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sábado, 14 de diciembre de 2019

Isabel Allende Karam.-a


Isabel Allende Karam, es una diplomática y traductora cubana, rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales de Cuba.Estudió en Checoeslovaquia , trabajó en el Centro Cultural de Cuba en ciudad de  Praga y en la Embajada de Cuba en ese antiguo país.​
Fue traductora de Fidel Castro durante su viaje a ese antiguo pais europeo. Su carrera continuó como la directora del departamento de países socialistas centroeuropeos en el  Ministerio de relaciones exteriores de Cuba.​ También se desempeñó como Viceministra de relaciones exteriores de Cuba3 y embajadora de Cuba en España (1999)​ y Rusia. Su marido es un escritor cubano

Entrevista

Isabel Allende Karam está a punto de cumplir 75 años. Asegura que ha comenzado a “desentrenarse del alto rendimiento”. Nadie le cree. Hay razones del corazón que el cuerpo no conoce. Toda ella tiene ganas incesantes de vivir, de verbalizar el tiempo, de recordar para que los demás no olvidemos.
En 1963, conversadora sin fin, “la gordita” fascinó al vicecanciller cubano Pelegrín Torras de la Luz, hablando un poco de checo y con el inglés machaca’o. Treinta años después, Isabel Allende fue la primera viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, y luego, durante 14 años, la rectora del Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa García (ISRI).
Es demasiado habanera para haber nacido en otra patria que no sea Guanabacoa, aun cuando la estirpe de sus apellidos venga de Vizcaya o de las tribus árabes. Tiene dos hijos y tres nietos, y ha estado casada con el mismo hombre por 49 años. Pero, ciertamente , ¿quién es Isabel Allende Karam?
Empezamos a acercarnos a ella, y ella a nosotros, no con las palabras que a veces dejan cosas por decir, sino escuchando estallar su risa cuando le preguntamos por qué suele dibujar en el pizarrón del aula a un diplomático cubano, con una cabeza muy grande y montado en patines.
“En la plenaria interminable del Ministerio de Relaciones Exteriores (Minrex) de 1976, donde se dialogó sobre el deslinde de funciones y los cargos que debían asumir nuestros funcionarios, los asistentes comenzamos a pasarnos un papelito, que se enriquecía de puesto en puesto. Íbamos dibujando cómo debería ser un especialista de país para poder cumplir con todo lo que caería sobre sus hombros.
“Al final resultó ser un muñequito con una cabeza, orejas y nariz muy grandes, ojos inmensos, una boca muy chiquita, cuatro manos y montado en patines… Tenía que ser muy versátil. Un diplomático cubano tiene que saber escuchar, observar, olfatear, hablar lo necesario, hacer cuatro cosas a la vez y correr montado en patines, porque la defensa de la Revolución no puede esperar.
“Hay situaciones que se nos presentan en el ministerio en las que, literalmente, hay que correr. En el exterior, donde tenemos embajadas tan pequeñas, los funcionarios deben tener la capacidad de hacer las grandes tareas y aquellas que algunos podrían considerar menos importantes, aunque no lo son: cocinar, montar una mesa, darle mantenimiento a algún equipo, distribuir correspondencia, encargarse de la contabilidad de la misión. Desde el aula, desde la academia, hay que fomentar esas habilidades. Ese es el diplomático revolucionario cubano, aquí y en el exterior”.

¿Para toda la vida?

Todo el sentido de su obra, una de las más necesarias y profundas de la diplomacia revolucionaria, está en la academia. Sin embargo, para llegar allí tuvo que consagrar su vida al trabajo, “contra viento y marea”, solo por declararse una soñadora de la verdad y ametrallar sin piedad a la traición.

¿Cómo llegó al Ministerio de Relaciones Exteriores?

–Es una historia muy peculiar. Llegué al Minrex por casualidad. Cuando concluyó la campaña de alfabetización, solicité una beca para estudiar idioma. Lo hice en el mismo lugar donde trabajo actualmente, la sede del ISRI, que entonces era el Instituto Abraham Lincoln.

“Quise matricular ruso, pero las solicitudes para una beca de traducción e interpretación de ese idioma eran muchísimas. La señora que llenaba las planillas me dijo: ‘¿Por qué no estudias checo?, tenemos muy pocas personas matriculadas’. Pensé: ‘Está bien, deben parecerse’. Realmente quería salir de la escuela de comercio, aborrecía aquello.

“Trece estudiantes terminamos el intenso programa. Después, nos fuimos a recoger café. Al regreso, nos habían ubicado en el Ministerio de la Industria Básica, y cuando llegamos allí solo tenían dos plazas disponibles. Entonces, nos dividimos en grupos y fuimos a buscar trabajo en otros ministerios.

“Cuatro compañeras llegamos al día siguiente al Minrex, por la entrada de la calle 5ta. En la recepción nos indicaron ver al viceministro primero, que en aquel momento era Pelegrín Torras de la Luz. Yo no había cumplido aún los 18 años.

¿El doctor Pelegrín Torras de la Luz las recibió?

–Hablamos con su jefa de despacho y nos recibió. Profesor, al fin y al cabo, escuchó toda nuestra historia, y luego preguntó: ‘¿Ustedes hablan otro idioma?’. Enseguida le dijimos que sí. Sinceramente, solo una de las muchachas hablaba bien el inglés, y el resto, machaca’o.

“Recuerdo, como si fuera hoy, que cuando fui a traducirle a Pelegrín la palabra policy, le dije que significaba policía y no política. Con una santa calma, me rectificó. Con mucha más dulzura nos explicó que no tenía trabajo para nosotras, porque había ya un equipo de traductores; no tenían espacio para intérpretes de checo y, mucho menos, para cuatro. De todas maneras, tomó nota de nuestros datos personales.

“Al cabo de los dos meses me llamaron a la casa desde la Cancillería. Ya tenía trabajo en el Departamento de Intercambio Técnico del Ministerio de la Construcción y no fui. Hasta que un día mi papá me aconsejó llamar por teléfono para agradecerle a Pelegrín y decirle que estaba trabajando en otro lugar. ‘Ustedes no se dan cuenta de que han molestado a un hombre con mucho trabajo y de alto cargo’, insistió.

“Llamé como a las 7:00 p.m. ‘El doctor quiere que vengas enseguida para acá’, aseguró desde el otro lado de la línea Amelia Muñoz, la jefa de despacho del viceministro. Cuando llegué a su oficina, Pelegrín dijo: ‘Si está de acuerdo, hemos decidido enviarla a nuestra embajada en Praga, porque hicimos las averiguaciones y usted fue el primer expediente de la beca; además, es militante de la UJC... ’.

“Recuerdo que lo único que le pregunté fue: ‘¿Y eso es para toda la vida?’. Me respondió: ‘Compañerita, no seríamos dialécticos si decimos que es para toda la vida’. Me explicó en detalle cómo sería todo el proceso de preparación, y que tendría vacaciones anuales. Después las suspendieron y estuve tres años sin venir a Cuba. Me montaron en un avión luego de una larga batalla familiar, porque era hija única y mi mamá no quería autorizarme a viajar. Mi abuela tuvo que imponerse. Al mes siguiente, estaba en Praga.

Y ahí se inició su carrera diplomática “para toda la vida”...

–Llegué a Praga el 6 de marzo de 1963, como traductora. Tuve que perfeccionar el idioma y estudiarlo con el grupo de cubanos que radicaba allí. Hacía de secretaria del embajador para los temas protocolares, para el trabajo con las autoridades checas. Le llevaba su agenda y también traducía la prensa escrita.

“Allí había un señor que se llamaba Roberto Castrillo, de muy malas pulgas, pero de una cultura tremenda. Fue el que me condujo y me enseñó. Más que el checo, me enseñó la riqueza del idioma español.

“Fui cónsul, asistente… Tuve la gran oportunidad de aprender mucho de ese país. Iba a todas partes. Fundamentalmente, trabajaba con organizaciones fabriles que hacían brigadas de solidaridad con Cuba. Regresé a La Habana el 25 de noviembre de 1966.

“No fue solo una decisión personal, pero pudo serlo, porque este es un trabajo interesantísimo, apasionante. Me gustó y me quedé trabajando aquí. Me designaron especialista de Checoslovaquia en la dirección de Política Regional 1 (países socialistas), un puesto que ocupé durante tres o cuatro meses en 1966”.

No hay países ni puestos pequeños

¿Cómo pasó de especialista de país a secretaria, y viceversa?

–El director de Política Regional 1, Jesús Barreiro González, tuvo un problema con su secretaria y me pidió que me quedara con él hasta que llegara una persona con las cualidades idóneas. Es una época que recuerdo con mucho cariño; fue cuando me bautizaron como ‘Isabelita’, porque así me decía Barreiro. Ahí aprendí muchísimo de los países socialistas, incluidos los asiáticos, porque toda la correspondencia entraba por mí.

“Ahí viví toda la Gran Revolución Cultural china. Disfrutaba cuando llegaban los informes del embajador Oscar Pino Santos, un gran economista, periodista, escritor y diplomático cubano. Devoraba cada letra. Después llegó Emma Cárdenas Acuña, quien hoy es profesora de protocolo del ISRI, y me sustituyó. Volví a ser especialista de Checoslovaquia hasta 1969. En esta carrera no hay países ni puestos pequeños”.

¿Qué importancia tiene el traductor, el intérprete, para el trabajo diplomático?

–La tarea del traductor y el intérprete la aprecio muchísimo, porque sé la complejidad que tiene, aunque no siempre sea valorada como debiera. El traductor es importante en todas las ramas del conocimiento.

“Generalmente, en las grandes conversaciones los sientan atrás, no al lado de la figura, o los ponen bien lejano. Y es verdad que el traductor no tiene otro desempeño, pero una palabra mal traducida, un matiz mal dado, puede conducir a graves errores en cualquier profesión, y en política exterior es mucho más delicado. Por tanto, el buen traductor tiene que especializarse y hacerse experto en relaciones exteriores y política internacional.

“El Minrex tiene un cuerpo de traductores muy bueno. El conocimiento de idiomas es vital para el desempeño de un diplomático; lógicamente, no podemos saber todos los idiomas del mundo, ni podemos tener diplomáticos que hablen todos los idiomas del mundo, pero si los tenemos, y es posible hablar directamente, ¡mucho mejor! Al traductor le corresponde llevar el mensaje tal cual lo recibe, lo escucha. Eso es muy difícil. Requiere de especialidad, arduo esfuerzo, mucho trabajo.

“Por ejemplo, cuando Fidel hablaba en español, Juanita llevaba al inglés el mensaje exacto, pero no solo por el buen dominio del idioma, sino por la entonación que le daba. Los traductores simultáneos son, por lo general, más planos, pero los consecutivos tienen que trabajar más con las emociones, y eso es complejo”.

Y cuando tuvo que traducirle a Fidel, ¿dominó sus emociones?

–El que tiene que traducirle a Fidel se muere de miedo, le tiemblan las piernas, no sabe qué va a hacer. Sin embargo, cuando se sienta, se da cuenta de que traducirle a Fidel es una maravilla. Siempre que uno le traducía a Fidel, se nutría y aprendía. No era tan difícil. Fidel hablaba muy claro, completaba muy bien sus pensamientos y no hacía unas largas oraciones, lo peor que le puede pasar a un traductor es eso.

Cuéntenos un momento de apuro y uno memorable de Isabelita como traductora.

–Conservo con agradable memoria el día en que tuve que traducirle un discurso a Gustáv Husák, secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, en Santa Clara, el 6 de abril de 1973. Era una intervención pública en la cual no había texto anterior. No sabía lo que iba a decir. Se lo pude traducir de principio a fin. Incluso, me atreví a corregirle algunos detalles. Husák se dio cuenta y después me lo agradeció. Sé que a mucha gente le gustó esa traducción.

“Apuros pasé muchos; tantos, que no recuerdo cuántos. Momentos difíciles y de mucha responsabilidad, no solo porque tuve que traducirle a Fidel Castro, sino también a Raúl Roa, a Carlos Rafael Rodríguez, a Osvaldo Dorticós... Por cierto, una de las figuras que debemos estudiar muchísimo, para comprender su papel en las relaciones exteriores de Cuba. Eran personas que tenían una cultura extraordinaria y eran tan sagaces, que podían darse cuenta al instante de si realmente lo estabas haciendo bien o no”.

Hombres cultos llenaron la diplomacia cubana

¿Quién y cómo era Raúl Roa?

–Roa siempre estaba moviéndose. Fue una de las personas más auténticas que he conocido en mi vida. Era un intelectual de alta talla. Sabía tanto, que siempre sabía ponerse a la altura de todos sus interlocutores, entenderlos y tratar de conocerlos. Roa conocía a todos en el ministerio. Sabías que podías contar con él siempre, en cualquier circunstancia. Aunque fuera el ministro, podías llegar a él.

“Recuerdo que traducirle era espantoso, muy difícil. Inventaba palabras y, a veces, lo hacía para bromear conmigo. Me decía : ‘Ahora sí, te fastidié’. Y yo debía inventar para llegar a esa palabra que no sabía traducir. Entonces, tenía que recurrir al embajador de Checoslovaquia en La Habana, que hablaba en perfecto español. Por supuesto, el embajador nunca me delató.

“Ese era Roa, lo vi por primera vez antes de irme para Praga, cuando entró a la oficina de Pelegrín y preguntó: ‘¿Esta es la compañera que se va conmigo para Praga?’. Desde ese momento tengo recuerdos imborrables de él.

“Raúl Roa mandó llamarme a mí, quizás la de menor rango dentro del ministerio, cuando la crisis de Checoslovaquia, cuando entraron las tropas por el Pacto de Varsovia. Estaba en la casa y llegué al Minrex corriendo, él me estaba esperando en su oficina. Le gustaba hablar directamente con las personas que se ocupaban de los problemas, eso lo distinguía.

“Conservo con mucho cariño una postal que me mandó cuando cumplió los 70 años, respondiendo mi felicitación, que fue verbal, no escrita. Ya él estaba en la Asamblea Nacional. Al reverso de la excepcional caricatura que le hizo Juan David, decía: “A la gordita, que conocí jugando con aro, balde y paleta”. Aquello significaba que me conoció desde muy joven y, ciertamente, siempre tuve ese problema de sobrepeso. En el Minrex había dos con esas características: a Olga Miranda él le decía ‘la gorda’, y a mí, ‘la gordita’”.

¿Y Carlos Rafael Rodríguez?, se habla tan poco de él…

–En el caso de Carlos Rafael hay una deuda pendiente, se habla y se estudia muy poco de él. Carlos Rafael también era una persona extraordinaria. Imponía mucho respeto. No puedo decir solo que fue un hombre culto. Hombres cultos llenaron la diplomacia cubana y son una fuente de sapiencia que no hemos aprovechado suficientemente, pero Carlos Rafael fue el culto de los cultos, con una inteligencia y una agudeza tremendas.

“No tenía el mismo carácter de Roa, pero también era muy auténtico, muy cubano, y sabía hacer chistes. A diferencia de Roa, que hacía los chistes más criollos y que utilizaba más el refranero o inventaba sus propios refranes y palabras, Carlos Rafael le impregnaba un dejo de ironía muy fino a sus chistes. Era un hombre de una agilidad mental extraordinaria, con una gran capacidad para el conocimiento de las relaciones profesionales.

“Dominaba mucho los aspectos de las relaciones económicas internacionales y también las políticas. Eso hacía de él una figura extraordinaria y de gran peso para el desarrollo de la política exterior cubana, de gran autoridad, reconocida por todos, en Cuba y en el mundo. Era una persona capaz de argumentar, discutir con cualquiera, incluido Fidel.

“Siempre les digo a mis alumnos, los escritos de Carlos Rafael hay que leerlos. Cuando repaso su artículo ‘Los fundamentos estratégicos de la política exterior cubana’, tengo que reconocer que él definió ahí lo que estamos haciendo y lo que tendremos que hacer por mucho tiempo.

“Nunca se me olvida el día en que estaba traduciéndole a él en un encuentro con el entonces primer secretario del Partido de Eslovaquia. Carlos Rafael empezó a hablar de las novillas, de la ganadería, y a mí se me olvidó cómo se decía ‘novillas’. Me quedé un segundo en blanco, estuve a punto de decir ‘las hijas de la vacas’, pero de repente me vino a la mente la palabra jalovice. Pensé que no se había dado cuenta. Cuando la dije, Carlos Rafael se viró y me dijo: ‘Isabel, menos mal que ya lo viste, vamos a seguir’”.

Los 10 segundos más largos de la historia

Su primer puesto como jefa de misión lo desempeñó en Polonia, de 1988 a 1991. Cuatro años bien complejos. ¿Cuán duro fue el “desmerengamiento” para usted, como embajadora cubana?

–Era ministra consejera de nuestra embajada en la Unión Soviética (1986-1988) y de ahí me designaron para Polonia. Fue una experiencia que no voy a olvidar jamás, porque fueron los años en los que transcurrió el desmontaje del socialismo. Vi cómo el campo socialista europeo se iba desmoronando poco a poco, un proceso de desmontaje que venía de muchos años atrás.

“Aprendí mucho en esa etapa. Venía de la perestroika soviética y Polonia era otra cosa, las circunstancias eran muy distintas de lo que estaba pasando en la URSS. No por gusto fue el primer país donde triunfó Solidarność (Solidaridad). Fui testigo de cómo se fue entregando el poder. Pasé momentos extraordinariamente difíciles. Cometí indisciplinas, porque un embajador, para presentar una nota de protesta, debe consultar siempre al Gobierno y yo no lo hice.

“Se comenzaron a hacer actos muy feos contra Cuba, se recibió al disidente y farsante Armando Valladares, al terrorista Jorge Mas Canosa. Salieron muchos artículos envenenados en periódicos… Y no dudé en presentar una nota de protesta. Me llamó el viceministro José Rául Viera preguntando por qué había presentado la nota: ‘¿Cómo no vas a consultar?’, dijo. Le leí lo que había salido en el periódico. La respuesta de él fue: ‘No hay problema, te mando para allá a una persona con instrucciones de lo que debes hacer’.

“Tuvimos que presentar los expedientes de Valladares y de Ventura, desmontar una intensa campaña de difamación contra Cuba. Por supuesto, fue muy difícil, la gente no me quería creer. Fueron momentos complejos, porque no se acabó la historia pero se confundieron los términos; el que antes era revolucionario, pasó a ser retrógrado. Aquellos que se decían socialistas cambiaron de chaqueta, de un día para otro, y no hay nada peor que un renegado.

“El embajador de Venezuela, que era el decano del cuerpo diplomático, me dijo: ‘Isabel, por lo menos ustedes no han cambiado’, refiriéndose a un personaje polaco que cambió el discurso en un abrir y cerrar de ojos. Llegué a quedarme sola en una recepción, me dejaban sola porque apestaba a comunismo, tuve que oír cosas muy negativas de mi país.

“Un periódico publicó algo que decía así: ‘Los acontecimientos en Polonia duraron 10 meses, en Hungría 10 semanas, en Rumanía 10 días, en Checolosvaquia, 10 minutos. ¿Cuánto durarán en Cuba? ¿Diez segundos?’. En ese momento, me dominó la cólera, porque me dolió muchísimo, pero después me alegré de que hubieran publicado eso. Hoy puedo decir que han sido los 10 segundos más largos de la historia. Todavía estamos aquí”.

¿La indisciplina, el regaño y la cólera vendrían de la mano de esa frase que usted repite una y otra vez en clases: “Cuando la dignidad se vulnera, se acaba la diplomacia”?

–Esa frase se la tomé a un embajador cubano, muy amigo nuestro, que ya está jubilado: Raúl Barzaga Navas, un ejemplo de diplomático. Nosotros no somos diplomáticos de profesión, podemos serlo ahora; al principio todos lo fuimos a la carrera, nos formamos ejerciendo la profesión, porque era una necesidad de la Revolución. Tuvimos grandes maestros, no solo los de la universidad, también lo que estaban aquí, en las oficinas, grandes intelectuales que conformaron este ministerio: Roa, Pelegrín, Lechuga, Fernández Tabío, José Antonio Portuondo, Juan Marinello... De esa gente aprendimos a la vez que estudiábamos para hacernos universitarios.

“No vale nada la formación académica si no va acompañada de un alto sentido de lo que significa en Cuba la profesión de ser diplomático. Raúl Castro ha dicho muchas veces que ser miembro de las FAR no es un medio de vida, sino una actitud ante la vida. Yo podría decir lo mismo de un diplomático revolucionario cubano. No podemos ver esta carrera como un medio de vida, sino como una forma de servir a la Revolución, como una actitud y un compromiso ante la población cubana, porque el diplomático cubano nunca se puede alejar del pueblo que representa.

“Por eso, Roa dijo en la plenaria del Minrex, en 1963, lo que para mí es la definición más acertada de diplomacia: que un funcionario del servicio exterior de Cuba debía ser, ante todo, un revolucionario ejemplar, diestro en el arte del tacto, de la táctica y el contacto, pero ante todo revolucionario. De eso tenemos que aprender todos.

“Hay muchos cánones y posturas diplomáticas, y hay todavía mucha gente que dice: ‘Eso que hicieron ustedes en tal lugar no es muy diplomático’. Siempre respondo que sí, que los cánones diplomáticos están hechos por aquellos que no son capaces de defender realmente a su país. Esta Revolución hay que defenderla en cualquier parte, siendo buenos diplomáticos, pero también sabiendo poner los puntos sobre las íes cuando sea necesario”.

La Revolución cubana le dio al socialismo una dimensión geopolítica que no tenía

¿Por qué habla con tanta pasión de los países socialistas de Europa?

–De la misma manera en que uno no olvida el primer beso, tampoco se olvida el primer trabajo. En aquellos países me desilusioné y también aprendí muchísimo. Es imposible no vincularse emocionalmente con el país donde uno trabaja. Fueron países que desempeñaron un papel importante en nuestras relaciones internacionales, más allá de la desaparición del campo socialista, de las diferencias, de los encuentros y desencuentros.

“No fue exactamente igual en todas las regiones, pero allí se sembró un sentimiento de solidaridad que caló profundamente. Esos países estuvieron llenos de cubanos, diplomáticos, estudiantes, trabajadores, cortadores de madera en plena Siberia, mucha gente que hizo familias y sembró raíces, recuerdos...

“Más allá de las diferencias, había mucha gente que amaba al Che. El aniversario 20 de su desaparición física fuimos a conmemorarlo lejísimo, en Siberia, porque allí existía una brigada de trabajo que se llamaba Che Guevara y donaba su salario para los países del Tercer Mundo. Cuesta trabajo olvidar eso.

“Los gobiernos cambian, las personas también, pero hay que seguir cultivando el amor entre los pueblos. Bajo la genialidad de Fidel, Cuba supo desde el primer día qué puertas había que tocar: la diplomacia de los pueblos. Ahí está el trabajo del Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos (ICAP)”.

La URSS nos ayudó, pero nosotros también…

–Cuba les aportó el hecho de hacer una Revolución socialista en este hemisferio, que le dio al socialismo una dimensión geopolítica que no tenía. Les aportó el conocimiento y la certeza de que sí podía hacer socialismo en un país del Tercer Mundo, y originalidad en la forma de hacer una revolución.

“Cuba contribuyó a que el socialismo como sistema fuera mejor conocido y apreciado por el Tercer Mundo, con mucha honestidad y claridad en las relaciones con esos países. Unos lo tomaron mejor que otros. Debemos tener en cuenta que ningún país socialista europeo era igual a otro, y los adversarios del socialismo en el mundo supieron hacer un trabajo muy particular, precisamente, por no hacer tabla rasa, para aplicar una política bien diferenciada, con el mismo objetivo, dividir. Por ejemplo, aprovecharon los condicionamientos históricos internos con la rusia zarista y con la Unión Soviética para dividir, y lo lograron, lamentablemente. Dediqué más de 20 años de trabajo de mi vida a esos países, tanto en el servicio interno como externo”.

¿Por qué Isabel Allende es la primera viceministra cubana de Relaciones Exteriores?

–Durante los primeros años de la Revolución, este era un ministerio compuesto por muchas mujeres y nunca había tenido una viceministra. Treinta y cuatro años transcurrieron desde su fundación. Me sorprendió muchísimo cuando me lo dijeron, me eché a llorar, fue muy difícil para mí asimilarlo.

“Todo en la vida depende de las circunstancias, porque había muchas otras compañeras en el Minrex con las mismas condiciones e, incluso, mejores, para haber obtenido el cargo. Me tocó. Traté de ser digna de ese gran honor lo mejor posible. Lo único que me gratificó fue que el nombramiento fue bien acogido entre mis compañeros”.

¿Para la mujer es más fácil la carrera diplomática?

–La mujer sí encuentra más trabas, porque todavía hay un marcado comportamiento machista, aun en las sociedades que aseguran lo han eliminado. La mentalidad todavía incide. Influye tanto que, cuando un hombre es embajador y va a una cena con su cónyuge, a ella la sientan en el lugar que le toca, como esposa del embajador. Cuando una mujer es embajadora, a su cónyuge lo sientan en el lugar que le toca de acuerdo con su rango diplomático. Eso es un síntoma de machismo.

“Cuando estaba en Polonia, a mí nunca me decían ‘señora embajadora’, sino ‘señora embajador’. Aunque Polonia tenía muchas mujeres diplomáticas, jefas de misión, consideraban como embajadoras solo a las esposas de los embajadores.

“En Cuba, donde la Revolución abogó, desde el primer momento, por la eliminación del machismo, por la igualdad de la mujer, también ha sido difícil romper esa mentalidad. Durante mucho tiempo, eso se evidenció en que si nombraban a un funcionario para trabajar en el servicio exterior, inmediatamente el centro de trabajo de su esposa la liberaba; pero nombraban a una mujer y el centro de trabajo de su esposo decía que no. Hoy tenemos un paso de avance tremendo, embajadores han aceptado alternar con sus esposas y que ellas también puedan ser las embajadoras.

“La mujer está perfectamente capacitada para enfrentarse a este trabajo. Y en algunos casos, la mujer tiene determinadas sensibilidades que le facilitan entrar en lugares a los que a un hombre le cuesta más trabajo acceder”.

A España llegó en 1999 y permaneció allí hasta 2004. En el Gobierno estaba José María Aznar. ¿Le gusta navegar en medio de Gobiernos hostiles?

–Los años en España fueron inolvidables y muy complicados. Fue un reto que me hizo crecer como persona y como diplomática. Efectivamente, tuvimos el gran reto de enfrentar un Gobierno hostil, proestadounidense. Creían que, después de Estados Unidos, quienes debían gobernar América Latina eran ellos. Un Gobierno ideológicamente contrario a las ideas de la Revolución. Eso hizo que fuera muy difícil mantener una relación con él.

“A la vez, el trabajo se simplificó tanto que nos permitió salir de lo habitual, comprender mejor que el embajador se acredita en el país, no solo en la capital. Por tanto, comenzamos a andar el país, a trabajar pueblo a pueblo. España es diversa, hay multiplicidad de autonomías, con sus diferentes factores históricos, y en cada uno de esos lugares hay un sentimiento especial hacia Cuba.

“En esos años difíciles nos centramos en trabajar con la solidaridad, y para ello fue fundamental el acompañamiento de José Ramón Fernández. Fue un factor decisivo. El Gallego contribuyó a hacer que la política cubana pudiera horadar la política de Aznar. Esa tarea le fue encomendada, y la cumplió con una gran inteligencia. Él tenía un prestigio tremendo. Fue un hombre que hizo un gran trabajo por la política exterior de Cuba siendo el presidente del Comité Olímpico Cubano, pero particularmente puedo dar fe de que lo hizo en España”.

Un camino de dos vías


La diplomática cubana Isabel Allende Karam presenta el libro "Un siglo de teoría de las relaciones internacionales" en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales, en La Habana. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate/Archivo.
Y la embajadora se convirtió en rectora, estuvo 14 años consecutivos al frente de la academia diplomática.

–Me convertí en rectora del ISRI porque así me lo indicaron. Fue un gran reto, porque requería de mí una reorientación profesional. El día en que le entregué la rectoría del ISRI al embajador Rogelio Polanco, le dije que había sido una de las actividades más difíciles y retadoras a las que me había enfrentado, y también una de las más gratificantes.

“Uno aprende mucho con la docencia. Es un camino de dos vías, tú aportas conocimiento, pero los estudiantes también lo hacen, y no solo en la clase. Te sorprenden. Su agudeza y capacidad de profundizar son tantas que te ponen a correr para poder conducirlos.

“Los jóvenes cubanos me han dado muchas lecciones de valentía, honestidad, comprensión, pero, sobre todo, de ser buenos revolucionarios. Son distintos, porque cada generación es parecida a su época. Ahora, cuando un joven te dice ‘rectora, queremos salir a la calle a festejar el retorno de los Cinco Héroes, porque no nos podemos quedar aquí’, y salen gritando con una bandera, te están dando una lección.

“O cuando dijeron: ‘Tenemos que salir a la calle a decir nuestro sentimiento por la desaparición del Comandante’, los mismos que se pasaron la madrugada entera, por iniciativa propia, expresando su dolor en las redes sociales, y luego fueron a la calle a gritar: ‘Yo soy Fidel’. Vivir eso es lo más gratificante del mundo. Creo que el ISRI ha sido una gran experiencia para mi vida y es muy bueno que mi vida laboral termine en el ISRI”.

¿Por qué insiste en rescatar la historia de la diplomacia revolucionaria?

–No hay futuro, ni presente, sin pasado. Fidel siempre nos lo recordaba. Cuando se realizó el primer congreso del Partido, hizo una síntesis histórica de todas las condiciones que habían llevado a la Revolución. Sin eso no podemos entender el por qué de la Revolución. Tampoco podemos entender los principios de la diplomacia revolucionaria.

“Debemos conocer qué legado nos han dejado quienes tanto hicieron por nuestra felicidad. Todos los días uno aprende algo nuevo, pero no puedo olvidar lo que he aprendido de las personas que me han acompañado durante estos 57 años de trabajo en el Minrex, de los compañeros de fila y de los jefes.

“Aquellos que me hicieron repetir un informe no sé cuántas veces (quería matarlos en aquel momento, pero hoy se los agradezco infinitamente). Aquellos que me enseñaron a hacer un análisis, que me condujeron por este o aquel camino. Todos han aportado algo a mi formación. Si los olvidamos, estamos olvidando la historia.

“La historia de la diplomacia cubana hay que hacerla no solo hablando de la política exterior de Cuba, porque ambas cosas están muy imbricadas, sino también de las personas que han hecho esa diplomacia, en las más disímiles posiciones.

“El 11 de septiembre es el día de los mártires del servicio exterior, porque ese día mataron a Félix García Rodríguez, que no era embajador, no era consejero, era un funcionario del Minrex que estuvo dispuesto a dar su vida. De la misma manera, tampoco podemos olvidar a todos los intelectuales cubanos y revolucionarios que le dieron su vida a este ministerio, no podemos olvidar que este ministerio se inició y está compuesto por personas de muy diversas procedencias, todas con un denominador común: ser revolucionario”.

¿Qué es la diplomacia revolucionaria para Isabel Allende?

–Dignidad, ética, honestidad, apego a las mejores tradiciones de este pueblo. Es una diplomacia de pueblo y para el pueblo.

¿Y el Ministerio de Relaciones Exteriores?

–Mi vida está íntimamente vinculada a este ministerio, porque aquí fue donde crecí, me hice mejor persona y revolucionaria. Aquí conocí a los compañeros que me acompañaron en mi boda, en los momentos más difíciles de mi vida, en la muerte de mis padres; a los que cuidaron y jugaron con mis hijos… Aquí realicé mi vida.

viernes, 25 de octubre de 2019

Exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos.-a

restos de franco
Este día 25 octubre, un día después de la exhumación del cadáver de Francisco Franco Bahamonde​​  de la basílica del Valle de los Caídos, y su inhumación en el cementerio de Mingorrubio, en el Barrio del Pardo de Madrid, hay que examinar políticamente lo ocurrido:

1).-Francisco Franco nunca quiso ser enterrado en el Valle de los Caídos. Aquella decisión fue tomada, a su muerte, por el Gobierno de Carlos Arias Navarro con acuerdo del rey Juan Carlos. 

Según un expediente custodiado por el Archivo de la Villa de Madrid, en el mes abril de 1969, el Ayuntamiento de Madrid ordenó la construcción de la cripta "por orden de la superioridad". No se especifica quién exigió el panteón, pero queda claro que se trató de alguien muy por encima del ámbito municipal. El expediente, además, habla de "inmediata ejecución". De ahí se deduce que había alguien a punto de morir. La inversión inicial fue de 6,88 millones de pesetas. La cripta estuvo lista entre los años 1971 y 1972.
tumba de Franco

Rufo Gamazo, periodista y colaborador muy estrecho de Arias Navarro durante su etapa como alcalde de Madrid, siempre defendió que Francisco Franco construyó su mausoleo  en el cementerio de Mingorrubio para descansar allí. Solía mencionar una conversación entre  Franco y Carmen Polo, que sí fue inhumada en este panteón cuando falleció en 1988. Se la atribuye al general Manuel Esquivias Franco, ayudante directo de Francisco Franco durante más de una década. La familia Franco otorga veracidad a este relato. Al parecer, este militar fue el encargado de mostrar la cripta a Polo una vez estuvo terminada.
actual tumba

detalle

En un almuerzo posterior, Franco habría preguntado: "Carmen, ¿te ha gustado?". Y ella respondió: "No, me ha parecido muy lujosa". Un diálogo del que se desprende esa intención de enterrarse juntos en Mingorrubio.

2.-Tras el traslado de cadáver de Franco, el valle de los caídos, deja de ser la tumba de Generalísimo para convertirse es un inmenso monumento de la victoria de los nacionalistas  sobre los republicanos en la guerra civil española.

El Valle de los Caídos es un complejo monumental que Franco mandó construir para "perpetuar la memoria" de los "héroes y mártires" caídos en la "gloriosa cruzada", término con que  se refería a la Guerra Civil Española.


 Según  DECRETO de 1 de abril de 1940 disponiendo se alcen Basílica, Monasterio y Cuartel de Juventudes, en la finca situada en las vertientes de la Sierra del Guadarrama (El Escorial), conocida por Cuelgamuros, para perpetuar la memoria de los caídos en nuestra Gloriosa Cruzada.
La dimensión de nuestra Cruzada los heroicos sacrificios que la victoria encierra y la trascendencia que ha tenido para el futuro de España esta epopeya, no pueden quedar perpetuados por los  sencillos monumentos con los que suelen conmemorarse en villas y ciudades los hechos salientes de nuestra Historia  y los episodios gloriosos de sus hijos.
Es necesario que las piedras que se  levanten tengan la grandeza de los  monumentos antiguos, que desafíen  al tiempo y al olvido y que constituyan lugar de meditación y de reposo en que las generaciones futuras rindan tributo de admiración a los que les legaron una España mejor.


3.-Es la tumba de los combatientes fallecidos en la guerra civil española.


En el Valle de los Caídos siguen enterradas más de 33.000 fallecidos de la Guerra Civil. 

4.-Es un monumento al Falangismo español. 

José Antonio Primo de Rivera, quien es  el mas importante de los mártires del falangismo español, es la persona enterrada en el valle de los caídos mas importante, y el único conocido de enterrados.  Con la salida de Franco, Jose Antonio, se convirtió mas importante de los sepultado en mausoleo, el valle es símbolo del falangismo y la derecha española. Hay señalar que durante el franquismo, el monumento tuvo un gran significado político e ideológico, ya que en él se encuentran enterrados  Primo de Rivera.

Nota final

Alfredo González-Ruibal, investigador del Instituto de Ciencias del Patrimonio, adscrito al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y especialista en arqueología de la guerra civil,  señalo “Eso de que sacamos a Franco, recolocamos a Primo de Rivera, ponemos unos carteles y se acabó el Valle de los Caídos, no es así. Los que nos dedicamos a estas cosas del patrimonio sabemos muy bien que los lugares vacíos tienen un poder simbólico muy fuerte, y el Valle de los Caídos puede ser simbólicamente todavía más potente sin Franco”.

Dedicatoria 

Este día 25 octubre, nació en este año 1964, una querida amiga, le dedico este articulo.

jueves, 22 de agosto de 2019

«Melancolía de izquierda», la tragedia de las revoluciones redentoras.-a


El asalto marxista a los cielos solo produjo un reguero de miedo, sangre, violencia, dolor y criminalidad. Este libro del profesor y filósofo italiano Enzo Traverso es una dura autocrítica de fracasos

CÉSAR ANTONIO MOLINA

11/06/2019

Este libro de Enzo Traverso, filósofo italiano y profesor en EE. UU., habla del eclipse de las utopías, fundamentalmente de la izquierda marxista. Es una visión melancólica de la historia como rememoración de los vencidos. El tránsito de la utopía a la memoria. El mejor ejemplo está en la película de Angelopoulos, «La mirada de Ulises», cuando por el Danubio baja una barcaza que lleva sedente una gran estatua de Lenin hacia el basurero de la Historia. La barcaza se aleja del escenario de la Historia para transformarse en un lugar de la memoria. Los lugares de la memoria son aquellos que tienen la necesidad de preservar una relación afectiva con un pasado agotado y bajo la amenaza del olvido. Las gentes que se detienen a ver el paso de la barcaza, como si fuera su propia existencia, miran, como diría Benjamin, unas reliquias. ¿Interpretar el mundo o cambiarlo? Este es el libro que enuncia y enjuicia los reinos perdidos de las experiencias revolucionarias. Es una dura auto- crítica de fracasos y no resignación ante el orden mundial esbozado por un ultraliberalismo desbocado.
Repensar la historia del marxismo revolucionario a través del prisma de la melancolía. La caída del telón de acero y el papel de los intelectuales y artistas diezmados en la URSS. El ángel de la historia de Benjamin que contempla un campo de ruinas que crecen incesantemente. Para Traverso difícilmente aquel mundo podrá tener redención ante la Historia: gulag, millones de asesinados, promesas sociales incumplidas, falta de libertad de expresión y de movimiento, violencia y miedo como subordinación al poder, destrucción del individualismo frente a la masa anónima…

Países adláteres

Y, luego, lo que aconteció en China y otros países adláteres. Fracasos tras fracasos de la convivencia, precisamente desde una ideología que, cínicamente, la tenía como referente. Adorno denunció la amnesia que se escondía bajo la «elaboración del pasado» incapaz para hacer el duelo de los terrores del nazismo, comunismo, maoísmo y demás ismos. Para Hobsbawm el impacto de la revolución rusa fue mayor que la francesa. La rusa acabó con las esperanzas del mundo en una utopía igualitaria.
Este ensayo abre multitud de pistas para reflexionar sobre el más oscuro pasado y tratar de evitarlo
¿Qué queda del asalto marxista a los cielos?
 ¡Nada!
Las revoluciones burguesas (la norteamericana o la francesa) tuvieron buenas consecuencias perdurables. Las comunistas solo dejaron dolor y sangre. Unas consiguieron nuevas metas de libertad, las otras lucharon furibundamente contra ella. El comunismo fracasó como proyecto ético, estético y político. Como escribe Raymond Williams en su libro «La tragedia moderna», las revoluciones siempre han tendido a negar su dimensión trágica para enaltecer su misión redentora, liberadora, apasionante y gozosa. El comunismo jamás admitió la tragedia a pesar del permanente pronunciamiento a favor de la lucha, como en el caso de Gramsci en sus «Cuadernos de la cárcel». 
Tragedia y revolución se excluían mutuamente. «La mirada de Ulises», de Angelopulos, «La vida de los otros», de Henckel, o las películas de Kusturica, son imágenes melancólicas del final del comunismo soviético. El director serbio decía que la gente compraba la ficción como si fuera una realidad.

Degradación social

En estas y otras películas, el comunismo aparece como un espacio extraño, incomprensible, de degradación social, un abismo insondable. Todo era un lamento fúnebre, una elegía. Aquel fracaso había producido un vacío insondable. Celan, en «El meridiano», habla de utopía como esperanza; y de u-topía como un no lugar. De la esperanza se había pasado al no lugar.
Enzo Traverso dedica un apartado muy importante a la bohemia de finales del XIX donde apareció la derecha revolucionaria. La bohemia era una síntesis entre una izquierda #populista antiburguesa y antidemocrática y un nacionalismo antirrepublicano que ya no sentía nostalgia por el antiguo régimen y se vuelca en un nuevo orden. Celine, Barrés, La Rochelle o Brasillach serían los representantes franceses; en Italia Marinetti; y en Alemania Van den Bruck y Benn. Fascistas coloreados por raíces bohemias.
¿Acaso Mussolini o Hitler no fueron en su juventud artistas bohemios?
Frente a esta reacción, el surrealismo cercano al socialismo revolucionario (Maiakovski o Breton y cía). Baudelaire quedó en medio de ambos fuegos. Elogió al dandi como la representación de una altiva casta, un nuevo tipo de aristocracia que se había refugiado en el culto del yo. Para Balzac un dandi equivalía a un mueble decorativo; y para Sartre era una inutilidad social.
Spengler justificó muchos de los males del siglo XX. Para huir de Spengler, decía Adorno, no bastaba con denigrar la barbarie y confiar en la salud de la cultura. Había que reconocer, antes bien, el elemento de barbarie que hay en la cultura misma. Horkheimer y Adorno en «Dialéctica de la Ilustración» hablan de una regresión a la barbarie. «La razón es totalitaria y el nazismo fue un producto de la civilización», escribieron. Y también para ambos, los totalitarismos fueron el resultado de un proceso de autodestrucción de la Ilustración. Hegel había hablado del progreso como espíritu del mundo, Adorno como catástrofe. Este libro de Traverso abre multitud de pistas para reflexionar sobre el más oscuro pasado y tratar de evitarlo.

«Melancolía de izquierda». Enzo Traverso
Ensayo. Galaxia Gutenberg, 2019. 403 páginas. 23,50 euros

lunes, 19 de agosto de 2019

Las nuevas tribus de Inglaterra.-a



18/08/2019 
Cuando la línea divisoria de la política era la derecha y la izquierda, y las lealtades eran a los tories o al Labour, en las comidas familiares de los domingos, en los pubs y en las cenas de amigos se podía hablar de política. Pero desde que la frontera consiste en seguir en Europa o marcharse, padres e hijos, compañeros de trabajo, colegas de toda la vida se tiran los trastos a la cabeza o se van dando un portazo cada vez que surge el tema. Leavers y remainers son dos tribus incompatibles, que se detestan profundamente.
Los leavers son esencialmente nacionalistas ingleses. Igual que los blancos norteamericanos de clase trabajadora de Ohio, las Dakotas y Pennsylvania que votan a Trump porque se sienten despojados de su identidad, están resentidos por el creciente protagonismo de los negros, las mujeres y los hispanos y no comparten el movimiento #MeToo. Lamentan que el Estado dedique un gasto público mayor a Escocia que a Inglaterra, que Gales y el Ulster tengan gobiernos autónomos, pero no así Yorkshire.

NOSTALGIA

Los ‘leavers’ querrían retrasar el reloj a los días del imperio, y los ‘remainers’, al 2016
Calificarlos de extrema derecha es una simplificación, aunque tienen un elemento racista que rechaza a los inmigrantes. Son populistas, culturalmente conservadores, que se sienten marginados por la globalización, abogan por sentencias más severas (incluso la pena de muerte) para combatir la delincuencia, quieren más policía y les parece bien que los agentes paren en la calle a asiáticos y afrocaribeños para pedirles los papeles. Pero lamentan el deterioro de los servicios públicos, reclaman más fondos para sanidad y educación, una mayor intervención del Estado, cortapisas a los bancos y multinacionales, más impuestos a los ricos y una cierta redistribución de la riqueza. Por eso hay muchos laboristas que son al mismo tiempo leavers.
Un miembro de esta tribu se considera “más inglés que británico” o “tan inglés como británico”, desprecia a los intelectuales y las instituciones multinacionales y desconfía de quienes ejercen el poder. Por lo general vive en el campo, no ha ido a la universidad y ya no es ningún jovenzuelo. Puede ser propietario de una pequeña empresa, tiene nostalgia del pasado, y lamenta la pérdida de la ética del trabajo duro y el servicio a la comunidad. Dice que “no tiene nada contra los inmigrantes”, pero el país ha de recuperar el control de sus fronteras, de cuántos llegan y quiénes son. Estima que el centro de gravedad de la sociedad y la vida política se ha trasladado a quienes tienen carrera, a las grandes corporaciones, a los académicos. Se siente fuera de juego, y que ningún partido político lo representa (Boris Johnson pretende cubrir ese vacío). Su identidad es leave, irse de la burocrática Unión Europea aunque sea dando un portazo, sufriendo económicamente y alentando la independencia de Escocia y la reunificación de Irlanda.

IDENTIDAD

Unos han encontrado su razón de ser en la salida de Europa, los otros, en la defensa de la UE

Así como el poso del nacionalismo inglés llevaba años latente y la revolución euroescéptica no ha hecho más que canalizarlo, el movimiento remain es por completo una novedad. Sus integrantes eran hasta hace sólo tres años parte del sistema, se definían como de centro y clase media, no eran activistas y se consideraban inmunes a las pasiones políticas. En la oposición radical al Brexit han encontrado su identidad, una causa solidaria, una razón más allá de sí mismos en la que creen y por la que vale la pena luchar, ir a manifestaciones, ondear una bandera de la UE, colocar una pegatina en la ventana, seguir obsesivamente los tuits de Jean-Claude Juncker, Michel Barnier, Donald Tusk, Sabine Weyand o Guy Verhofstadt, y pintarse la cara de azul con estrellas amarillas.
Desde el punto de vista de los leavers, los remainers son igual de fanáticos o más. A ellos les critican que ganaron el referéndum a base de mentiras, pero en el fondo se trata de malos perdedores que no aceptan el resultado y están dispuestos a darle la vuelta como sea, por la vía política o a través de los tribunales. Unos se quejan de que “uno ya no puede decir que es inglés”. Los otros, de que “te insultan si te defines como europeo”.


MARGINACIÓN

Los ‘leavers’ creen que los ingleses blancos están perdiendo su sitio
La tribu remainer se comunica a través de la página de Twitter #FBPE (Follow Back pro EU), lee el periódico digital anti Brexit The New European y las novelas de escritores eurófilos como Jonathan Coe y Ali Smith, y se envían las canciones de The Matthew Herbert Brexit Big Band. Para los estudiantes que temen perder el acceso a las becas Erasmus y a la posibilidad de trabajar en el continente, el dominio de las redes sociales viene de lejos. Para los de una cierta de edad, la pertenencia al movimiento les ha introducido de lleno en ese mundo.
La búsqueda de una identidad no es el único nexo de unión entre ambas tribus. Aunque los re mainers son por lo general parte del establishment, comparten con los leavers la sensación de que el país en el que vivían y se sentían cómodos les ha sido usurpado, de que son ignorados, de que el 52% que ganó el referéndum pretende imponer una dictadura, de que las instituciones que funcionaban se han roto, la democracia falla y los medios de comunicación –incluida la BBC– han perdido la neutralidad y favorecen el Brexit. Piensan que la moderación se ha vuelto en su contra y, enrabiados, ven al contrario no como un rival sino como un enemigo atávico que cuestiona su raison d’être. Han adoptado la confrontación y el tribalismo.


REVOLUCIÓN

Los ‘remainers’ eran gente de clase media que de repente se ha radicalizado
Entre los leavers hay laboristas, aunque dominan los conservadores por clara mayoría, pero los remainers están divididos entre todos los partidos, algo que políticamente lastra su unidad y dificulta que logren su objetivo de impedir el Brexit, batalla épica a la que se han entregado en cuerpo y alma. Los liberales demócratas consideran que encarnan la pureza del grupo, como eurófilos de toda la vida, frente a conversos o compañeros ocasionales de viaje, tories y Labour. Para los nacionalistas escoceses y galeses es una segunda identidad, como quienes tienen un segundo equipo de fútbol.

La tribu remainer siente un profundo desprecio por Boris Johnson, por Jacob Rees-Mogg y Nigel Farage, a quienes ven como ricachones aristócratas que se pueden dar el lujo de jugar al populismo y poner en peligro la economía, en la certeza de que a ellos no les va a afectar ninguna crisis. Durante mucho tiempo dieron por hechas las ventajas de la UE y no levantaron la voz cuando los euroescépticos exageraban sus limitaciones, pero ahora la defienden como el paradigma de la paz y la estabilidad en Europa, pasando por alto el sesgo hacia el fascismo en Italia, la manera en que Grecia fue ahogada económicamente por Alemania, la creciente xenofobia en Holanda, Austria y los países escandinavos, el auge de los neonazis, la falta de solidaridad hacia los refugiados... Admiran a Merkel y Macron. Creen que Johnson y compañía han convertido al Reino Unido en una caricatura, el hazmerreír del planeta. En su opinión, han sustituido al Partido Conservador como la voz del sentido común, la competencia y la responsabilidad. Al oponerse al masoquismo del Brexit, anteponen el interés nacional al de los partidos.


“Ya es hora de que llamemos a las cosas por su nombre –dice en su talk show radiofónico el eurófilo James O’Brien–. No hablemos de remainers y leavers, sino de quienes tienen razón y quienes están equivocados”. Las dos nuevas tribus de la política británica no podían ser más antagónicas y hostiles. Se inspiran mutuamente pena. Unos quieren atrasar el reloj a los tiempos del imperio; otros, a antes del referéndum. Es una batalla a muerte que no puede acabar en empate. No es de extrañar que en las casas no se pueda hablar de política... Por lo menos, sí de fútbol.

jueves, 15 de agosto de 2019

Decadencia de la socialdemocracia.-a


“Los socialdemócratas se han convertido en partidos de pensionistas”: El análisis de expertos europeos sobre la crisis de la centro-izquierda

Los académicos Sarah de Lange y Reinhard Heinisch radiografiaron el panorama de la política europea y destacaron que mientras la extrema derecha avanza en el Viejo Continente y en el mundo, la socialdemocracia se hunde y pierde sus votantes más jóvenes. El mapeo chileno lo ofrecieron la frentamplista Beatriz Sánchez y la ex subsecretaria de Educación, Valentina Quiroga.

15.08.2019 

¿Estamos asistiendo a la desaparición de la socialdemocracia? ¿Qué queda de los partidos que otrora se presentaban como la única alternativa para disputar el poder a las fuerzas conservadoras? ¿Dónde han ido a parar sus votantes? Son algunas de las preguntas que el pasado martes se plantearon en el foro “¿Crisis de la socialdemocracia?”, organizado por la Facultad de Ciencias Sociales e Historia de la Universidad Diego Portales (UDP) junto con la Fundación Friedrich Ebert (FES) y el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

La académica de la Universidad de Amsterdam, Sarah de Lange, como ponente principal, y el profesor de la Universidad de Salzburg, Reinhard Heinisch, fueron los encargados de radiografiar el panorama de los partidos socialdemócratas europeos; mientras que la mirada local la aportaron la líder del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, y la ex subsecretaria de Educación y directora de la Fundación Horizonte Ciudadano, Valentina Quiroga.

En el viaje por la crisis socialdemócrata europea, De Lange revisó los casos que han sido parte de sus investigaciones: Francia, Alemania, Holanda y Reino Unido. Cuatro países del Viejo Contiente que tienen en común dos tendencias: el auge de la extrema derecha, por un lado, y el declive de los partidos socialdemócratas, por el otro. Son sólo cuatro ejemplos de un mapa en el que podrían señalarse muchos otros, incluso al otro lado del Atlántico. Junto a varios cambios socialdemográficos, como el envejecimiento de la población, o el aumento de la clase media y de los niveles educativos, la académica señaló “la importancia que han tomado los conflictos socio-culturales” como otro de los factores que ha provocado el “declive estructural” de la socialdemocracia. “Los valores y las normas culturales importan más que los temas relacionados con educación o salud, tradicionalmente vinculados a los partidos socialdemócratas”, explicó.

De Lange se dedica a investigar los patrones de los votantes y los elementos contextuales que influyen en el voto a los partidos de extrema derecha. Sus estudios concluyen que el entorno en el que uno vive tiene un impacto en el apoyo a los partidos de la ultraderecha. “Tiene que ver con factores muy diversos: desde la presencia de inmigrantes en el barrio, la calidad de vida o el acceso a servicios públicos (colegios, centro médico, entre otros), hasta la seguridad o el número de propietarios de viviendas de una zona”, detalla la experta. Según ella, además, los factores de contexto que son importantes en las grandes ciudades son distintos de los que trascienden en las zonas más rurales: “Mientras en las grandes ciudades es principalmente la inmigración el factor que entrega más posibilidades de apoyar a la extrema derecha, fuera de ellas este apoyo está más relacionado con el nivel de deterioro de la zona (si está perdiendo sus servicios, si está perdiendo su gente joven porque se va a las grandes ciudades a trabajar, etc.)”, añade.

La docente holandesa consideró que este análisis es extrapolable a Chile en la medida en que la población extranjera también se concentra en las grandes ciudades y las áreas rurales empiezan a vaciarse y a decaer, por la migración del campo a las urbes del país. Por eso, la investigadora destaca la importancia de invertir en las zonas de campo “para mantener escuelas y centros de salud abiertos” y evitar, así, que sean zonas “cada vez más empobrecidas”.

Construir una nueva “alianza de clases”

El estado de salud de la socialdemocracia europea no parece ser muy alentador en la mayoría de países europeos. España y Portugal son hoy las excepciones y reflejan cierta “volatilidad” del voto socialista, según Sarah de Lange. Su diagnóstico de la crisis se enfoca en el abandono de algunos de los principios básicos de esta ideología. La docente opina que la socialdemocracia siempre se ha basado en una “alianza de clases cruzada [cross-class aliance]”, es decir, “unir bajo el proyecto de la igualdad gente de altos niveles educativos con gente de niveles más bajos; personas de clase media con otras de clase alta; y gente de zonas rurales con otra procedente de las grandes ciudades”. Ante la actual crisis, advierte que los partidos socialdemócratas tienen en sus manos la opción de construir una nueva “alianza de clases cruzada” que pueda convencer de nuevo a los votantes de que, en realidad, “hay más intereses compartidos entre ellos, que opuestos”.

Sin embargo, en su opinión, hoy a estos partidos les falta una “visión propia” para el futuro porque están “demasiado reactivos” a los movimientos de otras fuerzas, especialmente aquellas de extrema derecha, que son las que más se han concentrado en el tema migratorio. “[Los socialdemócratas] necesitan su propia mirada de los temas que nuestras sociedades tendrán que enfrentar en los próximos 20 años”, afirma.

La holandesa alertó también de la pérdida de votantes jóvenes de familia política: “Es un factor clave porque sin los jóvenes el futuro pinta muy mal”. En ese punto, respaldó sus tesis Reinhard Heinisch, experto en extrema derecha y populismos en Europa. “Los socialdemócratas se han convertido en partidos de pensionistas”, ironizó el austríaco.

Llamada a la democracia participativa

En el escenario chileno, la ex candidata presidencial Beatriz Sánchez aprovechó la instancia para deconstruir la idea de que la Concertación y la Nueva Mayoría fueron en Chile los equivalentes a los partidos socialdemócratas europeos. “Cuando la Concertación pasó de la dictadura a la democracia avanzó en las cifras de pobreza, esto es una realidad; también aumentó el nivel de consumo y las formas de vida, pero esto no fue de la mano de cambios profundos en la vida de las personas”, dijo la periodista. En su opinión, el proyecto político más cercano al modelo europeo es el representado por el Frente Amplio: “Nosotros proponíamos dejar de privatizar aspectos esenciales en la vida de las personas. En eso, el partido iba de la mano con la socialdemocracia que conocemos en Europa”, señaló.
La frenteamplista coincidió con De Lange en que los partidos más a la izquierda de la socialdemocracia –como Podemos en España, Syriza en Grecia o Die Linke en Alemania– pueden contribuir a la salida para la crisis de estas fuerzas tradicionales en la medida que tomen nota de “trabajar para una democracia participativa real” de los ciudadanos. “Hay que abrir procesos de participación vinculantes para que tomar parte en las decisiones políticas tenga una cierta gracia y le haga sentido a la gente”, dijo Sánchez.
Valentina Quiroga, por su parte, insistió en el concepto de “no desechar la idea de tener una socialdemocracia a la chilena” y afirmó que el gran desafío es “tener una mejor lectura de las necesidades que mobilizan a las personas”.

miércoles, 24 de julio de 2019

La Revolución socialista inició en Rusia y no en Inglaterra.-a

Luis Alberto García / Moscú

Hubo quien pensara que la revolución proletaria comenzaría en la Inglaterra victoriana; pero fue en la Rusia zarista donde la chispa encendió en 1917, bajo los conceptos filosóficos de la alienación, la lucha de clases, la plusvalía, el capital, el trabajo como valor, el materialismo histórico, el choque entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción.
Con esos pensamientos empezaron la dictadura del proletariado y el comunismo, amparados en ese conjunto de conceptos que remite, sobre todo, a un pensador, Karl Marx, con Friederich Engels siempre en segundo plano.
Carlos Marx nació en Tréveris, al sureste de Renania, el 5 de mayo de 1818, y más de doscientos años después su obra descomunal sigue sometida al escrutinio, como en la biografía escrita por Gareth Stedman Jones, cuyo mayor mérito tiene el enorme valor de quitarle al personaje los lastres que lo han convertido en el gran mito de la revolución.
En otras palabras, devuelve su pensamiento al mundo en el que surgió: “Karl Marx. Ilusión y grandeza” (Editorial Taurus, con traducción de Jaime Collyer), abarca más de 800 páginas, transita de su vida privada a la pública, de sus estudios y su inmersión en la poco analizada teoría política del siglo antepasado.
Acude en sus referentes, da cuenta de sus desafíos y muestra las contradicciones y los logros de aquel lejano filósofo y hombre de acción nacido en Alemania, cuyas ideas terminaron por transformar radicalmente el mundo en una dirección que ni él ni nadie siquiera llegaron a imaginar.

Es 1835 cuando inicia la época en la que Marx estudia en Bonn y Berlín y entra en contacto con las ideas de los jóvenes hegelianos: “La crítica de todos estos pensadores radicales a las limitaciones del cristianismo para transformar el mundo prenden en el joven Marx”, explica Stedman Jones, catedrático de Historia de las Ideas en la Universidad de Londres.
“Hay también otros elementos –añade- que influyen en un ambiente cargado por el interés en la cuestión social. Ni la revolución de 1830 en Francia, que no conduce a una verdadera república sino a una monarquía que solo facilita mayores derechos a una minoría, ni las reformas en Inglaterra, que no logran ampliar el sufragio a amplias capas de la población, han producido cambios considerables”
Así es cómo los obreros empiezan a estudiar, reflexionar y organizarse, y el joven Marx a escribir en revistas. Alejándose de su familia judía, pero con unos padres que lo bautizaron en alguna Iglesia evangélica de Prusia en algún momento entre 1816 y 1819.
Karl se casó en 1843 con Jenny Westphalen, joven de familia aristocrática que luego formó también parte de la Liga de los Comunistas, con quien tuvo siete hijos, de los que murieron cuatro siendo niños y solo sobrevivieron tres mujeres, dos de las cuales terminarían más adelante suicidándose.
Vivió con ellos Lenchen, una empleada doméstica que creció con la familia Westphalen, y que tuvo un hijo con Marx, en un ambiente de pobreza que fue la gran pesadilla que los acompañó durante largos trechos de su vida, sin la ayuda económica de Engels, que procedía de una familia de un rico industrial, y que gracias a ello Marx no hubiera podido consagrarse a su obra.
“Quería controlarlo todo”, cuenta Stedman Jones, con el inconveniente der que una de sus hijas se enamoró de un communard francés, pero Karl y Jenny preferían que se casara con alguien más respetable, así que no le permitían verlo y la muchacha tuvo que encontrar un trabajo en Brighton para mantener la relación, pero hasta allí llegó la mano de su madre.
Y aquello no prosperó porque quisieron siempre mantener la imagen de una familia burguesa respetable, y cuando Lenchen quedó embarazada, los Marx decidieron contar que el responsable era el amigo y benefactor Engels.

El coautor de la pieza mayor de la filosofía alemana del siglo XIX, en su lecho de muerte y como no podía hablar porque tenía un cáncer de lengua, escribió con tiza en una pizarra: ‘Yo no fui el padre, el padre fue Karl”.
Los periódicos y revistas eran cerrados, y Marx se traslada a París, donde va a consolidar su amistad con Friedrich Engels durante unos intensos días del verano de 1844, cuando se convierten en editores de una publicación en el exilio –“Anales franco-alemanes”, donde aparece un texto de Engels que cuestiona la economía política del capitalismo y donde recoge la crítica a la propiedad de Proudhon.
Sus ideas interesan y ambos van a identificarse: es hora, no solo de interpretar el mundo, sino de transformarlo; son personas distintas en lo que toca a su formación política y teórica. Engels conecta con las inquietudes sociales del socialista utópico Robert Owen y no sabe nada de Hegel, inspiración central de Marx.
Les interesa Feuerbach, que ha mostrado las limitaciones del cristianismo y considera que es tarea del movimiento obrero la de restaurar el verdadero humanismo. “Ha llegado–señala su biógrafo inglés- la hora de emancipar a la clase obrera. Marx y Engels empiezan a trabajar en el “Manifiesto Comunista”, que el primero completa en enero de 1848.
En febrero estalla la revolución en Francia, y poco después se proyecta sobre otras naciones de Europa: “No es tanto lo que quiera hacer el proletariado sino lo que le toca hacer como clase, eso es lo que defienden”, observa Stedman Jones.
Sin embargo, otro pensador, Max Stirner, critica esa lectura: “¿Cómo que es una prioridad de los trabajadores emancipar a la humanidad? Eso suena a cristianismo. Marx se afana en responderle, pero no llega a ser convincente. Es cosa de la lucha de clases, viene a decir, pero es no es más que un anhelo. No una realidad, como pretende su teoría”.
Stedman Jones cuenta que Marx se traslada entonces a Bruselas, empieza a trabajar en “El Capital”, sigue vinculado a los movimientos obreros, y con el tiempo surge la Primera Internacional, las luchas del proletariado empiezan a canalizarse con los socialdemócratas y Marx se convierte en un mito cuando defiende, en 1870, a la Comuna de París.
En 1883 muere en Londres, donde se había instalado definitivamente desde 1849; pero es Engels el que defiende que el capitalismo va a derrumbarse por sus propias contradicciones, explica Stedman Jones.
“Marx no cree que la revolución vaya a ser un acontecimiento. No es la toma de la Bastilla, sino más bien un proceso, una transición que se parece a la que hubo del feudalismo al capitalismo. ¿Y cómo imaginaba el comunismo? Los que se llamaban comunistas, allá por 1840, eran los que creían en compartir la propiedad”.
Engels era uno de ellos. Marx, no, y pensaba en un regreso a los orígenes de la sociedad, cuando entre aquellos lejanos cazadores y recolectores había más recursos que personas, una cierta abundancia, no tenía sentido hablar de propiedad, que es algo que solo surge cuando hay escasez.
Todo esto es de Adam Smith y la fantasía de Marx era que la sociedad industrial generaría tantos recursos que ya no haría falta ni propiedad, ni leyes, ni gobiernos, ni Estado”: De ese proyecto, ya luego vino todo lo demás, como la Revolución soviética y otros movimientos que modificarían el rumbo de la historia en el siglo XX”.

martes, 9 de julio de 2019

Los Intelectuales europeos y el maoísmo a


No me gustan los aniversarios, pero el décimo año transcurrido desde la muerte de Mao, más que un dato fúnebre, puede ser ocasión para realizar un balance intelectual para la intelligenisia europea. Prácticamente, el 9 de septiembre de 1976 se cierra tumultuosamente el ciclo de la Revolución Cultural china, que lanzó chispas de fuego también sobre la pradera de la cultura occidental, incendiándola. Al discutir de todo esto con amigos, entre París y Roma, hemos llegado a una síntesis dividida en tres puntos. El primero es que la Revolución Cultural se fue configurando, con todo aquello que hemos ido conociendo a lo largo de los años, con aspectos monstruosos. A los que no hay mucho que añadir después de tan gran número de testimonios indiscutibles por parte de quien escribe.
 Exceptuando la condena. (Aunque todavía no estemos seguros de que aquellas monstruosidades no se hayan perpetuado en los años siguientes con nuevas purgas y de que los innumerables ladrones y violadores condenados a muerte no fuesen en realidad otra cosa que los rebeldes de Mao.) El segundo, situándonos en un punto de vista fríamente geopolítico, es que: la Revolución Cultural constituyó un acontecimiento capital para retrasar y contener la expansión soviética y asimismo sus atroces normalizaciones en el área controlada por la URSS.


En tercer lugar -y es el tema de este trabajo-, situándonos en una perspectiva intelectual, es también una explosión romántica como la que lanzó a Shelley y a Byron hacia Grecia. y constituyó un fantástico catalizador de la intelligenísia occidental, sin parangón en la posguerra, con la formación de los mejores intelectuales, sobre todo en Francia. Todo aquel que tiene todavía algo que decir hoy día en arte, en literatura, en filosofía, en el periodismo, si nos remontamos a sus orígenes, es toda ella gente que quedó marcada por los años del maoísmo, de Deleuze a July, de Glucksmann a Sollers. Y hay además un grupito de cerebros explosivos, de Sartre a Lacan, de Barthes a Foticault y a Althusser. Los debates y discusiones de estos hombres, todos ellos fallecidos hoy, alcanzaban entonces las universidades más remotas, desde Nebraska a Hokkaido.
¿Cómo responder a todos aquellos que se interrogaban estupefactos sobre las razones por las que un líder amarillo y "loco", según los soviéticos, que vivía a 10.000 kilómetros del corazón de Occidente, pudiese fascinar a tantos mandarines intelectuales y a tantos jóvenes?

Mao, en realidad, no era sólo el Gran Timonel, sino el jefe de un gigantesco amotinamiento casi planetario: Él mismo se definía "sin ley y sin cielo", medio bandido y medio condottiero, mitad mono y mitad tigre. Anunciaba el declinar de los partidos comunistas, la super-ación del marxismo, un cambio en el equilibrio mundial ("el viento del Este derrota al viento del Oeste") en favor de los pobres y del Tercer Mundo. Era el guía de una revuelta antiarcaica, heterócfita, libertaria. Un burdo cismáticio, según Moscu. Un gran intelectual, según las elites, en cuyos textos; se entrelazaban la sabiduría legendaria de Lao-Tse y de Confucio (aun cuando Mao lo había repudiado) y el eco de una civilización milenaria, tanto cuando hacía poesía como cuando escribía de filosoflia.
 Su huella última se hallaba en sus elementales máximas, que, sin embargo, eran movilizadoras, reunidas en el Libro Rojo. También el feminismo francés, con el eslogan "Las mujeres son la mitad del cielo", irrumpió en París bajo flarma maoísta, conducido por la Librería de las mujeres. El encanto de Mao, que Andy Warhol constató, como el de Marilyn, pintándolo con la gorra y el lunar, creación en proporción inversa al odio del comunismo oficial y de la URSS. Para unos y otros, la Revolución Cultural era una epilepsia bárbara, un baile de san Vito. Pero los ídolos parisienses europeos se vuelven ellos también amarillos. Todo quedaba renovado bajo el zodiaco de Mao, en las investigaciones intelectuales más audaces, en el estilo, en la fingüística, en psiquiatría, en arte y asimismo en la política.

Sin duda, alrededor de París, para explicar tantos fenómenos, ardían todavía las hogueras de 1968. Seguía suspendido en el aire algún eslogan burlón contra el mandarinato de los catedráticos, el imperialismo soviético, la jerarquía opresora, el dogmatismo marxista, la esclerosis de los comunistas franceses, y resonaba todavía el eco del lamento, por Praga. Pero esto no sería suficiente para explicar el espesor cultural del maoísmo. Hay más, hay una tradición cultural específica -como la de Francia, Alemania, el Reino Unido, grandes potencias- que, por razones buenas o malas, desde la ciencia multicolor de la chinología al colonialismo, se ha anclado a lo largo de por lo menos tres siglos a la civilizacion china casi como proyección de su propia identidad, incluso en las chinoiseries. Recordemos a madame Pompadour, con sus porcelanas chinas, y el mobiliario y decoración chinos del palacio real de Versalles bajo Luis XIV. Y también Voltaire y refinados enciclopedistas. Y Víctor Hugo, conquistado por el erotismo chino, construyó con sus manos una habitación china para que sirviese de alcoba a su amante Juliette Drouet (todavía podemos visitarla en el museo de la plaza de los Vosgos).
El Museo de Arte Chino y Orienta]. del Trocadero, perfecto como un, diamante, es fruto del legado al Estado, de monsieur Émile Guimet, industrial de Lyón, y desde hace un siglo es meta obligada de los entendidos. La vieja Escela de Lenguas Orientales del Barrio Latino es una de las mejores del mundo. Y llegamos finalmente a la epopeya china del Maraux de La condición humana, hasta su encuentro con Mao, tras el cual el escritor, con De Gaulle todavía como presidente, reveló al mundo occidental atónito las líneas principales de la Revolución Cultural. Añado La chinoise, de Godard, filme brujo, radar de los humores juveniles subyacentes. Los británicos tuvie ron a Joseph Needham, el genio de los chinólogos. Los estadounidenses tuvieron a Edgar Snow., y los canadienses, al médico Bethume, (una especie de Marco Polo de nuestros tiempos).

Quien visite el castillo de Potsdam quedará boquiabierto por la pasión china de los Habsburgo: porcelanas, lacas, abanicos, mamparas, estatuas, pinturas sobre seda. Y lo mismo en Viena. En la República Federal de Alemania fue donde, después de Francia, el maoísmo echó sus más robustas raíces en su día. No puedo olvidar mi viaje a Heidelberg, donde los jóvenes alemanes me esperaban en el aula universitaria que había sido, de Hegel y me subieron a la cátedra para contarme lo de la revolución de la enseñanza en China y exigir una refonna universitaria en Alemania. Era una juventud impaciente y pura, sin ningún rasgo en común con el futuro terrorisrno del grupo Baader-Meinhoff. El error de los occidentales, y sobre todo el de sus teóricos-periodistas, fue, por lo general, el de confundir el terrorismo que va a ensangrentar Europa occidental con el maoísmo, y que me atrevería a defnir como un movimiento oiratorio, revolucionario culto, subvertidor del status cultural y pacífico. Algo a,sí como los verdes, para entendernos. Y como los verdes, los jóvenes franceses se iban a trabajar al campo, abandonando París, o corno Robert Lienhardt, entraban en la Renault, dejando la cátedra y poniéndose a trabajar en la cadena de montaje. Su terrorismo era sólo verbal, y demostrativo.
 Entonces escribí un libro sobre China, adonde había efectuado mi tercer viaje del primero lo había realizado en 1954), en el que quería ser testigo, o escriba, como decía, para contar el largo viaje por la tierra de Mao. El libro me abrió muchas puertas, pero otras se me cerraron. Fue traducido en Estados Unidos y en Japón, pero fue puesto en la lista negra por el Partido Comunista Francés en la fiesta de L'Humanité. Una vez excomulgado, el libro se convirtió en un éxito de ventas, y a veces resultó ser el único libro que me iba a encontrar en las casas de pobres gentes de provincia durante mi peregrinar por Francia. En cambio, Giangiacomo Feltrinelli, mi editor fugado, me escribió, desde no sé dónde, una dura carta: "Pero, ¿por qué te ocupas de los chinos? La revolución hay que hacerla aquí, entre nosotros, con los proletarios italianos". 
Evidentemente, teníamos una concepción diferente de revolución. Para mí, al igual. que para los intelectuales, franceses, China era una aventura intelectual todavía no exhausta. Por lo que respecta a Berlinguer, éste odiaba al maoísmo, y consideraba cosa de "delincuentes" la "ola china", y le habría. gustado acabar con ella, como hará con los primeros movimientos estudiantiles de 1977, confundiendo una vez más el terrorismo con la inocente insurrección juvenil, alrededor de una radio boloñesa, con el eslogan: "Después de Marx, abril". Asimismo podría resaltar que durante 20 años, en Europa, el abismo entre poderes constituidos y juventud no ha hecho más que ensancharse, hasta llegar al rechazo total actual de la política y de la propia Europa comunista, considerada un asunto de mercaderes.

En aquellos tiempos, la juventud, en cambio, era más bien europeizante, incluso en su sueño de la visión maoísta de Europa que fuese un tercer pole. independiente entre Estados Unidos y la URSS, aspecto que no va a desaparecer de la estrategia china. Para mí, el libro está ya muy lejos, tan lejos como China. Pero de cuando en cuando alguien lo saca a colación. Una tarde, Simon Leys, en un debate con Pivot, me insultó, acusándome de haber tapado los crímenes de la Revolución Cultural. Terror en el estudlio de Antenne 2 y en mi casa editorial. Pero he aquí que Felipe González lo había leído durante el viaje en avión, mientras se dirigía a Pekín en 1985 en visita oficial, y me dijo: "Muy bonito". Y Javier Solana, ministro de Cultura, que acompañaba a González, me dijo algo parecido.
Pero, volviendo a Italia, digamos que el maoísmo ha sido fundamentalmente un fenómeno político. Se trataba a China de la misma manera que se trataba a El capital, es decir, como si fuese un texto para estudiar e interpretar y para incluir en los documentos en función de las luchas en el seno del propio Partido Comunista Italiano. El sobresalto planetario se convertía así en banales resoluciones y enmiendas en los congresos comunistas. El grupo fundador de Il Manifesto llegó a teorizar que era inútil visitar China, y ni Rossanda ni Magri, ni Castellina, ni Pintor llegaron nunca a poner un pie en ese país, pese a que escribieron largo y tendido sobre él. En cambio, quienes llevaban a cabo el viaje a China, en masa, como catecúmenos, eran las tropas del gran timonel italiano, Brandirali, jefe del movimiento ML (marxista-leninista), obrero metalúrgico de Milán, larguirucho y desmadejado, que llevaba un inmenso estandarte por las calles de Roma y celebraba matrimonios proletarios. Más tarde, Brandirali volvió a su trabajo de obrero de la industria en Milán, y allí sigue. A fin de cuentas, era un hombre honrado.
De los tres escritores italianos que fueron a China, Malaparte, Moravia y Parise, es este último quien se identifica más con la desmedida historia de esplendores y miserias, reflejadas en su bellísimo libro Cara Cina (Querida China).
Moravia se irritó, se tomó la Revolución Cultural como un insulto personal, 3, la describió en su libro como una procesión de muchachos peripatéticos. Pero carecía de la cultura del chinólogo belga Simon Leys (Los nuevos ropajes del presidente Mao) como para ser convicente. En cuanto a Malaparte (Io, in Russia e in Cina: Yo, en Rusia y en China), el cáncer de pulmón que se le manifestó en Pekín le impidió medir su ingenio con la realidad china. Pero antes de morir realizó el gesto de dejar su villa de Capri a los intelectuales chinos (más tarde, el testamento fue impugnado por la familia).
Antonioni creó Ciun-kuo, Cina (Chun-kuo, China), filme que resistirá el paso del tiempo, en el que hay ironías, risa, amor y temblor. Fue vilipendiado atrozmente por el grupo que luego se llamará la Banda de los Cuatro. (Pasolini careció & tierripo para dedicarlo a China, como él mismo se dijo en una ocasión.) Pero todas estas obras tuvieron muy poco impacto sobre el movimiento surgido en Italia y en Europa.

En Roma, en Milán, en los años de Mao, los diarios interlocutores eran Vento dell´Est (Viento del Este), Lavoro Político (Trabajo Político), Il Manifiesto (El Manifiesto) y, finalmente, L'Unita (La Unidad). En París había puntos de referencia más elevados. Estaba Lacan, que conocía el chino. Y Alt husser, que publicaba unos Cuademos Marxistas-Leninistas de tapas rojo fuego en la École Normale. Barthes volvió de China vestido con el mono azul maoista, el traje más inmerso en pensamiento que se haya vestido nunca. Y Sartre escribía: "Tenemos razón al rebelarnos", y arengaba desde lo alto de un tonel a los obreros de la Renault, metido en un grueso jersei, pobre como un chino. La flor y nata de la cultura, entre universidades y casas de edición, estaba en la brecha, en especial aquellos que no habían podido estar presentes en la aventura sesenta y ochesca (como Sollers y Lévy).
 Algunos, más tarde, renegaron de China, como la gente de bien exige siempre. Otros no han vuelto a hablar de este país, y han pasado la página. Pero la experiencia, infierno y paraíso juntos, permanecerá también en los años venideros como un florecer del pensamiento de Occidente. Por haber sacado de su agujero a los intelectuales, metidos en sus capillitas e intrigas, en sus egoísmos enloquecidos, y por haberles hecho degustar entonces el inexplorado terreno de la acción cultural. "La sangre que baña el corazón está pensada". Curiosamente, esos lejanos años vuelven ahora como un mito para los más jóvenes, que se interrogan, en París o en Madrid. Este testimonio está dedicado a ellos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de octubre de 1986
MARIA ANTONIETTA MACCIOCCHI

1 OCT 1986

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