Por lo tanto, se puede afirmar que dejan de existir como estructura, como orgánica. Esa es la última vez donde demuestran capacidad organizativa.

Lo que hemos sabido después es que sobrevivieron en parte haciendo secuestros.

Ramiro (Hernández Norambuena) está detenido por eso en Brasil, pero se sabe poco de eso. Desde el punto de vista de la historia, los historiadores no lo conocemos todavía. Al parecer, en algún instante ellos –Ramiro y su grupo- trabajaron con el ELN colombiano en una célula que realizaba algún tipo de secuestros para Colombia. Pero no está probado. Eso habría sido a mediados de los noventa, después de la fuga.

Para la historia de la izquierda chilena, que se otorgue asilo a Palma Salamanca y el resto de los frentistas emblemáticos tampoco está en Chile, ¿cómo se toma? ¿Es un triunfo de un sector?

Cuando hablamos de izquierda hablamos de la izquierda tradicional, formada por el PC y el PS, cuya gran vitoria es Salvador Allende. En una perspectiva histórica, el crimen de Guzmán, el escape de la cárcel o el asilo son historias bastante marginales respecto de la historia de la izquierda. La gran historia de la izquierda es con el triunfo de Allende y lo que pasa esos tres años, luego el golpe y la sobrevivencia en la clandestinidad.

El asilo de Palma va a ser un hecho anecdótico en la historia los próximos años, por muy importante que sea para la política chilena hoy. No desconozco que es un tema relevante, pero en el contexto general es bien menor.

Las declaraciones que ha hecho Palma, e incluso antes otros miembros del Frente, revelan una visión bastante atrasada de la democracia en Chile. ¿Es así?

Estas personas ven que en Chile no existe una democracia real que les permita vivir en este país libremente sin ser molestados. Ellos tienen desconfianza de las  FF.AA., de las institucionales policiales, una visión un poco atrasada, pero que se sustenta en hechos que ellos vivieron; ellos fueron detenidos en democracia y fueron tratados cruelmente en democracia. Ven que aquí que hay una sombra de democracia, pero una democracia real que les permite insertarse.

Pero cómo se inserta una persona que tiene que venir a cumplir una condena…

Me parece haber leído por ahí que estos estarían prescritos, pero no soy abogado. Pero más allá de eso,  la visión que ellos tienen es esa.  En una parte minoritaria del exilio de los chilenos en los 70, que se quedó en Europa, piensa que no hay aquí una democracia verdadera.  A mí me ha tocado verlo con mis y trabajos de entrevistas a lo largo de todos estos años.

¿Qué relación, si es que hay, tiene Cuba con la vida de los frentistas en la clandestinidad? ¿O ahora, por ejemplo con los Palma en Francia? En el caso de Marcela Mardones, ella pasó a dejar a sus hijos allá antes de venir a Chile a entregarse.

No creo que esté apoyando a estas personas. Si ella pasó a dejar a sus hijos, quizás es porque tiene algún familiar o amigos que los pueden cuidar.  Pero en otra dimensión de la historia, Cuba termina todo contacto con ellos cuando en los 90 son invitados a abandonar el país. Además, creo que están más preocupados de romper el bloqueo y tener contactos comerciales con Chile y el mundo, más que estar ayudando a grupos de ex guerrilleros.


11.11.2018 
El desconocido encuentro entre Palma y Boric cuando solicitaba asilo a Francia
La cita duró cerca de 30 minutos y tenía el objetivo de poder escuchar la historia del exfrentista.

El ex frentista condenado por el asesinato del senador Jaime Guzmán, Ricardo Palma Salamanca, se encuentran viviendo hace un año en Francia, donde esta semana le fue concedido el asilo político por la Oficina Francesa de Protección de Refugiados y Apátridas (OFPRA).

Este beneficio neutraliza la petición de extradición a Chile de uno de los participantes de la denominada “Fuga del siglo”, quien junto a otros militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), lograron escapar desde el patio de la Cárcel de Alta Seguridad de Santiago l en una canasta blindada sostenida por un helicóptero en 1996.

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Luego de que las autoridades mexicanas detuvieran en un megaoperativo por secuestro al ciudadano mexicano Ramón Alberto Guevara Valencia, conocido como el “comandante Emilio”, exfrentista condenado como autor material del homicidio de Guzmán, tramitaron la solicitud de asilo francesa, la que fue concedida finalmente el 31 de octubre de 2017.

EL ENCUENTRO

Los primeros días de septiembre en París, Palma Salamanca tuvo la visita del diputado Gabriel Boric (MA), con quien se reunió por cerca de 30 minutos, donde conversaron sobre su entonces solicitud de asilo, ya que al momento de la reunión, el exfrentista se encontraba con firma diaria en Francia.

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“Es destemplada y vergonzosa”

Con la idea de conocer su historia y por la curiosidad de estar frente a “El Negro”, uno de los frentistas condenado como autor material del asesinato del senador y fundador de la UDI, Jaime Guzmán, y prófugo de la justicia chilena, llegó Boric a Francia tras el enlace de una dirigente del Frente Amplio que vive ahí.


“A través de la representante de la familia Palma-Brzovic, María Paz Santibáñez (pianista chilena baleada en la cabeza durante una protesta en 1987, durante la dictadura militar), surgió la posibilidad de, en el intertanto de una escala en París en el regreso de un viaje oficial a Palestina, poder reunirse con Ricardo Palma para escuchar su historia, señaló Boric a La Tercera.

“Sigo sosteniendo, tal como lo he hecho desde un comienzo, que el crimen del senador Jaime Guzmán no es justificable, pero que la solicitud de asilo, tal como lo entendió la OFPRA, se sustentaba en el hecho de que la justicia chilena había sido cómplice de la dictadura e ignominia ante las violaciones a los derechos humanos, y que a principios de los años 90 la composición del Poder Judicial era prácticamente la misma de aquella época, por lo que no existían garantías para un juicio justo”, sostuvo Boric a La Tercera.

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 “Es un crimen que no admite justificación”
Este no fue el único encuentro que sostuvo Palma Salamanca con un dirigente chileno, ya que a principios de octubre el exministro y exsenador PPD Sergio Bitar tuvo la oportunidad de estrechar su mano.
La cita ocurrió en un cóctel de residentes chilenos a un restaurante de París, donde Bitar fue invitado, por lo que cuando supo que entre los presentes estaba el exfrentista, también sintió la curiosidad por conocerlo.


Condena a Marcela Mardones a 10 años como autora de homicidio de Jaime Guzmán



Este miércoles 14 MARZO 2018   el Ministro de Corte de Apelaciones de Santiago en visita Mario Carroza condenó a Marcela Mardones a 10 años y un día de presidio como autora de homicidio terrorista de senador Jaime Guzmán.
Mardones, cuya chapa era “Ximena” es la pareja de Raúl Escobar Poblete, conocido como el “Comandante Emilio”.
Mardones regresó a Chile el viernes 9 de junio de 2017 y, tras pisar territorio nacional, fue detenida por efectivos de la PDI. Sobre la mujer existía una orden de captura por su participación en el homicidio del senador UDI Jaime Guzmán, en 1991.
“Recibí indicaciones para el 1 de abril de 1991 (día del homicidio de Jaime Guzmán) y se me pidió que al ir a la universidad, y a determinada hora, esperar en un paradero y verificar en calle Regina Pacis si un taxi estaba ahí. Recuerdo que entré a la universidad y salí a cumplir con mi cometido. Si estaba el auto debía estar ahí con el delantal, si no estaba el auto no recuerdo si debía irme o sacarme el delantal”, relató Mardones en su declaración a la que en su minuto tuvo acceso La Tercera.
Agregó que “recuerdo haber seguido las instrucciones porque el auto estaba ahí en el lugar. Recuerdo que estando en el lugar quedó la escoba e hice lo que todo el mundo hizo, esto es tirarse al suelo, porque comenzaron a sentir disparos contra un vehículo. En ese instante pasó una micro que iba a Pedro de Valdivia, muchos de los que estábamos en el paradero nos subimos y nos fuimos. Llegué hasta Pedro de Valdivia y ahí pasó una micro que tomé hasta donde yo vivía. A su pregunta, yo vi cuando le dispararon a Jaime Guzmán. El auto al que me refiero fue un taxi y por lo que recuerdo estaba sin chofer, y supongo es el auto en que iban a escapar”, asegura la ex FPMR.
Respecto de si los identificó, indicó que “no puedo precisar quien disparó. No tengo las imágenes muy claras. Ese hecho me tomó por sorpresa”.
Agregó que “recuerdo unas imágenes vagas de dos hombres corriendo hacia la calle Regina Pacis en dirección al auto que debía verificar y que sirvió para escapar”.


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