Mostrando entradas con la etiqueta libro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libro. Mostrar todas las entradas

sábado, 14 de diciembre de 2019

Isabel Allende Karam.-a


Isabel Allende Karam, es una diplomática y traductora cubana, rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba.Estudió en Checoeslovaquia , trabajó en el Centro Cultural de Cuba en ciudad de  Praga y en la Embajada de Cuba en ese antiguo país.​
Fue traductora de Fidel Castro durante su viaje a ese antiguo pais europeo. Su carrera continuó como la directora del departamento de países socialistas centroeuropeos en el  Ministerio de relaciones exteriores de Cuba.​ También se desempeñó como Viceministra de relaciones exteriores de Cuba3 y embajadora de Cuba en España (1999)​ y Rusia. Su marido es un escritor cubano

Entrevista

Isabel Allende Karam está a punto de cumplir 75 años. Asegura que ha comenzado a “desentrenarse del alto rendimiento”. Nadie le cree. Hay razones del corazón que el cuerpo no conoce. Toda ella tiene ganas incesantes de vivir, de verbalizar el tiempo, de recordar para que los demás no olvidemos.
En 1963, conversadora sin fin, “la gordita” fascinó al vicecanciller cubano Pelegrín Torras de la Luz, hablando un poco de checo y con el inglés machaca’o. Treinta años después, Isabel Allende fue la primera viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, y luego, durante 14 años, la rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI).
Es demasiado habanera para haber nacido en otra patria que no sea Guanabacoa, aun cuando la estirpe de sus apellidos venga de Vizcaya o de las tribus árabes. Tiene dos hijos y tres nietos, y ha estado casada con el mismo hombre por 49 años. Pero, ciertamente , ¿quién es Isabel Allende Karam?
Empezamos a acercarnos a ella, y ella a nosotros, no con las palabras que a veces dejan cosas por decir, sino escuchando estallar su risa cuando le preguntamos por qué suele dibujar en el pizarrón del aula a un diplomático cubano, con una cabeza muy grande y montado en patines.
“En la plenaria interminable del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) de 1976, donde se dialogó sobre el deslinde de funciones y los cargos que debían asumir nuestros funcionarios, los asistentes comenzamos a pasarnos un papelito, que se enriquecía de puesto en puesto. Íbamos dibujando cómo debería ser un especialista de país para poder cumplir con todo lo que caería sobre sus hombros.
“Al final resultó ser un muñequito con una cabeza, orejas y nariz muy grandes, ojos inmensos, una boca muy chiquita, cuatro manos y montado en patines… Tenía que ser muy versátil. Un diplomático cubano tiene que saber escuchar, observar, olfatear, hablar lo necesario, hacer cuatro cosas a la vez y correr montado en patines, porque la defensa de la Revolución no puede esperar.
“Hay situaciones que se nos presentan en el ministerio en las que, literalmente, hay que correr. En el exterior, donde tenemos embajadas tan pequeñas, los funcionarios deben tener la capacidad de hacer las grandes tareas y aquellas que algunos podrían considerar menos importantes, aunque no lo son: cocinar, montar una mesa, darle mantenimiento a algún equipo, distribuir correspondencia, encargarse de la contabilidad de la misión. Desde el aula, desde la academia, hay que fomentar esas habilidades. Ese es el diplomático revolucionario cubano, aquí y en el exterior”.

¿Para toda la vida?

Todo el sentido de su obra, una de las más necesarias y profundas de la diplomacia revolucionaria, está en la academia. Sin embargo, para llegar allí tuvo que consagrar su vida al trabajo, “contra viento y marea”, solo por declararse una soñadora de la verdad y ametrallar sin piedad a la traición.

¿Cómo llegó al Ministerio de Relaciones Exteriores?

–Es una historia muy peculiar. Llegué al Minrex por casualidad. Cuando concluyó la campaña de alfabetización, solicité una beca para estudiar idioma. Lo hice en el mismo lugar donde trabajo actualmente, la sede del ISRI, que entonces era el Instituto Abraham Lincoln.

“Quise matricular ruso, pero las solicitudes para una beca de traducción e interpretación de ese idioma eran muchísimas. La señora que llenaba las planillas me dijo: ‘¿Por qué no estudias checo?, tenemos muy pocas personas matriculadas’. Pensé: ‘Está bien, deben parecerse’. Realmente quería salir de la escuela de comercio, aborrecía aquello.

“Trece estudiantes terminamos el intenso programa. Después, nos fuimos a recoger café. Al regreso, nos habían ubicado en el Ministerio de la Industria Básica, y cuando llegamos allí solo tenían dos plazas disponibles. Entonces, nos dividimos en grupos y fuimos a buscar trabajo en otros ministerios.

“Cuatro compañeras llegamos al día siguiente al Minrex, por la entrada de la calle 5ta. En la recepción nos indicaron ver al viceministro primero, que en aquel momento era Pelegrín Torras de la Luz. Yo no había cumplido aún los 18 años.

¿El doctor Pelegrín Torras de la Luz las recibió?

–Hablamos con su jefa de despacho y nos recibió. Profesor, al fin y al cabo, escuchó toda nuestra historia, y luego preguntó: ‘¿Ustedes hablan otro idioma?’. Enseguida le dijimos que sí. Sinceramente, solo una de las muchachas hablaba bien el inglés, y el resto, machaca’o.

“Recuerdo, como si fuera hoy, que cuando fui a traducirle a Pelegrín la palabra policy, le dije que significaba policía y no política. Con una santa calma, me rectificó. Con mucha más dulzura nos explicó que no tenía trabajo para nosotras, porque había ya un equipo de traductores; no tenían espacio para intérpretes de checo y, mucho menos, para cuatro. De todas maneras, tomó nota de nuestros datos personales.

“Al cabo de los dos meses me llamaron a la casa desde la Cancillería. Ya tenía trabajo en el Departamento de Intercambio Técnico del Ministerio de la Construcción y no fui. Hasta que un día mi papá me aconsejó llamar por teléfono para agradecerle a Pelegrín y decirle que estaba trabajando en otro lugar. ‘Ustedes no se dan cuenta de que han molestado a un hombre con mucho trabajo y de alto cargo’, insistió.

“Llamé como a las 7:00 p.m. ‘El doctor quiere que vengas enseguida para acá’, aseguró desde el otro lado de la línea Amelia Muñoz, la jefa de despacho del viceministro. Cuando llegué a su oficina, Pelegrín dijo: ‘Si está de acuerdo, hemos decidido enviarla a nuestra embajada en Praga, porque hicimos las averiguaciones y usted fue el primer expediente de la beca; además, es militante de la UJC... ’.

“Recuerdo que lo único que le pregunté fue: ‘¿Y eso es para toda la vida?’. Me respondió: ‘Compañerita, no seríamos dialécticos si decimos que es para toda la vida’. Me explicó en detalle cómo sería todo el proceso de preparación, y que tendría vacaciones anuales. Después las suspendieron y estuve tres años sin venir a Cuba. Me montaron en un avión luego de una larga batalla familiar, porque era hija única y mi mamá no quería autorizarme a viajar. Mi abuela tuvo que imponerse. Al mes siguiente, estaba en Praga.

Y ahí se inició su carrera diplomática “para toda la vida”...

–Llegué a Praga el 6 de marzo de 1963, como traductora. Tuve que perfeccionar el idioma y estudiarlo con el grupo de cubanos que radicaba allí. Hacía de secretaria del embajador para los temas protocolares, para el trabajo con las autoridades checas. Le llevaba su agenda y también traducía la prensa escrita.

“Allí había un señor que se llamaba Roberto Castrillo, de muy malas pulgas, pero de una cultura tremenda. Fue el que me condujo y me enseñó. Más que el checo, me enseñó la riqueza del idioma español.

“Fui cónsul, asistente… Tuve la gran oportunidad de aprender mucho de ese país. Iba a todas partes. Fundamentalmente, trabajaba con organizaciones fabriles que hacían brigadas de solidaridad con Cuba. Regresé a La Habana el 25 de noviembre de 1966.

“No fue solo una decisión personal, pero pudo serlo, porque este es un trabajo interesantísimo, apasionante. Me gustó y me quedé trabajando aquí. Me designaron especialista de Checoslovaquia en la dirección de Política Regional 1 (países socialistas), un puesto que ocupé durante tres o cuatro meses en 1966”.

No hay países ni puestos pequeños

¿Cómo pasó de especialista de país a secretaria, y viceversa?

–El director de Política Regional 1, Jesús Barreiro González, tuvo un problema con su secretaria y me pidió que me quedara con él hasta que llegara una persona con las cualidades idóneas. Es una época que recuerdo con mucho cariño; fue cuando me bautizaron como ‘Isabelita’, porque así me decía Barreiro. Ahí aprendí muchísimo de los países socialistas, incluidos los asiáticos, porque toda la correspondencia entraba por mí.

“Ahí viví toda la Gran Revolución Cultural china. Disfrutaba cuando llegaban los informes del embajador Oscar Pino Santos, un gran economista, periodista, escritor y diplomático cubano. Devoraba cada letra. Después llegó Emma Cárdenas Acuña, quien hoy es profesora de protocolo del ISRI, y me sustituyó. Volví a ser especialista de Checoslovaquia hasta 1969. En esta carrera no hay países ni puestos pequeños”.

¿Qué importancia tiene el traductor, el intérprete, para el trabajo diplomático?

–La tarea del traductor y el intérprete la aprecio muchísimo, porque sé la complejidad que tiene, aunque no siempre sea valorada como debiera. El traductor es importante en todas las ramas del conocimiento.

“Generalmente, en las grandes conversaciones los sientan atrás, no al lado de la figura, o los ponen bien lejano. Y es verdad que el traductor no tiene otro desempeño, pero una palabra mal traducida, un matiz mal dado, puede conducir a graves errores en cualquier profesión, y en política exterior es mucho más delicado. Por tanto, el buen traductor tiene que especializarse y hacerse experto en relaciones exteriores y política internacional.

“El Minrex tiene un cuerpo de traductores muy bueno. El conocimiento de idiomas es vital para el desempeño de un diplomático; lógicamente, no podemos saber todos los idiomas del mundo, ni podemos tener diplomáticos que hablen todos los idiomas del mundo, pero si los tenemos, y es posible hablar directamente, ¡mucho mejor! Al traductor le corresponde llevar el mensaje tal cual lo recibe, lo escucha. Eso es muy difícil. Requiere de especialidad, arduo esfuerzo, mucho trabajo.

“Por ejemplo, cuando Fidel hablaba en español, Juanita llevaba al inglés el mensaje exacto, pero no solo por el buen dominio del idioma, sino por la entonación que le daba. Los traductores simultáneos son, por lo general, más planos, pero los consecutivos tienen que trabajar más con las emociones, y eso es complejo”.

Y cuando tuvo que traducirle a Fidel, ¿dominó sus emociones?

–El que tiene que traducirle a Fidel se muere de miedo, le tiemblan las piernas, no sabe qué va a hacer. Sin embargo, cuando se sienta, se da cuenta de que traducirle a Fidel es una maravilla. Siempre que uno le traducía a Fidel, se nutría y aprendía. No era tan difícil. Fidel hablaba muy claro, completaba muy bien sus pensamientos y no hacía unas largas oraciones, lo peor que le puede pasar a un traductor es eso.

Cuéntenos un momento de apuro y uno memorable de Isabelita como traductora.

–Conservo con agradable memoria el día en que tuve que traducirle un discurso a Gustáv Husák, secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, en Santa Clara, el 6 de abril de 1973. Era una intervención pública en la cual no había texto anterior. No sabía lo que iba a decir. Se lo pude traducir de principio a fin. Incluso, me atreví a corregirle algunos detalles. Husák se dio cuenta y después me lo agradeció. Sé que a mucha gente le gustó esa traducción.

“Apuros pasé muchos; tantos, que no recuerdo cuántos. Momentos difíciles y de mucha responsabilidad, no solo porque tuve que traducirle a Fidel Castro, sino también a Raúl Roa, a Carlos Rafael Rodríguez, a Osvaldo Dorticós... Por cierto, una de las figuras que debemos estudiar muchísimo, para comprender su papel en las relaciones exteriores de Cuba. Eran personas que tenían una cultura extraordinaria y eran tan sagaces, que podían darse cuenta al instante de si realmente lo estabas haciendo bien o no”.

Hombres cultos llenaron la diplomacia cubana

¿Quién y cómo era Raúl Roa?

–Roa siempre estaba moviéndose. Fue una de las personas más auténticas que he conocido en mi vida. Era un intelectual de alta talla. Sabía tanto, que siempre sabía ponerse a la altura de todos sus interlocutores, entenderlos y tratar de conocerlos. Roa conocía a todos en el ministerio. Sabías que podías contar con él siempre, en cualquier circunstancia. Aunque fuera el ministro, podías llegar a él.

“Recuerdo que traducirle era espantoso, muy difícil. Inventaba palabras y, a veces, lo hacía para bromear conmigo. Me decía : ‘Ahora sí, te fastidié’. Y yo debía inventar para llegar a esa palabra que no sabía traducir. Entonces, tenía que recurrir al embajador de Checoslovaquia en La Habana, que hablaba en perfecto español. Por supuesto, el embajador nunca me delató.

“Ese era Roa, lo vi por primera vez antes de irme para Praga, cuando entró a la oficina de Pelegrín y preguntó: ‘¿Esta es la compañera que se va conmigo para Praga?’. Desde ese momento tengo recuerdos imborrables de él.

“Raúl Roa mandó llamarme a mí, quizás la de menor rango dentro del ministerio, cuando la crisis de Checoslovaquia, cuando entraron las tropas por el Pacto de Varsovia. Estaba en la casa y llegué al Minrex corriendo, él me estaba esperando en su oficina. Le gustaba hablar directamente con las personas que se ocupaban de los problemas, eso lo distinguía.

“Conservo con mucho cariño una postal que me mandó cuando cumplió los 70 años, respondiendo mi felicitación, que fue verbal, no escrita. Ya él estaba en la Asamblea Nacional. Al reverso de la excepcional caricatura que le hizo Juan David, decía: “A la gordita, que conocí jugando con aro, balde y paleta”. Aquello significaba que me conoció desde muy joven y, ciertamente, siempre tuve ese problema de sobrepeso. En el Minrex había dos con esas características: a Olga Miranda él le decía ‘la gorda’, y a mí, ‘la gordita’”.

¿Y Carlos Rafael Rodríguez?, se habla tan poco de él…

–En el caso de Carlos Rafael hay una deuda pendiente, se habla y se estudia muy poco de él. Carlos Rafael también era una persona extraordinaria. Imponía mucho respeto. No puedo decir solo que fue un hombre culto. Hombres cultos llenaron la diplomacia cubana y son una fuente de sapiencia que no hemos aprovechado suficientemente, pero Carlos Rafael fue el culto de los cultos, con una inteligencia y una agudeza tremendas.

“No tenía el mismo carácter de Roa, pero también era muy auténtico, muy cubano, y sabía hacer chistes. A diferencia de Roa, que hacía los chistes más criollos y que utilizaba más el refranero o inventaba sus propios refranes y palabras, Carlos Rafael le impregnaba un dejo de ironía muy fino a sus chistes. Era un hombre de una agilidad mental extraordinaria, con una gran capacidad para el conocimiento de las relaciones profesionales.

“Dominaba mucho los aspectos de las relaciones económicas internacionales y también las políticas. Eso hacía de él una figura extraordinaria y de gran peso para el desarrollo de la política exterior cubana, de gran autoridad, reconocida por todos, en Cuba y en el mundo. Era una persona capaz de argumentar, discutir con cualquiera, incluido Fidel.

“Siempre les digo a mis alumnos, los escritos de Carlos Rafael hay que leerlos. Cuando repaso su artículo ‘Los fundamentos estratégicos de la política exterior cubana’, tengo que reconocer que él definió ahí lo que estamos haciendo y lo que tendremos que hacer por mucho tiempo.

“Nunca se me olvida el día en que estaba traduciéndole a él en un encuentro con el entonces primer secretario del Partido de Eslovaquia. Carlos Rafael empezó a hablar de las novillas, de la ganadería, y a mí se me olvidó cómo se decía ‘novillas’. Me quedé un segundo en blanco, estuve a punto de decir ‘las hijas de la vacas’, pero de repente me vino a la mente la palabra jalovice. Pensé que no se había dado cuenta. Cuando la dije, Carlos Rafael se viró y me dijo: ‘Isabel, menos mal que ya lo viste, vamos a seguir’”.

Los 10 segundos más largos de la historia

Su primer puesto como jefa de misión lo desempeñó en Polonia, de 1988 a 1991. Cuatro años bien complejos. ¿Cuán duro fue el “desmerengamiento” para usted, como embajadora cubana?

–Era ministra consejera de nuestra embajada en la Unión Soviética (1986-1988) y de ahí me designaron para Polonia. Fue una experiencia que no voy a olvidar jamás, porque fueron los años en los que transcurrió el desmontaje del socialismo. Vi cómo el campo socialista europeo se iba desmoronando poco a poco, un proceso de desmontaje que venía de muchos años atrás.

“Aprendí mucho en esa etapa. Venía de la perestroika soviética y Polonia era otra cosa, las circunstancias eran muy distintas de lo que estaba pasando en la URSS. No por gusto fue el primer país donde triunfó Solidarność (Solidaridad). Fui testigo de cómo se fue entregando el poder. Pasé momentos extraordinariamente difíciles. Cometí indisciplinas, porque un embajador, para presentar una nota de protesta, debe consultar siempre al Gobierno y yo no lo hice.

“Se comenzaron a hacer actos muy feos contra Cuba, se recibió al disidente y farsante Armando Valladares, al terrorista Jorge Mas Canosa. Salieron muchos artículos envenenados en periódicos… Y no dudé en presentar una nota de protesta. Me llamó el viceministro José Rául Viera preguntando por qué había presentado la nota: ‘¿Cómo no vas a consultar?’, dijo. Le leí lo que había salido en el periódico. La respuesta de él fue: ‘No hay problema, te mando para allá a una persona con instrucciones de lo que debes hacer’.

“Tuvimos que presentar los expedientes de Valladares y de Ventura, desmontar una intensa campaña de difamación contra Cuba. Por supuesto, fue muy difícil, la gente no me quería creer. Fueron momentos complejos, porque no se acabó la historia pero se confundieron los términos; el que antes era revolucionario, pasó a ser retrógrado. Aquellos que se decían socialistas cambiaron de chaqueta, de un día para otro, y no hay nada peor que un renegado.

“El embajador de Venezuela, que era el decano del cuerpo diplomático, me dijo: ‘Isabel, por lo menos ustedes no han cambiado’, refiriéndose a un personaje polaco que cambió el discurso en un abrir y cerrar de ojos. Llegué a quedarme sola en una recepción, me dejaban sola porque apestaba a comunismo, tuve que oír cosas muy negativas de mi país.

“Un periódico publicó algo que decía así: ‘Los acontecimientos en Polonia duraron 10 meses, en Hungría 10 semanas, en Rumanía 10 días, en Checolosvaquia, 10 minutos. ¿Cuánto durarán en Cuba? ¿Diez segundos?’. En ese momento, me dominó la cólera, porque me dolió muchísimo, pero después me alegré de que hubieran publicado eso. Hoy puedo decir que han sido los 10 segundos más largos de la historia. Todavía estamos aquí”.

¿La indisciplina, el regaño y la cólera vendrían de la mano de esa frase que usted repite una y otra vez en clases: “Cuando la dignidad se vulnera, se acaba la diplomacia”?

–Esa frase se la tomé a un embajador cubano, muy amigo nuestro, que ya está jubilado: Raúl Barzaga Navas, un ejemplo de diplomático. Nosotros no somos diplomáticos de profesión, podemos serlo ahora; al principio todos lo fuimos a la carrera, nos formamos ejerciendo la profesión, porque era una necesidad de la Revolución. Tuvimos grandes maestros, no solo los de la universidad, también lo que estaban aquí, en las oficinas, grandes intelectuales que conformaron este ministerio: Roa, Pelegrín, Lechuga, Fernández Tabío, José Antonio Portuondo, Juan Marinello... De esa gente aprendimos a la vez que estudiábamos para hacernos universitarios.

“No vale nada la formación académica si no va acompañada de un alto sentido de lo que significa en Cuba la profesión de ser diplomático. Raúl Castro ha dicho muchas veces que ser miembro de las FAR no es un medio de vida, sino una actitud ante la vida. Yo podría decir lo mismo de un diplomático revolucionario cubano. No podemos ver esta carrera como un medio de vida, sino como una forma de servir a la Revolución, como una actitud y un compromiso ante la población cubana, porque el diplomático cubano nunca se puede alejar del pueblo que representa.

“Por eso, Roa dijo en la plenaria del Minrex, en 1963, lo que para mí es la definición más acertada de diplomacia: que un funcionario del servicio exterior de Cuba debía ser, ante todo, un revolucionario ejemplar, diestro en el arte del tacto, de la táctica y el contacto, pero ante todo revolucionario. De eso tenemos que aprender todos.

“Hay muchos cánones y posturas diplomáticas, y hay todavía mucha gente que dice: ‘Eso que hicieron ustedes en tal lugar no es muy diplomático’. Siempre respondo que sí, que los cánones diplomáticos están hechos por aquellos que no son capaces de defender realmente a su país. Esta Revolución hay que defenderla en cualquier parte, siendo buenos diplomáticos, pero también sabiendo poner los puntos sobre las íes cuando sea necesario”.

La Revolución cubana le dio al socialismo una dimensión geopolítica que no tenía

¿Por qué habla con tanta pasión de los países socialistas de Europa?

–De la misma manera en que uno no olvida el primer beso, tampoco se olvida el primer trabajo. En aquellos países me desilusioné y también aprendí muchísimo. Es imposible no vincularse emocionalmente con el país donde uno trabaja. Fueron países que desempeñaron un papel importante en nuestras relaciones internacionales, más allá de la desaparición del campo socialista, de las diferencias, de los encuentros y desencuentros.

“No fue exactamente igual en todas las regiones, pero allí se sembró un sentimiento de solidaridad que caló profundamente. Esos países estuvieron llenos de cubanos, diplomáticos, estudiantes, trabajadores, cortadores de madera en plena Siberia, mucha gente que hizo familias y sembró raíces, recuerdos...

“Más allá de las diferencias, había mucha gente que amaba al Che. El aniversario 20 de su desaparición física fuimos a conmemorarlo lejísimo, en Siberia, porque allí existía una brigada de trabajo que se llamaba Che Guevara y donaba su salario para los países del Tercer Mundo. Cuesta trabajo olvidar eso.

“Los gobiernos cambian, las personas también, pero hay que seguir cultivando el amor entre los pueblos. Bajo la genialidad de Fidel, Cuba supo desde el primer día qué puertas había que tocar: la diplomacia de los pueblos. Ahí está el trabajo del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)”.

La URSS nos ayudó, pero nosotros también…

–Cuba les aportó el hecho de hacer una Revolución socialista en este hemisferio, que le dio al socialismo una dimensión geopolítica que no tenía. Les aportó el conocimiento y la certeza de que sí podía hacer socialismo en un país del Tercer Mundo, y originalidad en la forma de hacer una revolución.

“Cuba contribuyó a que el socialismo como sistema fuera mejor conocido y apreciado por el Tercer Mundo, con mucha honestidad y claridad en las relaciones con esos países. Unos lo tomaron mejor que otros. Debemos tener en cuenta que ningún país socialista europeo era igual a otro, y los adversarios del socialismo en el mundo supieron hacer un trabajo muy particular, precisamente, por no hacer tabla rasa, para aplicar una política bien diferenciada, con el mismo objetivo, dividir. Por ejemplo, aprovecharon los condicionamientos históricos internos con la rusia zarista y con la Unión Soviética para dividir, y lo lograron, lamentablemente. Dediqué más de 20 años de trabajo de mi vida a esos países, tanto en el servicio interno como externo”.

¿Por qué Isabel Allende es la primera viceministra cubana de Relaciones Exteriores?

–Durante los primeros años de la Revolución, este era un ministerio compuesto por muchas mujeres y nunca había tenido una viceministra. Treinta y cuatro años transcurrieron desde su fundación. Me sorprendió muchísimo cuando me lo dijeron, me eché a llorar, fue muy difícil para mí asimilarlo.

“Todo en la vida depende de las circunstancias, porque había muchas otras compañeras en el Minrex con las mismas condiciones e, incluso, mejores, para haber obtenido el cargo. Me tocó. Traté de ser digna de ese gran honor lo mejor posible. Lo único que me gratificó fue que el nombramiento fue bien acogido entre mis compañeros”.

¿Para la mujer es más fácil la carrera diplomática?

–La mujer sí encuentra más trabas, porque todavía hay un marcado comportamiento machista, aun en las sociedades que aseguran lo han eliminado. La mentalidad todavía incide. Influye tanto que, cuando un hombre es embajador y va a una cena con su cónyuge, a ella la sientan en el lugar que le toca, como esposa del embajador. Cuando una mujer es embajadora, a su cónyuge lo sientan en el lugar que le toca de acuerdo con su rango diplomático. Eso es un síntoma de machismo.

“Cuando estaba en Polonia, a mí nunca me decían ‘señora embajadora’, sino ‘señora embajador’. Aunque Polonia tenía muchas mujeres diplomáticas, jefas de misión, consideraban como embajadoras solo a las esposas de los embajadores.

“En Cuba, donde la Revolución abogó, desde el primer momento, por la eliminación del machismo, por la igualdad de la mujer, también ha sido difícil romper esa mentalidad. Durante mucho tiempo, eso se evidenció en que si nombraban a un funcionario para trabajar en el servicio exterior, inmediatamente el centro de trabajo de su esposa la liberaba; pero nombraban a una mujer y el centro de trabajo de su esposo decía que no. Hoy tenemos un paso de avance tremendo, embajadores han aceptado alternar con sus esposas y que ellas también puedan ser las embajadoras.

“La mujer está perfectamente capacitada para enfrentarse a este trabajo. Y en algunos casos, la mujer tiene determinadas sensibilidades que le facilitan entrar en lugares a los que a un hombre le cuesta más trabajo acceder”.

A España llegó en 1999 y permaneció allí hasta 2004. En el Gobierno estaba José María Aznar. ¿Le gusta navegar en medio de Gobiernos hostiles?

–Los años en España fueron inolvidables y muy complicados. Fue un reto que me hizo crecer como persona y como diplomática. Efectivamente, tuvimos el gran reto de enfrentar un Gobierno hostil, proestadounidense. Creían que, después de Estados Unidos, quienes debían gobernar América Latina eran ellos. Un Gobierno ideológicamente contrario a las ideas de la Revolución. Eso hizo que fuera muy difícil mantener una relación con él.

“A la vez, el trabajo se simplificó tanto que nos permitió salir de lo habitual, comprender mejor que el embajador se acredita en el país, no solo en la capital. Por tanto, comenzamos a andar el país, a trabajar pueblo a pueblo. España es diversa, hay multiplicidad de autonomías, con sus diferentes factores históricos, y en cada uno de esos lugares hay un sentimiento especial hacia Cuba.

“En esos años difíciles nos centramos en trabajar con la solidaridad, y para ello fue fundamental el acompañamiento de José Ramón Fernández. Fue un factor decisivo. El Gallego contribuyó a hacer que la política cubana pudiera horadar la política de Aznar. Esa tarea le fue encomendada, y la cumplió con una gran inteligencia. Él tenía un prestigio tremendo. Fue un hombre que hizo un gran trabajo por la política exterior de Cuba siendo el presidente del Comité Olímpico Cubano, pero particularmente puedo dar fe de que lo hizo en España”.

Un camino de dos vías


La diplomática cubana Isabel Allende Karam presenta el libro "Un siglo de teoría de las relaciones internacionales" en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate/Archivo.
Y la embajadora se convirtió en rectora, estuvo 14 años consecutivos al frente de la academia diplomática.

–Me convertí en rectora del ISRI porque así me lo indicaron. Fue un gran reto, porque requería de mí una reorientación profesional. El día en que le entregué la rectoría del ISRI al embajador Rogelio Polanco, le dije que había sido una de las actividades más difíciles y retadoras a las que me había enfrentado, y también una de las más gratificantes.

“Uno aprende mucho con la docencia. Es un camino de dos vías, tú aportas conocimiento, pero los estudiantes también lo hacen, y no solo en la clase. Te sorprenden. Su agudeza y capacidad de profundizar son tantas que te ponen a correr para poder conducirlos.

“Los jóvenes cubanos me han dado muchas lecciones de valentía, honestidad, comprensión, pero, sobre todo, de ser buenos revolucionarios. Son distintos, porque cada generación es parecida a su época. Ahora, cuando un joven te dice ‘rectora, queremos salir a la calle a festejar el retorno de los Cinco Héroes, porque no nos podemos quedar aquí’, y salen gritando con una bandera, te están dando una lección.

“O cuando dijeron: ‘Tenemos que salir a la calle a decir nuestro sentimiento por la desaparición del Comandante’, los mismos que se pasaron la madrugada entera, por iniciativa propia, expresando su dolor en las redes sociales, y luego fueron a la calle a gritar: ‘Yo soy Fidel’. Vivir eso es lo más gratificante del mundo. Creo que el ISRI ha sido una gran experiencia para mi vida y es muy bueno que mi vida laboral termine en el ISRI”.

¿Por qué insiste en rescatar la historia de la diplomacia revolucionaria?

–No hay futuro, ni presente, sin pasado. Fidel siempre nos lo recordaba. Cuando se realizó el primer congreso del Partido, hizo una síntesis histórica de todas las condiciones que habían llevado a la Revolución. Sin eso no podemos entender el por qué de la Revolución. Tampoco podemos entender los principios de la diplomacia revolucionaria.

“Debemos conocer qué legado nos han dejado quienes tanto hicieron por nuestra felicidad. Todos los días uno aprende algo nuevo, pero no puedo olvidar lo que he aprendido de las personas que me han acompañado durante estos 57 años de trabajo en el Minrex, de los compañeros de fila y de los jefes.

“Aquellos que me hicieron repetir un informe no sé cuántas veces (quería matarlos en aquel momento, pero hoy se los agradezco infinitamente). Aquellos que me enseñaron a hacer un análisis, que me condujeron por este o aquel camino. Todos han aportado algo a mi formación. Si los olvidamos, estamos olvidando la historia.

“La historia de la diplomacia cubana hay que hacerla no solo hablando de la política exterior de Cuba, porque ambas cosas están muy imbricadas, sino también de las personas que han hecho esa diplomacia, en las más disímiles posiciones.

“El 11 de septiembre es el día de los mártires del servicio exterior, porque ese día mataron a Félix García Rodríguez, que no era embajador, no era consejero, era un funcionario del Minrex que estuvo dispuesto a dar su vida. De la misma manera, tampoco podemos olvidar a todos los intelectuales cubanos y revolucionarios que le dieron su vida a este ministerio, no podemos olvidar que este ministerio se inició y está compuesto por personas de muy diversas procedencias, todas con un denominador común: ser revolucionario”.

¿Qué es la diplomacia revolucionaria para Isabel Allende?

–Dignidad, ética, honestidad, apego a las mejores tradiciones de este pueblo. Es una diplomacia de pueblo y para el pueblo.

¿Y el Ministerio de Relaciones Exteriores?

–Mi vida está íntimamente vinculada a este ministerio, porque aquí fue donde crecí, me hice mejor persona y revolucionaria. Aquí conocí a los compañeros que me acompañaron en mi boda, en los momentos más difíciles de mi vida, en la muerte de mis padres; a los que cuidaron y jugaron con mis hijos… Aquí realicé mi vida.

martes, 11 de junio de 2019

«Melancolía de izquierda», la tragedia de las revoluciones redentoras.-a





Desde el siglo XIX las revoluciones tuvieron una prescripción memorial: conservar el recuerdo de las experiencias del pasado para legarlas al futuro. El derrumbe del comunismo luego de la caída del Muro de Berlín en 1989 quebró esa dialéctica entre pasado y futuro: las utopías del siglo XX desaparecieron y dejaron lugar a un presente cargado de memoria pero incapaz de proyectarse en el porvenir. Este nuevo vínculo entre historia y memoria permite redescubrir una tradición oculta, una visión melancólica de la izquierda que atraviesa la historia revolucionaria. A partir de un archivo vasto y heterogéneo de teoría, testimonios e imágenes, Enzo Traverso explora esta constelación melancólica desde perspectivas diversas: el análisis de una cultura izquierdista de la derrota, la descripción de una concepción marxista de la memoria, la construcción de una visión del duelo, y la investigación de la tensión entre el éxtasis y la pena que da forma a la bohemia revolucionaria. Se concentra también en algunas figuras que sintetizan distintas formas de melancolía de izquierda, de Marx a Benjamin, pasando por Trotski y Bensaïd, y en el análisis de una rica iconografía, desde pinturas de Courbet hasta afiches soviéticos de la década de 1920, o películas de Eisenstein, Theo Angelopoulos, Chris Marker y Ken Loach. En las antípodas de un manifiesto nostálgico, Traverso sostiene: "La melancolía de izquierda no significa el abandono de la idea del socialismo o de la esperanza de un futuro mejor; significa repensar el socialismo en un tiempo en que su memoria está perdida, oculta y olvidada y necesita ser redimida".

El asalto marxista a los cielos solo produjo un reguero de miedo, sangre, violencia, dolor y criminalidad. Este libro del profesor y filósofo italiano Enzo Traverso es una dura autocrítica de fracasos.




11/06/2019
Este libro de Enzo Traverso, filósofo italiano y profesor en EE. UU., habla del eclipse de las utopías, fundamentalmente de la izquierda marxista. Es una visión melancólica de la historia como rememoración de los vencidos. El tránsito de la utopía a la memoria. El mejor ejemplo está en la película de Angelopoulos, «La mirada de Ulises», cuando por el Danubio baja una barcaza que lleva sedente una gran estatua de Lenin hacia el basurero de la Historia. La barcaza se aleja del escenario de la Historia para transformarse en un lugar de la memoria. Los lugares de la memoria son aquellos que tienen la necesidad de preservar una relación afectiva con un pasado agotado y bajo la amenaza del olvido. Las gentes que se detienen a ver el paso de la barcaza, como si fuera su propia existencia, miran, como diría Benjamin, unas reliquias. ¿Interpretar el mundo o cambiarlo? Este es el libro que enuncia y enjuicia los reinos perdidos de las experiencias revolucionarias. Es una dura auto- crítica de fracasos y no resignación ante el orden mundial esbozado por un ultraliberalismo desbocado.
Repensar la historia del marxismo revolucionario a través del prisma de la melancolía. La caída del telón de acero y el papel de los intelectuales y artistas diezmados en la URSS. El ángel de la historia de Benjamin que contempla un campo de ruinas que crecen incesantemente. Para Traverso difícilmente aquel mundo podrá tener redención ante la Historia: gulag, millones de asesinados, promesas sociales incumplidas, falta de libertad de expresión y de movimiento, violencia y miedo como subordinación al poder, destrucción del individualismo frente a la masa anónima…

Países adláteres

Y, luego, lo que aconteció en China y otros países adláteres. Fracasos tras fracasos de la convivencia, precisamente desde una ideología que, cínicamente, la tenía como referente. Adorno denunció la amnesia que se escondía bajo la «elaboración del pasado» incapaz para hacer el duelo de los terrores del nazismo, comunismo, maoísmo y demás ismos. Para Hobsbawm el impacto de la revolución rusa fue mayor que la francesa. La rusa acabó con las esperanzas del mundo en una utopía igualitaria.

Este ensayo abre multitud de pistas para reflexionar sobre el más oscuro pasado y tratar de evitarlo.

¿Qué queda del asalto marxista a los cielos? ¡Nada! Las revoluciones burguesas (la norteamericana o la francesa) tuvieron buenas consecuencias perdurables. Las comunistas solo dejaron dolor y sangre. Unas consiguieron nuevas metas de libertad, las otras lucharon furibundamente contra ella. El comunismo fracasó como proyecto ético, estético y político. Como escribe Raymond Williams en su libro «La tragedia moderna», las revoluciones siempre han tendido a negar su dimensión trágica para enaltecer su misión redentora, liberadora, apasionante y gozosa. El comunismo jamás admitió la tragedia a pesar del permanente pronunciamiento a favor de la lucha, como en el caso de Gramsci en sus «Cuadernos de la cárcel». Tragedia y revolución se excluían mutuamente. «La mirada de Ulises», de Angelopulos, «La vida de los otros», de Henckel, o las películas de Kusturica, son imágenes melancólicas del final del comunismo soviético. El director serbio decía que la gente compraba la ficción como si fuera una realidad.

Degradación social

En estas y otras películas, el comunismo aparece como un espacio extraño, incomprensible, de degradación social, un abismo insondable. Todo era un lamento fúnebre, una elegía. Aquel fracaso había producido un vacío insondable. Celan, en «El meridiano», habla de utopía como esperanza; y de u-topía como un no lugar. De la esperanza se había pasado al no lugar.
Enzo Traverso dedica un apartado muy importante a la bohemia de finales del XIX donde apareció la derecha revolucionaria. La bohemia era una síntesis entre una izquierda #populista antiburguesa y antidemocrática y un nacionalismo antirrepublicano que ya no sentía nostalgia por el antiguo régimen y se vuelca en un nuevo orden. Celine, Barrés, La Rochelle o Brasillach serían los representantes franceses; en Italia Marinetti; y en Alemania Van den Bruck y Benn. Fascistas coloreados por raíces bohemias.

¿Acaso Mussolini o Hitler no fueron en su juventud artistas bohemios?

Frente a esta reacción, el surrealismo cercano al socialismo revolucionario (Maiakovski o Breton y cía). Baudelaire quedó en medio de ambos fuegos. Elogió al dandi como la representación de una altiva casta, un nuevo tipo de aristocracia que se había refugiado en el culto del yo. Para Balzac un dandi equivalía a un mueble decorativo; y para Sartre era una inutilidad social.
Spengler justificó muchos de los males del siglo XX. Para huir de Spengler, decía Adorno, no bastaba con denigrar la barbarie y confiar en la salud de la cultura. Había que reconocer, antes bien, el elemento de barbarie que hay en la cultura misma. Horkheimer y Adorno en «Dialéctica de la Ilustración» hablan de una regresión a la barbarie. «La razón es totalitaria y el nazismo fue un producto de la civilización», escribieron. Y también para ambos, los totalitarismos fueron el resultado de un proceso de autodestrucción de la Ilustración. Hegel había hablado del progreso como espíritu del mundo, Adorno como catástrofe. Este libro de Traverso abre multitud de pistas para reflexionar sobre el más oscuro pasado y tratar de evitarlo.



«Melancolía de izquierda». Enzo Traverso
Ensayo. Galaxia Gutenberg, 2019. 403 páginas. 23,50 euros.

Melancolía de izquierda
24/05/2017 | Michael Löwy

Este brillante ensayo* es un intento de recuperar una tradición ocultada y discreta: la de la “melancolía de izquierda”, un estado de ánimo que no forma parte del relato canónico de la izquierda, más propensa a celebrar los triunfos gloriosos que las derrotas trágicas. Sin embargo, el recuerdo de esas derrotas –junio de 1848, mayo de 1871, enero de 1919, septiembre de 1973– y la solidaridad con los vencidos irrigan la historia revolucionaria como un río subterráneo, invisible. En las antípodas de la resignación, esta melancolía de izquierda es un hilo rojo que cruza la cultura revolucionaria desde Auguste Blanqui hasta Walter Benjamin, pasando por Gustave Courbet y Rosa Luxemburgo, como también el cine crítico. Traverso revela con vigor y de modo contraintuitivo toda la carga subversiva y liberadora del duelo revolucionario.
La historia del socialismo a lo largo de dos siglos ha sido una constelación de derrotas, trágicas, a menudo sangrantes; pero esto no induce a la aceptación del orden establecido, sino todo lo contrario. En su último artículo, de enero de 1919, Rosa Luxemburgo escribió: “La vía al socialismo está pavimentada de derrotas… En ellas hemos fundado nuestra experiencia, nuestros conocimientos, la fuerza y el idealismo que nos animan.” El mismo espíritu anima a Che Guevara cuando, en octubre de 1967, dice a sus asesinos: “Hemos fracasado, pero la revolución es inmortal.” Sin embargo, esta dialéctica de la derrota podía conducir, señala Traverso, a una especie de teodicea seglar, con una fe casi religiosa en la victoria final. Es mejor reconocer, como hizo la propia Rosa Luxemburgo en 1915, que el futuro sigue siendo incierto: “socialismo o barbarie”.
Contrariamente a las derrotas gloriosas del pasado –1848, 1871, 1919–, la de 1989 (la caída del Muro de Berlín, seguida de la restauración del capitalismo) es una derrota oscura que genera desencanto. De ahí el desarrollo, a partir de esos años, de un marxismo melancólico, del que Daniel Bensaid es uno de los representantes más eminentes. Su arte reside, según Enzo Traverso, en la organización del pesimismo (fórmula de Walter Benjamin): asumir un fracaso sin capitular ante el enemigo, sabiendo que un nuevo comienzo adoptará formas inéditas.
La melancolía de izquierda se expresa mejor en las creaciones del imaginario revolucionario que en las controversias teóricas. El libro explorará por tanto esta sensibilidad en el cine, a través de las obras de Chris Marker, Gillo Pontecorvo y Ken Loach. Contrariamente a la historiografía, el cine no aspira a la exactitud, pero muestra la dimensión subjetiva de los acontecimientos, lo que lo convierte en un barómetro de la experiencia revolucionaria. Marxista anticolonialista, Pontecorvo es el realizador por excelencia de las derrotas gloriosas que preparan el futuro, como en La batalla de Argel (1966) o en Queimada (1969), que Edward Said consideraba “una obra maestra”. El mismo juicio puede aplicarse, en cierta medida, a Tierra y libertad, de Ken Loach, que proyecta una mirada melancólica, pero “todo menos resignada”, sobre la revolución española de 1936-1937. Su película quiere ser un monumento a las revoluciones del siglo XX, un monumento épico, pero ni dogmático ni lirico, impregnado de duelo.
Otra obra maestra, Rua Santa-Fé (2007), de Carmen Castillo, es un epitafio dedicado a la memoria de su compañero Miguel Enríquez y de las revoluciones latinoamericanas de la década de 1970. Distinta de la película de Ken Loach, esta es ante todo un documento sensible: Carmen Castillo no indaga en las razones de la derrota, sino en las emociones que esta ha generado, así como en las reacciones de la juventud chilena actual, que “se apropia la memoria de los vencidos”. Las páginas que consagra Enzo Traverso a esta película figuran entre las más logradas del libro.
Las películas de estos tres cineastas, como también las de Theo Angelopoulos o Patricio Guzmán, describen el siglo XX como una edad trágica de revoluciones quebradas y utopías derrotadas. Su melancolía de izquierda expresa el duelo colectivo de una generación.
Traverso dedica un capítulo a lo que denomina “melancolía poscolonial”, que adopta dos formas: l) desencanto ante las descolonizaciones fallidas y 2) decepción ante el desencuentro entre marxismo y anticolonialismo. Analiza con mucha finura los escritos de Marx, destacando tanto su visión eurocéntrica inicial como su progresiva superación a partir de la década de 1860. En el transcurso del siglo XX, la historia del marxismo es indisociable de los movimientos de liberación nacional, por mucho que los marxistas occidentales (Lukács, la Escuela de Fráncfort) hayan ignorado la lucha de los pueblos colonizados. A mi juicio, esta limitación es innegable, pero no creo que haya generado una “melancolía de izquierda”, contrariamente a la primera forma de la “melancolía poscolonial” –la de las independencias fallidas–, de la que Enzo Traverso habla muy poco, pero que ha pesado mucho sobre una generación de militantes anticolonialistas.

El último capítulo del libro está dedicado a nuestro amigo Daniel Bensaid. En la nueva coyuntura creada por los años noventa (restauración del capitalismo en la URSS y Europa del Este), Daniel tratará de repensar la historia a partir de Marx y Trotsky, aunque también de la “galaxia melancólica” –Baudelaire-Blanqui-Péguy-Walter Benjamin–, como el terreno de lo incierto y lo posible, de las arborescencias y las bifurcaciones. Se puede criticar la lectura que hace Bensaid de los escritos de Benjamin –en particular de sus Tesis sobre el concepto de la historia–, porque deja de lado la dimensión teológica y la relación con la utopía. Sin embargo, esta lectura atípica, no convencional, fue una de las primeras en destacar la dimensión política de Benjamin. Más que una interpretación erudita del texto, el ensayo de Bensaid, Walter Benjamin, sentinelle messianique (1990), es una reflexión a partir de Benjamin, a quien utiliza como una brújula para los revolucionarios en la tempestad de 1989-1990. La revolución ya no puede plantearse como “inevitable”: hipótesis estratégica y horizonte regulador, solo puede ser objeto de una apuesta melancólica (la apuesta de Pascal revisada y corregida por el marxista Lucien Goldmann).
En conclusión, Enzo Traverso critica el discurso normativo actual, que presenta el régimen liberal y la economía de mercado como el orden natural del mundo, estigmatizando las utopías del siglo XX. Para este discurso dominante, la melancolía de izquierda es culpable debido a sus vínculos con los compromisos subversivos del pasado. Sin embargo, la propia izquierda ha rechazado a menudo la melancolía para “no desesperar a Billancourt” 1/. Es hora de descubrir esta melancolía rebelde que se diferencia tanto de la resignación como de la “compasión” por las víctimas. Es uno de los atributos de la acción revolucionaria y está inscrita en la historia de todos los movimientos que, desde hace dos siglos, han intentado cambiar el mundo. Porque “es con las derrotas como se transmite la experiencia revolucionaria de una generación a otra”. Creo que el autor de Le Pari mélancolique 2/ (1997) estaría de acuerdo con esta conclusión…

* Mélancolie de gauche : La force d’une tradition cachée (XIXe-XXIe siècle). Enzo Traverso. La Découverte, Paris, 2016

Notas

1/ Billancourt: centro industrial a las afueras de París, símbolo del movimiento obrero francés. (N.d.t.)

2/ Daniel Bensaid (N.d.t.)


Enzo Traverso (Gavi, Piamonte, 14 de octubre de 1957) es un historiador e intelectual italiano. Actualmente es catedrático en Cornell University.

Estudió en la Universidad de Génova. Vivió y trabajó en Francia por más de veinte años. Fue militante de la organización Potere Operario (Poder Obrero). y se formó en la escuela del autonomismo marxista italiano. Fue profesor de la Universidad de Picardía y de la EHESS (École des Hautes Études en Sciences Sociales). Actualmente (2014) es profesor en la Universidad Cornell (Estados Unidos).
Es uno de los más importantes historiadores de las ideas del siglo XX. Entre sus temas de investigación destacan el Holocausto nazi y el Totalitarismo, así como la relación de los intelectuales con estos procesos históricos que permean las discusiones políticas del presente. Este interés lo ha llevado a ahondar sobre la antinomia entre historia y memoria a partir de los problemas metodológicos que plantea la historia contemporánea y el valor subjetivo del testimonio, enmarcado en la diacronía pasado-presente. 
En su obra es palpable la influencia recibida de la Escuela de Frankfurt. Se especializa en la filosofía judeoalemana, en el nazismo, el antisemitismo y en las dos guerras mundiales.

lunes, 13 de mayo de 2019

Libro El arte de la guerra de Sun Tzu II a

Guerrero chino.

11. LAS NUEVE SITUACIONES

Sun Tzu dijo: El arte de la guerra reconoce nueve variantes de terreno: Terreno dispersivo; terreno superficial; terreno disputado; terreno abierto; terreno de encrucijada; terreno serio; terreno difícil; terreno asediado; terreno desesperado.
Cuando un cacique está luchando en su propio territorio, es terreno dispersivo.
Cuando ha penetrado en territorio hostil, pero no a gran distancia, es terreno superficial.
El terreno cuya posesión da gran ventaja a uno u otro bando, es terreno disputado.
El terreno en el que cada bando tiene libertad de movimiento es terreno abierto.
El terreno que conforma la llave de tres estados contiguos, de forma que el que lo ocupa primero tiene la mayor parte del imperio a sus órdenes, es un terreno de encrucijada.
Cuando un ejército ha penetrado en el corazón de un país hostil, dejando un número de ciudades fortificadas a sus espaldas, es un terreno serio.
Bosques de montaña, pendientes accidentadas, marismas y pantanos; toda región dura de atravesar: esto es terreno difícil.
El terreno al que se llega a través de estrechos desfiladeros, y del que solo podemos retirarnos por caminos tortuosos, de forma que un pequeño número del enemigo sea suficiente para aplastar a un gran cuerpo de nuestros hombres: esto es terreno asediado.
El terreno en el que solo podemos salvarnos de la destrucción luchando sin demora, es desesperado.
En terreno dispersivo, por tanto, no luche. En terreno superficial, no haga altos. En terreno disputado, no ataque.
En terreno abierto, no trate de bloquear el camino al enemigo. En terreno de encrucijada, únase a sus aliados.
En terreno serio, reúna el botín. En terreno difícil, manténgase presto a marchar.
En terreno asediado, recurra a la estratagema. En terreno desesperado, luche.
Aquellos que fueron llamados habilidosos líderes de la antigüedad supieron cómo hacer brecha entre la vanguardia y la retaguardia enemigas; prevenir la cooperación entre sus grandes y pequeñas divisiones; impedir a las buenas tropas rescatar a las malas, a los oficiales reagrupar a sus hombres.
Cuando los hombres del enemigo estuvieron unidos, maniobraron para mantenerlos en desorden.
Cuando estaban en ventaja, hicieron un movimiento hacia adelante; cuando a la inversa, se mantuvieron firmes.
Si se me pregunta cómo hacer frente a una gran multitud de enemigos en formación ordenada y a punto de atacar, debo decir: Empiece por aprovechar algo a lo que su oponente dé mucha importancia; entonces él será susceptible a tu voluntad.
La rapidez es la esencia de la guerra: aprovéchese de la indisposición del enemigo, ábrase paso por rutas inesperadas y ataque sitios desprotegidos.
Los siguientes son los principios a observar por una fuerza invasora: Cuanto más penetres en un país, mayor será la solidaridad de tus tropas, y por lo tanto los defensores no prevalecerán contra ti.
Haz incursiones en terreno fértil para abastecer a tu ejército con víveres.
Estudia cuidadosamente el bienestar de tus hombres, y no los graves en exceso. Concentra tu potencia y acumula tu fuerza. Mantén continuamente a tu ejército en movimiento, y urde planes insondables.
Lanza a tus soldados a posiciones de las que no haya escape posible, y preferirán la muerte a la huida. Si pueden encarar la muerte, no habrá nada que no puedan conseguir. Oficiales y hombres por igual presentarán su máxima fuerza.
Cuando los soldados están en grandes apuros pierden la sensación de temor. Si no hay lugar para el refugio, se mantendrán firmes. Si están en un país hostil, presentarán un frente resuelto. Si no hay ayuda para él, lucharán duro.
Así, sin esperar a ser capitaneados, los soldados estarán constantemente en guardia; sin esperar a que se les pida, harán tu voluntad; sin restricciones, serán fieles; sin dar órdenes, se podrá confiar en ellos.
Prohíbe la consideración de augurios, y deshazte de las dudas supersticiosas. Entonces, hasta que la misma muerte llegue, ninguna calamidad necesitará ser temida.
Si tus soldados no están sobrecargados de dinero, no es porque les disgusten las riquezas; si sus vidas no son excesivamente largas, no es porque no se inclinen a la longevidad.
El día en que se los manda a batallar, tus soldados pueden acongojarse, los que están en pie humedeciendo sus vestimentas, y los recostados dejando correr las lágrimas por sus mejillas. Pero espera a que estén acorralados, y desplegarán el valor de un Chu o un Kuei (Chu era un poderoso reino invasor, anterior a la unificación de China. Kuei es un demonio o espíritu maléfico. N. del T.).
El estratega habilidoso puede asemejarse al shuei yan (Serpiente legendaria. N. del T.). Ahora bien, el shuei yan es una serpiente que se encuentra en las montañas Chang (Lo más seguro es que sea la cordillera del impresionante monte Paektu. También puede referirse a la zona montañosa de Chekiang, a alguna de las cinco montañas sagradas, o a otro lugar. N. del T.). Golpea su cabeza, y serás atacado por su cola; golpea su cola, y serás atacado por su cabeza; golpéala en el centro, y serás atacado por ambas cabeza y cola.
Si se me pregunta si se puede hacer que un ejército imite al shuei yan, debo responder sí. Pues los hombres de Wu (Antiguo reino al norte de Yue que este último anexionó en el año 473 a.C., convirtiéndose en uno de los principales estados de China. Léase Anales de primavera y otoño, atribuido a Confucio. N. del T.) y los hombres de Yue son enemigos; pero si están cruzando un río en el mismo barco y les coge una tormenta, irán a asistirse mutuamente justo como la mano izquierda ayuda a la derecha.
Por lo tanto no es suficiente depositar la confianza en el tiro de los caballos, y el hundimiento de las ruedas del carro en la tierra.
El principio con el que se maneja un ejército es disponer un estándar de valor que todos tienen que alcanzar.
Cómo sacar lo mejor de ambos fuertes y débiles: eso es una cuestión que implica el uso adecuado del terreno.
Por lo tanto el general habilidoso conduce a su ejército como si llevara a un solo hombre, quiera o no quiera, de la mano.
Es competencia de un general ser discreto y así asegurar el secretismo; recto y justo, y así mantener el orden.
Tiene que ser capaz de desconcertar a sus oficiales y hombres con falsos informes y apariencias, y así mantenerlos en total ignorancia.
Alterando sus preparativos y cambiando sus planes, mantiene al enemigo sin un conocimiento en firme. Levantando su campamento y tomando rutas indirectas, impide al enemigo anticiparse a sus planes.
En el momento crítico, el líder de un ejército actúa como alguien que ha escalado a las alturas y luego aparta de una patada la escalera tras él. Lleva a sus hombres al interior de un territorio hostil antes de mostrar su mano.
Quema sus barcos y rompe sus utensilios de cocina; como un pastor dirigiendo un rebaño de ovejas, dirige a sus hombres de un sitio para otro, y nada se sabe de adónde está yendo.
Reunir a las huestes y ponerlas en peligro: estas son las competencias atribuibles al general.
Las distintas medidas adecuadas para las nueve variantes de terreno; la conveniencia de tácticas agresivas o defensivas; y las leyes fundamentales de la naturaleza humana: estas son las cosas que deben con toda certeza estudiarse.
Cuando se invade terreno hostil, el principio general es, que penetrar profundamente proporciona cohesión; penetrar pero una corta distancia significa dispersión.
Cuando dejas atrás tu propio país, y llevas a tu ejército a través del territorio vecino, te encuentras en terreno crítico. Cuando hay medios de comunicación por los cuatro lados, el terreno es en encrucijada.
Cuando penetras profundamente en un país, es terreno serio. Cuando penetras pero una corta distancia, es terreno superficial.
Cuando tienes las fortalezas del enemigo a tu espalda, y pasos estrechos delante, es terreno asediado. Cuando no hay ningún lugar para el refugio, es terreno desesperado.
Por tanto, en terreno dispersivo, inspiraría a mis hombres con unidad de propósito. En terreno superficial, miraría que hubiera una conexión cercana entre todas las partes de mi ejército.
En terreno disputado, mantendría un ojo vigilante sobre mis defensas. En terreno en encrucijada, consolidaría mis alianzas.
En terreno serio, trataría de asegurar una línea continua de suministros. En terreno difícil, seguiría adelante a lo largo del camino.
En terreno asediado, bloquearía cualquier vía de retirada. En terreno desesperado, proclamaría a mis soldados la desesperanza de salvar sus vidas.
Pues es la predisposición del soldado ofrecer una obstinada resistencia cuando está rodeado, luchar duro cuando no puede ayudarse a sí mismo, y obedecer con presteza cuando está en peligro.
No podemos establecer alianzas con príncipes vecinos hasta que no estemos al tanto de sus designios. No somos adecuados para liderar un ejército en marcha a no ser que estemos familiarizados con el relieve de la región: sus montañas y bosques, sus escollos y precipicios, sus marismas y pantanos. No podremos contar con la ventaja natural a no ser que hagamos uso de guías locales.
Ignorar uno cualquiera de los siguientes cuatro o cinco principios no corresponde a un príncipe marcial.
Cuando un príncipe marcial ataca a un estado poderoso, su generalato se muestra al prevenir la concentración de las fuerzas del enemigo. Intimida a sus oponentes, e impide que sus aliados se junten contra él.
Por lo tanto no se esfuerza por aliarse con todo el mundo, ni auspicia el poder de otros estados. Lleva a cabo sus propios designios secretos, manteniendo a sus antagonistas sobrecogidos. De este modo es capaz de capturar sus ciudades y derrocar sus reinos.
Concede recompensas sin arreglo a la norma, emite órdenes sin arreglo a preparativos previos; y serás capaz de manejar un ejército entero como si estuvieras manejando a un solo hombre.
Enfrenta a tus soldados con la acción misma; nunca dejes que conozcan tu designio. Cuando la perspectiva sea luminosa, pónsela a la vista; pero no les digas nada cuando la situación sea lúgubre.
Sitúa a tu ejército en peligro mortal, y sobrevivirá; mételo en problemas desesperados, y saldrá a salvo.
Pues es precisamente cuando una fuerza ha caído en la vía del dolor que es capaz de dar un golpe por la victoria.
El éxito en la práctica de la guerra se obtiene acomodándonos cuidadosamente al propósito del enemigo.
Esperando persistentemente al flanco del enemigo, a la larga tendremos éxito en matar al comandante en jefe.
Esto se llama capacidad para conseguir una cosa por pura astucia.
En el día en que asumas el mando, bloquea los pasos fronterizos, destruye los registros oficiales, y detén el paso de todos los emisarios.
Sé severo en la cámara del consejo, de forma que puedas controlar la situación.
Si el enemigo deja una puerta abierta, tienes que entrar como una tromba.
Anticípate a tu oponente haciéndote con lo que él valora profundamente, e ingéniatelas sutilmente para calcular su llegada al terreno.
Camina en el sendero definido por norma, y acomódate al enemigo hasta que puedas luchar una batalla decisiva.
Al principio, entonces, exhibe la timidez de una doncella, hasta que el enemigo te dé una oportunidad; después emula la rapidez de una liebre corriendo, y será demasiado tarde para el enemigo oponérsete.

12. EL ATAQUE POR FUEGO

Sun Tzu dijo: Hay cinco vías para atacar con fuego. La primera es quemar soldados en su campamento; la segunda es quemar almacenes; la tercera es quemar vagones de equipajes; la cuarta es quemar arsenales y polvorines; la quinta es lanzar fuego arrojadizo por entre el enemigo.
Para sacar adelante un ataque, necesitamos tener medios disponibles. El material para hacer fuego debe estar siempre a punto.
Hay una época apropiada para atacar con fuego, y días especiales para iniciar la conflagración.
La época apropiada es cuando el clima es muy seco; los días especiales son aquellos en que la Luna está en las constelaciones del Kit (Colador. Al este, en Sagitario. N. del T.), el muro (o la librería. Al norte, en Pegaso-Andrómeda. N. del T.), las alas (Al sur, en Copa-Hidra. N. del T.) o el travesaño (Al oeste, las 3 estrellas más brillantes del cinturón de Orión. Todas ellas forman parte de las 28 casas de la Luna. N. del T.); pues estos cuatro son todos días de viento que arrecia.
Atacando con fuego, uno debe estar preparado para toparse con cinco posibles desarrollos:
Cuando el fuego se declara dentro del campamento del enemigo, responde de inmediato con un ataque desde el exterior.
Si hay un estallido de fuego, pero los soldados del enemigo siguen tranquilos, aguarda el momento oportuno y no ataques.
Cuando la fuerza de las llamas haya llegado a su máxima altura, síguela con un ataque, si es factible, si no, permanece donde estás.
Si es posible realizar un asalto con fuego desde el exterior, no esperes a que estalle en el interior, sino imparte tu ataque en un momento favorable.
Cuando empiezas un fuego, ponte a barlovento de él. No ataques desde sotavento.
Un viento que arrecia durante el día dura mucho, pero una brisa nocturna remite pronto.
En todo ejército, los cinco desarrollos conectados con el fuego tienen que ser conocidos, los movimientos de las estrellas calculados, y estar vigilante para los días apropiados.
Por lo tanto aquellos que usan fuego como un auxiliar del ataque muestran inteligencia; aquellos que usan agua como un auxiliar del ataque ganan un superávit de fuerza.
Por medio del agua, un enemigo puede ser interceptado, pero no desprovisto de todas sus pertenencias.
Triste es el porvenir de uno que intenta ganar sus batallas y prosperar en sus ataques, sin cultivar el espíritu de campaña; pues el resultado es pérdida de tiempo y estancamiento general.
De ahí el dicho: El dirigente iluminado hace sus planes pensando en el futuro; el buen general cultiva sus recursos.
No te muevas a no ser que veas una ventaja; no uses tus tropas a no ser que haya algo que ganar; no luches a no ser que la posición sea crítica.
Ningún dirigente debe poner tropas en el campo simplemente para desatar su propia ira; ningún general debe luchar una batalla por mera revancha.
Si es para aventajar, haz un movimiento adelante; si no, permanece donde estás.
El enfado puede convertirse en alegría con el tiempo; la contrariedad puede estar sucedida por la satisfacción.
Pero un reino que ha sido destruido una vez no puede nunca volver a ser; ni puede la muerte jamás ser devuelta a la vida.
Por lo tanto el dirigente iluminado es atento, y el buen general lleno de prudencia. Esta es la forma de mantener un país en paz y un ejército intacto.

13. EL USO DE ESPÍAS

Sun Tzu dijo: Alzar unas huestes de cien mil hombres y marchar grandes distancias conlleva fuertes pérdidas de gente y una merma de los recursos del estado. El coste diario ascenderá a mil onzas de plata. Habrá conmoción en casa y en el extranjero, y los hombres caerán exhaustos en las carreteras. Tantas como setecientas mil familias verán su labor impedida.
Los ejércitos hostiles pueden enfrentarse entre sí por años, pugnando por una victoria que se decide en un solo día. Siendo esto así, permanecer en la ignorancia de la condición del enemigo sencillamente porque uno distribuye de mala gana el monto de cien onzas de plata en honores y emolumentos, es el colmo de la inhumanidad.
Uno que actúa así no es líder de hombres, no representa ayuda para su soberano, no es maestro de victoria.
Por tanto, lo que incapacita la sabiduría del soberano y al buen general para golpear y conquistar, y conseguir cosas más allá del alcance de los hombres vulgares, es la predicción.
Ahora bien, esta predicción no puede recabarse de espíritus; no puede obtenerse por inducción de la experiencia, ni por ningún cálculo deductivo.
El conocimiento de las disposiciones del enemigo solo puede obtenerse de otros hombres.
De ahí el uso de espías, de los que hay cinco clases: Espías locales; espías internos; espías conversos; espías condenados; espías supervivientes.
Cuando estos cinco tipos de espía están todos trabajando, nadie puede descubrir el sistema secreto. Esto se llama movimiento divino de los hilos. Es la facultad más preciosa del soberano.
Tener espías locales significa emplear los servicios de habitantes de un distrito.
Tener espías internos, hacer uso de oficiales del enemigo.
Tener espías conversos, hacerse con los espías del enemigo y usarlos para nuestros propios propósitos.
Tener espías condenados, hacer ciertas cosas abiertamente con propósitos de engaño, y permitir a nuestros espías saber de ellos e informar de ellos al enemigo.
Los espías supervivientes, finalmente, son aquellos que traen de vuelta nuevas desde el campamento enemigo.
Por lo tanto no hay nadie en todo el ejército con quien se deba mantener relaciones más íntimas que con los espías. Ninguno debe ser recompensado más libremente. En ningún otro asunto debe preservarse mayor secretismo.
Los espías no pueden ser empleados útilmente sin una cierta sagacidad intuitiva.
No pueden ser manejados apropiadamente sin benevolencia y franqueza.
Sin una sutil ingenuidad de la mente, uno no puede tener certeza de la veracidad de sus informes.
¡Sé sutil! ¡sé sutil! Y usa tus espías para todo tipo de asuntos.
Si una porción de las nuevas es divulgada por un espía antes de que el momento haya llegado, debe ser enviado a la muerte junto con el hombre al que se le contó el secreto.
Sea el objetivo aplastar un ejército, arrasar una ciudad, o asesinar a un individuo, siempre es necesario empezar por descubrir los nombres de los auxiliares, los ayudas de cámara, y guardianes y centinelas del general al mando. Nuestros espías tienen que estar comisionados para discernirlos.
Los espías del enemigo que han venido a espiarnos a nosotros tienen que ser buscados, tentados con sobornos, llevados aparte y alojados cómodamente. Así se volverán espías conversos y disponibles para nuestro servicio.
Es a través de la información traída por el espía converso que somos capaces de adquirir y emplear espías locales e internos.
Es gracias a su información, de nuevo, que podemos provocar que el espía condenado lleve falsas noticias al enemigo.
Por último, es por su información que el espía superviviente puede ser usado en ocasiones designadas.
El fin y el objetivo de espiar en todas sus cinco variantes es conocer al enemigo; y este conocimiento solo puede ser derivado, en primera instancia, del espía converso. Por lo tanto es esencial que el espía converso sea tratado con el máximo liberalismo.
Antaño, el ascenso de la dinastía Yin fue debido a Zhiyi que había servido a Huisi. De igual manera, el ascenso de la dinastía Zhou fue debido a Lu Ya que había servido a Yin.
Por lo tanto es solo el dirigente iluminado y el general sabio el que usará la más alta inteligencia del ejército para propósitos de espionaje y de este modo obtienen grandes resultados. Los espías son uno de los más importantes elementos en la guerra, porque de ellos depende la capacidad de un ejército para moverse. 
APÉNDICE

A lo largo del libro se habla de hechos dispersos aparentemente inconexos, que en verdad permiten vislumbrar el desarrollo de la mitología china. Se cree que el dragón había sido un pez que queriendo escalar, salió del agua, y se fue transformando en reptil o serpiente hasta evolucionar a su forma final, completamente diferente a la de los occidentales, que, al contrario que el dragón chino, suelen ser bípedos y malvados. Este es un punto a favor para considerar que la montaña en la que se encuentra la serpiente legendaria sea el monte Paektu, cuyo cráter está bañado por el Lago del cielo, uno de los más prodigiosos paisajes naturales del mundo, en el que es fácil dejar volar la imaginación.
Las imágenes de dragones estilizados, encontrados en Shaanxi en los yacimientos de la cultura Yangshao confirman esta teoría. El Emperador Amarillo, además, iba combinando los animales que figuraban en los estandartes de los reinos conquistados y los propios, de forma que el dragón puede proceder de la superposición de un cocodrilo, un animal marino y una serpiente por ejemplo, a los que luego se han añadido el tigre, el murciélago, el águila, etc. Tampoco es casualidad que se hable de la serpiente en el capítulo titulado Las nueve situaciones, ya que es el número de dragones clásicos. La palabra yan del nombre de la serpiente puede referirse a la etnia Han, primera que se asocia con la China unificada, cuyo primer dirigente, según la tradición, fue el Emperador Amarillo, también conocido como el dragón, del que se suponen descendientes los chinos. De ahí que se consideren hijos del dragón.


Biografía del autor.


Sun Tzu es un personaje milenario que inspiró y sigue inspirando a grandes líderes, no solo en la batalla, sino también en la política y las empresas. Su gran obra El arte de la guerra ha orientado a estrategas de todos los tiempos, por la validez universal de sus principios y lo puntual de sus consejos.
Lo más curioso de la obra de Sun Tzu es el hecho de que convierte el combate en un acto de inteligencia y no de fuerza bruta. De hecho, una de las grandes máximas de esta obra señala que la mejor batalla es aquella que nunca tiene lugar. En gran medida comparte la tradición de las artes marciales, que también se asientan sobre ese principio.
Sun Tzu es un personaje enigmático, sobre el que poco se sabe. De hecho, hay quienes ponen en duda su existencia real y piensan que ese nombre es un seudónimo que adoptaron diferentes guerreros. Sin embargo, al menos por el momento, la existencia de este personaje se acepta históricamente.

“Cuando puedas, finge ser incapaz, cuando estés listo, finge estar desesperado, cuando estés cerca, finge estar lejos, cuando estés lejos, haz creer a la gente que estás cerca”.-Sun Tzu-

Sun Tzu nació en China, probablemente en el año 544 antes de nuestra era. Fue contemporáneo del famoso filósofo Confucio y vivió en una época convulsionada, que se caracterizó por las divisiones y las luchas internas. Aún así, en su tiempo era muy valorado el pensamiento filosófico y por eso su gran tratado, el que le daría la inmortalidad, es una obra para pensadores.
Según lo que se ha podido establecer, el estratega nació en Ch’i y provenía de una familia de aristocracia militar. Aparentemente, aprendió el oficio de la guerra de su abuelo. En aquel entonces reinaba la dinastía Chou, pero en China había una lucha constante entre diferentes principados y no existía unidad centralizada.
Se cree que Sun Tzu fue a vivir al sur del país en el año 517. Se estableció en el estado de Wu y allí quedó bajo el mando del rey Hu Lu, como general. A este periodo de la historia se le conoce como el de los “Reinos combatientes”, durante las llamadas “Primaveras y Otoños” de China.
Sun Tzu tenía su propia filosofía frente a la guerra y pronto comenzó a aplicarla con éxito. Enfrentó a ejércitos mucho más poderosos y venció, gracias a su enorme habilidad en la estrategia.
Este militar demostró que las victorias no dependían del tamaño de un ejército, ni de la cantidad de recursos con los que se contara, sino de la estrategia.

Los planteamientos de este estratega giran en torno a la idea de que el arte de la guerra es el arte del engaño. Para ser exitoso se necesita fundamentalmente conocerse a uno mismo y conocer al enemigo, en ambos casos, con gran profundidad. Finalmente, todo se reduciría a saber qué piensa el contrincante y cómo actúa, para aprovechar eso en favor propio.
Uno de los aspectos interesantes del tratado de Sun Tzu es el hecho de que, de un modo u otro, está diseñado para quienes están en desventaja. De otro lado, busca que cualquier combate genere el menor número de daños y de pérdidas.
Como ya lo indicamos, para este guerrero lo ideal es darle un manejo tal a las situaciones, de modo que finalmente la batalla no sea necesaria.

Biografía del Gran Almirante Thrawn

Juego de tronos y la política.-a ; Las 50 leyes del poder

vídeos sobre juego de tronos Las 50 leyes del poder para convertirte en El Padrino. 19/05/2023 El sociólogo, politólogo, escritor, podc...