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viernes, 10 de enero de 2020

Reino Unido y la Unión Europa: ‘Brexit y los Reyes Magos’ a





06/01/2020

Arturo Ezquerro —médico psiquiatra, psicoterapeuta de orientación psicoanalítica y grupo analista— es profesor en el London Institute of Group Analysis y, en las tres décadas anteriores, ha sido Jefe de los Servicios Públicos de Psicoterapia en el distrito de Brent, Londres. Fue el primer español en conseguir este tipo de jefatura.
Es autor de más de 70 publicaciones, incluyendo los libros ‘Encounters with John Bowlby (Routledge: Londres y Nueva York) y ‘Relatos de apego’ (Psimática: Madrid). En esta ocasión, el profesor Ezquerro comparte un artículo de análisis sobre la salida del Reino Unido de la Unión Europea, que ha titulado ‘Brexit y Reyes Magos’.

Libro

Se une de esta manera al grupo de emigrantes españoles que detallan sus experiencias ante el Brexit en La Mirada del Lector de La Vanguardia, sobre todo, después de la victoria electoral de Boris Johnson, que le debe permitir aplicar su plan para que los británicos abandonen la Unión Europea el próximo 31 de enero.
“Nací en Logroño, La Rioja; la tierra con nombre de buen vino; cuna del castellano y del euskera. Mi infancia fue emocionalmente difícil. Perdí dos hermanos y una hermana en los primeros 4 años de mi vida. Estudié medicina en la Universidad de Navarra. Tuve la fortuna de lograr distinciones académicas”.
“Con mi generación comenzó el programa MIR (médicos internos residentes). Nos presentamos más de 30 mil médicos para apenas 2 mil plazas. Tuve suerte de conseguir una. Me formé en psiquiatría general en la Fundación Argibide de Pamplona con el Dr Vicente Madoz, quien se había formado en Oxford en la década de 1960. De él aprendí el rigor clínico anglosajón y un humanismo existencial de compromiso con los pacientes. Siempre lo llevaré conmigo”.

“El Dr Madoz me animó a hacer una segunda especialidad en Inglaterra: psiquiatría infanto-juvenil, la cual no existía en la España de entonces. Y en 1983, me lancé a la aventura londinense”.
En aquella época había fundamentalmente tres tipos de inmigrantes en Reino Unido: los millonarios, los aventureros con talento y los desesperados. Los primeros tenían las puertas abiertas de par en par. Los últimos eran utilizados habitualmente como mano de obra barata”
“A mí me pusieron en el grupo de en medio, cortesía de su majestad, y desde entonces me trataron como médico más que como inmigrante. Eran otros tiempos”.
“Tuve el privilegio inmenso de formarme con John Bowlby en la Clínica Tavistock de Londres, durante los 6 últimos años de su vida (1984-1990). Bowlby es el ‘padre’ de la teoría del apego y uno de los más lúcidos e influyentes pensadores británicos del siglo XX”.
Para mí, la Unión Europea es un proyecto supranacional sólido, perseverante, imperfecto y en constante evolución, en el que se exploran y desarrollan configuraciones cada vez más complejas y sofisticadas de colaboración y de apego grupal”
“Según este enfoque, el Brexit es un retroceso: una involución. ¿Cómo ha podido ocurrir? Desde una perspectiva histórica, tanto geopolítica como cultural y religiosa, Reino Unido es una parte integral de Europa”
“Esta ambivalencia y este deseo de separación son rasgos internalizados del carácter inglés. El estereotipo de ser fríos y reservados corresponde a los ingleses (los escoceses, los galeses y los irlandeses son más cálidos y cercanos)”.

Hay un dicho popular que comenzó a usarse hace 4 siglos y que habla por sí solo: “la casa de un inglés es su castillo”. Imagino que el Canal de la Mancha es el foso del castillo, que protegió a Inglaterra de las invasiones de la Armada española de Felipe II, de Napoleón y de Hitler”.

Nacionalismo inglés 

“El sentimiento del Brexit es tan antiguo como la existencia de la nación inglesa. Podemos remontarnos al rey Enrique VIII quien, para anular su matrimonio con Catalina de Aragón en 1534, desafió la autoridad del Papa y estableció la iglesia anglicana”
“Algunos ven al nuevo Primer Ministro, Boris Johnson, como un sucedáneo del mismísimo Enrique VIII”.
“En los siglos XVIII y XIX, una Gran Bretaña ya unida e impulsada por su revolución industrial, construyó un vasto imperio. Esto instigó un sentimiento de superioridad sobre sus vecinos europeos”.
“Esta amalgama de sentimientos de separación y de superioridad (profundamente arraigada en el inconsciente colectivo de Inglaterra) ha jugado un papel importante en el desarrollo de una relación altamente ambivalente entre Reino Unido y la Unión Europea”.
“Un caso que me viene a la cabeza, que es algo extremo pero que puede ilustrar ese arraigado perfil histórico, es el de un paciente inglés. Ante el temor de que pudiera convocarse un segundo referéndum sobre el Brexit, el pasado mes de octubre me escribió”:


 “Dr Ezquerro, si no abandonamos la Unión Europea, la democracia está muerta en este país. Si nos quedamos, seremos parte de los Estados Unidos de Europa. ¿Qué pasará entonces con nuestra familia real? Si Europa quisiese reconocer a nuestra reina como la cabeza visible de Europa, entonces, y sólo entonces, pensaré en ser parte de Europa. Si fuera necesario, estaría dispuesto a tomar las armas para mantener nuestra libertad”.

Ese sentimiento nacionalista inglés, aparentemente fuera de lugar, parece ser un síntoma de un duelo no resuelto por la pérdida de la gloria y el poder del imperio británico.




La salida del Reino Unido de la Unión Europea, también conocida popularmente como brexit, palabra combinada de las palabras inglesas Britain, ‘Gran Bretaña’, y exit, ‘salida’), fue un proceso político que consiguió el abandono por parte del Reino Unido de su condición de Estado miembro de la Unión Europea. Tras un referéndum celebrado el 23 de junio de 2016 en el que el 51,9 por ciento de los votantes apoyó abandonar la Unión Europea, el Gobierno británico invocó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, iniciando un proceso de dos años que debía concluir con la salida del Reino Unido el 29 de marzo de 2019. Ese plazo fue prolongado en primer término hasta el 12 de abril de 2019. El plazo volvió a ser prolongado hasta el 31 de octubre de 2019.2​3​ Por tercera y última vez, el plazo volvió a ser prorrogado hasta el 31 de enero de 2020.
 Pasada esa fecha, tras haberse aprobado definitivamente el Acuerdo de Retirada a las 00:00 horas del viernes 31 de enero, Reino Unido abandonó automáticamente la Unión Europea a las 23:00 horas (hora británica) de dicho día. En virtud de dicho acuerdo, habrá un periodo transitorio hasta el 31 de diciembre de 2020 por el cual Reino Unido se mantendrá en el mercado europeo y los ciudadanos y las empresas no notarán diferencias. Reino Unido y la UE deberán negociar una nueva relación comercial los siguientes meses.
La retirada de la Unión Europea ha sido defendida principalmente por los euroescépticos de derecha (aunque también en menor medida por los de de izquierda), mientras que los proeuropeos, que abarcan todo el espectro político, han abogado por la membresía continua y el mantenimiento de la unión aduanera y el mercado común. Ya en 1975 se había celebrado un primer referéndum sobre la permanencia del país en la Comunidad Económica Europea, precursora de la UE, con resultado favorable a la permanencia. En los años setenta y ochenta, la salida de la Comunidad Europea fue abogada principalmente por la izquierda política, y el manifiesto electoral de 1983 del Partido Laborista abogó por la retirada total. En 1987, el Acta Única Europea, la primera revisión importante de los Tratados de Roma de 1957, estableció formalmente el mercado único europeo y la Cooperación Política Europea
Desde la década de 1990, la oposición a una mayor integración europea vino principalmente de la derecha. Cuando en 1992 el Tratado de Maastricht, que creó la UE y el mercado único y garantizó las cuatro libertades básicas (la libre circulación de bienes, servicios, capitales y personas en toda la UE) fue presentado ante el Parlamento, hubo divisiones dentro del Partido Conservador, lo que llevó a una rebelión sobre el Tratado.
El Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP por sus siglas en inglés), formado en 1993, creció fuertemente a principios de la década de 2010 y la influencia de la campaña People's Pledge («Compromiso del Pueblo») entre partidos también se ha descrito como influyente para lograr un referéndum. El primer ministro conservador, David Cameron, prometió durante la campaña para las elecciones generales de 2015 celebrar un nuevo referéndum, una promesa que cumplió en 2016 tras la presión del ala euroescéptica de su partido. Cameron, que había hecho campaña para permanecer, renunció después del resultado y fue sucedido por Theresa May, su ex-Ministra del Interior. Llamó a elecciones generales anticipadas menos de un año después, pero perdió su mayoría general. Su gobierno minoritario fue apoyado en votos clave por el Partido Unionista Democrático.

May anunció la intención del gobierno de no buscar ser miembro permanente del mercado interior europeo o de la unión aduanera de la UE después de abandonar la UE y prometió derogar la Ley de Comunidades Europeas de 1972 e incorporar la legislación vigente de la Unión Europea en la legislación nacional del Reino Unido. Las negociaciones con la UE comenzaron oficialmente en junio de 2017. En noviembre de 2018, se publicó el Proyecto de Acuerdo de Retirada, negociado entre el Gobierno del Reino Unido y la UE. La Cámara de los Comunes votó en contra del acuerdo por un margen de 432 a 202 (la mayor derrota parlamentaria en la historia para un gobierno del Reino Unido en funciones) el 15 de enero de 2019, y nuevamente el 12 de marzo con un margen de 391 a 242 en contra del acuerdo.
El 14 de marzo de 2019, la Cámara de los Comunes votó para que May le solicite a la UE una extensión del período permitido para la negociación. Miembros de toda la Cámara de los Comunes rechazaron el acuerdo. Los líderes sindicales exigieron que cualquier acuerdo debe mantener una unión aduanera y un mercado único. Theresa May acabó dimitiendo en julio de 2019 y fue sustituida por Boris Johnson, quien obtuvo un gran resultado electoral en diciembre de ese año.

El amplio consenso entre los economistas es que el brexit tiene la posibilidad de reducir la renta per cápita real del Reino Unido a mediano y largo plazo, y que el referéndum sobre el brexit en sí mismo dañó la economía. Existe la posibilidad que el brexit reduzca la inmigración desde países del Espacio Económico Europeo (EEE) al Reino Unido, y plantea desafíos para la educación superior y la investigación académica del Reino Unido. A partir de julio de 2019, el tamaño de la "ley de divorcio" —la parte del Reino Unido de las obligaciones financieras de la UE— y las relaciones con Irlanda y otros Estados miembros de la UE siguen siendo inciertas.


Brexit: por qué Reino Unido fue siempre un miembro incómodo de la Unión Europea (y qué gana Bruselas con su salida)
31 enero 2020

Margaret Thatcher pronunció en 1988 un polémico discurso de Brujas que transformó para siempre el debate sobre Europa en Reino Unido.
"Debes saber que si tenemos que elegir entre Europa y los mares abiertos, siempre elegiremos los mares abiertos".


Estas fueron palabras que Winston Churchill, ex primer ministro británico -considerado por muchos como un héroe nacional- le dijo al general francés Charles de Gaulle en 1944, según relata el historiador Julian T. Jackson en uno de sus libros.
Más de 70 años después de este episodio histórico, la frase parece estar más vigente que nunca.

El 23 de junio de 2016, el pueblo británico participó en un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido en la Unión Europea (UE) y una mayoría votó por abandonar el bloque.
En un principio reacio a ser parte de una institución que integraba económicamente el Viejo Continente, Reino Unido se unió finalmente a la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1973, 16 años después de que fuera creada con la firma del Tratado de Roma en 1957.
La decisión se dio cuando la CEE atravesaba un boom económico mientras que la economía británica estaba estancada.
Thatcher defendía en 1975 la permanecia de su país en la UE. La adhesión no vino sin inconvenientes. Charles De Gaulle vetó dos solicitudes hechas por los británicos en 1961 y 1967. Pero después de su renuncia a la presidencia francesa en 1969, Londres envió una tercera solicitud que sí fue aprobada.
La carrera que desató el Brexit en América Latina para establecer nuevos vínculos comerciales con Reino Unido
Desde sus primeros años como miembro pleno de la CEE, germen de lo que más tarde sería la Unión Europea, Reino Unido ha tenido un pie dentro y otro fuera.
Y para muchos, el país del Brexit nunca ha realmente creído en una integración europea plena por el euroescepticismo de parte de su clase política y de su población.
No se unieron en 1985 al Acuerdo de Schengen para suprimir los controles fronterizos como tampoco en 1988 a la Unión Económica y Monetaria (UEM), por la que la mayoría del bloque adoptó el euro como moneda.
Es más, apenas dos años después de su adhesión a la entonces CEE, Reino Unido ya celebró un referéndum, el primero en la historia del país, sobre su permanencia en la institución. En ese entonces, la gran mayoría de la población apoyó la idea.
El Brexit fue aprobado en referéndum por un estrecho margen. Pero el amor de los británicos por Europa duró poco.

"Quiero mi dinero de vuelta"

Si bien antes de convertirse en primera ministra Margaret Thatcher (1979-1990) promovió una mayor integración económica con el continente, una vez se convirtió en la inquilina del número 10 de Downing Street (la residencia oficial del premier en Londres) sus posiciones cambiaron radicalmente.
En 1980, la Dama de Hierro le pidió a la CEE que ajustara las contribuciones de su país y amenazó con retener pagos de impuestos al valor agregado si no lo hacía, con una frase que trascendió en la historia: "Queremos nuestro dinero de vuelta".
"Sería un gran alivio si Reino Unido dejara la CEE", dijo el entonces mandatario griego de la época, Andreas Papandréu, en la tensa cumbre de Fontainebleau en 1984.
Su lucha con el continente duró cuatro años, pero finalmente Thatcher logró su propósito en la tensa cumbre europea de Fontainebleau en 1984.
Thatcher negoció lo que pasaría a llamarse "el cheque británico", una rebaja en las contribuciones por la que a Londres se le devuelven dos tercios del déficit fiscal de Reino Unido y el bloque europeo.
La medida se explicó porque en ese entonces más de dos tercios del presupuesto europeo iban a la Política Agraria Común, de la que Londres se beneficiaba poco.
"Sería un gran alivio si Reino Unido dejara la CEE", dijo el mandatario griego de la época, Andreas Papandréu.

El Brexit nació en Brujas

En 1986, con España y Portugal recién integrados al proyecto europeo, los 12 miembros del bloque firmaron el Acta Única Europea, la primera gran revisión del Tratado de Roma. Este nuevo documento buscaba crear un "mercado interior" en Europa con libre circulación de personas, mercancías y servicios. Pero en Londres, todo esto se veía con recelo.
Margaret Thatcher pronunció en 1988 un polémico discurso de Brujas que transformó para siempre el debate sobre Europa en Reino Unido.
En su discurso, la primera ministra advirtió sobre una supuesta intención de Europa de eliminar la soberanía nacional de sus miembros y concentrar el poder en sus instituciones.

"No hemos revertido exitosamente las fronteras del Estado en Reino Unido para verlas reinsertadas a nivel europeo, con un superestado europeo ejerciendo un nuevo dominio desde Bruselas".
Cuatro años más tarde, Reino Unido decidió abandonar el Mecanismo de Tipos de Cambio, que daría vida al euro.
En su libro Statecraft (El arte de gobernar), Thatcher aseguró que la moneda única europea era un intento de crear un "superestado " y predijo que fracasaría "económica, política y socialmente".
Y en 1995 entró en vigor el Acuerdo de Schengen, un tratado internacional a través del que varios países europeos suprimieron los controles entre sus fronteras interiores y Reino Unido tampoco quiso unirse a este proyecto.

La polémica expansión

129.000 migrantes del llamado grupo EU8 migraron a Reino Unido entre 2004 y 2005, justo después de la expansión de la Unión Europea.
El aspecto de la UE que desde un principio llevó a Londres a unirse al grupo fue el mercado común y mientras más amplio este se volvía, mejor para ellos.
Por eso, el gobierno del laborista Tony Blair se convirtió en uno de los grandes impulsores de una ampliación del bloque hacia el este del continente y gracias a la influencia británica, y el visto bueno alemán, el número de miembros de la UE pasó de 15 a 25 el 1 de mayo de 2004, incorporando, entre otros, a Polonia, República Checa y los países bálticos, creando así un espacio político y económico de cerca de 450 millones de personas.
La ampliación fue objeto de mucha controversia ya que fue la mayor en la historia de la organización.
La mayoría de los Estados miembros establecieron un período de transición de siete años antes de abrir sus fronteras a los trabajadores de los nuevos integrantes del club, con la excepción de Irlanda, Suecia y Reino Unido, que las abrieron de inmediato y sin restricciones.
Esta polémica medida hizo que entre las clases populares británicas muchos sintieran que estaban siendo "invadidos" por un contingente de trabajadores que cobraban menos que ellos y les quitaban sus empleos, un sentimiento que sería explotado por los euroescépticos.

"Es hora de que los británicos den su opinión"

El exdirigente británico David Cameron organizó el referéndum sobre el Brexit convencido de que su país votaría a favor de quedarse en la Unión Europea.
Según una investigación realizada por la Unidad de Investigación de Migración del profesor John Salt, de la University College de Londres, 129.000 migrantes del llamado grupo EU8 -que incluye a Polonia, Hungría, República Checa, Estonia, Lituania, Letonia, Eslovaquia y Eslovenia- ingresaron a territorio británico entre 2004 y 2005.
Esta ola migratoria exacerbó la retórica antieuropea en Reino Unido y sumada con la crisis financiera de 2008, que golpeó fuertemente la economía británica y al resto del continente, puso sobre el tapete la cuestión sobre la membresía del país en la UE.
Tras 13 años de gobiernos laboristas, el Partido Conservador de David Cameron ganó las elecciones en 2010 y en enero de 2013 el exmandatario aseguró que era "hora de que los británicos dieran su opinión" sobre el tema.
Con esta filosofía y buscando la reelección en 2015, Cameron basó su campaña electoral en torno a la promesa de organizar un referéndum sobre la permanencia de su país en la organización.
Y tan solo un año después de su victoria, la cumplió. Lo demás ya es historia.

Una oportunidad para la UE

Para Jean Pierre Maury, director adjunto de la Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas con sede en París, Londres nunca estuvo "completamente" dentro de la UE.
"Se integró a una parte de la unión: la relacionada con el libre comercio. Pero siempre se mostró incómodo con una integración mayor", le dice a BBC Mundo.
El experto en relaciones internacionales cree que después del Brexit "nos daremos cuenta de que Reino Unido frenaba el avance de la organización" y aunque asegura lamentar la salida de los británicos de la UE, sugiere que la integración comunitaria será más fácil sin Londres.
Según un estudio publicado en 2014 por la firma Deloitte, el 40% de las multinacionales con una sede en Europa escogió Londres, ya sea para montar su sede principal o simplemente abrir una oficina, seguida de lejos por París con un 8%, Madrid (3%), Ámsterdam y Bruselas (2,5% cada una).

Con el Brexit, la UE no solamente pierde un miembro, sino su segunda economía más importante, que representaba cerca del 15% de su PIB y que contribuía con más de US$13.000 millones al año a su presupuesto.
También pierde un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU y un Estado cuya capital es uno de los mayores centros financieros del mundo.
Sin embargo, dirigentes continentales -como el primer ministro francés, Édouard Philippe- ven la salida de Reino Unido del bloque como una ocasión para fortalecer la competitividad de sus países y atraer negocios instalados actualmente en Londres.
"Francia tiene una oportunidad única, aprovechando el potencial que tiene nuestro centro financiero, para hacer que París se convierta en el principal centro financiero europeo después del Brexit", aseguró Philippe en un discurso en la capital francesa en 2017.
Autoridades holandesas y alemanas han expresado deseos similares con respecto a Ámsterdam y Fráncfort respectivamente.
Otra ventaja del Brexit para los demás países de la EU, según Maury, es que, ante el temor de que la organización se desmorone, sus dirigentes se verán obligados a comunicar objetivos de una manera más clara a sus ciudadanos y establecerán mejor sus prioridades, lo que podría reforzar su carácter democrático.
Pero el futuro no será fácil debido, sobre todo, por el aumento del populismo en el continente.
Este 2020 se vienen unas negociaciones que se presentan complicadas entre la UE y Londres en las que las dos partes tendrán que determinar qué relación quieren. Todos coinciden en que lo que más les beneficiaría sería un divorcio amistoso. No está claro que lo puedan lograr.

jueves, 2 de enero de 2020

El Reino Unido y el Brexit.-a

La Reina Isabel II y el Príncipe de Gales, durante la apertura estatal del Parlamento
 en la Cámara de los Comunes en Londres.
Querido Martín 

Es interesante un comentario de la prensa publicado por  La Mirada del Lector de La Vanguardia, sobre la separación del reino unido de la  Unión Europea, el articulo dice los siguiente: 
Resido en Reino Unido desde febrero de 2016, en la ciudad de Gloucester, Inglaterra, ejerzo de auxiliar de enfermería en una residencia de mayores. No es el trabajo con el que soñé, pero no me da ni más ni menos que lo que siempre quise, sueldo para pagar lo inevitable y para viajar, tiempo libre y perspectiva. Mucha perspectiva”.
Así se presenta español, residente en reino unido, escritor Lázaro Caldera, que ha querido compartir su experiencia ante la prensa.

El testimonio de Lázaro llega en un momento de especial incertidumbre, después de la victoria electoral del primer ministro británico  Boris Johnson, en la cámara de comunes de Reino Unido, ya que facilita su plan político para salir de la Unión Europea el 31 de enero del 2020.
“No puedo empezar esta reflexión, mitad análisis, mitad experiencia personal y opinión, tras muchas lecturas y estudios, sin decir que comentar en poco tiempo y espacio la cuestión del Brexit es casi imposible”.
“En tres años, sin embargo, creo que he tenido tiempo suficiente de ver y entender muchas de las singularidades del país y sus habitantes, para leer y documentarme, y espero que eso me sirva al menos para que el intento no quede en desastre”. dice  escritor Lázaro Caldera.

Nación Constituida 

Conviene recordar don Martín , siempre que se hable de cualquier tema referente al Reino Unido, que esta nación está constitutiva por  cuatro países que son  Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte, cada una fuerte particularismo histórico, jurídico,  de tradiciones y cultura propia. Históricamente, la preponderancia de Inglaterra en la unión,  ha sido total, a todos los niveles, pero sobre todo cultural, económica, jurídica y políticamente. 
Resulta difícil nombrar algún rasgo británico que no sea propiamente inglés y a la vez que se asocie con la imagen de Reino Unido. Por tanto, la escasa visibilidad que tienen el resto de nacionalidades en el imaginario cultural e icónico de lo que conocemos como “cultura británico” es un reflejo muy ilustrativo de cómo Inglaterra es sin duda el núcleo de la identidad británica, sede de su monarquía, capitalidad, gobierno y motor económico de toda la nación, proceso que se inicia con la romanización de la isla y tiene un amplio desarrollo posterior, sobre todo desde el siglo XVI.

Inglaterra

Inglaterra nunca se ha sentido muy segura formando parte de la Unión Europa, básicamente porque fue durante siglos una potencia imperial mundial que compitió, sobre todo con grandes potencias europeas de su época, como fue España, Francia y Alemania.

Consciente de su poderío e independencia,  creó una identidad cultural que les hizo, y de alguna forma aún les hace creerse dueños del mundo o al menos con pleno derecho a serlo, idea que alcanzó su máximo expresión durante el reinado de reina Victoria, en la mayor parte del siglo XIX.
No es hasta el siglo XX y pasadas ambas guerras mundiales cuando el espíritu imperial y prepotencia decaen en inglaterra, solo una mezcla inteligente de propaganda política, audaces tratos comerciales y uso del deporte como herramienta socializadora mantienen vertebrados todos los territorios que eran  del Imperio británico.

En este contexto, la sociedad británica ha evolucionado a lo largo del siglo XX hasta que se llegó, quizá a finales de los años 80, a una ruptura social intergeneracional fruto de varios años de decadencia económica e incapacidad por parte de las generaciones que vivieron los últimos años del Imperio a adaptarse a la globalización y todo lo que ésta trajo consigo”, dice el escritor Lázaro Caldera.
“Se llegó a un punto de no retorno en que una parte de la sociedad, entrada en años y heredera nostálgica de aquellos años dorados de poderío militar y colonial, tenía que convivir con una juventud que, poco a poco, entraba en contacto e importaba identidades e iconos culturales que no eran británicos”.

Era una juventud británica que se adapta a la aldea global, en contraposición a una población madura que se aferraba a sus valores culturales y morales ingleses, que por otra parte parecían estar sucumbiendo.

El norte y sur de Inglaterra 

“La economía del norte, industrial y agraria, era incapaz de competir frente al sur, turístico y canalizador del arte y de las nuevas tendencias globales y culturales, teniendo a Londres como máxima expresión del nuevo concepto de “polis”, multicultural, globalizadora, principio y fin de la nueva expresión de la condición humana”.
“El gobierno y gestión de Lady Thatcher no hizo sino ahondar aún más en las divisiones sociales históricas, con la particularidad de que en, contraposición a otros estados europeos, el sur británico era próspero frente al norte”.
Lázaro Caldera

La brecha norte-sur de Inglaterra era una realidad absoluta. Inglaterra, y por consiguiente Reino Unido, ya no era una potencia militar e imperial que exportaba valores, se había convertido, definitivamente, en un emporio donde se mezclaban e intercambiaban todas las manifestaciones identitarias y culturales del mundo.

Y no toda la sociedad fue ni es capaz de digerir esa idea. En este contexto, el desarrollo cultural y social que se dio en los 90 y principios del nuevo milenio han tenido como consecuencia un discurso político tenso y dividido entre los principales partidos, alejado de la clásica idea de consenso que suele imperar en la visión que de la política británica se tiene en el exterior, teniendo como máximos exponentes el debate en torno a la guerra de Irak y los acuerdos de paz en Irlanda, que no contentaron a todos aunque aseguraron el fin de la violencia”.
Los conservadores capitalizan históricamente el voto tradicional y de los rangos de edad más altos, mientras que los laboristas mandan entre los más jóvenes y en los territorios, sobre todo del norte inglés, más afectados por la crisis de la industria y la minería a finales de los 70 y mediados de los 80”.
 Lázaro Caldera

Referéndum

Ex primer ministro británico David Cameron, en su afán por mantener unido el partido conservador, entre facciones pro y contra de unión europea, lanzó la idea para el referéndum de pertenencia a la UE consciente de que una parte de su partido, y él mismo, empezaba a ver peligrar su posición frente al laborismo y los nuevos partidos surgidos tras la crisis, que hizo aumentar las tensiones territoriales y reabrió el debate unionista en Gales, Escocia e Irlanda del Norte.

El problema de la campaña a favor del Brexit fue el uso indiscriminado de noticias y datos falsos, como el hecho de que Europa hubiese planteado la entrada de Turquía en la Unión y los supuestos riesgos que conllevaba, la capitalización del miedo irracional a la emigración, cuando está demostrado ampliamente que la inmigración extracomunitaria es mayor que la europea, y por supuesto, el delito de apropiación de datos personales de miles de ciudadanos para beneficio político, hecho éste sin aparentes consecuencias penales para quiénes lo autorizaron”.
“De la campaña a favor de la permanencia, qué se puede decir, a la posición ya débil del exprimer ministro Cameron se unió la ambigüedad reiterada de Jeremy Corbyn, líder de una izquierda que en sintonía con sus hermanas europeas parece haber encontrado más rentabilidad política en la lucha feminista y climática que en la tradicional representación de la clase trabajadora, que a la postre les devolvería el favor en las últimas elecciones”.
Del resto de partidos conviene señalar únicamente a los nacionalistas escoceses y republicanos irlandeses, únicos vencedores que verían sus frutos en los últimos comicios”.
 Lázaro Caldera

Conclusión  

La victoria electoral de conservadores de Johnson, provocara la salida oficial de Reino Unido de Unión Europea, pero alentara los movimientos separatistas de Escocia, y menor medida de  Gales e Irlanda, Es muy probable que Escocia se separe de Reino Unido, ya que mayoría de población  quiere ser parte de la Unión Europea, para recibir subsidios de esta entidad supranacional, ademas fuerte particularismo como país. 



 "Global Britain" que Reino Unido prepara para después de abandonar la UE

"Cuando salgamos de la Unión Europea, habrá enormes oportunidades en todo el mundo. Y Reino Unido será una fuerza para el bien".
Esta frase, del ministro de Exteriores, Dominic Raab, sintetiza parte de la imagen que los gobiernos conservadores liderados por Theresa May y Boris Johnson han promovido para enfrentar la era post-Brexit.
Con un país profundamente polarizado, este viernes 31 de enero  2020  Reino Unido abandonó la Unión Europea luego de más de tres años de enfrentamientos internos y crisis políticas que han dejado un país fracturado.

Creado como un eslogan para contrarrestar la idea de que la salida del bloque significa aislamiento, la narrativa de una "Global Britain" apunta a impulsar al país como líder mundial, idea que los más críticos consideran como una "nostalgia colonialista".


Boris Johson lo explicó en su primer discurso como jefe del gobierno como la idea de recuperar el "papel natural e histórico" de su país como "emprendedor, que mira hacia el exterior y que es verdaderamente global, generoso y comprometido con el mundo".

Una influencia diplomática, comercial, militar y cultural, según ha quedado plasmado en documentos oficiales que se refieren a lo que sería el nuevo rol del país en el contexto global, guiado por "los valores del libre comercio, la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho internacional".

La economía post-Brexit

Parte del pensamiento económico detrás del Brexit es que la salida del bloque liberará a Reino Unido de las supuestas restricciones que significaba pertenecer a la Unión Europea.
Uno de los grandes beneficios de salirse de esta "jaula", según la visión gubernamental, es que el país contará con la libertad de negociar acuerdos comerciales con todo el mundo.

"Queremos ser buenos vecinos europeos y bucaneros del libre comercio mundial", dijo Raab al esbozar la visión de "Global Britain".

Una influencia diplomática, comercial, militar y cultural, según ha quedado plasmado en documentos oficiales que se refieren a lo que sería el nuevo rol del país en el contexto global, guiado por "los valores del libre comercio, la democracia, los derechos humanos y el estado de derecho internacional".
La economía post-Brexit
Parte del pensamiento económico detrás del Brexit es que la salida del bloque liberará a Reino Unido de las supuestas restricciones que significaba pertenecer a la Unión Europea.
Uno de los grandes beneficios de salirse de esta "jaula", según la visión gubernamental, es que el país contará con la libertad de negociar acuerdos comerciales con todo el mundo.

"Queremos ser buenos vecinos europeos y bucaneros del libre comercio mundial", dijo Raab al esbozar la visión de "Global Britain".

"Debería negociar un acuerdo comercial preferencial con EE..UU. y, al mismo tiempo, buscar acuerdos comerciales con países con los que EE.UU. no los tiene", apunta.

"Eso convertiría a Reino Unido en un atractivo centro para los negocios en el mercado estadounidense".

"Debería negociar un acuerdo comercial preferencial con EE..UU. y, al mismo tiempo, buscar acuerdos comerciales con países con los que EE.UU. no los tiene", apunta.

"Eso convertiría a Reino Unido en un atractivo centro para los negocios en el mercado estadounidense".

Debido a estas circunstancias, apunta, el país debería diseñar su estrategia nacional teniendo cuenta ese nuevo escenario.
"Global Britain" y su política exterior
El gobierno de Boris Johnson ha delineado algunas directrices para reinstalar la posición de Reino Unido en el tablero del poder global.
Entre ellas, su ministro de Exteriores ha planteado que el país seguirá siendo un miembro destacado de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN, por sus siglas en inglés), "asegurando que la alianza pueda enfrentar nuevos desafíos por delante".

En relación a los conflictos actuales, ha responsabilizado a Irán por sus "acciones desestabilizadoras" y al gobierno ruso por "no respetar el derecho internacional".

En relación a Hong Kong, Raab ha manifestado que apoya "su derecho a protestar pacíficamente" y que alienta el diálogo de todas las partes.
Como causas globales, el canciller Raab ha dicho que el país demostrará su "liderazgo mundial sobre el cambio climático y defenderá los derechos humanos básicos".
A pesar de estas afirmaciones puntuales, algunos analistas critican que el gobierno no cuenta con una verdadera estrategia para materializar su visión de "Global Britain" tras el Brexit.

Sophia Gaston directora de Investigación de Arena, unidad de análisis del Instituto de Asuntos Globales de la London School of Economics, argumenta que el eslogan es uno de los pocos elementos consistentes que se han mantenido en la narrativa de May y Johnson en los últimos tres años y medio.

Sin embargo, no está claro a qué se refiere exactamente.

"Cuando se revele, Global Britain será el marco central en torno al cual se unirán todas nuestras asociaciones y actividades internacionales, y establecerá el tono de nuestro propósito diplomático, militar y estratégico y la expresión de nuestros valores", le dice Gaston a BBC Mundo.
"El gran desafío para Reino Unido es definir su rol global en un momento en que el orden mundial está experimentando cambios", señala Gaston.
Otros expertos, como Mehdi Boussebaa, profesor y codirector del centro de investigación International Business and Enterprise de la Escuela de Negocios de la Universidad de Glasgow, piensan que la narrativa detrás del Global Britain es un concepto equivocado.
"Es una mala idea imperialista", le dice a BBC Mundo.
El tema, argumenta, tiene múltiples raíces, siendo una de ellas la "melancolía postcolonial que ha afectado al país desde la pérdida de su imperio".
¿Al borde del acantilado?
Por lo pronto, con la salida de la Unión Europea comienza una etapa de difíciles negociaciones comerciales con el bloque.
"Las empresas aún enfrentan el riesgo de un Brexit al borde del acantilado a fin de año, dado el poco tiempo disponible para negociar una futura relación comercial entre Gran Bretaña y la Unión Europea", advirtió esta semana Michel Barnier, el negociador del bloque para este asunto.
Michel Barnier, negociador de la Unión Europea, advirtió que existe poco tiempo para negociar.
La Unión Europea "nunca, nunca, nunca" pondrá en riesgo la integridad del mercado único del bloque a la hora de negociar un acuerdo comercial con Reino Unido, apuntó. Aunque la salida oficialmente sea este viernes 31 de enero, el país seguirá en el mercado único, aunque solo sea durante el período de transición que termina a fines de este año.

Es por eso que las negociaciones durante los próximos meses serán a contrarreloj, mientras que la materialización del "Global Britain" puede tomar años o décadas. Si es que alguna vez llega a concretarse.

domingo, 1 de septiembre de 2019

El Brexit.-a

Introducción

La salida del Reino Unido de la Unión Europea, también conocida popularmente como brexit ([ˈbreksit], palabra combinada de las palabras inglesas Britain, ‘Gran Bretaña’, y exit, ‘salida’), fue un proceso político que consiguió el abandono por parte del Reino Unido de su condición de Estado miembro de la Unión Europea.

 
Tras un referéndum celebrado el 23 de junio de 2016 en el que el 51,9 por ciento de los votantes apoyó abandonar la Unión Europea, el Gobierno británico invocó el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, iniciando un proceso de dos años que debía concluir con la salida del Reino Unido el 29 de marzo de 2019. Ese plazo fue prolongado en primer término hasta el 12 de abril de 2019. 
El plazo volvió a ser prolongado hasta el 31 de octubre de 2019. Por tercera y última vez, el plazo volvió a ser prorrogado hasta el 31 de enero de 2020.​ Pasada esa fecha, tras haberse aprobado definitivamente el Acuerdo de Retirada a las 00:00 horas del viernes 31 de enero, Reino Unido abandonó automáticamente la Unión Europea a las 23:00 horas (hora británica) de dicho día. 


Sobre el Brexit  4 por Lorenzo Bernaldo de Quirós.

Pasaporte británico desde marzo de 2020.


Las repercusiones económicas y geoestratégicas del Brexit son sin duda relevantes y tendrán una incidencia negativa, pero el problema es mucho más profundo e inquietante: refleja la crisis de identidad del conservadurismo en el mundo occidental, con potenciales graves impactos sobre el devenir de la democracia liberal. En los sistemas bipartidistas, el nacionalpopulismo ha tomado el control del Partido Republicano en Estados Unidos y del Conservador en el Reino Unido, dos países nunca antes contaminados por ese virus y, en los multipartidistas, su posición se ve amenazada por la emergencia de formaciones iliberales con un marcado sesgo reaccionario que, por vez primera desde la Segunda Guerra Mundial, exhiben sin complejo alguno su hostilidad a los principios sobre los que se fundamentan las democracias liberales.
El caso británico reviste una especial gravedad. Desde comienzos del siglo XIX, los conservadores isleños fueron tan hostiles a la revolución como a la reacción. En los últimos dos siglos, su escepticismo ante los cambios radicales ha sido siempre acusado pero también su firme defensa de los derechos y de las libertades individuales, elementos básicos de un singular modelo constitucional generado a lo largo de un proceso evolutivo cuyo símbolo es la soberanía del Parlamento en el marco del rule of law. En clave burkiana, los tories valoraban sus instituciones tradicionales porque garantizaban el binomio estabilidad-libertad, a diferencia de un conservatismo continental que durante un largo periodo de tiempo hundió sus raíces en tradiciones ajenas a la libertad.

Desde esta óptica, la actitud de los brexiters duros, de los partidarios de abandonar la Unión Europea sin acuerdo, en ausencia de una mayoría de los Comunes a favor de esa postura, tiene un hondo y preocupante calado. Por un lado, socava la soberanía del Parlamento, que es la base de una democracia representativa, al negar de facto que los Comunes representen la verdadera voluntad popular; por otro, la suspensión del Parlamento durante 55 días para asegurar una salida forzosa de la Unión Europea el próximo 31 de octubre constituye un fraude constitucional; esto es, el uso de un procedimiento para conseguir una finalidad distinta al espíritu de aquel.

El argumento esgrimido por Boris Johnson conforme al cual su actitud es un método para renegociar la futura relación de Gran Bretaña con la UE es perverso por definición
Ambos factores no tienen precedentes en la historia política británica. Desde 1945, el promedio de días en los que el Parlamento suspendió sus funciones fue de 23, y en un escenario dramático como el del periodo 1939-1945 se mantuvo abierto casi de manera permanente. Quizás o, mejor, sin duda, Boris Johnson no pretende o no considera que su comportamiento altera de manera sustancial los modos, costumbres y convenciones de la Constitución británica, pero el resultado es el mismo y los daños son claros. No hay nada más incompatible con el estilo y hábitos constitucionales del Reino Unido que el populismo.

El argumento esgrimido por el primer ministro conforme al cual su ­actitud es un método para renegociar la futura relación de Gran Bretaña con la Unión Europea olvida algo esencial: el fin no justifica los medios y el recurso a ese criterio es perverso por definición. Tal vez esa práctica no sea ilegal en ocasiones, pero constituye un tor­pedo a la línea de flo­tación de la democracia liberal. En la práctica, esa es la técnica utilizada en Hungría por ­Orbán y en Polonia por Ley y Justicia para socavar desde el poder los cimientos del orden de­mocrático, eso sí, en nombre del pueblo y, en su caso, con un soporte mayoritario de sus parlamentos. Es la degeneración de la democracia en demagogia que se traduce en autoritarismo con ­ropajes democráticos. Es obvio que el Reino Unido no está ahí, pero de igual modo lo es que la actuación de Johnson y de su Ga­binete es cuando menos impropia.
Por lo que respecta al divorcio entre una mayoría de la población partidaria del Brexit a cualquier precio y una clase política opuesta a él, es preciso realizar algunas importantes consideraciones. De entrada, el margen de victoria de los brexiters fue muy estrecho, 1,9 puntos; una diferencia ridícula en una decisión de tal calado, la de mayor importancia adoptada por Gran Bretaña desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Dicho eso y asumiendo que, aun con esa exigua victoria, existía un mandato mayoritario para irse de la UE, ni en el referéndum ni en las elecciones parlamentarias que siguieron a este se votó a favor del adiós a Europa sin un acuerdo. En otras palabras, el Brexit duro carece de legitimidad democrática.

El problema del Brexit refleja la crisis de identidad del conservadurismo en el mundo occidental, con potenciales graves impactos sobre el devenir de la democracia liberal
En los ámbitos po­pulistas se considera la inmigración el factor determinante del voto a favor del Brexit. Los ciu­dadanos británicos reaccionaron en defensa de su identidad cultural e incluso racial contra la invasión extranjera y el cosmopolitismo antinacional de las élites. Sin embargo, el análisis de los datos es difícil de conciliar con esa tesis. De hecho, los resultados son muy interesantes. Londres y el sur de Inglaterra han sido los principales receptores de los flujos migratorios recibidos por Gran Bretaña durante los últimos veinte años. En esas partes del país es donde la votación a favor del remain fue mayor. Paradójicamente, las zonas con una menor presencia de población inmigrante son en las que el Brexit obtuvo una resonante victoria. En paralelo, la tasa de participación en el mercado laboral y en el empleo de los individuos nacidos en el Reino Unido no ha declinado sino aumentado, lo que indica que los nativos no se han visto perjudicados por la inmigración. Por último, esta ha realizado a las arcas públicas una contribución neta positiva. Entre el 2001 y 2011 fue de 22,1 miles de millones de libras. (S. Nickell & J. Saleheen, The impact of immigration on occupational wage: evidence from Britain, Bank of England, 2015).

La caída en la tentación nacionalpopulista de lo que ha sido un bastión histórico de la derecha liberal británica, el Partido Conservador, es el ejemplo paradigmático de la pe­ligrosa deriva-amenaza a la que se enfrenta el discurso anticolectivista en el mundo occidental. Con una izquierda infectada por las bacterias identitarias de la corrección política y con una derecha cada vez más alejada del liberalismo, se auguran malos tiempos para las democracias occidentales.

El futuro de la relación con la UE

El rechazo del Parlamento a un Brexit sin acuerdo y a una convocatoria de elecciones legislativas antes del 31 de octubre sólo deja en teoría una opción: la petición del Reino Unido de una prórroga con vistas a renegociar su salida de la Unión Europea y la aceptación de esa iniciativa por parte del resto de los gobiernos europeos. Boris Johnson ha conducido a su partido a una ruptura histórica y ha quebrado de manera sustancial su mayoría parlamentaria ante el voto contra sus propuestas de 21 diputados tories, entre ellos, el nieto de su héroe, Winston Churchill. El Parlamento ha reafirmado su carácter soberano ante el Ejecutivo, pero el escenario sigue abierto y la incertidumbre permanece.

El historiador de origen británico firma en 'Los europeos' una hermosa e imponente historia cosmopolita de la cultura europea que unificó al continente en el siglo XIX
DANIEL ARJONA

En 1832 Berlioz acudió al Teatro Cannobiano de Milán para ver la ópera 'L'elisir d'amore' de Donizetti. Como describiría el compositor francés en sus memorias, halló el teatro lleno de gente que parloteaba de espaldas al escenario en mitad de la actuación mientras los sufridos cantantes "gesticulaban y se dejaban los pulmones gritando con el más estricto espíritu de rivalidad. Al menos tuve que suponer que eso era lo que estaban haciendo, por sus bocas abiertas; pero el ruido del público era tal que no penetraba ningún sonido, excepto el del bombo. Había gente apostando, cenando en sus palcos, etcétera". Aquello, sin embargo, estaba a punto de cambiar. Apenas una década después, el silencio se había impuesto ente el público históricamente bullicioso de todo el continente, un proceso veloz y sorprendente motivado quizás por la inseguridad y la necesidad de respeto que emanaba de la nueva clase social ascendente: la burguesía. Tal sortilegio -de importancia no menor al alumbramiento de la lectura silenciosa muchos siglos antes por San Ambrosio de Milán- es sólo una de las maravillas que recoge 'Los europeos' (Taurus), el nuevo libro, y apabullante festín, del historiador de origen británico Orlando Figes (Londres, 1959).

¿De 'origen' británico? Sí porque Figes, autor de aclamados superventas sobre la Revolución Rusa, es uno de los pocos ingleses que se han atrevido a dejar de serlo tras el drama que supuso el Brexit para los cosmopolitas de su país en 2016, momento en el que solicitó -y logró- la nacionalidad alemana para no dejar de ser europeo:

"Mi hermana y yo", relata a El Confidencial "nos nacionalizamos legalmente gracias al artículo 116 de la constitución alemana que permite a los descendientes de judíos privados de su nacionalidad por los nazis reclamarla. Fue un proceso fácil porque teníamos los documentos y nos llevó solo cuatro meses. Mis conocidos tenían todos envidia de nosotros porque a ellos también les gustaría disfrutar de un pasaporte de la UE y están tratando de obtener uno por otros medios".

'Los europeos: tres vidas y el nacimiento de la cultura cosmopolita' -excelentemente traducido por María Serrano- despliega una historia de la cultura europea en ese fascinante momento a mediados del siglo XIX en el que, a lomos del ferrocarril, la literatura, el arte y la música fluyeron como nunca antes en la historia del continente derrumbando fronteras. Un triángulo amoroso protagoniza esta historia cuyos tres vértices son Pauline Viardot, de origen español y una de las cantantes de ópera más célebres de todos los tiempos, su esposo, el director teatral y crítico de arte Louis Viardot, y su amante, el apasionado, melancólico y genial escritor ruso filoeuropeo Iván Turgenev.

PREGUNTA. Leer ‘Los europeos’ en tiempos de cierres, identidades emergentes y nacionalismos, cuando el proyecto de unión europea peligra, deja un poso amargo. ¿Ha escrito un canto al cosmopolitismo o su epitafio?

RESPUESTA. Espero que sea un canto, uno que nos recuerde la importancia de una cultura compartida en un momento en que los estados nacionalistas en Europa tienden a olvidarlo.

P. Toda acción genera su reacción. Su libro concluye con el ‘affaire Dreyfus’ cuando los demonios de la tradición, del nacionalismo reaccionario y del antisemitismo renacieron contra la forja de una cultura europea universal y los supuestos males del comercio. ¿Vivimos hoy un momento de reacción similar?

R. Ciertamente, estamos experimentando una reacción nacionalista contra la globalización, pero se debe principalmente a los temores económicos, la inmigración y los cambios tecnológicos que han permitido a los autoritarios populistas jugar con esos temores y divisiones. Pero no creo que se trate de una reacción violenta contra la cultura cosmopolita en la forma en que lo fue la reacción nacionalista contra la 'cultura extranjera' a fines del siglo XIX: el temor, por ejemplo, a que una literatura francesa 'nativa' se perdiera si los libros extranjeros traducidos dominaban el mercado del libro, como comenzaba a ocurrir en Francia en el período de Dreyfus. De todos modos, aquel fue un fenómeno relativamente pequeño: el pico del cosmopolitismo cultural aún estaba por llegar, después de todo, alrededor de 1914, y naufragó en las rocas del nacionalismo político, las rivalidades imperiales y el militarismo, no culturalmente, aunque es cierto que pasó a formar parte del nacionalismo fomentado por los fascistas y los nazis: el rechazo del cosmopolitismo extranjero ("judío"). Hoy no veo tal reacción: el mercado cultural está completamente globalizado y los movimientos nacionalistas no avanzarán mucho reaccionando contra eso.

P.Los europeos’ tiene un protagonista global: la burguesía. Su ascenso en todo el continente y sus relaciones internacional juegan un papel clave en la unificación de los gustos culturales. Pero, ¿no falta una pata en esta historia? ¿No se alzaban las majestuosas óperas sobre la explotación, el imperialismo y la miseria de la mayoría? En su último libro Piketty defiende que en el siglo XIX se desarrolló una desigualdad económica nunca antes conocida en la que acabarían germinando las grandes tragedias del siglo XX.

R. No es "la burguesía" la protagonista. Mi investigación muestra que la ópera era popular, que los artesanos y los trabajadores también iban a conciertos de música clásica en los Jardines de Crystal Palace y otros lugares populares. Los libros de bolsillo baratos y los folletines seriales en los periódicos fueron leídos por una amplia gama de personas. El protagonista impersonal, si lo hay, en mi libro es el mercado, y tecnologías como el ferrocarril o la impresión masiva, que permitieron la difusión de una cultura de masas por todo el continente. Por supuesto, existió una enorme desigualdad en el XIX, pero en muchos sentidos este acceso ampliado a la 'cultura', a través de partituras baratas, libros, reproducciones de arte, fotografías de celebridades, turismo masivo, etc., ayudó a suavizar sus efectos.

El Brexit no estaba destinado a terminar de esa manera. De hecho, hubiera sido impensable hace solo unos años

P. Describe en su libro a los británicos como seguros “de su propia superioridad respecto a los europeos y, en realidad, respecto a todos los extranjeros”. Tal carácter británico parece inmune a la transformación hasta hoy. ¿Ha demostrado el Brexit que la integración de UK en Europa fue una vana esperanza que, más tarde o más temprano, iba a acabar mal?

R. Gran Bretaña está profundamente dividida. Tiene una gran 'intelligentsia' (básicamente aquellos con un título universitario) que se siente europea, y cada vez más, durante los últimos 50 años, ya que trabajó, vivió y viajó más por Europa, disfrutó de la comida europea, el cine, etc., si no aprendió también a hablar en muchas lenguas europeos. Pero también posee una gran población poco formada que se ve a sí misma como 'inglesa' (y quiero decir inglés, porque esto no es cierto para los escoceses) y comparte esas mismas ideas de excepcionalismo y superioridad inglesas en Europa (arraigadas en ilusiones sobre el Imperio y mitos sensacionalistas sobre la Segunda Guerra Mundial) que fueron exhibidos por los ingleses en el siglo XIX. Encuentro profundamente deprimente que esos británicos sin formación hayan forzado a Gran Bretaña a salir de la UE, pero no estaba destinado a terminar de esa manera. De hecho, hubiera sido impensable hace solo unos años.

P. Rusia interpreta al elefante en la habitación de tu libro, un país gigantesco que no sabe si quiere o no ser parte de la esfera europea. ¿Es esta ambivalencia rusa, aún no aclarada hoy en día, uno de los grandes dramas de nuestra era?

R. Pero Rusia era una parte esencial de Europa a fines del siglo XIX. ¿De qué otra forma podría haber producido los nuevos ballets rusos que tomaron por asalto Europa? Hubo, por supuesto, una ambivalencia ideológica y política sobre la orientación de Rusia hacia Occidente, y esto se ha fortalecido mucho con Putin, quien, como Erdogan en Turquía, apela al sentimiento nacionalista al enfrentar los "valores rusos" contra los occidentales (liberalismo, tolerancia, multiculturalismo, derechos LGBT, etc.). Y creo que tiene razón: la lucha por los "valores" será crucial en los próximos años a medida que otros líderes nacionalistas movilicen a sus partidarios contra los principios liberales.


P. El ferrocarril es el otro gran protagonista aquí. Pero es curioso como el mismo medio que une a Europa a mediados del XIX sirve para transportar a los soldados que destruyen el continente en 1914. También cuando nació Internet pensamos que iba a unir al mundo y hoy las redes nos separan y enemistan de manera cada vez más radical. ¿Y si fuera utópico en realidad vencer la tendencia tribal de la naturaleza humana y el cosmopolitismo una excepción que a duras penas volverá a repetirse?

R. Tal vez fue utópico pensar que los ferrocarriles podrían unir a las naciones, pero no estoy seguro de que Internet sea la comparación correcta con los ferrocarriles en el sentido que quiere decir. Internet crea burbujas: redes de personas con ideas afines cuyos prejuicios se refuerzan al hacerse eco, amplificarse, mientras que las fuentes de información (por ejemplo, gobiernos nacionales, medios de comunicación) que no están de acuerdo con ellas se desprecian fácilmente ('fake news'). Los ferrocarriles lograron algo diferente: abrieron pequeñas comunidades a nuevas ideas e información, contrarrestando los prejuicios y la estrechez mental.

P. ¿Puede ser neutral un canon? La historia de Pauline Viardot, Louis Viardot e Iván Turgenev simboliza el nacimiento de un canon artístico europeo que parece muy determinado por el optimismo imperante en el XIX. Porque los desastres del XX provocan una reacción encarnada en las vanguardias artísticas que denuncian la cultura burguesa como sostén ideológico del poder...

R. Esa es una perspectiva marxista, no sin algunos elementos de verdad, pero reduccionista. Si se constituyó un canon europeo de obras en el XIX, no fue por la dominación 'burguesa', lo que sea que eso signifique, sino por el mercado: la economía de la producción (gestión de conciertos y teatro, publicaciones, etc.) significaba que la mayoría de las obras exitosas (es decir, populares) fueron las que más se produjeron. Así funciona el mercado, y así forjó un canon en el siglo XIX.

Boris Johnson 

Boris, es el primer ministro que pudo sacar el Brexit 

Alexander Boris de Pfeffel Johnson (Nueva York, 19 de junio de 1964)​ es un político y periodista británico. Es líder del Partido Conservador y desde el 24 de julio de 2019, primer ministro del Reino Unido.
Hijo de Stanley Johnson, ex miembro conservador del Parlamento Europeo y empleado de la Comisión Europea y del Banco Mundial, y de la pintora Charlotte Fawcett. Fue el mayor de cuatro hermanos.

Su nacimiento fue registrado por las autoridades de los Estados Unidos y en el Consulado Británico de la ciudad, que le concedieron la ciudadanía norteamericana y británica. Su padre, descendiente del rey Jorge II de Gran Bretaña, estudiaba por entonces economía en la Universidad de Columbia. Con antepasados turcos, franceses y alemanes.
En 1969, la familia regresó al Reino Unido, instalándose en la granja familiar de Stanley en Nethercote, cerca de Winsford en Exmoor. De niño sufrió sordera severa y tuvo que someterse a varias operaciones quirúrgicas.
Cursó sus primeros estudios en la escuela de Eton, y después estudió los clásicos en la Universidad de Oxford.
Tras graduarse empezó a trabajar en una firma de consultoría, donde renunció a la semana por encontrar su labor aburrida. Ingresó en el diario The Times, de donde fue despedido por inventar una cita para un artículo. Después pasaría por el Daily Telegraph y la revista The Spectator.

Domina además del inglés, el francés e italiano, y habla alemán y español. En 1989, fue corresponsal de The Daily Telegraph en Bruselas. Su artículo «El Plan Delors para gobernar Europa» le convirtió en el periodista favorito de la Primera Ministra Margaret Thatcher.
Fue parlamentario de 2001 a 2008 por Henley en la cámara de los Comunes, un distrito conservador del condado de Oxfordshire. Durante 2004, fue vicepresidente del partido Conservador, y en 2005, David Cameron, le eligió para el puesto de Shadow Minister (portavoz de la Oposición Parlamentaria) de Educación Universitaria.
El 16 de julio de 2007, anunció su intención de presentarse como candidato conservador a la alcaldía de Londres, candidatura que fue confirmada por el partido el 27 de septiembre. Resultó elegido el 2 de mayo de 2008, venciendo al hasta entonces alcalde, Ken Livingstone, político de izquierdas. Fue reelegido para el cargo el 4 de mayo de 2012 y estuvo al frente de los exitosos Juegos Olímpicos de ese año.
Desde 2015, es diputado en la cámara de los Comunes por la circunscripción de Uxbridge y South Ruislip en Gran Londres.
Boris Johnson fue uno de los principales promotores del Brexit, y después del referéndum europeo del 23 de junio de 2016 (la mayoría de los británicos votaron salir de la UE), cuando la indecisión de Michael Gove, ministro de Justicia del Reino Unido, de presentarse como candidato para la dirección del Partido Conservador y como primer ministro, decidió apoyar a Andrea Leadsom, tras sorprender al informar que no presentaría su candidatura para reemplazar a David Cameron. La nueva Primera Ministra, Theresa May, le nombró ministro de Exteriores de su gobierno.
El 9 de julio de 2018, Boris Johnson presentó su dimisión como ministro de Exteriores británico, profundizando en la crisis en el Gobierno de Theresa May tras la dimisión en el día anterior del titular del Brexit, David Davis. Dimitió al negarse a apoyar los planes de la primera ministra para negociar una ruptura suave con la Unión Europea.

El 16 de mayo de 2019, Johnson confirmó que participaría en las elecciones de liderazgo del Partido Conservador tras la renuncia de Theresa May.
En 2014, reconoció una demanda de impuestos sobre las ganancias de capital de las autoridades tributarias de los Estados Unidos, que en última instancia pagó. En 2016, renunció a su ciudadanía estadounidense.
Declaró públicamente su admiración por Donald Trump desde que se convirtiera en Presidente de los Estados Unidos, a pesar de no estar de acuerdo con muchas de sus políticas.
Boris Johnson, impulsor del Brexit, se convirtió el 23 de julio de 2019 en el líder del Partido Conservador, y el día 24 del mismo mes, en primer ministro de Reino Unido sucediendo a Theresa May.
El 12 de diciembre de 2019, los conservadores del primer ministro británico, Boris Johnson, ganaron por mayoría absoluta las elecciones generales al obtener 363 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes. Los “tories” superaron la barrera de los 325 diputados, la cifra fijada para la mayoría absoluta, mientras que los laboristas se quedaron con tan solo 203 diputados.

Vida personal

En 1987, se casó con Allegra Mostyn-Owen. Tras divorciarse en 1993, en ese mismo año matrimonió con la abogada Marina Wheeler, con la que tuvo cuatro hijos: Lara, Cassia, Milo y Theodore. En 2009, tuvo una hija con Helen MacIntyre, una consultora de artes.

En septiembre de 2018, Johnson y Wheeler emitieron una declaración confirmando que después de 25 años de matrimonio se habían separado "hace varios meses" y habían comenzado los procedimientos de divorcio. Llegaron a un acuerdo financiero en febrero de 2020.
En 2019, Johnson vivía con Carrie Symonds , hija de Matthew Symonds , hijo de John Beavan, Baron Ardwick y cofundador del periódico The Independent. El 29 de febrero de 2020, Johnson y Symonds anunciaron su compromiso. Su hijo, Wilfred Lawrie Nicholas Johnson, nació en Londres el 29 de abril de 2020.
El 27 de marzo de 2020, se anunció que Johnson había dado positivo por COVID-19. El 5 de abril fue ingresado en el Hospital de St Thomas en Londres para las pruebas. Al día siguiente, habiendo empeorado su condición, fue trasladado a la unidad de cuidados intensivos. Dominic Raab fue nombrado por él mismo para sustituirlo. Johnson abandonó los cuidados intensivos el 9 de abril y salió del hospital tres días después. Regresó a Downing Street el 26 de abril.

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