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sábado, 16 de febrero de 2019

Articulos prensa sobre Palma Salamanca: el fin del mito.-a


Una vida en fuga.
Asesino y su  victima 

En San Miguel de Allende, Mexico, Esteban Solís Tamayo era un fotógrafo local que colaboraba con la revista Espiral. Una vida simple para un profesional mexicano en el Estado de Guanajuato, que a ratos se codeaba con el circuito artístico de esta ciudad de casi 70 mil habitantes.
Detrás de su vida sin ruidos, Solís vivía una doble vida: integraba una temida banda de secuestradores que se había transformado en el dolor de cabeza de la policía mexicana y que con la detención de uno de sus líderes, activó un plan de huida.
Esteban tuvo que retomar su verdadera identidad y huir junto a su pareja a Cuba y luego a Francia, donde ingresó con su verdadero nombre: Ricardo Palma Salamanca, el “Negro”, uno de los frentistas autores del asesinato de Jaime Guzmán ocurrido en 1991, uno de los crímenes por los cuales se encontraba recluido en la Cárcel de Alta Seguridad (CAS) y de la cual se fugó en diciembre de 1996 junto a otros tres reclusos.
Palma Salamanca también cumplía condena por el asesinato de coronel de Carabineros Luis Fontaine y del sargento de Ejército Víctor Valenzuela.
El 18 febrero de este año, Palma Salamanca era detenido en las calles de París. Atrás dejaba una doble vida, que en los últimos años había decidido dedicarla a la delincuencia.
En México, el “Negro”, junto a su pareja Silvia Brzovic, también ex frentista, se asoció a Raúl Escobar Poblete, alias “Emilio”, para operar una banda de secuestros en San Miguel de Allende.
Escobar ya había participado en este tipo de delitos: los cautiverios del empresario brasileño Washington Olivetto y de Cristián Edwards, hijo del dueño del diario El Mercurio.
Se presume que junto a su pareja, Marcela Mardones, llegaron a México luego de la fuga de la CAS, operación de rescate en la que “Emilio” había abierto fuego desde el helicóptero contra los puestos de vigilancia de los gendarmes.
Escobar fue detenido en mayo de 2017 durante un secuestro fallido, que también marcó el inicio del fin de la historia de Palma Salamanca en México.


Columna de Óscar Contardo: No están los tiempos para leyendas
 SAB 16 FEB 2019

La entrevista a Palma Salamanca publicada por The Clinic significó el comienzo del fin del mito que se había erigido en torno a él. Hasta ahora eran otros los encargados de levantar su historia, la de un personaje que reunía las condiciones del macho revolucionario que ha caracterizado a la cultura de la izquierda latinoamericana, una suerte de trasposición laica del santo guerrero o versión mestiza en tenida de camuflaje de los héroes de caballería medievales, que deambulan por selvas, sierras y pampas, cumpliendo con el deber de la causa autoimpuesta, resignados a un destino de lucha perpetua fraguada en una virilidad de habanos y fusiles.
Hasta esta semana, Ricardo Palma Salamanca era un prontuario, la historia de una fuga improbable y un par de retratos que se publicaban de cuando en cuando en la prensa. Era también un tira y afloja persistente que se balanceaba sobre una historia de fuego y de ira que con cada década que transcurría, cobraba la consistencia de un mito que solo sus cercanos sabían entender y por lo tanto explicar. No era tan solo un hombre que tomó la vida de otro a balazos, tampoco era simplemente alguien que participó en un secuestro que confinó a otro a sobrevivir en condiciones infrahumanas. Era un condenado, un prófugo de la justicia cuya captura era una causa enarbolada por la UDI, justamente el partido de quienes suelen decirles a las víctimas de la dictadura que buscar justicia es buscar venganza.

Bajo esas condiciones ambientales había crecido en torno a Ricardo Palma una leyenda con el peso del tabú. Porque invocar el nombre de Palma Salamanca significa trastocar los roles habituales de un periodo de la historia de Chile que transformó a un grupo en victimarios y a otro en presa de una persecución despiadada. Con tan solo nombrarlo aquellos bordes nítidos que separan a los cómplices de las masacres cometidas por la dictadura, de quienes sufrieron su rigor, se hacen borrosos por un instante. Como un agente químico que si se vierte sobre otro lo altera. En gran medida ese fenómeno, el del tabú, era posible mientras el protagonista guardara silencio.

La entrevista a Palma Salamanca publicada por The Clinic significó el comienzo del fin del mito que se había erigido en torno a él. Hasta ahora eran otros los encargados de levantar su historia, la de un personaje que reunía las condiciones del macho revolucionario que ha caracterizado a la cultura de la izquierda latinoamericana, una suerte de trasposición laica del santo guerrero o versión mestiza en tenida de camuflaje de los héroes de caballería medievales, que deambulan por selvas, sierras y pampas, cumpliendo con el deber de la causa autoimpuesta, resignados a un destino de lucha perpetua fraguada en una virilidad de habanos y fusiles.
Siempre me llamó la atención la cantidad de personas que se referían a Palma Salamanca simplemente como “el negro Palma”. Con el tiempo interpreté el guiño como una suerte de contraseña de iniciados, pero también como una forma de sugerir pertenencia, indicar un “nosotros” excluyente. Hablar de “el negro Palma” incluso podía interpretarse como una marcador de clase dentro de una izquierda que circulaba en un área restringida de colegios y facultades hasta donde rara vez llegaba el pueblo al que buscaba liberar. Un segmento social y político que suele pensarse a sí mismo como “oprimido” o propio de los “márgenes”, aunque tenga como hito geográfico más extremo la plaza Ñuñoa y como nostalgia predilecta las asambleas universitarias ochenteras. La rebeldía de los barrios arbolados suele ser más persistente, tomarse mucho más en serio a sí misma y ser bastante menos escéptica que la que surge entre sitios eriazos de las periferias.

Al inicio de la entrevista, Palma Salamanca dice que todos quienes lo han buscado para conocerlo durante los años que estuvo prófugo, lo han hecho esperando encontrar al joven que fue en 1990. Lo menciona advirtiendo que ya no es el mismo, dando a entender que hubo muchas peregrinaciones que debieron acabar defraudadas.
Las adhesiones políticas en ocasiones tiende a transformarse en una especie de religión, una en donde los seres extraordinarios lo son en tanto custodian y bruñen unas convicciones superiores que los puede llevar a intentar detener el tiempo, capturarlo en una jaula discursiva, disponer ciertas ideas como iconos en una vitrina que separa lo conveniente de lo que puede llegar a cuestionar el dogma establecido. La militancia significa en ciertos casos, la membresía a una institución similar a un club, un regimiento o una secta, en donde en lugar de debatir sobre la historia propia y la construcción de un futuro de convivencia más allá de los muros del mausoleo que congregan a los creyentes, se le rinde culto a un pasado, como si se tratara de un relicario que de cuando en cuando se saca de paseo en un rito muerto, que no deja espacio a la crítica y cierra las puertas para los no iniciados.
 La entrevista de Palma Salamanca no reveló los detalles de los crímenes en los que está involucrado, tampoco intentó explicar cómo y por qué acabó transformando su vida en un escondite de la justicia; lo que hizo el entrevistado fue advertirnos que él no era una leyenda, ni el custodio de un ideal, sino solo un hombre que alguna vez creyó ciegamente en algo.



Sergio Castro San Martín y su documental El Negro: “Hablar de Palma Salamanca es hablar de la Constitución actual”


Desde hoy y por tiempo limitado, “El Negro”, el nuevo documental dirigido por Sergio Castro San Martín.

Conversamos con el director acerca de su visión, percepción y reflexiones que lo llevaron a abordar la historia de Ricardo Palma Salamanca con una nueva mirada y un enfoque actual. En sus palabras, el documental invita al público a “debatir sobre la complejidad del ser humano, sobre la muerte y sobre la deconstrucción de una épica”, haciendo foco en uno de los temas más atingentes que dejó el estallido social: la urgencia por escribir una nueva Constitución.

Me dicen el desaparecido 

Ricardo Palma Salamanca fue miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y, según la justicia chilena, es el autor material del asesinato al senador Jaime Guzmán, uno de los responsables de la actual Constitución y colaborador político durante la dictadura militar de Augusto Pinochet. “Este documental habla sobre una parte de nuestra historia que es la transición a la democracia, llena de zonas grises, de cosas inconclusas amarradas a un sistema social y político que nos tiene atados, endeudados e infelices como chilenos. Hablar de Palma Salamanca es hablar también de la Constitución actual, hablar de su familia es hablar de una radiografía de la familia chilena”, dice Castro San Martín.

“Lo más importante de la cinta es que los relatos deambulan desde el cuestionamiento de su entorno familiar. Su madre y hermanas hablan sobre lo que significó para la familia el asesinato a Jaime Guzmán, perpetrado por integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez la tarde del primero de abril de 1991, en el exterior del Campus Oriente de la Universidad Católica de Chile”, remarca el director.

Cuando me buscan nunca estoy

Los testimonios que forman parte de este documental, entregan al espectador una visión profunda, llena de  matices y contradicciones. Quizás, ese es el gran elemento diferenciador de este trabajo y a la vez su valor como pieza audiovisual y creativa: su enfoque.

-¿Qué te motivó a hacer este documental? 

-El año 1997 conocí el libro de Palma Salamanca que relataba la fuga de la cárcel de Alta Seguridad. En ese momento me llamó mucho la atención el hecho mismo relatado por Palma en una crónica novelada que reflejaba ese tiempo tan complejo, como era la transición a la democracia. Un tiempo lleno de un falso optimismo o de tantos grises que finalmente la historia posterior respaldó.

El objetivo de El Negro es reflexionar en torno a un periodo histórico que toca la vida privada de una familia, cambiándola totalmente. Es entrar en el espacio íntimo de lo que significa ser familiar de Ricardo Palma Salamanca y entender las justificaciones que él tuvo para hacer lo que hizo. Es una película que tiene como propósito relatar esos «grises», esa bipolaridad de este tiempo histórico y también de aquellas contradicciones históricas que llegan hasta el seno de una familia.

Quería mostrar cómo una persona silenciosamente cambió la historia de Chile, o cómo no la cambió. Era en principio la historia de un hombre que no existía en el mapa, pero ya estando en una etapa bastante avanzada de la filmación nos llega la noticia, en febrero del 2018, de que Ricardo Palma Salamanca había sido detenido por Interpol en Francia. Dejaba de ser un fugitivo.

En ese momento tomamos la decisión junto a los productores de congelar el trabajo y darnos ese año para contactarlo. Evidentemente fue una cuestión delicada: es una persona de difícil acceso, muy reservado, que vivió en la clandestinidad y que a esas alturas estaba todavía con la causa abierta del eventual proceso de extradición a Chile. Fueron varios días de filmación con él.

-¿Por qué consideraste que la familia sería importante para tu investigación?

-Para mí era muy importante elaborar una película que saliera un poco de los cánones de cómo nos enteramos de esta figura histórica, y recurrir más bien a archivos mucho más íntimos. Sabemos que Ricardo Palma Salamanca es una figura que polariza, y que genera admiración y odio en el país. En ese sentido era muy valioso contar con los testimonios de quienes estaban más cerca de él. En este caso: su madre y sus hermanas. Para hacer este retrato de Palma Salamanca en la vereda pública y privada, esta era la manera más honesta.



-¿Qué significa para ti su figura? 

-Es un hombre que vivió una historia personal donde juntó su convicción política con su convicción emocional y que luego, desde ese lugar y perteneciendo a un movimiento armado, ejecutó y obedeció órdenes en base a su ideales en un contexto histórico hipercomplejo de la historia de nuestro país. La figura de Ricardo Palma representa para mí todas las contradicciones históricas políticas de Chile. Su  familia es la radiografía de Chile en ese sentido. Una familia golpeada con la tortura, con el dolor, pero también golpeada con las acciones y desaparición de su hermano.

-¿Con qué sensaciones te quedaste tras conversar con él?

-Fue cerrar un capítulo de la historia. También de mi propia historia con la película y aquí debo remontarme al inicio. El Negro es una película que comienza a gestarse en marzo del 2015. En ese momento estaba presentando mi anterior película La mujer de barro en el festival de Toulouse y conocí a una productora francesa a la que le comenté la historia; en ese momento la pensaba más en ficción que en documental. Luego con ella y mis productores chilenos tomaba la decisión de contarla en código documental, lo que implicaba otras complejidades.

La película consiguió varios fondos en Francia, nuestro país coproductor y había que reaccionar rápido. Yo ya algo conocía por coincidencia de cercanos a Marcela, la hermana mayor de Ricardo y sentía que había una historia en esa mujer que debía ser contada. Luego tuvimos que apurar todo, conocer a la familia y a la madre para intentar convencerlas de contar una historia que entre ellas nunca habían conversado o compartido en profundidad. Y ahí fue difícil establecer las confianzas que en todo documental biográfico es muy delicado, sobre todo por el personaje del que se trataba.

Cuando me encuentran yo no soy
El rodaje comenzó a mediados del 2016 y era la historia sobre una desaparición, sobre un hombre clandestino, prófugo de la cual nadie de su familia sabía nada por 19 años. Me pareció muy interesante la reconstrucción de esa desaparición y los efectos en esa familia y en esas tres mujeres. Ellas para mí eran el tronco de toda la película.

Estábamos a punto de cerrar la película a principios de 2018 cuando me enteré de la detención de Ricardo en París. Algo que entre bromas decíamos, pero una vez que ocurre no sabes qué hacer. Lo primero que pensé: no hay película, luego cómo hago para conocerlo. En fin, todo era confusión y con las empresas de posproducción ya presentándonos a terminar la película, porque además había algunos premios de finalización que cumplir. En ese momento decidimos congelar el proceso, mientras yo intentaba hacer contacto con Ricardo, cosa que me tomó bastante tiempo, casi todo el año 2018. Finalmente en octubre-noviembre pude entrevistarlo con una cámara.

-Es interesante el debate que se genera en torno a lo que está bien o mal, el hecho de matar para ‘hacer justicia’,  terminando con la vida de una figura tan cuestionable como la de Jaime Guzmán. También el hecho de escaparse de la cárcel. ¿Cómo fue abordar esos temas durante el proceso? 

-Era muy importante observar. Siempre intenté junto a mi equipo dejar que las voces familiares hablaran, que se debatieran, que abrieran esta caja de misterio que simbolizaba Ricardo, y también la historia de Chile. Abordar estos temas es un proceso lento. Hablar sobre la muerte no es fácil y más aún cuando tu propio familiar está involucrado. Pero no era solo la muerte sino también la desaparición. Uno puede ver a Ricardo desde la arista de lo que hizo, pero la película pone su foco de interés en entender a una familia que queda sin su hijo y su hermano, fugado por décadas. ¿Cómo convives con eso? ¿Cómo afecta los lazos familiares, el futuro, la propia vida cotidiana? Mi interés iba en registrar esa reflexión.

-En el marco de fondo del documental liga el episodio del asesinato de Jaime Guzmán con la actualidad y el tema que hoy está a poco más de un mes de ser consultado con la ciudadanía: escribir o no una nueva constitución. ¿Cómo este documental contribuye a orientar al espectador para el plebiscito?

-Las heridas del pasado se revuelven cuando no están cicatrizadas. Chile aún está en una deuda tremenda con su historia. Aún no la conocemos del todo. Se obvia en colegios, escuelas. Solo a modo de ejemplo, aún contamos con miles de detenidos desaparecidos sin saber dónde están. ¿Cómo es posible eso? La llamada «reconciliación» no ha ocurrido. No hay un perdón civil y militar ante la matanza indiscriminada que vivimos en una de las dictaduras más horrorosas que ha habido. La respuesta de Palma y los frentes armados eran una reacción a la opresión y esto no tiene que ver con justificar o no lo que hizo, va mucho más allá de eso, porque si se quiere entrar en ese territorio hay que entender el dolor, las motivaciones y el contexto histórico donde él se desarrolló. Aún hay deudas tremendas como nación.

Volando vengo, volando voy 

-¿Cómo visualizas que la figura de Palma Salamanca está posicionada hoy en Chile?

-Es una figura que genera división, polarización pero ojo, esta división se produce porque Palma es el reflejo de un tiempo histórico, es la excusa de todas nuestras divisiones como país de las que no nos hemos hecho cargo. Y este “hacerse cargo” no viene por arte de magia. Debe partir de nuestros gobernantes, de todos los sectores y que estén a la altura de los procesos históricos que empezamos a vivir y que esperemos que cambien.

-Sabemos que desde hoy el documental estará disponible en Ondamedia ¿En qué otras plataformas estará disponible? 

En las plataformas Puntoticket, Cinépolis Click y en la Red de Salas de Chile. Desde hoy estará en Ondamedia de manera gratuita, pero con tickets limitados.
Pascal Brice y el caso de Ricardo  Palma Salamanca.




Pascal Brice dirige la Oficina de Protección a los Refugiados y Apátridas (Ofpra) desde 2012. Durante su carrera asesoró a políticos socialistas como el ex Presidente francés, Francois Hollande. Ayer, consultado por Reuters, dijo que el organismo que comanda "resuelve de acuerdo a los criterios del derecho al asilo y lo hace con total independencia". Pese a la carta personal que Piñera le envió a Macron, en el gobierno no están muy esperanzados de que la decisión de proteger al frentista se revierta.
Cuando era niño, Pascal Brice tuvo su primer contacto con chilenos. En Nantes, ciudad donde nació en 1966, compartió “con exiliados chilenos que huyeron del golpe de Estado del general Pinochet. El exilio es la partida para otro lugar, el desarraigo, el anhelo de volver a casa”, recordó en la revista Pellegrin. En la publicación, comenta también, que fue en 2012  cuando el entonces ministro del Interior, Manuel Valls -del gobierno del socialista Francois Hollande– le ofreció el cargo que hoy ocupa como director general de la Oficina de Protección a los Refugiados y Apátridas (Ofpra).
El diario francés Les Échos lo perfiló cuando en 2013 asumió su puesto. En la publicación se señala que sus padres, muy comprometidos con los sucesos del 68, lo llevaron desde muy pequeño a las protestas de la época. Y describen sobre Brice: “Más tarde, él va ‘donde suceden las cosas’. En Chiapas, donde se encuentra con el Subcomandante Marcos, en Siria, en Derry, mucho antes de los acuerdos de paz entre las dos Irlanda, en la Nicaragua sandinista…”.

Lo describen como un “apasionado por la historia”. Graduado del Instituto de Estudios Políticos de París y de la Escuela Nacional de Administración (ENA), señalan que “su primera pasantía en la ENA, Pascal Brice la hace en Chile. El país de Allende, ‘el sueño’ para este hombre de izquierda comprometido”.
Por 10 años trabajó en la administración central “en oficinas de ministros de izquierda” como Hubert Védrine y Pierre Moscovici, además de ser asesor en temas internacionales de la campaña presidencial de Francois Hollande.
Y es la oficina que dirige Pascal Brice este político francés la que decidió otorgarle asilo político a Ricardo Palma Salamanca, condenado en Chile por el asesinato del senador Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards. Pena que cumplía en la cárcel de máxima seguridad desde donde huyó en helicóptero, en 1996.
La decisión del organismo molestó personalmente al mismo Presidente Sebastián Piñera quien decidió, en una medida catalogada desde Cancillería como “excepcional” enviarle una carta a su par francés Emmanuel Macron. Esto, además de la nota diplomática que la ministra de RR.EE. (s), Carolina Valdivia, le entregó al embajador galo, Roland Dubertrand.
Pero desde el Ejecutivo no ven con muchas esperanzas que la decisión se revoque. Saben que con el asilo, el proceso de extradición se complica más. Junto con ello, más que Macron, desde RR.EE. ven que es la Ofpra la que tiene “mayor control” en el caso. Porque si bien su consejo es diverso y en su mayoría designado por el gobierno, se comenta que “el problema es que la burocracia francesa es de izquierda”.
A esto se suma lo que el abogado de la familia del senador, Luis Hermosilla, ha planteado en más de una ocasión:  la “doctrina Miterrand”, política que tiene Francia de entregar asilos y evitar las extradiciones. El caso emblemático fue cuando el país galo protegió a los  activistas de extrema izquierda que asesinaron al Primer Ministro italiano y líder de la Democracia Cristiana de ese país, Aldo Moro. Esto, a pesar de que Hermosilla cree que el gobierno ha hecho todo lo que está a su alcance.
Ayer, consultado por Reuters, Pascal Brice señaló que el organismo que dirige “resuelve de acuerdo a los criterios del derecho al asilo y lo hace con total independencia”. 

Quiénes integran la Ofpra

La Junta Directiva de Ofpra está compuesta por 17 miembros con voz deliberante: dos diputados nombrados por la Asamblea Nacional; dos senadores nombrados por el Senado; dos representantes de Francia en el Parlamento Europeo nombrados por decreto; diez representantes del Estado; y un representante del personal de la Oficina, elegido por los agentes de Ofpra.
Si bien es diversa en su composición, es el director de la entidad quien marca los lineamientos de la organización.
Al fijarse en los miembros de la Ofpra que son seleccionados por el Congreso se encuentra que uno de los cargos está vacante y el otro corresponde al senador François-Noël Buffet, de Républicains. A sus 54 años, este abogado ha ocupado un puesto como senador desde el año 2004.
Por ese partido también interviene el diputado Eric Ciotti, nombrado por la Asamblea Nacional francesa, quien ha sido destacado por sus propuestas de leyes para mejorar la seguridad ciudadana y la lucha contra el terrorismo. En una escala más global hay otro representante de Républicains: el europarlamentario Renaud Muselier, quien además forma parte del Grupo del Partido Popular Europeo (Demócrata-Cristianos).
La otra europarlamentaria es Sylvie Guillaume, del Grupo de la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas, quien se ha centrado en garantizar vías de acceso “segura y legales” para los inmigrantes y los demandantes de asilo.
Entre los miembros de la Junta Directiva, que no pertenecen a los diez representantes del Estado, está también Alice Thourot, una diputada y abogada electa por el partido La République en Marche, de Emmanuel Macron.



Ricardo Palma Salamanca: “La cultura comunista me tiene harto”


La cultura comunista me tiene harto: es ideológicamente intolerante y autoritaria”, señala Ricardo Palma Salamanca.

El exfrentista, quien fue condenado por el asesinato del senador Jaime Guzmán y que actualmente se encuentra en Francia- país que le concedió asilo-, concedió una entrevista a The Clinic, donde relata su paso por la Cárcel de Alta Seguridad, su estadía en México y Cuba y su actual vida en tierras galas.
Cuando estuvo preso, dice, gendarmes y el juez Alfredo Pfeiffer se ensañaron con él. 

“Gendarmería, en tanto encargados de cuidar la cárcel. Pero también la Justicia. El juez Alfredo Pfeiffer me escupió dos veces. Me amarraba con cadenas de pies y manos a la silla mientras me interrogaba. Era un nazi. Cuando llegué a la Penitenciaría me tuvo 28 días incomunicado y luego me ingresaron al sector de los enfermos mentales, con quienes estuve tres meses. Eso de convivir con locos es un experiencia muy inusual. Hay cero higiene, se mean, se cagan. No existe interlocución posible”, relata.


Sobre su paso por Cuba cuenta que entró sin permiso de las autoridades de ese país, porque de lo contrario se lo habrían negado: 

“Se les avisó cuando ya estábamos adentro. Ahí debo haber permanecido aproximadamente tres meses, hasta que nos echaron. Yo entiendo que nos hayan echado, porque poníamos en riesgo la política de su Estado”, dice, y agrega: “En cualquier caso, si se les hubiera pedido permiso hubieran dicho que no. Éramos unas papas hirviendo. Por eso llegamos así, porque no teníamos dónde ir, estábamos cansados y necesitábamos restablecernos después de tanto”.

En cuanto a su estadía en México, donde residió 20 años, también tiene palabras:

“La derecha mexicana es muy poderosa en este lugar y le sirvió de argumento para justificar todo lo que había sucedido ahí. Son muchísimos los secuestros sin resolver. Obviamente nos relacionan a nosotros porque tenemos un pasado común, y un pasado chileno que calza muy bien con esa historia”.
“Con el tiempo, he responsabilizado mucho a mi medio familiar, su visión de las cosas del mundo y de la vida. Hubo una determinación por el tiempo histórico que nos tocó vivir y, por otra parte, una determinación familiar. Madre comunista, dos hermanas comunistas. Se almorzaba materialismo histórico y se cenaba materialismo dialéctico. Eso hoy me da un poco de molestia. No tuvieron la capacidad emotiva de enseñarme otros caminos posibles. Me hubiera gustado que me mostraran otro tipo de cuentos, otras literaturas”, cuenta en parte del texto.
Sobre su distancia con la cultura comunista que le tocó vivir, se explaya:

“Esa cosa cerrada y obtusa de los comunistas es muy dura. La detesto. Es ideológicamente intolerante y autoritaria. Muchos de quienes se sumaron a su causa, estaban movidos por buenos sentimientos, pero el partido los utilizó. Yo terminé con todo eso hace mucho tiempo. A una señora que se me acercó el otro día para invitarme a un panel, porque según ella yo debía dar mi visión y tal, entonces tuve que explicarle que quizás mi visión no les gustaría mucho. Los chilenos de aquí son bien comunistas y absorbentes. Me han acompañado y apoyado mucho, es cierto, y se los agradezco, les debo mucho, pero me agarraron de Patito Donald, de causa perdida y llorona. Después del 23, cuando me dieron la protección definitiva, nos fuimos a un bar para tomar algo. Eran muchos, y se pusieron a gritar consignas del Frente Patriótico. ¡Yo no lo podía creer! ¡Los pelos se me erizaban!”.

Además, se refiere, en parte, a su reunión con Gabriel Boric. 

Sobre su cita con el diputado del Frente Amplio dijo que le interesa “ser vaso comunicante entre esos que son tributarios de una izquierda determinada, aunque la verdad es que yo ni sabía lo que era el Frente Amplio, porque he estado completamente alejado de la realidad chilena”



 Ricardo Palma Salamanca: “Tomé la determinación de no vivir con miedo”

Desde París, Ricardo Palma Salamanca habló con nuestro medio asociado RFI de los 23 años de clandestinidad en los que vivió tras fugarse de una cárcel chilena en 1996. Fue "un largo periplo con diferentes identidades", dijó. En marzo estará en las librerías la versión francesa del relato de su fuga de la cárcel.
22 de febrero 2019 


Tras 23 años de clandestinidad total en México, el exguerrillero obtuvo recientemente el asilo político y la protección de la justicia francesa que impidió su extradición a Chile.
Agripado y con voz afectada, Palma concedió una entrevista exclusiva a Radio Francia Internacional.
El ex integrante del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR), condenado por el asesinato, en 1991, del senador Guzmán, entonces ideólogo de Pinochet, purgaba una pena de cárcel perpetua en la cárcel de Santiago, cuando protagonizó una espectacular fuga a bordo de un helicóptero en 1996.
Hoy, con motivo de la salida de la versión francesa de su libro “El gran rescate”, Palma Salamanca habló de sus años de activismo en el grupo clandestino FPMR.
“Eran tiempos excesivamente polarizados donde o existías o te dejabas aplastar”, dijo para justificar su pertenencia al grupo guerrillero.
Palma abordó también su vida de clandestinidad con múltiples identidades. Su salida de Chile a México “fue un largo periplo de construcción clandestina de un lugar a otro con diferentes identidades”, hasta que la llegada de su primer hijo lo llevara a buscar una vida lejos de la persecución.
“Corté todo contacto con amistades y familia, fue un corte muy fuerte, producido por este absoluto terror a estar preso”, dijo.
“La llegada a México fue como haber llegado al lugar donde llegué a establecer mi vida”.
Sin embargo, “el cambio de nombre no determina el cambio de ser”, aseguró Palma Salamanca, quien “tampoco tenía mucha relaciones sociales”.
De su vida clandestina en México, no se extiende demasiado, sino que trabajó en fotografía y en producción de cine, en la construcción de escenarios.
“Mis primeros años en México fueron de mucha austeridad en el sentido de no exponerme a tener relaciones sociales. Eran años de muy bajo perfil. Ya pasando el tiempo tomé la determinación en el sentido de no vivir con miedo”.
Palma, sin embargo, rechazó hablar de los motivos que lo llevaron a dejar México para buscar refugio en Francia.
Palma Salamanca concedió esta primera entrevista a un medio de comunicación audiovisual en el marco de la publicación de su libro en francés que se titulará ‘Une étreinte du vent, Chili‘. El ex guerrillero se define como un autodidacta de la escritura. Y habló de la importancia “vital” que desempeñó la literatura durante sus años de cárcel.
Del 15 al 18 de marzo, Palma presentará al público la versión francesa de su libro “El Gran rescate” en la Feria del Libro de París en el stand de la editorial Tiresias-Michel Reynaud.
En París, Palma buscará seguir trabajando en el sector audiovisual, y anticipó que está escribiendo su tercer libro. De ahí en adelante, el ex guerrillero afirmó que se dedicará a la literatura.

Colegio Latinoamericano de Integración.

Ricardo Palma Salamanca estudio en Colegio Latinoamericano de Integración, que es una institución educativa que nace en el año 1967, en comuna de Providencia, en la ciudad de Santiago de Chile.




Palma Salamanca da nueva entrevista en Francia y defiende su paso por el FPMR



Palma Salamanca, el asesino

14 MAR 2019 

"Creo que tomé la decisión correcta para el tiempo y el contexto histórico que había en ese tiempo", señaló a la AFP el exfrentista, condenado como autor material del crimen de Jaime Guzmán, al tiempo que dijo que no espera volver a Chile "nunca".

Éramos testigos de un abuso y matanza permanente”. 

Ricardo Palma Salamanca, un exguerrillero chileno condenado por el asesinato de uno de los máximos ideólogos de Pinochet, relata sus años de lucha armada y sus dos décadas de clandestinidad.
En entrevista con AFP en Francia, país que le concedió hace unos meses el asilo político, contó su historia, desde su espectacular fuga de una cárcel en Santiago en 1996 realizada en el interior de una canasta tirada por un helicóptero, hasta su detención en París en 2018, pasando por los más de 20 años en los que vivió escondido bajo diferentes identidades en México.
“Tuve varios nombres, muchas fechas de nacimiento”, contó Palma Salamanca impasible, entre dos sorbos de café, en un pequeño apartamento del barrio Latino de París.
Antes de empezar la entrevista puso dos condiciones, se niega a hablar de sus juicios, ni de la política actual chilena “para evitar más polémicas”. Tampoco quiso cámaras de televisión. “Estar delante de las cámaras me tensa mucho”, explicó este hombre de 49 años, de tez morena y cabello canoso.
Parte de su historia la plasmó en un libro, “Une étreinte du vent, Chili” (“El gran rescate” en español), que presentará en el Salón del Libro de París desde este viernes y con el que espera financiar parte de sus gastos de justicia.
En éste relata la preparación de su fuga en helicóptero de una cárcel de alta seguridad, donde cumplía una condena a cadena perpetua por el asesinato a tiros en 1991 del senador Jaime Guzmán, considerado como el máximo ideólogo de la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990).

A continuación extractos de la entrevista.



-¿Por qué decidió venir a Francia?
En México descubrieron mi identidad, el círculo comenzaba a cerrarse. Con mi excompañera y nuestros dos hijos nos fuimos a Cuba y de ahí vinimos a Francia. Era el único destino posible, fundamentalmente porque teníamos familia que nos podía brindar soporte y también por la historia de solidaridad que existió por parte de Francia con todo el proceso de la dictadura en Chile.

-¿Se esperaba a que Francia le otorgue el asilo?
No, casi me desmayo (risas). No me lo esperaba. O sea todo el mundo me decía que sí, que todo iba a estar bien. Pero yo me decía ‘están siendo condescendientes’. No sentí alivio sino una especie de incredulidad. Me preguntaba si era cierto lo que estaba pasando.

-¿Qué lo motivó a unirse al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR)?
Creo que la motivación era evidente. Éramos testigos de una guerra desigual y sobre todo un abuso y matanza permanente. Eran tiempos muy radicalizados, o te defendías o te dejabas masacrar.

-¿Si pudiera dar marcha atrás, volvería a hacer lo mismo?
Creo que tomé la decisión correcta para el tiempo y el contexto histórico que había en ese tiempo. Aunque Pinochet ya no estaba en el poder, era comandante en jefe y luego pasó a ser senador vitalicio. La ideología fascista de Pinochet seguía dictando el curso de la política en todo orden. Todo lo demás era como una puesta en escena. Los políticos jugaban a tener democracia.

-¿Qué recuerda de su fuga?
Fue una operación perfecta. Muy pocas veces en ese tipo de situaciones la planificación se cumple al 100%. Todo salió como reloj y nadie salió herido.

-¿Cómo logró desaparecer durante más de 20 años?
Con documentación distinta, te haces pasar por otra persona. Reboté por muchas partes antes de llegar a un lugar y establecerme. Siempre existieron redes de apoyo, gente dispuesta a ayudar sin ningún tipo de condición. Y tomé la decisión de hacer un corte radical con mi pasado. No volví a dar noticias a mi familia ni amigos, hasta ahora.

-Imagino que fue lo más difícil….
No, no fue difícil. Porque había algo más grande, el terror de volver a la cárcel. Cuando estuve en la cárcel valoré tanto mi existencia en libertad que dije yo no vuelvo a pasar eso jamás en mi vida. Fueron 4 años y 10 meses. 1825 días. En ese tiempo, en particular conmigo, se ensañaron de una forma muy profesional. Era una política permanente de hostigamiento.

-¿Espera volver un día a Chile?
Nunca.

-¿Cuáles son sus aspiraciones?
Retomar un vida.. o ni siquiera retomar porque nunca la tuve. Construir una vida austera, tranquila, en silencio. Y desenvolverme como cualquier otro mortal.


 

miércoles, 23 de enero de 2019

Justicia francesa rechazó extraditar a Ricardo Palma Salamanca.-a



Sus cercanos mencionan que ya no le gusta hablar del pasado y que se prepara para
 trabajar formalmente en Francia en el rubro artístico: Exponer fotografías y escribir.


La Corte de Apelaciones de París comunicó este miércoles su decisión de no extraditar al chileno Ricardo Palma Salamanca, exmiembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez y condenado en nuestro país por el asesinato de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristian Edwards.
La determinación se tomó luego de una serie de audiencias que comenzaron a mediados de 2018 y que fueron interrumpida, a su vez, por la decisión de la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas (Ofpra) de conceder asilo político a Palma Salamanca.
Los chilenos residentes que asistieron a la audiencia celebraron la decisión de la justicia francesa, en tanto Ricardo Palma Salamanca se retiró del tribunal sin emitir declaraciones a la prensa.
Con esta resolución judicial el exfrentista no tendrá que seguir bajo el control judicial que mantenía desde febrero de 2018, mientras que el estado chileno no podrá recurrir de apelación.
El exfrentista estaba prófugo desde 1996, cuando escapó en un helicóptero de la cárcel en que cumplía condena por los delitos antes mencionados.
Cabe recordar que el Ministerio Público de Francia había mostrado inclinaciones hacia la determinación de no extraditar al exfrentista, especialmente luego del asilo político entregado por la Ofpra.

Las últimas semanas, con la convicción de que la Corte de Apelaciones francesa fallaría en contra del proceso de extradición solicitado por el Estado de Chile –como ocurrió hoy-, Ricardo Palma Salamanca las dedicó a avanzar en su próximo libro, uno de los que sus amigos no entregan muchos detalles, pero que abordaría sus años en clandestinidad tras haberse huido en helicóptero de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996, recinto donde cumplía condena como autor material del asesinato de Jaime Guzmán Errázuriz el 1 de abril de 1991, el secuestro de Cristián Edwards y el crimen de agentes de la dictadura, hechos por lo que estaba condenado a 30 años de prisión y dos cadenas perpetuas.
Desde aquel 20 de diciembre en que junto a otros frentistas escapó por los cielos, se dedicó, como el mismo escribió en el nuevo prólogo de El Gran Rescate, que publicó La Tercera PM, a ser invisible. Su rastro efectivamente se perdió, mientras figuraba en nóminas de captura internacional y en el país la Unión Demócrata Independiente realizaba una serie de gestiones para requerir su captura.

Se mencionó que estuvo en Argentina – “me trasladé por muchas partes del planeta, conociendo a seres increíbles”-, pero con certeza se sabe que residió en México bajo el nombre del fotógrafo Esteban Tamayo Solís, identidad que debió abandonar cuando su amigo y excompañero de armas Raúl Escobar Poblete se vio involucrado en un secuestro.
Sus cercanos mencionan que ya no le gusta hablar del pasado y que se prepara para trabajar formalmente en Francia en el rubro artístico: Exponer fotografías y escribir. A diferencia de la diputada Maite Orsini, que sostiene que tiene dudas sobre su participación en el crimen de Guzmán, Palma Salamanca ha sido críptico sobre el hecho que marcó su destino. En su libro escribió, en alusión a su rol en el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, “fue la época que nos tocó vivir, para muchos un espacio sin vuelta atrás”.
Hoy se prepara para asumir su nueva vida en Francia. En marzo iniciará los trámites para que los dos hijos que tiene con Silvia Brzovic, y que tienen la condición de apátridas, reciban la nacionalidad francesa y para firmar el contrato de acogida e integración en la Oficina francesa de inmigración e integración (OFII). Su nueva situación, ratificada por la decisión de no extraditarlo, le entregará una serie de deberes y derechos. 
Fuentes consultadas por La Tercera PM detallan que su abogado, Jean Piere Mignard lo mantiene al tanto de la serie de trámites que debe realizar, pero que hoy, a esta hora, mientras el mundo político en Chile lamenta la determinación de la justicia francesa, él está enfocado en festejar. Su estado hoy indica que está bajo la protección de las autoridades francesas”.



Nombre Completo del asesino del senador Jaime Guzmán:


Circunscripción : ñuñoa
Nro. inscripción : 954 Registro : Año : 1969
Nombre inscrito : RICARDO ALFONSO PALMA SALAMANCA
R.U.N. : 11.392.323-7
Fecha nacimiento : 1 Julio 1969
Sexo : Masculino
Nombre del padre : RICARDO ANTONIO PALMA ROJAS
R.U.N. del padre : 3.468.897-4
Nombre de la madre : MIRNA NURY SALAMANCA ASTORGA
R.U.N de la madre 2.954.510-3

Madre del asesino.

Circunscripción : CHAÑARAL
Nro. inscripción : 101 Registro : Año : 1935
Nombre inscrito : MIRNA NURY SALAMANCA ASTORGA
R.U.N. : 2.954.510-3
Fecha nacimiento : 24 Julio 1934
Sexo : Femenino
Nombre del padre : CARLOS SALAMANCA
Nombre de la madre : JUANA ASTORGA





Palma Salamanca en París

Daniel Alarcón investigó durante un año y medio antes de publicar el episodio ‘El helicóptero, el silencio, el balazo, la huida‘. Esta crónica la escribió en diciembre de 2018, mientras cubría el proceso de extradición contra Ricardo Palma Salamanca en el Palacio de Justicia en París. 

La primera vez que vi en persona a Ricardo Palma Salamanca fue en los pasillos del Palais de Justice en París, en octubre de 2018. El Palais es justamente eso: un palacio decidida y descaradamente regio, con corredores largos y amplios y escalones de piedra hundidos como viejos colchones. En esa audiencia de octubre, entre los exiliados ahí reunidos, se habló sobre pesadillas, tortura y recuerdos crudos y aterradores de la vida bajo el mando de Pinochet. Ver a Palma Salamanca les había traído todas esas remembranzas de vuelta, y los exiliados se mantuvieron juntos, compartiendo memorias y apoyo, reviviendo traumas que creían haber enterrado hacía mucho tiempo. 
La prensa chilena había venido, unos pocos medios franceses también, y Palma se destacaba entre la multitud, de rostro impávido, con tres guardaespaldas que levantaban una manta frente a su cara cada vez que alguien intentaba tomarle una foto. Un periodista, un muchacho desgarbado con un traje mal cortado que trabajaba para la televisión chilena, fue amenazado cuando se rehusó a dejar de tomar fotografías. Después de la audiencia hubo incluso un breve forcejeo, mientras él intentaba tomar una foto y un exiliado chileno empujó al joven periodista al piso.

Cuando regresé en diciembre, la atmósfera había cambiado por completo. En los meses anteriores, la Oficina Francesa de Protección a Refugiados y Apátridas, OFPRA, le había otorgado asilo a Palma Salamanca. Esto no significaba que su caso había terminado —técnicamente, extradición y asilo son dos procesos separados e independientes —, pero, en la práctica, ahora era difícil imaginar que el estado chileno tendría éxito en su intento de que Palma Salamanca fuera devuelto. Las posibilidades de que una corte francesa contradiga y anule la decisión de la OFPRA en un caso de asilo eran casi nulas.
 En Chile, el caso había sido descartado por lo enemigos políticos de Palma. Yo había estado en Santiago cuando se publicó ese fallo y vi cómo miembros del comité formado en solidaridad con Palma Salamanca levantaron una copa de champaña en celebración, un grupo heterogéneo de ex militantes de mediana edad y víctimas de la dictadura brindando frente a los miembros de la prensa chilena e internacional. Un raro momento de satisfacción: los activistas a favor de Palma sintieron, correctamente, como si hubieran ganado.


Palma Salamanca fue arrestado por las autoridades chilenas en 1992

Ahora, en diciembre, había menos prensa y ningún medio francés. En el corredor en frente de la sala del tribunal, los exiliados charlaron, vapearon, rieron y esperaron de buen humor. Habían venido a mostrar solidaridad, con la confianza de que la audiencia de hoy era sólo una formalidad.

Aún así, optimismo y confianza no son lo mismo que certeza. Que las cortes francesas finalmente negasen la solicitud de extradición —eso sería certeza. Eso significaría que todo había acabado, significaría claridad en el futuro, estabilidad e inexpugnable legalidad, algo que Palma Salamanca no había tenido en décadas, aún si había logrado crear un simulacro de todas esas cosas, brevemente, en México.

Esta vez, daba la impresión de ser un festejo, Palma en silencio en el centro de una reunión social, el corazón de la fiesta, pero no exactamente el alma de la misma. Sus partidarios venían a presentarle sus respetos, y él aceptó cada apretón de mano con una sonrisa, un breve y carismático destello de calidez, y entonces retrocedió y se alejó de forma casi imperceptible, y las conversaciones continuaron sin él. Era como si la gente lo tocara para tener buena suerte, o para verificar que era real, esta figura que para muchos exiliados es más un mito que un hombre. Vestía una chaqueta de cuero y una bufanda, que no se quitó, y nunca se puso cómodo. Le pregunté en cierto momento si así lo prefería, las conversaciones zumbando a su alrededor, pero sin él. Dijo que así era. Si los otros se sentían confiados, él aún era prudente.

No es que fuera poco amigable o distante. Era simplemente cauto; no era una falla de carácter sino una adaptación a las extraordinarias circunstancias que han marcado su vida desde que se unió al Frente Patriótico Manuel Rodríguez cuando era adolescente. En octubre, cuando la tensión era más alta, la incertidumbre apenas tolerable, él había estado protegido, rodeado por una impenetrable masa de exiliados chilenos. Esta vez estaba más accesible, sonriendo más, incluso dejaba de cruzar los brazos de vez en cuando. Esperamos un largo tiempo a que comenzara la audiencia —otra diferencia con respecto a octubre, cuando las autoridades vieron el tamaño de la multitud y reorganizaron el expediente para permitir que el caso de Palma Salamanca fuera escuchado primero. 
No le habían dado ninguna deferencia esta vez, y en algún momento, más o menos en la tercera hora de espera, giré y vi a Palma solo en el corredor, una imagen tan sorprendente en el contexto que tuve que mirar dos veces para confirmarlo.

Fue sentenciado en Chile a dos cadenas perpetuas y 30 años de prisión.

La larga espera también me permitió ver mi entorno con más claridad, o más bien entender algo que había pasado por alto la última vez: que la sala del tribunal no le pertenecía a Palma Salamanca o su drama particular, que el Palais era una institución francesa llena de historias francesas, y no, como parecía, un barroco destacamento de Chile, congelado en ámbar en algún punto de los últimos años de la dictadura. Una sala de audiencias —cualquier sala de audiencias— es un lugar ampliamente utilitario, donde se deciden destinos, donde se cambian vidas. No sólo la vida de Palma Salamanca. De alguna manera, en octubre, no me lo había parecido, pero hoy, mientras esperábamos, una mujer se me acercó y me preguntó en francés qué caso estaba esperando. Ella era una intérprete del árabe, me dijo, y había sido asignada a una audiencia de extradición para un hombre apellidado Djif. ¿Era esta? ¿Esta era la sala de audiencias? Le contesté sin pensarlo: No, dije. No hay ningún Djif aquí, y luego me di cuenta, al igual que ella, de que, por supuesto, había un Djif ahí. Era él, ese caballero de rostro estrecho que de alguna manera no noté porque no hablaba español, el que vestía un abrigo pesado y una barba marrón de un par de días, aquel con manos nerviosas, rodeado de su esposa y cuatro hijos, el más pequeño aún en un cochecito. 
La intérprete se alejó, y noté a la esposa de Djif, con un velo un poco suelto: estaba hecha un desastre, ansiosa y claramente asustada. Perdió de vista varias veces a sus dos hijos menores, de cinco o seis años, que se entretenían peleándose y que sólo pararon cuando un policía se llevó a su padre. El más joven, sintiendo intuitivamente el peligro, comenzó a llorar desconsoladamente y cayó hecho un ovillo entre los brazos de su madre.     

Para cuando comenzó la audiencia, a eso de las cinco de la tarde, habíamos esperado durante horas y nuestra energía se había agotado. Mucho tiempo de pie. Muchas cámaras tomando la misma foto una y otra vez. Gente arremolinándose, luego dirigiéndose a los bancos a lo largo del pasillo, después de vuelta. A buscar un café y luego de regreso. Cuando las puertas finalmente se abrieron, Palma Salamanca y su séquito entraron primero, después los chilenos, más o menos en orden de su cercanía personal, y una vez que ellos habían entrado, fue el turno de la prensa. La mayoría de nosotros nos quedamos de pie. Había unas cuarenta y cinco personas en la sala del tribunal, una habitación pequeña y cuadrada que se sentía atestada y cálida. Si no hubiera estado de pie, me habría quedado dormido.

El abogado de Chile habló primero, refiriéndose ocasionalmente a sus anotaciones y volviendo una y otra vez a los delitos por los cuales Palma Salamanca había sido condenado hace tantos años. No el contexto que los había rodeado, sino los detalles crudos del asesinato del senador Jaime Guzmán, por ejemplo. Lo que se alega: Guzmán, arquitecto de la constitución de 1980 de Pinochet, ideólogo del régimen, enseñaba derecho en la Universidad Católica. Un día, mientras Guzmán salía de clases, se encontró con dos hombres en las escaleras, quienes aparentemente lo estaban esperando. Ellos eran Palma Salamanca y otro militante del FPMR, Raúl Escobar Poblete, hoy preso en México. Cuando Guzmán los vio, supo que estaba en peligro, así que volvió a subir las escaleras, tomando un camino alternativo hacia su carro. Escobar Poblete y Palma Salamanca fueron al estacionamiento. 
El chofer de Guzmán no pudo huir, y los dos jóvenes supuestamente le dispararon a Guzmán, quien estaba en el asiento trasero. Como cualquier asesinato, es un crimen simple y brutal. Pero en el transcurso de esas visitas a París, a menudo les preguntaba a los exiliados chilenos, a muchos de ellos, qué justificaba el asesinato, y me encontré una y otra vez con incredulidad, como si no se pudiesen molestar en explicar algo tan obvio. Más allá de la cuestión moral moral, decía yo, ¿no fue un error táctico asesinar a un senador democráticamente electo en un momento político tan precario? Más tarde, volví a escuchar la grabación de estas entrevistas, y me sentí decepcionado: si te quedas debatiendo las tácticas del asesinato y no la cruda inmoralidad de él, entonces quizás has perdido por completo la conversación.    

Aunque era diciembre, una fría e invernal tarde parisina, en el tribunal el calor era soporífero y Palma cerró suavemente sus ojos, como si dormitara. Su francés está bien, no es magnífico. “Me las arreglo”, me había dicho al principio de la semana, entonces me pregunté qué pensaba de todo esto, si podía entenderlo del todo, o si las palabras se apilaban una sobre otra, casi indiferenciables, en una monótona recapitulación de eventos que preferiría olvidar. No era difícil imaginarlo desconectándose de aquello. Luego, en un momento, el abogado de Chile describió a Palma como “un homme très violent”  y vi que los ojos de Palma se abrieron de golpe, su rostro luciendo una expresión de sobresalto y desagradable sorpresa.

Cuando el monólogo del abogado de Chile llegó a su conclusión, la fiscal del estado habló. Ella representa al estado de Francia. Su presentación fue más notable por la mención de los eventos del día anterior en Estrasburgo, donde un islamista armado disparó a once personas, matando a dos, en un mercado navideño. Es más difícil que nunca distinguir entre violencia política y terrorismo, argumentó, particularmente en momentos como este. Aún así, el factor atenuante en el caso de Guzmán fue la tortura que sufrió bajo custodia, y ella parecía inclinada a rechazar su confesión en esos términos. Esta no era una audiencia para descubrir la verdad, no se presentaría evidencia para probar o refutar este o aquel alegato. Para la fiscal, si la confesión se obtuvo bajo tortura, no tenía valor legal.

Finalmente, habló el abogado de Palma, Jean-Pierre Mignard. Es un tipo jovial e ingenioso, pálido, redondo y alegre, con un algo de hombre de espectáculo, lo que era particularmente bien recibido en esa sala de audiencias cálida y atestada. Hizo hincapié en la larga historia de Francia de apoyar a aquellos que combaten regímenes autoritarios. Resaltó una y otra vez que la constitución de 1980 de Guzmán es aún, salvo por algunos cambios cosméticos, el documento que define la política chilena. No pude evitar pensar en una entrevista que había hecho semanas antes en Santiago, en la que un hombre cercano a la familia de Guzmán miró por la ventana de su oficina en un alto edificio hacia los rascacielos y amplias avenidas de la limpia y próspera ciudad, y me dijo con un movimiento de sus brazos que Guzmán era responsable de todo ello.
Ese documento —su constitución— había hecho posible este capitalismo sin restricciones y todo lo que conlleva. Lo dijo con una pizca de asombro. No creo que los enemigos políticos de Guzmán diferirían, aunque quizás ellos podrían decirlo con un tono de voz distinto, con los dientes apretados. Llenos de rabia.

El largo día finalmente terminó poco después de las seis y media, y no hubo tiempo para deliberar. La jueza anunció un receso hasta el 23 de enero, golpeó su martillo y eso fue todo. Ese día, este capítulo de la historia de Ricardo Palma Salamanca no tendría fin. Sin cierre, la espera continuó.



Francia debe proteger a Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic.


A través de esta carta,  piden al gobierno francés a respetar el estatus de refugiados políticos de Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic.
 17.07.2018 

Francia es desde 1973 tierra de asilo para los opositores políticos al régimen de Pinochet. Los acogieron con los brazos abiertos Valéry Giscard d’Estaing y luego François Mitterrand —muy sensibles al funesto destino reservado a quienes se habían comprometido junto al Presidente Salvador Allende, y a los demócratas hostiles a la junta militar—, y numerosos son los chilenos
que, bajo sus mandatos, encontraron refugio en Francia, se instalaron aquí, fundaron aquí una familia y se construyeron aquí un futuro. Muchos se volvieron inmediatamente franceses, en espíritu y de corazón, antes de ser oficialmente naturalizados.

Es la honra de Francia haber protegido estas mujeres y estos hombres, cuyas trayectorias nos enorgullecen hoy a todos.

Sentimos admiración por todos estos jóvenes —por no decir estos niños—, que tuvieron la extraordinaria valentía de resistir y combatir la feroz dictadura de Augusto Pinochet, arriesgando su vida y la libertad, sacrificando su juventud, su vida familiar y sus estudios.

Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic son de esos. Así como tantos otros combatientes por la libertad, su compromiso político contra la junta militar nació del rechazo a la opresión al pueblo y a los sufrimientos que este régimen les infligió. La tortura del padre, del hermano o de la
hermana, la violación de otra, el exilio forzado de un pariente de miedo que ocurra lo peor, la prisión y el suplicio, y hasta el asesinato de los próximos, llenaron su alma de adolescentes de la rabia que debía liberarlos del miedo. Animado por esa cólera, su combate político no podía acabarse al
principio de la transición democrática, el 11 de marzo de 1990.

En efecto, si a partir de esta fecha el general Pinochet ya no era oficialmente Jefe del Estado chileno, el nuevo régimen seguía fundado sobre un texto constitucional adoptado en 1980 bajo su autoridad, que le otorgaba un rol central como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas y en el
seno del Consejo de Seguridad Nacional, permitiéndole así intervenir en la vida política de Chile y mantener su influencia sobre todas las instituciones políticas, administrativas, judiciales y militares del país. Baste como ejemplo recordar la feroz oposición de todas las autoridades políticas chilenas
a la extradición de Pinochet en 1998, reclamado por la justicia española para que responda de los numerosos crímenes cometidos bajo su mandato.

Finalmente, gozando de la benevolencia culpable de las autoridades chilenas, Augusto Pinochet murió apaciblemente en Chile sin haber sido jamás condenado, ni siquiera simplemente juzgado.

A la inversa, los miembros de la Resistencia a su régimen que fueron Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic ha sido perseguidos sin tregua durante más de 25 años y hasta hoy.

¿Cómo entender que un Estado supuestamente democrático pueda perseguir así tanto tiempo a una persona —a Silvia Brzovic—, cuyo único delito es haber sido una opositora de izquierda al régimen de Pinochet? ¿Cómo entender que un Estado supuestamente democrático
pueda proponerse conseguir cumplimiento de una condena dictada en condiciones inaceptables, y fundada en una legislación antiterrorista producida en 1984 por un régimen dictatorial?

¿Cómo entender, por otra parte, que esa ley vivamente criticada por las ONG pueda estar todavía vigente allí? Porque, en efecto, es en aplicación de esta ley adoptada por la junta militar para combatir sus opositores políticos que Ricardo Palma Salamanca fue apresado en 1992, luego condenado a cadena perpetua, en condiciones visiblemente contrarias al derecho a un proceso justo, y luego de confesiones arrancadas bajo tortura.

Esta condena ha sido pronunciada por un solo juez, Alberto Pfeiffer Richter, miembro de la UDI —el partido pinochetista fundado por Jaime Guzmán—, por el motivo particular que Ricardo Palma Salamanca habría participado en el asesinato del mismo Jaime Guzmán, cuyo currículo bajo el régimen de Pinochet es comparable en Francia al de Philippe Henriot bajo el régimen de Vichy. Miembro fundador, en 1970, del grupo paramilitar de extrema derecha Patria y Libertad, cuyos crímenes ensangrentaron el gobierno del Presidente Allende, ideólogo de la junta militar, vinculado a la secta nazi Colonia Dignidad, y autor de la Constitución de 1980, Jaime Guzmán era un actor mayor de la dictadura. Era parte integrante de su núcleo fascista.

¿Cómo, entonces, un Estado supuestamente democrático puede levantar un memorial en Santiago en recuerdo y en honor de este sórdido personaje y seguir persiguiendo a Ricardo Palma Salamanca?

Cuando los verdugos de la junta militar todavía viven o vivieron tranquilamente en Chile, las autoridades políticas chilenas insisten en perseguir a mujeres y hombres que, como Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic, sacrificaron todo para combatir al régimen sangriento de Pinochet, y simplemente reclaman que se haga justicia a todos los que durante ese período aguantaron los peores sufrimientos. Se trata de un residuo de la dictadura en el que Francia no puede participar.

Ninguna autoridad francesa puede aceptar colaborar en la ejecución de decisiones administrativas y judiciales inicuas, aplicadas como consecuencia de torturas, y como consecuencia de graves violaciones de los derechos humanos, ni comprometerse aportando su concurso a la defensa de la memoria del fascista Jaime Guzmán. Al contrario, Francia debe firme y
obstinadamente preservar sus principios acogiendo —como la obliga su Constitución y sus compromisos internacionales—, todo Hombre perseguido por su acción por la libertad. Francia debe, pues, proteger a Ricardo Palma Salamanca y Silvia Brzovic, reconociéndoles, así como a sus hijos, el estatuto de refugiado político.


Es su honor y es el Derecho.

Carmen Castillo, cineasta
Olivier Duhamel, presidente de la Fundación nacional de Ciencias políticas
Louis Joinet, Magistrado, primer abogado honorario a la Corte de Casación
Alain Touraine, sociólogo
Costa Gavras, cineasta



miércoles, 14 de noviembre de 2018

Carmen Hertz y el terrorista Palma Salamanca.-a




fotografía

La diputada comunista Carmen Hertz rechazó este domingo las reacciones "destempladas" en la UDI luego de que, el viernes, se conociera que la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridras (Ofpra) le concedió asilo político a Ricardo Palma Salamanca y toda su familia.
Desde el gremialismo apuntaron a  la "izquierda internacional"  y su "potente lobby" como parte de las razones que lograron que el ex frentista -condenado como autor material del asesinato del senador Jaime Guzmán en 1991 y que se fugó en helicóptero de la Cárcel de Alta Seguridad en 1996, al que tildan de "terrorista prófugo"-, fuera acogido por refugiado político por el Estado de Francia.
Asimismo, personeros de la UDI llegarán este lunes a la Embajada de Francia en Chile, donde entregarán al embajador de Francia en Chile, Roland Dubertrand, una carta de protesta contra el asilo otorgado por la Opfra.

"Todas estas cartas con terminologías destempladas que usa la UDI no corresponden en absoluto, puesto que es la decisión de un organismo soberano, que entendió que existía la concurrencia de requisitos para otorgarle asilo político a Palma Salamanca", fustigó Hertz.

Asimismo, la abogada de derechos humanos apuntó al Gobierno, desde donde anunciaron que pedirán a Francia revocar esta protección: 

"Es un (Ejecutivo) abanderado con el sector político que representa".
En la misma línea, Rodrigo Hidalgo, integrante del comité de apoyo al asilo político de Palma Salamanca, señaló que la UDI demuestra "una actitud que es básicamente la misma que tuvo con Pinochet; es decir, de desconocer la legislación internacional respecto de derechos humanos en que la humanidad estaba juzgando al propio Pinochet".
"Ahora intenta, con la misma mano de impunidad, descalificar lo que fue la entrega de asilo político y de refugio del Estado francés bajo la legislación internacional y los tratados existentes y la Convención de Ginebra, que la citó el ministro del Interior, (Andrés Chadwick) quien más que ministro parece un vocero de la UDI", complementó.

En términos totalmente opuestos se expresó el presidente de la DC, Fuad Chahin, quien recordó que "Palma Salamanca está condenado por el crimen de Jaime Guzmán", y aseguró que "no es un perseguido político por el Estado de Chile, por lo que no corresponde el asilo político".
Chahin apuntó también al juicio de extradición mediante el cual el Gobierno chileno pretende que Palma Salamanca retorne al país para responder por su responsabilidad en el crimen de Jaime Guzmán y el secuestro de Cristián Edwards.
"Corresponde que se dé lugar a la extradición", afirmó el ex diputado, quien subraya que "los alegatos de fondo respecto de la eventual prescriptibilidad de la pena tienen que darse en los tribunales chilenos".
"No nos parece utilizar una figura que no es aplicable a este caso para evitar una extradición", y deben ser "los tribunales chilenos, que lo condenaron, los que tomen una decisión respecto a si la pena está prescrita o no", sostuvo.
En tanto, el vocero subrogante de la Corte Suprema, Guillermo Silva, aclaró que su cuestionada declaración donde dijo que aceptaba la "autonomía" del organismo francés fue a título personal, y que no representa al pleno del máximo tribunal, cuya postura oficial al respecto se debería conocer este lunes.
"Las publicaciones efectuadas en la prensa corresponden a mi opinión sobre el mismo", dijo, y puntualizó que "cuando expresé que la aceptaba, fue porque nada puede hacer la Corte Suprema, como tribunal, para revertirla, aunque no nos guste".
En cualquier caso, "es una situación de la que se debe preocupar y actuar el Estado de Chile, a través de sus autoridades políticas", sentenció.



Carmen Hertz Cádiz

 (Santiago, 19 de junio de 1945) es una política comunista y abogada chilena, que participó en diversas instituciones de protección de los derechos humanos. Participó en la Vicaría de la Solidaridad, la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic), la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación y el Programa de DDHH del Ministerio del Interior, antes de ser directora de Derechos Humanos del Ministerio de Relaciones Exteriores una vez logrado el retorno a la democracia.
Desde marzo de 2018 se desempeña como diputada por el distrito N° 8, para el periodo 2018-2022.

Biografía

Nacida en una familia de derecha —su padre, Germán Hertz Garcés, de ascendencia alemana, era abogado, militaba en el antiguo Partido Liberal— Carmen Hertz pasó los primeros años de su infancia principalmente en la chacra que tenían en Carrascal (hoy en la comuna de Quinta Normal);​ la primaria la hizo en el Andrew Carnegie College, un pequeño colegio que quedaba cerca de la casa familiar ubicada en la calle José Miguel Infante, en Providencia), pero en tercer año de humanidades ingresó en el Liceo 7, donde conoció un mundo muy distinto al suyo.
Ingresó a la Escuela de Derecho de la Universidad de Chile, donde se relacionó políticamente con los liberales en un principio, moviéndose paulatinamente hacia la izquierda. En esos años de estudiante fue novia de José Miguel Insulza; después de graduarse se acercó al MIR, partido en el que militó un tiempo. Hertz, después del triunfo de Salvador Allende, en cuya campaña electoral había trabajado, decidió ingresar en el Partido Comunista a fines de 1970.
Durante la Unidad Popular, Hertz fue abogada secretaria del Consejo de la Corporación de la Reforma Agraria (1970-1973),​ que era presidido por el ministro de Agricultura, Jacques Chonchol. Cuando su amigo Carlos Berger, con quien había mantenido una nutrida correspondencia, regresó a Chile en 1971 —abogado y periodista comunista que había ido a seguir unos cursos de un año a Moscú—, se emparejaron de inmediato.​ A Berger le encargaron crear la primera revista juvenil de izquierda, Ramona; luego, cuando Orlando Millas fue nombrado ministro de Hacienda, pasó a ser su secretario de prensa (junio de 1972). En noviembre nació Germán Berger Hertz, quien ya adulto filmaría en 2009 el documental Mi vida con Carlos, sobre su padre asesinado.
A fines de julio de 1973, el PC envió a Berger a hacerse cargo de las comunicaciones de Cobre Chuqui; la familia partió en agosto y allí, en Chuquicamata, asumió como director de Radio El Loa y al poco tiempo Hertz comenzó a trabajar en el departamento jurídico de la empresa minera.​ El 11 de septiembre, el día del golpe de Estado, Berger fue detenido mientras seguía las transmisiones radiales aunque las nuevas autoridades le había ordenado cesarlas; esa noche fue liberado, pero horas después, en la madrugada del 12, los militares allanaron la casa y se lo llevaron. Berger fue sometido a un consejo de guerra que lo condenó a 60 días de cárcel por no acatar la orden de parar las transmisiones durante el día del golpe. 
Hertz, que era su abogada, logró el 17 de octubre conmutar los días restantes de presidio por una multa. Pero los presos políticos que estaban en la cárcel de Calama, entre ellos Berger, fueron sacados de allí y luego brutalmente asesinados por miembros de la llamada Caravana de la Muerte, operación dirigida por Sergio Arellano Stark para eliminar a disidentes políticos de la dictadura militar recién establecida.
Los cadáveres fueron lanzados a una fosa clandestina en el camino a San Pedro de Atacama y ocultados a sus familiares. Posteriormente los cuerpos fueron removidos por órdenes militares y lanzados al mar. Algunos fragmentos óseos quedaron diseminados en la fosa primitiva lo que permitió décadas más tarde identificar algunas de las víctimas entre ellos a Carlos Berger.
La muerte de su esposo llevó a Hertz a participar en diversas organizaciones dedicadas a la defensa de los derechos humanos, incluyendo a la Vicaría de la Solidaridad, y posteriormente en la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación.3​ La historia de la búsqueda de justicia por el asesinato de Berger que emprendió Hertz fue llevada a la pantalla chica por Andrés Wood en la miniserie Ecos del desierto (Carmen de joven es interpretada por María Gracia Omegna y como adulta por Aline Kuppenheim; Carlos, por Francisco Celhay).​ La pareja tuvo un hijo, Germán (1972), que es documentalista y periodista.
Con el retorno de la democracia, Hertz participó en diversas instituciones de gobierno: miembro de la Misión de las Naciones Unidas para El Salvador (ONUSAL), estuvo asimismo a cargo de verificar los acuerdos de paz de dicho país; fue asesora de Derechos Humanos y directora jurídica del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile (1994-1998) —cargo al que renunció el 31 de octubre de ese año, cuando el gobierno de la Concertación decidió asumir la defensa de Pinochet, que había sido arrestado en Londres el 16 del mismo mes—,​ integró la delegación chilena en la Conferencia de Roma (1997), que aprobó el estatuto del Tribunal Penal Internacional; fue agregada de su país ante los organismos internacionales con sede en Ginebra (2003), abogada del Programa de Derechos Humanos del Ministerio del Interior (2004-2006), embajadora en Hungría (2006-2009), año este último que fue nombrada directora de DD.HH. del Ministerio de Exteriores.

Ha escrito algunos libros, como la historia del atentado a Pinochet, Operación Siglo XX (1990), junto con la periodista Patricia Verdugo; Operación Exterminio. La represión contra los comunistas chilenos (1973-1976), Apolonia Ramírez y Manuel Salazar, publicado en 2016; sus memorias La historia fue otra (2017).

Fue candidata a diputada por el distrito 16 (que incluía las comunas de Pudahuel, Quilicura, Colina, Lampa y Tiltil en las parlamentarias de 2005,​ pero con 13.694 votos (8,27%), no logró ser elegida; sí lo consiguió en los comicios de 2017 en los que obtuvo un escaño por el distrito 8 con un 3,32%(Cerrillos, Colina, Estación Central, Lampa, Maipú, Til Til, Pudahuel y Quilicura).
Ana Karina Gonzalez Huenchuñir; francia carolina vera valdes; Ana  Gonzalez Huenchuñir


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