Mostrando entradas con la etiqueta miami. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta miami. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de enero de 2019

Los 60 años revolución cubana y éxito de los cubano estadounidenses.-a


Sesenta años de revolución castrista dieron a Miami la personalidad que tiene ahora: una ciudad de paquidérmicos desarrollos inmobiliarios; y olor a croqueta y café colado, donde los hijos y nietos de exiliados cubanos crecieron como “americanos que comen arroz con frijoles”.
A apenas 367 km de distancia, La Habana y Miami ya estaban muy conectadas a principios del siglo pasado, con un flujo turístico y comercial que iba y venía. Este movimiento pendular se detuvo en 1959, cuando triunfó la revolución de Fidel Castro y comenzó la diáspora cubana.
Los primeros exiliados de los años 1960 hoy son octogenarios que soñaron con liberar su país y ahora viven entre la frustración y la nostalgia, después de conspirar por décadas mientras jugaban dominó en los porches de sus casas color pastel.
“Estábamos perdiendo todo lo que nuestra familia había trabajado por años, no lo podíamos aceptar”, dijo Johnny López de la Cruz, de 78 años, recordando al grupo de cubanos exiliados que intentó invadir la isla en 1961 tras un chapucero entrenamiento de la CIA.
“Queríamos regresar para traer de nuevo la democracia y la libertad para el pueblo cubano”, dijo a la Agencia AFP este excombatiente que hoy preside la Asociación de Veteranos de Bahía de Cochinos.
El gran enemigo: John F. Kennedy, el presidente que los “traicionó” cuando retiró el apoyo de la CIA en plena batalla.
“Casi todos fuimos capturados”, contó López. Siguieron la prisión, la tortura y el exilio.
Cubanos como él sienten el anticastrismo en la piel y rechazan el acercamiento entre Washington y La Habana como una claudicación. Y ese sentimiento intestino moldea a buena parte de la comunidad cubana en Miami.

Sabor tropical

Pasaron los años, aumentó la diáspora y el sur de Florida cambió. El “sándwich cubano” se volvió el bocadillo más popular, el café ahora se llama “colada” o “cafecito” y el idioma que se habla rara vez es el inglés.
Un cliché frecuentemente citado dice que la “ciudad mágica” es la única urbe extranjera que los estadounidenses pueden visitar sin pasaporte.
El capital social de la comunidad cubana de Miami es tal que uno de sus representantes, Jorge Mas, tuvo que meter la cuchara en el proyecto de estadio de David Beckham para que el futbolista británico comenzara a tener posibilidades reales de llevarlo a cabo.
Ya en 1972, el histórico caso Watergate involucró a cuatro cubanos de Miami.
Y cuando murió la gloriosa Celia Cruz en 2003, decenas de miles la despidieron en la Torre Libertad, un monumento a los exiliados entre los rascacielos de Downtown.
Según el censo de 2017, del 67% de hispanos de esta ciudad floridana, más de la mitad (54%) eran cubanoestadounidenses.
“Los cubanos convirtieron la Miami subtropical en una ciudad con estilo tropical, una ‘ciudad alegre’ al estilo caribeño”, escribió el historiador Anthony Maingot en su libro “Miami: a Cultural History” (2015).
Pero ese sabor tropical no está en el Caribe: sigue siendo estadounidense.
“La latinización de la ciudad está contrabalanceada por las fuerzas de Estados Unidos, que siempre han favorecido la renovación y el cambio”, escribió Maurice Ferré, seis veces alcalde de Miami, en el prólogo del libro de Maingot.

Arroz con frijoles

Entre estas dos fuerzas antagónicas, están los hijos y los nietos de los cubanos. Giancarlo Sopo, de 35 años, es hijo de un veterano de la Brigada 2506 que nació -dice- en la “cima” del auge del éxodo en los años 1980.
La cultura popular dejaba constancia del tamaño de la influencia cubana en Miami con éxitos como la canción “Conga”, de Gloria Estefan; y el film “Scarface”, con Al Pacino.
Años después, a raíz de la apertura de relaciones Cuba-EEUU en 2014, Sopo viajó a La Habana y descubrió que era más estadounidense de lo que pensaba.
Atrás quedaron la crisis de los “marielitos” de los 1980 y la de los balseros una década después.
“Mientras más intercambio con jóvenes cubanos más me doy cuenta de que culturalmente tenemos diferencias”, dijo a la AFP este estratega comunicacional en su oficina de Miami Beach.
Un ejemplo: su esposa, nacida y criada en Cuba, considera natural que alguien la visite sin avisar. Pero, para él, esa costumbre es surreal.
Los cubanos de segunda y tercera generación “ya somos americanos a los que nos gusta también comer arroz con frijoles”, bromeó.
Y, por esto, son grupos más propensos a favorecer la apertura e, incluso, a votar demócrata.
Anticastrismos como el de Johnny López “son visiones que hay que entender y respetar”, dijo Sopo.
“A mí no me confiscaron una tierra, a mí no me fusilaron a un hermano, un padre. (…) No puedo juzgar a las personas que sí sufrieron eso y decirles ‘ustedes son unos extremistas’. Creo que todos queremos para Cuba lo mejor, un país donde las personas puedan prosperar”, finalizó.

domingo, 14 de octubre de 2018

Venezolanos exiliados en EEUU parecen resignarse a la idea de que no volverán a su país.-a




MIAMI.— Helene Villalonga decidió salir de Venezuela por un tiempo cuando dos hombres, uno de ellos armado con un revólver, aparecieron en su negocio de organización de fiestas y le ordenaron a gritos que dejara de trabajar para políticos locales que se oponían al entonces presidente Hugo Chávez.
Entonces Helene colocó un cartel que decía “cerrado por vacaciones” en la puerta y voló a Miami con sus dos hijos más pequeños. Pensó que serían un par de semanas, pero las cosas no fueron como ella esperaba. Las semanas se convirtieron en meses y luego en años.

Mientras en Venezuela iniciaba una crisis que se profundizaría, Helene y muchos otros compatriotas se arraigaban cada vez más en Estados Unidos. En lo que se ha convertido en un éxodo con implicaciones políticas y demográficas para la nación sudamericana, un creciente número de expatriados venezolanos piensa que tal vez ya nunca volverán a vivir a su país.
“Quisiera volver a la Venezuela que tuve yo, pero esa Venezuela ya no existe”, expresó Helene durante una entrevista en su oficina de Doral, una ciudad al oeste de Miami donde tiene una organización de ayuda a inmigrantes.
“Ya no la voy a ver más”, agregó la mujer que en 2013 trabajó organizando el voto de la diáspora en el exterior.
Se trata de un cambio psicológico y demográfico. Los venezolanos solían venir a Estados Unidos a pasear o estudiar. Hacían compras, visitaban los parques de Disney y luego regresaban a su país. La nación sudamericana tenía una de las economías más prósperas de Latinoamérica. Sin embargo, los que arribaron tras la llegada de Chávez al poder están comenzando a admitir una dura realidad: las condiciones en Venezuela han forzado a muchos a pensar que el futuro está en el extranjero.
“Esto ha llegado tan lejos que nadie se lo imaginaba”, expresó sobre la situación Verónica Huerta, una recepcionista de hotel de 57 años que llegó a Miami en 2003 y se casó con un estadounidense. “Para mi ir a vivir a Venezuela sería muy difícil. Ya tenemos una vida hecha, una familia”.
Para Helene fue un proceso gradual. Los hombres llegaron a su negocio en Valencia, al noroeste de Venezuela, en el 2000. Preguntaron por ella por su nombre y se aseguraron de que supiera que estaban armados. Después que ella salió de su país, su esposo fue atacado en la calle, por lo que decidió unirse al resto de la familia en el sur de la Florida con su hijo mayor.
La situación en Venezuela, mientras tanto, empeoró. Chávez falleció y fue reemplazado por Nicolás Maduro. El autoritarismo se incrementó, la economía cayó en picada y la criminalidad se disparó a una de las tasas más elevadas del mundo. Las condiciones se deterioraron tanto que cientos de miles de personas cruzan la frontera hacia Colombia y Brasil diciendo que no tienen qué comer.
Helene, de 48 años, no volvió más a Venezuela. Ni siquiera para la muerte de su hermano.
Expertos que estudian las tendencias de inmigración en Estados Unidos aseguran que los venezolanos parecen estar siguiendo el mismo camino de los cubanos que huyeron de la revolución en 1959.
“Las primeras camadas de cubanos que arribaron a Estados Unidos cuando Fidel Castro llegó al poder esperaban regresar pronto a Cuba cuando Fidel Castro ya no estuviera en el poder”, expresó Mark Hugo Lopez, director de investigación hispana del Centro de Investigaciones Pew. La historia venezolana “es un eco” de esa experiencia, dijo.

Los venezolanos que vinieron primero a Estados Unidos suelen ser de clase media y alta, a diferencia de los que han huido en meses recientes a Brasil y Colombia. Su salida ha tenido consecuencias económicas en su país. Muchas casas están vacías y los precios de los bienes raíces se han derrumbado, después de haber sido durante años la opción preferida para preservar los activos en medio de un proceso hiperinflacionario.
También hay consecuencias políticas. Los expatriados han representado una pequeña pero influyente fuerza electoral en el pasado. Helene ayudó a movilizar tres autobuses repletos con 180 personas para que votaran en las elecciones presidenciales de 2013 en Nueva Orleans, el lugar más cercano de Miami después que Chávez cerró el consulado para castigar a la comunidad de expatriados, mayoritariamente opositora. Este año no planea hacerlo porque no se siente representada por la oposición y no cree que el proceso electoral sea transparente.
Ahora, en medio de pronósticos que indican que Maduro triunfaría frente a una desanimada y dividida oposición, nadie espera el mismo entusiasmo entre los votantes que viven en el exterior.
“No creo que el voto haga ninguna diferencia en esta oportunidad”, manifestó Elvira Ojeda, una empresaria de 45 años que llegó en 2011. “Perdí la energía, la credibilidad”, dijo la mujer al explicar que esta vez no viajará a votar a su país, a diferencia de lo que hizo en cuatro oportunidades anteriores.
Varias encuestas han mostrado que cerca del 10% del electorado, entre 1 y 2 millones de votantes, vive en el extranjero. El gobierno venezolano dice que sólo unos 100.000 votarán afuera en mayo.

“Si bien el voto de la diáspora es esencial, en esta elección parece que no va a valer nada”, dijo Moisés Rendón, analista de políticas públicas del Centro para Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington. “Hay una frustración del exilio, la misma que tiene la sociedad venezolana, que no ve una salida”.
La población venezolana en Estados Unidos se ha más que duplicado en la última década, desde casi 178.000 en 2006 a más de 366.000 en 2016. Poco más de la mitad vive en la Florida. La gran mayoría –las tres cuartas partes de ellos– llegó a partir del 2000, poco después de que Chávez asumiera la presidencia. Las solicitudes de asilo político se dispararon en 2017 a cerca de 28.000 pedidos, el doble que el año anterior y cinco veces más que en 2015.
En el sur de la Florida los venezolanos se han asentado en pequeñas ciudades como Doral y Weston, donde es común ver negocios y automóviles con banderas amarillas, azules y rojas, o decenas de restaurantes que venden arepas, tequeños y hallacas.
En la última década, los venezolanos han aparecido al tope de la lista de los cinco mayores compradores extranjeros de propiedades en Miami. La Asociación Nacional de Abogados Venezolanos-Americanos también ha crecido: de los diez miembros fundadores que tenía en 2013, cuenta con 200 en la actualidad. Además, la cámara de Comercio Venezolano-Americana ha duplicado sus integrantes en la última década y posee 300 actualmente.
Para Cristina Pocaterra, que llegó a Miami en 1999, “cuanto más tiempo pasa, más difícil es volver”.
Ella arribó por motivos de trabajo, con la esperanza de regresar pronto. En 2003 tuvo gemelas en Miami, en 2014 se naturalizó y ahora ha presentado los trámites para que su madre, de 74 años, pueda convertirse en residente permanente.
“Nos tocó a todos desarrollarnos afuera y buscar otros caminos”, explicó Cristina, una consultora de empresas de 54 años. “Ya no tengo nada material en Venezuela”.
Como ella y Helene hay muchos más. Cansado de la inseguridad de Caracas, un joven que pidió no ser identificado por temor a represalias con su madre que vive en Venezuela, llegó en 2011 a Miami para hacer un posgrado. Pensaba que en cinco años cambiaría el gobierno y el volvería, pero se graduó con una maestría de administración de empresas, consiguió trabajo en finanzas, se convirtió en ciudadano estadounidense y ya no cree regresar. De hecho, este año ni siquiera planea ir de visita.
“La vida se volvió insostenible y son muy pocos los que regresan a Venezuela”, dijo el joven de 30 años mientras miraba fotos de un viaje que hizo a Caracas en 2013 para votar. “¿Qué esperanza hay hoy? No hay ninguna esperanza”.
Aquellos que han elegido permanecer en Estados Unidos se sienten cada vez más arraigados.
Helene y su esposo se convirtieron en ciudadanos estadounidenses. Tuvieron gemelos y un nieto en el sur de la Florida. Su madre viajó para ayudarla con los niños hace diez años, se casó con un estadounidense y se quedó a vivir. Entre sus cinco hijos, dos trabajan, uno estudia en la universidad y los dos menores van al colegio secundario. La única mujer quiere seguir la carrera militar. El esposo tiene una empresa de mudanzas y ella una oficina de ayuda a inmigrantes.
“Yo ya tengo raíces aquí, tengo mi vida hecha aquí”, aseguró.

martes, 2 de octubre de 2018

Miami, la capital de los expatriados de América Latina.-a


"Miami es la capital de América Latina”. La frase circula desde hace muchos años entre los hispanos que habitan la ciudad y los miles de turistas de la región que la visitan anualmente.
ciudad latina
Desde hace años, Miami es un paraíso de sol, playa, fiesta y compras. Pero la capital más latina de Estados Unidos no sólo atrae a turistas, sino también a latinos profesionales y pudientes que buscan proteger sus inversiones y una vida tranquila.
Mientras miles de inmigrantes pobres latinoamericanos  tratan de cruzar a Estados Unidos por la frontera sur de México, otros, mucho más pudientes, llegan a Miami sin atraer tanta atención mediática y sin tanta polémica.
Armados con permisos de trabajo, con mayor formación que los latinos que llegan a pie por la frontera, con altas expectativas y deseos de avanzar, muchos de ellos llegan a Miami y compran casas con piscina, jardín y acceso a buenas escuelas.
Mientras que los políticos estadounidenses quieren parar la emigración por  frontera con México, apenas se habla de los migrantes que llegan a Miami, una metrópolis de 2,5 millones de habitantes, en la que casi el 70% de la población es hispana.
El español se habla en casi todas las partes y la mayoría lo asume sin verlo como un problema.

Puente entre culturas

Juan Pablo Restrepo es de Colombia. Vive con su mujer y su hijo cerca a la playa. Trabaja de curador musical en Mood Media, una compañía que suministra música que se escucha en los comercios en todo el país.
"Miami es muy atractivo para los latinoamericanos. Pueden estar en Estados Unidos, con todas su ventajas, pero al mismo tiempo mantener su raíces culturales", dice Restrepo a BBC Mundo.
"También es un puente entre ambas culturas, la anglo y la hispana. Si vas a otros lugares en el país, sientes mucho más las tensiones raciales y culturales".
Restrepo es parte de la diáspora latina que ha convertido Miami en la ciudad de Estados Unidos con el mayor porcentaje de residentes nacidos fuera del país, cerca de un 51% de la población, según to Guillermo Grenier, profesor de Sociología de Florida International University.
"Los cubanos comenzaron a llegar (después de la Revolución) en 1959 y después de eso fueron llegando latinos desde diferentes países", dice Grenier.
En los últimos años han seguido a los cubanos cerca de 100.000 latinoamericanos de ingresos medios desde Colombia, Argentina, Venezuela y Brasil, entre otros, dice el sociólogo a BBC Mundo.
"Si eres un empresario de América Latina puedes venir a Miami, porque tienes una audiencia, un mercado. Puedes hacer cinco llamadas en español y establecer la infraestructura para tu negocio", añade, y subraya que cerca del 25% de los negocios en el estado de Florida son de propiedad de inmigrantes latinoamericanos.

Posición diferente

Grenier ve que los hispanos en Miami ocupan una posición diferente en la estructura de poder en comparación con lo que sucede en otras partes de Estados Unidos.
El profesor Grenier asegura que el idioma español en Miami no revela un estatus social menor El profesor Grenier asegura que el idioma español en Miami no revela un estatus social menor
"En Los Ángeles, cuando uno escucha español, suele ser el idioma de los camareros o el que usan los jardineros cuando cortan el césped del jardín. En Miami la gente que es la dueña del restaurante y el césped es la que habla español".
Los que se oponen a la inmigración aseguran que eso supone un obstáculo para el lugar de acogida, pero por el contrario, en Miami muchos ven en eso una oportunidad de negocio.
Mercedes Guinot, agente inmobiliaria, vende muchas casas a inmigrantes latinos pudientes.
Estima que el 80 por ciento de sus clientes son de América Latina que pagan de promedio US$450.000 por casas de tres o cuatro habitaciones con jardín y piscina.
"Suelen pagar al contado", dice antes de reunirse con un posible cliente en Weston, un barrio de Miami con jardines cuidados y paisaje exuberante que es el hogar ahora de muchos venezolanos, por lo que se le conoce como "Westonzuela".
En el centro y en el distrito financiero se elevan torres de apartamentos donde invierten muchos latinos para proteger su dinero de la inestabilidad de sus países de origen En el centro y en el distrito financiero se elevan torres de apartamentos donde invierten muchos latinos para proteger su dinero de la inestabilidad de sus países de origen 
Argentinos, venezolanos y brasileños, entre otros, han encontrado en Miami un refugio para sus inversiones dada la inestabilidad de sus países.
Y la llegada de estos migrantes acomodados crea posibilidades de trabajo para la población local.
Jarrod Judson nació en el norte del estado de Florida. Tiene una empresa que presta servicios de aseo y mantenimiento a las casas en los barrios residenciales de Miami.
Cuando se mudó a esta ciudad hace unos meses, decidió bautizar a su empresa como "Servicios El Gringo", pues así lo conocen muchos de sus clientes y amigos en esta ciudad de abrumadora mayoría latina.
Muchos de los que lo contratan hablan solo español, un idioma que él desconoce. "No me molesta que tantos hablen español aquí en Miami", le asegura a BBC Mundo.
¿Ha eludido entonces Miami por completo la controversia sobre la inmigración tan viva en otras partes?
En cualquier caso no fue así en el pasado no tan lejano. Los residentes locales aún recuerdan las tensiones que siguieron al referéndum de 1980 que declaraba el inglés como idioma oficial de la ciudad, decisión vigente hasta comienzos de 1990.
Buscaron entonces (en vano) contener la gran influencia del español.

Dominio latino

Con el paso de los años, un gran número de residentes anglosajones, incómodos con el tsunami demográfico que convirtió una tranquila ciudad del sur en una gran metrópolis latina, se mudaron una vez que el balance de poder en Miami se decantó claramente del lado de la comunidad hispana.
Sólo cerca del 15% de los residentes del condado de Miami Dade, donde se ubica Miami, son blancos no hispanos, según Grenier.
Pero nadie debería pensar que la vida es sencilla para los latinos que emigran a Miami. Así lo subraya Kathy Riaño-López, una abogada de inmigración nacida en Colombia.
"El primer caso de inmigración que gané fue el mío propio", dice Riaño a BBC. La abogada llegó a Estados Unidos en 2004 solicitando asilo por persecución política en su país natal.
A pesar de estar graduada en prestigiosas universidades de Colombia y España, recuerda que necesitó años para conseguir que le reconocieran sus títulos en Estados Unidos.

La otra cara

Cerca del 70% de sus actuales clientes son de Venezuela, gente que huye del caos del país. Miami se ha convertido en la capital latina de Estados Unidos Miami se ha convertido en la capital latina de Estados Unidos.
"Muchos están dispuestos a venir a este país y hacer trabajos que nunca considerarían hacer en casa", dijo.
Es de prever que en el futuro próximo continúe la atracción por una ciudad que representa las aspiraciones de los latinoamericanos ricos de una vida de seguridad, estabilidad y comodidad.
Y la propia Miami está dispuesta a abrazar la diversidad cultural que llega con ellos, además de la prosperidad económica que han ayudado a crear en su ciudad de acogida.

Población latina

Según el último censo oficial (del año 2010), el 65 %de los habitantes del Condado Miami-Dade (al que mundialmente se conoce solamente con el nombre de Miami, aunque Miami es en realidad solo uno de los 34 municipios que lo componen) eran de origen hispano: 34.2% cubanos, 10.9% sudamericanos,  8.5% centroamericanos, 3.7% puertorriqueños, 2% dominicanos, 2% mexicanos y 3% de otros países con origen latino.
Miami es tan apreciada por los latinoamericanos en general (no solo por los que viven en ella) que una encuesta  adelantada entre sus lectores por el diario digital argentino Infobae dio como resultado que la capital del sol es considerada por todos los latinos como la mejor ciudad para vivir, por encima de Montevideo, Buenos Aires, Santiago de Chile, Lima o Bogotá.
Hasta los años 60 del siglo pasado, Miami era una ciudad de escaso desarrollo, conocida casi exclusivamente por sus playas y porque, desde 1960, albergaba el concurso de belleza de Miss Universo, manejado en ese entonces por la cadena de televisión CBS.
Con la llegada masiva de cubanos después de la revolución de Fidel Castro del año 1959, la ciudad comenzó un proceso de transformación que aún no termina. Hoy en día Miami es un centro fundamental para muchas de las grandes empresas de Latinoamérica y España, y más importante todavía, para un creciente número de corporaciones de Estados Unidos con actividades en todos los países al sur del Río Grande.
Miami es, además, por su ubicación geográfica, un sitio privilegiado para hacer conexiones entre las principales ciudades de Estados Unidos y las capitales de América Latina. El Aeropuerto Internacional de Miami, (MIA), tiene un promedio de 1,120 vuelos semanales a 70 destinos de América Latina y el Caribe .
Todos los aeropuertos de América Central están a menos de tres horas de vuelo de Miami, menos del tiempo que tarda un vuelo a muchas de las grandes ciudades de Estados Unidos, como Nueva York, Washington, Chicago o Los Ángeles.  Y Bogotá, la puerta de entrada a Sudamérica, está a tres horas y media.
De los 20 millones de pasajeros internacionales que moviliza anualmente el (MIA), 15 millones entran o salen de América Latina. El tráfico de pasajeros de la región que pasan por el (MIA) duplica al del aeropuerto John F.  Kennedy, de Nueva York, que es el más importante del país.

El crecimiento que ha tenido en los últimos años el condado de Miami-Dade, que hoy en día tiene 2,600,000 habitantes (y tres millones más en los condados que lo circundan y que conforman el área metropolitana conocida como El Gran Miami), ha venido aparejado con un fuerte desarrollo comercial que lo ha convertido en un verdadero paraíso para los compradores latinoamericanos.
El auge de los centros comerciales (conocidos genéricamente en la ciudad, tanto entre los anglos como entre los hispanos, con el nombre de Mall), hizo que muchos latinoamericanos empezaran a llamar a Miami la “ciudad de mármol” (por el mar y por el mall). Pero el estereotipo de ciudad frívola que en algún momento llegó a tener Miami ha ido desapareciendo en los últimos años con su enorme desarrollo cultural.
El Museo de Arte de Miami, uno de los más modernos del país, lleva el nombre de Jorge Pérez, constructor y filántropo cubano-argentino.  Su edificio, integrado al paisaje, ha cambiado, junto con el centro de Artes Escénicas Adrienne Arsht, el Museo de los niños y el ya muy adelantado Museo de Ciencias, el paisaje de la Bahía de Biscayne, donde antes reinaba solitario el American Airlines Arena. Y hacen un bello contraste con los gigantescos cruceros anclados al otro lado de la bahía.
El Adrienne Arsht se ha convertido en una subsede permanente de la Orquesta de Cleveland, una de las más famosas del mundo. Durante sus presentaciones en la ciudad, la orquesta es conducida por Giancarlo Guerrero, músico de origen centroamericano y uno de los directores más prometedores del país.
La huella cubana, resaltada por el presidente Obama, está presente en casi todas las actividades de la ciudad. Desde la política (con un senador federal y tres miembros de la Cámara de Representantes), hasta la gran industria, pasando por deportes tan populares como el béisbol o el boxeo. El Miami-Dade College, una de las universidades públicas más grandes del país, es dirigida por Eduardo Padrón, educador de origen cubano, con múltiples condecoraciones.
Pero los cubanos han sido tan solo la punta de lanza de la avanzada latinoamericana en el Sur de la Florida. Entre los años 2000 y 2010, la población de origen cubano en Miami-Dade creció en un 31%, mientras los venezolanos lo hicieron en un 116%, los peruanos en un 74%, los centroamericanos en un 65%  y los colombianos en un 63%, para solo mencionar a las comunidades más grandes después de la cubana.

Inversiones inmobiliarias 

Brasil, Argentina, Colombia y Venezuela son los 4 países latinoamericanos que más invierten en inmuebles en Miami. En los últimos años han liderizado el mercado inmobiliario con cifras que superan los 7.100 millones de dólares por año. Lo cual representa apróxidamente el 15% de la compra en los distintos condados de Miami.
Estas cifras se deben a que la mayoría de estos países cuentan con sistemas económicos poco saludables. Esto convierte a Miami en una buena forma de inversión y de mantener a salvo el capital económico. Observemos las diferencias que los atañen y por qué continúan liderando el sector inmueble de la ciudad.
Florida en las últimas décadas se ha convertido en uno de los puntos de inversión más famosos del mundo. Cada vez son más los extranjeros que desean destinar su capital económico a esta zona motivados por generar intereses en dólares. También a través de alquileres o simplemente invertir en casas residenciales.
De acuerdo a estadísticas los países latinoamericanos encabezan tendencias. Los brasileños cuentan con un 15%, seguido por los argentinos 14%, luego colombianos 10% y por último venezolanos ocupando el 6%.
En condados como Palm Beach o Miami-Dade se pudo apreciar un aumento de inversión latinoamericana. Las cifras ascienden de 6.200 millones dólares para el 2016 a casi 7.100 millones para el 2017.  No obstante,  los 4 países latinoamericanos que más invierten en inmuebles en Miami poseen economías particulares que los han hecho encabezar los listados.

Listado de países con más inversión en Miami

Brasil

Después de una mala racha durante los años del 2014-2015 los inversionistas brasileños vuelven. Brasil siempre ha estado por lo general entre los primeros lugares pero su lento avance económico lo hizo descender en los últimos años.
Los brasileños se han dado a conocer como clientes exigentes porque  saben sobre el mercado inmobiliario en Florida. La mayoría compran casas o apartamentos en lugares estratégicos y a altos precios.  Su búsqueda de generar dólares con la re venta o el alquiler es una constante.
Edgardo Defortuna, de Fortune International Group menciona que los brasileños son el No. 1 o el No. 2 entre los compradores extranjeros y usualmente el No. 1 en ventas en dólares. Además tienden a comprar las unidades más caras.
La industria en EE.UU es segura para hacer crecer un patrimonio en términos de activos.  Las propiedades comerciales financiadas y bien posicionadas pueden dar una ganancia del 15% en intereses incluso. Por este motivo, Brasil se encuentra entre los 4 países latinoamericanos que más invierten en inmuebles en Miami
Los alquileres en las principales ciudades de Estados Unidos vecindarios en Miami

Argentina

Los argentinos se han mantenido dentro de los primeros lugares. Su trayectoria como inversionista en Florida es de larga data. Las zonas de preferencia siguen siendo Miami y Miami Beach, y ocupa uno de los primeros cuatro lugares en encuestas. Las encuestas señalan a Argentina como un inversor de capital con cifras de hasta el 9%.

Colombia

En estudios y listados anteriores los colombianos han estado invirtiendo en Miami por mucho tiempo. Sus fines se basan en el negocio y en invertir inmuebles para dolarizar su inversión.  Como la gran mayoría de los países del sur. Su presencia en la compra de inmuebles en Miami se mantiene. Aunque el lento crecimiento de su economía a finales del 2017 contraste por completo. La mayoría invierte en zonas latinas  y también en inmuebles de lujo.

Venezuela

Los venezolanos se habían consolidado en los últimos dos años como el principal inversor de bienes inmuebles en Miami.  Especialmente en la zona de Doral, motivado a la aguda crisis en ese país. Hasta la fecha, los datos indican que “las compras de propiedades por venezolanos han disminuido 3% (de 332 ventas a 253).  Para el año 2014 e inicios del 2016, Venezuela, había encabezado el 1er lugar en las listas.
La intención era preservar el capital económico en un lugar estable como Miami, con el fin de huir de la grave inflación y la caída abrupta del bolívar.Las inversiones continúan pero en menor medida que en años anteriores.

martes, 1 de mayo de 2018

El legado amargo del Castrisimo: La Grandeza de Miami.-a



El gobierno Castrista dejó a Cuba en unas desastrosas condiciones económicas y sociales después de ejercer el poder durante décadas; cuando triunfó la revolución cubano en 1959, el país caribeño compartía con Argentina, Uruguay, Chile y Costa Rica los indicadores económicos y sociales más avanzados de América Latina y Caribe de la Época.  Aunque se enfrentaba a desafíos como una lenta tasa de crecimiento; la excesiva dependencia en la industria azucarera; sobredimensionados vínculos económicos con Estados Unidos, en particular en la inversión y el comercio; altas tasas de desempleo y subempleo; desigualdades notables en los estándares de vida, especialmente entre las áreas urbanas y rurales; distribución injusta de la tierra, con extensos latifundios, deficientemente cultivados; y carencia de desarrollo industrial y de infraestructuras, entre otros.

Legado

Décadas después, la realidad indica que los problemas heredados del período prerrevolucionario no se resolvieron. La ruptura de los vínculos económicos y comerciales con los Estados Unidos no supuso el alcance de la independencia economica en esas esferas. La Unión Soviética y sus aliados lo sustituyeron hasta 1989, cuando desapareció el bloque socialista y comenzó una etapa de grandes carencias denominada «período especial en tiempos de paz». El PIB cayó un tercio entre 1990 y 1994. El gobierno de Fidel Castro permitió, con fuertes restricciones, los mercados campesinos, el turismo, cierta independencia de las empresas estatales e inversiones extranjeras. Pero lo restringió de nuevo cuando empezaron las fuertes contribuciones de petrodólares de Venezuela.

Decadencia de producción de azúcar cubana

Uno de los desastres más notables causados por régimen castrista fue la destrucción de la industria azucarera comenzada con la frustrada «zafra de los 10 millones» en 1970, con varios años de preparación aniquiladora de la agricultura no cañera y daños a la ganadería para sembrar caña de azúcar, y gigantescas inversiones en centrales que no dieron fruto.
En 2002 decidió el Gobierno de Fidel,  la reestructuración de los 156 centrales azucareras  existentes, con el desmantelamiento de 85 ingenios, 21 de ellos para supuestamente dedicarlos a producir miel o fines turísticos. Esto implicó la demolición de campos de caña, la destrucción de  infraestructura, la dispersión de personal experimentado y la decadencia de pueblos rurales vivían del azúcar. 
Cuba había sido la mayor productora y exportadora de azúcar de caña en el mundo durante los  siglos XIX y XX, con unas zafras de más de 6 millones de toneladas en 1959 y 8,2 millones en la década de 1980, que cayó a 1,1 millones anuales, sin poderse recuperar a pesar de la reorganización, la agricultura cubana no satisface las necesidades alimenticias de los habitantes de Cuba, no es aúarquicas,  tiene comprar productos alimenticios en extranjero. 
En 2013 funcionaron 49 centrales, que produjeron unos 1,6 millones de toneladas (similar a zafra de 1909). La cultura y la nacionalidad cubana se desarrollaron con esta industria iniciada en el siglo XVII. En esos tiempos se decía «sin azúcar no hay país».

Decadencia de la agricultura cubana

La tierra dedicada a producción del azúcar, nacionalizada después de 1959 no fue utilizada eficientemente. El latifundio estatal creado ha sido más improductivo que el anterior de los grandes terratenientes. La superficie agrícola permaneció durante muchos años con enormes extensiones deficientemente cultivadas, baldías o llenas de marabú. Los niveles de producción en términos relativos no superan lo alcanzado por habitante antes de 1959, importándose cerca del 80% de los alimentos de la reducida cesta de la compra, a pesar de la entrega de tierras en usufructo desde 2008. 
Cuba llegó a tener más de 7 millones de cabezas de ganado, pero hoy no sobrepasa los 4 millones, con una disminución sustancial de la producción de carne y leche. La industria manufacturera tiene un volumen de producción equivalente al 43% de lo obtenido en 1989. El salario y la pensión media mensual al cierre de 2014 eran de 467 y 269 pesos respectivamente (15 y 10 euros al cambio oficial). Los cubanos para subsistir dependen de las remesas, del trabajo en áreas relacionadas con extranjeros o del mercado informal, que han ocasionado una creciente pérdida de valores ético-morales por la simulación, el robo y las actividades ilícitas. 

Sin bienes para exportar

En julio de 2007, el presidente Raul Castro reconoció la necesidad de cambios estructurales y de concepto, que se han quedado en la «actualización del modelo económico, sin prisa pero sin pausa». No obstante, los cambios han sido pocos, limitados y tardíos, sin lograr acercarse a los niveles económicos de 1989. En los últimos 24 años, la tasa de inversión ha sido muy baja, ocasionando un proceso de descapitalización. No se cuenta con ahorros ni acceso a los créditos debido a la poca fiabilidad de pago, por tanto se pretende la inversión extranjera de 2.500 millones de dólares anuales en ramas específicas y prioritariamente en la nueva Zona Especial de Desarrollo de Mariel. 
El ministro de Economía y Planificación reconoció en julio de 2014 que «la economía crece en relación con 2013, aunque no alcanza los niveles previstos, lo cual induce una desaceleración superior a la esperada».

Prácticamente sin bienes para exportar, Cuba se ha convertido en suministrador de fuerza de trabajo cualificada al exterior, en particular personal sanitario, lo que constituye la principal fuente de ingresos en divisas. Caracterizada por tener una población avanzada, hoy exhibe un atraso tecnológico generalizado, que la sitúa a la zaga de las naciones de la región en cuestiones cruciales como el acceso a internet.
Los avances logrados al principio de la revolución en la salud pública y la educación se han deteriorado. Estos sectores vitales se resienten por la falta de recursos a causa de la crisis; al mismo tiempo que los graduados y especialistas, en general mal utilizados y retribuidos, cambian de trabajo por otro de menor cualificación pero con mayores ingresos u optan por dejar el país.

Auge de la ciudad de Miami a consecuencia de emigración cubana


La revolución cubana, y el régimen castrista,  provoco un   "exilio cubano" , hacia los estados unidos, en especial la ciudad de Miami.  Se estima que más de dos millones y medio de cubanos residen fuera de su país, algunos cálculos indican que alrededor del 70 % de la población cubana en el exterior reside en los Estados Unidos, concentrándose principalmente en el estado de Florida, y también en otros estados como Nueva York, Nueva Jersey, Luisiana y el Distrito de Columbia.


Cuba se encuentra a 145 kilómetros al sur de Florida en los Estados Unidos.

A lo largo de las décadas, los exiliados cubanos y descendientes han forjado en la ciudad de Miami un sólido grupo con una enorme influencia local, y han armado, poco a poco, una comunidad admirada por sus logros y la transformación que han sabido imprimir a la conocida como "ciudad del sol", Miami se convirtió de una ciudad balneario y recreo en una ciudad global, internacional.
La influencia que ejercen los cubano estadounidenses, en gran parte bilingües, resulta evidente en la vida política, administrativa y empresarial de la ciudad. Su vinculación sentimental y afectiva con la isla de cuba se mantiene, aunque este grupo de unos 1,8 millones de personas, según datos del censo de 2010, esté perfectamente integrado en la vida estadounidense y son defensores acérrimo de la economía de libre mercado, la democracia ,las sociedades abiertas y valores estadounidenses. 
Otro legado de la revolución es que éxodo cubano es que convirtió a la ciudad de Miami, es hispanohablante, un enclave lingüístico dentro de los estados unidos.

Miami es una creación no planeada del castrismo, la grandeza de ciudad de Miami, es la derrota de revolución cubana.

Fracaso del Castrismo

Los sueños revolucionarios despertados por Fidel Castro como líder máximo del proceso iniciado el 1 de enero de 1959 han terminado en una gran pesadilla, una catástrofe de magnitud colosal para Cuba. Derrochó la oportunidad de dejar un legado de progreso y bienestar para el pueblo cubano, al priorizar sus deseos revolucionarios, gasto los recursos en varias guerras revolucionarias en África; produjo éxodo de  millones de opositores hacia los estados unidos y otros países, provocando una importante perdida de capital humano.
Cuba tardara décadas para poder recuperarse del Castrismo, ese es legado de Fidel Castroy los revolucionarios, la ruina de Cuba, de prospera a decadente.

lunes, 9 de abril de 2018

De Little Havana a Miamizuela a


En resto de  los estados unidos el español es un idioma de los sirvientes, mientras que en la ciudad  Miami es la lengua de poder, la de los amos.

ciudad de Miami

Más de 37 millones de latinos en Estados Unidos hablan español en sus casas y en Miami esa tendencia se refleja en más del 90 por ciento de la población latina. Credit Scott McIntyre para The New York Times

“En Nueva York el español es un idioma de cocina, mientras que en Miami es una lengua de poder”, me dice Pedro Medina mientras recorremos en su coche el Biscayne Boulevard. Tras leer Varsovia, una novela sucia, poblada por putas y policías de Miami Beach, me esperaba a un tipo rudo y tatuado a lomos de una Harley Davidson: en su lugar ha aparecido un peruano de 41 años que ha pasado aquí la mayor parte de su vida adulta, gafas de sol, polo negro, a bordo de un Volkswagen Jetta gris. En esta ciudad sin peatones, es lógico que la entrevista sea a 50 kilómetros por hora.
“Miami es una vaina que cambia todo el tiempo”, afirma. Por eso no es raro lo que ocurrió con Miami Vice en los años ochenta. La serie de Michael Mann se inventó con su vestuario, sus efectos visuales y su banda sonora new wave y techno una metrópolis que no existía “pero con el tiempo la realidad se acabó pareciendo a la de la serie”.
El jefe de Sonny Crockett y Rico Tubbs era el teniente Martín Castillo, de origen cubano. Dos décadas después llegó Dexter y la jefa de la comisaría cambió de género pero no de origen: Maria LaGuerta también venía de la isla. Aunque el actual alcalde de Miami, Francis X. Suárez, sea hijo del exalcalde Xavier Suárez, nacido en Cuba, el mapa del poder está cambiando, como lo está haciendo el del periodismo y la literatura.
Cuando Medina llegó desde Lima a principios de siglo la ciudad era sobre todo anglosajona y cubana: 
“Yo siempre destaco una novela de aquella época, Nieve sobre Miami, de Juan Carlos Castillón, porque el noir estaba en manos de los escritores anglos, y con ese libro un escritor de Barcelona, pero con muchos años en América, empieza a narrar Miami en nuestro idioma”.
Eso es lo que se han propuesto durante los últimos diez años los autores del grupo Suburbano: impulsar la crónica, la ficción y la crítica escritas en español, a través de su portal de periodismo digital y de la publicación de libros. Libros como Viaje One way. Antología de narradores de Miami, que editaron Medina y Hernán Vera (el otro impulsor, de origen porteño, del proyecto) y se ha convertido en un libro de referencia para entender la transformación literaria de esta ciudad que se hunde lentamente.

“Lo que diferencia nuestra literatura de la cubana”, opina Vera, “es que para ellos el pop y la tecnología nunca fueron importantes, y en cambio para nosotros fueron fundamentales”. Alrededor de su taller literario, que cuenta con la complicidad de más de veinte escritores que se reúnen regularmente, se ha articulado una escena literaria latinoamericana con autores como la peruana Rossana Montoya Calvo, los argentinos Gabriel Goldberg y Gastón Virkel o el venezolano Camilo Pino. Aunque la joven Legna Rodríguez Iglesias o los veteranos José Abreu Felippe y Antonio Orlando Rodríguez sigan asegurando el acento cubano, ya no es el predominante en los libros escritos en Miami, donde viven también Jaime Bayly, Maye Primera, Andrés Oppenheimer o César Miguel Rondón.
Estas autopistas urbanas, estos barrios que parecen islas, estos contrastes entre la opulencia extrema y la miseria enajenante, este bochorno con fuerte olor a trópico, este hundimiento y cada uno de los huracanes están siendo narrados en todos los acentos de nuestros idioma.
“Yo hablo perfecto inglés”, le dice en perfecto español una muchacha mulata a un señor con guayabera. No está hablando en inglés ni una sola de las cuarenta y tres personas que hay en este momento en la bakery del Versailles, el restaurante cubano más famoso del mundo según reza el rótulo —y tal vez sea cierto—. Piden o degustan croquetas, empanadas gallegas, tortillas de pimiento, sándwich cubano, cheesecake, pastel tres leches o tartaleta de manzana o de nueces, que acompañan con un jugo natural o un cortadito con evaporada.

Desde su apertura en 1971 el Versailles ha sido un importante lugar de reunión del exilio cubano. Aquí se celebró con música, ron y tanta euforia la muerte de Fidel Castro el 25 de noviembre de 2016. El suelo es una colmena verdiblanca de hexágonos muy desgastados. Los cubanos ricos ya no viven aquí, pero sí vienen a reunirse con amigos o a comprarles la merienda a sus hijos. En Little Havana conversaron en voz baja durante décadas los agentes de la CIA y los líderes del exilio para conspirar y para tramar atentados. Es muy probable que varios de esos encuentros ocurrieran en estas mismas mesas.
“Ahora, en este preciso momento, esas reuniones están ocurriendo en el Doral, una zona de Miami que se conoce como Doralzuela, para acabar con Maduro”, me dice Medina quitándose las gafas de sol en una mesa de la cafetería. 
Y sentencia: 
“Dentro de diez o quince años estudiaremos el Miami venezolano como ahora estudiamos el cubano”.
Nos despedimos después de pasear por las cigarrerías, los locales de salsa y mojitos y el Parque del Dominó, donde los viejos cubanos juegan como si fueran atracciones del parque temático del exilio. “Ahora me quitaré mi ropa de escritor y me pondré el traje de la oficina”, me confiesa Medina mientras nos damos la mano. Luego agrega: “Trabajo en un banco venezolano”.

Viaje al exilio venezolano

Entre Little Havana y Miamizuela (es decir, el Doral) hay cuarenta minutos en uber y casi medio siglo de historia latinoamericana. De 1953 a 1999, de la Revolución de los Barbudos al inicio de la presidencia del comandante Hugo Chávez.
“Mi papá es hijo de cubanos y nacido en Cuba, llegó a los tres años a Venezuela, sabía muy bien qué era un régimen comunista, de modo que el primer año del gobierno de Chávez dijo que no se quedaba allá y se vino para los Estados Unidos”, me cuenta Verónica Ruiz del Vizo —32 años, chispa en la mirada, 115.000 seguidores en Instagram—, “forma parte del primer grupo de inmigrantes venezolanos, que llegó a principios de este siglo, con mucho dinero, compró casas en dos zonas, Weston y en el Doral, hizo inversiones, creó empresas, pero no fue una emigración públicamente notoria”.

La que se hace notar es la que comienza en 2014. Las protestas y la represión y las sucesivas crisis vuelven irrespirable el aire en Venezuela: empiezan a llegar miles de estudiantes, profesionales, periodistas, intelectuales, en una sucesión de olas que llega hasta nuestros días. La mayoría de ellos se instala en el Doral. Y empieza a organizarse como una auténtica diáspora.
A través de Facebook, Instagram, Whatsapp o Twitter, los inmigrantes del mundo cultural se han podido vincular y organizar a una velocidad sin precedentes.
Ruiz del Vizo es la directora de Mashup, la agencia de gestión de contenidos digitales que fundó hace casi una década cuando todavía estaba en la universidad, y se ha convertido en una de las voces destacadas de ese segundo gran exilio masivo de habitantes de un país latinoamericano en Miami. Entre las iniciativas en que se ha involucrado destaca Dar Learning, un programa educativo en el que varios grandes profesionales venezolanos —con más de diez años de experiencia en un área— dan cursos gratuitos en línea para ayudar a personas en su proceso migratorio.

“Lo que diferencia nuestra diáspora de la cubana”, según la ejecutiva e influidora, “es que muchos de los primeros venezolanos que llegaron aquí tenían experiencia en el mundo corporativo y encontraron puestos de nivel ejecutivo, cuando no abrieron sucursales de sus propias empresas, y todos los jóvenes que llegamos después teníamos una gran experiencia en el uso de lenguajes contemporáneos, como los de las redes sociales”. 
Twitter, por ejemplo, se convirtió hace años en la herramienta que utilizan miles de ciudadanos de Caracas y otras ciudades del país para conseguir penicilina o sangre.
A través de Facebook, Instagram, Whatsapp o Twitter, los inmigrantes del mundo cultural se han podido vincular y organizar a una velocidad sin precedentes. El Paseo de las Artes, que cerró en Doral, por ejemplo, ha reabierto en Wynwood, con una gran oferta teatral y de humor. Las salas se llenan cada fin de semana. En la subcultura del exilio George Harris se ha convertido en una estrella de la comedia en vivo (stand up comedy), con sus chistes sobre Nicolás Maduro y Diosdado Cabello y hasta su propia madre.
“Eso ha supuesto una alianza inesperada entre inmigrantes venezolanos y colombianos, en teatros, en galerías de arte, en artesanía”, comenta Ruiz del Vizo. Incluso la arepa se ha vuelto un lugar de encuentro, con nuevos restaurantes que tienen en su carta arepas reinventadas en clave de cocina creativa, por parte de cocineros de los dos países. La discusión de siglos sobre quién inventó la arepa ha encontrado una tregua en Miami: a ver si se animan los inmigrantes chilenos y peruanos y llegan a un acuerdo sobre la propiedad intelectual del pisco sour.
“¿Por qué no abre una sucursal de Altamira en el Doral?”, le pregunto a Carlos Souki, dueño de la única librería que vende exclusivamente libros en español en Miami, situada en Coral Gables.
“Porque no nos interesa centrarnos en los lectores venezolanos, aunque nosotros lo seamos, y aquí, entre Books and Books y Barnes and Noble, es donde vienen los lectores en nuestro idioma de toda la ciudad, por eso nos interesaba estar aquí”.
En Caracas tenía tiendas de discos, porque en los años ochenta descubrió que había un público muy interesado en música en inglés que no podía conseguir lo que deseaba:
“Y aquí descubrimos que también había un público insatisfecho, pero a la inversa, de literatura en español, por eso importamos libros de España, México, Colombia y, hasta hace poco, Argentina, para que todas esas personas puedan tener acceso a lo que les interesa”.
Tras viajar a la feria Liber de Madrid y llegar a acuerdos con las editoriales más importantes se dieron cuenta de que podían competir con Amazon, que en Estados Unidos no cuenta con una política de precios tan agresiva como la que rige sus ventas en inglés, porque comercia a través de terceros. “Amazon es el Coco, pues”, dice Souki sonriendo y señalando los anaqueles de madera bañados por una luz verdosa, “pero nosotros hemos logrado que el 80 por ciento de nuestros títulos tengan un precio inferior al del nombre que no se puede nombrar”.

Según el Pew Research Center, más de 37 millones de latinos en Estados Unidos hablan español en sus casas y en Miami esa tendencia se refleja en más del 90 por ciento de la población latina (2.208.303 personas). La Feria del Libro organiza cerca de doscientas actividades al año con autores hispanoamericanos. Pero el mercado está muy condicionado por la presión social y cultural del mundo anglosajón. Altamira cumple dos años de vida en su lucha por conseguir que los habitantes de Miami, acostumbrados a cronometrar su vida cotidiana y a comprar por internet, se acerquen al 219 de Miracle Mile para pasar la tarde entre libros.
“Para que veas cómo son los hábitos, incluso de los latinos, te cuento que nuestro mejor cliente nos llama cada tres lunes para darnos una lista de los libros que querrá tres lunes más tarde, y nos envía un cheque; no lo conocemos, vive a cuatro cuadras, pero nunca le hemos visto la cara. Un día le dijimos que podíamos ir personalmente a llevárselos, y nos dijo que no le diéramos problemas, que lo prefería por correo”.

miércoles, 15 de marzo de 2017

Arquitectura de Miami a

Miami: de la excentricidad a la modernidad

VIAJES URBANOS 

Con apenas un siglo de vida desde su fundación y conformando un área metropolitana con seis millones de habitantes, Miami es el sitio perfecto para disfrutar de una ingente colección de optimista arquitectura del siglo XX.
Este viaje por el urbanismo de la capital del “Estado Soleado”, como se conoce a Florida, puede empezar con una visita a alguna de las conch houses, casitas de madera inspiradas en la arquitectura típica de las Islas Bahamas, de donde procedían quienes introdujeron el estilo en Florida en la primera década del siglo XX. Las dos más representativas, Mariah Brown House y Stirrup House, están alrededor de la Charles Avenue, en Coconut Grove.
También considerada como arquitectura popular de Miami es The Barnacle, la casa de Ralph Munroe frente a la bahía. The Barnacle forma parte del patrimonio protegido por el Estado de Florida y se puede visitar con una colección de artes decorativas del siglo XIX y algunos de los primeros objetos tecnológicos. De la misma protección goza el Cape Florida Light, la hermosa obra de ingeniería levantada en 1825 en Key Biscayne para guiar a los marinos por el arrecife de coral.
Otro estilo muy reconocible en el damero urbano de Miami es el llamado Mission, inspirado en las antiguas misiones españolas de California y México. El caso más significativo es la iglesia Congregacional Plymouth, de 1917, construida su totalidad por un solo obrero, el español Félix Rebom, que usó solo herramientas tradicionales para lograr que el edificio pareciera tan antiguo como los que estaba replicando. Más relacionado aún con España e igualmente fuera de su contexto histórico y geográfico es el monasterio románico de Sacramenia (Segovia).
Fue comprado en 1925 por el magnate de la prensa americana Hearst y llevado a Brooklyn, desmontado y embalado en 11.000 cajas, para ser vendido 26 años después a unos empresarios de Miami. En la actualidad está abierto a las visitas y se celebran ceremonias religiosas y civiles. Paradójicamente la iglesia de St. Bernard de Clairvaux, como es conocida ahora, es el edificio más antiguo de toda Norteamérica.El Mediterráneo, principalmente Italia, Bizancio, el sur de España y Francia, es la fuente de inspiración para la corriente de moda a partir de 1920: el Mediterranean revival o Pseudomediterráneo que buscaba por medio del envejecimiento de los materiales y formas constructivas dar apariencia de antigüedad. 
Uno de los pioneros de este estilo es Villa Vizcaya (1916; 3251 Miami Ave.), la mansión del millonario fabricante de maquinaria agrícola James Deering. Este palacete inspirado en el Renacimiento italiano es hoy un museo con objetos decorativos y obras de arte, además de un bonito jardín romántico.
Icono del skyline de Miami es la Freedom Tower (1924; Biscayne Blvd. frente a Bayside), también conocida como la Miami Daily News Tower, por ser sede de dicho periódico. Inspirada en la Giralda de Sevilla, el rascacielos tiene 17 pisos e influencias moriscas y barrocas.
En Coral Gables se encuentra otro de los ejemplos más interesantes del mediterranean style. Se trata de la Venetian Pool, una piscina escénica neo renacentista construida en 1924 y en la que se han dado un chapuzón estrellas del cine como Johnny Weismuller y Esther Williams. Coincidiendo con los felices años 20, nace el estilo Art déco, que llegaría a Estados Unidos tras la Exposición Internacional de Industria Moderna y Artes Decorativas de París de 1925 como una réplica del europeo en clave de color. 
Para disfrutar de las líneas puras de este estilo tan optimista, hay que desplazarse hasta South Beach, la zona más animada de Miami Beach. Solo en Ocean Drive se pueden contar centenas de edificios de gran calidad estética, como el Park Central Hotel o el Art Déco.


POSTMODERNISMO Y TECONOLOGÍA

MiMo es el acrónimo de Miami Modern, el estilo arquitectónico desarrollado en la ciudad después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una evolución del Art déco que sigue apostando por líneas rectas, patrones geométricos combinados con formas de riñón y ovaladas, y esculturas y paneles decorativos con motivos relacionados con el mar.

El mejor ejemplo del estilo MiMo es la Torre Bacardi (2100, Biscayne Blvd.), puro cristal flanqueado por un mural de azulejos blancos y azules, obra del artista brasileño Francisco Brennand que emula al arte español, para albergar la sede de la empresa de ron. La mayor cantidad de este estilo se puede encontrar en el bautizado como The MiMo District o Biscayne Boulevard Historic District, donde también está el enorme Fontainebleau Hotel, un bonito ejemplo de edificio futurista de los años 50 firmado por Morris Lapidus, el arquitecto de Miami que más aporta a esta corriente creativa.
Una década más joven es el Miami Maritime Stadium, erigido en 1963 como Ralph Munroe Marine Stadium con un atrevido diseño de Hilario Candela, un joven arquitecto cubano recién llegado a Miami. Básicamente es una grada cubierta con un voladizo de hormigón, el más grande del mundo. Tras años abandonado, es actualmente el protagonista de una campaña para salvarlo del derrumbe. 
De la década de los años 80 hay que destacar la aportación a la ciudad del estudio de Bernardo Fort-Brescia, Arquitectonica, al movimiento postmodernista. Su Edificio Atlantis, un bloque de apartamentos ubicado en el área de Brickell, se convirtió desde su construcción en 1982 en uno de los iconos del Miami más moderno.
El edificio del Bank of America (1987), firmado por el norteamericano de origen chino I.M. Pei, y localizado en la misma zona, es también otro de los hitos a tener en cuenta, con sus 46 pisos que de noche se iluminan según la estación del año. 
Más reciente es otro rascacielos que ha cosechado excelentes críticas por parte del American Institute of Architects, el Espirito Santo Plaza. En sus 36 pisos aloja apartamentos y oficinas de lujo en la cosmopolita Brickell Avenue, que lleva la firma del estudio de Nueva York KPF. Un enorme arco cóncavo, tan alto como el edificio, da la bienvenida a los visitantes e inquilinos, simbolizando la puerta a Latinoamérica.
Las dos últimas joyas de la arquitectura contemporánea en plantar sus cimientos en la ciudad vienen de la mano de los suizos Herzog & de Meuron y de Frank O. Gehry. El 1111 Lincoln Road, del equipo suizo es, probablemente, el párking más bonito del mundo. Mucho más esbelto que los edificios que lo rodean en el entorno de Miami Beach y con una estructura diáfana, los helvéticos logran un edificio transparente, que es especialmente hermoso de noche. El aparcamiento da servicio a un centro comercial, un bloque de apartamentos y un banco.

El edificio planteado por el norteamericano Gehry es el New World Center, un auditorio inaugurado en 2011 especialmente adaptado a las necesidades de la New World Symphony, una orquesta-escuela creada en Miami en los años 80 para formar a los mejores instrumentistas, paso previo a su salto a las orquestas profesionales más importantes. La propuesta de Gehry se sale de la tónica habitual al incorporar tecnología punta sobre el escenario con el fin de crear una atmósfera envolvente mediante enormes pantallas que muestran imágenes que complementan a la música. Aquí se desglosa la programación de la temporada, incluyendo los Wallcast, conciertos gratuitos proyectados en las pantallas del exterior del edificio, a los que acuden cientos de personas equipadas con sillas o mantas de picnic para cenar mientras escucha música clásica.


Miami, una ciudad en constante movimiento y bajo la mira de los turistas más exigentes. Visitada por la elite cultural más exquisita y movida por las tendencias y modernidad, hoy se ha convertido en la meca del arte y específicamente de la arquitectura contemporánea.
Hoy en día Miami es la sede de las ferias y eventos artísticos más importantes del mundo. Pero, ¿a qué se debe esto? 
Durante los últimos años la ciudad ha comenzado a adoptar una estética más sofisticada en todos los ámbitos.
Además, Miami Beach cumple su primer centenario y la celebración ha propiciado su incorporación oficial al condado de Miami. Con esto la reinvención de la ciudad se ha reflejado en gran parte en la aparición de nuevos distritos que enaltecen la innovación en el diseño, el arte, la cultura, la gastronomía y, por supuesto, la arquitectura.
Con este último ámbito, se han desarrollado propuestas de un grupo de “starchitects”, arquitectos elegidos por desarrolladores con exquisitas ideas de interiorismo, paisajismo, tecnología y hasta cocina.
Así, las firmas de arquitectura más importantes a nivel mundial, tales como The Related Group o Bjarke Ingels Group, han apostado por Miami para desarrollar los proyectos más modernos y monumentales que se combinan a la perfección con las impresionantes vistas naturales de las playas abiertas y los despejados cielos.

Entre los diversos planes en diferentes etapas de desarrollo, destacan nombres de la talla de Norman Foster, Renzo Piano, el siempre disruptivo Karim Rashid, el paisajista Enzo Enea y Philippe Starck.
Aunque desde la década de los setentas Miami ha sido la ciudad estadounidense con mayor proyección después de Nueva York, este movimiento tomó fuerza tras ser la sede de Art Basel por primera vez en 2002. En este evento han participado las más importantes galerías del mundo, siendo también un punto importante para la élite artística internacional.
Por lo anterior surgió el Miami Design District, un punto de encuentro para diseñadores y artistas de todo el mundo, cuyo objetivo principal es satisfacer la demanda de los amantes del buen diseño y las nuevas propuestas.
Tras el éxito de Art Basel en Miami, la exposición de muebles, textiles, objetos de diseño e interiorismo, Maison & Objet llegó a la ciudad desde Singapur por primera vez en 2014. Esta primera edición llamada “The Americas” rinde tributo a Miami como una ciudad cosmopolita capaz de fundir lo mejor del norte y el sur del continente americano.
Pero esto fue solo el principio. Al finalizar dicha exposición fue entregado el premio Pritzker en el New World Center, una de las construcciones más impactantes de la ciudad, bajo la firma de Frank Gehry. Con esto se inauguró una nueva era, que aunque para muchos había iniciado un año antes con el 111 Lincoln Road de Herzog & De Meuron, hoy posiciona a la ciudad como la cuna cultural de la arquitectura mundial.

Desde ahora visitar Miami te permitirá ser testigo de las más impresionantes obras de estos “starchitects”, cuyos próximos proyectos incluyen la Torre 1000 Museum sobre el Museum Park, que correrá a cargo de la ovacionada firma de la recién desaparecida Zaha Hadid.
Otra de las construcciones más esperadas es el casi terminado Grove at Grand Bay en Coconut Grove, y el imponente Hotel Saxony, próximo a inaugurarse, a cargo del cineasta Baz Luhrmann, que debuta como director creativo. Entre las obras visuales más impresionantes están el muro del mismo Mural de Fabián Burgos en el mismo Brickell Heights y la Cascada Estructural de Sou Fujimoto en el Palm Court.
Algunos de los edificios que se han convertido en un emblema, no solo de la arquitectura en Miami, sino de la corriente de arquitectura contemporánea mundial, son el Brickell Heights, el Icon Bay y el nuevo Instituto de Arte Contemporáneo de Miami (ICA). Este último por sí mismo es una impresionante muestra de las nuevas tendencias que hoy en día integran modernidad, tecnología, arte y sustentabilidad.
Miami evoluciona, ve llegar a miles de turistas, crece, impresiona y a pasos agigantados demuestra porqué aún con el pasar de los años es uno de los destinos preferidos del turismo mundial. Hoy visitar Miami es conocer un poco de lo que guarda el futuro.

lunes, 11 de abril de 2016

Hotel de los jinetes de cocaína de Miami.-a


A finales de los 70 y principios de los 80, Miami ardía en un mar de sangre, balaceras, cadáveres, explosiones, narcos, policías corruptos, millones de dólares en efectivo y toneladas de cocaína.
Los llamados jinetes de la cocaína dejaban una ola de terror que llevaron a que una ciudad a la que ancianos iban a pasar sus años de retiro se convirtiera en la capital del asesinato en Estados Unidos.
Pero en medio del caos había un lugar surrealista y estrambótico donde mafiosos, oficiales y celebridades convivían en noches en las que el sexo, las drogas, el alcohol y el glamur corrían sin límites.
“Era un paraíso en medio del infierno”, le dice a BBC Mundo el escritor y periodista Roben Farzad, autor del libro Hotel Scarface: where cocaine cowboys partied and plotted to control Miami“, que se podría traducir como “Hotel Scarface: donde los jinetes de la cocaína iban de fiesta y conspiraban para controlar Miami” .
El lugar al que se refiere Farzad, y que relata en su libro, es el hotel Mutiny en Coconut Groove, a 10 minutos del centro de Miami.
Para la época, el Mutiny era el centro del jet set y la ostentación en la ciudad. “Así como Nueva York tenía Studio 54, Miami tenía The Mutiny”, dice Farzad.
El hotel era una vitrina para ver y ser visto. Los mafiosos colombianos y cubanos llegaban a gastar miles y miles de dólares, mientras junto a ellos llegaban celebridades como Led Zeppelin, The Eagles, Fleetwood Mac, Barbra Streisand, Liza Minnelli, El Puma o Arnold Schwarzenegger.
“Uno de los residentes del hotel era un joven artista hambriento llamado Julio Iglesias”, cuenta Farzad. “Le rogaba al dj del club que pusiera sus canciones”.
Según Farzad, el Mutiny también recibió a personajes de la política como Ted Kennedy, los hermanos Bush y Hamilton Jordan, jefe de gabinete del entonces presidente Jimmy Carter.

Orgías y champaña

Pero The Mutiny tenía un lado menosinocente. Mezclados entre la élite y la farándula estaban los capos que inundaban de coca a Miami. Todo ahí estaba diseñado para el placer y los excesos. El fundador del Mutiny fue Burton Goldberg, un personaje al que se le consideró “el Hugh Hefner de Miami”.
A finales de los años 60, Goldberg se dedicó a crear un lugar donde “cualquier fantasía fuera posible”.
Al darse cuenta de que muchos de sus clientes eran nuevos ricos venidos de Colombia, Venezuela, Cuba y Centroamérica, la diseñadora que trabajaba para Goldberg le dijo que el modelo de negocio de lugar debía ser “la seducción del macho latino”.
Así, se dieron a la tarea de crear 130 habitaciones temáticas, cada una más estrafalaria que la otra.

Los nombres de cada suite hablaban por sí solos: Caramelo caliente, El Safari, Caravana Egipcia, La Odisea, Tulipán Escarlata, La quinta dimensión, El espacio exterior…
Farzad narra la anécdota que le contó uno de los huéspedes del Mutiny, quien en medio de una fiesta cayó desde su suite y fue a parar a la habitación Safari, donde había una orgía con hombres y mujeres usando cabezas de leones y elefantes.
También describe una ocasión en la que un grupo de narcos gastó 20.000 dólares para llenar una tina de champaña.
“Nada tenía sentido”, dice Farzad”, “pero eso era lo de menos, lo que importaba era mostrar que el dinero no significaba nada para ellos”.
En medio de la fiesta, al ritmo de música disco, era fácil identificar quién era quién. Los capos cubanos, por ejemplo, eran mucho más ostentosos y extravagantes.A los colombianos, por el contrario, sus patrones les exigían ser mucho más discretos.
Ellos y los demás clientes del hotel eran atendidos por las Chicas Mutiny, un grupo de jóvenes hermosas que ganaban miles de dólares en propinas en una sola noche. El ambiente en el Mutiny era tan alucinante que nadie se atrevía a perturbarlo. Los policías encubiertos que se infiltraban ahí tenían claro a quiénes tenían al frente. En cualquier momento hubieran podido allanar el lugar y cerrarlo, pero según Farzad, lo que veían era tan valioso que nadie quería ser culpable de echarlo a perder.
Esa atmósfera onírica es la que recrea la película Scarface, el clásico de 1983 que escribió Oliver Stone, protagonizó Al Pacino y dirigió Brian de Palma.
Según Farzad, el ficticio club Babylon que aparece en la película, está inspirado en el Mutiny.
De hecho, Stone, Pacino y de Palma estuvieron en el Mutiny y según cuenta Farzad, en una parte del guión mencionan por accidente al Mutiny, cuando en realidad se referían al Babylon.
“La forma en la que describen como quieren que sea el Babylon es casi exactamente igual que el Mutiny”, dice Farzad con base en la revisión que hizo del guión.

Se acaba la fiesta

La fiesta en el Mutiny duró hasta 1981. Ese año Miami alcanzó un nivel de violencia sin precedentes. “Todo se volvió cuestión de vida o muerte“, dice Farzad. “Ya no era solo sexo, drogas y disco”.
Uno de los puntos de inflexión fue el asesinato de Margarita, una de las Chicas Mutiny que apareció muerta envuelta en una sábana del hotel.
“Eso fue un despertar para los demás empleados”, dice Farzad. “Fue darse cuenta que cualquiera de ellos podía haber sido Margarita”.
A partir de ahí, la policía comenzó a presionar más y junto a otros fenómenos como la aparición del Sida y las peleas cada vez más fuertes entre narcos, el hotel fue perdiendo su clientela.
Además, en la zona se fueron abriendo otros clubes que ofrecían ser menos problemáticos.
Parte de su atractivo era asegurar que en sus clubes no había “marielitos”, que es como se les llamaba despectivamente a los inmigrantes cubanos que llegaron en masa durante 1980 y algunos de los cuales terminaban involucrados en narcotráfico en Miami.

El fin 

Finalmente, Goldberg vendió el hotel en 1984 y estuvo abandonado hasta mediados de los 90, cuando una cadena hotelera lo volvió a poner en funcionamiento, esta vez con ambiente totalmente distinto al original.
“Hoy es un hotel sedado, nada emocionante, no queda nada de su sex appeal“, dice Farzad.
Para él, hoy sería “impensable” que existiera un lugar como el Mutiny original. Según dice, es el símbolo de “épocas más inocentes” en las que apenas se comenzaba dimensionar los estragos que comenzaban a crear la cocaína y la violencia que venía con ella.

Juego de tronos y la política.-a ; Las 50 leyes del poder

vídeos sobre juego de tronos Las 50 leyes del poder para convertirte en El Padrino. 19/05/2023 El sociólogo, politólogo, escritor, podc...