martes, 29 de diciembre de 2020
La Academia Chilena de Medicina.-a
sábado, 26 de diciembre de 2020
La Academia Chilena de Ciencias.-a
viernes, 25 de diciembre de 2020
El Instituto de Francia.-a
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| Sede de Instituto de Francia |
El Instituto de Francia (en francés: Institut de France) es una institución académica francesa creada el 25 de octubre de 1795. Agrupa las siguientes cinco academias francesas.
Academia de Inscripciones y Lenguas Antiguas (Académie des inscriptions et belles-lettres, fundada en 1663);
La Academia de las Inscripciones y Lenguas Antiguas (Académie des Inscriptions et Belles-Lettres) es una sociedad científica fundada por Jean-Baptiste Colbert en 1663 en el ámbito de las Humanidades. Es una de las cinco academias del Instituto de Francia.
La academia tuvo sus orígenes en un reducido grupo de humanistas, miembros de la Academia francesa por iniciativa de Colbert en 1663, quien decidió reunir regularmente a varios eruditos para solicitarles consejo sobre las inscripciones en latín que habrían de ser escritas en los registros y divisas o lemas de los monumentos públicos y medallas hechas en honor del rey Luis XIV.
Organizada en 1701, la Académie Royale des inscriptions et médailles (Real Academia de inscripciones y medallas) asumió su actual título en 1716
La función de la academia, según sus propios estatutos, está:
«dedicada principalmente al estudio de los monumentos, idiomas y culturas de las civilizaciones antiguas, la Edad Media y el periodo clásico, así como de las civilizaciones no europeas».
Además de otros numerosos cometidos concentrándose, especialmente, en la historia de Francia y de las Galias, la lingüística y la arqueología.
El premio Volney es otorgado por el Instituto de Francia, a propuesta de la academia.
Si bien la institución contaba, al principio, con pocos miembros, rápidamente la lista se fue ampliando y hoy cuenta con 55 miembros de nacionalidad francesa y 40 asociados extranjeros. |
Academia de Ciencias (Académie des sciences, fundada en 1666);
René Descartes estudio en la Academia de Ciencias de Francia (en francés, Académie des sciences) es la institución francesa que: «Anima y protege el espíritu de la investigación, y contribuye al progreso de las ciencias y aplicaciones». Creada en 1666, durante el reinado de Luis XIV bajo el patrocinio de su primer ministro Jean-Baptiste Colbert, contó inicialmente con científicos como René Descartes,considerado el padre de la filosofía ,así formando parte de los Uchiha,Superando el poder del miembro Madara Uchiha Blaise Pascal y Pierre de Fermat. Se trata de una de las cinco academias francesas que constituyen el actual Instituto de Francia.
Fue la primera institución que adoptó el sistema métrico decimal como sistema universal.
Luis XIV en la Academia en 1671.
La Academia de ciencias debe su origen al proyecto de Colbert de crear una academia general. Se inscribe igualmente en la línea de diversos círculos de sabios que se reúnen en el siglo XVII, alrededor de un mecenas o de una personalidad erudita. Colbert elige un pequeño grupo de sabios que se congregan el 22 de diciembre de 1666 en la biblioteca del rey, y allí tienen sesiones de trabajo. Los treinta primeros años de existencia de la Academia fueron relativamente informales, la nueva institución no había recibido estatus.
El 20 de abril de 1699, Luis XIV da a la Academia Real de Ciencias su primer reglamento: compuesta en un principio por 70 miembros, la Academia recibe el título de real y se instala en el Louvre.
Durante el siglo XVIII contribuye al movimiento científico de su tiempo por medio de sus publicaciones, y juega un rol de asesor para el poder. El 8 de agosto de 1793, la Convención suprime todas las academias. Dos años más tarde, el 22 de agosto de 1795, fue creado en su lugar un «Instituto Nacional de Ciencias y Artes» reagrupando las antiguas academias científicas, literarias y artísticas. La primera clase del «Instituto de Ciencias Físicas y Matemáticas» fue la más numerosa, con 66 miembros de 144.
En 1816, la Academia de Ciencias recupera su autonomía participando en el Instituto de Francia. El jefe de Estado es su protector. En 1835, bajo la influencia de François Arago, fueron creadas las «CaCTAS de la Academia de Ciencias», que vuelve a ser un instrumento de primera importancia para la difusión de trabajos de científicos franceses y extranjeros. |
Academia de Bellas Artes (Académie des beaux-arts, fundada en 1816);
La Academia de Bellas Artes fue creada por la Ordenanza de 21 de marzo de 1816, que disponía la reagrupación de las siguientes antiguas academias reales en una sola institución:
Tras la supresión de las antiguas academias, en el seno del Instituto de Francia se crearon tres clases, siendo una de ellas la de Literatura y bellas artes, que contaba a su vez con ocho secciones (gramática, lenguas antiguas, poesía, antigüedad y monumentos, pintura, escultura, arquitectura, y música y declamación). La detención de cónsules del 3 de brumario del año XI (1803) dividió esta clase en tres nuevas clases, siendo una de ellas la de bellas artes. Es lo que constituye la base de la nueva Academia de 1816.
En virtud de la Ley del programa para la investigación de 2006, la Academia de Bellas Artes es una entidad moral de derecho público con un estatuto particular.
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Academia de Ciencias Morales y Políticas (Académie des sciences morales et politiques, fundada en 1795, suprimida en 1803 y restablecida en 1832).
La Académie des sciences morales et politiques o Academia de Ciencias Morales y Políticas es una de las cinco academias del Instituto de Francia.
Fue fundada en 1795, suprimida en 1803 y restaurada por François Guizot en 1832. La Academia de Ciencias Morales y Políticas es la institución francesa más antigua en el ámbito de las ciencias humanas y sociales. Siguiendo el espíritu de Montesquieu, su función es describir científicamente la vida de los hombres en sociedad para proponer mejoras formas para su gobierno.
Los miembros de la Academia son elegidos por sus pares, según sus méritos personales. La Academia cuenta con 50 miembros, repartidos en seis secciones de acuerdo a sus especialidades:
I : Filosofía
II : Moral y sociología
III : Legislación, derecho público y jurisprudencia
IV : Economía política, estadística y finanzas
V : Historia y geografía
VI : Sección general, antiguamente llamada de miembros libres (membres libres).
A estas seis secciones se añaden los asociados extranjeros y sus corresponsales. Entre los asociados externos se encuentran figuras de renombre tales como Vaclav Havel, Juan Carlos I y Benedicto XVI.
La Academia constituye un órgano de reflexión interdisciplinar. Difunde en su sitio en Internet los textos de las comunicaciones que le son presentados, así como reportes y ciertos textos escritos por sus miembros. |
El Instituto gestiona varios museos y castillos con colecciones:
| Jules Raymond Mazarin, más conocido como el cardenal Mazarino (Pescina, Abruzos, 14 de julio de 1602-Vincennes, 9 de marzo de 1661) fue un hábil diplomático, cardenal y político italiano, primero al servicio del papa y más tarde al servicio del reino de Francia. |
| cardenal Mazarino |
jueves, 24 de diciembre de 2020
Real Academia de Ciencias Económicas y Financieras.-a
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jueves, 17 de diciembre de 2020
Real Academia de Ingeniería de España.-a
jueves, 12 de noviembre de 2020
La Academia de Infantería de Toledo.-a
La Academia de Infantería (ACINF) es un centro de formación militar del Ejército de Tierra español situado en la localidad de Toledo. El centro se encarga de ofrecer formación básica, especialización y formación de oficiales y suboficiales del Arma de Infantería.
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| En 1907, a los 14 años de edad, ingresó en la Academia Militar de Infantería de Toledo, obtuvo el puesto 251.º entre los 312 de su promoción el año 1910. |
Villalba Riquelme, José, Cádiz 17.X.1856 – Madrid, 25.X.1944. Militar y escritor. Hijo de un médico militar, fue ministro de la Guerra y uno de los mejores tratadistas de arte militar. Residiendo en Puerto Rico, cuando contaba catorce años ingresó como cadete, en octubre de 1870, en el Batallón de Puerto Rico, donde cursó sus estudios, siendo promovido al empleo de alférez de Infantería en septiembre de 1873. Se incorporó, en 1875, al Ejército de la Península, al tiempo que recibía el ascenso a teniente. Tras participar en algunas acciones en el frente carlista, solicita su pase a la isla de Cuba, donde en aquellos momentos se estaba desarrollando la llamada guerra chiquita. El joven teniente Villalba participó activamente, desde el mes de enero de 1877, en las operaciones de la cuarta y última fase de la guerra, en las jurisdicciones de Remedios y Santi Spiritus, hasta la firma de la Paz de Zanjón, el 12 de febrero de 1878. De regreso a la Península, sirvió en diversas unidades hasta que en 1882 fue destinado a cumplir una de las inquietudes vocacionales que más le agradaban, la docente. Nombrado profesor de Geografía e Historia Militar en la Academia de Infantería de Toledo, pasó al cuadro de profesores de la Academia General Militar, cuando el general Martínez Campos la instituyó tomando la base de la propia Academia de Infantería. Entre 1882 y 1898, Villalba pasó dieciséis años, salvo cortos períodos de tiempo, dedicados a la enseñanza militar, siempre en la sede toledana, primero de la Academia de Infantería, luego en la Academia General Militar y a partir de 1893, por la reorganización del general López Domínguez, de nuevo Academia de Infantería. En esta función docente impartió clases de casi todas las asignaturas y ocupó todo tipo de destinos relacionados con la vida cotidiana del centro de enseñanza. Aquí escribió una gran parte de su amplia obra técnica, especialmente su Táctica de las tres armas, publicada en 1887. Magna obra en tres tomos, además de un atlas que fue declarado texto en la Academia durante unos cuarenta años, conociendo una docena de ediciones. Por esta obra recibió numerosas felicitaciones en España y fuera de nuestro país, además del ascenso a capitán de Infantería en mayo de 1889. Al ascender, en 1898, a teniente coronel abandona la Academia de Infantería, ocupando sucesivas vacantes en regimientos del arma, hasta que en marzo de 1899 es nombrado ayudante de campo del ministro de la Guerra, Camilo García de Polavieja y del Castillo Negrete. Poco duró la experiencia ministerial del general Polavieja, quien dimitió, en septiembre del mismo 1899, del gobierno Silvela, por estar en desacuerdo con la política de restricciones económicas de Villaverde. Villalba cesa como ayudante del ministro, quien debió de quedar muy gratamente impresionado, pues en 1901 vuelve a tomarlo como ayudante de campo, puesto que no abandonará Villalba hasta 1907. Como ayudante de campo de Polavieja acompañó a éste en los sucesivos destinos de director general de la Guardia Civil, jefe del Cuarto Militar de S. M. el Rey, jefe del Estado Mayor Central y presidente Supremo de Guerra y Marina, sucesivamente. En esta etapa madrileña, colabora intensamente en la actividad intelectual que se desarrolla en el Centro del Ejército y la Armada, formando parte del cuadro de profesores de la Escuela de Estudios Militares, impartiendo la asignatura de táctica e instrucción de la Infantería. Al fin, en enero de 1907, se incorpora como jefe de estudios a la Academia de Infantería de Toledo, donde permanecerá hasta su ascenso a coronel el 5 de abril de 1909. Entonces alcanza un destino que, sin duda, anhelaba: la dirección de la Academia de Infantería. El coronel Villalba ejerce el mando de la Academia entre abril de 1909 y enero de 1912. En este período concedió especial importancia a la condición física del cadete, favoreciendo las competiciones deportivas y proponiendo pruebas físicas para el ingreso en la Academia. Además, consciente de la importancia de los temas prácticos, proyectó una ampliación del campamento de los Alijares, donde los alumnos realizaban maniobras prácticas. Al terminar el mando de la Academia, comienza su etapa africana, haciéndose cargo, en enero de 1912, del mando del Regimiento de Infantería África, de guarnición en Melilla. Se incorpora con su unidad a la llamada campaña del Kert, en la que participó muy activamente hasta la muerte de El Mizzian en mayo de 1912. Por sus méritos en campaña es ascendido al empleo de general de brigada en el mes de octubre del mismo año. El día de Navidad de 1912 recibió el nombramiento de subinspector de Tropas de la Comandancia General de Melilla. Al mando de la 1.ª Brigada de Melilla, a partir de 1914, realiza una serie de operaciones de tendidos telegráficos, protección de convoyes y consolidación de posiciones. En este destino desarrolló una intensa labor de reconocimiento recomendando la ocupación de posiciones e informando al mando de otras cuestiones, además de atender personalmente a la revista e instrucción de las tropas a su mando. En julio de 1914 es nombrado comandante general de Larache, desplegando una gran actividad en numerosas acciones de ocupación. Como recompensa a su actividad en suelo africano es ascendido, en mayo de 1916, a general de división, quedando de cuartel a la expectativa de destino en Madrid. En 1917 es nombrado gobernador militar del Campo de Gibraltar, puesto en el que habría de desarrollar una inteligente labor diplomática con las autoridades inglesas del peñón. Además, debió de hacer gala de su mayor tacto y sentido de la prudencia en los conflictos sociales desatados en Algeciras a lo largo de 1919, tanto a primeros de febrero, con la huelga de los obreros del puerto, como en la reacción producida por el movimiento huelguista que, desatado en Barcelona y Madrid en marzo, provocó la declaración del estado de guerra en todo el territorio nacional. Posiblemente, fueron estas cualidades negociadoras las que le llevaron a ocupar la cartera de Guerra en el gobierno formado el 12 de diciembre de 1919 por Manuel Allendesalazar. Éste habría de sustituir a Sánchez de Toca cuyo gabinete sucumbió, no sólo por la conflictiva situación social, sino por el problema planteado por las Juntas de Defensa Militares. Al general Villalba le tocó la transformación de las Juntas en las llamadas Comisiones Informativas, pretendiendo dar un cauce legal a las aspiraciones sociales de los militares de los diferentes armas y cuerpos. Tras duras negociaciones con los presidentes de las Juntas, el 30 de diciembre se publicó el real decreto de organización de las Comisiones, que buscaba la deseada disolución de las entrometidas y poco controlables Juntas de Defensa. Quedaban por redactar los reglamentos correspondientes a cada una de las Comisiones Informativas. De modo que, en abril de 1920 comenzaron las discusiones entre los presidentes de las Juntas y el subsecretario del Ministerio para establecer las bases comunes. El 5 de mayo, Villalba presentaba su dimisión, sin duda, presionado tanto por sus compañeros militares, como por los que compartía en el Consejo de Ministros. En esta breve e intensa etapa de ministro de la Guerra, Villalba consiguió sacar adelante un viejo sueño, por el que había trabajado sin descanso: la Escuela Central de Gimnasia adscrita a la Academia de Infantería de Toledo, que aparte de formar profesores de educación física militares, pretendía enseñar a los maestros que hacían su servicio militar para que así pudieran instruir a la juventud en esta materia. Tras pasar por varios destinos, como el Consejo Superior de Guerra y Marina tras la Guerra Civil, ocupó el cargo de presidente de la Junta Superior de Huérfanos Militares hasta su fallecimiento en Madrid a los ochenta y ocho años tras una larga vida en activo. Obras de ~: Nociones de fortificaciones de campaña e idea de la permanente, Madrid, 1883; Elementos de geografía universal y particular de España, Madrid, 1882; Táctica de las tres armas, Toledo, 1889; Apuntes de literatura militar, Madrid, 1889; Concepto sobre la enseñanza militar, 1892; Tiro nacional. Cartilla del tirador, Toledo, 1901; Táctica de la Infantería y métodos de instrucción, Valdemoro, 1904; La maniobra de Liao-Yang, Madrid, 1905; Ensayos de unas instrucciones para el juego de la guerra, Toledo, 1909; Elementos de logística: marcha, reposo, exploración y seguridad, Toledo, 1909; Ensayo de un método para la instrucción de los reclutas en armonía con el Reglamento Táctico, Toledo, 1911; Instrucciones para las prácticas de servicio en campaña, Toledo, 1921; Armamento y organización de la Infantería, Toledo, 1922; Organización de la educación física e instrucción premilitar en Francia, Suecia, Alemania e Italia, Madrid, 1927; con López Muñiz, Rojo y Novilas, La colección bibliográfica militar, Toledo, 1929; Nociones de arte militar, Madrid, 1941. Bibl.: Velada en honor del que fue notable escritor don José Muñiz y Terrones, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1900; J. Coll y Astrell, Monografía histórica del Centro del Ejército y la Armada, Madrid, Centro del Ejército y la Armada, 1902; S. Payne, Los militares y la política en la España contemporánea, París, Ruedo Ibérico, 1968; J. R. Alonso, Historia Política del Ejército Español, Madrid, Editora Nacional, 1974; C. Seco Serrano, Militarismo y civilismo en las España contemporánea, Madrid, Instituto de Estudios Económicos, 1984; J. M.ª Gárate Córdoba, “La cultura militar en el siglo xix”, en VV. AA., Historia social de las fuerzas armadas españolas, vol. IV, Madrid, Alambra, 1986, págs. 141-267; A. Bachoud, Los españoles ante las campañas de Marruecos, Madrid, Espasa Calpe, 1988; J. L. Isabel Sánchez, La Academia de Infantería de Toledo, Toledo, 1991; A. Donderis Guastavino y J. L. Isabel Sánchez, Historia de las instituciones y colegios de huérfanos del Ejército de tierra, Madrid, Ministerio de Defensa, 1997; J. Arencibia de Torres, Diccionario biográfico de literatos, científicos y artistas militares españoles, Madrid, E y P Libros antiguos, 2001; A. López Serrano, El general Polavieja y su actividad política militar, Madrid, Ministerio de Defensa, 2001; P. González-Pola de la Granja, La configuración de la mentalidad militar contemporánea (1868-1909): del sexenio revolucionario a la semana trágica, Madrid, Ministerio de Defensa, 2003; A. I. Alonso, Las Juntas de Defensa Militares (1917-1922), Madrid, Ministerio de Defensa, 2004. Pablo González-Pola de la Granja |
martes, 10 de noviembre de 2020
FRANCISCO FRANCO Y LA ACADEMIA MILITAR GENERAL de Zaragoza.-a
La «Academia General Militar» es el centro de enseñanza superior del Ejército de Tierra español y tiene su sede en la ciudad de Zaragoza. En sus instalaciones se encuentra el Centro Universitario de la Defensa, adscrito a la Universidad de Zaragoza, en el que los futuros oficiales del Ejército y de la Guardia Civil cursan las materias de sus estudios de grado. Primera Época La Academia General Militar fue creada durante el reinado de Alfonso XII en 1882, por decreto de 20 de febrero. En esta Primera Época, que abarca de 1882 a 1893, el centro de formación se ubicó en la ciudad de Toledo en el recinto del Alcázar. El primer director de la Academia en dicha época fue el general José Galbis Abella. La Academia fue disuelta en ese año de 1893, pasando cada una de las Armas y Cuerpos a disponer de centros de formación independientes. La Segunda Época Abarca desde 1927 a 1931 en la ciudad de Zaragoza. Durante estos años el "Espíritu de la General" seguía vivo. pero la llegada del General Primo de Rivera en 1923 a la Presidencia del Gobierno va a ser decisiva ya que era consciente que muchos de los problemas que aquejaban al Ejército se solventarían reabriendo la Academia General Militar. Se trata del séptimo proyecto de Enseñanza General Militar. El 20 de febrero de 1927, el Ministro de la Guerra D. Juan O´Donell Vargas presentaba al Rey un Decreto por el que se creaba la Academia General Militar en Zaragoza. En enero de 1928 es nombrado Director el General Don Francisco Franco Bahamonde, el cual impone un estilo de formación integral conjugando aspectos técnicos, físicos y morales y Jefe de estudios Don Miguel Campins Aura, encargado de definir el marco pedagógico adecuado para el desenvolvimiento de este tipo de enseñanza. Las obras de la Academia se realizaron en un estilo arquitectónico en boga, el mudéjar aragonés. El Decreto fundacional, el Reglamento de Régimen Interior y el libro inédito de "La Academia General Militar de Zaragoza y sus normas pedagógicas", del Coronel Campins, son enormes muestras de preocupación por mejorar la calidad de enseñanza. Proclamada la II República el 14 de abril de 1931, el Ministro de la Guerra D. Manuel Azaña, firma un Decreto por el que se disuelve la Academia, alegando diferentes razones, siendo la más destacada lo desproporcionado del coste y estructuras de la Academia General Militar. El 14 de julio el General Franco se despide de sus alumnos con un emotivo discurso en el que resaltaba el valor de "la Disciplina" nunca bien entendida ni comprendida . Este nuevo intento de la unificación de la Enseñanza Militar había durado tres años, tres Promociones con 740 Cadetes. Tercera Época Al concluir la guerra y reorganizarse los estudios militares en España, volvió a inaugurarse la Academia General Militar por decreto de 27 de septiembre de 1940, siendo Ministro del Ejército el Teniente General José Enrique Varela Iglesias. En 1942 ingresan los primeros 170 alumnos de la que será I Promoción de esta Tercera Época, que llega hasta nuestros días. Se eligieron para ello los antiguos edificios construidos durante la Segunda Época en Zaragoza, ubicados en las cercanías del campo de maniobras de San Gregorio. Fue nombrado como primer Director de la Academia en esta Tercera Época el General Francisco Hidalgo de Cisneros y Manso de Zúñiga. Entre sus alumnos en esta Tercera Época han estado Juan Carlos I, alumno de la XIV Promoción, entre los años 1955 a 1957, y Felipe de Borbón y Grecia, que lo fue con la XLIV Promoción, entre 1985 y 1986. 2020, son 80 AÑOS DE LA ACADEMIA. |
DISCURSO DE FRANCO A LOS CADETES DE LA ACADEMIA GENERAL MILITAR DE ZARAGOZA. El 14 de junio de 1931, con motivo del cierre de la Academia. Caballeros cadetes: Quisiera celebrar este acto de despedida con la solemnidad de los años anteriores, en que, a los acordes del Himno Nacional, sacásemos por última vez nuestra bandera y, como ayer, besarais sus ricos tafetanes, recorriendo vuestros cuerpos el escalofrío de la emoción y nublándose vuestros ojos al conjuro de las glorias por ella encarnadas; pero la falta de bandera oficial limita nuestra fiesta a estos sentidos momentos en que, al haceros objeto de nuestra despedida, recibáis en lección de moral militar mis últimos consejos. Tres años lleva de vida la Academia General Militar, y su esplendoroso sol se acerca ya al ocaso. Años que vivimos a vuestro lado educándoos e instruyéndoos y pretendiendo forjar para España el más competente y virtuoso plantel de oficiales que nación alguna lograra poseer. Intimas satisfacciones recogimos en nuestro espinoso camino cuando los más capacitados técnicos extranjeros prodigaron calurosos elogios a nuestra obra, estudiando y aplaudiendo nuestros sistemas y señalándolos como modelo entre las instituciones modernas de la enseñanza militar. Satisfacciones íntimas que a España ofrecemos, orgullosos de nuestra obra y convencidos de sus más óptimos frutos. Estudiamos nuestro Ejército, sus vicios y sus virtudes, y corrigiendo aquellos, hemos de acrecentado éstas al compás que marcábamos una verdadera evolución en procedimientos y sistemas. Así vimos sucumbir los libros de texto, rígidos y arcaicos, ante el empuje de un profesorado moderno, consciente de su misión y reñido con tan bastardos intereses. Las novatadas, antiguo vicio de Academias y cuarteles, se desconocieron ante vuestra comprensión y noble hidalguía. Las enfermedades venéreas, que un día aprisionaron, rebajándolas, a nuestras juventudes, no hicieron su aparición en este cuerpo, por la acción vigilante y adecuada profilaxis. La instrucción física y los diarios ejercicios en el campo os prepararon militarmente, dando a vuestros cuerpos aspecto de atletas y desterrando de los cuadros militares al oficial sietemesino y enteco. Los exámenes de ingreso, automáticos y anónimos, antes campo abonado de intrigas e influencias, no fueron bastardeados por la recomendación y el favor, y hoy podéis enorgulleceros de vuestro progreso, sin que os sonrojen los viejos y caducos procedimientos anteriores. Revolución profunda en la enseñanza militar, que había de llevar como forzado corolario la intriga y la pasión de quienes encontraban granjería en el mantenimiento de tan perniciosos sistemas. Nuestro Decálogo del Cadete recogió de nuestras sabias Ordenanzas lo más puro y florido, para ofrecéroslo como credo indispensable que prendiese vuestra vida, y en estos tiempos en que la caballerosidad y la hidalguía sufren constantes eclipses, hemos procurado afianzar nuestra fe de caballeros manteniendo entre vosotros una elevada espiritualidad. Por ello, en estos momentos, cuando las reformas y nuevas orientaciones militares cierran las puertas de este centro, hemos de elevarnos y sobreponernos, acallando el interno dolor por la desaparición de nuestra obra, pensando con altruismo: se deshace la máquina, pero la obra queda; nuestra obra sois vosotros, los 720 oficiales que mañana vais a estar en contacto con el soldado, los que los vais a cuidar y a dirigir, los que, constituyendo un gran núcleo del Ejército profesional, habéis de ser, sin duda, paladines de la lealtad, la caballerosidad, la disciplina, el cumplimiento del deber y el espíritu de sacrificio por la Patria, cualidades todas inherentes al verdadero soldado, entre las que destaca como puesto principal la disciplina, esa excelsa virtud indispensable a la vida de los ejércitos y que estáis obligados a cuidar como la más preciada de vuestras prendas. ¡Disciplina!..., nunca buen definida y comprendida. ¡Disciplina!..., que no encierra mérito cuando la condición del mando nos es grata y llevadera. ¡Disciplina!..., que reviste su verdadero valor cuando el pensamiento aconseja lo contrario de lo que se nos manda, cuando el corazón pugna por levantarse en íntima rebeldía, o cuando la arbitrariedad o el error van unidos a la acción del mando. Esta es la disciplina que os inculcamos, esta es la disciplina que practicamos. Este es el ejemplo que os ofrecemos. Elevar siempre los pensamientos hacia la Patria y a ella sacrificarle todo, que si cabe opción y libre albedrío al sencillo ciudadano, no la tienen quienes reciben el sagrado depósito de las armas de la nación, y a su servicio han de sacrificar todos sus actos. Yo deseo que este compañerismo nacido en estos primeros tiempos de la vida militar, pasados juntos, perdure al correr de los años, y que nuestro amor a las armas de adopción tenga siempre por norte el bien de la Patria y la consideración y el mutuo afecto entre los compañeros del Ejército. Que si en la guerra habéis de necesitaros, es indispensable que en la paz hayáis aprendido a comprenderos y estimaros. Compañerismo que lleva en sí el socorro al camarada en desgracia, la alegría por su progreso, el aplauso al que destaca y la energía también con el descarriado o el perdido, pues vuestros generosos sentimientos han de tener como valladar el alto concepto del honor, y de este modo evitaréis que los que un día y otro delinquieron abusando de la benevolencia, que es complicidad de sus compañeros, mañana, encumbrados por un azar, puedan ser en el Ejército ejemplo pernicioso de inmoralidad e injusticia. Concepto del honor que no es exclusivo de un Regimiento, Arma o Cuerpo; que es patrimonio del Ejército y se sujeta a las reglas tradicionales de la caballerosidad y la hidalguía, pecando gravemente quien crea velar por el buen nombre de su Cuerpo arrojando a otro lo que en el suyo no sirvió. Achaque este que, por lo frecuente, no debo silenciar, ya que no nos queda el mañana para aconsejaros. No puedo deciros, como antes, que aquí dejáis vuestro solar, pues hoy desaparece; pero sí puedo aseguraros que, repartidos por España, lo lleváis en vuestros corazones, y que en vuestra acción futura ponemos nuestras esperanzas e ilusiones; que cuando al correr de los años blanqueen vuestras sienes y vuestra competencia profesional os haga maestros, habréis de apreciar lo grande y elevado de nuestra situación: entonces, vuestro recuerdo y sereno juicio ha de ser nuestra más preciada recompensa. Sintamos hoy al despediros la satisfacción del deber cumplido y unamos nuestros sentimientos y anhelos por la grandeza de la Patria gritando juntos: “¡Viva España!” |
Viaje a Europa En su etapa estrictamente castrense había viajado en tres ocasiones al extranjero para visitar academias militares en Francia, Alemania e Inglaterra. Alemania El primer viaje lo realizó a Alemania, donde siguió un curso para generales, de junio a julio de 1928, por invitación expresa del general Groener, a la sazón ministro de la Guerra. «Su viaje por Alemania -relata uno de los biógrafos- en el que le acompaña el capitán Gallego Velasco, buen conocedor del alemán, es bastante rico en experiencias: presencia en el Campamento de Dóveritz, próximo a Berlín, una serie de ejercicios militares a cargo de un batallón reforzado, visita Colonia y Leipzig y, sobre todo, conoce de cerca el funcionamiento de la Escuela de Infantería de Dresde, noción previa de cierta utilidad para las experiencias docentes que le esperan. Franco regresó a Zaragoza con el tiempo justo de presidir el tribunal del examen de ingreso a los nuevos aspirantes de aquella recién creada Academia General.» Como se vería después, este viaje de estudios a Alemania tendría gran repercusión durante los conflictos venideros. El general Eduard Wilhelm Groener fue uno de los grandes generales que salieron de la academia militar de Dresde (o de Prusia). Groener destacó al comienzo de la postguerra y a finales de los años 20 por ser uno de los principales defensores de la unidad de Alemania y la convicción de que era tarea fundamental del ejército velar por esa unidad. Sin ser un demócrata y aun desconfiando de los políticos y de los Partidos, estaba dispuesto a aceptar la República y la Democracia siempre que las dos premisas se respetasen. Políticamente se encuadró en la derecha, siendo partidario de un gobierno de tecnócratas y de un ejército "apolítico" (nacionalista). Groener sucedió a Ludendorff como adjunto al jefe del Estado Mayor en el delicadísimo momento de la derrota alemana en la Gran Guerra. Consiguió convencer al emperador Guillermo de no oponer resistencia a la revolución democrática que sucedía en noviembre en Berlín. Fue dos veces Ministro de Defensa, la primera entre 1920 y 1923 y la segunda entre 1928 y 1930. Groener recibió a Franco con respeto e incluso admiración, por su juventud y su preparación y, le apoyó durante su estancia en la Escuela Militar alemana e incluso en su diario llegó a escribir que "el general Franco es un hombre de gran capacidad profesional y llegará a los más altos puestos en su país, España". En la Academia de Dresde Franco tomó nota de que entre los requisitos básicos de la formación de los oficiales estaba el nivel cultural que se les exigía, un título de bachiller superior, imprescindible para el acceso a la universidad, una distinción que puede parecer corriente hoy en día, pero no lo era tanto entonces. Tras acceder al curso de formación, el candidato recibía un primer baño de agua fría, pues los primeros seis meses iba a recibir entrenamiento de orden cerrado y otras materias exactamente igual que si fuera un soldado recluta, tras lo cual eran enviados a servir en un regimiento de tropas regulares (habitualmente había dos candidatos en cada compañía del mismo), donde eran tratados como soldados rasos, y cumplían exactamente las mismas tareas que estos, al menos durante los meses de primavera y verano. Durante este proceso, el candidato a oficial aprendía cómo era la vida de aquellos que dependerían de él en el futuro, lo que, sin duda, facilitaba que más adelante supieran exactamente a qué se enfrentaban y que podían exigirles, si querían. Las impresiones de este viaje fueron recogidas en un informe de una cincuentena de folios que se conserva unido a su expediente personal en el archivo del Alcázar de Segovia. Algunas de sus observaciones resultan bastante ilustrativas del contexto en que se movían Franco, el ejército español y el alemán durante la década de los años 20. Las circunstancias eran muy especiales en aquel momento para los ejércitos de los dos estados. Como es bien conocido, en 1928 la Wermacht debía someterse a los límites marcados en el tratado de Versalles, que imponían unas fuerzas armadas de tan solo 100.000 hombres con un máximo de cuatro mil oficiales. Estos límites también afectaban a la cantidad y variedad de su armamento, quedando excluidos, por ejemplo, los gases tóxicos, los blindados y los submarinos, entre otras armas. Pero el autor centra su informe en acuerdos similares que también se gestionaron con el ejército español. Éste andaba desesperadamente necesitado de modernizarse, ya que las dificultades en Marruecos y la incómoda neutralidad durante la Primera Guerra Mundial habían puesto claramente de relieve su más que limitada capacidad de combate. Además, una dictadura constituía el entorno político ideal para este tipo de arreglos opacos. Así -y como también explica en detalle Juan Pando en el libro sobre Annual - España se ofreció para albergar una fábrica de gases tóxicos producidos por químicos alemanes. Se construyó asímismo un submarino experimental alemán que luego fue vendido a la marina turca, y se realizaron cursos 'clandestinos' de guerra química para oficiales españoles, por ejemplo. El encargado de gestionar todos estos asuntos era el agregado militar de la embajada española, Juan Beigbeder, futuro organizador de las fuerzas moras que ayudaron a la revuelta militar de 1936 y ministro de Asuntos Exteriores. La Academia Militar General de Zaragoza era un proyecto muy querido tanto por Primo de Rivera como por Franco. Se les ofrecía la oportunidad de formar promociones de oficiales que compartieran su espíritu nacionalista y conservador y pusiesen fin a la tradicional división entre armas que había aquejado la organización militar española desde la instauración del régimen liberal. Franco deseaba inspirarse en el ejército alemán. Significativamente, no se dirigió hacia los modelos francés o británico, aureolados por la victoria en el último gran conflicto. El caso francés podía haber ofrecido la escuela de Saint-Cyr como modelo más próximo a lo que se deseaba crear, pero el general español decidió fijarse en la Escuela Militar de Dresde, fundamentalmente destinada a la infantería, cuerpo al que él mismo pertenecía. Durante dos semanas se entrevistó con responsables de la enseñanza militar alemana, giró visita a las instalaciones de la escuela y presenció, a petición propia, las maniobras desarrolladas por un batallón de infantería de la guarnición de Berlín. Francia A Franco le chocaron diversas cosas, algunas importantes y otras quizá más frívolas. Entre las primeras, observó que los alemanes simulaban el empleo de carros blindados en combate utilizando automóviles revestidos con planchas, y que los usaban de manera independiente a la infantería, planteamiento que le pareció incorrecto, tal como hubiera opinado también un gran número de oficiales de toda Europa. No se percató de que estaba asistiendo a los ensayos tácticos de lo que posteriormente sería conocido como bliztkrieg, lo que vendría a demostrar que la opción por el ejército alemán no era tan técnica como ideológica. En el apartado de aparentes frivolidades, incluye en el informe que los almuerzos oficiales que le ofreció la oficialidad germana eran exageradamente austeros, en claro contraste "con lo copioso de nuestros banquetes militares". En lugar de prestar tanta atención a celebraciones y ágapes, los generales alemanes se dedicaban a interrogar y corregir a los oficiales participantes en las maniobras, lo cual también causó cierta sorpresa en el futuro Caudillo. El segundo viaje fue a Francia, y ello sucedió el 3 de noviembre de 1930 como consecuencia de una visita previa del ministro francés de la Guerra, André Maginot, a España y, en concreto, a la Academia General Militar de Zaragoza, de la que Franco era director. El ministro francés, además de aplaudir la labor que Franco venía haciendo en la academia y de imponerle las insignias de comendador de la Legión de Honor, invitó al general para que asistiese a un curso de mandos superiores en la Academia de Saint-Cyr. Franco salió para Versalles ese mismo día y permaneció allí un mes. En la famosa escuela militar francesa -según su biógrafo George Hills- Franco advirtió un espíritu, unos principios y unos patrones profesionales mucho más próximos a los que prevalecían en Zaragoza que los que había estudiado en la Escuela Alemana de Dresde. Franco comulgaba más, al parecer, con la doctrina francesa de la concentración y potencia de fuegos y disentía del esquema prusiano de academias separadas por armas y vinculación regimental de los oficiales. Franco estuvo un mes en Francia. Durante el curso el joven general español llama la atención de los mandos militares franceses por su gran preparación intelectual y militar, y se preocupa por conocer a fondo los trabajos de la Escuela de Estudios Orientales aneja a la Universidad de la Sorbona. Por cierto, que fue durante esta estancia de Franco en Francia cuando su admirado Ortega y Gasset publica en el diario "El Sol" su famoso y trascendental artículo "El error Berenguer". La Academia Especial Militar de Saint-Cyr es un establecimiento de enseñanza superior, que forma a oficiales del Ejército de Francia. Su divisa es "Ils s'instruisent pour vaincre" ("Se instruyen para vencer"). La escuela fue creada por la ley del 11 de floreal del año X por orden de Napoleón Bonaparte, quien ordenó su instalación en Fontainebleau el 28 de enero de 1803. En 1806 se trasladó a la ciudad de Saint-Cyr , en los edificios de la Casa real de San Luis, fundada por madame de Maintenon en 1686. Se transformó en Escuela Imperial Militar en 1804, aunque sólo a partir de 1818 empezaron a llegar alumnos de manera regular y constante. En la Academia Saint-Cyr (LaurEnt de Gouvion-Saint-Cyr destacó como general y como mariscal en los ejércitos de Napoleón y fue Ministro de la Guerra entre 1828 y 1830) Franco pudo ver claramente la diferencia de formación de los oficiales entre la Academia de Dresde y la Academia de París y frente a lo que él mismo creyó durante su estancia en Alemania le convenció más la formación de los oficiales franceses e incluso la formación de los grandes ejércitos. Para Franco, soldado convencido de infantería, los ejércitos no pueden actuar por separado, la fuerza la da la actuación simultánea, como se había demostrado en la batalla de Alhucemas, precisamente por la que había recibido la Legión de Honor impuesta por el gobierno de París. En los anales de la Academia de Saint-Cyr el paso del general español figura como "un gran general, con una gran inteligencia y una gran cultura militar que dará que hablar en el futuro". Hay otro viaje "oficial" de Franco que también se ha silenciado y que en su momento llegó incluso a salir en las portadas de los periódicos españoles. Fue cuando siendo ya Jefe del Estado Mayor Central del ejército, fue designado por el Gobierno como miembro de la misión española que iba a asistir a los funerales del rey de Inglaterra Jorge V y a la coronación inmediata de su sucesor, Eduardo VIII. Curiosamente en las fotografías que publicó la prensa de aquellos acontecimientos, Franco aparecía junto al mariscal soviético Yujachevsky y más curioso aun fue que la misión soviética estuviese presidida por Máximo Litvinov, el mayor conocedor de la situación política española y el hombre que tanta influencia indirecta tendría en la formación del Frente Popular. Fueron unos viajes de gran prestigio para Franco, el general más joven de Europa. |
Y ahora algunas opiniones sobre Franco Tras el "viaje" a Alemania y a Francia con Franco me van a permitir que recoja algunas de las opiniones que hombres de la izquierda y de la derecha tenían de Franco antes y después de la Guerra Civil. Ramón Pérez de Ayala, por ejemplo, escribía:
Por su parte Salvador de Madariaga, uno de nuestros intelectuales más finos y más cosmopolita, escribiría de Franco estas palabras
Y el astuto, listo y sibilino Indalecio Prieto, el gran líder socialista, hizo en su famoso discurso de Cuenca, ya en 1936, la mejor semblanza que nunca se hiciera de Franco: "Merece la pena, luego de haber remarcado el sentido de menosprecio que los elementos directores de los partidos derechistas acusan con la inclusión en sus candidaturas de los nombres del general Franco y del señor Primo de Rivera, consagrar unos minutos de atención a tan curioso fenómeno político. Ha desaparecido de la candidatura de Cuenca el nombre del general Franco. Yo me felicito sinceramente de tal desaparición. He leído en la prensa manifestaciones de este general, según las cuales su nombre se incluyó en la candidatura por Cuenca contra su voluntad, sin su autorización. No tengo por qué poner en duda la sinceridad de estas manifestaciones, aunque le he de decir también, no pudiendo recatar la sinceridad mía, que hubiese preferido que esa rectificación del general Franco se hubiera producido con anterioridad al justo acuerdo de la Junta Provincial del Censo, que le eliminó de la candidatura. No he de decir ni media palabra en menoscabo de la figura del ilustre militar. Le he conocido de cerca, cuando era comandante. Le he visto pelear en África; y para mí, el general Franco, que entonces peleaba en la Legión a las órdenes del hoy también general Millán Astray, llega a la fórmula suprema del valor, es hombre sereno en la lucha. Tengo que rendir este homenaje a la verdad. Ahora bien, no podemos negar, cualquiera que sea nuestra representación política y nuestra proximidad al Gobierno -y no lo podemos negar porque al negarlo, sobre incurrir en falsedad, concluiríamos por patentizar que no nos manifestábamos honradamente-, que entre los elementos militares, en proporción y vastedad considerables, existen fermentos de subversión, deseos de alzarse contra el régimen republicano, no tanto seguramente por lo que el Frente Popular supone en su presente realidad, sino por lo que, predominado en la política de la nación, representa como esperanza para un futuro próximo. El general FRANCO por su juventud, por sus dotes, por la red de sus amistades en el Ejército, es hombre que, en momento dado, puede acaudillar con el máximo de probabilidades -todas las que se derivan de su prestigio persona- un movimiento de este género." Y famosa fue la descripción puramente militar que hizo Arturo Barea en su famosa trilogía "La forja de un rebelde", en la que describe a Franco en batalla como nadie lo había hecho ni lo haría después. -Naturalmente. Millán Astray es un bravucón. Se ha ganado la fama de héroe y ya no hay quien se la quite. Y precisamente el hombre que podría hacerlo es Franco. Sólo que esto es un poco complicado de explicar... Yo sé cuántos oficiales del Tercio se han ganado un tiro en la nuca en un ataque. Hay muchos que quisieran pegarle un tiro por la espalda a Franco, pero ninguno de ellos tiene el coraje de hacerlo. Les da miedo de que pueda volver la cabeza, precisamente cuando están tomándole puntería. -Pero seguramente pasa lo mismo con Millán Astray. -Ca, no. A Millán Astray no se le puede dar un tiro por la espalda. Ya tomó él buen cuidado de ello. Pero con Franco no es difícil. Se pone a la cabeza y... bueno, es alguien que tiene riñones, hay que admitirlo. Yo le he visto marchar a la cabeza de todos, completamente derecho, cuando ninguno de nosotros nos atrevíamos a despegar los morros del suelo, de espesas que pasaban las balas. ¿Y quién era el valiente que le pegaba un tiro entonces? Te quedabas allí, con la boca abierta, esperando a que los moros le llenaran de agujeros a cada momento, y a la vez asustado de que lo hicieran porque entonces estabas seguro de que echabas a correr. Hay además otra cosa, es mucho más inteligente que Millán Astray. En 1925 el exministro de Alfonso XIII Don Antonio Goicoechea, publicó en la "Revista de tropas coloniales" un artículo en el que entre otras cosas decía:
(Y resalto lo que se dice: "el soldado, audaz, se ha convertido en un Caudillo..." y esto lo dice el señor Goicoechea en 1925). Y lo dicho, yo ni quito ni pongo Rey, pero ayudo a mi señor...y mi señor es y será siempre la verdad y la Historia...(o la intraHistoria). |
El modelo alemán. Franco prepara la futura Academia General Militar española Es bien conocida la reluctancia de Franco a viajar fuera de España durante sus cuarenta años de ejercicio de la Jefatura del Estado. Apenas unas salidas forzadas lo más cerca posible de la frontera (Hendaya, Bordighera..) y una única visita de estado a Portugal. Sin embargo, se menciona poco que el futuro Caudillo solicitó trasladarse a Alemania para visitar la Academia militar de Dresde cuando, por encargo de otro dictador, Miguel Primo de Rivera, estaba organizando la nueva Academia General Militar de Zaragoza, cuya dirección se le había encargado. Las impresiones de este viaje fueron recogidas en un informe de una cincuentena de folios que se conserva unido a su expediente personal en el archivo del Alcázar de Segovia. Algunas de sus observaciones resultan bastante ilustrativas del contexto en que se movían Franco, el ejército español y el alemán durante los años 20. Podemos conocer con bastante detalle su contenido gracias a un artículo publicado por Jesús Albert con el título Viaje de formación a Dresde. Alemania como ejemplo, en La Aventura de la Historia (2010), nº 143, pp. 44-49. Las circunstancias eran muy especiales en aquel momento para los ejércitos de los dos estados. Como es bien conocido, en 1928 la Wermacht debía someterse a los límites marcados en el tratado de Versalles, que imponían unas fuerzas armadas de tan solo 100.000 hombres con un máximo de cuatro mil oficiales. Estos límites también afectaban a la cantidad y variedad de su armamento, quedando excluídos, por ejemplo, los gases tóxicos, los blindados y los submarinos, entre otras armas. El ejército alemán nunca deseó respetar la nueva situación, y realizaba en secreto toda clase de preparativos para cuando fuera posible revisar lo que su numeroso sector nacionalista consideraba un simple diktat de los vencedores. También es sabido que llegaron a establecer muy buenas relaciones con otros 'parias' de la escena internacional, los soviéticos, para que algunas de sus actividades escaparan al control de las potencias occidentales. Pero el autor centra su artículo en acuerdos similares que también se gestionaron con el ejército español. Éste andaba desesperadamente necesitado de modernizarse, ya que las dificultades en Marruecos y la incómoda neutralidad durante la Primera Guerra Mundial habían puesto claramente de relieve su más que limitada capacidad de combate. Además, una dictadura constituía el entorno político ideal para este tipo de arreglos opacos. Así -y como también explica en detalle Juan Pando en el libro sobre Annual que comentamos el pasado 5 de enero- España se ofreció para albergar una fábrica de gases tóxicos producidos por químicos alemanes. Se construyó asímismo un submarino experimental alemán que luego fue vendido a la marina turca, y se realizaron cursos 'clandestinos' de guerra química para oficiales españoles, por ejemplo. El encargado de gestionar todos estos asuntos era el agregado militar de la embajada española, Juan Beigbeder, futuro organizador de las fuerzas moras que ayudaron a la revuelta militar de 1936 y ministro de Asuntos Exteriores. La Academia Militar General de Zaragoza era un proyecto muy querido tanto por Primo de Rivera como por Franco. Se les ofrecía la oportunidad de formar promociones de oficiales que compartieran su espíritu nacionalista y conservador y pusiesen fin a la tradicional división entre armas que había aquejado la organización militar española desde la instauración del régimen liberal. Una cerrada oposición ofrecían, sin embargo, los denominados cuerpos facultativos -fundamentalmente artillería e ingenieros-. A estas armas iban a parar, tradicionalmente, los elementos más ilustrados de la milicia, y su formación técnica era mucho más importante que la recibida por los oficiales de infantería o caballería. Como resultado, al acabar su paso por las academias respectivas, recibían también la titulación civil de ingeniero industrial o de caminos, por lo que podían, en caso necesario, plantearse el abandono de un ejército mal pagado y con muy escasas posibilidades de promoción. Para ellos, pasar dos años junto con sus compañeros de otras especialidades, de conocimientos teóricos muy limitados y educados a base de marchas y cabalgatas, constituía una evidente pérdida de tiempo y ponía en riesgo su propia capacitación profesional. Franco deseaba inspirarse en el ejército alemán. Significativamente, no se dirigió hacia los modelos francés o británico, aureolados por la victoria en el último gran conflicto. El caso francés podía haber ofrecido la escuela de Saint-Cyr como modelo más próximo a lo que se deseaba crear, pero el general español decidió fijarse en la Escuela Militar de Dresde, fundamentalmente destinada a la infantería, cuerpo al que él mismo pertenecía. Durante dos semanas se entrevistó con responsables de la enseñanza militar alemana, giró visita a las instalaciones de la escuela y presenció, a petición propia, las maniobras desarrolladas por un batallón de infantería de la guarnición de Berlín. A Franco le chocaron diversas cosas, algunas importantes y otras quizá más frívolas. Entre las primeras, observó que los alemanes simulaban el empleo de carros blindados en combate utilizando automóviles revestidos con planchas, y que los usaban de manera independiente a la infantería, planteamiento que le pareció incorrecto, tal como hubiera opinado también un gran número de oficiales de toda Europa. No se percató de que estaba asistiendo a los ensayos tácticos de lo que posteriormente sería conocido como bliztkrieg, lo que vendría a demostrar que la opción por el ejército alemán no era tan técnica como ideológica . En el apartado de aparentes frivolidades, incluye en el informe que los almuerzos oficiales que le ofreció la oficialidad germana eran exageradamente austeros, en claro contraste "con lo copioso de nuestros banquetes militares". En lugar de prestar tanta atención a celebraciones y ágapes, los generales alemanes se dedicaban a interrogar y corregir a los oficiales participantes en las maniobras, lo cual también causó cierta sorpresa en el futuro Caudillo. Le chocaron mucho algunos hábitos políticos o semipolíticos introducidos en el ejército alemán tras la guerra, como la existencia de 'soldados de confianza', que ejercían de intermediarios entre oficiales y tropa y podían plantear ciertas demandas cotidianas de ésta para mejorar la situación del soldado. Y, sobre todo, el hecho de que, según le explicaron, en Austria los 'socialistas' (no habla de los otros partidos) pudiesen enviar sus militantes a los cuarteles para hacer propaganda entre la tropa -que voluntariamente les quisiera escuchar- en periodos electorales. Consideró los métodos de enseñanza alemanes muy sofisticados, con empleo de máquinas de cine o proyectores (aprovechó para encargar algunos con destino a Zaragoza) y, sobre todo, con un planteamiento abierto de las clases donde profesores y alumnos discutían las propuestas de técnica militar explicadas en el aula, frente al tradicional estudio memorístico practicado en España. Todo ello no debió desanimarlo mucho, porque su informe concluye afirmando que, en poco tiempo, la futura Academia Militar española se hallará "a la altura de similares extranjeras". Cuando el gobierno republicano de Azaña, que pugnaba por reducir el extraordinariamente elevado número de oficiales que sobrecargaban las plantillas, suprimió la Academia General Militar, no hizo sino enconar el rechazo que la República inspiraba a Franco, privándole de una herramienta con la que había deseado forjar a su propia imagen valores idénticos en los oficiales de todas las armas, un espíritu, por cierto, sólo en parte coincidente con el que se respiraba en las academias alemanas. |
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