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martes, 24 de noviembre de 2020

Guerra Fría.-a

La guerra fría fue la tercera gran guerra del siglo XX, después de la primera y la segunda guerra mundial.

La guerra fría, es la época anterior a la actual.

URSS contra EU


El siglo XX es considerado por muchos historiadores como el siglo de las guerras. Si la Primera Guerra Mundial marcó el comienzo del 1900 con unos 10 millones de muertos, pronto se convirtió en un simple aperitivo en comparación con lo que estaba por venir. Las atrocidades cometidas por todos los bandos beligerantes durante la Segunda Guerra Mundial deberían haber saciado la sed de sangre de la humanidad por un tiempo, pero el mundo se encontró con un nuevo enfrentamiento. La Guerra Fría agruparía más de una docena de conflictos armados en el marco de un choque ideológico entre Estados Unidos y la Unión Soviética a nivel mundial.

Tras la derrota de las fuerzas del Eje en 1945, las dos superpotencias principalmente responsables de la victoria sufrieron un rápido enfriamiento en sus relaciones. El modelo capitalista liberal estadounidense y el modelo comunista soviético no solo eran contrarios, sino que eran incompatibles (uno no podía existir mientras lo hiciese el otro). Sin embargo, la posesión de armas nucleares por ambas partes y la destrucción que podría provocar un enfrentamiento abierto entre ello hicieron que su estrategia virase hacia la contención y se valieran de países satélite y zonas de influencia para dirimir sus diferencias.

Así, las siguientes cuatro décadas se convirtieron en un hervidero de pequeños conflictos que surgían en cualquier parte del planeta, salvo el continente de oceania. Todos ellos, aunque pareciesen inconexos entre sí, acababan viéndose involucrados en la Guerra Fría debido a la constante intervención de Estados Unidos y la Unión Soviética. Las ayudas militares y económicas, los golpes de Estado y el espionaje estaban a la orden del día en un mundo polarizado en el que pocos países llegaron a ser realmente neutrales. Algunos de los conflictos más sonados fueron la división de Alemania y el muro de Berlín, la guerra de Corea, la crisis de los misiles cubanos o la guerra de Vietnam. Esta época también se caracterizó por la proliferación de la industria armamentística nuclear.

La Guerra Fría no se entiende sin estudiar las dos últimas décadas del siglo XIX y los 47 años que la precedieron del XX, así como el mundo actual no se entiende sin comprender las consecuencias estratosféricas que tuvo este duelo de titanes que cubrió al mundo con el miedo a la destrucción total.

Se conoce por Guerra Fría al conflicto indirecto que enfrentó a Estados Unidos y la Unión Soviética durante la segunda mitad del siglo XX (1947-1991). Se caracterizó por el intento de ambas superpotencias de extender sus modelos ideológicos, económicos y sociales en zonas de influencia a través de los llamados países satélite, evitando siempre el enfrentamiento abierto entre EEUU y la URSS y manteniendo una situación de tensión y equilibrio de poderes muy delicada.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el imparable avance de las potencias del Eje creó extraños compañeros de cama al poner en el mismo bando a Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Soviética. Tras la derrota de Hitler y la rendición de Japón, ese punto de unión se desvaneció y las diferencias y desconfianzas entre los aliados surgieron como hongos radiactivos en el Pacífico.

En febrero y junio de 1945 se produjeron dos importantes reuniones entre los líderes aliados: Roosevelt (relevado por Truman en la Potsdam) por Estados Unidos, Churchill (sustituido por Atlee en la segunda) por Gran Bretaña y Stalin por la Unión Soviética. Si bien en la primera (Yalta) se encontró un ambiente distendido y de colaboración que seguía pendiente de la derrota de Alemania, en Potsdam se hicieron palpables las primeras grietas. A pesar de los acuerdos a los que se llegó, todo apuntaba a un nuevo conflicto entre las distintas potencias.

La creación de la ONU

Franklin D. Roosevelt, heredando la idea de Woodrow Wilson, fue el principal promotor de la creación de un organismo internacional que velara por la paz mundial y evitase nuevos conflictos a gran escala. Sucesora de la Sociedad de Naciones (1919), la Organización de Naciones Unidas fue oficialmente establecida el 24 de octubre de 1945. Aunque pretendía servir como lugar de reunión para un mundo multipolar, acabó siendo el escenario sobre el que EEUU y la URSS criticaban sus políticas expansionistas y se denunciaban mutuamente, donde tiraban la piedra y escondían la mano.

El Plan Marshall y la OTAN

Tras la muerte de Roosevelt, el presidente Harry S. Truman optó por una política mucho más directa que buscaba evitar el crecimiento del bloque comunista a toda costa. La materialización de la doctrina Truman se vio a través del Plan Marshall, un plan de ayuda económica para la reconstrucción de los países europeos que buscaba generar un crecimiento económico y frenar la influencia comunista (“con el estómago lleno no se hace la revolución”), y la OTAN, una alianza militar que actuaría en defensa de cualquier país miembro ante intrusiones soviéticas.

El Pacto de Varsovia y la COMECON

Estas primeras medidas tomadas por el gobierno estadounidense fueron consideradas como una amenaza directa por Stalin. Por ello, la URSS promovió una serie de organismos que se aplicaban en toda su zona de influencia. La KOMINFORM (heredera de la Internacional Comunista) establecía la doctrina e ideología comunista como única opción y se aseguraba de salvaguardarla, la COMECON era la versión soviética del Plan Marshall y promovía un sistema de ayuda y colaboración económica y el Pacto de Varsovia respondía a la creación de la OTAN creando un bloque militar.

Durante las décadas que duró el conflicto, en Estados Unidos se sucedió una serie de presidentes demócratas y republicanos que plantearon sus diferencias con la URSS desde un punto de vista más belicoso o desde la perspectiva de la convivencia pacífica. Los presidentes de Estados Unidos en esta época fueron Harry S. Truman (1945-1953), Dwight Eisenhawer (1953-1961), John F. Kennedy (1961-1963), Lyndon B. Johnson (1963-1969), Richard Nixon (1969-1974), Gerald Ford (1974-1977), Jimmy Carter (1977-1981), Ronald Reagan (1981-1989) y George Bush (1989-1993).

Los dirigentes de la URSS

La Unión Soviética contaba con un sistema de partido único (el PCUS) del que se elegía al presidente como cargo vitalicio o hasta su renuncia. Entendiendo el cargo de dirigente de la URSS como el del presidente de Rusia, los que lideraron el bloque soviético fueron: Iósif Stalin (1924-1953), Gueorgui Malenkov (1953-1955), Nikita Jruschov (1955-1964), Leónidas Brézhnev (1964-1982), Yuri Andropov (1982-1984), Konstantin Chernenko (1984-1985) y Mijaíl Gorvachov (1985-1991).

Aunque desde 1946 habían surgido enfrentamientos en Irán, Turquía o Grecia por el intento de ambas partes de imponer su control, se suele considerar el puente aéreo de Berlín (1948) como el primer gran conflicto de la Guerra Fría. Ante la decisión de utilizar el marco como nueva moneda para las zonas alemanas controladas por los aliados, la URSS decidió cortar las carreteras occidentales a Berlín y hacer un bloqueo a la ciudad esperando que la asfixia la hiciese caer. Estados Unidos creó un puente aéreo que abasteció su zona y amenazó a la Unión Soviética con la guerra. Aunque el sistema de contención acabaría funcionando, la tensión alcanzó niveles muy altos.

La guerra de Corea

Los historiadores suelen dividir la Guerra Fría en distintas etapas, cada una con un conflicto tipo. La primera de ellas tiene como enfrentamiento central la primera gran guerra en la que cada potencia apoyó a un bando distinto: la Guerra de Corea (1950-1953). Desde 1948, Corea estaba dividida en dos países que seguían el modelo soviético y el modelo estadounidense respectivamente. El primer ataque se produjo con la invasión norcoreana de su homóloga del sur en 1950 y durante el desarrollo del conflicto llegarían a intervenir tropas estadounidenses, chinas y soviéticas. Se firmó un armisticio (que no una paz) en 1953 cuando la frontera estaba en sus posiciones originales.

Conflicto árabe-israelí

La llegada de Ike Eisenhower a la presidencia endureció las medidas contra la Unión Soviética e hizo que el número de conflictos aumentara. Los enfrentamientos que Israel estaba llevando a cabo contra los países árabes (encabezados desde 1954 por Gamal Abdel Nasser) acabaron convirtiéndose en otro intento de ambas potencias por extender y mantener su zona de influencia. El mayor punto de tensión se produjo en 1956 durante la Guerra de Suez, aunque tras ello la participación de ambos bloques se redujo al ámbito logístico y material.

Muro de Berlín

La capital alemana sería foco constante de choques entre ambos bloques. Desde 1949, el país estaría dividido entre la República Federal de Alemania (RFA) y la República Democrática Alemana (RDA) y lo mismo ocurría en Berlín. Después del llamado Telón de Acero, una división imaginaria que marcaba las dos zonas ideológicas en Europa, la Unión Soviética construyó en 1961 un muro para evitar la salida de ciudadanos hacia el sector capitalista. La división de la ciudad duraría hasta 1990, cuando los propios berlineses derribaron el muro.

La revolución cubana y La crisis de los misiles.

En 1956, el yate Granma llegaba a las costas cubanas cargado de guerrilleros dispuestos a derribar el régimen de Fulgencio Batista. Liderada por Fidel Castro y con un personaje tan carismático como Ernesto Che Guevara, la revolución cubana se convirtió en un símbolo de la lucha libertaria y fue muy bien acogida por la opinión pública y la prensa internacional (incluso en Estados Unido). El acercamiento de Castro a la Unión Soviética y el fallido intento de invasión de Bahía Cochinos provocaron que la isla caribeña virase hacia el socialismo.
En 1962, aprovechando sus nuevas relaciones con Cuba y en respuesta a la instalación de misiles nucleares en Turquía por parte de Estados Unidos, la Unión Soviética colocó misiles de medio alcance en la isla. Al verse directamente amenazados, los gobiernos de Kennedy y Jruschov iniciaron un tira y afloja que llevó al bloqueo de la isla y mantuvo en vilo al mundo entero. Aunque ambas potencias acabaron retirando sus misiles, el riesgo a una guerra nuclear se hizo más palpable que nunca.

Vietnam

Desde 1955, Francia tuvo que hacer frente a la llamada guerra de Indochina en la que sus antiguas colonias del sureste asiático pretendían librarse definitivamente de ella. Tras su rendición, Vietnam quedó dividido en dos y se planteó una votación para reunificarlo en 1956 pero este no ocurriría debido al golpe de Estado de Ngo Dinh Diem con el apoyo de EEUU. En respuesta, se iniciaría una guerra que enfrentaría al sur capitalista contra el norte comunista de Ho Chi Minh. Las muertes de soldados norteamericanos y el avance del VIetcong convirtieron Vietnam en la gran derrota de los Estados Unidos y terminó en 1975 con la reunificación de Vietnam bajo un sistema comunista.

 Afganistán

Desde que la URSS reconociera la independencia de Afganistán en 1919, ambos países habían estado fuertemente vinculados y la superpotencia dedicó grandes recursos y esfuerzos a ayudar al país islámico. Sin embargo, la inestabilidad del país y el gran gasto que les suponía llevó a la URSS a invadir Afganistán en 1979, primera vez que la Unión Soviética empleaba fuerza militar en periodo no bélico. Las críticas y el rechazo internacional fueron casi generalizados y la URSS se vio obligada a retirarse habiendo sufrido una de sus mayores derrotas.

Revueltas contra de la URSS

Tras la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética mantuvo los sistemas afines que había instalado en los países europeos liberados del régimen nazi. Se produjeron intentos de distanciarse de la política impuesta por el PCUS en países como Bulgaria, Albania, Rumanía, Checoslovaquia o Polonia. Destacan los casos de Hungría, donde Imre Nagy intentó implantar un socialismo de rostro humano en 1956, y las diferencias que surgieron entre la ambiciosa China y la URSS.
El conservadurismo que se había extendido en Estados Unidos, la URSS y Europa durante los 50 acabó por estallar en 1968, año en que se intentaron romper las cadenas impuestas. En París, los estudiantes se opusieron abiertamente al gobierno de Charles DeGaulle y apostaron por una sociedad más libertaria e idealista en el llamado mayo del 68. Checoslovaquia vivió un intento por liberarse del control soviético que terminó con los tanques en las calles durante la Primavera de Praga. En Estados Unidos, el movimiento hippie ganó fuerzas y alzó la voz para protestar contra la Guerra de Vietnam.

Carrera espacial

Los momentos más cruentos de la Guerra Fría convirtieron cualquier situación en una auténtica competición entre las dos superpotencias. La exploración espacial se convirtió en un nuevo escenario en el que la Unión Soviética cogió ventaja con el lanzamiento del Sputnik I, primer satélite artificial de la historia, en 1957 y el envío y regreso al espacio de Yuri Gagarin en 1961. El otro gran evento en la carrera espacial llegó en 1969 de la mano de Estados Unidos, cuando la NASA consiguió hacer el primer aterrizaje lunar y Neil Amstrong y Buzz Aldrin dejaran su huella en la superficie del satélite.

Armas de destrucción masiva

El mundo entero tembló ante la destrucción provocada por la Little Boy y la Fat Man en Japón. La era atómica avisaba de lo cerca que la humanidad podía estar de la destrucción y la cosa no mejoró cuando la URSS fabricó su primera bomba atómica en 1949. Desde los 50, ambos países se dedicaron a desarrollar armas más potentes y sofisticadas en una precavida prueba de fuerza que les obligaba a mantener un equilibrio de poder al tiempo que intentaban superar a su rival.

Tratados nucleares

El impresionante incremento tanto en el poder de destrucción como en el número de misiles producidos desde la década de los 60 resaltó la necesidad de imponer un control sobre el armamento nuclear. En 1963 se prohibía realizar pruebas nucleares en la superficie terrestre, los fondos marinos o la atmósfera; en 1968 se firmaba el Tratado de No Proliferación para evitar que una tercera potencia rompiera el equilibrio de poder y desde 1972 se firmaron distintos tratados SALT para limitar el número y la potencia de los misiles de los que disponían ambas superpotencias.

América latina

Cuba solo fue el principio. Numerosos países de América Latina fueron viendo cómo partidos y guerrillas de izquierda ganaban influencia y llegaban al poder ya fuese por las urnas o por la fuerza de las armas. Mientras que la URSS solía apoyar a estas organizaciones a través del régimen castrista, Estados Unidos ejercía de contrapeso sufragando contraguerrillas, apoyando a partidos más conservadores u orquestando golpes de Estado. Destacables son los casos de Nicaragua, donde la guerrilla sandinista hizo frente a la contra pagada por Estados Unidos, y Chile, país en el que Salvador Allende fue derrocado del poder por Augusto Pinochet con el apoyo militar del gobierno de Nixon.

 África y Asia

De las dos potencias enfrentadas la Unión Soviética fue la que más empeño puso en su misión expansionista, encontrando una auténtica mina en África y Asia debido a la pobreza que sufría la mayor parte de la población. En numerosos países africanos descabezados tras el fin de la época colonial surgieron guerrillas armadas y gobiernos de toda clase e ideología que se sucedían entre cruentos conflictos armados. En Asia, por su parte, el gigante soviético fue perdiendo influencia conforme la China comunista creada por Mao ZeDong ganaba importancia en la región.

Fin de la guerra

Desde mediados de los 70, la economía soviética había quedado estancada y cada vez resultaba más difícil mantener a todos los países de su zona de influencia (cuya economía tampoco se sostenía). Esta situación próxima al colapso coincidió con la llegada del republicano Ronald Reagan al poder, quien endureció su política exterior y aumentó la presión ejercida contra la URSS. En 1985, tras un par de gobiernos breves y que no hicieron nada de relevancia, Mijaíl Gorbachov se convertía en presidente de la Unión Soviética e iniciaba un lento proceso de descongelación que llevaba, inequívocamente, hacia el final de la URSS.

Fin de la URSS

En 1989 comenzó el proceso de desmantelamiento de una superpotencia que había marcado el ritmo del mundo durante más de medio siglo. Los mismos países que habían intentado salir de la URSS anteriormente consiguieron independizarse con el consentimiento de Gorbachov, las alianzas militares se desintegraron o incluyeron en un acuerdo internacional a través de la OTAN, el muro de Berlín se abrió (y derribó) como antesala de la reunificación alemana y George Bush y Gorbachov declararon en Malta el fin oficial de la Guerra Fría en 1991. El primer presidente de la Federación Rusa elegido democráticamente sería Boris Yeltsin (1991-1999).

martes, 31 de julio de 2018

Critica a la guerra de Angola a




La guerra de Angola, y sus víctimas civiles y militares, sigue siendo un tema pendiente para los historiadores y narradores cubanos. Salvo algunos documentales y películas de ficción hechas en cuba para ennoblecer una contienda que tuvo mucho de fratricida, los escritores en general y los periodistas en particular han esquivado las consecuencias negativas de la guerra —que no fue la única en que Cuba participó— en África. El régimen castrista ha preferido la narrativa de la victoria global sobre el apartheid —discutible— a enfocarse en el drama humano del postconflicto, con miles de mutilados, heridos, enfermos mentales y familias cubanas destrozadas para siempre por guerra.

Las excepciones al tocar las desgarradoras aristas del conflicto, como no podía ser de otro modo, han sido los creadores en el exilio, donde Lichi, Eliseo Alberto Diego (1951–2011) fue uno de los más notables. Su novela Caracol Beach (Premio Alfaguara en su primera edición), trata el tema de las secuelas más que de las causas, más centrada en lo humano y menos en una épica encubridora. Es la historia del soldado que regresa de la guerra, con sus demonios y sus fantasmas, y que ya no encuentra lugar en la paz de las cosas.
Estas líneas vienen a tono con la entrevista que Leonardo Padura diera al líder de Podemos, Pablo Iglesias, y que recientemente ha publicado. Más allá de la necesaria politización que hacen del tema, uno porque quiere regresar y seguir escribiendo en su Mantilla sin que lo molesten, y el otro, porque debe limpiar la cara del espejo donde se mira a diario, ambos banalizan lo que fue uno de los conflictos más controvertidos del siglo XX.
Padura no se sale una coma de la narrativa oficial: la cifra de muertos es ridículamente baja, sobre todo por accidentes y enfermedades. Iglesias hace el puente para dar paso a la alevosía: ¿y Vietnam? Y Leonardo, lejos del renacentista a quién quizás deba su nombre, da una respuesta para campeonato de la infamia: no se puede comparar una victoria con una derrota.
Es en ese momento donde habría que recordar cuánto dolor material y espiritual costó a Cuba la aventura angolana. Para empezar, la cifra —conservadora— de cubanos que pasaron por allí en misiones militares y civiles pasan de 400.000 en 16 años. Eso significó alejar por dos años o más de la producción nacional y los servicios sanitarios y educativos a un porciento no despreciable de la población. No vale en estos casos la justificación de la "voluntariedad". Ser "seleccionado" para cumplir misión y negarse no era una buena opción a futuro.

En cuanto a la presencia militar, hasta hoy la Operación Carlota, como se hizo llamar la intervención cubana en Angola, ha sido el mayor despliegue de fuerzas de un país del Tercer Mundo en tierras africanas. En la época de mayor conflictividad, Cuba tuvo destacados más de 70.000 soldados, 1.000 carros de combate y decenas de aviones en ese territorio. Es como si EEUU, con una población de 300 millones, hubiera puesto sobre el terreno cerca de un millón de combatientes. No vale que los soviéticos pagaran los gastos: eran jovencitos cubanos, quienes entregaban sus vidas a miles de kilómetros de sus hogares.
Es en el aspecto humano del posconflicto donde entrevistado y entrevistador se enredan, o prefieren no entrar. Es seguro para ellos quedarse en el pasado, contrastar Angola y Vietnam, dos trances que nada tienen en común, salvo la presencia de extranjeros combatiendo a nombre de unos de los dos contendientes nativos. Es seguro para ellos continuar con la terrible —y de inferioridad psicoanalítica— obsesión de compararse siempre con los "americanos".
Pero si hubieran querido hablar en serio de Vietnam y hacer semejanzas con Angola —elevar a La Habana a nivel de imperio militar global—, entonces valdría la pena recordarles que la guerra en el sudeste asiático convocó toda una generación de pacifistas en las calles estadounidenses. Hay miles de libros, filmes, arte que criticaba y aún hoy lo hace, la intervención gringa a favor del régimen de Saigón.

En cambio, entrevistado y entrevistador ni por asomo se preguntan por qué no hubo pacifistas insulares durante las intervenciones militares en Angola y Etiopía. Por qué apoyaron al doctor Agostinho Neto, y no al guerrillero Jonas Savimbi. Por qué José Eduardo dos Santos gobernó por 38 años, y su hija es considerada la mujer más rica del continente africano. Por qué no dicen que ambos están parados sobre la "victoria" que Padura adjudica a una causa mercenaria.      
Hay todavía un tema más escabroso y que eluden los dos como si se tratara de un acuerdo telepático: ¿qué ha sido de los soldados y los civiles cubanos después de la guerra? Mientras la prensa cubana se ceba con los suicidios, las adicciones y los actos violentos de excombatientes estadounidenses en Vietnam, Afganistán e Iraq, no hay una sola nota sobre el síndrome de estrés postraumático de los veteranos cubanos de Angola, Etiopía, Nicaragua. ¿Son cubanos inmunes al estrés y a la muerte?

De modo que el "tema Angola" no está cerrado, ni siquiera ha comenzado una discusión seria sobre el asunto.  A eso juegan plácidamente Iglesias y Padura: la guerra de Angola fue casi nada, una "victoria". La entrevista esclarece lo que andaba en sombras: la deuda impagable de los políticos y los intelectuales cubanos con quienes, engañados o no, participaron en la aventura militar y civil más desgarradora de la época castrista.


¿Valió la pena la muerte de miles de cubanos en Angola?

1 noviembre  2015

El periodista independiente cubano indaga, a propósito del aniversario número 40 del inicio en 1975 del despliegue militar cubano en Angola, si valió la pena la muerte de miles de cubanos.
Pronto se cumplirá el aniversario número 40 del inicio en 1975 del despliegue militar cubano en Angola: la llamada Operación Carlota.

El 10 de noviembre de 1975, Fidel Castro, en medio del mayor secreto, despidió en el aeropuerto de Rancho Boyeros a un primer destacamento de 82 bien entrenados efectivos de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, vestidos de civil, que volaron a Luanda en un avión Britania de Cubana de Aviación.

La misión de esa tropa élite, y de los multiplicados refuerzos que muy pronto fueron enviados, era contener la incursión en territorio angolano de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire, e impedir que las guerrillas de la UNITA y el FNLA tomaran Luanda, proclamaran la independencia y formaran gobierno antes que el marxista MPLA.
La intervención cubana en la guerra angolana duró más de 13 años. En ese tiempo, más de 350 000 cubanos pasaron por Angola, 11 veces mayor que Cuba y a 11 000 kilómetros de distancia, Océano Atlántico de por medio.
Jamás un país del Tercer Mundo había emprendido un empeño militar de tal envergadura.
Las armas y el resto de la logística fueron puestos por la Unión Soviética. Los cubanos pusieron la carne de cañón.

En pocos meses, Cuba llegó a totalizar alrededor de 70 000 soldados en Angola. Pasado el peligro inicial, la cifra se estabilizó en unos 40 000.
La confrontación Este-Oeste impidió que el conflicto entre los tres movimientos guerrilleros que combatieron a los portugueses, el MPLA de Agostinho Neto, la UNITA de Jonás Savimbi y el FNLA de Holden Roberto, fuese otra guerra civil más en el continente africano.
La URSS apoyó al MPLA. Estados Unidos, Sudáfrica y China, en una extraña concertación, favorecieron a la UNITA.
Cuba se involucró militarmente para que los marxistas del MPLA lograran instalar su gobierno en Luanda, pero tuvo que permanecer allí durante más de una década para apuntalarlo. Los cubanos y las FAPLA nunca lograron controlar totalmente el territorio angolano. Las guerrillas de la UNITA, dirigidas por Jonás Savimbi, se convirtieron en la más terrible pesadilla de los generales cubanos.

En julio de 1988, luego de la costosa y prolongada batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas consiguieron la retirada sudafricana del sur de Angola. Los acuerdos de paz se firmaron entre Cuba, Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988. Fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.
Según cifras oficiales que son consideradas bien conservadoras, dos mil cubanos murieron en Angola. Sus restos fueron repatriados en diciembre de 1989.
Muchos de los veteranos regresaron mutilados, con los nervios destrozados y víctimas de extrañas patologías a un país que se adentraba en la peor crisis de su historia. Una dura realidad que no reflejaron los panegíricos oficiales, la bella crónica angolana de Gabriel García Márquez o la serie documental “La epopeya de Angola”, realizada hace unos años por el periodista Milton Díaz Kanter.

Hoy, Angola, a pesar del petróleo y los diamantes, sigue siendo uno de los países más pobres del mundo. La esperanza de vida de sus habitantes es una de las más bajas del continente africano.
Los acuerdos de Lusaka de 1995 no se pudieron poner en práctica hasta casi 7 años después. La guerra civil no concluyó hasta después que Jonas Savimbi muriera en combate por una patrulla gubernamental que topó casualmente con él en la selva de Moxico en febrero de 2002.
La constitución angolana ha sido modificada 5 veces. Angola abjuró del marxismo y abrazó el multipartidismo y la economía de mercado. Su gobierno, aun presidido por Dos Santos, el sustituto de Neto al frente del MPLA, es uno de los más corruptos de África.





(CNN Español) — En la guerra de Angola, yo estuve en el bando opuesto al de Arturo Pérez-Reverte.
Por Camilo Egaña

El escritor era entonces un corresponsal de Televisión Española que contaba las miserias de las guerras.
Pérez-Reverte se desplazaba por toda Angola con las tropas de la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (Unita)
Y yo, con 17 años mal cumplidos y un libro de Jean-Jacques Rousseau que llevaba a todas partes como una biblia, formaba parte de las tropas cubanas que Fidel Castro, con el visto bueno de Leonid Ilich Brézhne en Moscú, había enviado para apuntalar a la otra facción en pugna, el Movimiento Popular de Liberación de Angola (Mpla).
Perez-Reverte, con esa media sonrisa con la que salpica lo que dice, me pregunta en Miami, una vez que hemos terminado una entrevista, qué hacía yo en Angola.
La Operación Carlota de Fidel Castro en Angola se inició en noviembre de 1975 y terminó en 1991.

En 1974, tras la Revolución de los Claveles, Portugal le concedió la independencia a sus colonias, entre ellas Angola.
Comenzó una guerra civil. Portugal apoyaba en principio a la izquierda y EE.UU., Zaire y Sudáfrica a los movimientos insurgentes que no querían una salida comunista para aquel país, rico y miserable a la vez.

En 1975 comienza la embestida del Ejército sudafricano por el sur. Y las fuerzas de Zaire por el norte. La idea es apoderase del país, incluso antes de que se proclame la descolonización.
El gobierno angoleño pide ayuda militar a la Unión Soviética y Cuba.
Aquello duró 16 años. Yo estuve dos y jamás he vuelto a padecer tanta hambre y tanto miedo.
Muchos de los soldados éramos adolescentes en el Servicio Militar Obligatorio. Íbamos de La Habana a Luanda escondidos en las bodegas buques mercantes.
Escondidos, porque las convenciones internacionales no permitían el traslado de personal y equipo militar en ese tipo de barcos.
Más de 2.000 cubanos murieron allí.
Regresé a La Habana en 1983 y el último soldado cubano debió de haber regresado a Cuba en 1991.
De hecho, ya trabajaba como periodista de la televisión cubana cuando me enviaron a cubrir la repatriación de los restos de los muertos.

Antes de ir al aire, una niña se me acercó y me dijo, señalando una de las urnas pequeñas envueltas en la bandera cubana, que ahí estaba su padre.
No suelo hablar ni escribir de aquello, pero el día que lo haga será con “la autoridad del fracaso”. Así decía Scott Fitzgerald y sabía de lo que hablaba.
Más de 30 años después, una chica angoleña que trabaja en una dulcería de mi vecindario me dice:

 “Cuando ustedes se fueron, empezamos a reconstruirlo todo”.

Está casada con un cubano. Me habla de su padre, que acaba de morir. Cáncer. Admite que sabe poco de lo que hoy sucede en Angola. Que va de vez en cuando y punto.

No sabe por ejemplo Isabel Dos Santos es la hija del expresidente de Angola, José Eduardo dos Santos.
No ha leído que el Consorcio Internacional de Periodismo de Investigación (ICIJ) —el mismo de “Los papeles de Panamá”— acaba de publicar una investigación que ya se conoce como los “Luanda Leaks”, en el que revela más de 700.000 documentos sobre empresas en paraísos fiscales, sociedades a nombre de terceros y puede que otras modalidades de negocios que la habrían hecho “la mujer más rica de África”.
Tampoco habrá leído que la Fiscalía de Angola ha decidido acusarla esta semana de malversación de fondos durante su gestión de 18 meses al frente de la petrolera estatal Sonangol.
En Twitter, cosa que millones leen exclusivamente por estos días, Isabel Dos Santos niega todo lo anterior y advierte que se prepara para defenderse:

«Las acusaciones que se han hecho en contra mía en los últimos días son extremadamente confusas y falsas. Este es un ataque político muy bien concentrado, orquestado y coordinado. He contratado a abogados para que actúen contra estos reportes y denuncias difamatorias e incorrectas”.

José Eduardo dos Santos gobernó Angola 40 años; hasta 2017.
Pérez-Reverte, con esa media sonrisa con la que salpica lo que dice, me pregunta qué hacía yo en Angola. Y por qué andaba con aquel libraco de las Obras escogidas de Rousseau.
Hace un par de noches durante una cena, alguien con tres cubalibres encima, dijo: 

“Menos mal que todavía hoy hay hombres capaces de dar su vida por una bandera”.

No esperé a los postres.



martes, 17 de julio de 2018

La guerra civil de Angola y otras guerras en áfrica.-a

Guerra civil de Angola.




La guerra civil de Angola fue un conflicto armado que se prolongó en la nación africana por más de 26 años (desde 1975 hasta el 2002), con unos breves periodos de frágil paz.



La guerra estalla una vez que Angola se independiza de Portugal, siendo la última colonia africana en lograr su independencia, iniciándose dentro de sus territorios una violenta lucha por el poder.
Los principales protagonistas de la guerra civil de Angola fueron el Movimiento Popular por la Liberación de Angola (MPLA) y la Unión Nacional por la Independencia Total de Angola (UNITA).
La guerra civil fue, esencialmente, una lucha de poderes entre estos dos movimientos de liberación, respaldados por las grandes potencias a la sombra de la Guerra Fría.
Una vez lograda la independencia, el MPLA fue el primero en hacerse con el poder, tomando una serie de decisiones políticas y económicas que marcarían históricamente a Angola, mientras que, desde la perspectiva internacional, países como Francia, Estados Unidos, Rusia, Cuba y Sudáfrica buscarían su propio protagonismo dentro de la nación africana.
La guerra civil de Angola dejó un saldo de más de medio millón de muertos y hasta un tercio de la población total de desplazados internamente y en países vecinos.
Desde el año 2002, cuando finalizó oficialmente el conflicto armado, el país se ha mantenido en un estado de agitación y confusión, con un sistema económico inestable y una percepción social que vive bajo la sombra de la violencia del pasado.

Tensiones étnicas y sociales

Previo a la llegada de la independencia, las tensiones en Angola versaban sobre las diferencias y conflictos étnicos, así como el enfrentamiento que mantenían las fuerzas del MPLA y FNLE contra el ejército portugués como parte de la Guerra de Independencia de Angola, iniciada en 1961 y cuyo final daría inicio casi instantáneo al conflicto civil.
Con las incursiones y participaciones militares que comenzaron a llevar a cabo a inicios de los 70, países como China, Sudáfrica y Cuba mantenían intereses y proyectos dentro de Angola.
Los movimientos locales comenzaron a sentir cierta aversión ante la injerencia de esas naciones, por lo boicoteaban las operaciones extranjeras mientras continuaban luchando por su independencia.

Independencia de Angola

El golpe de estado que vivió Portugal en el año 1974 dio pie a que un año después Angola adquiriera su independencia.
Para 1975, el MPLA, UNITA y el Frente Nacional por la Liberación de Angola (FNLA) formaron un gobierno de transición que en tan solo un año se vería disuelto, dejando al máximo representante del MPLA al poder, e iniciando el conflicto armado con los movimientos disidentes.
El MPLA, con el apoyo de la Unión Soviética y Cuba, comenzó a hacerse con el control totalitario de la nación angoleña, buscando imponer un sistema político y económico centralizado; la expropiación y nacionalización de la empresa privada; la desestimación del dólar frente a la moneda local (kwanza), que causo una inflación desmesurada.
Por otro lado, y ante el carácter comunista del gobierno al poder, los Estados Unidos y Sudáfrica comenzaron a abastecer a los miembros de UNITA (atribuyéndose una posición anti comunista frente al MPLA) con provisiones, armas, municiones y mercenarios, intensificando el enfrentamiento y la guerra de guerrillas en Angola.

Periodos de paz

Un breve periodo de paz y unas elecciones celebradas en 1992 pudieron marcar el final de la guerra civil en Angola; sin embargo, la victoria y perpetuidad de MPLA causó disgusto en las filas de UNITA, cuyo fundador, y candidato presidencial, decidió desconocer los resultados y retomar el conflicto armado.
En 1994 se inició otro proceso de paz entre el gobierno representado por MPLA y los rebeldes armados de UNITA. Solo dos años bastaron para que se retornara a la violencia armada.

Consecuencias

La guerra finalizó oficialmente en el año 2002, con la muerte del líder de UNITA, Jonás Savimbi, y la deposición de las armas parte de este movimiento, que pasó a convertirse en un partido político.
UNITA y MPLA acuerdan un cese al fuego, comenzando a buscar alternativas políticas no violentas para cambiar el rumbo del país.
El final de la guerra civil dejó a Angola sumida en un estado ruinoso. 500.000 muertos y cuatro millones de refugiados y desplazados internamente.
La guerra dejó a Angola en medio de una crisis humanitaria, con más del 60% de los angoleños careciendo de los más elementales servicios y accesos.

Angola en ruinas

La guerra dejó un escenario económico pésimo: un mercado laboral inexistente (éxodo masivo de angoleños estudiados y profesionales), tierras incultivables a causa de las minas y la ausencia de un aparato productivo nacional devorado por la inflación de la moneda.
Desde entonces, el gobierno se ha alejado de una posición nacionalista y explotando los recursos naturales, ha permitido una mayor cantidad de inversión extranjera, lo que le ha permitido invertir e infraestructura e instaurar acuerdos internacionales.
Todo, sin embargo, se ha visto opacado por actos de corrupción y expropiaciones repentinas que impiden que la economía nacional termine de desarrollarse.
Los ciudadanos desaprueban altamente al presidente José Eduardo dos Santos (al poder desde 1975), al cual se le acusa de retener junto a un pequeño grupos la riqueza monetaria de la nación.
El recuerdo del trato inhumano de los soldados de UNITA y los del MPLA, que sacrificaron la vida de civiles y dejaron aldeas diezmadas, aún persiste en gran parte de la población que se cohíbe de regresar, o reconstruir su país.

Intervención cubana en guerra.


El 10 de noviembre de 1975, Fidel Castro, en medio del mayor secreto, despidió en el aeropuerto de Rancho Boyeros a un primer destacamento de 82 bien entrenados efectivos de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, vestidos de civil, que volaron a Luanda en un avión Britania de Cubana de Aviación.
La misión de esa tropa élite, y de los multiplicados refuerzos que muy pronto fueron enviados, era contener la incursión en territorio angolano de los ejércitos de Sudáfrica y Zaire, e impedir que las guerrillas de la UNITA y el FNLA tomaran Luanda, proclamaran la independencia y formaran gobierno antes que el marxista MPLA.
La intervención cubana en la guerra angolana duró más de 13 años. En ese tiempo, más de 350 000 cubanos pasaron por Angola, 11 veces mayor que Cuba y a 11 000 kilómetros de distancia, Océano Atlántico de por medio.

Jamás un país de América Latina había emprendido un empeño militar de tal envergadura. Las armas y el resto de la logística fueron puestos por la Unión Soviética. Los cubanos pusieron la carne de cañón.
En pocos meses, Cuba llegó a totalizar alrededor de 70 000 soldados en Angola. Pasado el peligro inicial, la cifra se estabilizó en unos 40 000.
La confrontación Este-Oeste impidió que el conflicto entre los tres movimientos guerrilleros que combatieron a los portugueses, el MPLA de Agostinho Neto, la UNITA de Jonás Savimbi y el FNLA de Holden Roberto, fuese otra guerra civil más en el continente africano.
La URSS apoyó al MPLA. Estados Unidos, Sudáfrica y China, en una extraña concertación, favorecieron a la UNITA.

Cuba se involucró militarmente para que los marxistas del MPLA lograran instalar su gobierno en Luanda, pero tuvo que permanecer allí durante más de una década para apuntalarlo. Los cubanos y las FAPLA nunca lograron controlar totalmente el territorio angolano. Las guerrillas de la UNITA, dirigidas por Jonás Savimbi, se convirtieron en la más terrible pesadilla de los generales cubanos.
En julio de 1988, luego de la costosa y prolongada batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas consiguieron la retirada sudafricana del sur de Angola. Los acuerdos de paz se firmaron entre Cuba, Sudáfrica, Estados Unidos y la Unión Soviética en 1988. Fue uno de los últimos episodios de la Guerra Fría.
Según cifras oficiales que son consideradas bien conservadoras, dos mil cubanos murieron en Angola. Sus restos fueron repatriados en diciembre de 1989.

Muchos de los veteranos regresaron mutilados, con los nervios destrozados y víctimas de extrañas patologías a un país que se adentraba en la peor crisis de su historia. Una dura realidad que no reflejaron los panegíricos oficiales, la bella crónica angolana de Gabriel García Márquez o la serie documental “La epopeya de Angola”, realizada hace unos años por el periodista Milton Díaz Kanter.


La Guerra de Ogaden.


La Guerra de Ogaden fue un conflicto ocurrido entre 1977 y 1978 entre Etiopía y Somalia en la disputa por el territorio de Ogaden. En plena Guerra Fría, Somalia era apoyada por los Estados Unidos mientras que la Unión Soviética y Cuba hacían lo propio con Etiopía. La contraofensiva conjunta etíope-cubana provocó la derrota de Somalia.

Orígenes de la guerra

Si bien la causa del conflicto fue el deseo del gobierno somalí de Siad Barre de incorporar la región etíope de Ogaden habitada por somalíes en una Gran Somalia, es poco probable que Barre ordenara la invasión si las circunstancias no hubieran estado a su favor. Etiopía ha dominado históricamente la región. Para el comienzos de la guerra, el Ejército Nacional Somalí (ENS o SNA, Somalian National Army) era sólo de 35 000 efectivos, siendo enormemente mayor el número de las fuerzas etíopes. Sin embargo, a lo largo de la década de 1970, Somalia fue receptor de grandes cantidades de ayuda militar soviética. El SNA tenía tres veces la fuerza de tanques de Etiopía, así como un concepto más amplio de la fuerza aérea.
Si bien la fuerza militar adquirida por Somalia se incrementó sustancialmente, la contraparte etíope creció débilmente. En septiembre de 1974, el emperador Haile Selassie había sido derrocado por el Derg (junta de militares comunistas), lo que marca un período de agitación. El Derg rápidamente cayó en conflicto interno para determinar quién tendría primacía. Mientras tanto, diversos movimientos de lucha contra Derg, así como los movimientos separatistas comenzaron a aparecer en todo el país. El equilibrio regional de poder ahora era favorable a Somalia.
Uno de los grupos separatistas que trataban de aprovechar el caos fue el prosomalí Frente de Liberación de Somalia Occidental (FLSO) que funciona en las zonas habitadas por somalíes de Ogaden, que a finales de 1975 había golpeado numerosos puestos avanzados del gobierno. De 1976 a 1977, Somalia suministró armas y otras ayudas al FLSO.
Un signo de que el orden se había restablecido dentro del Derg fue el anuncio de Mengistu Haile Mariam como jefe de estado el 11 de febrero de 1977. Sin embargo, el país quedó sumido en el caos, ya que los militares trataron de reprimir a sus opositores civiles. A pesar de la violencia, la Unión Soviética, que había vivido de cerca los acontecimientos, llegó a creer en el intento de crear un estado Marxista-Leninista y mantuvo el interés soviético de ayudar al nuevo régimen. De este modo se acercó a Mengistu en secreto con ofertas de ayuda que él aceptó. Etiopía cerró la misión militar de los EE.UU. y el centro de comunicaciones en abril de 1977.
En junio de 1977, Mengistu acusó a Somalia de infiltrar desde Somalia soldados de la SNA para luchar junto al FLSO. A pesar de las considerables pruebas de lo contrario, Barre insistió en que tal cosa se estaba produciendo, pero que los voluntarios de la SNA eran ayudados por el FLSO.

Contraataque etíope-cubano
El monumento de Tiglachin es un monumento a los soldados etíopes y cubanos involucrados en la guerra de Ogaden . Fue construido bajo Mengistu Haile Mariam en Churchill Avenue en Addis Abeba . El monumento está compuesto por varios elementos: una estatua central, un pilar de 50 m de altura, dos relieves en los lados y dos plazas donde se ven los retratos de soldados cubanos


En represalia por la invasión somalí, a principios de febrero de 1978 se produjo un contraataque etíope-cubano, acompañado de un segundo ataque que los somalíes no esperaban. Una columna de tropas etíopes y cubanas cruzó el noreste hacia las tierras altas entre Jijiga y la frontera con Somalia, evitando la fuerza SNA-WSLF que defendían el Paso de Marda. Helicópteros Mil Mi-6 transportaron por vía aérea vehículos blindados cubanos BMD-1 y ASU-57 detrás de las líneas enemigas. Por lo tanto, la fuerza de ataque pudo asaltar a los somalíes desde dos lados y recuperar Jijiga después de dos días de combates en los que 3000 soldados somalíes perdieron la vida.
 La defensa somalí se derrumbó y todas las principales ciudades ocupadas por los somalíes fueron recapturadas en las siguientes semanas. La lucha terminó el 18 de marzo de 1978 cuando el ejército somalí, que había recibido una terrible paliza de la artillería cubana y los ataques aéreos, comenzó una retirada final de regreso a sus propias fronteras.

2000 soldados etíopes muertos
6000 soldados cubanos muertos
20 000 combatientes somalíes muertos
25 000 civiles muertos

Otras guerras 


Los soldados que Cuba envió a una guerra en África (en la que nunca llegaron a combatir)

El 10 de octubre de 1963, el buque mercante Aracelio Iglesias zarpó de La Habana. A bordo, varios cientos de soldados cubanos emprendieron viaje a un puerto que -aún en ese momento- les era desconocido.
Durante el trayecto, sus superiores les informaron que su destino era la ciudad argelina de Orán, un lugar del que muchos de ellos quizá, ni siquiera habían oído hablar.
Siete días más tarde, al Aracelio Iglesias se le sumaría el buque González Lines y dos vuelos especiales de Cubana de Aviación.
"En la travesía nos fueron dando información de los hábitos, las tradiciones, la religión y las costumbres más importantes del país", le dice a BBC Mundo Pedro Rodríguez Fonseca, quien fue primer jefe del servicio médico del destacamento.

"Fue un viaje rápido de 11 días de travesía. Y los dedicamos a la preparación de los compañeros. No era una gran preparación pero sí la elemental sobre cuestiones éticas y formales", recuerda en conversación telefónica este doctor de 82 años que aún permanece activo en una clínica de La Habana.

686 hombres y 22 tanques cubanos con destino Argelia
En total, viajaron a Argelia 686 hombres, un batallón de 22 tanques, grupos de artillería y de morteros y una batería de cañones antitanques.
Empezaba así -hace 55 años- el primer despliegue militar cubano oficial en un país extranjero.
Aquella misión, que nunca llegó a entrar en combate, abrió el camino a otras de mayor envergadura, como la de Angola de 1975 y la de Etiopía de 1978, que marcaron durante años la política exterior de la isla.
Pero, ¿a qué conflicto se dirigían aquellos efectivos? ¿Qué llevó a Cuba a enviar sus fuerzas al Norte de África?

La "relación especial entre Cuba y Argelia"

Tras una larga y cruenta guerra contra Francia, Argelia alcanzó su independencia el 5 de julio de 1962.
Pero las relaciones entre el gobierno de Fidel Castro y el Frente de Liberación Nacional, la principal organización independentista argelina, habían sido estrechas desde los tiempos de la contienda anticolonial.

"Cuando Fidel llega al poder, una de las cosas que hace en 1961 es establecer contacto con el FLN para ofrecerle ayuda. Y esto se hace a través de Marruecos. Un barco cubano que zarpa hacia Casablanca con armas para el FLN", le cuenta a BBC Mundo el historiador Piero Gleisejes.

"Aquella embarcación regresa a Cuba con niños huérfanos que van a estudiar en Cuba y con heridos en los combates. En una sola misión tiene los dos elementos de la política de Cuba en el tercer mundo y en África en especial: la ayuda militar y la humanitaria", agrega el profesor de Universidad John Hopkins de Washington.
Apenas tres meses después de la independencia, Ahmed Ben Bella, el primer presidente de Argelia, visitó La Habana tras pasar por Nueva York para celebrar el ingreso de su país en la ONU.
Aquella escala de 36 horas selló la alianza entre ambos gobiernos.

Primera misión médica y militar cubana en África.

En marzo de 1963, Cuba envió al país magrebí un equipo sanitario que se convirtió en su primera misión médica internacional. Una colaboración que continúa 55 años después.
En la actualidad, La Habana -que desde 1979 cobra por sus servicios médicos en Argelia- gestiona varios hospitales y cuenta con 890 trabajadores de la salud en aquel país.
El primer destacamento militar cubano, en cambio, llegó al Norte de África siete meses después de la misión médica. Y lo hizo para participar en un conflicto, la llamada Guerra de las Arenas.

En octubre de 1963, Marruecos intentó recuperar territorios en la zona de Bechar y Tindouf que la administración colonial había incluido en la Argelia francesa. La recién nacida república de Argelia rechazó ese cambio de fronteras.

Una guerra en el Sahara

Los combates se intensificaron hasta convertirse en un enfrentamiento abierto entre los dos países por controlar una zona del desierto prácticamente deshabitada pero con valor estratégico.

"En ese momento los recursos del Sahara estaban por explorar y por explotar y ya se sabía que había importantes recursos minerales. Por lo tanto era una cuestión ideológica, política y económica", le explica a BBC Mundo Ana Torres, profesora de la Universidad de Sevilla.
"Es la primera crisis severa que pone de relieve la rivalidad entre ambos países por la hegemonía en el Norte de África. Y a partir de ahí la tensión ha caracterizado las relaciones bilaterales, desgraciadamente", añade la autora del libro La guerra de las Arenas, conflicto entre Marruecos y Argelia en la Guerra Fría.

La Guerra de las Arenas fue un conflicto fugaz y desigual.

El ejército de Marruecos -independiente desde 1956- era superior en armamento y en preparación frente a los argelinos, acostumbrados aún a los combates de guerrillas.
"Argelia está prácticamente desarmada y no tiene tanques. Marruecos tiene pocos pero tiene unos cuantos. Entonces hay una petición de Ben Bella de ayuda a Cuba. La resolución cubana es que dos barcos zarpen de Cuba con un contingente de soldados y la mitad de los tanques de Cuba", señala Gleisejes.

La sombra de la Guerra Fría

El despliegue cubano fue una decisión rápida y la participación de los designados para la operación, sostiene Rodríguez Fonseca, voluntaria.
Además del apoyo de La Habana, Argelia también recabó la ayuda de Egipto, gobernado en aquel momento por Gamal Abdel Nasser, uno de los principales impulsores del panarabismo y del socialismo árabe.
La misión cubana, que se había intentado mantener en secreto, pronto salió a la luz y fue difundida por los medios de comunicación. Paradójicamente, esa publicidad fue clave a la hora de terminar el conflicto.
En el contexto de la Guerra Fría, estos movimientos de tropas dieron una dimensión internacional inesperada a un enfrentamiento que hasta entonces se había visto como una disputa vecinal.
"Al principio, Estados Unidos no prestó mucha atención al rifirrafe en la frontera. El problema es cuando empiezan a llegar informaciones del apoyo a Argelia de Cuba y de Egipto. La administración Kennedy pensó que la URSS podía venir detrás y que la situación pudiera convertirse en un conflicto mayor en el patio trasero de Europa Occidental", explica Torres.

"Entonces, los estadounidenses presionarán a ambas partes: al rey de Marruecos Hasan II y a Ben Bella. Y EE.UU. apoya la labor mediadora de Haile Selassie (emperador de Etiopía) y del presidente de Mali, Modibo Keïta, con la idea de que en el marco regional se llegue a un acuerdo".


Una misión sin combate

El alto el fuego incluyó que las líneas fronterizas recuperaran el trazado anterior al conflicto. Fue sellado en Bamako, la capital de Mali, el 29 de octubre de 1963 tras un encuentro entre Ben Bella y Hassan II.
Aquel mismo día atracó en Orán el buque Andrés González Lines. El carguero Aracelio Iglesias lo había hecho solo una semana antes. Las fuerzas cubanas nunca llegaron a combatir en Argelia, pero permanecieron en el país varios meses más.

Ya sin guerra en el horizonte, su labor consistió en entrenar al ejército local y en enseñar a manejar un armamento que acabaría quedándose en suelo argelino.
Rodríguez Fonseca afirma que la tarea del equipo médico militar consistió en buena parte en atender a civiles.

"El campamento había sido de la legión extranjera y tenía buenas condiciones desde el punto de vista de las instalaciones. No podíamos ingresar gente de afuera pero sí atender en consulta externa al personal civil del pueblecito de al lado. Porque la tropa era gente joven y las enfermedades eran mínimas", cuenta.
"Al principio nos entendíamos con el idioma común de los gestos porque no hablábamos nada. Cuando la gente le duele y se toca el lugar y hace gestos y exagera con los ojos y uno se da cuenta al palparlo y apretar fuerte. En ese estilo, muy rudimentario, pero muy eficaz, pudimos interpretarnos mutuamente", asegura.

Finalmente, el 17 de marzo, la primera mitad de las tropas cubanas abandonó Argelia en el mismo barco en que habían llegado. El resto lo hizo dos semanas después.
"Yo más nunca volví a Argelia. Y amistades allí no me quedan. Con compañeros de la tropa sí, por supuesto, pero con argelinos no (...). Después hubo misiones mucho más importantes, con más peso y categoría en la práctica, pero aquella fue la primera. Y eso siempre se recuerda con orgullo", concluye Rodríguez Fonseca.

lunes, 11 de julio de 2016

Cuba y la URSS.-a

Calle en Trinidad, Cuba, que muestra los estragos de la
crisis económica desde el derrumbe de la Unión Soviética.


Un alto funcionario disidente desvela las cifras del desastre
ELISABET SABARTÉS
 21/08/2011

Fui jefe del departamento que atendía las relaciones con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. Negocié muchos de los créditos que Cuba recibió del campo socialista; una ayuda que no tenía ninguna sustentación económica, sólo "política", se sincera Óscar Espinosa Chepe.
Espinosa Chepe tiene 71 años, es economista y disidente. Pero antes de romper con el régimen de Fidel Castro trabajó durante décadas como alto funcionario en las entrañas del sistema de planificación centralizada que se construyó en la isla a imagen y semejanza del soviético. Hoy, tras dos estancias en la cárcel, múltiples interrogatorios y una orden de confinamiento que le impide salir de La Habana, dedica su tiempo a levantar acta del naufragio estructural de la economía de su país tras el hundimiento de la URSS.

"En realidad, no fue Gorbachov. ¡Cuba acabó con la Unión Soviética! Lo que Moscú se gastó aquí es incalculable. Sólo en créditos impagados, los rusos estiman que perdieron unos 20.000 millones de dólares de la época; una cifra a mi juicio conservadora", dice vía telefónica a La Vanguardia desde su domicilio habanero.

En la lógica de la guerra fría y en aras del internacionalismo proletario, Moscú se dejó en Cuba hasta la camisa. El cheque en blanco duró 30 años y cubrió todos los ámbitos de la vida en la isla. Desde la agricultura y el deporte hasta el ballet clásico, las fuerzas armadas, el transporte o las muñecas. Entre 1960 y 1990, se calcula que llegaron al país unos 18.000 soviéticos –sin contar asesores militares ni espías– para trabajar en el desarrollo del socialismo tropical. A su vez, entre 100.000 y 300.000 cubanos marcharon becados a la URSS para recibir formación técnica y académica en todo tipo de disciplinas.
Cuenta Espinosa Chepe que la subvención soviética a las arcas sin fondo del régimen castrista consistía en "una ficción contable absoluta, mediante la que Moscú pagaba los productos que Cuba le vendía a un precio nueve o diez veces superior al del mercado y, a la vez, le proporcionaba petróleo a costos preferenciales". Así, el crudo soviético "se convirtió en la principal fuente de divisas para la economía cubana y su primer producto de exportación al mundo capitalista, que pagaba en dólares los barriles que recibía directamente de Bakú".
Porque lo demás llegaba en especias –alimentos, maquinaria, productos de todo tipo– o en rublos. "Unos tres millones de rublos convertibles al día les costaba el subsidio", apunta el también ex diplomático, que prefiere no sacar la cuenta global de la fortuna dilapidada. "La ayuda sostuvo el sistema de salud y educación, pero no sirvió para desarrollar el país. Ni el campo ni la industria sobrevivieron al colapso de la Unión Soviética", añade.
Tras el cataclismo, Moscú abandonó a los cubanos a su suerte. Los rusos se olvidaron incluso de sus inversiones en la isla –algunos cifran en 12.000 millones de dólares– y cortaron compras y suministros. "Para nosotros fue como si dejara de salir el sol", diría mucho después Fidel Castro, que en 1991 decretó el estado de emergencia económica con el llamado periodo especial: un regreso a la autarquía "que aún no ha terminado", sostiene Espinosa Chepe.
Cuba logró sobreponerse a la brutal caída del 35% que su PIB sufrió en los primeros tres años de orfandad soviética. Se abrió al turismo, despenalizó la tenencia de dólares, autorizó los mercados campesinos y permitió la entrada de remesas.
"Pero sobre todo –afirma el economista–, se entregó a otra dependencia: la venezolana. Caracas es el nuevo Moscú, aunque con menos recursos. De la URSS dependíamos, pero al menos recibíamos tecnología. ¿Qué pueden darnos los venezolanos a nosotros? ¡Nada!".

Biografía Óscar Manuel Espinosa Chepe



(29 de noviembre de 1940 - 23 de septiembre de 2013) fue un economista y disidente cubano.​ Fue uno de los aproximadamente 75 disidentes arrestados, juzgados y condenados en 2003 como parte de una campaña del gobierno cubano apodado "Primavera Negra". Se le dio una condena de veinte años por el cargo de "actividades contra la integridad y la soberanía del Estado", lo que Amnistía Internacional lo haya declarado como preso de conciencia.
Espinosa era un graduado de la Universidad de La Habana, donde obtuvo un título en economía. Se desempeñó en el Grupo Asesor Económico del Primer Ministro Fidel Castro 1965-1968 antes de pasar catorce años como consejero económico en la Embajada de Cuba en Belgrado, la supervisión de la cooperación económica de Cuba y tecnológica con Hungría, Checoslovaquia y Yugoslavia. En 1984, regresó a Cuba para trabajar en el Banco Nacional de Cuba, donde fue responsable para el comercio y el turismo.
Sin embargo, durante la década de 1980, Espinosa estuvo cada vez más en desacuerdo con la política económica nacional. Cuando él habló de sus opiniones con un colega en 1992, fue depuesto, y cuatro años más tarde fue despedido. Espinosa comenzó a escribir críticas de la política económica cubana, que publicó en el extranjero. También presentó un programa de radio titulado Charlando con Chepe, en el que se discutió la economía cubana, el programa se realizó en la estación de Radio Martí, financiada por Estados Unidos. Espinosa se casó con la periodista independiente cubana Miriam Leiva. Murió de enfermedad hepática el 23 de septiembre de 2013 en España.

Juego de tronos y la política.-a ; Las 50 leyes del poder

vídeos sobre juego de tronos Las 50 leyes del poder para convertirte en El Padrino. 19/05/2023 El sociólogo, politólogo, escritor, podc...