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martes, 29 de diciembre de 2020

La Academia Chilena de Medicina.-a


emblema


La Academia Chilena de Medicina fue creada en 1964, a través de la misma ley que dio origen al Instituto de Chile.
Constituye una corporación autónoma en su organización y funciones y su patrimonio está integrado por los fondos que le asigne anualmente el Consejo del Instituto; por donaciones de instituciones públicas o privadas, nacionales o extranjeras; por herencias, legados u otras acciones que lo beneficien y por sus rentas propias.
La conforman médicos interesados tanto en el progreso de las ciencias médicas como de la salud pública y que son considerados por sus pares como eminentes en las especialidades que representan al interior de la Academia.


Ley número N° 15718, publicada el 13 de Octubre de 1964, CREO LA CORPORACIÓN DENOMINADA INSTITUTO DE CHILE, DESTINADA A PROMOVER EN UN NIVEL SUPERIOR, EL CULTIVO, EL PROGRESO Y LA DIFUSIÓN DE LAS LETRAS, LAS CIENCIAS Y LAS BELLAS ARTES.


Artículo 1°- Créase una Corporación, autónoma, con personalidad jurídica de derecho público y domicilio en Santiago, denominada Instituto de Chile, destinada a promover, en un nivel superior, el cultivo, el progreso y la difusión de las letras, las ciencias y las bellas artes.

Artículo 2°- El Instituto de Chile estará constituido por la Academia Chilena de la Lengua, por la Academia Chilena de la Historia, por la Academia Chilena de Ciencias, por la Academia Chilena de Ciencias Sociales, por la Academia Chilena de Medicina y por la Academia Chilena de Bellas Artes.

Artículo 3° El Instituto de Chile se relacionará con el Gobierno por intermedio del Ministerio de Educación Pública.

Artículo 4° La denominación "Instituto de Chile" corresponderá exclusivamente a la corporación creada por esta ley y la denominación "Academia Chilena", sólo a las que integran el referido Instituto.

Artículo 5° El Instituto de Chile será regido por un Consejo que estará integrado, por derecho propio, por el Director de la Academia Chilena de la Lengua y por los presidentes de las demás academias. También lo integrarán dos delegados, miembros de número, por cada una de las seis academias.
Los Consejeros delegados durarán tres años en el cargo y podrán ser designados para nuevos períodos sucesivos. Cesarán en sus funciones directivas por renuncia, por remoción dispuesta por la academia respectiva y por inasistencia a cinco sesiones consecutivas sin causa justificada, a juicio del Consejo.
 Es función principal del Consejo adoptar las medidas necesarias para el cumplimiento de los fines del Instituto de Chile. En especial, tendrá las siguientes funciones:
    1.- Coordinar la acción de las academias para lograr las finalidades superiores del Instituto;
    2.- Administrar el patrimonio del Instituto;
    3.- Dictar las normas reglamentarias para su funcionamiento interno, y
    4.- Adoptar los acuerdos que estime necesarios para realizar los fines del Instituto.

Artículo 6° El Consejo sesionará cada vez que sea convocado por el Presidente, de propia iniciativa o a solicitud de la tercera parte del total de sus miembros.
Para entrar en sesión y adoptar acuerdos se requiere la concurrencia de seis miembros, a lo menos.
Los acuerdos se adoptarán por mayoría absoluta de los miembros presentes y, en caso de empate, decidirá el voto del Presidente.

Artículo 7° La directiva del Instituto de Chile estará constituida por un Presidente, un Vicepresidente, un Secretario General y un Tesorero.
La presidencia del Instituto recaerá, por turnos trienales, en el Director de la Academia Chilena de la Lengua y los presidentes de las demás academias, según el orden establecido en el artículo 2°.
Los demás integrantes de la directiva serán designados por el Consejo, de entre sus miembros, durarán tres años en sus funciones y podrán ser designados para nuevos períodos sucesivos de tres años. Cesarán en sus cargos directivos por renuncia y por remoción dispuesta por el Consejo.
La Directiva del Instituto de Chile lo será también del Consejo.

Artículo 8° El presidente del Instituto de Chile tendrá la representación legal de este organismo y estará especialmente encargado de ejecutar los acuerdos del Consejo y facultado para delegar atribuciones determinadas en funcionarios de su dependencia.
En especial, corresponderá al Presidente:
     1.- Convocar y presidir las sesiones del Consejo, y
  2.- Proponer al Consejo las medidas que considere convenientes para el mejor cumplimiento de los objetivos del Instituto y su buena marcha administrativa.
Al Vicepresidente corresponderá subrogar al Presidente en caso de ausencia o impedimento de éste, sin perjuicio de las demás atribuciones que le sean delegadas por el Presidente.

Artículo 9° El Secretario General tendrá carácter de ministro de fe respecto de las actuaciones que realicen o acuerdos que adopten el Instituto y su Consejo; organizará, cumplirá y hará cumplir las labores de índole administrativa de estas entidades; asistirá a las sesiones del Consejo, y autorizará los documentos y comunicaciones oficiales que deba firmar el Presidente.

Artículo 10° Serán atribuciones del Tesorero:

    1.- Manejar los fondos del Instituto y, de conformidad con las instrucciones del Presidente o los acuerdos del Consejo, efectuar la inversión y distribución de tales recursos. Los cheques y demás órdenes de pago deberá siempre firmarlos en conjunto con el Presidente, y
    2.- Presentar semestralmente al Consejo el estado financiero del Instituto de Chile.

Artículo 12° Formarán el patrimonio del Instituto de Chile:

    a) Los fondos que le asignen el Presupuesto de la Nación y leyes especiales;
    b) Donaciones, herencias o legados con que se le beneficie, y
    c) Las rentas propias.

Artículo 13° Las Academias del Instituto de Chile serán autónomas en su organización, actividades y patrimonio. Cada una de ellas fijará en su reglamento interno el procedimiento para la designación de sus integrantes y directivos, el quórum para sesionar y adoptar acuerdos y las demás normas relativas a su organización y funcionamiento, con la sola licitación de que no contravengan las disposiciones de esta ley. La aprobación de estos reglamentos, así como sus modificaciones, serán comunicadas al Consejo del Instituto.
Las Academias tendrán cuatro clases de miembros:

    1.- De número;
    2.- Correspondientes nacionales;
    3.- Correspondientes extranjeros, y
    4.- Honorarios.

Cada academia tendrá hasta treinta y seis miembros de número, elegidos en la forma que determine su respectivo reglamento.
Para ser elegido miembro de número se requiere ser chileno, mayor de treinta y cinco años de edad y reunir las demás exigencias que cada academia indique en su reglamento interno. El rango de miembro de número de un académico es irrenunciable.
Cada academia determinará el número de sus miembros correspondientes y honorarios, así como los requisitos que deberán reunirse para ser designados en esas calidades.
Los miembros correspondientes y honorarios podrán asistir a las sesiones de la academia a que pertenezcan y tomar parte en sus deliberaciones, pero sin derecho a voto.
Las academias presentarán un informe anual de sus actividades, el cual será leído en la sesión solemne que el Consejo del instituto de Chile celebrará para conmemorar cada aniversario de la creación de este organismo.

sábado, 26 de diciembre de 2020

La Academia Chilena de Ciencias.-a



La Academia Chilena de Ciencias es el recinto de discusión y planteamiento de ideas sobre el conocimiento del saber en Chile. Se ubica en la ciudad de Santiago y fue fundada en 1964.

Historia

Alejandro Carretón Silva, Ministro de Educación del presidente Jorge Alessandri, la fundación del establecimiento está ligado a este hombre y al proyecto de ley que se había aprobado en 21 de octubre de 1964 sobre las Ciencias, las Artes y muchas otras ramas del saber que fueron inauguradas en conjunto a esta academia.
La idea original de la creación de esta Academia es dividida en dos razones; la primera consiste en proteger y expresar los idealismos de Platón que se extendieron a lo largo de dos milenios en Europa y luego de la Ilustración a América, la segunda es sobre "recopilar los descubrimientos y perfeccionar las artes y las ciencias .

Antecedentes en Chile, sobre la fundación de las Academias

La Academia chilena de Ciencias fue fundada junto a las Academias de Medicina, Bellas Artes y Ciencias Políticas Sociales y Morales por iniciativa del gobierno de turno en 1964, cuando el proyecto de ley en manos del Poder legislativo de Chile haya sido aprobado para que la Academia Chilena de la Lengua y la Academia de Historia pasaran a ser parte del "Instituto de Chile". Con el fin de administrar mejor la difusión de la cultura y el saber en el país.
Función actual de la Academia

Las funciones de la Academia de Ciencias son:
Fomentar la discusión sobre temas relacionados con la temática de la respectiva Academia.
Expresar y expandir la ciencia y así mismo los principios del saber.

viernes, 25 de diciembre de 2020

El Instituto de Francia.-a


Sede de Instituto de Francia

El Instituto de Francia (en francés: Institut de France) es una institución académica francesa creada el 25 de octubre de 1795. Agrupa las siguientes cinco academias francesas.


Academia Francesa (Académie française, fundada en 1635);


Thomas Corneille
(Rouen, 20 août 1625 – Les Andelys, 8 décembre 1709)
Avocat au Parlement de Rouen
Membre de l’Académie Française (1684)
Auteur dramatique


D'azur, à la fasce d'or, chargée de trois têtes de lions de gueules, accompagnée de trois étoiles d'argent.


La Academia Francesa (en francés: Académie française) es una institución encargada de regular y perfeccionar el idioma francés. Fue fundada en 1635 por el cardenal Richelieu durante el reinado de Luis XIII, lo que la hace una de las instituciones más antiguas de Francia. El fin fundamental con el que se creó fue el de normalizar la lengua francesa. Se compone de cuarenta miembros elegidos por sus iguales, llamados inmortales.
 La Academia Francesa es una persona jurídica de derecho público con un estatuto particular gestionado por sus miembros en asamblea. Elige a su secretario perpetuo que, como su nombre indica, ejerce hasta su fallecimiento o su dimisión. Esta permanencia le convierte en el personaje más importante de la institución. La asamblea elige igualmente, cada tres meses, un presidente encargado de presidir las sesiones.
La Academia Francesa se compone de cuarenta miembros elegidos por sus iguales. Desde su fundación, ha recibido en su seno a más de 700 miembros. Agrupa a poetas, novelistas, dramaturgos, filósofos, historiadores, médicos, científicos, etnólogos, críticos de arte, militares, personalidades del Estado, personalidades de la Iglesia, que han ilustrado especialmente la lengua francesa.
Los académicos deben su sobrenombre de inmortales al lema «A la inmortalidad», que figura sobre el sello cedido a la Academia por su fundador, el cardenal Richelieu, y que se refiere a la lengua francesa y no a los académicos. Con frecuencia, se les ha llamado a ser jueces ilustrados del buen uso de las palabras, a precisar las nociones y los valores de los que estas palabras son portadoras. Esta autoridad moral en materia de lenguaje se enraíza en usos, tradiciones, un fasto.
La elección en la Academia Francesa es a menudo considerada por la opinión pública como una consagración suprema. Dicho esto, siempre ha existido una «contra cultura» encabezada por autores que la Academia ha rechazado o que no han sido propuestos. Estos autores critican con virulencia a la Academia y a los académicos, que esperan en vano pasar a la «prosteridad» [sic], según la palabra de Jean Cocteau.

Edmond Rostand, académico, se burla de la Academia en Cyrano de Bergerac (teatro) evocando con ironía a los miembros olvidados de la primera generación.
En 1980, Marguerite Yourcenar, novelista y ensayista, fue la primera mujer elegida en la Academia Francesa. Desde entonces, la Academia ha acogido a Jacqueline Worms de Romilly en 1988, a Hélène Carrère d’Encausse en 1990, a Florence Delay en 2000, a Assia Djebar en 2005 y a Simone Veil en 2008.
El célebre traje verde que visten los académicos, con el bicornio, la capa y la espada, durante las sesiones solemnes bajo la Coupole, fue diseñado durante el Consulado, por el pintor Jean-Baptiste Isabey. Es común a todos los miembros del Instituto de Francia. Los «Inmortales» y los eclesiásticos están exentos de llevarlo, así como la espada. Romilly, Carrère d’Encausse y Delay optaron por el traje verde durante su investidura. Carrère d’Encausse fue la primera mujer en llevar la espada, un arma que creó para la ocasión el orfebre georgiano Goudji. Delay y Djebar también escogieron llevar la espada. En cuanto a la helenista Jacqueline de Romilly, recibió un broche simbólico durante su elección en la Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas en 1975.
La calidad de académico es un privilegio inamovible. Nadie puede dimitir de la Academia Francesa. Todo aquel que se declare dimisionario no será remplazado antes de su muerte: Pierre Emmanuel y Julien Green son dos ejemplos recientes.
La Academia puede sentenciar las exclusiones por motivos graves, sobre todo por aquellos que manchan el honor. Estas exclusiones a lo largo de la historia han sido muy poco frecuentes. Varias fueron puestas en marcha tras la Segunda Guerra Mundial por colaboración: Charles Maurras, Abel Bonnard, Abel Hermant, Philippe Pétain. 


Academia de Inscripciones y Lenguas Antiguas (Académie des inscriptions et belles-lettres, fundada en 1663);
Claude Gros de Boze - Histoire de l'Académie Royale des inscriptions et Belles-Lettres depuis son établissement - 1740

Claude Gros de Boze - Histoire de l'Académie Royale des inscriptions et Belles-Lettres depuis son établissement - 1740

La Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas (Académie des Inscriptions et Belles-Lettres) es una sociedad científica fundada por Jean-Baptiste Colbert en 1663 en el ámbito de las Humanidades. Es una de las cinco academias del Instituto de Francia.
La academia tuvo sus orígenes en un reducido grupo de humanistas, miembros de la Academia francesa por iniciativa de Colbert en 1663, quien decidió reunir regularmente a varios eruditos para solicitarles consejo sobre las inscripciones en latín que habrían de ser escritas en los registros y divisas o lemas de los monumentos públicos y medallas hechas en honor del rey Luis XIV.
Organizada en 1701, la Académie Royale des inscriptions et médailles (Real Academia de inscripciones y medallas) asumió su actual título en 1716
La función de la academia, según sus propios estatutos, está:
«dedicada principalmente al estudio de los monumentos, idiomas y culturas de las civilizaciones antiguas, la Edad Media y el periodo clásico, así como de las civilizaciones no europeas».
Además de otros numerosos cometidos concentrándose, especialmente, en la historia de Francia y de las Galias, la lingüística y la arqueología.
El premio Volney es otorgado por el Instituto de Francia, a propuesta de la academia.
Si bien la institución contaba, al principio, con pocos miembros, rápidamente la lista se fue ampliando y hoy cuenta con 55 miembros de nacionalidad francesa y 40 asociados extranjeros.


Academia de Ciencias (Académie des sciences, fundada en 1666);

Blaise Pascal
(Clermont-Ferrand, 19 juin 1623 - Paris, 19 août 1662)
Philosophe et Mathématicien


D'azur, à l'agneau pascal au naturel, accompagné au franc-quartier d'une étoile d'or.



René Descartes estudio en la Academia de Ciencias de Francia (en francés, Académie des sciences) es la institución francesa que: «Anima y protege el espíritu de la investigación, y contribuye al progreso de las ciencias y aplicaciones». Creada en 1666, durante el reinado de Luis XIV bajo el patrocinio de su primer ministro Jean-Baptiste Colbert, contó inicialmente con científicos como René Descartes,considerado el padre de la filosofía ,así formando parte de los Uchiha,Superando el poder del miembro Madara Uchiha Blaise Pascal y Pierre de Fermat. Se trata de una de las cinco academias francesas que constituyen el actual Instituto de Francia.
Fue la primera institución que adoptó el sistema métrico decimal como sistema universal.
Luis XIV en la Academia en 1671.
La Academia de ciencias debe su origen al proyecto de Colbert de crear una academia general. Se inscribe igualmente en la línea de diversos círculos de sabios que se reúnen en el siglo XVII, alrededor de un mecenas o de una personalidad erudita. Colbert elige un pequeño grupo de sabios que se congregan el 22 de diciembre de 1666 en la biblioteca del rey, y allí tienen sesiones de trabajo. Los treinta primeros años de existencia de la Academia fueron relativamente informales, la nueva institución no había recibido estatus.

El 20 de abril de 1699, Luis XIV da a la Academia Real de Ciencias su primer reglamento: compuesta en un principio por 70 miembros, la Academia recibe el título de real y se instala en el Louvre.
Durante el siglo XVIII contribuye al movimiento científico de su tiempo por medio de sus publicaciones, y juega un rol de asesor para el poder. El 8 de agosto de 1793, la Convención suprime todas las academias. Dos años más tarde, el 22 de agosto de 1795, fue creado en su lugar un «Instituto Nacional de Ciencias y Artes» reagrupando las antiguas academias científicas, literarias y artísticas. La primera clase del «Instituto de Ciencias Físicas y Matemáticas» fue la más numerosa, con 66 miembros de 144.
En 1816, la Academia de Ciencias recupera su autonomía participando en el Instituto de Francia. El jefe de Estado es su protector. En 1835, bajo la influencia de François Arago, fueron creadas las «CaCTAS de la Academia de Ciencias», que vuelve a ser un instrumento de primera importancia para la difusión de trabajos de científicos franceses y extranjeros.

Academia de Bellas Artes (Académie des beaux-arts, fundada en 1816);
Élisabeth-Sophie Chéron (3 de octubre de 1648, París- 3 de septiembre de 1711, ?), fue una pintora, grabadora, poeta, traductora intérprete del barroco, aunque se la considera una mujer del renacimiento, mostró un gran talento en artes plásticas, música y literatura que fue recompensado en vida al ser nombrada miembro de dos Academias:  Real Academia de Pintura y Escultura, y Academia galileana de ciencia, letras y artes




La Academia de Bellas Artes fue creada por la Ordenanza de 21 de marzo de 1816, que disponía la reagrupación de las siguientes antiguas academias reales en una sola institución:

  • Académie royale de peinture et de sculpture (Real Academia de Pintura y Escultura, fundada en 1648)
  • Académie royale de musique (Academia de Música, fundada en 1669)
  • Académie royale d'architecture (Academia de Arquitectura, fundada en 1671).

Tras la supresión de las antiguas academias, en el seno del Instituto de Francia se crearon tres clases, siendo una de ellas la de Literatura y bellas artes, que contaba a su vez con ocho secciones (gramática, lenguas antiguas, poesía, antigüedad y monumentos, pintura, escultura, arquitectura, y música y declamación). La detención de cónsules del 3 de brumario del año XI (1803) dividió esta clase en tres nuevas clases, siendo una de ellas la de bellas artes. Es lo que constituye la base de la nueva Academia de 1816.
En virtud de la Ley del programa para la investigación de 2006, la Academia de Bellas Artes es una entidad moral de derecho público con un estatuto particular.
Academia de Ciencias Morales y Políticas (Académie des sciences morales et politiques, fundada en 1795, suprimida en 1803 y restablecida en 1832).
Charles Louis de Secondat
(La Brède, 18 janvier 1689 - Paris, 10 février 1755)
Baron de La Brède, de Montesquieu
Conseiller (1714), puis Président à Mortier (1716) au Parlement de Bordeaux
Membre de l’Académie Française (1728)
Moraliste, Penseur et Philosophe  

D'azur, au croissant d'argent, accompagné en chef de deux coquilles d'or.



La Académie des sciences morales et politiques o Academia de Ciencias Morales y Políticas es una de las cinco academias del Instituto de Francia.
Fue fundada en 1795, suprimida en 1803 y restaurada por François Guizot en 1832. La Academia de Ciencias Morales y Políticas es la institución francesa más antigua en el ámbito de las ciencias humanas y sociales. Siguiendo el espíritu de Montesquieu, su función es describir científicamente la vida de los hombres en sociedad para proponer mejoras formas para su gobierno.
Los miembros de la Academia son elegidos por sus pares, según sus méritos personales. La Academia cuenta con 50 miembros, repartidos en seis secciones de acuerdo a sus especialidades:
I : Filosofía
II : Moral y sociología
III : Legislación, derecho público y jurisprudencia
IV : Economía política, estadística y finanzas
V : Historia y geografía
VI : Sección general, antiguamente llamada de miembros libres (membres libres).
A estas seis secciones se añaden los asociados extranjeros y sus corresponsales. Entre los asociados externos se encuentran figuras de renombre tales como Vaclav Havel, Juan Carlos I y Benedicto XVI.
La Academia constituye un órgano de reflexión interdisciplinar. Difunde en su sitio en Internet los textos de las comunicaciones que le son presentados, así como reportes y ciertos textos escritos por sus miembros.


El Instituto gestiona varios museos y castillos con colecciones:

En París, el Museo Jacquemart-André, instituido con la colección privada de dicho matrimonio, y el Museo Marmottan.
Fuera de París, administra los castillos de Chantilly, donde se encuentra el Museo Condé, de Langeais, de Braux-Sainte-Cohière, de Abbadie y de Castries, el museo Claude Monet, la Real Abadía de Chaalis, la Villa Éphrussi de Rothschild, la Casa de Louis Pasteur, la Villa Griega Kérylos, y el Manoir de Kerazan.
Del Instituto dependen cuatro bibliotecas de investigación:
La Biblioteca Mazarino
La Biblioteca Thiers
La Biblioteca del Instituto
La Biblioteca del Museo Conde en el castillo de Chantilly
En 2005, empezó a emitir Canal Académie, una radio por Internet ligada a las actividades del Instituto.

El edificio


Jules Raymond Mazarin, más conocido como el cardenal Mazarino
(Pescina, Abruzos, 14 de julio de 1602-Vincennes, 9 de
 marzo de 1661) fue un hábil diplomático, cardenal y político italiano,
primero al servicio del papa y más tarde al servicio del reino de Francia. 


En 1661, el cardenal Mazarino, poseedor de una gran fortuna, dispuso en su testamento que fuera erigido un palacio que albergara la fundación de una academia en la que serían educados sesenta nobles nacidos en las cuatro provincias conquistadas y vinculadas a Francia por el tratado de Westfalia (1648) y el tratado de los Pirineos (1659) (de ahí el nombre: Colegio de las Cuatro Naciones, que son: Artois, Alsacia, Pignerol y los condados catalanes del Rosellón y la Cerdaña).
Colbert encargó a Luis Le Vau la realización de los planos del palacio. Este debería erigirse frente al Louvre, en la otra orilla del Sena. La construcción del edificio se llevó a cabo entre 1662 y 1688.
En 1796, el edificio alberga un liceo elitista, la Escuela Central de las Cuatro Naciones. Criticada por Napoleón I por su enseñanza poco moral y de tendencia demasiado revolucionaria, este la cierra en 1802. En 1805, pide que el Instituto de Francia se instale en el palacio. El arquitecto Antoine Vaudoyer transformó entonces la capilla en una sala donde los académicos pudieran llevar a cabo sus sesiones.

La Institución
 cardenal Mazarino

Después de que fueran suprimidas las academias reales, la Constitución de 1795 dispuso la creación de un instituto en estos términos: «Hay para toda la República un Instituto Nacional encargado de recoger los descubrimientos, de perfeccionar las artes y las ciencias». En 1796, el Instituto estaba compuesto de tres clases:
La Clase de Ciencias Físicas y Matemáticas (10 secciones)
La Clase de Ciencias Morales y Políticas (6 secciones)
La Clase de Literatura y de las Bellas Artes (8 secciones)
En 1803, el Consulado suprimió la clase de ciencias morales y políticas por considerarla poco fiel al régimen, y reorganizó el Instituto en cuatro clases:

la Clase de Ciencias Físicas y Matemáticas
la Clase de Lengua y Literatura Francesa
la Clase de Lenguas Antiguas y de Historia
la Clase de Bellas Artes
En 1816, Luis XVIII reorganizó el Instituto recuperando el nombre de "academia" para las antiguas "clases":
Academia de Ciencias
Academia Francesa
Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas
Academia de Bellas Artes
En 1832, Luis Felipe I restableció la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y le dio al Instituto su configuración actual.

jueves, 24 de diciembre de 2020

Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras.-a

emblema

La Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF) es una organización de España.


Medalla de académico, reproduce el reverso de un columnario. La leyenda "VTRAQUE VNUM", 
que en latín significa "ambos son uno", también ha sido adoptado como lema de la institución.



Forma parte de la Administración institucional y es una corporación de Derecho público cuyo Estatuto es aprobado por el Gobierno de la Nación mediante Real Decreto.​

La génesis de la que se llamaría más tarde Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras está en el deseo de la burguesía catalana de crear un organismo representativo de la actividad económica. Esta aspiración se consolidó el 16 de marzo de 1758 cuando el rey Fernando VI autorizó la constitución de la “Real Junta Particular de Comercio”, que dio paso a la antigua Academia de Comercio fundada el 26 de abril de 1787, y que a lo largo de los años y siguiendo las vicisitudes de aquella agitada época provoca importantes inestabilidades en los ámbitos académicos, sufriendo suertes distintas de desaparición y reaparición. Guerras, enfrentamientos políticos y sociales, choques entre culturas, avances tecnológicos y un sinfín de factores negativos y positivos no hacen más que intensificar el protagonismo de la fenomenología económico-financiera.
El 19 de febrero de 1943 se celebró en el Ateneo Barcelonés la histórica sesión de la Junta Constituyente de la última recreación de la Academia de Ciencias Económico-Financieras. Por Orden Ministerial de enero de 1958 se aprueba el nombre de Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras (RACEF) y es calificada de organismo oficial de carácter científico y técnico. La RACEF es la única Real Corporación de ámbito español que tiene su sede en Barcelona y no en la capital del Reino.
Por Real Decreto de 7 de diciembre de 1979, la Corporación quedó bajo el Alto Patronazgo de S.M. El Rey D. Juan Carlos I que el 16 de febrero de 2004 visitó la sede social e invitó a los Académicos a seguir profundizando en el estudio de las ciencias económicas y financieras y expandir la luz del conocimiento a todos los países.

El lema de la Real Corporación es Utraque Unum: "Ambos son uno".

Han sido Presidentes de la Academia José M. Vicens Corominas (1929-1951), Ricardo Piqué Batlle (1951-1990), Mario Pifarré Riera (1990-2002) y Jaime Gil Aluja.

Organización
.
Es la Junta General de Académicos de Número el máximo órgano representativo de la Corporación y entre sus objetivos está la elección de Académicos, nombramiento de la Junta de Gobierno, aprobación de cuentas y presupuestos, aprobación de informes y propuestas de la Junta de Gobierno.
La Junta de Gobierno es el órgano ejecutivo de la Academia. Su Presidente y Secretario son las figuras institucionales centrales de la actividad diaria, con la ayuda del resto de académicos miembros y asesores
Las cuatro secciones que se divide la Academia (Ciencias Económicas, Técnica Económico-contable y Financiera, Psicología y Ciencias Sociales y Legislación y Jurisprudencia) son los órganos científicos que agrupan a los Académicos por áreas de conocimiento.
La otra clasificación funcional agrupa a las comisiones operativas (Gobierno interior, Hacienda, Admisiones y Publicaciones), y tienen a su cargo el buen desarrollo institucional

jueves, 17 de diciembre de 2020

Real Academia de Ingeniería de España.-a

emblema


La Real Academia de Ingeniería de España, RAI, es una institución «a la vanguardia del conocimiento técnico, que promueve la excelencia, la calidad y la competencia de la ingeniería española en sus diversas disciplinas y campos de actuación»,​ que tiene su sede en Madrid, en el edificio del palacio del Marqués de Villafranca, donde fue instalada por Orden Ministerial de 31 de mayo de 2005 del Ministerio de Educación y Ciencia.

Historia

Creada en 1994, por Real Decreto 859/1994, de 29 de abril, a propuesta del Ministro de Educación y Ciencia, Gustavo Suárez Pertierra.​ Siguiendo la tradición de las reales academias, la Real Academia de Ingeniería tiene a gala haber sido la primera de ámbito nacional creada durante el reinado del rey Juan Carlos I.
El Ministerio de Educación designa a sus primeros 36 miembros por orden ministerial del 1 de diciembre de 1994, a propuesta del Instituto de Ingeniería de España (18 académicos), las universidades (7), el Instituto de España (6) y la Secretaría de Estado de Universidades e Investigación (5).
De 1994 a 1998 la Academia está bajo el protectorado del Ministerio de Educación, cuya Secretaría de Estado de Universidades e Investigación ostenta en un primer momento la presidencia. Por delegación, ésta recae en el académico Elías Fereres, con una junta de gobierno provisional integrada por Emilio Llorente, José Antonio Garrido, Antonio Luque, José Ramón Irisarri, César Dopazo, Manuel Elices y Andrés Ripoll.

Los académicos constituyentes elaboran el Reglamento de Régimen Interior que regula el procedimiento de elección de nuevos académicos. En sucesivas convocatorias se van cubriendo las 60 plazas de académico numerario que establecen los estatutos.
La primera junta de gobierno autónoma es elegida el 19 de enero de 1999, dándose por terminada la etapa de protectorado. La presidencia recayó de nuevo en Fereres Castiel.
La siguiente junta de gobierno es elegida el 30 de enero de 2003, presidida por Enrique Alarcón. El 14 de julio de ese mismo año Juan Carlos I concede el título de “Real” a la Academia, cuya junta de gobierno prosigue la búsqueda de una sede acorde con sus objetivos.
El 11 de diciembre de 2003 Su Majestad inaugura con su firma el Libro de honor de la Academia y preside una sesión pública en la que Leopoldo Calvo-Sotelo y Bustelo, presidente del gobierno durante la época de la transición, toma posesión como académico de honor.
El 23 de enero de 2007 se elige la tercera junta de gobierno, presidida por Aníbal Figueiras, periodo durante el cual continúan y finalizan las obras de rehabilitación y acondicionamiento del Palacio del Marqués de Villafranca.

Sede


El palacio del marqués de Villafranca, es la actual sede de la Real Academia de Ingeniería. Fue morada, entre otros personajes, del XI marqués de Villafranca y de Medina Sidonia, se casó en 1775 con María Teresa Cayetana, XIII duquesa de Alba, pintada por Francisco de Goya en varios cuadros.
En el último cuarto del siglo xix la finca pasó a la familia Pérez-Seoane y Roca de Togores, Condes de Velle y luego Duques de Pinohermoso, que redecoraron las salas principales del palacio, con la ayuda, entre otros, del arquitecto, pintor y escultor, Arturo Mélida.

Organización

El órgano de gestión de la Real Academia de Ingeniería es su Junta de Gobierno siendo responsable de la dirección general y del desarrollo de las actividades que realiza la Corporación.

Una vez al mes los académicos se reúnen en sesión plenaria, para analizar, debatir y organizar todos los temas relacionados con la Real Academia de Ingeniería.

El activo principal de la Real Academia de Ingeniería viene constituido por sus académicos: 60 destacados profesionales de las distintas disciplinas de la Ingeniería y la Arquitectura, provenientes de los ámbitos académico y empresarial, que desarrollan su cometido de fomentar la calidad y la competencia de la Ingeniería española.
Para el sostenimiento de sus actividades, la Academia cuenta con la Fundación Pro Rebus Academiae, de la que forman parte destacadas universidades, organizaciones profesionales y empresas del país. Por esta vía, la Real Academia de Ingeniería comparte sus experiencias empresariales, docentes e investigadoras y las pone al servicio de la Sociedad española y del avance tecnológico del país

jueves, 12 de noviembre de 2020

La Academia de Infantería de Toledo.-a


La Academia de Infantería (ACINF) es un centro de formación militar del Ejército de Tierra español situado en la localidad de Toledo. El centro se encarga de ofrecer formación básica, especialización y formación de oficiales y suboficiales del Arma de Infantería.

Historia

La academia fue creada con el nombre de Colegio de Infantería en Toledo, en 1850. El 17 de octubre de 1875, tras haber sido trasladada temporalmente a Madrid, se instaló en el Alcázar de Toledo.​ Desapareció en 1882 al ser absorbida por la recién creada Academia General Militar, pero volvió a constituirse como Academia de Infantería cuando la Academia General Militar fue disuelta en 1893.
Entre los alumnos más destacados de la Academia de Infantería durante los primeros años del siglo XX, etapa en la que era coronel director José Villalba Riquelme, se encuentran los que serían los máximos jefes militares de los ejércitos enfrentados en la Guerra Civil Española: Francisco Franco, Generalísimo del Ejércitos y Vicente Rojo Lluch, Jefe del Estado Mayor Central del Ejército Popular de la República.
Tras la creación de la Academia General Militar en 1927, la Academia de Infantería se convierte en Academia de Aplicación de Infantería. Disuelta la Academia General Militar en 1931, la Academia de Infantería se fusiona con las Academia de Caballería de Valladolid y de Intendencia,​ situación que se mantendrá hasta el inicio de la Guerra Civil Española en el año 1936.
Destruido el Alcázar, sede de la academia, en el inicio de la Guerra Civil, la formación de oficiales, en ambos ejércitos contendientes, reviste distintas orientaciones, instaurando las fuerzas sublevadas las Escuelas de Alféreces Provisionales y, posteriormente, las Academias de Transformación, en las que se lleva a cabo, durante los tres años de duración de la contienda, la formación de los oficiales.
En octubre de 1939, terminada la Guerra Civil, la Dirección General de Reclutamiento y Enseñanza Militar restablece las Academias especiales de las Armas.​ El primer director en la nueva etapa sería el Coronel de Infantería habilitado Santiago Amado Lóriga.
En 1974 la Academia se fusionó con la Escuela de Aplicación y Tiro de Infantería, que tenía su sede en Madrid,​ al igual que lo hicieran las demás Academias de las armas con las respectivas Escuelas de Aplicación.

Sede

La sede histórica del Alcázar de Toledo ya había sufrido un incendio en 1887 y resultó completamente destruida durante la Guerra Civil. Al acabar la guerra, la Academia de Infantería estuvo instalada provisionalmente en Zaragoza, en el edificio de la Academia General Militar, y en Guadalajara, en la sede de la Fundación de San Diego de Alcalá.​ A partir del curso 1948–1949 regresó a Toledo, a un edificio de nueva construcción, obra de los ingenieros militares Teniente Coronel Manuel Carrasco Cadenas, Teniente Coronel Arturo Ureña Escario y Teniente Coronel Julio Hernández García.  El edificio, de estilo neorrenacentista y neoherreriano, armoniza bien con el Alcázar, situado justo en frente.

Francisco Franco.
En 1907, a los 14 años de edad, ingresó en la Academia Militar
 de Infantería de Toledo,  obtuvo el puesto 251.º entre los 312 de
 su promoción el año 1910.


Franco se educo como un militar profesional. Conforme a la tradición familiar, y como sus dos hermanos, Nicolás y Ramón, intentó entrar en la Armada. Sólo Nicolás lo consiguió, porque en 1907 se suprimió por razones presupuestarias el acceso a la Escuela Naval, y no habría nuevas oposiciones hasta 1913. 
Francisco y Ramón acudieron al Ejército, a la Academia de Infantería de Toledo.  El 13 de julio de 1910 obtiene el despacho de segundo teniente de Infantería, o sea, alférez. Tiene 17 años, en la Academia  ejerce como director desde 1907 uno de los escasos talentos militares del momento: Villalba Riquelme, obsesionado por modernizar la fuerza armada a base de educación física, racionalización extrema de la fortificación y de la logística, instrucción avanzada de los reclutas, tecnificación del tiro, renovación continua de los ejercicios tácticos.


 Franco no fue un alumno brillante, pero, a juzgar por los hechos posteriores y por su manera de conducir tropas y campañas, no cabe duda de que sacó buen provecho de todas estas enseñanzas. Después de dos años de destino rutinario en El Ferrol, Franco, con una recomendación bajo el brazo, busca pasar a Marruecos, donde la guerra colonial abre oportunidades de gloria. Se presenta ante el jefe del regimiento África 68. Es precisamente Villaba Riquelme, su antiguo profesor. Bajo sus órdenes llega a Melilla. Corre febrero de 1912 y Franco comienza una carrera que va a llevarle al generalato en catorce años de campaña africana.

Villalba Riquelme, José, Cádiz 17.X.1856 – Madrid, 25.X.1944. Militar y escritor.

Hijo de un médico militar, fue ministro de la Guerra y uno de los mejores tratadistas de arte militar.

Residiendo en Puerto Rico, cuando contaba catorce años ingresó como cadete, en octubre de 1870, en el Batallón de Puerto Rico, donde cursó sus estudios, siendo promovido al empleo de alférez de Infantería en septiembre de 1873. Se incorporó, en 1875, al Ejército de la Península, al tiempo que recibía el ascenso a teniente. Tras participar en algunas acciones en el frente carlista, solicita su pase a la isla de Cuba, donde en aquellos momentos se estaba desarrollando la llamada guerra chiquita.

El joven teniente Villalba participó activamente, desde el mes de enero de 1877, en las operaciones de la cuarta y última fase de la guerra, en las jurisdicciones de Remedios y Santi Spiritus, hasta la firma de la Paz de Zanjón, el 12 de febrero de 1878. De regreso a la Península, sirvió en diversas unidades hasta que en 1882 fue destinado a cumplir una de las inquietudes vocacionales que más le agradaban, la docente. Nombrado profesor de Geografía e Historia Militar en la Academia de Infantería de Toledo, pasó al cuadro de profesores de la Academia General Militar, cuando el general Martínez Campos la instituyó tomando la base de la propia Academia de Infantería.

Entre 1882 y 1898, Villalba pasó dieciséis años, salvo cortos períodos de tiempo, dedicados a la enseñanza militar, siempre en la sede toledana, primero de la Academia de Infantería, luego en la Academia General Militar y a partir de 1893, por la reorganización del general López Domínguez, de nuevo Academia de Infantería. En esta función docente impartió clases de casi todas las asignaturas y ocupó todo tipo de destinos relacionados con la vida cotidiana del centro de enseñanza. Aquí escribió una gran parte de su amplia obra técnica, especialmente su Táctica de las tres armas, publicada en 1887. Magna obra en tres tomos, además de un atlas que fue declarado texto en la Academia durante unos cuarenta años, conociendo una docena de ediciones. Por esta obra recibió numerosas felicitaciones en España y fuera de nuestro país, además del ascenso a capitán de Infantería en mayo de 1889.

Al ascender, en 1898, a teniente coronel abandona la Academia de Infantería, ocupando sucesivas vacantes en regimientos del arma, hasta que en marzo de 1899 es nombrado ayudante de campo del ministro de la Guerra, Camilo García de Polavieja y del Castillo Negrete. Poco duró la experiencia ministerial del general Polavieja, quien dimitió, en septiembre del mismo 1899, del gobierno Silvela, por estar en desacuerdo con la política de restricciones económicas de Villaverde. Villalba cesa como ayudante del ministro, quien debió de quedar muy gratamente impresionado, pues en 1901 vuelve a tomarlo como ayudante de campo, puesto que no abandonará Villalba hasta 1907.

Como ayudante de campo de Polavieja acompañó a éste en los sucesivos destinos de director general de la Guardia Civil, jefe del Cuarto Militar de S. M. el Rey, jefe del Estado Mayor Central y presidente Supremo de Guerra y Marina, sucesivamente. En esta etapa madrileña, colabora intensamente en la actividad intelectual que se desarrolla en el Centro del Ejército y la Armada, formando parte del cuadro de profesores de la Escuela de Estudios Militares, impartiendo la asignatura de táctica e instrucción de la Infantería. Al fin, en enero de 1907, se incorpora como jefe de estudios a la Academia de Infantería de Toledo, donde permanecerá hasta su ascenso a coronel el 5 de abril de 1909. Entonces alcanza un destino que, sin duda, anhelaba: la dirección de la Academia de Infantería.

El coronel Villalba ejerce el mando de la Academia entre abril de 1909 y enero de 1912. En este período concedió especial importancia a la condición física del cadete, favoreciendo las competiciones deportivas y proponiendo pruebas físicas para el ingreso en la Academia. Además, consciente de la importancia de los temas prácticos, proyectó una ampliación del campamento de los Alijares, donde los alumnos realizaban maniobras prácticas. Al terminar el mando de la Academia, comienza su etapa africana, haciéndose cargo, en enero de 1912, del mando del Regimiento de Infantería África, de guarnición en Melilla. Se incorpora con su unidad a la llamada campaña del Kert, en la que participó muy activamente hasta la muerte de El Mizzian en mayo de 1912. Por sus méritos en campaña es ascendido al empleo de general de brigada en el mes de octubre del mismo año. El día de Navidad de 1912 recibió el nombramiento de subinspector de Tropas de la Comandancia General de Melilla.

Al mando de la 1.ª Brigada de Melilla, a partir de 1914, realiza una serie de operaciones de tendidos telegráficos, protección de convoyes y consolidación de posiciones. En este destino desarrolló una intensa labor de reconocimiento recomendando la ocupación de posiciones e informando al mando de otras cuestiones, además de atender personalmente a la revista e instrucción de las tropas a su mando. En julio de 1914 es nombrado comandante general de Larache, desplegando una gran actividad en numerosas acciones de ocupación. Como recompensa a su actividad en suelo africano es ascendido, en mayo de 1916, a general de división, quedando de cuartel a la expectativa de destino en Madrid.

En 1917 es nombrado gobernador militar del Campo de Gibraltar, puesto en el que habría de desarrollar una inteligente labor diplomática con las autoridades inglesas del peñón. Además, debió de hacer gala de su mayor tacto y sentido de la prudencia en los conflictos sociales desatados en Algeciras a lo largo de 1919, tanto a primeros de febrero, con la huelga de los obreros del puerto, como en la reacción producida por el movimiento huelguista que, desatado en Barcelona y Madrid en marzo, provocó la declaración del estado de guerra en todo el territorio nacional.

Posiblemente, fueron estas cualidades negociadoras las que le llevaron a ocupar la cartera de Guerra en el gobierno formado el 12 de diciembre de 1919 por Manuel Allendesalazar. Éste habría de sustituir a Sánchez de Toca cuyo gabinete sucumbió, no sólo por la conflictiva situación social, sino por el problema planteado por las Juntas de Defensa Militares.

Al general Villalba le tocó la transformación de las Juntas en las llamadas Comisiones Informativas, pretendiendo dar un cauce legal a las aspiraciones sociales de los militares de los diferentes armas y cuerpos. Tras duras negociaciones con los presidentes de las Juntas, el 30 de diciembre se publicó el real decreto de organización de las Comisiones, que buscaba la deseada disolución de las entrometidas y poco controlables Juntas de Defensa. Quedaban por redactar los reglamentos correspondientes a cada una de las Comisiones Informativas. De modo que, en abril de 1920 comenzaron las discusiones entre los presidentes de las Juntas y el subsecretario del Ministerio para establecer las bases comunes. El 5 de mayo, Villalba presentaba su dimisión, sin duda, presionado tanto por sus compañeros militares, como por los que compartía en el Consejo de Ministros. En esta breve e intensa etapa de ministro de la Guerra, Villalba consiguió sacar adelante un viejo sueño, por el que había trabajado sin descanso: la Escuela Central de Gimnasia adscrita a la Academia de Infantería de Toledo, que aparte de formar profesores de educación física militares, pretendía enseñar a los maestros que hacían su servicio militar para que así pudieran instruir a la juventud en esta materia.

Tras pasar por varios destinos, como el Consejo Superior de Guerra y Marina tras la Guerra Civil, ocupó el cargo de presidente de la Junta Superior de Huérfanos Militares hasta su fallecimiento en Madrid a los ochenta y ocho años tras una larga vida en activo.

 

Obras de ~: Nociones de fortificaciones de campaña e idea de la permanente, Madrid, 1883; Elementos de geografía universal y particular de España, Madrid, 1882; Táctica de las tres armas, Toledo, 1889; Apuntes de literatura militar, Madrid, 1889; Concepto sobre la enseñanza militar, 1892; Tiro nacional. Cartilla del tirador, Toledo, 1901; Táctica de la Infantería y métodos de instrucción, Valdemoro, 1904; La maniobra de Liao-Yang, Madrid, 1905; Ensayos de unas instrucciones para el juego de la guerra, Toledo, 1909; Elementos de logística: marcha, reposo, exploración y seguridad, Toledo, 1909; Ensayo de un método para la instrucción de los reclutas en armonía con el Reglamento Táctico, Toledo, 1911; Instrucciones para las prácticas de servicio en campaña, Toledo, 1921; Armamento y organización de la Infantería, Toledo, 1922; Organización de la educación física e instrucción premilitar en Francia, Suecia, Alemania e Italia, Madrid, 1927; con López Muñiz, Rojo y Novilas, La colección bibliográfica militar, Toledo, 1929; Nociones de arte militar, Madrid, 1941.

 

Bibl.: Velada en honor del que fue notable escritor don José Muñiz y Terrones, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1900; J. Coll y Astrell, Monografía histórica del Centro del Ejército y la Armada, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1902; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, París, Ruedo Ibérico, 1968; J. R. Alonso, Historia Política del Ejército Español, Madrid, Editora Nacional, 1974; C. Seco Serrano, Militarismo y civilismo en las España contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; J. M.ª Gárate Córdoba, “La cultura militar en el siglo xix”, en VV. AA., Historia social de las fuerzas armadas españolas, vol. IV, Madrid, Alambra, 1986, págs. 141-267; A. Bachoud, Los españoles ante las campañas de Marruecos, Madrid, Espasa Calpe, 1988; J. L. Isabel Sánchez, La Academia de Infantería de Toledo, Toledo, 1991; A. Donderis Guastavino y J. L. Isabel Sánchez, Historia de las instituciones y colegios de huérfanos del Ejército de tierra, Madrid, Ministerio de Defensa, 1997; J. Arencibia de Torres, Diccionario biográfico de literatos, científicos y artistas militares españoles, Madrid, E y P Libros antiguos, 2001; A. López Serrano, El general Polavieja y su actividad política militar, Madrid, Ministerio de Defensa, 2001; P. González-Pola de la Granja, La configuración de la mentalidad militar contemporánea (1868-1909): del sexenio revolucionario a la semana trágica, Madrid, Ministerio de Defensa, 2003; A. I. Alonso, Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Madrid, Ministerio de Defensa, 2004.

 

Pablo González-Pola de la Granja


martes, 10 de noviembre de 2020

FRANCISCO FRANCO Y LA ACADEMIA MILITAR GENERAL de Zaragoza.-a


Escudo de Armas de Academia

La «Academia General Militar» es el centro de enseñanza superior del Ejército de Tierra español y tiene su sede en la ciudad de Zaragoza. En sus instalaciones se encuentra el Centro Universitario de la Defensa, adscrito a la Universidad de Zaragoza, en el que los futuros oficiales del Ejército y de la Guardia Civil cursan las materias de sus estudios de grado.

Primera Época

La Academia General Militar fue creada durante el reinado de Alfonso XII en 1882, por decreto de 20 de febrero. En esta Primera Época, que abarca de 1882 a 1893, el centro de formación se ubicó en la ciudad de Toledo en el recinto del Alcázar. El primer director de la Academia en dicha época fue el general José Galbis Abella.

La Academia fue disuelta en ese año de 1893, pasando cada una de las Armas y Cuerpos a disponer de centros de formación independientes.

La Segunda Época

Abarca desde 1927 a 1931 en la ciudad de Zaragoza. Durante estos años el "Espíritu de la General" seguía vivo. pero la llegada del General Primo de Rivera en 1923 a la Presidencia del Gobierno va a ser decisiva ya que era consciente que muchos de los problemas que aquejaban al Ejército se solventarían reabriendo la Academia General Militar. Se trata del séptimo proyecto de Enseñanza General Militar.

 El 20 de febrero de 1927, el Ministro de la Guerra D. Juan O´Donell Vargas presentaba al Rey un Decreto por el que se creaba la Academia General Militar en Zaragoza. En enero de 1928 es nombrado Director el General  Don Francisco Franco Bahamonde, el cual impone un estilo de formación integral conjugando aspectos técnicos, físicos y morales y Jefe de estudios Don  Miguel Campins Aura, encargado de definir el marco pedagógico adecuado para el desenvolvimiento de este tipo de enseñanza. Las obras de la Academia se realizaron en un estilo arquitectónico en boga, el mudéjar aragonés.

El Decreto fundacional, el Reglamento de Régimen Interior y el libro inédito de "La Academia General Militar de Zaragoza y sus normas pedagógicas", del Coronel Campins, son enormes muestras de preocupación por mejorar la calidad de enseñanza.

Proclamada la II República el 14 de abril de 1931, el Ministro de la Guerra D. Manuel Azaña, firma un Decreto por el que se disuelve la Academia, alegando diferentes razones, siendo la más destacada lo desproporcionado del coste y estructuras de la Academia General Militar. El 14 de julio el General Franco se despide de sus alumnos con un emotivo discurso en el que resaltaba el valor de "la Disciplina" nunca bien entendida ni comprendida .

Este nuevo intento de la unificación de la Enseñanza Militar había durado tres años, tres Promociones con 740 Cadetes.

Tercera Época

Al concluir la guerra y reorganizarse los estudios militares en España, volvió a inaugurarse la Academia General Militar por decreto de 27 de septiembre de 1940, siendo Ministro del Ejército el Teniente General José Enrique Varela Iglesias. En 1942 ingresan los primeros 170 alumnos de la que será I Promoción de esta Tercera Época, que llega hasta nuestros días. Se eligieron para ello los antiguos edificios construidos durante la Segunda Época en Zaragoza, ubicados en las cercanías del campo de maniobras de San Gregorio. 

Fue nombrado como primer Director de la Academia en esta Tercera Época el General Francisco Hidalgo de Cisneros y Manso de Zúñiga. Entre sus alumnos en esta Tercera Época han estado Juan Carlos I, alumno de la XIV Promoción, entre los años 1955 a 1957, y Felipe de Borbón y Grecia, que lo fue con la XLIV Promoción, entre 1985 y 1986.

2020, son 80 AÑOS DE LA ACADEMIA.

DISCURSO DE FRANCO A LOS CADETES DE LA ACADEMIA GENERAL MILITAR DE ZARAGOZA.


  El 14 de junio de 1931, con motivo del cierre de la Academia.  

Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de los años anteriores, en que, a los acordes del Himno Nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera y, como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos.

Tres años lleva de vida la Academia General Militar, y su esplendoroso sol se acerca ya al ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyéndoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer.

Intimas satisfacciones recogimos en nuestro espinoso camino cuando los más capacitados técnicos extranjeros prodigaron calurosos elogios a nuestra obra, estudiando y aplaudiendo nuestros sistemas y señalándolos como modelo entre las instituciones modernas de la enseñanza militar. Satisfacciones íntimas que a España ofrecemos, orgullosos de nuestra obra y convencidos de sus más óptimos frutos.

Estudiamos nuestro Ejército, sus vicios y sus virtudes, y corrigiendo aquellos, hemos de acrecentado éstas al compás que marcábamos una verdadera evolución en procedimientos y sistemas. Así vimos sucumbir los libros de texto, rígidos y arcaicos, ante el empuje de un profesorado moderno, consciente de su misión y reñido con tan bastardos intereses.

Las novatadas, antiguo vicio de Academias y cuarteles, se desconocieron ante vuestra comprensión y noble hidalguía.

Las enfermedades venéreas, que un día aprisionaron, rebajándolas, a nuestras juventudes, no hicieron su aparición en este cuerpo, por la acción vigilante y adecuada profilaxis.

La instrucción física y los diarios ejercicios en el campo os prepararon militarmente, dando a vuestros cuerpos aspecto de atletas y desterrando de los cuadros militares al oficial sietemesino y enteco. Los exámenes de ingreso, automáticos y anónimos, antes campo abonado de intrigas e influencias, no fueron bastardeados por la recomendación y el favor, y hoy podéis enorgulleceros de vuestro progreso, sin que os sonrojen los viejos y caducos procedimientos anteriores.

Revolución profunda en la enseñanza militar, que había de llevar como forzado corolario la intriga y la pasión de quienes encontraban granjería en el mantenimiento de tan perniciosos sistemas.

Nuestro Decálogo del Cadete recogió de nuestras sabias Ordenanzas lo más puro y florido, para ofrecéroslo como credo indispensable que prendiese vuestra vida, y en estos tiempos en que la caballerosidad y la hidalguía sufren constantes eclipses, hemos procurado afianzar nuestra fe de caballeros manteniendo entre vosotros una elevada espiritualidad.

Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este centro, hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la máquina, pero la obra queda; nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado, los que los vais a cuidar y a dirigir, los que, constituyendo un gran núcleo del Ejército profesional, habéis de ser, sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca como puesto principal la disciplina, esa excelsa virtud indispensable a la vida de los ejércitos y que estáis obligados a cuidar como la más preciada de vuestras prendas.

¡Disciplina!..., nunca buen definida y comprendida. ¡Disciplina!..., que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!..., que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos.

Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarle todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben el sagrado depósito de las armas de la nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos.

Yo deseo que este compañerismo nacido en estos primeros tiempos de la vida militar, pasados juntos, perdure al correr de los años, y que nuestro amor a las armas de adopción tenga siempre por norte el bien de la Patria y la consideración y el mutuo afecto entre los compañeros del Ejército. Que si en la guerra habéis de necesitaros, es indispensable que en la paz hayáis aprendido a comprenderos y estimaros. Compañerismo que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la alegría por su progreso, el aplauso al que destaca y la energía también con el descarriado o el perdido, pues vuestros generosos sentimientos han de tener como valladar el alto concepto del honor, y de este modo evitaréis que los que un día y otro delinquieron abusando de la benevolencia, que es complicidad de sus compañeros, mañana, encumbrados por un azar, puedan ser en el Ejército ejemplo pernicioso de inmoralidad e injusticia.

Concepto del honor que no es exclusivo de un Regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad y la hidalguía, pecando gravemente quien crea velar por el buen nombre de su Cuerpo arrojando a otro lo que en el suyo no sirvió.

Achaque este que, por lo frecuente, no debo silenciar, ya que no nos queda el mañana para aconsejaros.

No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero sí puedo aseguraros que, repartidos por España, lo lleváis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de nuestra situación: entonces, vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa.

Sintamos hoy al despediros la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria gritando juntos: 

“¡Viva España!”


Viaje a Europa

 En su etapa estrictamente castrense había viajado en tres ocasiones al extranjero para visitar academias militares en Francia, Alemania e Inglaterra.

Alemania

El primer viaje lo realizó a Alemania, donde siguió un curso para generales, de junio a julio de 1928, por invitación expresa del general Groener, a la sazón ministro de la Guerra.

«Su viaje por Alemania -relata uno de los biógrafos- en el que le acompaña el capitán Gallego Velasco, buen conocedor del alemán, es bastante rico en experiencias: presencia en el Campamento de Dóveritz, próximo a Berlín, una serie de ejercicios militares a cargo de un batallón reforzado, visita Colonia y Leipzig y, sobre todo, conoce de cerca el funcionamiento de la Escuela de Infantería de Dresde, noción previa de cierta utilidad para las experiencias docentes que le esperan.  Franco regresó a Zaragoza con el tiempo justo de presidir el tribunal del examen de ingreso a los nuevos aspirantes de aquella recién creada Academia General.»

Como se vería después, este viaje de estudios a Alemania tendría gran repercusión durante los conflictos venideros.

El general Eduard Wilhelm Groener fue uno de los grandes generales que salieron de la academia militar de Dresde (o de Prusia). Groener destacó al comienzo de la postguerra y a finales de los años 20 por ser uno de los principales defensores de la unidad de Alemania y la convicción de que era tarea fundamental del ejército velar por esa unidad. Sin ser un demócrata y aun desconfiando de los políticos y de los Partidos, estaba dispuesto a aceptar la República y la Democracia siempre que las dos premisas se respetasen. Políticamente se encuadró en la derecha, siendo partidario de un gobierno de tecnócratas y de un ejército "apolítico" (nacionalista). Groener sucedió a Ludendorff como adjunto al jefe del Estado Mayor en el delicadísimo momento de la derrota alemana en la Gran Guerra. Consiguió convencer al emperador Guillermo de no oponer resistencia a la revolución democrática que sucedía en noviembre en Berlín. Fue dos veces Ministro de Defensa, la primera entre 1920 y 1923 y la segunda entre 1928 y 1930. 

Groener recibió a Franco con respeto e incluso admiración, por su juventud y su preparación y, le apoyó durante su estancia en la Escuela Militar alemana e incluso en su diario llegó a escribir que "el general Franco es un hombre de gran capacidad profesional y llegará a los más altos puestos en su país, España".

En la Academia de Dresde Franco tomó nota de que entre  los requisitos básicos de la formación de los oficiales estaba el nivel cultural que se les exigía, un título de bachiller superior, imprescindible para el acceso a la universidad, una distinción que puede parecer corriente hoy en día, pero no lo era tanto entonces. Tras acceder al curso de formación, el candidato recibía un primer baño de agua fría, pues los primeros seis meses iba a recibir entrenamiento de orden cerrado y otras materias exactamente igual que si fuera un soldado recluta, tras lo cual eran enviados a servir en un regimiento de tropas regulares (habitualmente había dos candidatos en cada compañía del mismo), donde eran tratados como soldados rasos, y cumplían exactamente las mismas tareas que estos, al menos durante los meses de primavera y verano. Durante este proceso, el candidato a oficial aprendía cómo era la vida de aquellos que dependerían de él en el futuro, lo que, sin duda, facilitaba que más adelante supieran exactamente a qué se enfrentaban y que podían exigirles, si querían.

Las impresiones de este viaje fueron recogidas en un informe de una cincuentena de folios que se conserva unido a su expediente personal en el archivo del Alcázar de Segovia. Algunas de sus observaciones resultan bastante ilustrativas del contexto en que se movían Franco, el ejército español y el alemán durante la década de los años 20. Las circunstancias eran muy especiales en aquel momento para los ejércitos de los dos estados. Como es bien conocido, en 1928 la Wermacht debía someterse a los límites marcados en el tratado de Versalles, que imponían unas fuerzas armadas de tan solo 100.000 hombres con un máximo de cuatro mil oficiales. Estos límites también afectaban a la cantidad y variedad de su armamento, quedando excluidos, por ejemplo, los gases tóxicos, los blindados y los submarinos, entre otras armas.

Pero el autor centra su informe en acuerdos similares que también se gestionaron con el ejército español. Éste andaba desesperadamente necesitado de modernizarse, ya que las dificultades en Marruecos y la incómoda neutralidad durante la Primera Guerra Mundial habían puesto claramente de relieve su más que limitada capacidad de combate. Además, una dictadura constituía el entorno político ideal para este tipo de arreglos opacos. Así -y como también explica en detalle Juan Pando en el libro sobre Annual - España se ofreció para albergar una fábrica de gases tóxicos producidos por químicos alemanes. Se construyó asímismo un submarino experimental alemán que luego fue vendido a la marina turca, y se realizaron cursos 'clandestinos' de guerra química para oficiales españoles, por ejemplo. El encargado de gestionar todos estos asuntos era el agregado militar de la embajada española, Juan Beigbeder, futuro organizador de las fuerzas moras que ayudaron a la revuelta militar de 1936 y ministro de Asuntos Exteriores.

La Academia Militar General de Zaragoza era un proyecto muy querido tanto por Primo de Rivera como por Franco. Se les ofrecía la oportunidad de formar promociones de oficiales que compartieran su espíritu nacionalista y conservador y pusiesen fin a la tradicional división entre armas que había aquejado la organización militar española desde la instauración del régimen liberal.

Franco deseaba inspirarse en el ejército alemán. Significativamente, no se dirigió hacia los modelos francés o británico, aureolados por la victoria en el último gran conflicto. El caso francés podía haber ofrecido la escuela de Saint-Cyr como modelo más próximo a lo que se deseaba crear, pero el general español decidió fijarse en la Escuela Militar de Dresde, fundamentalmente destinada a la infantería, cuerpo al que él mismo pertenecía.  Durante dos semanas se entrevistó con responsables de la enseñanza militar alemana, giró visita a las instalaciones de la escuela y presenció, a petición propia, las maniobras desarrolladas por un batallón de infantería de la guarnición de Berlín.

Francia 

A Franco le chocaron diversas cosas, algunas importantes y otras quizá más frívolas. Entre las primeras, observó que los alemanes simulaban el empleo de carros blindados en combate utilizando automóviles revestidos con planchas, y que los usaban de manera independiente a la infantería, planteamiento que le pareció incorrecto, tal como hubiera opinado también un gran número de oficiales de toda Europa. No se percató de que estaba asistiendo a los ensayos tácticos de lo que posteriormente sería conocido como bliztkrieg, lo que vendría a demostrar que la opción por el ejército alemán no era tan técnica como ideológica. En el apartado de aparentes frivolidades, incluye en el informe que los almuerzos oficiales que le ofreció la oficialidad germana eran exageradamente austeros, en claro contraste "con lo copioso de nuestros banquetes militares". En lugar de prestar tanta atención a celebraciones y ágapes, los generales alemanes se dedicaban a interrogar y corregir a los oficiales participantes en las maniobras, lo cual también causó cierta sorpresa en el futuro Caudillo.

El segundo viaje fue a Francia, y ello sucedió el 3 de noviembre de 1930 como consecuencia de una visita previa del ministro francés de la Guerra, André Maginot, a España y, en concreto, a la Academia General Militar de Zaragoza, de la que Franco era director. El ministro francés, además de aplaudir la labor que Franco venía haciendo en la academia y de imponerle las insignias de comendador de la Legión de Honor, invitó al general para que asistiese a un curso de mandos superiores en la Academia de Saint-Cyr. Franco salió para Versalles ese mismo día y permaneció allí un mes. En la famosa escuela militar francesa -según su biógrafo George Hills- Franco advirtió un espíritu, unos principios y unos patrones profesionales mucho más próximos a los que prevalecían en Zaragoza que los que había estudiado en la Escuela Alemana de Dresde. Franco comulgaba más, al parecer, con la doctrina francesa de la concentración y potencia de fuegos y disentía del esquema prusiano de academias separadas por armas y vinculación regimental de los oficiales.

Franco estuvo un mes en Francia. Durante el curso el joven general español llama la atención de los mandos militares franceses por su gran preparación intelectual y militar, y se preocupa por conocer a fondo los trabajos de la Escuela de Estudios Orientales aneja a la Universidad de la Sorbona. Por cierto, que fue durante esta estancia de Franco en Francia cuando su admirado Ortega y Gasset publica en el diario "El Sol" su famoso y trascendental artículo "El error Berenguer".

La Academia Especial Militar de Saint-Cyr es un establecimiento de enseñanza superior, que forma a oficiales del Ejército de Francia. Su divisa es "Ils s'instruisent pour vaincre" ("Se instruyen para vencer").

La escuela fue creada por la ley del 11 de floreal del año X por orden de Napoleón Bonaparte, quien ordenó su instalación en Fontainebleau el 28 de enero de 1803. En 1806 se trasladó a la ciudad de Saint-Cyr , en los edificios de la Casa real de San Luis, fundada por madame de Maintenon en 1686. Se transformó en Escuela Imperial Militar en 1804, aunque sólo a partir de 1818 empezaron a llegar alumnos de manera regular y constante. 

En la Academia Saint-Cyr (LaurEnt de Gouvion-Saint-Cyr destacó como general y como mariscal en los ejércitos de Napoleón y fue Ministro de la Guerra entre 1828 y 1830) Franco pudo ver claramente la diferencia de formación de los oficiales entre la Academia de Dresde y la Academia de París y frente a lo que él mismo creyó durante su estancia en Alemania le convenció más la formación de los oficiales franceses e incluso la formación de los grandes ejércitos. Para Franco, soldado convencido de infantería,  los ejércitos no pueden actuar por separado, la fuerza la da la actuación simultánea, como se había demostrado en la batalla de Alhucemas, precisamente por la que había recibido la Legión de Honor impuesta por el gobierno de París. En los anales de la Academia de Saint-Cyr el paso del general español figura como "un gran general, con una gran inteligencia y una gran cultura militar que dará que hablar en el futuro".

Hay otro viaje "oficial" de Franco que también se ha silenciado y que en su momento llegó incluso a salir en las portadas de los periódicos españoles. Fue cuando siendo ya Jefe del Estado Mayor Central del ejército, fue designado por el Gobierno como miembro de la misión española que iba a asistir a los funerales del rey de Inglaterra Jorge V y a la coronación inmediata de su sucesor, Eduardo VIII. Curiosamente en las fotografías que publicó la prensa de aquellos acontecimientos, Franco aparecía junto al mariscal soviético Yujachevsky y más curioso aun fue que la misión soviética estuviese presidida por Máximo Litvinov, el mayor conocedor de la situación política española y el hombre que tanta influencia indirecta tendría en la formación del Frente Popular.

Fueron unos viajes de gran prestigio para Franco, el general más joven de Europa.


Y ahora algunas opiniones sobre Franco

 Tras el "viaje" a Alemania y a Francia con Franco me van a permitir que recoja algunas de las opiniones que hombres de la izquierda y de la derecha tenían de Franco antes y después de la Guerra Civil.

Ramón Pérez de Ayala, por ejemplo, escribía:

"El respeto y el amor por la verdad moral me empujan a confesar que la República española ha constituido un fracaso trágico. Sus hijos son reos de matricidio. No es menos cierto que ya no hay republicanos en uno u otro lado.

Desde el comienzo del movimiento nacionalista, he asentido a él explícitamente y he profesado al general Franco mi adhesión, tan invariable como indefectible. Me enorgullece y honra tener mis dos únicos hijos sirviendo como simples sol­ dados en la primera línea del ejército nacional.

De Franco siempre he tenido la mejor opinión, lo cual vale bien poco, pues la opinión es sobremanera falible, singular­ mente la mía. Pero he tenido fe en él; y esto vale mucho más. Opinión o no opinión, fe o no fe, parece archievidente que España -Franco y España- esto es, libre, son una cosa misma."

Por su parte Salvador de Madariaga, uno de nuestros intelectuales más finos y más cosmopolita, escribiría de Franco estas palabras


"Por estos andurriales de experiencia iba yo excursionando entonces cuando me aconsejó un amigo que me encontrase con el jefe de Estado Mayor, Francisco Franco. Quien me lo recomendaba era una de las personas que me merecían mayor confianza, mi ex subsecretario Ramón Prieto Bances. Como asturiano, conocía a Franco bien, pues aquel gallego, el más tarde famoso general, había rearraigado en Asturias al casarse con una ovetense. Y aquí, como gallego que yo soy también, con dos hermanos rearraigados en Asturias, tendré que digredir otra vez.

Comimos en el Hotel Nacional en octubre y estuvimos juntos los tres cosa de dos o tres horas.

Franco habló algo menos de lo que el español medio habría hablado en tales circunstancias, aunque sin manifestar reserva, desconfianza o suficiencia alguna. Me llamó la atención por su inteligencia concreta y exacta más que original o deslumbrante, así como por su tendencia natural a pensar en términos de espíritu público, sin ostentación alguna de hacerlo. Otros rasgos de su carácter que luego se manifestaron, no asomaron en la conversación."

Y el astuto, listo y sibilino Indalecio Prieto, el gran líder socialista, hizo en su famoso discurso de Cuenca, ya en 1936, la mejor semblanza que nunca se hiciera de Franco:

"Merece la pena, luego de haber remarcado el sentido de menosprecio que los elementos directores de los partidos derechistas acusan con la inclusión en sus candidaturas de los nombres del general Franco y del señor Primo de Rivera, consagrar unos minutos de atención a tan curioso fenómeno político. Ha desaparecido de la candidatura de Cuenca el nombre del general Franco. Yo me felicito sinceramente de tal desaparición. He leído en la prensa manifestaciones de este general, según las cuales su nombre se incluyó en la candidatura por Cuenca contra su voluntad, sin su autorización. No tengo por qué poner en duda la sinceridad de estas manifestaciones, aunque le he de decir también, no pudiendo recatar la sinceridad mía, que hubiese preferido que esa rectificación del general Franco se hubiera producido con anterioridad al justo acuerdo de la Junta Provincial del Censo, que le eliminó de la candidatura. No he de decir ni media palabra en menoscabo de la figura del ilustre militar. Le he conocido de cerca, cuan­do era comandante. Le he visto pelear en África; y para mí, el general Franco, que entonces peleaba en la Legión a las órdenes del hoy también general Millán Astray, llega a la fórmula suprema del valor, es hombre sereno en la lucha. Tengo que rendir este homenaje a la verdad. Ahora bien, no podemos negar, cualquiera que sea nuestra representación política y nuestra proximidad al Gobierno -y no lo podemos negar porque al negarlo, sobre incurrir en falsedad, concluiríamos por patentizar que no nos manifestábamos honradamente-, que entre los elementos militares, en proporción y vastedad considerables, existen fermentos de subversión, deseos de alzarse contra el régimen republicano, no tanto seguramente por lo que el Frente Popular supone en su presente realidad, sino por lo que, predominado en la política de la nación, re­presenta como esperanza para un futuro próximo. El general FRANCO por su juventud, por sus dotes, por la red de sus amistades en el Ejército, es hombre que, en momento dado, puede acaudillar con el máximo de probabilidades -todas las que se derivan de su prestigio persona- un movimiento de este género."

Y famosa fue la descripción puramente militar que hizo Arturo Barea en su famosa trilogía "La forja de un rebelde", en la que describe a Franco en batalla como nadie lo había hecho ni lo haría después.

-Naturalmente. Millán Astray es un bravucón. Se ha ganado la fama de héroe y ya no hay quien se la quite. Y precisamente el hombre que podría hacerlo es Franco. Sólo que esto es un poco complicado de explicar... Yo sé cuántos oficiales del Tercio se han ganado un tiro en la nuca en un ataque. Hay muchos que quisieran pegarle un tiro por la espalda a Franco, pero ninguno de ellos tiene el coraje de hacerlo. Les da miedo de que pueda volver la cabeza, precisamente cuando están tomándole puntería.

-Pero seguramente pasa lo mismo con Millán Astray.

-Ca, no. A Millán Astray no se le puede dar un tiro por la espalda. Ya tomó él buen cuidado de ello. Pero con Franco no es difícil. Se pone a la cabeza y... bueno, es alguien que tiene riñones, hay que admitirlo. Yo le he visto marchar a la cabeza de todos, completamente derecho, cuando ninguno de nosotros nos atrevíamos a despegar los morros del suelo, de espesas que pasaban las balas. ¿Y quién era el valiente que le pegaba un tiro entonces? Te quedabas allí, con la boca abierta, esperando a que los moros le llenaran de agujeros a cada momento, y a la vez asustado de que lo hicieran porque entonces estabas seguro de que echabas a correr. Hay además otra cosa, es mucho más inteligente que Millán Astray.

En 1925 el exministro de Alfonso XIII Don Antonio Goicoechea, publicó en la "Revista de tropas coloniales" un artículo en el que entre otras cosas decía:

"Por su juventud, por su historia, por su triunfal carrera, el nuevo coronel Franco es un hijo del ambiente militar de la Legión y un singularísimo prototipo de ella.

Con la permanencia indestructible de los recuerdos gratos, ha quedado en mi alma impreso el del instante en que conocí al joven coronel. Comenzaba a halagarle y a circundarle con sus resplandores el aura popular. Sus primeros alardes de frío valor, de inteligencia cultivada y perspicaz, de conocimiento seguro y firme del arte militar, le habían ya granjeado merecida popularidad. Corría su nombre de boca en boca, emparejado con el de Millán Astray, su maestro, su camarada, su émulo en el sacrificio abnegado y heroico. Por pura y desinteresada simpatía hacía todo lo que aparece ante mis ojos como verdaderamente grande, acudí, sin conocerle, como uno de tantos, a un acto de homenaje celebrado en su honor.

Revueltos y confundidos en afectuosa familiaridad, sentábanse a la mesa, sumando varios centenares, hombres civiles y oficiales y jefes de diversas armas. Una preocupación en que se mezclaban por iguales partes la amargura y el orgullo, do­ minaba todos los espíritus y se retrataba en todos los semblan­tes; sólo en África se pensaba y sólo se hablaba de África. Reciente la conquista de Xauen, la habilidad y el sereno valor desplegado para ganarla, era el palpitante asunto de las conversaciones.

Varios oradores dijeron con entonación y gesto solemne lo mismo que en voz baja habían dicho ya todos los comensales. Y, al fin, con el esperado pretexto de balbucear unas frases de gratitud, Franco púsose de pie.

En el ruido de aclamaciones incesantes y apasionadas, pude a mi sabor contemplarle, antes de oírle. Su prestancia airosa; la serenidad dulce de su mirada, en la que había algo a la vez de retador y de infantil, conquistó sin esfuerzo la general simpatía; cada uno de los comensales vio extendida ante sus ojos la carta de recomendación a que aludiera Schopenhauer en uno de sus pensamientos más felices. Dejase al cabo escuchar una palabra de estilo familiar y sencillo. Las frases rituales de agradecimiento y de modestia, no mayores ni menores en número de las estrictamente necesarias, sirvieron de breve introito a un discurso vibrante, inflamado, pletórico de pasión, más parecido a una arenga que a un brindis. Durante la noche habían dejado oír su voz hombres que por su procedencia y su oficio podían considerarse como profesionales de la oratoria: ninguno había producido el sincero entusiasmo, la intensa emoción que había despertado la palabra de Franco. Por centésima vez hubo de comprobarse que no es el orador quien fabrica con sujeción a formularios la emoción; sino la emoción verdadera quien hace los más perfectos y grandilocuentes oradores. En Franco, el himno entonado a la patria y a la bandera no era sólo un arrebato lírico y un re­ curso para una efímera finalidad suasoria: era algo que brotaba, según la recomendación de Quintiliano, del pecho mismo del orador, acompañado del mágico refrendo de una vida y una conducta.

Algún tiempo ha pasado desde entonces y la realidad ha colmado todas las profecías y encarnado en una vida, dichosamente plena de vigor, risueñas esperanzas. El soldado, audaz, se ha convertido en un caudillo; el orador inexperto ha ceñido en sus sienes doble diadema del saber y del valor. Franco ha permanecido fiel a su propio espíritu; su vida militar ha continuado siendo un esfuerzo incansable de desdobla­miento, en el que a cada hazaña sucedía otra nueva, y a cada acto de sacrificio, otro que lo superaba y lo oscurecía. Ni un segundo se le ha visto en su carrera vacilar, ni sentir ese íntimo desfallecimiento con que el egoísmo a menudo se disfraza de abatimiento y de pereza... En la juventud vigorosa de Franco hay encerrado un ejemplo y una enseñanza para los comba­tientes que le siguen y para los pacíficos ciudadanos que lejana y pasivamente le acompañan con su admiración y con su simpatía en todos sus resonantes éxitos." 

(Y resalto lo que se dice: "el soldado, audaz, se ha convertido en un Caudillo..." y esto lo dice el señor Goicoechea en 1925).         

Y lo dicho, yo ni quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi señor...y mi señor es y será siempre la verdad y la Historia...(o la intraHistoria).


El modelo alemán. Franco prepara la futura Academia General Militar española



Es bien conocida la reluctancia de Franco a viajar fuera de España durante sus cuarenta años de ejercicio de la Jefatura del Estado. Apenas unas salidas forzadas lo más cerca posible de la frontera (Hendaya, Bordighera..) y una única visita de estado a Portugal. Sin embargo, se menciona poco que el futuro Caudillo solicitó trasladarse a Alemania para visitar la Academia militar de Dresde cuando, por encargo de otro dictador, Miguel Primo de Rivera, estaba organizando  la nueva Academia General Militar de Zaragoza, cuya dirección se le había encargado. Las impresiones de este viaje fueron recogidas en un informe de una cincuentena de folios que se conserva unido a su expediente personal en el archivo del Alcázar de Segovia. Algunas de sus observaciones resultan bastante ilustrativas del contexto en que se movían Franco, el ejército español y el alemán durante los años 20. Podemos conocer con bastante detalle su contenido gracias a un artículo publicado por Jesús Albert con el título Viaje de formación a Dresde. Alemania como ejemplo, en La Aventura de la Historia (2010), nº 143, pp. 44-49.

Las circunstancias eran muy especiales en aquel momento para los ejércitos de los dos estados. Como es bien conocido, en 1928 la Wermacht debía someterse a los límites marcados en el tratado de Versalles, que imponían unas fuerzas armadas de tan solo 100.000 hombres  con un máximo de cuatro mil oficiales. Estos límites también afectaban a la cantidad y variedad de su armamento, quedando excluídos, por ejemplo, los gases tóxicos, los blindados y los submarinos, entre otras armas.

El ejército alemán nunca deseó respetar la nueva situación, y realizaba en secreto toda clase de preparativos para cuando fuera posible revisar lo que su numeroso sector nacionalista consideraba un simple diktat de los vencedores. También es sabido que llegaron a establecer muy buenas relaciones con otros 'parias' de la escena internacional, los soviéticos, para que algunas de sus actividades escaparan al control de las potencias occidentales.

Pero el autor centra su artículo en acuerdos similares que también se gestionaron con el ejército español. Éste andaba desesperadamente necesitado de modernizarse, ya que las dificultades en Marruecos y la incómoda neutralidad durante la Primera Guerra Mundial habían puesto claramente de relieve su más que limitada capacidad de combate. Además, una dictadura constituía el entorno político ideal para este tipo de arreglos opacos. Así -y como también explica en detalle Juan Pando en el libro sobre Annual que comentamos el pasado 5 de enero- España se ofreció para albergar una fábrica de gases tóxicos producidos por químicos alemanes. Se construyó asímismo un submarino experimental alemán que luego fue vendido a la marina turca, y se realizaron cursos 'clandestinos' de guerra química para oficiales españoles, por ejemplo. El encargado de gestionar todos estos asuntos era el agregado militar de la embajada española, Juan Beigbeder, futuro organizador de las fuerzas moras que ayudaron a la revuelta militar de 1936 y ministro de Asuntos Exteriores.

La Academia Militar General de Zaragoza era un proyecto muy querido tanto por Primo de Rivera como por Franco. Se les ofrecía la oportunidad de formar promociones de oficiales que compartieran su espíritu nacionalista y conservador y pusiesen fin a la tradicional división entre armas que había aquejado la organización militar española desde la instauración del régimen liberal. Una cerrada oposición ofrecían, sin embargo, los denominados cuerpos facultativos -fundamentalmente artillería e ingenieros-. A estas armas iban a parar, tradicionalmente, los elementos más ilustrados de la milicia, y su formación técnica era mucho más importante que la recibida por los oficiales de infantería o caballería. Como resultado, al acabar su paso por las academias respectivas, recibían también la titulación civil de ingeniero industrial o de caminos, por lo que podían, en caso necesario, plantearse el abandono de un ejército mal pagado y con muy escasas posibilidades de promoción. Para ellos, pasar dos años junto con sus compañeros de otras especialidades, de conocimientos teóricos muy limitados y educados a base de marchas y cabalgatas, constituía una evidente pérdida de tiempo y ponía en riesgo su propia capacitación profesional.

Franco deseaba inspirarse en el ejército alemán. Significativamente, no se dirigió hacia los modelos francés o británico, aureolados por la victoria en el último gran conflicto. El caso francés podía haber ofrecido la escuela de Saint-Cyr como modelo más próximo a lo que se deseaba crear, pero el general español decidió fijarse en la Escuela Militar de Dresde, fundamentalmente destinada a la infantería, cuerpo al que él mismo pertenecía.  Durante dos semanas se entrevistó con responsables de la enseñanza militar alemana, giró visita a las instalaciones de la escuela y presenció, a petición propia, las maniobras desarrolladas por un batallón de infantería de la guarnición de Berlín.

A Franco le chocaron diversas cosas, algunas importantes y otras quizá más frívolas. Entre las primeras, observó que los alemanes simulaban el empleo de carros blindados en combate utilizando automóviles revestidos con planchas, y que los usaban de manera independiente a la infantería, planteamiento que le pareció incorrecto, tal como hubiera opinado también un gran número de oficiales de toda Europa. No se percató de que estaba asistiendo a los ensayos tácticos de lo que posteriormente sería conocido como bliztkrieg, lo que vendría a demostrar que la opción por el ejército alemán no era tan técnica como ideológica . En el apartado de aparentes frivolidades, incluye en el informe que los almuerzos oficiales que le ofreció la oficialidad germana eran exageradamente austeros, en claro contraste "con lo copioso de nuestros banquetes militares". En lugar de prestar tanta atención a celebraciones y ágapes, los generales alemanes se dedicaban a interrogar y corregir a los oficiales participantes en las maniobras, lo cual también causó cierta sorpresa en el futuro Caudillo.

Le chocaron mucho algunos hábitos políticos o semipolíticos introducidos en el ejército alemán tras la guerra, como la existencia de 'soldados de confianza', que ejercían de intermediarios entre oficiales y tropa y podían plantear ciertas demandas cotidianas de ésta para mejorar la situación del soldado. Y, sobre todo, el hecho de que, según le explicaron, en Austria los 'socialistas' (no habla de los otros partidos) pudiesen enviar sus militantes a los cuarteles para hacer propaganda entre la tropa -que voluntariamente les quisiera escuchar- en periodos electorales.

Consideró los métodos de enseñanza alemanes muy sofisticados, con empleo de máquinas de cine o proyectores (aprovechó para encargar algunos con destino a Zaragoza) y, sobre todo, con un planteamiento abierto de las clases donde profesores y alumnos discutían las propuestas de técnica militar explicadas en el aula, frente al tradicional estudio memorístico practicado en España. Todo ello no debió desanimarlo mucho, porque su informe concluye afirmando que, en poco tiempo, la futura Academia Militar española se hallará "a la altura de similares extranjeras".

Cuando el gobierno republicano de Azaña, que pugnaba por reducir el extraordinariamente elevado número de oficiales que sobrecargaban las plantillas, suprimió la Academia General Militar, no hizo sino enconar el rechazo que la República inspiraba a Franco, privándole de una herramienta con la que había deseado forjar a su propia imagen valores idénticos en los oficiales de todas las armas, un espíritu, por cierto, sólo en parte coincidente con el que se respiraba en las academias alemanas.

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