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miércoles, 28 de octubre de 2020

Santiago hacia el futuro.-a

santiago


Con una densidad poblacional cada vez mayor y una expansión de las zonas urbanas hacia la periferia Santiago parece no ceder ante su crecimiento. Se estima que la ciudad llegará a los 9 millones de habitantes en 2035. Cinco expertos en urbanismo y arquitectura comparten sus proyecciones sobre cómo será Santiago si continúa creciendo y qué se debe hacer para evitar el colapso de las zonas más pobladas.

Tal como ocurre en varias capitales latinoamericanas, el crecimiento de Santiago sigue concentrando una gran cantidad de la población total del país, y no hay signos de que esto se detenga.

Tomemos por ejemplo el Centro Histórico de la ciudad: si hace tres décadas había 50 viviendas por hectárea, hoy existen 5.000, de acuerdo con el Instituto de Estudios Urbanos y Territoriales de la UC, lo que no se replica en ninguna otra ciudad del territorio.

Hoy, Santiago acumula alrededor de seis millones de habitantes (35,6% de la población chilena total), según el último Censo. Luego hay un salto hacia las áreas urbanas de que forman Valparaíso y Concepción, ambas con menos de un millón de personas. Pero el crecimiento pareciera no ceder.

Según el Instituto Nacional de Estadísticas, Santiago podría llegar a los 9 millones de habitantes en 2035. El crecimiento requiere considerar el impacto que una alta densidad poblacional puede afectar materias como transporte, salud, educación e incluso recreación.

El problema de la planificación

Los problemas de segregación y las zonas con una densidad problemática podrían tener su génesis en la tardía planificación que tuvo Santiago, de acuerdo a expertos. El expresidente del Colegio de Arquitectos, Alberto Texido, propone que la ciudad ha tenido pocos episodios de planificación desde su trazado original. 

"Gran parte de las avenidas que conocemos hoy fueron los límites de grandes predios agrícolas, sin que las líneas rectas de la planificación pudieran imponerse, como sí ocurrió en ciudades como Barcelona, Nueva York o Berlín", propone Texido.

La Doctora en arquitectura e investigadora del Centro de Desarrollo Urbano Sustentable (CEDEUS), Alejandra Rasse, explica que hace algunos años se veía que las periferias sur, norte y poniente de la ciudad estaban conformadas por hogares de bajos ingresos que vivían en condiciones de alta segregación.

 "En estos barrios lo que se hizo fue solo vivienda. La dotación de servicios llegó mucho después. Eso perjudicó la calidad de vida de las personas que no encontraban ninguna oportunidad de esparcimiento ni de trabajo y les implicaba moverse en viajes bastante largos", sostiene Rasse.


Las comunidades desprovistas de suficientes servicios básicos dieron pie a la segregación que caracteriza a Santiago y a la mayoría de las ciudades de Chile. Según el presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, Sergio Baeriswyl, la última medición que la institución hizo en 117 comunas del país, arrojó que ninguna de ellas cumplía con los estándares de integración social esperados. Baeriswyl, también arquitecto, propone que la segregación se instaló en las ciudades chilenas por una política habitacional muy fuerte en las décadas de los 80 y 90, en que se construyeron grandes barrios periféricos con suelo muy barato destinado exclusivamente a familias vulnerables.

La densificación equilibrada

Conociendo la situación actual de la ciudad, ¿es posible enmendar el camino? La respuesta, dicen los expertos es la densificación equilibrada, es decir, un aumento según las capacidades del espacio público, las áreas verdes, la vialidad y el transporte; que procure poblar zonas de Santiago sin afectar a la comunidad. Alejandra Rasse explica, por ejemplo, que las construcciones deben quedar sobre calles que puedan soportar el alto tránsito que deriva del aumento de la densidad, además de aumentar los servicios de la ciudad en esos sectores.

Aunque asegura que no existen fórmulas mágicas para la densificación equilibrada en todos los casos, Sergio Baeriswyl explica que hay factores que ayudan. 

“Se densifica en la medida que tenga disponibilidad, una brecha a favor, de servicios urbanísticos. Puede darse también la acción más proactiva, donde un proyecto se hace cargo del déficit que tiene el lugar. Por ejemplo, que cree un espacio público o ciertos servicios en la plataforma baja”, propone el presidente de la CNDU.

Desde la Asociación de Oficinas de Arquitectos de Chile (AOA), su presidenta Mónica Álvarez asegura que tanto la institución a su cargo como la Cámara Chilena de la Construcción y la Asociación de Desarrolladores Inmobiliarios han promovido la densificación equilibrada en los últimos años.

 "Nosotros hemos peleado porque las ciudades tengan muchos centros y no solo uno o dos, para que existan núcleos por comunas, donde la gente pueda trabajar en su comuna", afirma. 

Sin embargo, asegura que deben existir políticas públicas que exijan la densificación equilibrada, además de un cambio profundo en los planos de las ciudades. Advierte que no es una tarea fácil, tomando en cuenta qué es lo que viene para el futuro.

Las proyecciones para Santiago

Aunque reconoce que proyectar cómo será la segregación en unos años es complejo, el investigador asociado del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES), Luis Valenzuela, distingue ciertas tendencias que, aunque podrían cambiar, afirma que posiblemente continuarán. Valenzuela, quien además es director del Centro de Inteligencia Territorial de la Universidad Adolfo Ibáñez, postula que en Santiago los grupos que más se segregan son los de altos ingresos, y no solo en los barrios altos tradicionales de Santiago, sino que repiten la segregación en otros sectores de la precordillera, como las zonas más altas de La Reina, Peñalolén, La Florida y Puente Alto. Y advierte que eso podría agudizarse.

Otra de sus proyecciones es que los grupos de menores ingresos han tendido a disminuir por el costo de vivir en Santiago. 

"Han venido a la baja, dado el alto costo de lo que es arrendar una vivienda, un departamento, incluso una pieza", dice el investigador. 

Sobre la segregación de viviendas sociales, la también socióloga Alejandra Rasse agrega:

 "El suelo es tan caro, que no se está desarrollando vivienda social no solo dentro de la ciudad, sino que tampoco hay mucha oferta de vivienda social para los hogares más pobres en zonas del periurbano de la ciudad". 

La doctora Rasse afirma que en comunas como Quilicura, Pudahuel y Maipú se ha trabajado en la oferta para sectores medios, lo que diversifica los barrios. No obstante, no se generan oportunidades de acceder a vivienda para los hogares más pobres.

Baeriswyl, el presidente del Consejo Nacional de Desarrollo Urbano, se muestra optimista ante las proyecciones de segregación en Santiago. Asegura que los subsidios están focalizados preferentemente a la integración social, por lo que, en los próximos 10 años, los niveles de segregación podrían disminuir si la infraestructura urbana llega a los suburbios. También sostiene que, con la llegada del metro a zonas periféricas, llegan también servicios, más equipamiento y comercio que subsanan la segregación. 

"Es una carrera de fondo, larga, que va a tomar muchos años. Lo importante es que hoy día está en el centro de la política pública de nosotros como Consejo", dice Baeriswyl.



Adiós, Santiago

Fredi Velásquez

2 ENE 2021 

Las inmobiliarias se han percatado de un nuevo fenómeno entre jóvenes profesionales: ya no buscan vivir en la capital, sino que están mirando las regiones para una nueva vida. La posibilidad del teletrabajo y el alto costo de la vida en la Región Metropolitana están haciendo que cada vez sean más los que emigran.

Desde niño que Jorge Ricci vivía cerca del Parque Forestal. Sus padres lo habían criado ahí, en un sector que por sus áreas verdes y su ubicación parecía perfecto. Sin embargo, en el último tiempo vio cómo el barrio fue cambiando.

La explosión del sector de Lastarria como polo gastronómico modificó el paisaje urbano. La tranquilidad se fue acabando paulatinamente. Luego, el estallido social cambió para siempre la vida de sus vecinos. Se tuvieron que acostumbrar al fuerte olor de las bombas lacrimógenas, a las barricadas en la puerta de la casa y a los enfrentamientos a diario entre carabineros y manifestantes. El barrio, como lo imaginaba, ya no existía más.

“Tenía mucho cansancio mental de estar viendo cómo llegaban las 18.00, venía la turba y uno tenía que arrancar de la lacrimógena. Hace años que tenía la idea de irme, hasta que di un pasito y me cambié de casa”, recuerda Jorge Ricci.

La misma situación debió enfrentar María José Tapia, quien hasta este año vivía sola en un departamento a un costado de La Moneda. Venía de Rengo y le gustaba aquella vida en el centro de la capital. A pasos del Metro, del Paseo Bulnes y de varios centros comerciales. Pero el estallido social vino a cambiarlo todo.

“Quería mantener una vida más tranquila. El agobio de tanta protesta, de tanta presión, fue súper agotador para mí”, dice ella.

Los dos cuentan que el ritmo de vida en Santiago siempre les pareció agitado. Los tacos, la neurosis de los peatones y la contaminación eran cuestiones negativas. La idea de emigrar siempre estuvo en sus cabezas. Faltaba un empujón. Todo lo que sucedió post 18 de octubre terminó por convencerlos. Y el encierro de la pandemia fue el punto final de su historia en la capital. Ambos decidieron cambiar de vida. Jorge a Chiloé y María José de vuelta a su casa familiar, en Rengo.

“Literalmente, quería arrancar de Santiago, de la vorágine. Me vine hace casi cinco meses a Chiloé, tengo que viajar por trabajo, pero procuro que sea lo menos posible. Fue un cambio mejor. Es otra vida”, dice Jorge Ricci, quien eligió Chiloé por el consejo de una hermana, quien se había ido dos años antes al sur desde Santiago.

“Volví a mi ciudad natal en marzo, con la esperanza de vivir una vida más tranquila, de recuperar mi salud que se vio muy complicada durante el último año”, comenta Tapia.

Los nuevos provincianos.

Las inmobiliarias han notado este nuevo hábito. Gente de Santiago que quiere migrar hacia las regiones. Pucón, Coquimbo y La Serena son algunas de las ciudades preferidas. No hay diferencias entre el norte y el sur. El interés es el mismo. Aunque la tendencia empezó hace algunos años, la pandemia y el teletrabajo han acelerado los cambios. Se estima que muchas empresas van a seguir funcionando bajo esta modalidad y esto es una oportunidad.

“La pandemia tuvo mucha incidencia en esta decisión de compra. Esto lo podemos separar en tres etapas: muchos santiaguinos siempre han querido irse a regiones a vivir por un tema de calidad de vida. Con el estallido social comenzaron a incrementarse la posibilidad de cotizaciones y compras de propiedades y terrenos fuera de Santiago. Por último, la pandemia es el gran gatillador que incrementó la necesidad de mayor espacio”, asegura Cristián Martínez, fundador de Crece Inmobiliario.

La cuarentena en la Región Metropolitana hizo que muchas personas extrañaran el vivir con un patio amplio o con áreas verdes a disposición. Varios se mueven en búsqueda del lago, el mar o la montaña.

“En general, 2018 y 2019 exhiben números bastante similares. Sin embargo, en 2020 el escenario cambió. Sobre todo a partir del tercer y cuarto trimestre, en que se concentra el 61% de las cotizaciones de este año y en los que también se evidencia un aumento relevante en el número total de cotizaciones”, comenta Sergio Barros, director ejecutivo de Enlace Inmobiliario.

El precio de la vida en la capital también es un factor a considerar: la demanda por departamentos y casas ha hecho que el metro cuadrado suba de valor. En regiones se pueden encontrar viviendas con más espacio a un precio conveniente. Muchos buscan escapar de la burbuja.

“Un departamento de 60 m2 en Puerto Varas cuesta 4.800 UF. En Las Condes o Providencia podría costar entre 6.600 UF y 5.800 UF: estamos hablando de un 27% o un 17% más que en Puerto Varas, con vista al lago”, asegura Alejandro García-Huidobro, gerente comercial de propiedades Macal.

En la empresa, aseguran que Puerto Varas es la ciudad de mayor crecimiento en el valor de sus propiedades, con un 18%. Le siguen Rancagua (16%) y Concepción (15,3%).

Un estudio de Enlace Inmobiliario sobre los principales balnearios de Chile con ofertas relevantes, indica que los potenciales compradores se interesan en Coquimbo y la Serena (47%), Viña del Mar y Concón (34.5%) y Pucón y Villarrica (11%).

“Entre 2019 y 2020 observamos un aumento del 25% en el total de cotizaciones de personas que actualmente viven en Santiago y que corresponden a proyectos ubicados fuera de la Región Metropolitana”, dice Sergio Barros.

La mayor conectividad de vuelos nacionales ha sido factor para que varias personas decidan invertir. Casi todas las capitales regionales cuentan con varios vuelos diarios hacia el aeropuerto Arturo Merino Benítez.

“Si revisamos encuestas de años anteriores, podemos descubrir que a muchas personas les atraía Santiago. Pero si les preguntabas si se hubiesen cambiado para irse a vivir a un lugar más tranquilo, más del 50% decía que sí”, comenta Barros.

El perfil del comprador, según Propiedades Macal, incluye a dos grupos mayoritarios. Los primeros son personas entre 60 y 70 años que están pensando en vivir por temporadas en regiones. Y un segundo grupo, el que va más al alza, está conformado por matrimonios jóvenes entre 30 y 40 años. En ambos casos, se trata de profesionales universitarios con una situación económica que les permite tener ahorros e invertir en propiedades.

Hubo un boom de mucha gente preguntando por estas ciudades, Puerto Varas y Pucón. Antes era para segunda vivienda, pero ahora están cotizando para primera vivienda. Hemos vendido mucho, el doble o el triple de lo que vendemos habitualmente”, comenta Benjamín Reichhard, gerente comercial de Tricapitals.

Poder dormir

La voz de Jorge Ricci llega entrecortada desde Chiloé hasta Santiago por teléfono. Vive en el campo, dentro de un sector que queda a 30 minutos de Castro. La mala señal afecta las comunicaciones, pero se está acostumbrando. 

“Es de las pocas cosas malas que hay por acá”, dice.

Ricci pasó de un departamento en el corazón de la capital a una parcela llena de verde. Un cambio que ha notado en pequeños signos. El más notorio: ahora no tiene problemas para conciliar el sueño. Dormir en Santiago Centro no era fácil en tiempos de pandemia.

“Hay cosas que son más engorrosas que en Santiago. Son los costos asociados. Si quieres comprar algo tienes que esperar más por el envío o viajar para hacer los trámites a Castro. Pero la tranquilidad acá es impagable”, asegura.

En Rengo, María José Tapia también encontró una vida más llevadera.

“Encontré tranquilidad, seguridad, y fue un apoyo al bolsillo. En región es mucho más barato vivir que en Santiago. Eso fue importante para mantenerme estos meses”, comenta ella. El sueño también ha mejorado. “Duermo mucho mejor. Ahora tengo espacios como la montaña y el río para hacer deportes. Bajé de peso. Me trajo un sinfín de beneficios en términos emocionales y de salud”.


Ambos están trabajando de manera remota para sus empleadores. Ella como periodista y él en Marketing Digital.

En el futuro, María José proyecta volver a la capital solo para lo necesario: un par de reuniones y nada más.

“No extraño nada de Santiago. A los amigos, obviamente, y a la gente que conocí en los trabajos que tuve. Pero la verdad es que Santiago es una cosa del pasado”, dice Tapia.

Jorge Ricci cuenta que adaptarse no ha sido complejo. Los chilotes son cálidos y lo han hecho sentir bienvenido. Aunque no ha hecho tantos amigos, por la pandemia, sí ha conversado con vecinos. Las invitaciones a tomar once son una muestra de afecto en el sur. Y coincide:

 “Tengo que volver a Santiago para visitas médicas si es que no hay cuarentena. Pero para vivir, nunca más”.

Los dos volvieron a empezar sus vidas en regiones y no piensan mirar atrás.


domingo, 16 de junio de 2019

El éxodo venezolano, un viaje sin boleto de regreso.-a


Viernes, 24 Mayo 2019
El régimen de Nicolás Maduro ha expulsado a más de 3,7 millones de venezolanos, obligados a emigrar por razones políticos o económicas. La mayoría de esa gente no regresará, aunque la oposición recupere el gobierno, coincidieron expertos reunidos ayer jueves en Barranquilla, Colombia.

La catedrática de la colombiana Universidad del Rosario, Francesca Ramos Pismataro, dijo en el panel sobre la migración en Venezuela, realizado en el marco del “Business Future of the America”, que solamente regresará entre el 15% y el 20% de los que emigraron. 
“Los primeros que retornarían son los altamente calificados, pero la gran mayoría se va a quedar en los países a donde han emigrado, especialmente en Colombia”, anotó Ramos, invitada al foro en su calidad de directora del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario.
En su opinión, es tan grave la situación económica en Venezuela, que el ingreso per cápita es el mismo de hace 70 años y que los actuales niveles de desnutrición infantil tendrán alto impacto en las generaciones futuras.
Un total de 63.000 venezolanos cruzan a diario la frontera entre Colombia y Venezuela, 2.500 de los cuales se quedan en el país. Por su parte, el analista líder de la consultora Control Risk, Antonia Ecklund, “no se ve una pronta salida a la crisis venezolana” e incluso anticipó que por lo menos durante este año Maduro seguirá en el poder y agregó que las acciones o negociaciones que se realizan para buscar la salida del actual régimen en Venezuela tiene que considerar las posiciones que asuman países como Rusia, Cuba y China, quienes buscarán proteger sus intereses. En cuanto a una posible intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, Ecklund la consideró poco probable porque sería una “carta muy costosa” para el presidente Donald Trump con miras a su reelección.
Entre tanto, el presidente de la junta directiva de AmCham Venezuela, Francisco Sananez recordó que la crisis en Venezuela comenzó con la implementación de una política asfixiante a la iniciativa privada en favor de una economía estatizada, con la cual se pasó de 7.500 empresas a tener menos de 2.500 en la actualidad.

Estatuto especial

En tanto, una legislación bipartidista que permite a los venezolanos en Estados Unidos solicitar el Estatuto de Protección Temporal (TPS), que impide su deportación y les autoriza a pedir un permiso de trabajo y viaje, fue aprobado en un comité del Congreso.




La odisea de los venezolanos que se convirtieron en ciudadanos brasileños.-


Dorianny Torres acaba de amamantar a su hijo pequeño Luis Joel y le entran ganas de comer algo dulce. “Un caramelo, una galleta”, comenta, sentada en la hamaca de la casa de PVC en la que se encuentra. “Es la ansiedad”, concluye. Dentro de algunas horas, esta venezolana de 30 años embarcará rumbo al estado de Minas Gerais, sureste de Brasil, saliendo de Boa Vista, al norte del país, acompañada de sus seis hijos. La mayor, Estrella, de 10 años, lleva un vestido de flores fruncido. Su pelo está adornado con una hilera de clips de colores, al igual que sus hermanas: Kereane, de 5; Luciane, de 7; y Victoria, de 6. Abraham, de 8, era el único varón, hasta la llegada de Joel. Es la primera vez que se subirán a un avión, rumbo a una ciudad desconocida. Pero no hay alternativas. Necesitan sobrevivir y en Brasil encontraron un camino.

Todos sus hijos nacieron en Ciudad Bolívar, menos Joel, a quien Dorianny dio a luz cuando vivía en un campamento de refugiados en Boa Vista, capital del estado de Roraima. El 8 de septiembre, tuvo contracciones y la trasladaron al hospital público de la capital, en plena pandemia. Joel, mofletudo y dueño de unos ojos negros despiertos, nació de parto normal. Su vida, desde entonces, no se diferencia solamente por haber venido al mundo desde un lugar distinto al de sus hermanos. Joel es la síntesis de un nuevo ciclo de inmigración que acoge Brasil, desde que Venezuela se hundió con el Gobierno de Nicolás Maduro. 
Si hasta la primera mitad del siglo XX, eran portugueses, italianos, japoneses y alemanes quienes llegaban a Brasil en busca de una vida mejor y huyendo de los horrores de las guerras mundiales, en este siglo, los venezolanos huyen de un país que se empobrece cada día más desde que Maduro asumió el poder y recrudeció la persecución a los opositores. 
Las continuas crisis y las detenciones injustificadas de quienes no están de acuerdo con Maduro llevó a Estados Unidos a determinar, en 2015, un bloqueo económico a Venezuela, país sumamente dependiente de la exportación de petróleo. El impacto fue inmediato, y la población pasó a convivir con la escasez, la inflación y un mercado paralelo de dólares. La represión aumentó y el país entró en lo que los analistas llaman cubanización.

Desde 2015, la cifra de venezolanos que cruzaron la frontera para llegar a Brasil ha subido. Sin embargo, desde 2018 hubo un salto vertiginoso en la entrada de venezolanos que los ha convertido en la comunidad extranjera más numerosa en el país. La ciudad de Pacaraima, frontera con la ciudad venezolana de Santa Elena de Uairén, en el norte de Brasil, estaba recibiendo una media de 500 personas al día, flujo interrumpido por la pandemia que cerró las fronteras en marzo de este año.

Hoy viven 262.475 venezolanos en Brasil, más del doble que hace dos años. La mayoría, en condición de migrante, solicitando vivir aquí con un visado de al menos dos años. Otros 46.647 aceptaron la condición de refugiados, argumentando la falta de condiciones de derechos humanos en su país de origen. Hay, además, 102.504 venezolanos con solicitudes de refugio pendientes, en lista de espera para conseguir la documentación que los aceptará como residentes.
 Configuran la cifra más alta de peticiones de refugio por nacionalidad, según el Comité Brasileño de Refugiados (CONARE). Por los registros de migración del Ministerio de Justicia de Brasil, los venezolanos superaban en cantidad a portugueses, haitianos y bolivianos, que hasta hace poco representaban los principales grupos extranjeros residentes en Brasil.

La gran masa de venezolanos que ha entrado en Brasil a partir de 2018 lo hizo por Pacaraima, y buena parte se ha quedado allí o en la capital de Roraima, Boa Vista, a tres horas de la frontera. Con el flujo concentrado en el norte, el resto de Brasil no se dio cuenta de la evolución silenciosa de la migración de los venezolanos. Nadie conoce tan bien ese nuevo ciclo migratorio como los habitantes de Roraima. No es una convivencia muy tranquila que se diga.
 Los venezolanos ya ocupan el 40% de las camas de hospital del Estado, alertó el gobernador Antonio Denarium en febrero de este año, cuando una protesta en Pacaraima trataba de impedir la entrada de nuevos venezolanos. La mitad de los alumnos en las escuelas de Pacaraima también son niños de Venezuela. El Gobierno brasileño no se preparó para una respuesta a la altura de la migración, y Roraima no estaba capacitada para el nuevo desafío. Ha sido un camino accidentado para los que llegan por el norte del país.

Un escenario que se repite a lo largo de la historia de Brasil, un país forjado por centenas de nacionalidades que aquí arriban. Los primeros japoneses que llegaron, a comienzos del siglo XX, por ejemplo, también vivieron resistencias. En 1914, São Paulo contaba con 10.000 inmigrantes japoneses que huían de las dificultades del Japón feudal. Brasil tenía, por aquel entonces, 25,5 millones de habitantes. Venían a trabajar en la agricultura cuando Brasil se vio obligado a renunciar a la mano de obra esclava tras la abolición de la esclavitud en 1888.
 Llevó un tiempo hasta que se ganaran el respeto de los dueños de las tierras que los contrataban. Hubo episodios de racismo y prejuicio en su momento, iguales a los que los venezolanos se enfrentan en las ciudades de Roraima.

Adaptación y acogida

El total de venezolanos en Brasil es un pequeño porcentaje si se compara con la masa de 5,5 millones que ya se ha ido a otros países, especialmente a Colombia y Perú —cada uno ha recibido a más de un millón de ellos—y Chile (casi medio millón). El territorio brasileño ya es el quinto receptor de venezolanos, según la Organización de los Estados Americanos (OEA). Por tener un idioma diferente, Brasil ha sido la última opción para emigrar. Pero, ante la reticencia de esos países menos poblados, que acogieron a muchos más venezolanos antes, era mejor encarar las diferencias.

Brasil también facilitó el camino. 

Redujo la burocracia para recibirlos al declarar que Venezuela era un país en el que se cometían graves y generalizadas violaciones de derechos humanos. El Comité Nacional de Refugiados adoptó el procedimiento prima facie, que elimina las entrevistas detalladas —y demoradas— en las que se decide si se le concede o no al extranjero el visado de residencia temporal o de refugiado. Este mecanismo garantizó una facilidad inédita para acoger a los venezolanos en el continente. Hoy, de los poco más de 49.000 refugiados en Brasil de distintas nacionalidades, el 95% son venezolanos.

El Gobierno de Jair Bolsonaro asumió y amplió la llamada Operación Acogida, creada en 2018 durante el Gobierno de Michel Temer, con el trabajo conjunto de 12 ministerios, que facilitaron el acceso de los inmigrantes venezolanos. “Hay una sensación en Venezuela de que Brasil trata bien a los suyos”, dice David Smolansky, exalcalde de El Hatillo, uno de los distritos de Caracas, capital de Venezuela. Smolansky actúa hoy en la Organización de los Estados Americanos (OEA), en Washington, el el grupo que monitorea a los venezolanos que emigraron.

Él mismo vino huyendo de la furia de Maduro, que empezó a perseguirlo en su condición de opositor. Cuando recibió una orden de detención, se vio obligado a permanecer en la clandestinidad. Durante tres o cuatro días recorrió más de 1.000 kilómetros rumbo a la frontera disfrazado de seminarista para no ser reconocido. Con gafas, sotana y sin barba, Smolansky logró llegar a Brasil en 2017, con la ayuda del entonces ministro de Relaciones Exteriores, Aloysio Nunes. De allí, continuó hacia Estados Unidos, donde empezó a trabajar por una coalición para restablecer la democracia plena en Venezuela.

Seguridad social, Bolsa Familia y renta de emergencia.

El Gobierno brasileño ha garantizado a los que llegan de otro país, como los venezolanos, a que puedan vivir como ciudadanos brasileños (con excepción de votar). Tienen su propio Documento de identificación fiscal, frecuentan la sanidad pública, sus hijos van al colegio y pueden circular libremente por el país. Y muchos reciben las ayudas del programa gubernamental para familias con pocos recursos, conocido por Bolsa Familia. Durante la pandemia, tuvieron acceso incluso a la renta básica de emergencia para superar la crisis sanitaria. 
Al menos 42.519 recibieron este subsidio de la Caixa Econômica Federal, institución financiera estatal de Brasil. El presidente del banco, Pedro Guimarães, llegó a decir en una entrevista que en la ciudad de Pacaraima hay más venezolanos que brasileños cobrando la ayuda. El dinero alimenta, pero parte de él se va a Venezuela, para ayudar a los parientes necesitados. 
Lo que acá es poco, allá es mucho”, dice Dorianny, que tuvo la ayuda del Bolsa Familia y acceso a la renta emergencial durante la pandemia. Parte de lo que le llega se lo envía a sus padres.

El éxodo venezolano, el más grande de América Latina de la historia reciente, correspondía al 15% de su población de 2017. En proporción, sería como si 33 millones de brasileños se fueran del país a lo largo de tres años debido a persecuciones políticas, huyendo del hambre o para rescatar la dignidad y garantizarles a sus hijos unas mínimas condiciones de vida. Hoy, el 96% de los venezolanos que se quedaron en su país son considerados pobres. “Hoy, todos en Venezuela tienen dos sueños: comer o irse del país”, dice Raúl Escalona, director de teatro, de 74 años, que llegó a Brasil en 2018.

Raúl siguió los pasos de su hijo, Carlos Escalona, un periodista que se marchó a Brasil tras ser amenazado por no querer participar, en 2016, en una trama de corrupción en la televisión estatal en Maracay, capital del estado de Aragua. El hecho ocurrió cuando era gerente de producción de un programa cultural. A Carlos le retuvieron su sueldo ocho meses como forma de presionarlo.
 “Me decían que la solución estaba en mis manos”, recuerda. Pusieron a prueba su límite con un secuestro exprés en el que le amenazaron con perjudicar a sus padres y a su novia, Marifer, por no querer firmar unos presupuestos inflados en TeleAragua. 

“Me pegaban mientras decían cosas puntuales del trabajo”, cuenta. Después dispararon, al aire, para asustarlo. Carlos no aguantó y decidió emigrar.

Su padre se dio cuenta en ese momento de que quedarse en Venezuela pasaba a representar un riesgo de muerte. Él ya había sido vicepresidente de TeleAragua en los tiempos de Hugo Chávez, y en aquel momento ya sentía que había interferencias en la labor periodística del canal. Pero el atentado a su hijo fue un golpe de realidad. 
“Fue un llamado de atención, de algo muy serio que estaba pasando que va a superarte”, recuerda Raúl. Mientras su hijo elegía Brasil como destino, él y su esposa, Elvira, decidieron vivir un año en Ecuador, en 2017.
Los acuerdos entre los dos países facilitaban que pudiera cobrar allí la jubilación a la que tenía derecho en Venezuela. Pero la nostalgia les pudo y decidieron regresar al cabo de un año. Fueron a Isla de Margarita, donde tenían una casa que guardaba recuerdos de tiempos felices. Quedarse allí parecía una buena idea, lejos de los centros más agitados políticamente, hasta que se calmaran las aguas. Pero todo estaba diferente.
 “En un año, el país había sido arrasado”, recuerda Raúl, junto a Elvira, en la cocina del apartamento de su hijo, Carlos, en São Paulo. La flamante isla estaba abandonada, y encontrar alimentos básicos era una tarea cada vez más difícil. “Un día, nos levantamos y decidimos marcharnos”, dice Raúl.

En la maleta, tan solo dos altavoces y la certeza de que la vida nunca más sería igual. “A los setenta y tantos años me vi teniendo que salir de mi zona de confort”, asegura Raúl. Tomaron un barco, un autocar, un coche y siguieron hacia la frontera de Venezuela con Brasil. De allí, siguieron hacia Boa Vista y, luego, a São Paulo, donde ya estaba viviendo Carlos. Ahora, padres e hijo viven cerca, en la zona este de São Paulo. El otro hijo, Miguel, emigró a Estados Unidos. Raúl ya se ha adaptado a la capital paulista y no mira hacia atrás. “Mi hoy es Brasil.

Brasileños herederos de Venezuela.

Afrontar la vida en un nuevo país es también abrirse a la posibilidad de tener descendencia lejos de su tierra. En el campamento Janokoida, en Pacaraima, ya hay varios brasileñitos hijos de venezolanos. En ese campamento, destinado exclusivamente a los indígenas de la familia Warao —de los primeros venezolanos que migraron a Brasil—, viven cerca de 450 integrantes de dicho pueblo. Seis nacieron en Paracaima. 
Hablan español, portugués y warao”, explica con orgullo Teolinda Moralera Warao, una de las seis líderes de su pueblo. Los líderes dividieron el espacio para garantizar la organización. Teolinda es la responsable de 23 familias. Dos de los niños brasileños son nietos suyos. Williaimis y Lucas, hijos de sus hijos, Eliaimis y Cruz Antonio.

El espacio es una enorme nave adaptada a la cultura warao con el apoyo del ACNUR (Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) y de las Fuerzas Armadas brasileñas. Duermen en hamacas extendidas a lo largo del espacio, divididos por familias. Plantan parte de sus alimentos y tienen materia prima para elaborar sus artesanías y utensilios domésticos, como bandejas y bolsos, al igual que hacían en su tierra, en el municipio de Antonio Díaz. Teolinda hacía su trabajo e iba a la ciudad a vender las artesanías de su comunidad, lo que ayudaba al sustento de la familia. También cantaba y hacía presentaciones de danzas típicas de su cultura para los turistas. La casa en la que vivía con su familia era suya.

Pero los días se fueron haciendo más duros, el dinero escaseaba y tenían pocos recursos para sobrevivir. Un día, la casa se vino abajo, como si se tratara de un presagio de lo que vendría después. Lo más trágico de esa realidad se cebó con la familia de su hija, Celenia. Un brote de cólera llegó a su región y provocó la muerte de niños y ancianos. El cólera se llevó a su nieta, Celiaini. Su hija estuvo gravemente enferma, sus pulmones se vieron afectados.
 “Vine aquí desesperada hace tres años”, recuerda. Junto a su esposo y sus otros dos hijos, se subieron a un auto que iba de camino y salieron de la ciudad. Llegaron a San Félix y, desde allí, partieron hacia Santa Elena, frontera con Pacaraima. Contaron con el apoyo de la parroquia de la ciudad y del ACNUR para salvar a Celenia, que afortunadamente se recuperó. Llegaron con lo puesto y vivieron de donaciones de comida hasta que se integraron en el campamento. “He venido para que tengan un futuro. Aquí hay sanidad y educación.”

Vivir en Brasil: corazones rotos.

No todos viven la mudanza a Brasil con tanto desprendimiento. La morriña duele, la soledad lastima y la sensación de desplazamiento ante una cultura diferente a menudo golpea fuerte. El comienzo en otro país en busca de oportunidades para mantenerse también deja huellas. Edward, trabaja como vendedor en un centro comercial en Boa Vista, sabe que ya vivió momentos mucho más duros que los actuales.
 Llegó hace dos años, sin ninguna perspectiva, pero con el firme propósito de establecerse. Vivía con un primo suyo y hacía pan para venderlo. Muchas veces no lo lograba, y lo repartía en las plazas donde sus conterráneos, que también habían ido a probar suerte, dormían a la intemperie. Hoy, con un contrato de trabajo, sabe que ha superado las dificultades.
 “Pero es difícil, hay días que es muy difícil”, dice él, cuya familia está en Venezuela. Al mismo tiempo que quiere quedarse para construir su nueva vida, quiere regresar a su país.

La pandemia y la frontera cerrada desde marzo acentúan la angustia. Aunque Boa Vista esté cerca de la frontera con Venezuela, la perspectiva de no poder moverse deja más evidentes la distancia y la añoranza, sin la posibilidad de circular libremente. A muchas familias se les divide el corazón cuando cruzan la frontera. Por una parte, hay una gratitud por superar las necesidades básicas y rescatar la dignidad en Brasil. 
Por otra, una renuncia dolorosa. “Nunca en la vida pensé que saldría de Venezuela, menos aún en esas condiciones”, dice Samired Velandria, de 34 años, que vivía en Caracas hasta 2018.
 El 24 de octubre de ese año sacó fuerzas para venir a Brasil para cuidar de su salud. Samired tuvo un cáncer de tiroides y tenía que tomar una hormona diariamente para el afrontar el postoperatorio. Pero en su ciudad no la tenían. Y, cuando había, el precio era prohibitivo. “Me encontraba muy mal”, recuerda Samired, que ahora está instalada en un apartamento en São Paulo, donde vive con su hijo y su novio, que llegó este año.

Con una Venezuela de mal en peor, decidió seguir el consejo de su hermana, Saray, que ya había recalado en Brasil un año antes con su marido y su hija. 
“Me decía que ese medicamento era barato aquí y que se podía conseguir gratis en los servicios públicos”, recuerda. 
Salvar su salud sería la razón más lógica para emprender el viaje. También había una expectativa de rescatar un poco de la seguridad que se quedó en su pasado. “Vivir más o menos dignamente... a veces no había gas, o no había luz”, afirma.

Vino sola en un autocar con su hijo, Samir, que por entonces tenía 10 años, siguiendo la ruta que un año antes hizo su hermana. Llegó a Pacaraima, donde pasó los primeros 15 días. Estuvo un tiempo en un campamento de refugiados en Boa Vista, hasta llegar a São Paulo, para instalarse en un albergue religioso de Missão Paz, en el centro de la ciudad. Conoció a multitud de extranjeros como ella y, a los cuatro meses, consiguió un trabajo, en el que está hasta hoy. Es redactora de una agencia de publicidad extranjera. Alquiló un piso, en el que vive con Samir y, desde hace pocos meses, con su novio.

Su hijo Samir, de 12 años, está a gusto en su nuevo país. “A veces echa de menos a la familia, pero no es algo que le afecte tanto”, dice su madre. Samired, por otro lado, se frustra por haberse visto desgarrada de su país. “Hoy no tengo la esperanza de volver. Pero pienso volver un día”, afirma.

—¿Aunque sea dentro cinco o diez años?

―Sea cuando sea.

Su familia está partida por la mitad en la geografía del continente. En Monagas, donde nació, están su padre, su hermana y dos hermanos. Ahora, en Brasil, están Samired, su hermana Saray y otros tres hermanos. Todos trabajan. El sueño de Samired es que toda su familia esté cerca de nuevo. Lo que no sabe es si será allí o aquí.

Crecer en Brasil.

Samuel Cazorla también sueña con traer a sus padres, que se quedaron en Valencia. Pero, a sus 29 años, se siente feliz por haber realizado su principal objetivo en Brasil. Hace tres años empezó desde cero la barbería Samuel Barber Shop, en Boa Vista, a la que acuden entre 30 y 50 clientes diariamente. Se marchó de su ciudad hace tres años en busca de un local y un incentivo para montar su barbería. Pese a su juventud, Samuel posee la obstinación de los emprendedores. Con 17 años ya aprendía el oficio en su ciudad natal, y a los 22 montó su pequeño negocio en Valencia, el mismo año que se casó. Un día, un amigo de infancia al que le estaba cortando el pelo le dijo que se estaba mudando a la capital de Roraima. “Me invitó a irme con él, y estuve un mes pensándomelo”, recuerda. La crisis, cuenta, no era tan aguda. Pero sabía que el tamaño de su ambición no cabía ahí.

El venezolano Samuel abrió una barbería en Boa Vista. Decidió jugársela yéndose solo. Se instaló con el amigo que le propuso irse a Brasil, en una parcela detrás del presidio de Boa Vista, durante dos semanas. Se pateó la ciudad, a pesar de no hablar portugués, hasta conseguir un empleo en una barbería. 
“Estuve seis meses en los que solo guardaba dinero”, cuenta Samuel, que ahorraba en transporte —hacía todo a pie, incluso cuando residía en la casa de su amigo, que estaba a 17 km de su trabajo— y en comida: arroz con longaniza diariamente.

Luego, se fue a buscar a su esposa, a su hijo y a sus dos hermanos. Su autoconfianza acabó cautivando a un brasileño, que le propuso abrir una barbería con él y ser socios. Entraron juntos con un pequeño capital, pero allí vivió su primer tropiezo. Confió en él y no firmó ningún documento. Cuando su socio cambió algunas de las cosas que habían pactado, decidió que era hora de seguir otro rumbo. 
“Al principio fue cruel ver que aquí la palabra no valía nada sin unos papeles firmados de por medio”, se lamenta Samuel, que tuvo a su segundo hijo en Boa Vista.
“Pero fue la herramienta para convertirme en lo que soy”, dice Samuel, que emplea a cuatro barberos. Todos ellos son venezolanos casados con venezolanas. Prosperó. Primero, se compró una bicicleta para desplazarse. Luego, una moto. Después, un auto. Y ahora se ha comprado una casa. También ha aumentado su familia. Hace un año y medio nació Said, su hijo brasileño.

La barbería tiene estilo. Hace cortes modernos y Samuel ya sueña en dar cursos de formación profesional a otros venezolanos que lleguen a Brasil. O incluso abrir franquicias en otras ciudades.
“Ya tengo mi marca registrada en territorio nacional”, comenta, feliz, al tener “exactamente lo que soñaba cuando estaba en Venezuela”. 
Pero Samuel no esconde algunos dolores. Sufrió el prejuicio de ser venezolano en Boa Vista. Hay muchos venezolanos pidiendo limosna en las calles y, a veces, algunos ciudadanos locales no ocultan un cierto desconfort. Son minoría, certifica el propio Samuel.
 “Una vez entró aquí una persona y, al darse cuenta de que éramos venezolanos, dijo gritando que no quería que le tocásemos. Le dije que se fuera, y sacó una pistola.” 
Después de la amenaza, se marchó. Fue un susto enorme. “Pero el 90% de mis clientes son brasileños”, cuenta.

En la balanza de un inmigrante, los pros están ganando, según los cálculos de Samuel. 
“Estoy viviendo un momento muy bonito”, afirma el joven empresario. Venezuela, de momento, es su pasado. “Mi presente es Brasil”, concluye.

—¿Y el futuro? ¿Te quedarías aquí hasta que te mueras?

En ese momento enmudece. Piensa, y encuentra respaldo en su emprendimiento.

—Vuelvo cuando mi marca se haga internacional. Hoy, tengo dos casas. Aquí y en Venezuela. Cuando no esté bien aquí, me vuelvo allí; y, cuando no esté bien allí, me vuelvo aquí.

¿Morirse lejos de Venezuela?

La idea de un futuro eterno en Brasil asusta a la mayoría de venezolanos con los que habló EL PAÍS. Pero algunos ya han asimilado una ruptura difícil de restaurar. 
“Toda esta situación política y económica no solo nos ha hecho perder las cosas materiales, sino también los afectos”, dice Raúl Escalona.
 Su esposa, Elvira, coincide con él. “A los familiares podemos verlos por videollamadas”, dice ella.

—¿Pero no temen morirse en Brasil?

—No, responde Elvira, sin pestañear.

—La muerte no es una situación geográfica —reflexiona Raúl, sereno. “A esta edad, la muerte no es un susto, es una realidad que está ahí”, pondera.

La lucha con esa idea también ronda en la vida de los inmigrantes mucho más jóvenes que Raúl. Stefani, que estuvo un año y medio viviendo en los campamentos de la Operación Acolhida en Boa Vista, tampoco teme vivir aquí para siempre. “Allá no hay nada”, constata la joven de 26 años, casada con Pedro y madre de cinco hijos, que estaba a punto de mudarse a São Paulo a finales de octubre.

Dorianny también apuesta en Brasil por sus hijos. Vino en autocar con su marido, padre de los cinco hijos que nacieron allí. Vivieron en Pacaraima y luego en Boa Vista. Pero se separaron. El padre consiguió un trabajo en Manaos y la dejó con los hijos en el campamento. A la espera de nuevas oportunidades, se relacionó con otro venezolano refugiado. Así fue como nació Joel. “Soy madre soltera”, dice Dorianny, usando una expresión que quiebra su voz y parece pesar tanto como el hecho de haberse visto obligada a abandonar su país y de repente verse sola para cuidar a sus hijos en otro lugar.
 A Dorianny, verse soltera, como ella dice, le parece una traición del destino. Pero, a pesar del dolor, no tiene dudas en cuanto a su futuro. Brasil es donde quiere ver crecer a sus hijos. 
Si a mis hijos les va bien aquí, no creo que regrese. Eso no me asusta.”

Este artículo es resultado del laboratorio de producción y periodismo “Refugiados y Migrantes” y forma parte de la serie de publicaciones realizadas con el apoyo de la Fundación Gabo y ACNUR
Inicialmente este texto informabá que habian mas de 1 millón de venezolanos en Chile pero la información correcta es alrededor de medio millón.


domingo, 11 de noviembre de 2018

Venezuela, tiene una profunda crisis moral.-a




La crisis socio económica que atraviesa Venezuela es una verdadera pesadilla. Durante el gobierno bolivariano, Venezuela se ha convertido en el país más  inseguro, y violento del mundo (con una tasa de unos 100 fallecidos por cada 100.000 habitantes, según organismos expertos en la materia) y ademas de una espectacular disminución ingresos nacionales, con la mayor inflación existente, y con un salario mínimo de aproximadamente 13 dólares mensuales, el cual no alcanza ni para comer.

Finalizando 2018, existen unas 15000 empresas privadas menos. El sistema eléctrico nacional está colapsado, y los apagones están a la orden del día que sufren los hogares, así como las empresas del país que bajan la productividad. En el país se trabaja sólo dos días a la semana, debido a las colas para comprar, y el colapso del transporte público, sumando ahora la escasez de gasolina. Hay un desabastecimiento total en casi cualquier rubro de productos pero mas critico en alimentos y medicinas, lo que hace que los venezolanos pasen largas horas haciendo cola para conseguir alimentos, hasta de un día para otro. Es de terror como mueren personas en los hospitales, por enfermedades que pueden ser curadas, pero por la falta de medicinas no pueden ser atendidas. Miles de estudiantes no van para la escuela porque en su casa no tienen que comer.
Esto que relato en esta crónica puede parecer que estoy exagerando, pero me estoy quedando corto, y la situación cada día empeora. Cuando parece que todavía no hemos vista llaga, todo indica que todavía falta caer más bajo.

Estoy convencido de que la crisis que vive Venezuela en actualidad, es ante todo moral, y por eso hoy estan cosechando lo que sembramos, y todo esto es consecuencia de la sumisión, la apatía, y seguir apoyando, del pueblo venezolano a los  sinvergüencerías políticos.
El pueblo Venezolano corrompió moralmente cuando vio con buenos ojos la aparición de dádivas sin trabajar, el control hegemónico de los poderes Estado, en un país donde las instituciones todavía funcionaban hace 20 años atrás. Pecan cuando votan en elecciones por los mismos personajes que no les importa que sufran en las aberrantes colas.
Por más que el pueblo estuviese cansado de la llamada IV Republica, que por lo menos eran demócratas, al elegir unos populistas entregaban lo que existía de democracia a un proyecto que se encargaría de demoler institución por institución, hasta someter todos los poderes a la voluntad de sólo una persona.
Pecó cuando bajo las intrigas de esta mal llamada ANC se cayó en la tentación del odio, bajo la cizaña de la lucha de clases: "ser rico es malo", "apátridas", "burguesía parasitaria", "pitiyanquis", mientras más de la mitad de la población aplaude, y se hace eco de dichas consignas. 
Cuando el pueblo aplaudió las expropiaciones de las empresas privadas productivas. Hoy día son empresas abandonadas o quebradas. Los productos desaparecidos del mercado son precisamente los que producían esas empresas. Y las empresas que todavía funcionan y producen los productos que todavía se consiguen son víctima de una matraca en los mal llamados PAC que mantiene la Guardia Nacional Bolivariana en las carreteras del país, que de paso toda la vialidad venezolana está destrozada. 
Hoy todavía una parte importante del pueblo sigue a pesar de todo la tragedia económica estando a favor del gobierno, cooperando en forma activa o pasiva y haciéndose cómplices del mismo.

La culpa de esta tragedia es gran parte de los venezolanos que apoyaron la revolución bolivariana  hasta conducir al abismo. Dios tenga misericordia del pueblo venezolano. Lo que ocurre en Venezuela es sencillamente atroz. La división y enfrentamiento, la crisis moral ha traído crisis institucional, territorial, y económica. 

Este país se ha convertido en una oligocracia al servicio de unos militares que parasitan todas las instituciones, y han acabado con la debida neutralidad de la justicia, y el resto de instituciones.
Una de las cosas que debemos reflexionar sobre la viveza criolla, común de los latinoamericanos. Existe mucho aprovechamiento, y quieran o no muchos, la revolución deformó las conciencias de muchos, opositores y oficialistas.

El término pueblo es de una complejidad selvática. No siempre las mayorías numéricas develan responsabilidades claras y concretas. Y no pocas veces lo que muchos hacen, tiene un impacto en las decisiones que en realidad pocos han tomado. Dónde los pecados de muchos obedecen a una larga y sistemática manipulación por parte de pocos. Esto nos lleva a inquirir cuál es la verdadera naturaleza de los pecados de estos últimos. La historia universal, y el estudio de la naturaleza humana nos muestran que los pueblos siempre han albergado una buena cantidad de viciosos e inmorales pecadores de toda ralea, pero, ¿cuándo estos actos se convierten en decisivos para afectar el curso y suerte de toda una nación? ¿Cuál es el instrumento político, social, que permite que los pecados de muchos se conviertan en pecados padecidos por todos?

Aquí cabe preguntarse si el llamado socialismo del siglo XXI en Venezuela, ha sido una ruptura o una consecuencia del pasado moral contemporáneo venezolano. Desde el punto de vista moral, el actual sistema socialista no es más que: populismo, incapacidad de trabajo, avaricia desenfrenada, envidia, y resentimiento. Lo demás son estrategias políticas que disimulan este fondo oscuro y perverso pseudo socialismo.

Unas preguntas: 
¿El pueblo venezolano ha tenido la capacidad cultural para discernir el proceso de degeneración moral que se esta viviendo? 
¿Dónde han quedado aquellos dirigentes que sí la tuvieron? 
¿Hasta dónde la clase dirigente opositora ha sido comprada por dinero, y han cometido gravísimos pecados de negligencia, y omisión motivados por intereses mezquinos?

Es penoso ver hasta donde ha llegado el país que prometía mucho en el ámbito económico, siendo uno de los mayores productores de petróleo en Sudamérica, pero el socialismo lo tiro todo por la borda, y que por una mala concepción del capitalismo, se han ido al otro extremo de negar las riquezas, y es lógico suponer que si se tiene una mala concepción de la moral, lo demás se desbarata, la prepotencia como trata a los demás que no están de acuerdo en los dictamines ‘socialistas’, el excesivo gasto publico para mantener al pueblo dormido, y contento con unos cuantos "soberanos en sus bolsillos" ayudas sociales como el bono, la excesiva propaganda para crear un ambiente de tranquilidad, ahora la solución la veo difícil, si los pueblos no toman conciencia, no veo manera de que esto se reverse, y no quiero ser pesimista pero estamos en una crisis espiritual que irá aumentando más y más.
 Además, aquí existe mucha gente que no se da cuenta de la raíz del problema, y por supuesto también no hay arrepentimiento. Lo que creen es que esto, es un problema sólo político, o de administración, que fue causado por incompetencia e inhabilidad del actual presidente. Coincido con lo mismo, la crisis económica que vive una nación es el fiel reflejo de su crisis moral.
Ana Karina Gonzalez Huenchuñir; francia carolina vera valdes; Ana  Gonzalez Huenchuñir

jueves, 8 de noviembre de 2018

El costo de vida a

Introducción 

El costo de vida es un concepto teórico que representa el valor o coste de los bienes y servicios que los hogares consumen para obtener determinado nivel de satisfacción.
El índice de costo de vida es un índice que indica cuánto se incrementa (o modifica) el costo de los hogares para mantener un mismo nivel de satisfacción.
El cálculo del costo de vida es un problema difícil porque se basa en conceptos subjetivos (nivel de satisfacción). Como estimador del costo de vida suele usarse el IPC sabiendo que hay diferencias importantes:​ el IPC se refiere a una canasta fija de bienes y servicios.

sábado, 17 de marzo de 2018

La crisis de Maduro o la herencia de Chávez?: el desastre económico de Venezuela.-a




Nicolás Maduro Moros asumió la presidencia de Venezuela el 19 de abril de 2013, luego del fallecimiento de su antecesor y maestro, Hugo Chávez Frías, quien había llegado al poder en 1999, instaurando la denominada revolución bolivariana.

La llegada de Maduro al poder coincidió con un contexto internacional negativo para la economía, el superciclo del petróleo había terminado y el crudo experimentó una drástica caída, pasando de los 100 dólares por barril a fines de 2012 a los 33 dólares por barril en diciembre de 2015, según datos de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). Un daño considerable para un país cuyos ingresos por la venta de petróleo superan el 96%.
A eso habría que sumar el complejo ambiente político de la nación bolivariana, con un Maduro ampliamente cuestionado por diferentes sectores de la sociedad, que se ha polarizado en torno al gobierno.
En 2013, el PIB de Venezuela era de 267.213 millones de dólares según la Cepal y había aumentado en un 1,3% en relación a 2012. Mientras la pobreza alcanzaba al 32% de la población. Cinco años después, la situación es completamente diferente.
Aunque el gobierno de Maduro ha dificultado la entrega de datos sobre la economía venezolana, según Cepal se espera que para este 2018 la economía venezolana se contraiga en un 8,1%, de esta forma, habrá perdido el 50% de su PIB en el último lustro.
Por su parte, el FMI calcula que la inflación en 2018 será de un 13.000%, considerando que el promedio para Sudamérica se proyecta en un 5,6%.
Pero cómo uno de los países más ricos en el mundo, en cuanto a materias primas, ha llegado a experimentar una pobreza que supera el 80% de la población (según la última encuesta Encovi), un desabastecimiento de alimentos y medicinas, que ha obligado a más de un millón de venezolanos a abandonar el país.
La radio BioBio Chile consultó a tres economistas venezolanos, que evaluaron la situación de su país ad portas de unas cuestionadas reelecciones, que igualmente podrían extender el gobierno de Maduro.

Las causas y el origen de la crisis

Venezuela enfrenta este 2018 su quinto año consecutivo con decrecimiento de su Producto Interno Bruto (PIB), extendiendo la crisis económica más grande su historia y se estima que al término de este lustro habrá perdido al menos el 50% de su PIB en comparación a 2013.
El economista marxista del Centro de Investigación y Formación Obrera, Manuel Sutherland, resalta que la crisis venezolana se podía advertir hace varios años, a causa de una serie de políticas erradas por parte del gobierno.
“La producción cae tanto -en mi criterio- por una destrucción del aparato productivo agrícola, comercial formal e industrial, que se viene gestando más menos de 2004 a 2005, con una apreciación excesiva de la moneda, que vino acompañada con tres factores que empeoraron su sobrevaluación: la emisión de dinero inórganico, la baja tasa de interés para comprar dólares y el gasto público desaforado”, señala.

Por su parte, el economista y académico del Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA) en Caracas, José Manuel Puente, agrega que la baja del petróleo no fue la clave de la actual crisis en Venezuela, sino que sólo fue un detonante, que dejó a la luz una serie de decisiones equivocadas que se tomaron durante el chavismo en materia económica.
“La crisis ha sido muy aguda y extensa y el origen del problema es la consecuencia de 20 años de decisiones de políticas-económicas equivocadas y un modelo de desarrollo equivocado, que llevó a Venezuela a su peor crisis económica”, expresa.

Puente agrega que los errores del modelo se grafican en al menos cinco políticas que son las causantes de la actual crisis: el control de precios, las tasas de interés y los controles de cambios; las restricciones al mercado laboral y la política de expropiaciones y nacionalizaciones, que “mataron la producción”.
En la misma línea, la economista y académica de la Universidad Central de Venezuela, Sary Levy, plantea que las profundizaciones realizadas en el modelo de la “revolución bolivariana”, trajo como consecuencia el destrozo de la producción.
“A partir de 2007 se plantea la radicalización del modelo, implementando un modelo productivo socialista, que va ir controlando los activos privados en manos del régimen, pero además con un abandono total del enfoque productivo y de la eficiencia productiva”, esgrime Levy.

Sutherland puntualiza que los errores cometidos desde el chavismo en los años de bonanza del petróleo agudizaron la caída que se da por los ciclos económicos a la baja.
“Cuando en Venezuela se tenía cierta claridad sobre qué medidas de ahorro tomar para evitar que la renta petrolera sobrevalorara la moneda, aumentara las exportaciones y destruir la producción nacional, el chavismo hizo todo los contrario y extremó los efectos nocivos de la renta excesiva en la economía y a eso se sumó por un saqueo del ejército y civiles, para protagonizar la fuga de capitales más grande del mundo”, puntualiza Sutherland.


Chávez o Maduro


La crisis venezolana ha polarizado al país y de acuerdo a distintas encuestas, Maduro tiene más de un 80% de rechazo en la población, que lo ha sindicado como el principal responsable del detrimento de la economía.
“La gente responsabiliza a Nicolás Maduro y sus ministros por los errores, además de todas estas ideas intangibles como la derecha, el imperio norteamericano, la guerra económica, todas estas ideas que no pueden ser verificadas”, afirma Puente, pero agrega que en realidad hay un modelo impulsado con Chávez que causó la crisis.
“Más allá de todas estas percepciones, sin lugar a dudas, las grandes tormentas macroeconómicas que vive hoy Venezuela, tiene que ver con las decisiones equivocadas que tomó Hugo Chávez desde 1999 (…) Maduro hereda una bomba de tiempo que le explota en la cara y no ha hecho nada para revertir este ciclo de desastre, pero sin lugar a dudas Chávez es el padre de la criatura”, recalca.

Sutherland realiza un análisis similar sobre la responsabilidad del exmilitar en la crisis económica, insistiendo que son “un mismo gobierno” y se repiten los mismos nombres en los cargos más altos del Estado.
“A Maduro le tocó un contexto en el cual se recoge la destrucción que se venía gestando en el gobierno de Chávez, donde las cosas se hacían mal pero los precios del petróleo tapaban lo pésimo que se administraba el capital social”, enfatiza.
Levy reitera que lo ocurrido en Venezuela se debe a un modelo económico y no de una persona en particular pero sí apunta a Chávez como su ideólogo.
“Esto es resultado de un modelo, esto no es un asunto de ponerle nombre, pero definitivamente el modelo tal y como fue pensado e instrumentado fue lo que nos trajo hasta acá. Desde esa perspectiva tú dirías que el ideólogo del modelo es el gran responsable”, sostiene.


¿Cómo habría sido con Chávez?

Maduro llegó al poder tras la muerte de Chávez, aunque ya era el vicepresidente, pero su ascensión como presidente coincidió con la agudización de la crisis económica, por lo que se podría plantear que la actual situación de Venezuela tiene más relación con una falta de manejo política suya y que con el exmilitar los daños -al menos- habrían sido menos perjudiciales.
Los tres economistas consultados por BioBioChile coinciden en que la crisis está más relacionada con un modelo económico y sus respectivas políticas, que con las habilidades del gobernante de turno, aunque plantean que al menos Chávez tenía un mayor peso político.
“Muchos creemos que el presidente Chávez tenía control y poder y habría tomado algunas decisiones para tratar de revertir el desajuste macroeconómico. Maduro es un presidente débil, que no cuenta con el respaldo de la población, no cuenta con el apoyo de su partido y uno de los grandes dramas de Venezuela es que el presidente Maduro no ha hecho nada en materia económica”, apunta Puente.

“Es probable que estando Hugo Chavez las cosas fueran menos mal, pero igual las cosas hubiesen ido muy mal, porque desde un principio la revolución con mucho dogmatismo y impericia, fue tomando decisiones erradas en materia económica”, fundamenta Puente.
“Yo creo que la situación había sido la misma, si se hubieran tomado las mismas políticas (…) simple y llanamente es posible plantearse que Chávez habría sido más pragmático, pero él estaba convencido de llevar a Venezuela a un modelo comunista/socialista”, asevera Levy.

En la misma línea, Sutherland advierte que el fallecido gobernante fue advertido de que sus decisiones podrían traer consecuencias negativas, pero que él las desestimó y no cambió el rumbo de sus políticas.
“Para mí la situación habría sido exactamente igual, no es que Chávez fuese una lumbrera en el ámbito económico. Ya en 2009 se dio una crisis similar, con una magnitud más pequeña (…) se tomaron algunos correctivos microscópicos y se siguió haciendo lo mismo, pese a que la evidencia mostraba la ruta hacia la crisis y hacia todos los problemas. Chávez tuvo miles de advertencias e ignoró todas”, concluye Sutherland.


“Guerra económica

El gobierno de Maduro ha sostenido que la falta de alimentos, insumos básicos y medicamentos, se debe a una “guerra económica” en contra de la revolución bolivariana, negando la existencia de una crisis como tal.

La tesis del chavismo señala que empresarios locales, por orden de Estados Unidos e intereses trasnacionales, han ocultado los productos de primera necesidad, además acusa de una especulacion cambiaria que ha contribuido a la devaluación del bolívar.
Sobre el planteamiento del oficialismo venezolano, los tres economistas descartan una supuesta “guerra económica”, afirmando que se trata de una excusa o farsa por parte del gobierno.
Sutherland califica esta tesis como “un disparate” y que es sólo una “especie de excusa ante la crisis”.
“De hecho Estados Unidos le ha puesto sanciones que le dificulta la venta de bonos, eso le dificulta en el mercado estadounidense, pero Venezuela puede comprar cualquier cosa en cualquier parte del mundo o emitir deuda (…)y aunque hay sanciones con EEUU sigue siendo el principal socio comercial de Venezuela”, indica.

Bajo el mismo argumento, el economista apunta a que las comparaciones hechas por algunos partidarios de Maduro con el Golpe de Estado en Chile de 1973, bajo la colaboración de la CIA, con el actual panorama de Venezuela no tienen sentido.
“La gente lo compara con el Chile de Allende y en verdad, lo que más se pareció al Chile de Allende es lo ocurrido en 2002, cuando hubo un paro patronal, hubo un sabotaje directo del empresario, negándose a producir y a vender, y hubo una confrontación directa que terminó con un golpe de Estado, pero desde entonces no se evidencia una guerra económica”, señala.
Una visión similar entrega Sary Levy, aunque señala que sí existe una “guerra económica”, pero es la que realiza “el gobierno contra la ciudadanía”, descartando cualquier “intervención extranjera”.

Soluciones


¿Existe una salida de la crisis económica de Venezuela si el chavismo sigue en el poder?, los tres economistas concuerdan en que debe haber un cambio, pues ven imposible que exista un cambio de rumbo con la actuales políticas del gobierno.
“Sin un cambio político, no habrá cambio económico en Venezuela. El gobierno de Maduro no quiere y no puede, porque están atrapados en una camisa de fuerza ideológica. Además se les hace difícil políticamente cambiar el modelo, porque sería negar los últimos 20 años y el legado el líder supremo, el presidente Chávez”, enfatiza el economista José Manuel Puente.
El académico de la IESA indica que se deberían tomar al menos ocho medidas que podrían ayudar a revertir el actual panorama, aunque advierte que cualquier mejora será lenta: búsqueda de ayuda internacional, programa para reducir la inflación intermensual, construir bases para recuperar el crecimiento, una reforma fiscal integral (déficit actual es de alrededor del 26% del PIB), eliminar los controles de precio (o la mayoría de ellos), desmontar el control de cambio, crear un fondo de estabilización macroeconómica para el petróleo y un proceso de reconstrucción de la producción petrolera.
Sutherland coincide en que con Maduro y el PSUV en el gobierno es muy difícil que la situación económica cambie en Venezuela, debido a que en estos años de gobierno se han negado a cambiar sus políticas.
“Lamentablemente el gobierno de Chávez y Maduro se han cerrado a soluciones de economía práctica que favorezcan el proceso de acumulación de capital, que aumente la producción, la productividad, la eficacia y la eficiencia”, puntualiza.
Entre las soluciones que plantea Sutherland se encuentra: una renegociación de la deuda externa de Venezuela, una apertura para la inversión de trasnacionales en el área petrolera (recuperación de pozos de petróleo mediano y liviano), eliminar la ley de precio justo, el control de cambio, facilitar el retorno de las remesas e “impulsar un plan de industrialización y producción agrícola donde la clase obrera tenga participación en la dirección de la empresa”, dejando de lado la burocracia estatal.
El domingo Maduro podría concretar un nuevo gobierno del chavismo en Venezuela, en unas elecciones desconocidas por gran parte de la oposición y varios países, entre ellos, Chile y Estados Unidos.

viernes, 16 de marzo de 2018

Los 20 años de chavismo: Una herencia amarga.-a


Un día como hoy, comenzó a escribirse la nueva historia de nuestro país; un gigante llamado Hugo Chávez, despertó la conciencia del pueblo y derrotó el modelo neoliberal dominante, por más de 4 décadas. ¡Celebramos 20 años del primer triunfo electoral! 



Un 6 de diciembre de 1998 se confirmaba la victoria del candidato del partido Movimiento Quinta República, el exmilitar Hugo Chávez Frías, quien logró conquistar al electorado a través de un discurso donde criticaba a la oligarquía política, la corrupción en Venezuela, la clase empresarial y calificaba a Cuba como una dictadura.

El expresidente venezolano recibió un país convulsionado, con una economía estancada y aquejada por la corrupción y la dependencia del petróleo, incluso el mismo Chávez intentó un golpe de Estado en 1992 contra el gobierno de Carlos Andrés Pérez, aunque fracasó y terminó siendo detenido. Pero ese hecho lo catapultó en la opinión pública y seis años más tarde, vestido de civil, lograría el poder por medio de las urnas.
Capitalizando el descontento social y el desprestigio de los partidos tradicionales, Chávez, un carismático militar, fue elegido el 6 de diciembre de 1998 con la promesa de acabar con las desigualdades en el país con las mayores reservas petroleras del mundo.
Aunque Chávez murió en 2013, el chavismo ha seguido gobernando Venezuela a través de su heredero Nicolás Maduro. Sin embargo, desde la muerte del exmilitar el país experimenta la peor crisis económica de su historia, un aislamiento político a nivel internacional, una diáspora de más de 2 millones de venezolanos y la eliminación de la oposición política.
Venezuela enfrenta este 2018 su quinto año consecutivo con contracción de su Producto Interno Bruto (PIB), extendiendo la crisis económica más grande su historia y se estima que al término de este lustro habrá perdido al menos el 50% de su PIB en comparación a 2013.

Si Chávez recibió en 1998 un país con una economía de 91 mil millones de dólares, a 2013 -cuando falleció- el PIB era de 482 mil millones de dólares, luego del boom del precio del petróleo durante la década del 2000. Ahora esa cifra apenas llegaría a los 200 mil millones de dólares, pero la cifra real fue ocultada por el gobierno de Maduro, aunque hace un mes el Banco Central reconocía una contracción del 17% del PIB en 2017.
Una situación que se ha visto reflejada en la carencia de alimentos, falta de insumos médicos y aumento en niveles de pobreza, llegando hasta el 80% de la población, según la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida, realizada por tres universidades venezolanas.
Por su parte, el FMI calcula que la inflación en 2018 será de un 1.350.000% y a 10.000.000% en 2019, considerando que el promedio para Sudamérica se proyecta en un 5,6%.
El salario mínimo en el otrora próspero país petrolero apenas alcanza para dos kilos de carne, una dura realidad que ha generado una migración masiva: según la ONU, desde 2015 abandonaron el país 2,3 millones de personas
Ante la crisis económica, el gobierno de Maduro ha tomado una serie de medidas que hasta el momento no han tenido resultados: quitar cinco ceros a la moneda, devaluación de la moneda y tasa única de cambio, disminución de los subsidios a los combustibles y varios aumentos al salario mínimo. Pero su poca efectividad han obligado al país a acudir a la ayuda de sus aliados internacionales: Rusia, Turquía y China.

“Las secuelas de la hiperinflación se ven en la devastación del aparato productivo. El Gobierno no ofrece cifras para indexar el salario de los venezolanos y eso acentúa la decadencia del poder adquisitivo. [Además], muchas compañías tienen una caída de las demandas de productos. No creo que el panorama cambie, porque se necesita generar credibilidad para traer confianza y este es un Gobierno que hace anuncios y no cumple”, asegura Alejandro Grisanti, director de la firma Ecoanalítica a diario El País de España.
Pese a su baja popularidad y a que sus políticas para revertir la crisis no han dado resultado, Maduro asumirá el 10 de enero de 2019 para un segundo mandato, luego de elecciones desconocidas por Estados Unidos y la Unión Europea, que no contó con la participación de la mayor parte de la oposición.

Un antes y un después

Aunque la figura de Chávez divide a Venezuela, América Latina y quizás a gran parte del espectro político, su triunfo en 1998 es considerado de forma unánime como el día que marcó un antes y un después en la política latinoamericana, dando pie a los denominados gobiernos del Socialismo del Siglo XXI.
“La historia de Venezuela se dividió en un antes y un después del inicio del proceso revolucionario, aquel 6 de diciembre, un día como hoy, cuando la Revolución Bolivariana obtuvo su primer triunfo con Hugo Rafael Chávez Frías al frente, conquistando la elección presidencial de 1998″, destacó el gobierno de Maduro.
“El chavismo, como proyecto histórico, fue una rebelión contra el pasado reciente venezolano, una protesta contra las elites y una manifestación de desencanto contra una democracia gastada, que el ex militar manifestó incluso a través de un intento de golpe de Estado”, explica el historiador Alejandro San Francisco de la Universidad San Sebastián en una columna del portal El Imparcial.
El teniente coronel, quien lideró un fallido golpe de Estado en 1992, llegó al poder tras ganar en las urnas con 56,2% de los votos, siendo reelegido en 2000, 2006 y 2012, y revalidado en un referendo revocatorio en 2004.


Cronología del gobierno de Chávez


1999:
– 2 de febrero: Asume la Presidencia y convoca a un referéndum para designar una Asamblea Constituyente que redacte una nueva Carta Magna, que fue aprobada el 15 de diciembre en un plebiscito con más del 70% de votos.

2000:
– 30 de julio: Chávez cumpliendo con la nueva Constitución, llama a elecciones y es reelegido con 56,9% de los votos para gobernar hasta 2006.

2001:
– 10 de diciembre: Enfrenta su primer paro nacional, convocado por empresarios y respaldado por la mayor central obrera del país, contra leyes que juzgan como confiscatorias.

2002:
– 11 de abril: Masiva manifestación en Caracas, convocada por un sector empresarial y la mayor confederación de trabajadores, en la que exigen la renuncia del presidente. La manifestación es desviada hacia el Palacio de Miraflores (sede del gobierno) y tras un enfrentamiento en sus proximidades que se salda con 19 muertos, el alto mando derroca a Chávez, que es encarcelado en una base militar en la isla de la Orchila, en el Caribe.

– 12 de abril: El líder empresarial Pedro Carmona asume la presidencia, anula la Constitución, anuncia elecciones anticipadas en un año, disuelve la Asamblea Nacional y destituye a todos los gobernadores y alcaldes.

– 13 de abril: Chávez es restituido en la presidencia por militares leales y la movilización de sus seguidores.

– 2 de diciembre: Se inicia una huelga por tiempo indeterminado de la estatal petrolera PDVSA que busca sacar a Chávez del poder y fracasa al cabo de dos meses y enormes pérdidas.

2003:
– 29 de mayo: Se convoca un referendo revocatorio del mandato de Chávez como salida a la crisis venezolana.

2004:
– 15 de agosto: Chávez gana el referéndum revocatorio con 59% de los votos.

2005:
– 4 de diciembre: La oposición decide un catastrófico boicot de las elecciones parlamentarias y el oficialismo gana todas las bancas en la Asamblea Nacional (parlamento unicameral).

2006:
– 3 de diciembre: Chávez es reelegido presidente con 62% de votos.

2007:
– 2 de diciembre: Una reforma a la Constitución propuesta por Chávez, que incluye la reelección ilimitada, es rechazada en referéndum.

2008:
– 23 de noviembre: El chavismo gana las elecciones regionales y municipales, pero pierde los tres estados más poblados y Caracas.

2009:
– 14 de enero: La Asamblea Nacional aprueba una enmienda a la Constitución, para ser votada en referéndum, que permita la reelección sin límite de mandatos del presidente y todos los cargos de elección popular.

– 15 de febrero: Con 54,36% de los votos a favor del “Sí”, se aprueba en referéndum enmendar la Constitución de 1999 para permitir la reelección indefinida.

2010:
-26 de septiembre: El oficialismo gana las elecciones legislativas pero la oposición obtiene 40% de los escaños del Parlamento.

2011:
– 30 de junio: en un mensaje a la nación, Chávez anuncia que fue operado en Cuba de un tumor canceroso.

– 23 de septiembre: Chávez finaliza en Cuba su tratamiento de quimioterapia.

– 20 de octubre: Chávez da por superado el cáncer.

– 2 de diciembre: Chávez recibe en Caracas a presidentes y jefes de gobierno de América Latina y el Caribe para lanzar la Celac, el primer organismo regional de América Latina y el Caribe sin Estados Unidos y Canadá.

2012:
– 26 de febrero: Chávez es operado de un nuevo tumor canceroso en la misma zona donde se le extirpó el primero.

– Marzo-abril: Se somete a un tratamiento de radioterapia en Cuba que lo vuelve a alejar de la escena pública.

– 9 de julio: Anuncia que está “totalmente libre” del cáncer.

– 30 de julio: Viaja a Brasil para la cumbre que sella el ingreso de Venezuela al Mercosur.

– 7 de octubre: Chávez es reelecto para el periodo 2013-2019 con 55% de los votos.

– 8 de diciembre: Chávez anuncia una nueva recaída y explica que debe someterse de urgencia a una nueva operación. Además, designa al vicepresidente Nicolás Maduro su heredero político y candidato del oficialismo en las elecciones que deberían convocarse si queda “inhabilitado”.

– 11 de diciembre: El presidente se somete a su cuarta cirugía contra el cáncer en Cuba.

– 26 de diciembre: Chávez delega una serie de poderes económicos a Maduro.

2013:
– 10 de enero: Chávez, hospitalizado en Cuba, no asiste a su nueva toma de posesión ante la Asamblea Nacional. El Tribunal Supremo había avalado previamente postergar la ceremonia hasta que estuviera en condiciones así como la permanencia en funciones de su gobierno.

– 18 de febrero: Tras permanecer 70 días de convalecencia en La Habana, Chávez regresa de madrugada a su país y es recluido en el hospital militar de Caracas

– 4 de marzo: Chávez sufre un “empeoramiento” de su respiración y presenta una “nueva y severa infección”

– 5 de marzo: murió Hugo Chávez a los 58 años en el hospital militar de Cáracas, un año y medio después de que se le detectase el cáncer, cuya ubicación no había sido revelada en el momento de su muerte

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