jueves, 12 de noviembre de 2020

La Academia de Infantería de Toledo.-a


La Academia de Infantería (ACINF) es un centro de formación militar del Ejército de Tierra español situado en la localidad de Toledo. El centro se encarga de ofrecer formación básica, especialización y formación de oficiales y suboficiales del Arma de Infantería.

Historia

La academia fue creada con el nombre de Colegio de Infantería en Toledo, en 1850. El 17 de octubre de 1875, tras haber sido trasladada temporalmente a Madrid, se instaló en el Alcázar de Toledo.​ Desapareció en 1882 al ser absorbida por la recién creada Academia General Militar, pero volvió a constituirse como Academia de Infantería cuando la Academia General Militar fue disuelta en 1893.
Entre los alumnos más destacados de la Academia de Infantería durante los primeros años del siglo XX, etapa en la que era coronel director José Villalba Riquelme, se encuentran los que serían los máximos jefes militares de los ejércitos enfrentados en la Guerra Civil Española: Francisco Franco, Generalísimo del Ejércitos y Vicente Rojo Lluch, Jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular de la República.
Tras la creación de la Academia General Militar en 1927, la Academia de Infantería se convierte en Academia de Aplicación de Infantería. Disuelta la Academia General Militar en 1931, la Academia de Infantería se fusiona con las Academia de Caballería de Valladolid y de Intendencia,​ situación que se mantendrá hasta el inicio de la Guerra Civil Española en el año 1936.
Destruido el Alcázar, sede de la academia, en el inicio de la Guerra Civil, la formación de oficiales, en ambos ejércitos contendientes, reviste distintas orientaciones, instaurando las fuerzas sublevadas las Escuelas de Alféreces Provisionales y, posteriormente, las Academias de Transformación, en las que se lleva a cabo, durante los tres años de duración de la contienda, la formación de los oficiales.
En octubre de 1939, terminada la Guerra Civil, la Dirección General de Reclutamiento y Enseñanza Militar restablece las Academias especiales de las Armas.​ El primer director en la nueva etapa sería el Coronel de Infantería habilitado Santiago Amado Lóriga.
En 1974 la Academia se fusionó con la Escuela de Aplicación y Tiro de Infantería, que tenía su sede en Madrid,​ al igual que lo hicieran las demás Academias de las armas con las respectivas Escuelas de Aplicación.

Sede

La sede histórica del Alcázar de Toledo ya había sufrido un incendio en 1887 y resultó completamente destruida durante la Guerra Civil. Al acabar la guerra, la Academia de Infantería estuvo instalada provisionalmente en Zaragoza, en el edificio de la Academia General Militar, y en Guadalajara, en la sede de la Fundación de San Diego de Alcalá.​ A partir del curso 1948–1949 regresó a Toledo, a un edificio de nueva construcción, obra de los ingenieros militares Teniente Coronel Manuel Carrasco Cadenas, Teniente Coronel Arturo Ureña Escario y Teniente Coronel Julio Hernández García.  El edificio, de estilo neorrenacentista y neoherreriano, armoniza bien con el Alcázar, situado justo en frente.

Francisco Franco.
En 1907, a los 14 años de edad, ingresó en la Academia Militar
 de Infantería de Toledo,  obtuvo el puesto 251.º entre los 312 de
 su promoción el año 1910.


Franco se educo como un militar profesional. Conforme a la tradición familiar, y como sus dos hermanos, Nicolás y Ramón, intentó entrar en la Armada. Sólo Nicolás lo consiguió, porque en 1907 se suprimió por razones presupuestarias el acceso a la Escuela Naval, y no habría nuevas oposiciones hasta 1913. 
Francisco y Ramón acudieron al Ejército, a la Academia de Infantería de Toledo.  El 13 de julio de 1910 obtiene el despacho de segundo teniente de Infantería, o sea, alférez. Tiene 17 años, en la Academia  ejerce como director desde 1907 uno de los escasos talentos militares del momento: Villalba Riquelme, obsesionado por modernizar la fuerza armada a base de educación física, racionalización extrema de la fortificación y de la logística, instrucción avanzada de los reclutas, tecnificación del tiro, renovación continua de los ejercicios tácticos.


 Franco no fue un alumno brillante, pero, a juzgar por los hechos posteriores y por su manera de conducir tropas y campañas, no cabe duda de que sacó buen provecho de todas estas enseñanzas. Después de dos años de destino rutinario en El Ferrol, Franco, con una recomendación bajo el brazo, busca pasar a Marruecos, donde la guerra colonial abre oportunidades de gloria. Se presenta ante el jefe del regimiento África 68. Es precisamente Villaba Riquelme, su antiguo profesor. Bajo sus órdenes llega a Melilla. Corre febrero de 1912 y Franco comienza una carrera que va a llevarle al generalato en catorce años de campaña africana.

Villalba Riquelme, José, Cádiz 17.X.1856 – Madrid, 25.X.1944. Militar y escritor.

Hijo de un médico militar, fue ministro de la Guerra y uno de los mejores tratadistas de arte militar.

Residiendo en Puerto Rico, cuando contaba catorce años ingresó como cadete, en octubre de 1870, en el Batallón de Puerto Rico, donde cursó sus estudios, siendo promovido al empleo de alférez de Infantería en septiembre de 1873. Se incorporó, en 1875, al Ejército de la Península, al tiempo que recibía el ascenso a teniente. Tras participar en algunas acciones en el frente carlista, solicita su pase a la isla de Cuba, donde en aquellos momentos se estaba desarrollando la llamada guerra chiquita.

El joven teniente Villalba participó activamente, desde el mes de enero de 1877, en las operaciones de la cuarta y última fase de la guerra, en las jurisdicciones de Remedios y Santi Spiritus, hasta la firma de la Paz de Zanjón, el 12 de febrero de 1878. De regreso a la Península, sirvió en diversas unidades hasta que en 1882 fue destinado a cumplir una de las inquietudes vocacionales que más le agradaban, la docente. Nombrado profesor de Geografía e Historia Militar en la Academia de Infantería de Toledo, pasó al cuadro de profesores de la Academia General Militar, cuando el general Martínez Campos la instituyó tomando la base de la propia Academia de Infantería.

Entre 1882 y 1898, Villalba pasó dieciséis años, salvo cortos períodos de tiempo, dedicados a la enseñanza militar, siempre en la sede toledana, primero de la Academia de Infantería, luego en la Academia General Militar y a partir de 1893, por la reorganización del general López Domínguez, de nuevo Academia de Infantería. En esta función docente impartió clases de casi todas las asignaturas y ocupó todo tipo de destinos relacionados con la vida cotidiana del centro de enseñanza. Aquí escribió una gran parte de su amplia obra técnica, especialmente su Táctica de las tres armas, publicada en 1887. Magna obra en tres tomos, además de un atlas que fue declarado texto en la Academia durante unos cuarenta años, conociendo una docena de ediciones. Por esta obra recibió numerosas felicitaciones en España y fuera de nuestro país, además del ascenso a capitán de Infantería en mayo de 1889.

Al ascender, en 1898, a teniente coronel abandona la Academia de Infantería, ocupando sucesivas vacantes en regimientos del arma, hasta que en marzo de 1899 es nombrado ayudante de campo del ministro de la Guerra, Camilo García de Polavieja y del Castillo Negrete. Poco duró la experiencia ministerial del general Polavieja, quien dimitió, en septiembre del mismo 1899, del gobierno Silvela, por estar en desacuerdo con la política de restricciones económicas de Villaverde. Villalba cesa como ayudante del ministro, quien debió de quedar muy gratamente impresionado, pues en 1901 vuelve a tomarlo como ayudante de campo, puesto que no abandonará Villalba hasta 1907.

Como ayudante de campo de Polavieja acompañó a éste en los sucesivos destinos de director general de la Guardia Civil, jefe del Cuarto Militar de S. M. el Rey, jefe del Estado Mayor Central y presidente Supremo de Guerra y Marina, sucesivamente. En esta etapa madrileña, colabora intensamente en la actividad intelectual que se desarrolla en el Centro del Ejército y la Armada, formando parte del cuadro de profesores de la Escuela de Estudios Militares, impartiendo la asignatura de táctica e instrucción de la Infantería. Al fin, en enero de 1907, se incorpora como jefe de estudios a la Academia de Infantería de Toledo, donde permanecerá hasta su ascenso a coronel el 5 de abril de 1909. Entonces alcanza un destino que, sin duda, anhelaba: la dirección de la Academia de Infantería.

El coronel Villalba ejerce el mando de la Academia entre abril de 1909 y enero de 1912. En este período concedió especial importancia a la condición física del cadete, favoreciendo las competiciones deportivas y proponiendo pruebas físicas para el ingreso en la Academia. Además, consciente de la importancia de los temas prácticos, proyectó una ampliación del campamento de los Alijares, donde los alumnos realizaban maniobras prácticas. Al terminar el mando de la Academia, comienza su etapa africana, haciéndose cargo, en enero de 1912, del mando del Regimiento de Infantería África, de guarnición en Melilla. Se incorpora con su unidad a la llamada campaña del Kert, en la que participó muy activamente hasta la muerte de El Mizzian en mayo de 1912. Por sus méritos en campaña es ascendido al empleo de general de brigada en el mes de octubre del mismo año. El día de Navidad de 1912 recibió el nombramiento de subinspector de Tropas de la Comandancia General de Melilla.

Al mando de la 1.ª Brigada de Melilla, a partir de 1914, realiza una serie de operaciones de tendidos telegráficos, protección de convoyes y consolidación de posiciones. En este destino desarrolló una intensa labor de reconocimiento recomendando la ocupación de posiciones e informando al mando de otras cuestiones, además de atender personalmente a la revista e instrucción de las tropas a su mando. En julio de 1914 es nombrado comandante general de Larache, desplegando una gran actividad en numerosas acciones de ocupación. Como recompensa a su actividad en suelo africano es ascendido, en mayo de 1916, a general de división, quedando de cuartel a la expectativa de destino en Madrid.

En 1917 es nombrado gobernador militar del Campo de Gibraltar, puesto en el que habría de desarrollar una inteligente labor diplomática con las autoridades inglesas del peñón. Además, debió de hacer gala de su mayor tacto y sentido de la prudencia en los conflictos sociales desatados en Algeciras a lo largo de 1919, tanto a primeros de febrero, con la huelga de los obreros del puerto, como en la reacción producida por el movimiento huelguista que, desatado en Barcelona y Madrid en marzo, provocó la declaración del estado de guerra en todo el territorio nacional.

Posiblemente, fueron estas cualidades negociadoras las que le llevaron a ocupar la cartera de Guerra en el gobierno formado el 12 de diciembre de 1919 por Manuel Allendesalazar. Éste habría de sustituir a Sánchez de Toca cuyo gabinete sucumbió, no sólo por la conflictiva situación social, sino por el problema planteado por las Juntas de Defensa Militares.

Al general Villalba le tocó la transformación de las Juntas en las llamadas Comisiones Informativas, pretendiendo dar un cauce legal a las aspiraciones sociales de los militares de los diferentes armas y cuerpos. Tras duras negociaciones con los presidentes de las Juntas, el 30 de diciembre se publicó el real decreto de organización de las Comisiones, que buscaba la deseada disolución de las entrometidas y poco controlables Juntas de Defensa. Quedaban por redactar los reglamentos correspondientes a cada una de las Comisiones Informativas. De modo que, en abril de 1920 comenzaron las discusiones entre los presidentes de las Juntas y el subsecretario del Ministerio para establecer las bases comunes. El 5 de mayo, Villalba presentaba su dimisión, sin duda, presionado tanto por sus compañeros militares, como por los que compartía en el Consejo de Ministros. En esta breve e intensa etapa de ministro de la Guerra, Villalba consiguió sacar adelante un viejo sueño, por el que había trabajado sin descanso: la Escuela Central de Gimnasia adscrita a la Academia de Infantería de Toledo, que aparte de formar profesores de educación física militares, pretendía enseñar a los maestros que hacían su servicio militar para que así pudieran instruir a la juventud en esta materia.

Tras pasar por varios destinos, como el Consejo Superior de Guerra y Marina tras la Guerra Civil, ocupó el cargo de presidente de la Junta Superior de Huérfanos Militares hasta su fallecimiento en Madrid a los ochenta y ocho años tras una larga vida en activo.

 

Obras de ~: Nociones de fortificaciones de campaña e idea de la permanente, Madrid, 1883; Elementos de geografía universal y particular de España, Madrid, 1882; Táctica de las tres armas, Toledo, 1889; Apuntes de literatura militar, Madrid, 1889; Concepto sobre la enseñanza militar, 1892; Tiro nacional. Cartilla del tirador, Toledo, 1901; Táctica de la Infantería y métodos de instrucción, Valdemoro, 1904; La maniobra de Liao-Yang, Madrid, 1905; Ensayos de unas instrucciones para el juego de la guerra, Toledo, 1909; Elementos de logística: marcha, reposo, exploración y seguridad, Toledo, 1909; Ensayo de un método para la instrucción de los reclutas en armonía con el Reglamento Táctico, Toledo, 1911; Instrucciones para las prácticas de servicio en campaña, Toledo, 1921; Armamento y organización de la Infantería, Toledo, 1922; Organización de la educación física e instrucción premilitar en Francia, Suecia, Alemania e Italia, Madrid, 1927; con López Muñiz, Rojo y Novilas, La colección bibliográfica militar, Toledo, 1929; Nociones de arte militar, Madrid, 1941.

 

Bibl.: Velada en honor del que fue notable escritor don José Muñiz y Terrones, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1900; J. Coll y Astrell, Monografía histórica del Centro del Ejército y la Armada, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1902; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, París, Ruedo Ibérico, 1968; J. R. Alonso, Historia Política del Ejército Español, Madrid, Editora Nacional, 1974; C. Seco Serrano, Militarismo y civilismo en las España contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; J. M.ª Gárate Córdoba, “La cultura militar en el siglo xix”, en VV. AA., Historia social de las fuerzas armadas españolas, vol. IV, Madrid, Alambra, 1986, págs. 141-267; A. Bachoud, Los españoles ante las campañas de Marruecos, Madrid, Espasa Calpe, 1988; J. L. Isabel Sánchez, La Academia de Infantería de Toledo, Toledo, 1991; A. Donderis Guastavino y J. L. Isabel Sánchez, Historia de las instituciones y colegios de huérfanos del Ejército de tierra, Madrid, Ministerio de Defensa, 1997; J. Arencibia de Torres, Diccionario biográfico de literatos, científicos y artistas militares españoles, Madrid, E y P Libros antiguos, 2001; A. López Serrano, El general Polavieja y su actividad política militar, Madrid, Ministerio de Defensa, 2001; P. González-Pola de la Granja, La configuración de la mentalidad militar contemporánea (1868-1909): del sexenio revolucionario a la semana trágica, Madrid, Ministerio de Defensa, 2003; A. I. Alonso, Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Madrid, Ministerio de Defensa, 2004.

 

Pablo González-Pola de la Granja


1 comentario:

  1. Esta escuela militar, sirvió para formar al cuerpo de oficiales del ejercito español, que participo en la guerra civil española, guerra hispano americana, guerra del rif, y guerra de cuba; simbolizo la profesionalización definitiva del cuerpo de oficiales de institución armada.

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