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miércoles, 25 de noviembre de 2020

Murió Diego Maradona.-a

La última aparición de Diego Maradona en televisión, Fue durante un partido que disputó el último equipo que dirigió, Gimnasia y Esgrima de La Plata. Luego, fue operado de un hematoma subdural y falleció este miércoles.

El astro futbolístico y actual entrenador de Gimnasia y Esgrima La Plata Diego Armando Maradona, ídolo máximo de la Selección argentina y campeón del mundo 1986, falleció hoy a los 60 años luego de sufrir un paro cardíaco en su casa del barrio San Andrés, cercano a Nordelta, en el norte del conurbano bonaerense.

25/11/2020 | 13:13

Maradona estaba con su sobrino y algunos allegados cuando se descompensó antes del mediodía, lo que provocó que al menos tres ambulancias lleguen al lugar para tratar de reanimarlo, lo que no se logró.


Biografía

Diego Armando Maradona​ (Lanús, 30 de octubre de 1960-Dique Luján, 25 de noviembre de 2020)9​ fue un futbolista y entrenador argentino.

 Futbolista argentino, uno de los más grandes de la historia, comparado a menudo con el legendario Pelé. Si bien su habilidad con el balón y su depurada técnica igualaron la del brasileño, la trayectoria de Maradona fue mucho más irregular: su carácter difícil, los problemas de salud y la adicción a las drogas malograron parte de su carrera, pero no impidió que su genialidad brillase en numerosas ocasiones. Tras ganar en 1979 el campeonato mundial juvenil con la selección de su país y triunfar dos años después en el Boca Juniors, inició un periplo europeo que lo llevó al F.C. Barcelona (1982-84), el Nápoles (1984-91) y el Sevilla (1992-93). De regreso a Argentina jugó en el Newell's Old Boys y en el Boca Juniors antes de retirarse en 1997. Con la selección argentina participó en cuatro mundiales y se alzó con el título mundial en el de México (1986), en el que tuvo una portentosa e inolvidable actuación.

El futbolista más popular de Argentina nació, según consta en el Registro Civil, el día 30 de octubre de 1961 en Lanús, aunque todos lo identifiquen como el Pelusa de Villa Fiorito, donde transcurrió su infancia y desde donde saltó a la fama. A los nueve años inició su romance con el fútbol, cuando actuaba en un equipo infantil conocido como Los Cebollitas. Don Diego, su padre, regentaba una canchita en el barrio y dirigía el equipo Estrella Roja, al que Diego hijo accedió siendo adolescente y a despecho de sus compañeros de más edad. Estudió en el colegio comercial Avellaneda, pero no terminó el primer año del secundario, pues pasaba sus horas haciendo jueguitos (casi malabares) con la pelota.

Fichado por Argentinos Juniors, debutó en la primera división en 1976, diez días antes de cumplir dieciséis años. Siguió jugando en Argentinos Juniors hasta 1980, y si bien su equipo no obtuvo ningún campeonato, Maradona fue el máximo goleador de los torneos argentinos de los años 1978, 1979 y 1980. En 1979 formó parte de la selección juvenil que ganó el campeonato del mundo. En 1981 pasó al Boca Juniors (el River Plate también intentó contratarlo), equipo con el que salió campeón ese mismo año.

Ya por entonces los clubes del viejo continente eran el destino natural de las grandes promesas del fútbol americano, y Maradona era la más destacada. Contratado en 1982 por el Fútbol Club Barcelona por 1.200 millones de pesetas (7,2 millones de euros, una cifra astronómica en la época), consiguió con los azulgranas la Copa de la Liga, la Copa del Rey (ambas en 1983) y la Supercopa de España (1984), pero una hepatitis y una lesión importante perjudicaron su rendimiento. De nuevo por una cantidad astronómica pasó en 1984 al Nápoles, con el que ganó las ligas de 1987 y 1990, la copa UEFA de 1989 y la Supercopa de Italia de 1991.

Durante su etapa italiana contrajo matrimonio con Claudia Villafañe, de la que tendría dos hijas, Dalma y Giannina. Maradona permaneció en el Nápoles hasta 1991, año en que un control antidopaje detectó consumo de cocaína, por lo que fue suspendido durante quince meses. Poco después fue detenido en Buenos Aires en una redada policial. El 28 de abril de 1992 quedó en libertad y tuvo que afrontar una acusación de suministro y tenencia de drogas.

Su carrera internacional finalizó tormentosamente en el Sevilla, equipo con el que no llegó a completar la temporada 1992-1993. Cuando regresó a Argentina tras su experiencia europea, actuó en el club rosarino Newell's Old Boys (1993-1994) y, después de cumplir la suspensión impuesta en 1994 por la autoridad futbolística internacional (FIFA), volvió a vestir la camiseta de Boca Juniors en 1995, en una temporada irregular en cuanto a su rendimiento. En octubre de 1997 anunció su retirada definitiva después de, una vez más, dar positivo en un control antidopaje.

Con la selección argentina, Maradona había lucido ya su magia en el combinado que ganó el campeonato mundial juvenil en Japón (1979). En la categoría absoluta, Maradona formó parte de las selecciones nacionales que participaron en cuatro campeonatos mundiales: los de España (1982), México (1986), Italia (1990) y Estados Unidos (1994). Se alzó con el campeonato del mundo disputado en México (1986) y con el subcampeonato en Italia (1990). En el mundial de Estados Unidos (1994) sólo llegó a disputar dos partidos; tras el segundo, dio positivo en un control antidopaje y fue suspendido.

Donde su figura brilló con mayor intensidad fue sin duda en el mundial de México, cuando su capacidad de arrastrar a toda la defensa del equipo rival con su impresionante facilidad para la gambeta y proyección dejó pasmados a los millones de aficionados que seguían el campeonato a través de la televisión. Particularmente memorable fue su actuación en los cuartos de final: cuatros años después de la Guerra de las Malvinas, ingleses y argentinos se enfrentaban en un partido de máxima rivalidad, que terminó con la victoria de los albicelestes por 2 a 1, con dos goles de Maradona.

El primero de ellos debió haber sido anulado (Maradona metió con el puño un balón que disputaba al guardameta británico), pero no por ello es menos famoso: al preguntársele después si había marcado el tanto con la mano, Maradona respondió que había sido "la mano de Dios", y con ese nombre pasó a la historia. El segundo, justamente llamado el gol del siglo, fue una de sus genialidades difícilmente superables: arrancando de su propio campo, Maradona dribló, uno tras otro, a cinco jugadores ingleses y al portero, y marcó de un zurdazo.

Profesionalmente, tras su retiro ejerció como entrenador, directivo del Boca Juniors, comentarista deportivo y presentador de televisión. A pesar de los numerosos escándalos y polémicas que protagonizó durante y después de su carrera deportiva, Maradona siguió siendo idolatrado en su país. El Pelusa supo emocionar a los amantes del fútbol y se ganó un lugar en la historia de este deporte. La canción que compuso Fito Páez (Dale alegría a mi corazón) y el tango Mago Diego, de Enrique Bugatti, son algunos de los homenajes que sus compatriotas le dedicaron.

En 2008 fue nombrado director técnico de la selección argentina de fútbol, y su gestión, como cabía esperar, fue controvertida: pese a contar con figuras de la talla de Leo Messi, a quien reconoció como su sucesor, el combinado albiceleste no pasó de los cuartos de final en el mundial de Sudáfrica de 2010. Su poco exitosa trayectoria como entrenador continuó en los Emiratos Árabes Unidos, Bielorrusia, México y finalmente en su Argentina natal; ejercía como técnico del Gimnasia La Plata cuando, con 60 años, falleció por un súbito empeoramiento de su delicada salud.

martes, 27 de octubre de 2020

The Lufthansa Mafia Heist Trial.-a

U.S. v. Werner, 620 F.2d 922 (2d Cir. 1980)


El robo (o atraco) a Lufthansa fue un robo en el Aeropuerto Internacional John F. Kennedy el 11 de diciembre de 1978. Se estima que US$5.000.000 en efectivo (US$18.100.000 en la actualidad) y US$875.000 en joyas (US$3.200.000 en la actualidad) fueron robados, por lo que es el mayor robo de efectivo cometido en suelo estadounidense de esa época.​ el robo fue objeto de dos películas de televisión, The 10 Million Dollar Getaway y The Big Heist, y es un elemento clave en la trama de la película de 1990 Goodfellas. En julio de 2015, Rowman and Littlefield publicaron un libro titulado The Lufthansa Heist que cuenta la historia del crimen. Fue coescrito por Henry Hill. La magnitud del golpe hizo que fuera uno de los crímenes de más larga investigación en los Estados Unidos: a 35 años después de que haya sucedido, la última detención asociada a ella se hizo en 2014.

Ejecución

El 11 de diciembre, a las 3:12 de la mañana, cuando el agente de carga Kerry Whalen regresó de hacer una transferencia en American Airlines, vio una furgoneta negra de Ford Econoline apoyada en la puerta de la rampa. Whalen caminó hacia la furgoneta para investigar, y dos hombres sin máscaras o guantes le golpearon con pistolas en la cabeza. Whalen se llevó el sombrero hasta la barbilla y fue arrojado a la furgoneta, donde un tercer ladrón estaba esperando. Otra persona tomó su cartera y dijo que sabían dónde estaba su familia y tenían a otros listos para visitarlos. Whalen asintió con la cabeza para indicar que cooperaría con los ladrones. Pero más tarde, cuando los investigadores mostraron a Whalen una serie de fotos de archivos de la policía, identificó positivamente a Angelo Sepe como la persona que lo había golpeado.
El agente mayor Rolf Rebmann oyó un ruido por la rampa de carga y fue a investigar. Seis bandoleros armados y enmascarados entraron y lo esposaron. Entonces utilizaron una llave proporcionada por Werner y caminaron a través de un laberinto de pasillos para redondear a los otros dos empleados. Con esto logrado, dos pistoleros se aventuraron abajo para buscar visitantes inesperados. Los otros ladrones marcharon a los empleados a una sala de almuerzo, donde los otros empleados estaban en un descanso.
Los hombres armados irrumpieron en la sala de almuerzos blandiendo sus armas de fuego. Mostraban a un Whalen ensangrentado como una indicación de sus intenciones si alguien salía de la fila. Conocían a cada empleado por su nombre y los obligaron a entrar en el suelo. Ellos hicieron que John Murray, el principal agente de carga de la terminal, llamara a Rudi Eirich en el intercomunicador. Los ladrones sabían que Eirich era el único guardia esa noche que conocía la combinación de la bóveda de doble puerta. Murray fue hecho para fingir a Eirich que había un problema con una carga de Fráncfort, y él le dijo a Eirich para encontrarse con él en la cafetería. Cuando Eirich se acercó a la cafetería, fue recibido por cuatro hombres con escopetas y vio a los otros empleados atados y amordazados en el piso de la cafetería. Un pistolero vigilaba a los diez empleados, y los otros tres tomaron a Eirich a punta de pistola dos tramos de escaleras hasta la bóveda de doble puerta.

Eirich informó más tarde que los ladrones fueron informados y sabían todo sobre los sistemas de seguridad en la bóveda, incluyendo el sistema de doble puerta, por lo que una puerta debe ser cerrada para que el otro se abra sin activar la alarma. Los ladrones ordenaron a Eirich que abriera la primera puerta a una habitación de 10 por 20 pies. Sabían que, si abría la segunda puerta, activaría una alarma a la unidad de Policía de la Autoridad Portuaria en el aeropuerto. Una vez dentro, ordenaron a Eirich que se tumbara en el suelo y comenzara a examinar las facturas y los manifiestos de carga para determinar qué parcelas querían entre los muchos envueltos de forma similar.
Finalmente, comenzaron a lanzar paquetes de dinero a través de la puerta. Alrededor de 40 parcelas fueron removidas. Eirich se hizo entonces para cerrar la puerta interior antes de desbloquear la puerta exterior. Dos de los hombres armados fueron asignados para cargar los paquetes en la furgoneta mientras que los otros ataron Eirich. A los empleados se les dijo que no llamaran a la Autoridad Portuaria hasta las 4:30 de la mañana. Cuando los ladrones se fueron, eran las 4:16 de la mañana. Según el reloj de la cafetería, no se hicieron llamadas hasta las 4:30, cuando se hizo un reporte del robo. Este amortiguador de 15 minutos fue crucial porque la información privilegiada de Werner hizo que los ladrones supieran que la Policía de la Autoridad Portuaria podría cerrar el aeropuerto entero en 90 segundos.
A las 4:21 de la mañana, la furgoneta que contenía los ladrones y el dinero robado salió de la terminal de carga y dejó JFK, seguido por el coche de choque. El robo tomó sólo 64 minutos y fue el mayor robo de moneda nunca cometido en suelo estadounidense en el momento.
Los ladrones se dirigieron a un garaje en Canarsie, Brooklyn, donde Jimmy Burke estaba esperando. Allí, el dinero fue cambiado a un tercer vehículo que fue expulsado por Burke y su hijo Frank. El resto de los ladrones se fueron y regresaron a casa, excepto Paolo LiCastri, quien insistió en tomar el metro en casa. Parnell «Stacks» Edwards puso las matrículas robadas en la camioneta y se suponía que iba a conducir a un auto chatarra en Nueva Jersey, donde se compacta a la chatarra.
Burke y su hijo Frank condujeron el tercer coche con todo el dinero robado a una casa segura para ser contados. Esto es cuando Burke se dio cuenta del verdadero alcance del robo: esperaba traer no más de US$2.000.000 y se sorprendió por los cerca de US$6.000.000.

Consecuencias

Investigación

Parnell «Stacks» Edwards se suponía que tomar la furgoneta utilizada en el robo a un desguace de automóviles en Nueva Jersey para destruirlo; En lugar de eso, jubiloso por el robo de la banda, fumó marihuana mientras se dirigía al depósito de chatarra. Luego condujo la camioneta hasta el apartamento de su novia, lo aparcó visiblemente en una zona de estacionamiento prohibido y pasó la noche bebiendo, fumando y consumiendo cocaína, aparentemente con la intención de entregar la furgoneta a la chatarrería al día siguiente. A la mañana siguiente, mientras Edwards todavía dormía en el apartamento de su novia, la policía descubrió la furgoneta, la confiscó y rápidamente la identificó como el vehículo utilizado en el robo. Edwards mismo huyó con éxito del complejo sin ser aprehendido. Posteriormente, sus huellas dactilares fueron encontradas en el volante, y una huella de fango encontrada en el aeropuerto fue comparada con un par de zapatos deportivos de Puma AG que Edwards poseía.

El FBI tenía dos sospechas inmediatas de quién tenía las conexiones y la habilidad organizativa para conducir un ataque tan audaz en el área de Nueva York, siendo la primera la banda de John Gotti y la segunda la banda de Jimmy Burke. El FBI identificó al equipo de Burke como los posibles autores a de los tres días del robo, en gran parte debido al descubrimiento del furgoneta, junto con las conexiones preestablecidas de Edwards con la banda de Burke en el Salón Robert. Establecieron una dura vigilancia, siguiendo a la pandilla en helicópteros y escuchando sus vehículos, los teléfonos en el Salón Robert, e incluso las cabinas de pago más cercanos al bar. El FBI logró grabar algunos fragmentos de charla tentadora a pesar de los sonidos de fondo del rock y la música disco, como Angelo Sepe diciendo a un hombre no identificado acerca de «un caso marrón y una bolsa de Lufthansa» y su contando a su novia Hope Barron «[…] Quiero ver […] mirar donde está el dinero en […] cavar un agujero en el sótano [inaudible] césped trasero […]» pero esto no fue suficiente para conectar definitivamente a la banda de Burke al robo, y no hay órdenes de registro Fueron emitidos.

Según Henry Hill, Jimmy Burke se volvió paranoico y se agitó una vez que se dio cuenta de cuánta atención había tenido el fracaso de Edwards, y decidió matar a cualquiera que pudiera implicarlo en el robo, empezando por Edwards mismo. Con las muertes violentas de la mayoría de los asociados y planificadores del robo, poca evidencia y pocos testigos seguían conectando a Burke o a su banda con el robo. Sin embargo, las autoridades finalmente pudieron reunir suficiente evidencia para procesar en el interior del hombre Louis Werner por ayudar a planear el robo. Lucchese asociado de la familia del crimen, Donald Frankos más tarde expresó su frustración por ser un amigo cercano de Burke y habitual habitué en Robert's Lounge, pero no involucrado en el heist real, en su biografía Contrato de asesino: La historia explosiva de la mafia más notoria Hit Man Donald Frankos.

De acuerdo con un libro auto-publicado que se está vendiendo en línea, Kerry Whalen, el empleado de Lufthansa que fue golpeado con una pistola, mantuvo notas sobre sus reuniones con la policía, y estaba tan disgustado con el comportamiento del FBI y de la Fiscalía que él se quejó con los jueces federales. El dinero robado y las joyas nunca fueron recuperados.

Vincent Asaro, un reputado miembro de alto rango de la familia del crimen Bonanno, tenía 78 años de edad cuando fue arrestado el 23 de enero de 2014, junto con una acusación implicándolo en el robo de Lufthansa. El caso contra Asaro se basó en un informante al que el abogado de Asaro mencionó como «uno de los peores testigos que he visto». Daniel Simone, coautor del libro "The Lufthansa Heist", en colaboración con Henry Hill, informó en la página seis del New York Post que Hill le dijo que Asaro no tenía «participación» en el robo. El 12 de noviembre de 2015, Asaro fue absuelto de todos los cargos relacionados con el robo de Lufthansa por un jurado en el Tribunal del Distrito Federal en Brooklyn.

El 7 de abril de 2015, el autor Robert Sberna publicó el libro "The Mystery of the Lufthansa Airlines Heist" con el colaborador Dominick Cicale, exmiembro de la familia del crimen Bonanno. Según Cicale, entre US$2.000.000 y US$4.000.000 del botín de Lufthansa fue escondido en una caja de seguridad por Jimmy Burke. Las llaves fueron entregadas a sus hijas, Cathy y Robin. Cicale informó que el marido de Cathy Burke Anthony «Bruno» Indelicato, capano Bonanno, accedió a la caja con Vincent Basciano, también un capano Bonanno. Cicale dijo que Basciano gastó US$250,000 del dinero en una película que nunca fue producida. El resto fue perdido en los casinos por Basciano.

Las muertes violentas de asociados al robo

Burke se dio cuenta de que el robo había logrado US$6.000.000, tres veces la cantidad que esperaba, y sabía que un robo de esta magnitud atraería la atención intensa de la policía en todos los niveles (local, estatal y federal) causando muchos problemas para todos los involucrados, así como para el crimen organizado en Nueva York en general. Burke se preocupó cada vez más de que había demasiados testigos que sabían de su participación y demasiados se convirtieron en codiciosos una vez que aprendieron la verdadera cantidad de dinero robada en el asalto. Burke también se dio cuenta de que el fracaso de Edwards de «apropiadamente» disponer de la furgoneta había permitido que la policía lo ligase a su banda, y Burke resolvió matar a cualquiera que pudiera implicarlo en el robo. El primero en ser asesinado, sólo siete días después del robo, fue Edwards - quien fue asesinado a tiros en su apartamento el 18 de diciembre de 1978, por Tommy DeSimone y Angelo Sepe. Este fue el primero de una serie de criminales y sus conocidos que fueron asesinados tras el robo a las órdenes de Burke:

Víctima

Parnell Steven «Stacks» Edwards
Dic. 18, 1978
Músico de Blues, experto en robo de tarjetas de crédito, y el conductor del camión del escape. Muerto por disparos de un arma de fuego por DeSimone y Sepe por no deshacerse de la furgoneta, señalando a las autoridades sobre la organización de Burke, y por temor que informara si fuera capturado.

Martin Krugman
Ene. 6, 1979
Un socio ruso-judío de Burke y Hill.​ Era dueño de una tienda de pelucas y salón de peluquería de hombres, ambos llamados «sólo para hombres» en Queens.​ Krugman fue el primero en alertar a Burke (a través de la Hill) sobre la posibilidad de un importante atraco en la terminal de Lufthansa. Fue finalmente asesinado y desmembrado por Burke y Angelo Sepe en la fábrica de cercas del capo Vincent Asaro de la familia mafiosa Bonanno, después de que sus demandas cada vez más nerviosas y enojadas por su corte de US$500.000 del robo, convencieron a Burke que estaba a punto de informar al FBI. Krugman fue más tarde encontrado enterrado en el club Salón de Robert (aunque esto no pudo ser confirmado) junto con el amigo secuestrador de Jimmy Burke «Remo» y Michael «Spider» Gianco que trabajaba allí como camarero.

Richard Eaton
Ene. 17, 1979
Asociado de Tom Monteleone de Fort Lauderdale, Florida, testaferro de Burke , y estafador consumado. No estaba involucrado con el atraco real, pero fue torturado personalmente y asesinado por Burke después de fugarse con US$250,000 del dinero de Burke en una estafa de cocaína falsa, y escondiendo una parte del dinero del atraco mientras se lavaba a través de diversos establecimientos legítimos, incluido el club de Monteleone . Su cuerpo fue descubierto atado de pies y manos y colgando en un camión congelador de carne. Burke fue finalmente condenado por el asesinato de Eaton, y condenado a prisión, donde murió.

Teresa Ferrara
Feb. 10, 1979

La amante ocasional de Tommy DeSimone y asociada de Richard Eaton y Tom Monteleone, asesinada debido a su conocimiento del robo y la sospecha de que ella conspiró con Eaton y Monteleone para esconder parte del dinero tomado durante el atraco de Lufthansa.

Tom Monteleone
Marzo de 1979

Restaurantero y mafioso de Fort Lauderdale, Florida. Asociado de Richard Eaton, Monteleone era dueño del Club Jugadores, un bar local frecuentado por miembros de la pandilla de Burke, fue acusado por Burke de conspirar con Eaton y Ferrara en una estafa de cocaína falsa y esconder una parte del dinero atraco mientras era lavado a través de su club.

Louis Cafora
Marzo de 1979
Downtown Brooklyn propietario del estacionamiento y lavador de dinero. Cafora había sido compañero de celda de Burke durante su tiempo en la prisión y fue contratado por Burke para lavar algo del dinero del heist a través de su colección de lotes legítimos. El indecoroso estilo de vida de Cafora y la insistencia en informar a su esposa Joanna sobre el negocio de pandillas, incluido el robo, llevaron a que Burke ordenara asesinar a ambos. A los pocos días del robo y contra las órdenes de Burke, Cafora compró a su esposa un Cadillac Fleetwood con su parte del atraco y descaradamente lo condujo a una reunión a pocas cuadras del Centro de Carga Aérea JFK donde el FBI todavía estaba investigando . Su cuerpo nunca fue encontrado.

Joanna Cafora
Marzo de 1979

La esposa de Louis Cafora, supuestamente asesinada junto con él.

Joe «Buda» Manri

16 de mayo de 1979
Supervisor de carga de turno nocturno Air France. Manri era un asociado de pandillas de Burke durante mucho tiempo, y su información interior ayudó a planear el robo. Manri fue ofrecido repetidamente la oportunidad de dar vuelta a la evidencia del estado y de incorporar el programa de la protección del testigo, como era compañero Air France / Aeropuerto internacional de John F. Kennedy en el hombre Robert McMahon, una oferta que ambos rechazaron. Manri fue encontrado muerto en un automóvil estacionado junto a McMahon, cinco meses después del robo, con un estilo de ejecución en la parte posterior de la cabeza.

Robert McMahon
16 de mayo de 1979
El supervisor del turno de noche en el aeropuerto internacional de John F. Kennedy implicado en el Robo similar a Air France (1967) Con Jimmy Burke asociado Henry Hill. Sospechoso de ayudar a Joe Manri a planear el ataque de Lufthansa. Fue encontrado muerto en un coche aparcado junto a Manri cinco meses después del robo, con un estilo de ejecución en la parte posterior de la cabeza.

Paolo LiCastri
13 de junio de 1979
Nacido en Sicilia Pizza Connection Narcotraficante, y asociado de la familia del crimen Gambino. No estaba involucrado en el robo, pero era un enlace de la familia Gambino cuyo trabajo era supervisar los planes y asegurar que los Gambinos recibieran su recorte de US$200,000. Su cadáver desnudo y cubierto de balas fue descubierto en un montón de basura quemado seis meses después del atraco.

Destinos

Jimmy Burke fue declarado culpable de asesinar a Richard Eaton. Burke murió de cáncer de pulmón a los 64 años en un hospital de Buffalo después de haber sido trasladado allí desde la Instalación Correccional Wende en Alden, Nueva York, el 13 de abril de 1996.

Paul Vario murió en la Prisión Federal de (Fort Worth) de enfermedades respiratorias el 3 de mayo de 1988 a la edad de 73.

Henry Hill entró en el Programa de Protección de Testigos. Hill murió en un hospital de Los Ángeles el 12 de junio de 2012, un día después de su cumpleaños número 69, después de una larga batalla contra una enfermedad no revelada.

Thomas DeSimone su cuerpo nunca fue encontrado.

El cuerpo de Martin Krugman nunca fue encontrado. En 1986, fue declarado legalmente muerto y su esposa, Fran, recibió un pago de US$135,000 de su póliza de seguro de vida.

The Courtroom Sketches of Ida Libby Dengrove.


Trial of Louis Werner, convicted for masterminding the "Lufthansa Heist"

Trial of Louis Werner, convicted for masterminding the "Lufthansa Heist," a high-profile robbery at Lufthansa's airline terminal at Kennedy International Airport. Prosecutor Edward McDonald and Judge Mark A. Costantino

Louis Werner, mastermind of the Lufthansa Heist

Date: 

1979

William "Bill" Fischetti, informant during the trial of Louis Werner, mastermind of the Lufthansa Heist

Date: 

1979

Lufthansa Heist organizer and informant Peter Gruenwald testifies during trial of Louis Werner. Prosecutor Edward McDonald addresses the jury.

Date: 

1969 Dec 31st

Judge Mark A. Costantino presiding over trial of Louis Werner

Date: 

1979

Lufthansa Heist organizer and informant Peter Gruenwald testifies during trial of Louis Werner

Date: 

1979

Trial of Louis Werner, convicted for masterminding the "Lufthansa Heist"

Date: 

1979

Stephen Laifer respresenting his client, Louis Werner, during the Lufthansa Heist trial.

Date: 

1979

From left to right: Louis Werner, Stephen Laifer, Judge Mark A. Costantino, witness Janet Barbieri, and prosecutor Edward McDonald.

Date: 

1979

The family of Louis Werner, charged with orchestrating the Lufthansa Heist, appear in court.

Date: 

1979

Portrait of Louis Werner and his defense attorney, Stephen Laifer.

Date: 

1979

Janet Barbieri testifies during the trial of Louis Werner.

Date: 

1979

Portrait of defense attorney Stephen Laifer during the trial of Louis Werner.

Date: 

1979

James "Jimmy the Gent" Burke, associate of the Lucchese crime family

Date: 

1979

nota

A Louis Werner le gustaba jugar. Desafortunadamente, era muy malo en eso y le debía a los corredores de apuestas de la mafia $ 18,000. Werner trabajaba para Lufthansa Airlines, que transportaba un envío mensual de moneda estadounidense y lo almacenaba en una bóveda en el aeropuerto Kennedy. Werner informó a la mafia sobre este hecho, con la esperanza de compensar sus deudas, pero la operación aumentó mucho más de lo que esperaba: un número indeterminado de familias de la mafia participó o sancionó el robo. James "Jimmy the Gent" Burke, asociado de la familia del crimen de Lucchese, era el hombre clave.

El atraco de Lufthansa tuvo lugar el 11 de diciembre de 1978. Se llevó a cabo tan limpiamente que los perpetradores casi eludieron la detección, pero luego Parnell Steven "Stacks" Edwards no pudo conducir la camioneta de huida robada a un depósito de chatarra de Jersey para su demolición según las instrucciones. En cambio, lo llevó a la casa de su novia y lo dejó en una zona prohibida para estacionar.

Después del atraco, se cree que Burke hizo lo que haría cualquier mafioso que se precie: supuestamente comenzó a matar brutalmente a sus cómplices. Diez personas, algunas que ayudaron a robar el dinero, algunas que ayudaron a lavarlo y algunas que estaban en el lugar equivocado en el momento equivocado, fueron encontradas enterradas o quemadas o no fueron encontradas en absoluto.

A fin de cuentas, Louis Werner salió fácil. Condenado por seis cargos, cooperó con los fiscales y consiguió reducir su sentencia de quince a cinco años. Luego se casó con su novia y los dos desaparecieron en el Programa de Protección de Testigos.    

Los $ 5,8 millones nunca se recuperaron.

viernes, 9 de octubre de 2020

La década del 20 del siglo XX; y la segunda guerra mundial.-a

 "Ya casi no queda nadie vivo de esta 
década, ya es historia."

La capital de Alemania en los años 20
 

Los nacidos en la década del 20 del siglo pasado, fueron los ultimo grupo etario  que participo en la segunda guerra mundial, como combatiente o testigos del conflicto; Este grupo en la actualidad es  nonagenario, tienen entre los 100 años los mas ancianos hasta 90 años, los mas jóvenes. 

Muchos participaron en conflicto con grados militares de clases de tropa, o oficiales subalternos; Este grupo etario, en 1945, tendrían 25 a 15 años de edad al terminar la guerra,  al comienzo de la guerra tendrían 19 años a 15 años de edad.

Personajes vivos nacidos en esta década:

Charles H. Coolidge, del Ejército, nacido el 4 de agosto de 1921, y Hershel W. Williams, del cuerpo de Infantería de Marina, nacido el 2 de octubre de 1923, nacieron en esta década y fueron condecorados con la medalla de honor de Estados Unidos,y todavía estaban vivos el 5 de octubre de 2020.

Los  compañeros de la Orden de liberación de Francia : Hubert Germain , nacido el 6 de agosto de 1920 ; Daniel Cordier , nacido el 10 de agosto de 1920 ;Pierre Simonet , nacido el 27 de octubre de 1921, todos condecorados con la Gran Cruz de la Legión de Honor, y miembros de la orden del Imperio Británico.

John Alexander Cruickshank , (nacido el 20 de mayo de 1920) es un  escocés condecorado  con la cruz Victoria, por hundir un submarino alemán y luego, a pesar de las lesiones graves sufridas, aterrizar con  su avión.

Reina Isabel II del Reino Unido (Elizabeth Alexandra Mary; Londres, 21 de abril de 1926) es la actual reina de Gran Bretaña e Irlanda.

El príncipe Felipe, duque de Edimburgo (nacido príncipe Felipe de Grecia y Dinamarca; Corfú, 10 de junio de 1921), es el consorte de la reina Isabel II del Reino Unido. Es hijo del príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca y de la princesa Alicia de Battenberg, es miembro de la familia real británica por su matrimonio.

Helmut Oberlander (nacido el 15 de febrero de 1924, en Molotchansk, antigua URSS) es un antiguo ciudadano soviético, ex ciudadano canadiense naturalizado, que fue miembro de los escuadrones de la muerte Einsatzgruppen de la Alemania en la Unión Soviética ocupada durante la Segunda Guerra Mundial. Es uno de los últimos  presunto criminal de guerra vivo en mundo.

martes, 12 de mayo de 2020

El enigma de la España de los 90: ¿fuimos felices o unos pringados (y no lo sabíamos)? a

Son cada vez más libros los que intentan enfrentarse a la década de los 90 para intentar
 resolver el gran misterio: ¿por qué somos incapaces de darle una personalidad propia?



DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA

Pringado.

COLOQUIAL•ESPAÑA
[persona] Que es ingenuo y se deja engañar fácilmente para hacer cosas que otros no quieren hacer.



19/07/2020

El Parlamento de Murcia en llamas tras el lanzamiento de varios cóctel molotov. El entonces príncipe Felipe portando el estandarte español en la inauguración de los Juegos Olímpicos. Tres muertos y 17 heridos en el barrio santanderino de La Albericia; las víctimas son un estudiantes de químicas y el matrimonio formado por un celador de hospital y una panadera. Kurt Cobain presentando 'Nevermind' con los primeros calores del verano en el lugar donde ahora se encuentran las Cuatro Torres de la Castellana.
Todos estos 'flashes' de realidad tuvieron lugar en el plazo de unos pocos meses a lo largo de 1992, el famoso año 0 de la España de las Olimpiadas y la Expo de Sevilla. Algunos son tópicos, otros han caído en el olvido. Son imágenes que presentan un problema generacional. Por un lado, es difícil encontrar una narrativa capaz de conciliar la euforia y el miedo de la paradójica España de aquel entonces. Por otro, es complicado considerar aquel 1992 parte de la misma era que, pongamos, el 1999, en el que el PP asentado en el poder daba la bienvenida al nuevo siglo con la sensación de que España, una vez consolidada su democracia, ya no iba a cambiar demasiado.

"Ni siquiera los 70 o los 80 están cerrados, pero los 90 parecen haberse quedado entre dos procesos, lo que ha producido una imagen distorsionada"

Esa es la cuestión: ¿qué diablos significaron los años 90? ¿Por qué los ochenta sí tienen una narrativa clara —que cada cual elija sus tópicos, pero podemos coincidir en "Movida-plástico-Thatcher-neón"—, incluso los dos mil —11 de septiembre, crisis económica— pero nos resulta tan difícil coincidir en una única percepción noventera? Quizá porque, como recuerda Eduardo Maura (1981), profesor de Filosofía de la UCM, antiguo diputado de Podemos y autor de 'Los 90. Euforia y miedo en la modernidad democrática española' (Akal), "todas las épocas están siempre en disputa, ni siquiera los 70 o los 80 están cerrados, pero los 90 parecen haberse quedado emparedados entre dos procesos que ha provocado que se tenga una imagen distorsionada. Aún no hemos dado con claves de lectura para considerar los 90 como una época propia, y eso pasa también en Reino Unido. Es mucho más que una época intermedia".

Luis López Carrasco (1981), director de cine y responsable de 'El futuro' (2013) y 'El año del descubrimiento' (2020), aún por estrenar en salas comerciales y que aborda el incendio del Parlamento de Murcia, coincide en ese "escaso carácter" de los años 90. "Te pones a ver telediarios y hemeroteca y parece una época poco fácil de caracterizar, quizá porque aún no han llegado los 'millennial' a reivindicar 'El príncipe de Bel Air' o la ruta del bakalao", explica. 


"Los 90 van a volver como objeto de consumo nostálgico. Es un relato aún por construir, pero es que ni siquiera la narrativa de los 80 se ha contado, porque se repiten siempre las mismas cosas".

Durante los últimos años, el intento de descifrar qué fueron los 90 ha obsesionado a una generación que, directa o indirectamente, lo ha hecho a través de la novela, el ensayo, la ilustración o el cine. La lista es larga, pero entre ellos se encuentran el citado ensayo de Maura, libros como 'Cómo molaban los 90' (Lunwerg) de Anna Grimal, 'Y ahora, lo importante' (Caballo de Troya) de Beatriz Navas Valdés, 'Colgado' de Hugo Argüelles o películas como la citada 'El año del descubrimiento', que nos pueden servir de mapa. Sin explicitarlo, todos intentan responder al enigma: 


¿qué fueron los años 90?

1. ¿La última época feliz?

Anna Grimal (1985) es la autora de 'Cómo molaban los 90', recién llegado al mercado. Es uno de esos libros de ilustración que, como promete su portada, condensa los "recuerdos de una época genial". En cierta forma, prolonga la visión de otros éxitos editoriales como 'Yo fui a EGB', aunque como ocurre con otros volúmenes de la época, el hilo narrativo de la época no queda tan claro como en los años 80, a pesar de que sea fácil reconocer los hitos culturales: Extremoduro, 'Bola de dragón', 'Ranma 1/2', 'El príncipe de Bel Air', o el anuncio del 'Gueropa'. Pero una vez más, ¿cuál es el hilo que une el grunge de la generación X de Nirvana con el pop 'teen' protofeminista de las Spice Girls?

"Sin ser conscientes, vivíamos bien. Pero es algo que le pasa a la gente, incluso la que pasó hambre en la posguerra, así que tal vez lo idealizamos"

"Si para mí los 90 fuesen una imagen, sería un grupo de amigos en motocicleta teniendo muy poca conciencia del peligro de la vida", responde la autora desde el pueblo de la Costa Brava donde ahora vive, lejos de la capital catalana. "La moto, la libertad: hay una imagen así en el libro". En el dibujo al que se refiere, tres chicas en moto cruzan un campo. "La libertad hecha realidad. ¡Con la moto uno se sentía independiente, libre y feliz! Punto importante: estar bien lejos de CASA y de los PADRES".

La gran pregunta es la que toda generación se ve obligada a hacerse en un momento u otro: ¿fue su juventud una época objetivamente dorada o es que simplemente éramos más jóvenes? "Cuando miro hacia atrás, me pareció lo mejor", responde la autora. "Un poco también era cosa del momento económico. Sin ser conscientes, vivíamos bien. Pero es algo que siempre le pasa a la gente: incluso cuando hablas con los mayores que solo podían comer pan en la posguerra, prefieren el pasado siempre. A lo mejor lo idealizamos".
Como recuerda Maura, tal vez encaje en el paradigma que se está comenzando a consolidar, el de una era optimista que encaja con la visión liberal. El final de la historia de Fukuyama y de las grandes ilusiones, la resaca del Muro de Berlín, las privatizaciones y la liberalización de los sectores productivos, que se refleja en los comportamientos individuales como "un cierto hedonismo cínico". Así arranca 'La trampa del optimismo. Cómo los años 90 explican el mundo actual' de Ramón González Férriz, otro de esos libros obsesionados por desentrañar y deconstruir el gran misterio de los 90:

"No es particularmente original que la década de los 90 se inició el 9 de noviembre de 1989, cuando miles de ciudadanos de la República Democrática de Alemania cruzaron el Muro de Berlín, que hasta entonces los había separado de la República Federal Alemana, y así, del mundo capitalista. Este acontecimiento cambió por completo los paradigmas intelectuales y las batallas ideológicas que habían regido el planeta durante algo más de cuatro décadas. En los dos o tres años siguientes, cayeron los regímenes comunistas de la mayor parte de Eurasia, el imperio soviético desapareció y el mundo occidental —partidario de la democracia capitalista, con mayor o menos énfasis en el libre mercado o el estado de bienestar— sintió que aquella batalla crucial había terminado. No fue esta la principal razón, pero sí la presencial, por la que el rasgo esencial que deberíamos recordar de la década de los noventa es el optimismo".

"A partir de 1986, los artículos de Wikipedia sobre historia de España están vacíos, como si fuese una historia que no merece la pena ser contada"

A continuación, Férriz pasa a enumerar algunos de los nubarrones que se cernían sobre el aparente optimismo noventero, desde la crisis de 1993 hasta la guerra de Yugoslavia, signos de que la lectura predominante, esa de haber llegado a una estación de destino política y económica marcada por la estabilidad, tiene sus grietas. De ahí que 'Cómo molaban los 90', por ejemplo, y como explica su autora, esté contado desde la experiencia personal y menos desde la mirada generacional política y social, algo cada vez más común a medida que pasan las décadas: "Lo enfoco desde dentro, no pretendo hacer un análisis de la época".

López Carrasco tiene una explicación al respecto, que da idea de los cambios culturales silenciosos que estaban operando: "Mientras preparaba 'El futuro' hice muchas entrevistas a personas de clase media, media-baja y media-alta, y me di cuenta de que a partir de la Transición, las narrativas pasan de ser colectivas a individuales: trabajé, me fue bien". Carrasco suele bucear en la Wikipedia para documentarse, porque muestra bien el espíritu de cada época. "Y me di cuenta de que a partir de 1986, de la tercera legislatura, los artículos están vacíos. Parece que son décadas que no merecen la pena ser contadas". Una "sensación de uniformidad", en sus palabras, que explica por qué comenzamos a buscar hitos íntimos y de consumo compartido en lugar de grandes relatos generacionales.

Al fin y al cabo, los 90 vieron también el 'boom' de la música y el cine indie, donde primaba la autoexpresión y el cuidado formal frente a otras características grupales, políticas e identitarias que habían caracterizado la música previa.

2. ¿La última época en la que tuvimos referentes comunes?

Una de las razones que condujeron a Grimal a llevar a cabo su libro fue la sensación de que los 90 habían vuelto. Al menos, en lo que respecta a la moda: "Actualmente miras a la juventud y llevan ropa inspirada en los 90, pantalones grandes, plataformas, dos rayas… Pero también la estética de los anuncios, de las películas, la música...". Al fin y al cabo, el 'poptimismo' que ha dado forma al canon de la música actual y los 'blockbusters' de los 90 parecen herederos de aquella época.

Una era muy particular en lo cultural, en la que la multiplicación de canales televisivos y la llegada de otras propuestas como Canal+ amplió los referentes culturales en el hogar que aún hoy siguen siendo identificables para toda una generación. "La clave es nostalgia", responde Erika Fernández-Gómez (1985), profesora de la UNIR especializada en comunicación y 'marketing'. "La idea de que los años anteriores fueron mejores y recuperar lo viejo funciona muy bien pero vinculándolo a las actuales necesidades de los públicos".

"Fue una época sin preocupaciones, los anuncios que veíamos y los contenidos que consumíamos no se regían por ninguna de las normas actuales"

Al fin y al cabo, el retorno de los referentes culturales de los 90 obedece a la aplicación implacable del ciclo de la nostalgia, que recuerda que cada época reproduce la cultura popular de 30 años antes porque es lo que los directores creativos, productores y escritores que en ese momento están al mando vivieron en su infancia. Los referentes, para la profesora, están claros:


 "Merienda con Nocilla, ver 'Dragon Ball' al salir del cole, tomar un 'burman flash' helado en verano mientras ves 'Los Vigilantes de la Playa', realizar cuadernos Rubio, el telecupón de Carmen Sevilla, los programas de Ana Obregón y Ramón García, escuchar las Spice o los BSB, teñirte dos mechones del pelo, el choker, las plataformas, los tops, etc.".

Pero ¿por qué todo eso equivale a una época feliz?

 "Aquí te contesto desde la visión de la publicidad y la programación televisiva. Fue una época sin preocupaciones, los anuncios que veíamos y los contenidos que consumíamos no se regían por ninguna de las normas actuales", responde Fernández-Gómez, que recuerda que fue la época en la que la programación televisiva jugó un papel clave como articulador generacional: todos los hoy 'millennials', por ejemplo, comían ante 'Los Simpson'. Una época más despreocupada.

"No existía todavía la preocupación ante las pantallas, las pantallas acompañaban y no nos preocupaban los contenidos violentos. Se emitía una cantidad considerable de publicad que no tenía en cuenta ni el 'me too', ni la lucha de estereotipos de genero", prosigue la profesora. "La Barbie era la Barbie, no era científica y se trataba de que fuera guapa, estar a la moda y claramente dirigida a las niñas". 

Resulta casi sorprendente una imagen que se repite entre los entrevistados a la hora de hablar de los años 90: la de viajar en moto antes de tener edad para sacar el carnet de automóvil, como un signo de libertad… ¿y tal vez de cierta inconsciencia?

3. ¿La era de ser pringados (y no saberlo)?

Hugo Argüelles (1978) ha autopublicado su novela 'Colgados', que es una perfecta piedra Rosetta para traducir el otro lado de los años 90, uno que trasciende la placidez del "nunca pasa nada" de la época gracias a la distancia temporal. 'Colgados' es una revisión desde un presente desilusionado de los últimos años del milenio a través de la historia del enamoramiento enfermizo de un estudiante de Historia. Lo que comienza pareciendo un relato nostálgico por una época mejor termina convirtiéndose en una ácida crítica hacia una era de (auto)engaño colectivo.

"Era una época más feliz porque todas las crisis aún no eran visibles. No nos preocupábamos por lo que comíamos, por lo que bebíamos..."

Aunque Argüelles vive ahora en Murcia, su novela es un retrato fidedigno y pormenorizado de los bares malasañeros de la época que también aparecieron en la célebre 'Historias del Kronen', que como recuerda Maura, forma parte del segundo de los paradigmas sobre los que se construye la época. Lo que él denomina el paradigma de Amenábar: 


"En las entrevistas sobre 'Tesis' y 'Abre los ojos' él dice que se siente miembro de una generación perdida, porque tiene mucha libertad respecto a sus padres pero no sabe muy bien qué hacer con ella. Es una lectura liberal, pero con otros matices, no lo vincula con la globalización o internet, es una libertad que parece ciencia infusa".

Una libertad semejante a la del protagonista del libro de Argüelles, que lamenta haber estudiado Historia y no haber esperado para poder hacer lo que realmente quería, Comunicación Audiovisual, o que se arrepiente de haber fumado demasiados porros cuando debería haber estado en clase. 
En su visión de los 90 coincide la desilusión por no haber cumplido sus sueños con la que siente por una era mejor. Como escribe en el libro, "el pasado era mejor sin duda. Primero porque era joven y tenía toda la vida por delante. Y segundo porque el mundo era más divertido, imaginativo y auténtico".

¿Qué echa de menos de los 90 alguien que lamenta esa "asepsia" del año 2020? 

"La despreocupación: fumar en todas partes, comer y beber lo que quieras, ir en moto sin casco… todo eso que la experiencia ha demostrado que es muy contraproducente, pero que lo relaciono con un sentimiento de libertad", responde Argüelles desde su hogar murciano. "Ahora me parece agobiante, el cáncer, la crisis ambiental y ecológica, preocuparte por comer esto o lo otro". No es que todo eso no existiese en los 90. 
Es que "era una época más feliz porque aún no era visible. Éramos muy inocentes. Hacer el amor sin preservativo, que es como lo de la moto sin casco: sentir la piel".

Un baño de realidad que terminaríamos dándonos poco a poco a lo largo de la primera década del siglo XXI. 


"Un amigo siempre dice que hemos sido una generación engañada, pensábamos entre minis de kalimotxo y cerveza que con una carrera tenías la vida solucionada, que ibas a encontrar un trabajo y no ibas a necesitar nada", prosigue. 
"No veíamos la realidad. Cuando estudiaba ni siquiera me planteaba que iba a tener que trabajar, pensaba que todo iba a venir rodado. Era una completa paja mental. Ahora te das cuenta que todos nos tendríamos que haber esforzado más".

"La política no nos interesaba, ya que éramos hijos de la España de Felipe González, una época en la que creíamos tener todo lo que necesitábamos"

Para el autor, la palabra clave es "pringado". O mejor dicho, 'pringao'. "Se utilizaba mucho como una forma de restar valor a otro, cuantificar a una persona como un cero absoluto", recuerda. "Ahora te das cuenta de que 'pringaos' éramos todos, pero ya empezaba esa competitividad creada para nosotros entre nosotros. A veces el 'pringao' era el empollón de clase y es el que ha acabado teniendo una vida mejor. Era un autoengaño". Es una visión semejante a la que aporta Grimal, cuando recuerda que "vivías en tu mundo, y no te dabas cuenta de nada, pensabas que lo ibas a tener todo. A nuestra generación nos costó mucho encontrar trabajo, por eso te acuerdas del instituto de una manera muy dulce".

En otro momento del libro, Argüelles escribe:


"A nosotros la política no nos interesaba, ya que éramos hijos de la España de Felipe González, una época en la que creíamos tener todo lo que necesitábamos". 

¿Era parte de esa felicidad la despreocupación política de la generación X que, como en el caso de Amenábar, renunciaba a trazar una relación entre su frustración y los problemas sociales y políticos de su entorno?
"Todo mi entorno estaba despolitizado, en los 90 había dos partidos igual que había dos cadenas en los años 80. No se hablaba de política en la Facultad, ibas a alguna manifestación en la época de la insumisión, pero vivíamos en Babia. Llegaban las ETS y vivíamos al margen, alienados, sobre todo viéndolo desde hoy".

4. ¿La era convulsa que quisimos olvidar?

'Y ahora, lo importante' de Beatriz Navas Valdés (1978), actual directora general del ICAA, es uno de los libros que, para López Carrasco, mejor retrata aquella época de "explosión y normalización de la prosperidad". En un vistazo superficial, este diario personal de sus 14 años —entre aquel 1992 de optimismo y 1993 de vacío— comparte afinidades epidérmicas con el libro de Anna Grimal. En ambos emergen Nirvana, las Olimpiadas, los chicos, las discotecas y las dudas de la adolescencia femenina. Y, como en la novela de Argüelles, Malasaña, el rock, el kalimotxo y los porros son parte esencial del paisaje sentimental de la época.

Sin embargo, es el título lo que da la clave de lectura. "Y ahora, lo importante" es lo que la autora utiliza para cambiar, en el dispositivo narrativo que articula el texto, desde la reproducción de los titulares del día ("Los sindicatos quieren que la huelga general dure al menos 12 horas") a sus historias personales. "Lo importante", en este caso, son las borracheras, ligues y avatares adolescentes. Pero como la Navas adulta cuenta en el epílogo, bajo ese "no pasa nada" había una "necesidad de simular que todo estaba bajo control y todo molaba porque sufría mucho en soledad ante una realidad que me resultaba insoportable y vergonzante", causada por la separación de sus padres. Lo mismo ocurría en la "coexistencia de varias realidades paralelas" entre "la 'ensoñada' de una España de prosperidad y la convulsa de los titulares de los periódicos".

Resulta impactante, para quien viviese la época como niño o adolescente, recorrer los titulares y darse cuenta de que, al contrario de lo que la lectura optimista ha consolidado, ocurrían muchas cosas, y muchas de ellas, particularmente oscuras: desde los asesinatos de ETA que se sucedían semana tras semana hasta convertirse en costumbre, hasta los crímenes contra inmigrantes de los grupos neonazi madrileños pasando por huelgas generales, corrupción y crisis económica, que sirven de contrapunto a la aparente placidez de clase media en la que vive la protagonista. "Soy consciente de que todo es una mierda, y lo veo cristalino, pero por otro lado sé que no debo quejarme delante de la gente porque hay que ver la suerte que tengo", escribe la Bea Navas adolescente.

"El parlamento de Murcia arde la misma semana que se firma el Tratado de Maastrich"

"Hay otro paradigma más rico que complementa los anteriores, que es el que piensa que los 90 es una década de preparación de los movimientos antiglobalización durante la época de creación de un nuevo cognitariado", prosigue Maura. "Es la época de la modificación de las luchas políticas, que ya no son bloque este y bloque oeste, sino zapatismo, Génova y Seattle, esa modificación ya no es hedonista y cínica". El gran tratado que inspira la época es 'Imperio' de Antonio Negri y Michael Hardt, que daría a luz a algunos de los políticos que hoy ocupan puestos de poder como Pablo Iglesias (1978) o Iñigo Errejón (1983).

Sin embargo, ha habido un olvido generalizado de algunos de los aspectos más oscuros de aquella época, y que solo ocasionalmente, como en el caso de los GAL, vuelven a la agenda pública. ¿Quién recuerda que apenas un par de meses antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos el parlamento murciano ardió a manos de los trabajadores de los astilleros de Bazán que habían sido violentamente dispersados? 
"El parlamento se quema la misma semana que se firma el Tratado de Maastrich", responde López Carrasco. 
"La reconversión industrial afectó a muchas ciudades como Gijón o Cartagena, que estaban arrasadas, sin bares abiertos, con tasas de desempleo tremendas. Eran conflictos que raramente contaban con solidaridad de otros territorios, porque al ser procesos atomizados, autonómicos y municipales, los territorios tenían que pelear entre sí".

El propio López Carrasco ha comprobado a la hora de buscar financiación para 'El año del descubrimiento' que es polvo que nadie quiere sacar de debajo de la alfombra del esplendor español de 1992.
 "En ese año adquiere carácter institucional un modelo económico que nos ha llevado al colapso, de macroeventos culturales y políticos y turismo, que debía convertirse en el motor económico". Maura, de hecho, utiliza los términos "euforia" y "miedo" para resumir esa difícil conciliación entre Cobi y Curro y el crimen de las niñas de Alcàsser, entre el asesinato de Miguel Ángel Blanco y la victoria de Aznar, en la época en la que se produce una suerte de segunda Transición.
 "Es la época de las grandes privatizaciones, el primer cambio de modelo a nivel estatal, el plan Ibarretxe, la época dura del hedonismo", añade el excongresista.
"Es una época superintensa, pero parece que retrospectivamente no hubiese herramientas para poner todo en el mismo sitio. Con lo que intenté en el libro es precisamente dar herramientas para poder conjugar ambas cosas, la parte más hedonista y libertaria y la más oscura, la parte del miedo".

A López Carrasco le ocurre algo muy parecido. Como tantos jóvenes de su generación, no llevó un diario "porque no consideraba que ocurriese nada que mereciese la pena". Es algo muy común en una época de aparente ahistoricidad, que por instantes parecía dar la razón a Fukuyama en su ausencia de hitos históricos, al menos hasta el 11 de septiembre. "Hasta que no hemos experimentado una crisis como la de 2008 no hemos sido capaces de pensarnos", admite el director.
"Necesitamos una fractura en nuestro continuo narrativo para ver cómo era la sociedad de la que formábamos parte. Pensábamos que iba a durar para siempre, porque todo lo que teníamos a nuestro alrededor nos marcaba un horizonte de progreso y prosperidad. No ha sido hasta que esa concepción se ha desmoronado que hemos sido capaces de pensar el pasado".


Entonces, ¿qué son los 90?

Todo intento de revisar la época conduce, por lo tanto, a un cierto fracaso que el propio Eduardo Maura reconoce en su libro. "Nos falta afinar el tiro", concluye. 
"En España es complicado porque está muy presente todo eso del hedonismo, de la ausencia de riesgos, de 'Historias del Kronen', que me parece que hay que enriquecerlo. Al final no es ni una ni la otra, ni hedonismo ni el cinismo del fin de la historia, ni Achero Mañas ni 'Historias del Kronen'. Son claves que hay que conjuntar".

"Es a partir del 94, tras la gran crisis de empleo, cuando la sociedad española es opulenta. Y sus narrativas son estáticas y ensimismadas"

Es posible, incluso, hablar de dos años noventa. Los que llegan hasta 1994, y que serían un largo epílogo de los años 80 que concluye con el clímax Olimpiadas y Expo, crisis económica y recuperación, y la que arranca a mediados de esa década. "Para la gente más tecnopolítica es como si los 90 fueran del 94 en adelante, con el zapatismo, y los ingleses tienden a hablar solamente de Tony Blair y la victoria del nuevo laborismo que fue en 1997", añade Maura. 
"Tengo la sensación de que los 90, sobre todo a partir del 94 tras la gran crisis de empleo es cuando la sociedad española es opulenta. Y sus narrativas son muy estáticas, están metidas en un ensimismamiento", coincide López Carrasco.

Derrota o, mejor dicho, batalla aún en curso en la que aún no se ha decantado ni la lectura liberal, ni la hedonista, ni la de la izquierda previa al 15-M. Ni siquiera una síntesis de todas ellas. "Lo interesante es ver por qué no hemos sido capaces aún de obtener esa herramienta narrativa", concluye el tataranieto de Antonio Maura, el cinco veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII. Hay espacio para propuestas y enmiendas, antes de que los 90 terminen de convertirse en un objeto de consumo o un test de Rorschach para nostálgicos.


Tengo 40 años y pensaba que los 90 fueron estupendos. ¿Fue un error?
02/05/2017

Los noventa están empezando a ser revisitados críticamente por quienes, con suerte, estamos a la mitad de nuestra vida. Y empiezan a parecer más feos.


Para quienes nacimos a finales de los años setenta o principios de los ochenta, la década de los noventa fue clave para nuestra formación cultural y política. Y por eso mismo será difícil que jamás lleguemos a verla con cierta objetividad. Esa década fue convulsa en muchas partes del mundo, pero, vista ahora, en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos, fue un tiempo de gran placidez. Para los españoles, tras la brutal crisis de 1993, supuso una época de costoso crecimiento económico, que traía consigo la promesa de entrar en la moneda común europea.
La política era compleja y sucia, pero se produjo un relevo en el partido de gobierno que, aunque se preveía traumático, ocurrió como en cualquier democracia consolidada. En buena medida, parecía que éramos una democracia normal en la que a veces gobernaba la izquierda y a veces la derecha.

Para quienes nacimos a finales de los años setenta o principios de los ochenta, la década de los noventa fue clave para nuestra formación cultural y política. Y por eso mismo será difícil que jamás lleguemos a verla con cierta objetividad. Esa década fue convulsa en muchas partes del mundo, pero, vista ahora, en la mayoría de los países europeos y en Estados Unidos, fue un tiempo de gran placidez. Para los españoles, tras la brutal crisis de 1993, supuso una época de costoso crecimiento económico, que traía consigo la promesa de entrar en la moneda común europea.

La política era compleja y sucia, pero se produjo un relevo en el partido de gobierno que, aunque se preveía traumático, ocurrió como en cualquier democracia consolidada. En buena medida, parecía que éramos una democracia normal en la que a veces gobernaba la izquierda y a veces la derecha.
Había un cierto consenso: casi todos éramos europeístas; muchos éramos además, quizá sin saberlo, lo que ahora llamamos neoliberales -los economistas suelen llamar a ese período “la gran moderación”, cuando en apariencia se había alcanzado un estado de las cosas que permitiría el crecimiento eterno y que eliminaría el riesgo de crisis; por supuesto, eso resultó ser falso- y el acercamiento entre los programas de los partidos socialdemócratas y democristianos parecía bueno. O normal. O, simplemente, poco interesante.


La síntesis político-cultural fue inesperada. La izquierda había ganado la batalla de las costumbres y la derecha se había impuesto en la económica.
De hecho, se había producido una síntesis político-cultural inesperada. Por un lado, la izquierda había ganado la batalla de las costumbres -en el sexo, la droga y el arte pop- y, por el otro, la derecha se había impuesto en la económica -con la búsqueda de déficits pequeños, la reducción de la deuda pública y la privatización de las grandes empresas públicas-. Bill Clinton había fumado porros y era adúltero, pero llevaba las cuentas de su país con un rigor que ni los republicanos habían conseguido en mucho tiempo. Blair era católico y luego resultó ser belicista, pero nada le gustaba más que hacerse fotos con roqueros y reivindicar una Cool Britannia (Gran Bretaña guay). Aznar era un señor muy de derechas, pero se esforzaba por parecer moderno, reivindicaba a escritores de izquierdas y no tocó leyes como las del divorcio o el aborto.
Es cierto que no era una síntesis ideológica muy emocionante, pero para un adolescente o un joven de clase media, sin duda, era cómoda.

Tan alternativos como mainstream

Escuchar música independiente permitía un equilibrio muy fácil entre sentirse especial por pertenecer a una cultura aparentemente minoritaria y, al mismo tiempo, seguir siendo más o menos mainstream. No había trabas para conseguir los discos, o hasta las maquetas, de las bandas más remotas, pero sonaban con el grado suficiente de rabia, en comparación con Los 40 Principales, como para sentirse auténtico.

Para quienes estudiábamos literatura, todo era cómodo. Los clásicos estaban traducidos y eran relativamente baratos, y los contemporáneos ingleses, franceses o estadounidenses eran accesibles. Por primera vez en España, era fácil sentirse conectado con Europa por medio de los libros sin hacer malabarismos ni gastar demasiado: las grandes historias sobre la Primera Guerra Mundial, el Holocausto, el Gulag y todos los grandes acontecimientos europeos estaban a nuestro alcance y además parecían concernirnos: empezábamos a pensar que esa historia también era la nuestra.


Los escritores de la generación de nuestros padres -Marías, Azúa, Mendoza, Marsé- eran demócratas, de izquierdas y modernos, y los de la generación de nuestros tíos jóvenes o hermanos mayores -Loriga, Grandes, Gopegui, Mañas- eran la muestra de que se podía ser rompedor y, al mismo tiempo, ganarse la vida y una cierta respetabilidad.
La crítica literaria y musical eran fuertes, como lo eran los periódicos y las revistas: yo compraba El País todos los días; La Vanguardia, ABC y El Mundo el día en que publicaban su suplemento cultural, y todos los meses Rockdelux. Sentía que estaba tan bien informado como cualquiera y que era todo lo guay que se podía llegar a ser.

Una década revisitada

Ahora esa generación rondamos los 40. Soy consciente de que, si estoy embelleciendo la década de mi formación, quizá es porque fue realmente buena, pero quizá también porque todos recordamos con agrado los años en los que éramos jóvenes, fuertes y temerarios. A pesar de ello, esa década está empezando a ser revisitada críticamente por quienes, con suerte, estamos a la mitad de nuestra vida. Y empieza a parecer más fea. O, si no fea, un error.


Escritores, críticos y artistas también se sienten decepcionados con la década de su juventud, pero se han desplazado hacia la izquierda

Existe una tendencia clara. Si muchos escritores, críticos y artistas nacidos en los años cuarenta vivieron con enorme ilusión las revoluciones culturales y políticas de izquierdas de los años sesenta, pero luego se desengañaron y fueron virando hacia la derecha, ahora parece que está pasando lo contrario. Hoy, muchos escritores, críticos y artistas de mi generación también se sienten decepcionados con la década de su juventud, pero se han desplazado hacia la izquierda. También se critican a sí mismos por ingenuos o por pasivos, pero no desde posiciones más moderadas, sino más duras.

En este clima cultural, los noventa son vistos como años de despiste, en los que las multinacionales nos colaron goles sin que nos diéramos cuenta -estábamos demasiado ocupados leyendo libros escapistas o tomando éxtasis-, y en los que un orden cultural sometido a una lógica económica nos esclavizaba mentalmente de por vida.

(Son interesantes, en ese sentido, el libro de Nando Cruz “Pequeño circo' (Contra), una historia oral de la música independiente española de los noventa; el documental 'Generación Kronen', de Luis Mancha, sobre los escritores que triunfaron entonces; o, en el plano económico, 'Los felices 90: la semilla de la destrucción' (Taurus), del premio Nobel Joseph Stiglitz, que explica cómo la prosperidad de esa década puso las semillas de las catástrofes posteriores. También vale la pena leer 'El fin de la historia y el último hombre' (Planeta), de Francis Fukuyama, un libro, con frecuencia malinterpretado, que refleja bien el optimismo occidental después de la caída del muro de Berlín).

Las cosas, dice el relato crítico, aparentaban ir tan bien que nos despolitizamos por completo o simplemente asumimos sin pestañear el relato triunfalista de los ganadores del curso de la historia. Todo se volvió banal y acomodaticio: el legado del punk, la literatura transgresora, las visiones conflictivas de la economía y el papel de la implicación cívica. Solo resistía, como una pequeña y trendy aldea gala, el movimiento antiglobalización.


Es difícil no ser crítico con los noventa. Su optimismo y arrogancia estuvieron claramente infundados

Es difícil no ser crítico con los años noventa. En términos económicos, su optimismo estuvo claramente infundado, y hoy la arrogancia de pensar que se habían acabado los ciclos de expansión y recesión es casi imposible de creer. En el mismo sentido, la sensación de que con la caída del comunismo los grandes conflictos geopolíticos se verían muy atenuados fue un exceso de confianza aterrador (muy pronto la prueba estuvo clara en la propia Europa, con la guerra de la antigua Yugoslavia). Culturalmente, en cambio, tiendo a pensar que los noventa dejaron un legado valioso: hoy nos pueden parecer un poco bobos los himnos tardoadolescentes de Los Planetas u Oasis, o la rabia exhibicionista de Guns N’ Roses, pero es que la tardoadolescencia, quizá inevitablemente, es un poco boba, y su ira, un poco exhibicionista. Y recuerdo los noventa como una década literariamente llena de cosas buenas; es muy posible que esté confundiendo de nuevo la felicidad de un momento autobiográfico particular con la felicidad de un momento histórico general, pero creo que nunca leí novelas con más ansiedad que las de los autores españoles que he mencionado más arriba o Hornby, Amis o McEwan.


Es una buena noticia que ahora estemos poniendo bajo la lupa esa década. Y que reexaminemos todo lo que tuvo de bueno y de malo. Pero como pasa siempre con la propia juventud, quizá no hay peor juez de ella que nosotros mismos. Lo realmente interesante será saber qué piensan de los noventa quienes no los vivieron. Seguramente pensarán que fue una mediocridad, que es lo que todas las eras, en realidad, suelen ser a menos que hayamos sido jóvenes en ellas.



Felipe González Márquez




(Sevilla, 1942) Político socialista español, presidente del gobierno entre 1982 y 1996. Procedente de una familia modesta, se licenció en derecho por la Universidad de Sevilla (1966), ciudad en la que trabajó algún tiempo como abogado laboralista. En 1964 ingresó en el Partido Socialista Obrero Español, con el que participó en la lucha contra la dictadura de Francisco Franco desde la clandestinidad (la persecución policial le hizo asumir el sobrenombre de Isidoro). Ascendió rápidamente en el partido, accediendo a su Comisión Ejecutiva en 1970.

Arropado por un reducido grupo de jóvenes renovadores, sevillanos en su mayoría, acudió al Congreso celebrado por el partido en Suresnes (Francia) en 1974; allí se debatió la sustitución de la «vieja guardia» que controlaba el PSOE desde el exilio, con escasa influencia dentro del país, por un equipo más joven, capaz de arraigar entre la población del interior ante la eventualidad de la muerte del dictador y el cambio de régimen. Entre los dos grupos -madrileño y vizcaíno- que se disputaban el liderazgo de esa tarea, Felipe González apareció como solución de compromiso y fue elegido secretario general del partido, cargo que conservó hasta 1997.

Desde entonces condujo al socialismo español a una profunda renovación: modernizó su mensaje político en un sentido más moderado y cercano a las preocupaciones populares, acrecentó su presencia entre los trabajadores de todas las regiones de España e intensificó las relaciones con los partidos socialistas europeos (en especial con el Partido Socialdemócrata Alemán). Con todo ello contribuyó a hacer del PSOE el primer partido de la oposición y la alternativa de gobierno a la UCD del presidente Adolfo Suárez, una vez que la muerte de Franco (1975) permitió realizar la transición política a la democracia (1977).

Legalizado el partido en 1977, Felipe González le representó en la «Comisión de los Diez» que formó la oposición para negociar con el gobierno. Fue elegido diputado en 1977. Como portavoz del grupo parlamentario socialista encabezó una oposición constructiva, que facilitó el consenso con el que se elaboraron los Pactos de la Moncloa y la Constitución de 1978; y fue adquiriendo un liderazgo carismático que le asentó como líder indiscutido de su partido.

En 1979 dio un paso más en su proyecto de modernización del PSOE, forzando el abandono oficial de la ideología marxista mediante la escenificación de su dimisión como secretario general; un congreso extraordinario acabó admitiendo sus tesis moderadas y otorgándole un dominio total sobre el partido (que había reforzado un año antes con la absorción del Partido Socialista Popular de Enrique Tierno Galván).


escudo de armas
Con tales bazas obtuvo un triunfo arrollador en las elecciones de 1982, que le catapultaron a la Presidencia del Gobierno apoyado por una mayoría absoluta en el Parlamento. Se mantuvo al frente del gobierno hasta 1996, revalidando su triunfo en las urnas por mayoría absoluta en 1986 y 1989 y por mayoría relativa en 1993.

Durante más de trece años de mandato, Felipe González siguió una línea política moderada y pragmática, más cercana a posiciones de centro-izquierda que a las tradiciones propiamente socialistas. Ciertamente, fue fiel a su electorado de izquierdas en aspectos como la profundización de la democracia y las libertades, la construcción de infraestructuras o la financiación de gastos sociales mediante el aumento de la presión fiscal sobre las rentas más altas. Pero, en general, avaló una política económica ortodoxa, centrada en la modernización del aparato productivo y la lucha contra la inflación, lo cual le obligó a decisiones impopulares, como la reconversión industrial, el recorte de las pensiones o la flexibilización del mercado de trabajo; ello provocó el enfrentamiento con los sindicatos (incluida la Unión General de Trabajadores, central socialista que lideraba su antiguo colaborador Nicolás Redondo), que se saldó con dos huelgas generales contra el gobierno (1988 y 1994).

En política exterior, impulsó un alineamiento con los países occidentales aliados de Estados Unidos, cambiando su postura con respecto al ingreso de España en la OTAN (al cual se había opuesto en 1981); ya en el gobierno, González defendió la permanencia en la Alianza Atlántica, convocando al efecto un referéndum en 1986, que le fue favorable. Entre sus éxitos hay que anotar el ingreso de España en la Comunidad Europea (1985), en cuyo seno adquirió un protagonismo destacado, merced al entusiasmo europeísta del país y de su gobierno. En relación con este logro están los dos aspectos más brillantes del gobierno socialista, como son la modernización económica, que llevó a superar la crisis de los años setenta, y la adquisición por España de un mayor protagonismo internacional (tanto en Europa como en Iberoamérica).

La celebración simultánea en 1992 del quinto centenario del descubrimiento de América, la Exposición Universal de Sevilla y los Juegos Olímpicos de Barcelona marcaron el punto más alto del prestigio internacional de Felipe González y de la imagen exterior de la nueva España como un país moderno y democrático. El deseo de profundizar en la integración europea llevó a González a asumir el tratado de Maastricht de 1991; para ello tuvo que acentuar los sacrificios exigidos a la población, mediante una política de austeridad orientada al cumplimiento de los criterios de convergencia económica con el resto de la Unión Europea, previstos en aquel tratado.

Esta política económica restrictiva, unida a una nueva coyuntura de recesión, hicieron que en las elecciones de 1993 perdiera la mayoría absoluta, si bien el PSOE siguió siendo el partido más votado gracias a su defensa del Estado de Bienestar; González pudo así iniciar un último mandato, apuntalando su mayoría relativa mediante pactos con los nacionalistas catalanes.

Sin embargo, este último periodo de gobierno estuvo jalonado por dos problemas: la desunión en las filas socialistas, entre el aparato del partido (fiel al vicesecretario general Alfonso Guerra, defenestrado del gobierno en 1991) y los partidarios de una renovación que diera a éste un nuevo impulso político (animados por el propio González); por otro lado, la imagen del presidente se fue deteriorando a medida que los medios de comunicación iban sacando a la luz sucesivos escándalos en torno a los múltiples casos de corrupción que se habían producido bajo la Administración socialista y a las sospechas de complicidad del aparato del Estado en la guerra sucia contra el terrorismo de ETA.
 Procesados importantes políticos socialistas por ambos tipos de acusación, el PSOE perdió las elecciones europeas, municipales y autonómicas de 1994 y las generales de 1996, que dieron la presidencia a José María Aznar. Felipe González se retiró de la jefatura del partido en 1997.


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