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lunes, 20 de abril de 2020

Éxodo cubano a Perú de 1980 y Héctor Sanyústiz.-a

Miles de cubanos se agolpan en la Embajada peruana en La Habana, en busca de asilo. El gobierno peruano aprobó el asilo, una medida que fue el detonante de la ola de cubanos que llegaron a EEUU en el éxodo de Mariel. ARCHIVO/MIAMI HERALD

El 4 de abril de 1980 la embajada del Perú en La Habana fue escenario del mayor caso de asilo y refugio bajo protección diplomática de la historia.​ Más de diez mil cubanos se encontraban bajo la protección diplomática en un área de apenas 2,000 metros cuadrados.Y todo comenzó con un hombre, Héctor Sanyustiz, que arremetió un autobús a través de la entrada de la embajada peruana en La Habana el 1 de abril de 1980.


El protagonista principal fue el diplomático peruano Ernesto Pinto Bazurco Rittler que se encontraba a cargo de la embajada.​ El, bajo su responsabilidad y asumiendo todos los riesgos personales, decidió acoger en la Misión diplomática a las personas despreciadas por el régimen de Fidel Castro.
Pinto Bazurco Rittler negoció la noche del 4 de abril hasta la madrugada del día 5 con Fidel Castro la integridad física de las personas. Uno de los aspectos centrales de las negociaciones fue que ante las dificultades de calificarlos como asilados o refugiados, se optara por llamar a estas personas que buscaban su salida del país, simplemente ingresantes. De tal forma se pudo llegar al acuerdo en colaboración con el Gobierno de Cuba para la salida del país, en forma ordenada, de estas miles de personas, que se habían sumado a los 34 asilados que desde haces meses estaban bajo la protección de la embajada del Perú. El gobierno peruano se comprometió a acoger 1.000 de los refugiados, mientras que España iría acoger 500 personas y Ecuador 300 personas. En los días siguientes al 4 de abril de 1980 más de 120 cubanos lograron emigrar.
Otro aspecto importante de las negociaciones fue la situación de seguridad en la embajada, ya que algunas de las personas entraron al entorno de la embajada por medios violentos. El Gobierno de Cuba había asegurado proveer un local más seguro para la embajada del Perú. Aun así, retiró la guardia policial del entorno de la sede diplomática peruana, lo que significó una violación de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas.
Este acontecimiento abrió un nuevo capítulo en el ámbito del derecho internacional, así como de la paz en América y sirvió como antecedente del así llamado Éxodo del Mariel que posibilitó la emigración de aproximadamente 125,000 ciudadanos cubanos.​ El embajador peruano Ernesto Pinto Bazurco Rittler mereció el Premio Palmer y ha sido propuesto para el Premio Nobel de la Paz 2016 por su compromiso a favor de la protección de los derechos humanos.

Héctor Sanyústiz


Pero todo cambió el 1 de abril de 1980, cuando una guagua sin pasajeros y manejada por  Héctor Sanyústiz, acompañado por un hijastro y cuatro amigos, se empotró contra una verja adyacente a la entrada principal de la Embajada de Perú, obligando al improvisado guaguero a dar marcha atrás, y arremeter contra la cerca correcta, bajo una lluvia de balas de los custodios, en la que murió el suboficial Pedro Ortiz Cabrera (27) y resultaron heridos el propio Sanyústiz y otro hombre de apellido Gómez.
Gobierno de  cuba  exigió a Perú la entrega de los que habían penetrado por la fuerza en la embajada, pero la firme y diplomática negativa del Encargado de Negocios, Ernesto Pinto-Bazurco Rittler.



Entrevista a Héctor Sanyústiz / Jorge Ferrer

Jorge Ferrer: Tú naces en Oriente y te llevan a La Habana de pequeño. ¿Cómo fue tu niñez en la capital?

Héctor Sanyústiz: Yo nací en Oriente. Cuando llegué a La Habana, con apenas 6 años, nunca había visto un juguete. El primero que vi fueron unos patines de ruedas de hierro. Después de verlos y quedar sorprendido, los sentí estrallados en mi cabeza. De ahí en adelante, el guajirito noble y sencillo se convirtió en un volcán en erupción.

Cuando se venía de Oriente a La Habana, en aquellos tiempos tan difíciles, no era muy fácil subsistir. El hambre y la miseria se daban la mano. En San Miguel del Padrón, que fue donde me crié, encontré una fuente de trabajo, un futuro, y por eso no estudié, en contra del deseo de mis padres. Preferí trabajar escondido y fingir que iba a la escuela. Lo que hacía era madrugar y esperar a las prostitutas que regresaban de su trabajo. Les preguntaba en qué podía ayudarlas desinteresadamente, pero sabía que mi ayuda me iba a dejar propinas. Se trataba de hacerles las compras que ellas me ordenaban cuando abría la bodega a las 8 de la mañana, mientras ellas dormían. También ayudaba a personas incapacitadas, que tenían algún dinero. Nunca lo hacía mostrando interés, pero sabía que mi recompensa venía detrás del favor. De igual manera, ayudaba a quien no me diera nada, porque eso me hacía feliz.

Por aquella época también tuve que aprender a defenderme de otros niños que se burlaban de mí y ahí comencé a romper cabezas, dar galletas, patadas por el culo, hasta que encontré el respeto por la fuerza. Los domingos contaba lo que me había ganado en la semana y lo cambiaba en efectivo. Cuando pasaba por donde los demás niños que jugaban, me acercaba a ellos, me metía la mano en el bolsillo y hacía sonar mi dinero, y así les daba a entender que cuando me gritaban esclavo, por estar trabajando y no querer jugar con ellos, esa era mi esclavitud… Y siempre me llevaba a alguien conmigo al cine, a la matiné, como le llamaban. Luego, lo invitaba a la fonda donde un almuerzo costaba 10 centavos y no te lo podías comer de tanta comida que daban. Me preguntaban: «Héctor, ¿qué quieres comer?» Y yo me reía y pedía «Rubia con ojos verdes», harina con aguacate. ¡Cosa más grande tiene la vida, chaguito!

JF: Y un día, llega la revolución…

HS: Yo seguía adelante con mi vida, hasta aquel fin de año de 1959, cuando yo estaba sentado en una esquinita de la sala de mi casa mirando a todos bailar y de pronto se sintió un bullerío afuera, que se oía por encima de la música alta. Todos gritaban. «¡Se fue Batista! ¡Se fue Batista!», pero en ningún momento escuché a nadie decir el nombre de Fidel. Claro, yo era un niño y estaba asustado, y algunos estaban disparando, la gente estaba como loca en la calle. Unos días después aparecieron Camilo y Fidel juntos, y siempre estaban juntos. Camilo hablaba, no me acuerdo de qué pero hablaba. Después hablaba Fidel y así fueron apareciendo poco a poco los tiranos. Hubo unos días de tranquilidad al menos para mí que era un niño y ni sabía qué pasaba ni me interesaba. Yo seguía en mis trabajitos como siempre, pero de alguna manera sentía como algún tipo de terror, hasta que escuché de unos juicios que se celebrarían en la Ciudad deportiva, y hablaban de un tal Sosa Blanco, y la gente jodiendo decía: «¿Qué pasa si Sosa pasa?», y alguien respondía: «Que te quema tu casa». Bueno, yo no miré mucha televisión, pero se hablaba de fusilar mucha gente y eso me hacía sentir mal. Sólo vi una escena donde una mujer reclamaba y decía a uno de los acusados: «¿Te acuerdas de este hierro, cuando me lo metiste por mis partes?» Para mí que la mujer mentía, porque decía que el hierro estaba al rojo vivo y yo pensé que si el hierro hubiera estado hirviendo esa mujer no estaría haciendo el cuento. Yo pensé en mi padre y en algún momento me comparé con el hijo de algunos de aquellos acusados que inevitablemente iban a morir y sentí cierta angustia. Ya los muchachos de mi edad o un poco más mayorcitos sabíamos que había llegado gente con muchas ganas de matar. A medida que fueron pasando los días, las cosas se fueron calmando y los juicios fueron quedando atrás, y yo también fui perdiendo mi temor. Pero un buen día llegó Playa Girón y el pánico regresó. De nuevo volvieron los juicios y los milicianos regresaban con pedazos de los uniformes de camuflaje de los que habían matado o cogido presos. ¡Ustedes no se imaginan lo que pasamos los niños del comienzo de la tiranía actual! ¿Hasta cuándo habrá gente que todavía apoye a estos hijos de perra?

JF: ¿Qué otros recuerdos tienes de aquellos primeros años de revolución?

HS: Tenía un amiguito llamado Mario como mi padre, y sobrino de Orlando, el dueño de la bodega que estaba en la calle 6 al lado de la Quincalla de Felipe en la Calzada de San Miguel del Padrón… Bueno, no sé qué problema tuvo con unos milicianos en el hospital La Balear, pero lo fusilaron. Cumplí 59 años el 27 de septiembre, y créanme que todavía me duele pensar en mi amigo Mario y el padre que le fusilaron. Llévense a la cama este dolor que todavía siento por mi amigo Mario y piensen, como pensé yo, como se sintió Mario el día que dejó de ver a su padre para siempre. ¡Y todavía esa gente esta ahí haciendo daño! Esa revolución se engrandeció con la sangre que los inocentes derramaron y esos hombres que murieron fueron el aviso de lo que le podía suceder a cualquiera que hiciera un comentario de mal gusto para estos terroristas que todavía mantienen el terror vivo en nuestra Cuba.

Un día sale en el periódico que todas las mujeres que ejercían la prostitución tenían que presentarse en el Departamento de Salud pública para un examen médico, para que pudieran continuar ejerciendo la prostitución. Algunas de las prostitutas de las cuales yo me consideraba empleado no fueron y las que fueron las evaluaron. Las que tenían buena apariencia y no estaban enfermas pasaron a ser miembros del Ministerio del Interior. Las otras terminaron en el famoso UMAP. También recogieron a los chulos, los carteristas, los homosexuales, y los Testigos de Jehová. Todo el mundo quedo sorprendido, las madres desesperadas y hubo un gran descontento pero de afuera para dentro, cuidadito con abrir la boca.

Pocos meses más tarde, aparece una gordita llamada Pastorita Núñez, que creo que era la directora de viviendas ocupadas por los terroristas, una bonita estrategia para calmar el descontento, y en su discurso dice que todos los cubanos que pagaran rentas iban a pagar la mitad y al cabo de 10 años iban a ser dueños de esas propiedades. Al otro día, había cientos de camiones repartiendo una chapa metálica donde decía «Esta es tu casa, Fidel». ¡Qué manera más dramática de calmar el dolor de las madres que les llevaron a los hijos al UMAP! Los únicos que no aceptaron esas chapas fueron los Testigos de Jehová. Hasta en mi casa recuerdo haber leído una…

Después apareció en la revista Bohemia un tipo joven con barba, un rosario y una corona de espinas en la cabeza, ¡parecía el mismito Jesucristo! Muchos sabían quién era, pero los niños no lo sabíamos: Era el Difunto Mal Nacido de Fidel Castro… Recuerdo a todas las viejas, entre ellas mi abuela, con su retrato en un cuadro, en la sala.

JF: Cuéntame cómo llegó un tipo que había militado en las Fuerzas Armadas Revolucionarias, las FAR, a decidir que había que entrar en una Embajada. ¿Cómo fue tu paso por el orden castrista?

HS: Yo milité en el Ministerio del Interior cuando casi iba a cumplir los 16 años, involuntariamente… Y después estuve tres años en la Marina de Guerra, trabajando para el mismo Ministerio del Interior, pero terminé como chofér. Nunca les fui útil. Cuando me tenía que comunicar con ellos en los diferentes códigos, porque los cambiaban para cada comunicación, y ejercer mi función de chivatiente, nunca tenía nada que informarles y les decía que todo estaba en orden. Cuando uno de los que en nombre de la Patria chivateaba a alguien, yo llamaba a mi contacto y daba mala evidencia de ese hijito y terminaba en la Siberia. Todo el que me caía mal lo desaparecía, siempre con cosas relacionadas a la ideología comunista.

Mi paso por el orden castrista fue muy malo. En el año 70, me botaron deshonrosamente de la Marina de Guerra y me condenaron a 10 años de cárcel en la Base Naval de Cabañas, en Pinar del Río, por darle un piñazo en la mandíbula a un Primer teniente y por deserción. Por suerte, cuando Raúl Castro se fue a Rusia a pasar la Escuela Superior de Guerra lo sustituyó el comandante Juan Almeida Bosque, y en el mes de noviembre del 70 concedió una amnistía conocida como Ley # 58 para todos los militares presos. No podían acogerse a esa ley los militares que habían matado a alguien, o los condenados por traición a la patria y robos. Después de quedar en libertad me llamaron de regreso y me ofrecieron un trabajo en el Departamento de hidrografía náutica militar, como civil. No lo acepté y ya no tuve que ver con ellos nunca más. A partir de ahí, mi vida se convirtió en un doble infierno y ya más nunca pertenecí a nada que tuviera que ver con ellos.

JF: Y es entonces cuando te vinculas con el transporte, ¿no?

HS: Sí, porque me fui a manejar taxis. En ese tiempo la chivatería era muy grande, pero yo sabía por dónde me paseaba: ellos me habían enseñado. En el Centro # 1 de autos de alquiler, que le daba servicios a la Terminal de ómnibus, todo el que me olía a chiva y se me enfrentaba, le pasaba los puños. Me hice respetar, y mi apellido, que no era muy común en esos tiempos, era como decir peligro. De ahí me botaron también y en el año 74 me fui a manejar ómnibus al Paradero de Lawton. Allí nadie me conocía y opté por mantenerme en paz y tranquilidad. Conocí un buen amigo al que llamaban por el nombrete de Macuto. Su nombre era René Salazar y era secretario de trabajo voluntario del sindicato y aspirante al partido, pero sentí en él una buena energía y de vez en cuando me pedía que le diera una vuelta voluntaria. Nos hicimos amigos y no me estuvo mal, porque no era chiva. Al cabo del tiempo, me propuso que si quería la secretaría de propaganda del sindicato y la acepté. Eso me amparaba de no hacer guardias ni participar en nada con el Cómite de defensa de la revolución, la mayoría eran chivatientes. Lo lindo del caso es que una tarde llego al paradero y me entero de que el compañero René Salazar, aspirante al partido, se había ido del país con otro amigo mío de nombre Giraldo Caballero, y ahí empezaron mis deseos de seguir el camino de aquel ex aspirante al partido comunista. ¡Aquello fue todo un show! Bueno, de ahí en adelante todos los que eran amigos de él quedaron fichados, pero la ficha que me pusieron a mí no fue de importancia… Ya que yo estaba integrado en el sindicato. A los pocos días explota el secretario de la juventud, de apellido Núñez y hermano de un general del Ministerio del Interior, porque lo cogieron abriendo las alcancías de las guaguas. Ahí ya me di cuenta de que los únicos que no comían cuento eran los guagüeros.

Seguí metiéndome en problemas… Con choféres que creían que yo era chiva, y empecé a romper ojos otra vez, pero esa vez me dio tan fuerte que me fajaba a los trompones en cualquier lugar de Lawton. El descontento entre todos era tan grande que ya no se sabía a quién golpear. La represión que había era demasiada. La policía registraba a la gente en la calle, le quitaba las cosas… La gente ya no respetaba a la policía, y aunque nunca se dijo hubo muchos policías muerto o malheridos, al punto que tenían miedo. Fue entonces que empezaron a traer a policías orientales como yo, pero con diferente sentimiento.



JF: Han pasado más de 28 años desde aquel día en que la guagua impactó contra la verja de la Embajada del Perú. ¿Ha valido la pena?

HS: Claro que valió la pena. Mis acciones hicieron desestabilizar al régimen comunista que nadie quería, pero tampoco desafiaba. A veces recordando ese día sonrío y me pregunto qué estarían tramando esos hijos de puta aquel día, el 1 de abril de 1980. Yo le llame a ese día: «Asalto a la Libertad». Te juro que nunca sentí ni un poquito de miedo al enfrentar aquellas ametralladoras agujereando el autobús. De veras no sé cómo te lo estoy contando… El miedo llego después, cuando a la hora de estar allí sangrando, se apareció Isidoro Malmierca, Ministro de relaciones exteriores, haciendo preguntas que yo contesté de mal humor, hasta hacerlo callar, y decirme: «Mira, firma este documento para que puedas ser atendido en un hospital cubano». Imagínate que el hospital era el Carlos J. Finlay, como sabes un hospital militar. Ahí empezó mi odisea: ofensas, amenazas de que me iban a cortar la pierna donde me había impactado una bala –la otra bala me impactó muy cerca del ano– y me decían que si en realidad me daban asistencia médica, jamás iba a caminar, que ellos se encargarían de eso. Pero dentro de mi miedo oculto, siempre los desafié con humillaciones y les gritaba asesinos, les decía que habían matado a Camilo Cienfuegos, el hombre que el pueblo en realidad quería, y ellos se iban para que yo me callara…

Jorge Ferrer: ¿Cómo sales de Cuba? Tengo entendido que te imponen un pacto de silencio y te vienes a los EE.UU.: ¿te sentías cómodo con él?

Héctor Sanyústiz: El 19 de Abril del 1980, alrededor de las 3 o las 4 de la madrugada, el diplomático que me cuidaba, el joven Federico Espinoza, me dijo que iba a la habitación de Radamés Gómez, mi amigo y también herido de bala superficialmente en la espalda y la cabeza. Federico me dijo que golpeara la pared si sucedía cualquier cosa, que él iba a estar atento. Cinco minutos más tarde se me aparece un general alto y corpulento de la raza negra y me amenaza con que si no me entrego antes de las seis de la mañana, el pueblo se iba a meter en el hospital y me sacaría a pedazos. En esos momentos yo me incomodo, me cago en su madre y le digo que sus tropas especiales, no el pueblo, podían venir por mí, pero de seguro al menos a uno yo me lo comía vivo, y en eso empecé a golpear la pared. Cuando llegó Federico ya el general había abandonado la habitación. Imagínate la pared de aquel hospital era una pared muy gruesa, y yo estaba muy débil, apenas podía golpearla. Tenía una bala alojada en la cadera y me tenían puesta una tracción en mi muslo derecho con unas cabuyas y de ellas guindaban unas pesas. La pierna izquierda la tenía recién operada de una bala que me la había atravesado.

Por fin llegó la mañana siguiente y me esperaba el desayuno de siempre. Las turbas no cesaban de gritarme «¡Paredón!» en la Plaza de la Revolución, «¡Mataste a Pedro Ortiz, un ejemplo revolucionario!»… Todos los alumnos de la Escuela de Medicina del hospital lo hacían todavía más cerca. Yo estaba en el tercer piso y ellos debajo gritándome. Honestamente, no tenía miedo, me daba lo mismo cualquier cosa, pero aquella bulla diaria, todavía hoy, 28 años después, la recuerdo como si la estuviera oyendo.

Bueno, siguieron pasando los días y te juro que en los 21 años de revolución nunca me interesó oír hablar a Fidel, pero estaba loco porque llegara el 1 de mayo. Llegó el desagradable día y en el hospital pusieron el discurso a todo lo que daba. No olvidaré nunca cuando dijo que nosotros jamás abandonaríamos el país, que habíamos sido la gota que había derramado la copa por la muerte del custodio Pedro Ortiz Cabrera. Diez días después del discurso de Fidel, inesperadamente, como a las 10 de la noche, se apareció el capitán Cándido Ferreira, la única persona autorizada por el gobierno peruano para tener contacto con nosotros y me dijo: «Sanyústiz, le traigo buenas noticias». Esperamos a que llegara el diplomático con Radamés, y ya estando los 4 nos dijo que el gobierno de Cuba nos daba la oportunidad de abandonar el país, si queríamos a la mañana siguiente, en el primer avión que saliera para Miami. Yo le dije: «¿Usted está loco? Si Fidel dijo en el discurso que nosotros jamás saldremos de Cuba». Y él me contestó que esa era la información que le habían dado, que al parecer se había producido un cambio. Entonces yo le pregunté por los cuatro que estaban en la Embajada, que si también ellos tenían la misma oportunidad, y me respondió que no, porque ellos no podían entrar a la embajada a negociar con ellos por la cantidad de gente que habían allí, que la oportunidad era solo para mí y Radamés. Yo le dije que él no podía entrar a la embajada pero que el diplomático sí podía, pero insistió en que la oferta era para nosotros dos y más nadie. Rechacé inmediatamente la oferta, a menos que todos pudiéramos viajar juntos. A todas estas, yo estaba pensando que era un acuerdo entre Perú, Cuba y los Estados Unidos. Antes de irse, dijo que lo pensáramos bien, porque era una buena oportunidad de lograr lo que queríamos y además viajando directamente a Miami. Yo le repetí que o salíamos todos o no salía nadie, porque habíamos entrado juntos a la Embajada y sólo nos iríamos juntos si llegábamos a un acuerdo bajo la condición de asilados y protegidos hasta Miami por un diplomático.

A partir de ese momento, fueron cinco días de negociaciones conmigo a solas, ni siquiera en presencia de los dos diplomáticos que nos protegían. Mi respuesta fue siempre la misma. Por fin, en la madrugada del 16 de mayo apareció alguien, en mi libro está su nombre, y me dijo en tres palabras que me iba al día siguiente por el Mariel y si no lo hacía me atuviera a las consecuencias. Con la misma, salió de la habitación. Uno de los que lo acompañaban regresó un instante después y me dijo que no se me fuera a ocurrir decir nada de aquello a nadie, ni siquiera al oficial que estaba al frente de mi caso. E insistió: «Busca la manera de aceptar la salida, buscando un pretexto». Yo quise hacer una pregunta, pero me cortó y me dijo: «No preguntes nada, pero si no cumples, ya verás lo que te espera…»

JF: ¿Cómo fueron tus primeros años en los EE.UU.?

HS: Los primeros años estuvieron llenos de amenazas, secuestro de mi hijo de solo cinco años, hubo amenazas de muerte por teléfono… Con decirte que cuando me encontraba a algún amigo me escondía para que no me reconociera. Cuando me llevaron a procesar al aeropuerto de Opa-locka un chofer de autobús me reconoció y me dijo sorprendido: «Mentira, no me lo puedo creer. Sanyústiz, ¡tú nos has dado la libertad!».

Allí había una señora con un altoparlante y pidió que hicieran silencio para dar una noticia que interesaba a todos lo presentes, ¡más de 15.000 personas! Todos callaron y la señora dijo que el chofér del autobús gracias al que todos los que estaban allí habían llegado a los Estados Unidos, se llamaba Héctor Sanyústiz y también estaba gozando de la misma libertad y estaba junto a ellos. Para mí fue una satisfacción muy grande e inesperada que tanta gente aplaudiera mi acción de muerte o libertad. Me ericé como me está pasando en estos momentos en que te lo cuento, Jorge.

Enseguida la prensa me cayó arriba. Por suerte el FBI me rescató y no dejó que contestara ninguna pregunta. De ahí desaparecí hasta el año 1998 cuando me dio un ataque al corazón y tuve que ser intervenido quirúrgicamente. El resto, si le interesa a alguien, está en mi libro, donde se cuenta la pequeña historia de un joven de 30 años que sin proponérselo casi desata una Guerra civil en mi país, Cuba, y dejó un régimen sediento de sangre como un vampiro y desestabilizado moralmente para siempre.

JF: Me consta que has sido parco en tus relaciones con los periódicos. Y sé que ha habido desencuentros y enojos. ¿Qué pasa? ¿Eres tú quien no ha sabido administrar la memoria o los que te han abordado no han sabido hacerlo?

HS: Mira, Jorge, yo soy una persona sencilla y nunca me ha gustado hacer eco de lo que hice, y menos me he tildado de héroe. Al contrario, cuando me han preguntado si yo me considero un héroe he dicho que no y simplemente no me gusta que alguien no entienda que cuando me ha pedido una entrevista, y le diga no, es no. En el 2005 yo vivía en North Hollywood, California, y se conmemoraba el 25 Aniversario del Mariel. Una mañana me llaman por teléfono de Univision, la señora Leticia Herrera, y me invita a viajar a Miami para dicho festejo. Le dije simplemente que no. Leticia insistió, pero no acepté. Entonces me dijo que viajaría a California y que si yo quería íbamos a los estudios de Univision y allí me entrevistaba. También me propuso invitarme a los estudios de Hollywood y presentarme a un marielito que se llama Rene Lavan, pero le reiteré mi negativa y le pedí que saludara al muchacho y le dijera que me siento orgulloso de que un marielito haya llegado a un nivel tan alto como actor de cine. Luego me llamaron de nuevo de Univision para lo mismo, otra persona de la cual no quiero dar su nombre para ignorarla, la considere una estúpida por algo que me dijo despectivamente y, muy sencillito, la mandé bien lejos.

Jorge, cuando yo digo no, te juro que no hay dinero que me compre el Sí. Al día siguiente me llamo la señora María Elena Salinas, yo no estaba, me dejó sus teléfonos y la llamé: una señora muy respetable, una verdadera periodista, me pidió una entrevista para un diario que ella escribe que se llama La Opinión, y con mucha pena, porque a esa señora yo la he visto en todos los eventos y la considero la mejor mujer periodista latina que existe en estos momentos, le dije también que no. Recuerdo que me dijo: «Yo soy de llamar una sola vez». Y le contesté: «Así actúan los buenos periodistas». Lamenté no darle la entrevista a Maria Elena, pero cuando tomo una decisión la cumplo, y esa se llamaba No.

Yo sí he sabido administrar mi memoria, pero la prensa siempre pierde la memoria y publica lo que le da más ganancias.

Ahí tienes a Mirta Ojito que escribió un libro del Mariel, me encontró y me pidió que le contara de mí. Lo hice con la condición de que no podía escribir nada de lo que yo le contara y me engañó, porque hizo todo lo contrario. Luego un día apareció con un contrato de la compañía que iba a publicar el libro que escribió para que yo lo firmara autorizándola a que contara en su libro lo que habíamos conversado. No lo firmé, se puso brava conmigo porque la compañía publicitaria no la aceptó, se buscó otra compañía y publicó el libro. No sé cómo le hizo. Sus agradecimientos por haber llegado a este país fueron para el capitán del barco que la trajo y para Napoleón Vilaboa, un tipo que no es aceptado aquí en Miami por traicionar al exilio…

En otra ocasión, el rapero Pitbull hizo un CD musical con un DVD llamado El Mariel. Su abogada y manager, Angela Martínez, me prometió dinero por una entrevista para el DVD y al final en la entrevista salió mi escritor José Paredes que a mis espaldas concedió una entrevista sobre mí y el Mariel y según él no cobro nada. El pago que recibí yo fue una invitación al evento del lanzamiento del CD-DVD, y ahí no quería darle entrevistas a nadie. Fui porque quería enfrentar al rapero. Al fin, una cubana haciéndose pasar por española me logró sacar una entrevista y resultó que eran los paparazzi. De ellos no quiero mencionar ni los nombres para no darles crédito pero en sus comentarios uno de ellos dijo que yo ni era héroe y mucho menos el «Padre del Mariel», que en todo caso era la abuela del Mariel y que yo no era un buen ejemplo, que había venido aquí por hambre y no por ser perseguido político, que si me quería regresar a Cuba, él me pagaba el pasaje. Por eso te había pedido la ayuda de un abogado, para demandarlo, y para eso sólo me quedan días ya que eso fue el 17 de Octubre del 2006, y yo tengo el video. Con estas dos gentes son con las que yo vivo con cierto rencor en mi vida, la primera es marielita y este tipo según tengo entendido vino también por el Mariel…

JF: Más de cien mil cubanos escaparon de la pesadilla del castrismo gracias a ti. Muchos son prósperos empresarios, mientras tú vives en el anonimato y la escasez. ¿Qué se siente? ¿Rabia por la ingratitud? ¿Indiferencia? ¿Crees que el exilio ha sido justo contigo?

HS: Mira, Jorge, al que Dios se lo dio que san Pedro de lo bendiga. Nunca he sentido rabia de nada ni de nadie… Quizás si estas personas hubieran sabido quién era yo puede ser que me hubieran tendido la mano, pero yo de mi tema nunca le hablé a nadie. ¿De qué manera iban a saber quién era yo? Los injustos del exilio ya te los mencioné: fueron dos o tres, pero tampoco siento ni odio ni rencor por ellos, lo que siento es lástima…

De los cubanos prósperos, empresarios y millonarios que vinieron por el Mariel, me siento superorgulloso, porque supieron aprovechar la buena oportunidad y sé que no les fue fácil para tener lo que tienen hoy en día. Sólo siento mucha admiración por ellos y que Dios los bendiga y que sigan adelante. Tú no te imaginas lo afortunado que me siento cuando un cubano que haya venido por donde sea, triunfe: ¡ahí yo también me siento un triunfador! En cambio, cuando un cubano se porta mal y es noticia, eso daña mi salud, y ahí sí siento rabia y me pregunto porqué tuvo que ser un cubano.

Cuando conocí a la señora Fabiola Santiago de The Miami Herald, me dijo: «Héctor, en estos 18 años de tu anonimato, aquí han venido a verme más de 30 choferes, haciendo el cuento tuyo, pero los récords no aparecían y, sencillamente, la historia no era creíble, hasta que apareciste con tus balazos, el récord del FBI, amigos tuyos y familiares… Entonces dijimos: “Este es el hombre del famoso titulo de Padre Del Mariel”», que fue un decir del prestigioso abogado Wilfredo Allen, que después, El Nuevo Herald lo comercializó y de ahí me quedé con el famoso título. También me da mucho gusto que 40.000 haitianos hayan recibido el mismo estatus que nosotros los Marielitos.

La única marielita que en cuanto leyó el artículo sobre mí, en The Miami Herald se apresuró a agradecerme ser una mujer profesional y afortunada gracias a mí, fue la Señora Anabel Ávalos, quien en ese tiempo trabajaba o trabaja en un buffet de unos prestigiosos abogados y me ofreció su ayuda legal si la necesitaba… En estos imperiosos momentos la necesito, pero no puedo contactarla debido a que perdí sus teléfonos. También reconozco a un gran hombre como el señor Salomón, dueño de un autopart para piezas de camiones, que todavía en el año 2002, cuando lo visite con Mirta Ojito, tenía en el mostrador de su Autopart una cajita que decía: «Le rogamos una donación para los hermanos cubanos en Perú». Nos enseño la caja vacía a Mirta y a mí y nos dijo que nadie cooperaba y el tenía que mandarles dinero de su negocio para que pudieran subsistir. Pensé que Mirta lo iba a incluir en el libro, pero no fue así. ¡Qué mujer más desagradable, tú! Lo único que pido es que no compren ese libro que sólo está lleno de mentiras y con muchas cosas que la relacionan con el comunismo, como por ejemplo las fotos. La carátula del libro muestra a una joven muy sonriente en un campo de café como voluntaria por la escuela donde estudiaba, y para colmo en el medio del libro hay otra foto con ella vestida de pionera junto a la directora de la escuela y su maestra. También tengo mucho respeto por el señor Ciro del Castillo, un hombre con unos sentimientos muy grandes, un fiel amigo y defensor de la causa del Mariel, y que conste que a este señor no lo conozco personalmente, pero me gustaría conocerlo y darle un apretón de manos y un gran abrazo.

JF: Y Cuba, ¿qué? ¿Te sigue interesando lo que pasa allá?

HS: Por favor, Jorge, fíjate que sigo siendo un auténtico ciudadano cubano de primera clase. Le agradezco infinitamente a este país, que me acogió como uno más de ellos, pero nunca me ha interesado ser ciudadano de los Estados Unidos. Quiero, si Dios me lo permite, regresar como cubano que ha perdido los mejores años de su vida en este glorioso país. Además, ¿a qué cubano le deja de importar lo que pasa en su país?

Estoy a favor del embargo al gobierno terrorista cubano en su totalidad. Y exhorto a los generales, de cualquiera de las instituciones del gobierno narco-terrorista comunista de mi patria, que se rebelen y le den a Raúl Castro por donde más le duela. También, queridos generales, quiero que si en Cuba hubiera una rebelión, por favor, bajen sus armas, no las usen, olviden aquel estúpido discurso de Fidel donde decía que primero la patria y después la familia. Recuerden que en ese pueblo también se encuentran sus familiares, hijos, madres, padres, hermanos, nietos y amigos. Disparen contra los que nos han hecho sufrir por estos últimos 50 años de terror. En nuestro glorioso exilio los respaldaremos. Y yo les estaré muy agradecido todos los años que me quedan de vida.




Septiembre 7, 1998
'Padre del Mariel' vino a Miami en 1980

Fabiola Santiago, The Miami Herald


Durante los últimos 18 años, Héctor Sanyústiz ha sido uno más entre los anónimos refugiados del Mariel que luchan por adaptarse a la vida en Estados Unidos tratando de encontrar un trabajo bien pagado y criando a un hijo.
Pero hubo un momento en la vida de Sanyústiz en la que todo estuvo fuera de lo común. Sus acciones sumergieron a tres países en un caos diplomático, cambiaron para siempre la vida de cientos de miles de cubanos y estremecieron el sur de la Florida.
Sanyústiz, que se recupera ahora en la casa de su hermana en Opa-locka de una operación a corazón abierto, fue el hombre que en 1980 irrumpió en la embajada del Perú en La Habana, bajo una lluvia de balas disparadas por los guardias cubanos.
Su dramática búsqueda de la libertad fue la llama que prendió el conflicto diplomático que llevó a 10,000 cubanos a inundar la embajada en un fin de semana, y echó a andar la estampida marítima del Mariel, que en tres meses trajo al sur de la Florida 125,000 refugiados.
Hasta ahora, el paradero de Sanyústiz había sido un misterio.

``Yo no quería decirle a nadie quién yo era o hablar de lo que hice'', dijo Sanyústiz, de 49 años. ``No soy del tipo de gente que anda por ahí diciendo que es un héroe''.

Sanyústiz accedió a contarle a The Miami Herald su historia, porque considera que ha pasado tiempo suficiente como para que el gobierno cubano no emprenda más represalias contra la familia que dejó en Cuba. Un hijastro que estaba con él en el autobús quedó en la isla y cumplió tres años de prisión.

``No quiero morir sin contar mi historia'', dijo Sanyústiz. Desempleado, con una salud frágil y con poco dinero, tiene la esperanza de que un cineasta serio quiera comprar los derechos de su historia y lleve su vida al cine.
The Herald pudo verificar la identidad de Sanyústiz mediante los récords estatales de la Florida; documentos federales; recuentos en los periódicos estadounidenses y cubanos de los acontecimientos de 1980; documentos personales de Sanyústiz y entrevistas con familiares y amigos.
Para los muchos que recuerdan ``los 10,000 de La Habana'', como se conoció a los refugiados en la embajada peruana, la revelación de que Sanyústiz logró llegar a Estados Unidos en la estampida marítima del Mariel y que ha vivido en este país todos estos años constituye una verdadera sorpresa.
``Es la única historia del Mariel que no ha sido contada'', dijo Wilfredo Allen, un abogado de Miami que ayudó a reubicar a los refugiados durante el éxodo. ``Este hombre es como el padre del Mariel''
Muchos creen que Sanyústiz y las otras cinco personas que iban en el autobús permanecieron en Cuba, viviendo bajo la protección diplomática de Perú a fin de evitar ser encarcelados.
La historia de cómo Sanyústiz logró llegar a Estados Unidos es tan espectacular como los propios acontecimientos que tuvieron lugar el martes 1o de abril de 1980.

Los antecedentes: Era casi imposible obtener una visa para salir de Cuba. Los cubanos sólo tenían dos opciones: intentar un peligrosísimo cruce a través de costas fuertemente custodiadas, o buscar asilo en una embajada amiga bajo un acuerdo existente entre los países latinoamericanos.
Chofer de autobús desempleado, con 31 años de edad, Sanyústiz observó la actividad en torno a las embajadas durante casi un año. Al final decidió que la embajada del Perú era la más accesible.
Tramó el plan para aplastar la verja de la embajada junto con otros tres amigos: Radamés Gómez; Francisco Díaz Molina, chofer de la Ruta 79, que pasaba por la Quinta Avenida, frente a la embajada peruana, y María Antonia Martínez, en cuya casa los tres hombres se entrevistaron secretamente.
La tarde del 1o de abril, Sanyústiz manejó el autobús No. 5054 de Díaz Molina, fingiendo ser un aprendiz ``para acostumbrar a la gente a que me viera allí'' y para adquirir práctica en la conducción del nuevo vehículo.
A últimas horas de la tarde, Díaz Molina se comunicó con sus jefes, diciéndoles que una de sus gomas estaba peligrosamente desinflada y que iba a regresar para repararla. Todo era mentira.
En su lugar, hizo que los pasajeros bajaran del autobús y más adelante se detuvo para recoger a cuatro personas: Gómez; Martínez y su hijo de 12 años, Lázaro Vega, y el hijastro de Sanyústiz, de 18 años de edad, Arturo Quevedo.
Antes de partir, Díaz Molina buscó una medalla de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre. Le pidió que rezaran a la santa patrona de Cuba pidiendo su protección.
Uno por uno, todos besaron la dorada medalla.

A unas cinco millas de la embajada peruana, Díaz Molina le pasó el timón a Sanyústiz. Gómez se sentó detrás de Sanyústiz, Díaz Molina en las escaleras. Todos los demás se acostaron en el piso del autobús.

Cuando estaban ya cerca de la embajada, Sanyústiz hizo un giro brusco y se estrelló contra una cerca. Pero había doblado demasiado pronto; esa no era la entrada. Cuando se dio cuenta de su error, Sanyústiz retrocedió, avanzó unas cuantas yardas más, proyectando el autobús a través de la verja de entrada
Los centinelas cubanos que custodiaban la embajada rociaron de balas el autobús. Dos balas hicieron blanco en Sanyústiz, una en su pierna izquierda, la otra en la nalga derecha. Gómez sufrió heridas superficiales en la cabeza y la espalda.
Una bala mató a uno de los guardias, un policía del Ministerio del Interior, de 27 años. El gobierno cubano culpó a los secuestradores. Los peruanos declararon que un guardia accidentalmente le había disparado al otro.
Pero una vez dentro de la embajada, los cubanos estaban en territorio peruano y libres de arresto.
Los peruanos llevaron urgentemente a Sanyústiz y a Gómez al Hospital Militar Carlos J. Finlay para que les curaran las heridas. Los otros cuatro se quedaron en la embajada, al tiempo que las relaciones entre ambos países se iban deteriorando. Cuba quería que les entregaran a los asilados para su procesamiento. Los peruanos rehusaron.
El gobierno cubano, furioso, retiró a sus guardias de la embajada de Perú el Viernes Santo. Cuando la noticia se diseminó por toda La Habana, la gente comenzó a dirigirse por montones hacia la embajada. El sábado, los buscadores de asilo llegaban a más de 300. Ya al anochecer se contaban miles. El Domingo de Pascua, más de 10,000 personas se apretujaban en los terrenos pidiendo asilo político.

Al aumentar la presión, Cuba respondió anunciando la apertura del puerto de Mariel para quienes quisieran irse. En Miami los cubanos reaccionaron montando manifestaciones masivas en apoyo de los buscadores de asilo, alquilando todos los barcos disponibles y saliendo para recoger a los familiares.
A lo largo de La Habana, las turbas que apoyaban al gobierno tiraban piedras y huevos a los que querían irse, gritándoles insultos: ``¡Escoria!''. El tabloide Verde Olivo exhibía grandes titulares: ``Dejen que todos se vayan, ¡pero ellos no! ¡Ellos nunca se irán!'', decía refiriéndose a Sanyústiz y a los otros en el autobús.
También había turbas gritando ``¡Paredón... paredón!'' frente a la ventana de Sanyústiz en el hospital. ``Yo pensé que era seguro que moriría, o al menos que fuera a la cárcel por mucho tiempo'', recuerda Sanyústiz.
Para su sorpresa, representantes de los gobiernos cubano y peruano le hicieron una oferta de que se fuera calladamente a través del puerto de Mariel.
Sanyústiz pensó que era una trampa para quitarle su protección diplomática. Repetidas veces rehusó la oferta, hasta que su escolta peruano lo convenció de que era verdadera. Entonces les dijo que sólo se iría si su esposa Lucía y su hijo de cinco años, Héctor, también se iban.
El funcionario cubano que negociaba con él y con los peruanos aceptó, pero con una condición: Sanyústiz no le podía decir a nadie quién era.
En la noche tormentosa del 16 de mayo, Sanyústiz y su familia fueron llevados al Puerto del Mariel y montados a bordo del camaronero Gulf Star, rumbo a Cayo Hueso. Pero el hijo de Lucía, Arturo Quevedo, fue arrestado cuando trataba de salir de la embajada pretendiendo ser otro refugiado más, camino al Mariel.
``Hasta la fecha no sé cómo estoy aquí... por qué me dejaron salir'', dijo Héctor Sanyústiz.
Sólo reveló su identidad al FBI, que le aconsejó mantener una actitud discreta
Al principio, la familia vivió con otros refugiados de Mariel en hoteles de Miami Beach, pagados por organizaciones de relocalización. Sanyústiz y su esposa pudieron encontrar trabajos de mantenimiento.
Pero Sanyústiz dice que sus heridas, que eran recientes y todavía dolorosas, le impidieron hacer ciertas labores. Mientras limpiaba las escaleras en un hotel, se cayó y la escoba que llevaba le volvió a abrir la herida de la pierna. El propietario del hotel le dio $800 (casi el sueldo de un mes) y lo despidió.
Con el dinero se compró un Oldsmobile de 1972 y salió a buscar otro trabajo.
El y su esposa habían oído hablar de un lugar en Hialeah que compraba latas de aluminio, por lo que se pasaron varias noches recogiendo latas por todo Miami Beach. Regresaron a Hialeah para descubrir que todo ese trabajo duro iba a producirles solamente $8.
Los trabajadores sociales lo relocalizaron en Chicago, y luego en Houston, para probar su suerte. Pero la promesa de un buen trabajo se evaporó.
La suerte de la familia cambió cuando se mudó a la próspera área de Orlando, donde el matrimonio encontró trabajo fijo: ella en un vivero de plantas, él manejando un camión de construcción. En 1987 habían ahorrado suficiente dinero para el pago de entrada de una casa de $52,000 en Winter Garden. Hace dos meses, Héctor Sanyústiz vino a Miami para quedarse con su hermana gemela y buscar trabajo. Pero sufrió un ataque cardiaco. Lo llevaron urgentemente al Hospital Jackson Memorial, donde se sometió a una cirugía de desvío coronario para reparar tres arterias tupidas.
A pesar de las vicisitudes, dice que no lamenta nada.
``Me cansé de la opresión, de no ser nadie'', expresó Sanyústiz. ``Todos tienen el derecho a vivir como seres humanos''.


Copyright © 1998 El Nuevo Herald

miércoles, 15 de abril de 2020

"Marielitos" cubanos que poblaron Miami revisan los 40 años del éxodo masivo.-a


16/04/2020 

Miami (EEUU), 15 abr (EFE).- "El mayor cambio posible en mi vida", así describe a Efe el periodista Hugo Landa el viaje que lo sacó definitivamente de Cuba, junto a 125.000 compatriotas, durante el puente marítimo Mariel-Cayo Hueso, que este miércoles cumple 40 años desde que la primera de las 2.000 embarcaciones salió hacia EE.UU.

Hoy director de Cubanet, la publicación digital de asuntos cubanos más antigua (1994) que se edita en Miami, Landa dice a Efe que "la mayoría de los asilados en la embajada fuimos incluidos como 'antisociales' entre las personas que la dictadura obligó a llevarse en los barcos a los exiliados que iban a reclamar a sus familiares".
El éxodo del Mariel fue consecuencia de la entrada violenta de seis cubanos en 1980 en la embajada de Perú en Cuba para pedir asilo político, que les fue concedido. En represalia, las autoridades cubanas retiraron la vigilancia y protección de esa misión diplomática, que recibió más de 10.800 personas en cuatro días, Landa entre ellos. Poco después, el entonces presidente cubano, Fidel Castro, anunció la apertura del puerto de Mariel, a unos 40 kilómetros de La Habana, para quien quisiera salir de Cuba. Landa llegó a una ciudad no tan poblada como ahora y mucho más recortada de lo que es hoy su trazado urbanístico."Para Miami tiene que haber sido muy difícil asimilar esa avalancha de refugiados llegados en solo 5 meses", reflexiona.

"Hay que tener en cuenta además que en aquellos momentos Estados Unidos atravesaba una profunda crisis económica, con gran desempleo e inflación. Recuerdo que todo el mundo nos decía: 'la cosa aquí está mala', algo que yo nunca entendí porque no había libreta de racionamiento y a mí todo me parecía maravilloso", recuerda.
En unas 2.000 embarcaciones de pequeño calado arribaron con él a EE.UU. familias enteras, pero también otros que dejaban atrás a los suyos y en algunos casos no los volvieron a ver.
El Mariel fue una válvula de escape que Castro utilizó para enviar no solo disidentes, sino también personas que cumplían condenas y fueron sacados de las cárceles con la condición de marcharse definitivamente del país.
El documental "En sus propias palabras" (1980), de los realizadores Jorge Ulla y Lawrence Ott, Jr., recogió las impresiones de esos cubanos que pisaban suelo estadounidense tras una travesía peligrosa y hacinados en pequeños barcos, entre ellos el escritor Reinaldo Arenas (1943-1990).
La condición para embarcar a sus familiares en Cuba era que los patrones llenaran sus yates y subieran a gente que nunca había visto.

"Es cierto que entre los refugiados había delincuentes infiltrados por el régimen que, como es de esperar, comenzaron a hacer de las suyas", afirma el periodista.
Landa asegura que "los delincuentes eran solo una pequeña minoría, pero eran los que salían en el noticiero, porque los noticieros normalmente no informan sobre la gente que se levanta todos los días para ir a una fábrica a trabajar".
Para el director de Cubanet, "son muchos los marielitos triunfadores que uno encuentra en todas las esferas de la vida en Estados Unidos".
"Los que llegaron siendo aún niños ya rondan o sobrepasan los 50 años y son como cualquier 'americano'. Yo llegué joven, con 27 años, y ya tengo 67", detalló.
"Todos los del Mariel sabíamos que no había regreso a Cuba, ni siquiera como turistas, porque la dictadura no lo permitió hasta que pasaron casi 20 años, creo que por eso nos concentramos de lleno en vivir y progresar aquí", acotó el periodista.
El puente marítimo del Mariel duró seis meses, dos semanas y dos días, desde el 15 de abril hasta el 31 de octubre de 1980.
Anteriormente, Cuba había hecho una operación similar durante el puente marítimo conocido como "Camarioca", en 1965 y durante el gobierno del entonces presidente estadounidense Lyndon Johnson. EFE

domingo, 5 de abril de 2020

Carlos Alberto Montaner: A 40 años de éxodo del Mariel.-a

Ya no se trataba de batistianos, burgueses, terratenientes y otras personas ricas, sino de trabajadores y estudiantes, negros y mestizos y combatientes de las FAR y el propio MININT.


Hace 40 años que ocurrió el “éxodo del Mariel”. Ciento veinticinco mil cubanos arribaron a Estados Unidos entre el 15 de abril y el 31 de octubre de 1980. Jimmy Carter no fue reelecto como presidente del país en las elecciones de noviembre de ese año como consecuencia, al menos en parte, de su manejo de la crisis. Se negó a seguir los consejos de un almirante implacable: “Yo no he sido elegido presidente de Estados Unidos para matar refugiados”. Tampoco el gobernador de Arkansas, Bill Clinton, pudo repetir su mandato. Lo acusaron de “blando” por acoger a unos centenares de cubanos en Fort Chaffee. Menos del 10% eran locos o criminales, pero el estigma les afectó a todos los “marielitos”, e incluso a los cubanos en general. Cuarenta años después, los “marielitos” tienen un desempeño económico y social semejante al de la media blanca norteamericana, pero han servido, además, para revitalizar el mundo artístico hispano en Estados Unidos.

Todo comenzó cuando llegó a Cuba un joven diplomático peruano llamado Ernesto Pinto-Bazurco Rittler. Sería el nuevo Encargado de Negocios de la legación de su país en La Habana. Afortunadamente para los cubanos, el embajador en propiedad estaba fuera de la Isla. De lo contrario, probablemente todo hubiera sido diferente. El 1 de abril, a bordo de un autobús conducido por Héctor Sanyustiz, viajaba media docena de cubanos desesperados por salir del país. Estrellaron el vehículo contra la entrada de la embajada y lograron franquear el portón. Los guardias dispararon, hiriendo a Sanyustiz, pero le costó la vida a uno de los policías. Murió víctima del “fuego amigo”.
Como consecuencia del incidente, Fidel Castro solicitó a los diplomáticos peruanos que entregaran a los nuevos asilados. Pinto-Bazurco se negó, y el “Máximo Líder” de la revolución decidió darles un escarmiento: levantaría la custodia de la Embajada para que los peruanos sufrieran la presencia incómoda de unas docenas de disidentes legítimos entre los que camuflaría a unos cuantos de sus agentes de seguridad.
Craso error. En tres días entraron en la embajada 10.856 personas: 5 personas por metro cuadrado de jardín. Fue un caso único en la historia de las relaciones entre países. Eran una muestra absoluta de la sociedad: había médicos, ingenieros, agricultores, abogados, gente muy educada, menos educada y nada educada. Había personas vinculadas a la revolución, incluso miembros del Partido Comunista, y desafectos. Había niños llevados por sus padres, adolescentes estimulados por la aventura y ancianos. No eran solo habaneros. Se corrió la voz por toda la isla.

“Yo –le dijo Fidel- soy el que decide en este país las personas que vivirán o morirán”.

Continuaron las presiones sobre el diplomático Pinto-Bazurco. Una noche lo recogieron en la embajada. El Comandante quería verlo. Se proponía intimidarlo personalmente. Fidel primero fue amable. Pinto-Bazurco se mantuvo en sus trece. Era abogado y diplomático. Se aferraba a la defensa de ley y de los Derechos Humanos. Se atrevió decirle a Fidel que el responsable de que se hubieran asilado casi once mil personas en tres frenéticos días era quien eliminó la guardia que custodiaba el recinto diplomático, violando las leyes internacionales. Pero cuando, para salvar vidas, el peruano rechazó la propuesta de que solicitara el allanamiento de la embajada por parte del ejército, Fidel se indignó. “Yo –le dijo- soy el que decide en este país las personas que vivirán o morirán”.

Al cabo, Fidel aceptó, de hecho, que se había equivocado. Organizó un puesto de mando cerca de la embajada. Le preguntó a Víctor Bordón, uno de sus comandantes, cuántas personas estaban contra la revolución. Bordón le dijo que había oído que la mitad del país. Fidel lo insultó y lo echó del recinto. Era asombroso que, cuanto él más brillaba, era mayor el rechazo. Había triunfado en Angola, en el Ogaden y en Nicaragua, se había convertido en la cabeza de los No-Alineados, pese a ser un prosoviético consumado, y en Cuba crecía la protesta. Fidel no entendía que el costo de su liderazgo y de la presencia de la Isla en los asuntos internacionales era inmenso. Los cubanos querían ser razonablemente felices, no héroes forzados al sacrificio de sus vidas por un personaje sediento de gloria.
Fidel enseguida pensó en trasladar el problema a los odiados gringos. Lo había hecho en 1965. Provocó una crisis, admitió que los cubanos del exilio recogieran a sus parientes, lo que se convirtió en un dolor de cabeza para el gobierno de Lyndon Johnson, y les dio salida por el puerto de Camarioca. Washington entró por el aro. Estableció una válvula de escape legal y le llamó “Vuelos de la Libertad”. Entre 1965 y 1973 salieron 300.000 cubanos ordenadamente. Otros dos millones se quedaron almidonados y compuestos, listos para partir.
En 1980 insistió en el mismo esquema. Primero creó el conflicto. De nuevo autorizó la flotilla de exiliados que recogieran a su parentela, pero para evitar vacilaciones utilizó y «quemó» a Napoleón Vilaboa para iniciar los viajes. Se trataba de un teniente coronel de la inteligencia infiltrado entre los exiliados que le fue muy útil a La Habana. Sólo cambió el puerto de salida. En esta oportunidad no sería Camarioca, sino Mariel.
Un camarógrafo apellidado Muiñas –eso me lo contó llorando en Madrid-, cuando dijo que se iba del país, lo obligaron a caminar de rodillas entre compañeros de trabajo que lo escupían, insultaban y golpeaban. Perdió un ojo en la golpiza.
Fidel aprovechó para insultar a todos los presuntos emigrantes. Los llamó “escoria”, “gusanos” y sacó a los niños y jóvenes de las escuelas para los “mítines o actos de repudio”.  Los estudiantes mataron a algún maestro que descubrieron “fugándose”.
Granma, el diario del Comité Central, compiló una lista de cien insultos para gritarles a los “malnacidos” que habían decidido emigrar. Fue una época terrible. Fidel desde la tribuna hablaba de un “gen” revolucionario. Era una especie de nazi desatado. Un camarógrafo apellidado Muiñas –eso me lo contó llorando en Madrid-, cuando dijo que se iba del país, lo obligaron a caminar de rodillas entre compañeros de trabajo que lo escupían, insultaban y golpeaban. Perdió un ojo en la golpiza.
Todos debían embarrarse las manos de sangre. El cantautor Silvio Rodríguez participó en un acto de repudio que duró varios días contra Mike Porcel, su talentoso compañero de la Nueva Trova. Nunca pidió perdón por su miserable proceder. Porcel ni siquiera pudo largarse de Cuba. Debió permanecer en la Isla, como “no-persona”, durante nueve años. Al académico Armando Álvarez Bravo no lo dejaron embarcar junto a su mujer y sus hijas. A la esposa la mandaron a Perú. A Armando, unos años más tarde, le permitieron emigrar a España. El régimen cubano, impulsado por Fidel, se dedicaba a dividir y disgregar a las familias.
El castrismo odiaba a los homosexuales, al extremo de encerrarlos en campos de concentración en los años sesenta para “curarles” la perversidad por medio del intenso trabajo agrícola. El régimen tuvo que aplazar esa monstruosidad y cerrar los campos por la presión internacional que, en este caso, provenía de la izquierda. Pero Fidel Castro vio en el éxodo de Mariel la oportunidad de librarse de miles de homosexuales acusados de ser “contrarrevolucionarios por naturaleza”. ¿No había, según Aristóteles, “esclavos por naturaleza”? Pues había, también, personas genéticamente incompatibles con un proceso político inspirado por el marxismo-leninismo: los homosexuales.
Vale la pena subrayar que no hubo propósito real de enmienda cuando cerró los campos de concentración de la UMAP en los que aglomeró homosexuales y creyentes. La homofobia de los años sesenta seguía intacta en los ochenta. Los homosexuales fueron maltratados durante el éxodo de Mariel y después. Las asambleas laborales y estudiantiles, en las que públicamente se les acusaba de esta “conducta impropia”, fueron frecuentes en la década de los ochenta.

Entre las películas filmadas sobre aquellos hechos, elijo En sus propias palabras, del cineasta Jorge Ulla.
Afortunadamente, el crimen y las barbaridades que les hicieron a los “marielitos” fueron documentados por medio de la prensa, libros y películas. Uno de los libros que más impacto causó fue Mañana de la periodista Mirta Ojito. Tenía 15 años cuando abordó el barco que le dio su nombre a la obra. Hay una descripción minuciosa de lo que sucedió en ese episodio terrible de la historia del castrismo. Otro libro valioso fue Al borde de la cerca de Nicolás Abreu, escritor de lo que llaman “Generación de Mariel”, a la que se adscriben, entre otros, sus hermanos Juan y José, el poeta y narrador Vicente Echerri o Luis de la Paz, aunque no necesariamente pasaron por el trauma de “cayo Mosquito” (el lugar inhóspito y desolado en el que esperaban la embarcación que les llevaría a la libertad).
Entre las películas filmadas sobre aquellos hechos, elijo En sus propias palabras, del cineasta Jorge Ulla. Dejo que sea él quien le ponga fin a este doloroso recuento:

“La película En sus propias palabras fue una encomienda de la administración Carter. La idea era documentar cómo las diferentes agencias gubernamentales prestaban sus servicios en medio de la crisis. Cuando se escuchó lo que decían los recién llegados se reveló ante todos otra película: la de un testimonio coral que desmontaba una serie de mitos ambiguos sobre Cuba — se hacían visibles muchas grietas sociales a través de las cuales muchos de los enamorados del «proyecto cubano» podrían, de repente, cuestionar o revalorizar aquel proyecto de una manera crítica. En el documental de 29 minutos hablaban con desazón desde el trabajador, un ciudadano de a pie, hasta un novelista de la talla de Reinaldo Arenas. Sería la primera vez que Arenas hablaba ante una cámara.  Se trataba de un fenómeno insólito que hallaría su mejor repercusión entre la intelectualidad y las izquierdas más entusiastas.  De pronto, el paraíso era una fuente de desencanto.

El presidente Carter le agarró cariño a esa película y estuvo mostrándola en la Casa Blanca a varios invitados. La USIA la pasó en más de 50 países. Jack Anderson escribió en The Washington Post algo exagerado: «bastaron 29 minutos para revelar lo que pasa en Cuba». Como era un material de la USIA no se podía exhibir en Estado Unidos. Una resolución del Congreso permitió que se pasara aquí y, además, que quedará archivada en la Biblioteca del Congreso.  A partir de eso, la vieron en cientos de universidades y bibliotecas públicas”.
Ahí, en menos de media hora, Ulla cuenta la infamia de Mariel. Cuarenta años después el documental conserva toda su vitalida.

Publicado el 04 de abril, 2020

lunes, 9 de julio de 2018

Discurso de Fidel Castro sobre los marielitos.-a




DISCURSO PRONUNCIADO POR EL COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO RUZ, PRIMER SECRETARIO DEL COMITE CENTRAL DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA Y PRESIDENTE DE LOS CONSEJOS DE ESTADO Y DE MINISTROS, EN EL ACTO CONMEMORATIVO DEL PRIMERO DE MAYO, EFECTUADO EN LA PLAZA DE LA REVOLUCION "JOSE MARTI", EL 1º DE MAYO DE 1980, "AÑO DEL SEGUNDO CONGRESO".

Compatriotas:

Sabemos cuántas horas llevan ustedes ya de pie en esta plaza (EXCLAMACIONES DE: "¡No!"). Les pedimos solo un esfuerzo más (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel, amigo, el pueblo está contigo!")

Bueno, vamos a dar ahora otra prueba de disciplina. Vamos a guardar silencio.

Decía, o trataba de decir, que cuando en la tarde de hoy veníamos hacia este acto, pudimos ver de nuevo el increíble espectáculo de las calles absolutamente vacías. ¿Podíamos imaginarnos la magnitud de este acto? Suponíamos que habría de ser un acto grande, suponíamos que sería el más grande de todos los 21 años de la Revolución, pero realmente era imposible imaginar su magnitud. Quizás solo desde la torre, quizás desde el aire, quizás solo gráficamente, por medio del cine o de la televisión o de la fotografía, se pueda llegar a ver lo que es este acto (EXCLAMACIONES DE: "¡Es el pueblo que te quiere!" Y APLAUSOS).

No lo digo o no lo aprecio pensando en lo que significa de respaldo para nosotros. Lo digo y lo aprecio pensando en lo que significa de respaldo para nuestras nobles y justas ideas revolucionarias, lo que significa de respaldo para nuestra causa revolucionaria (APLAUSOS).

Se trataba de mostrar nuestra fuerza, pero no simplemente por mostrarla. En estos días se ha estado librando una batalla de masas como jamás se había estado librando en la historia de la Revolución, tanto por su volumen como por su profundidad. Los hechos que lo motivaron son conocidos. ¡Era necesario hacer esto! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Que se vayan, que se vayan!" Y "¡Pim, pom, fuera, abajo la gusanera!") Había que mostrarle al enemigo y enseñar le al enemigo que con el pueblo no se juega (EXCLAMACIONES DE: "¡No se juega!" Y APLAUSOS). Había que mostrarle al enemigo que con la Revolución no se juega (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES). Había que demostrarle al enemigo que a un pueblo no se le puede ofender impunemente (APLAUSOS y EXCLAMACIONES DE: "¡No!"), que a un pueblo no se le puede amenazar impunemente (EXCLAMACIONES DE: "¡No!"). Y esta imagen que vemos aquí es la que soñaban destruir: la imagen de lo que es el pueblo, ¡el verdadero pueblo revolucionario, el pueblo proletario, el pueblo trabajador, el pueblo campesino, el pueblo combatiente, el pueblo estudiante! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡El pueblo unido jamás será vencido!")

Creyeron a lo mejor que la Revolución se había debilitado (EXCLAMACIONES DE: "¡No!"), y vean ustedes qué "débil" revolución han descubierto (EXCLAMACIONES DE: "¡No!" y "¡Que se vayan, que se vayan!"), vean ustedes qué clase de revolución se han encontrado. Por eso hacía falta librar esta batalla.

Como ustedes conocen, en los últimos meses nuestro Partido, nuestro pueblo, venían librando una lucha tesonera y abnegada por la exigencia, por superar las ineficiencias, por vencer las dificultades; calladamente, sostenidamente, se venía realizando este importante trabajo desde hacía meses. Podría decirse que a esa tarea estaba consagrada nuestra Revolución, nuestro pueblo, nuestro Partido, y a las tareas productivas, en primer lugar a la zafra y a la siembra; enfrentándonos a los problemas de las plagas del tabaco, de la caña, de la fiebre porcina, que misteriosamente, ¡misteriosamente!, han aparecido casi simultáneamente en nuestro país; enfrentando los problemas diversos de nuestro proceso revolucionario, luchando por el desarrollo, luchando por mejorarlo todo, dentro de nuestras posibilidades materiales, preparándonos para el Congreso de nuestro Partido. En esa tarea estábamos.

Pero, ¿por qué surge esta situación? Esto no es casual, pero ocurre que, corno en todas las circunstancias anteriores, cada vez que se han metido con nosotros han salido peor, cada vez que nos han provocado han salido perdiendo.

Ustedes conocen los hechos, y si no se tratara de la presencia de periodistas extranjeros no haría falta hablar mucho de los antecedentes. Pero la cuestión se desencadena a partir de las provocaciones en las embajadas de Perú y Venezuela.

Todo el mundo sabe que el imperialismo quería afectar las relaciones entre Cuba y Venezuela y Cuba y Perú, desde hace mucho tiempo viene con esa idea maquinando cosas.

No podemos olvidarnos de que fue precisamente en Venezuela, y con participación de venezolanos, que se fraguó, gestó y ejecutó, el monstruoso crimen de Barbados, uno de los más indignantes actos que ha ocurrido en todo el período revolucionario. Todos sabemos que esa gente no ha sido ni siquiera juzgada, y que a menudo, incluso, se habla de que van a ser puestos en libertad, porque tienen relaciones viejas algunos de ellos con el partido gobernante de Venezuela.

No podemos olvidar que en el Perú fue la Marina de ese país —la Marina de ese país, y lo sabemos, creo que no se atrevan a discutirlo—, ¡la Marina de ese país!, agentes a sus órdenes, los que hundieron nuestros dos barcos pesqueros, Río Jobabo y Río Damují. Una increíble provocación. Pero, además, tampoco podemos olvidar cómo el convenio de pesca existente entre Cuba y Perú, que llevaba tiempo, que funcionaba perfectamente bien, que era útil, muy útil para los peruanos, pues ayudaba a producir alimentos para los peruanos y ayudaba también a producir alimentos para nosotros, fue cancelado unilateralmente, también en virtud de las imposiciones de la Marina, y para fraguar convenios particulares en virtud de los cuales un individuo, sin poner nada, nada más que con poner el nombre, se convertía en millonario. No podemos olvidar cómo el Gobierno de Perú incumplió el contrato de la construcción de 20 barcos atuneros que concertamos con ellos, en relación con lo cual nuestro país se gastó por otro lado decenas de millones de dólares en una planta de procesar pescado; y, sin embargo, ni siquiera fue cumplido el contrato, no fueron construidos los atuneros, y nos quedamos nosotros con la planta procesadora y sin los atuneros.

Todo esto va teniendo su historia y sus antecedentes. Lógicamente que estas cosas fueron enfriando las relaciones que en un tiempo fueron cálidas y estrechas con el Gobierno Revolucionario de Velasco Alvarado (APLAUSOS), relaciones que se abrieron en aquellos días difíciles de Perú, a raíz del terremoto cuando nuestro pueblo, a un llamado de la Revolución, a pesar de que no existían relaciones diplomáticas, realizó 100 000 donaciones de sangre en 10 días, y se ofrecieron nuestros médicos y nuestros enfermeros, y se ofrecieron nuestros obreros de la construcción, y se ofreció nuestro pueblo para ayudar al pueblo hermano de Perú (APLAUSOS). Al pueblo hermano de Perú, sí, porque al pueblo de Perú, como al pueblo de Venezuela, los llamamos y los seguiremos llamando siempre pueblos hermanos (APLAUSOS).

Con gusto al pueblo le dimos nuestra sangre, porque es el pueblo el que muere por lo general en esas catástrofes, pues son sus casas las que se caen; las casas de los ricos, de los burgueses, son antisísmicas. Si tenemos que volver a hacer lo mismo por el pueblo de Perú, lo haríamos; como volveríamos a hacerla por el pueblo de Chile si se repiten las circunstancias que determinaron la donación de parte de nuestra azúcar racionada, como recordaba ayer en hermosa carta Laura Allende.

¡Ese es nuestro pueblo! Este pueblo que está aquí, este pueblo de trabajadores, de soldados (APLAUSOS); el pueblo internacionalista, el pueblo de los gloriosos combatientes de Angola y de Etiopía, el pueblo donde más de 100 000 soldados y reservistas de sus Fuerzas Armadas han cumplido ya misiones internacionalistas (APLAUSOS); el pueblo que cuando piden maestros para Nicaragua, ofrece 29 500. ¡Ese, ese es este pueblo, no los lumpens que quieren presentar como imagen del mismo, no la escoria que se alojó en la embajada de Perú! (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Que se vayan!", "¡Abajo la escoria!", "¡Que se vayan todos los que no quieren trabajar!", "¡Pim, pom, fuera, abajo la gusanera!") Eso fue lo que más ofendió al pueblo.

Aquellos polvos, ¡y otros polvos!, trajeron estos Iodos, y aquellos vientecitos trajeron estas tempestades. Y algo extraño que no pasaba en ninguna otra embajada, venían elementos maleantes, delincuentes, lumpen, que si iban a pedir allí la visa no se la daban ni locos. No les daban la visa. Cuando penetraban por la violencia, lanzando un camión o lanzando un ómnibus sobre la cerca, ah, entonces los recibían con todos los honores, los amparaban, los asilaban, les pagaban el pasaje y los recibían como héroes. Eso no podía traer otras consecuencias que estimular al lumpen a realizar esas actividades, no podía tener otro resultado.

Y de nada valió la paciencia que tuvimos, prácticamente durante años, explicándoles que eso era incorrecto, que eso iba a traer malas consecuencias, que eso iba a estimular la violencia contra las sedes diplomáticas, que no se debía continuar con esa política. En reiteradas ocasiones les resolvimos el problema, porque decían que no querían vivir con aquellos tipos allá dentro; ya nosotros podíamos haber dicho: quédenselos ahí toda la vida. Pero, por favor, nos decían, no queremos vivir con esta gente, y les autorizábamos la salida de los individuos. Lo hicimos reiteradas veces, y siempre ocurría lo que preveníamos: inmediatamente que salía un grupo entraba otro. Era así.

¿Pero por qué en las embajadas de Venezuela y de Perú? ¿Por qué no ocurría eso en la embajada de México, por ejemplo? ¿Por qué no ocurría en la embajada de Guyana, o en la embajada de Panamá, o en la embajada de Jamaica? Para no hablar ya de Nicaragua y Granada, que ni a un loco se le ocurre entrar allí lo mismo con un tanque que con un camión.

No se le ocurre, no se le ocurre, porque el lumpen sabe y conoce a los gobiernos casi tan bien como nosotros. Y saben que México tenía una actitud amistosa con Cuba, no iba a permitir esa canallada, ni esas irregularidades, ni lo iba a permitir Panamá, ni lo iba a permitir Guyana, ni lo iba a permitir Jamaica. ¿Por qué estas cosas ocurrían precisamente en las embajadas de Venezuela y de Perú?

Claro está, que detrás de todo esto, detrás del crimen monstruoso de Barbados, detrás de los barcos hundidos en el Perú, detrás de las cancelaciones de los convenios pesqueros, detrás del incumplimiento del contrato de construcción de los 20 atuneros, detrás de todo eso y detrás de todas estas provocaciones está la CIA.

Hasta que se produjo la muerte del soldado Ortiz Cabrera (APLAUSOS), hasta ahí llegó la paciencia, hasta ahí. Se había llegado al punto en que no podíamos tolerar más, y dijimos: que a cualquier precio —y entiéndase bien—, a cualquier precio había que ponerle fin a las provocaciones. Y cuando la Revolución dice: está dispuesta a poner fin a algo a cualquier precio, todo el mundo puede Estar seguro de que le pone fin a cualquier precio (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: " ¡Seguro! ")

Sencillamente le retiramos la custodia a la embajada y nosotros sabíamos lo que iba a pasar, porque no se puede estar estimulando durante tanto tiempo al lumpen por parte del imperialismo y por parte de los lacayos del imperialismo ofreciéndole villas y castillas, ofreciéndole el paraíso, ofreciéndole todo, llenándolos de ilusiones; mientras, por otro lado, les cierran la entrada a sus países. Cosa curiosa: los alientan a penetrar ilegalmente por la fuerza, los alientan a salir ilegalmente; pero no les dan entrada si lo solicitan normal y pacíficamente.

Nosotros sabíamos que cuando se retirara la custodia, tan pronto el lumpen supiera que no había custodia se llenaba la embajada de lumpen. Y así ocurrió exactamente. Podría decirse que el lumpen hizo lo que se esperaba que hiciera.

Bien, hubo que restablecer una custodia provisional, porque la custodia en esa embajada es provisional. Quiero advertirlo, ya que está por resolver el problema todavía de qué se hace con los que penetren por la fuerza en una embajada (ALGUIEN GRITA: "¡Retirarle la custodia!") Ahora no tiene mucha importancia retirarla, porque le hemos retirado la custodia a la Península de la Florida, que es mucho más grande (APLAUSOS). Hemos tenido que quitar la custodia a la Península de la Florida, tienen un camino más fácil para ir a Estados Unidos (APLAUSOS).

Inmediatamente el imperialismo aprovechó este problema, toda la prensa burguesa y derechista del hemisferio y del mundo, para lanzar un diluvio de calumnias y de propaganda contra Cuba. Nosotros lo esperábamos. Pero esta batalla se gana, se está ganando y se va a ganar completa, porque desafiamos no solo las amenazas militares yankis; desafiamos los monopolios de la información imperialista; desafiamos el barraje, desafiamos la campaña, con absoluta sangre fría.

Si no se está dispuesto a desafiar los riesgos de cualquier tipo, los riesgos de agresión militar como los riesgos de su propaganda, no se puede dar respuesta adecuada al enemigo; intimidarse frente a la propaganda es como intimidarse frente a los fusiles enemigos. No hay que tener miedo a nada: eso lo hemos aprendido perfectamente durante 21 años.

Pero ellos desataron la campaña internacional basándola en la idea de que el pueblo quería irse, de que había muchos disidentes, sobre todo esta idea: disidentes. Hay lumpen ahí, en esa embajada —como ustedes lo pudieron ver en el documental de cine—, que no saben ni lo que es la palabra disidencia (RISAS).

Entonces orquestaron su campaña alrededor de esto y, por supuesto, en primer lugar la prensa imperialista, y como es de imaginar la prensa reaccionaria y derechista del hemisferio y del mundo dirigida contra el socialismo, contra el comunismo, contra la Revolución Cubana.

Parejamente a esto, los yankis venían haciendo exactamente lo mismo que ocurría en las embajadas de Venezuela y Perú. En los últimos meses, en los últimos meses se venía produciendo un incremento de las salidas ilegales. Los individuos secuestraban embarcaciones, se llevaban los tripulantes como rehenes muchas veces, entonces eran recibidos en la Florida como héroes, como disidentes, como patriotas, etcétera. Y se lo advertimos, se lo advertimos reiteradamente por los canales diplomáticos. Se lo advertimos también públicamente, porque de eso hablamos precisamente el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, en la clausura del Congreso. Les advertimos por todas las vías las consecuencias que podía tener esto y que Camarioca podía abrirse de nuevo.

Ese día se planteó cuál ha sido, es y será la política de la Revolución, una idea esencial nuestra, y es que la obra de una revolución y la construcción del socialismo es tarea de hombres y mujeres absolutamente libres y absolutamente voluntarios (APLAUSOS). Quien no tenga genes revolucionarios, quien no tenga sangre revolucionaria, quien no tenga una mente que se adapte a la idea de una revolución, quien no tenga un corazón que se adapte al esfuerzo y al heroísmo de una revolución, no lo necesitamos en nuestro país (EXCLAMACIONES DE: "¡Que se vayan!") y son en definitiva una parte insignificante del pueblo; porque lo que quieren ocultar los imperialistas, lo que les duele reconocer son algunas verdades; por ejemplo, que no hay revolución que tenga la fuerza de masas militantes que tiene la Revolución Cubana (APLAUSOS).

Es decir, nuestra Revolución... no es bueno hacer comparaciones con alguien, no es agradable nunca, pero ciertamente la fuerza de masas, la fuerza moral, la fuerza política, la fuerza ideológica que tiene la Revolución es tremenda, y cuando se le pone a prueba vean los resultados, la marcha del 19 de abril, vean esta concentración de hoy; pero no solo por el número, sino fundamentalmente la calidad y el espíritu del pueblo (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Que se vaya la escoria, Fidel!")

Esa es la imagen que el imperialismo quiere ocultar, porque no le conviene, quiere hacer que los pueblos pierdan la fe en Cuba, quiere que los pueblos se desalienten con relación al ejemplo de Cuba. Además, en todo este hemisferio —vamos a descontar a Nicaragua y a Granada, pero a lo mejor ellos estarían de acuerdo con nosotros—, a pesar de todo, a pesar de que todavía nos queda lumpen desgraciadamente, a pesar de que todavía nos quedan elementos desclasados, que nos quedan elementos antisociales, somos los que menos elementos antisociales y lumpen tenemos en todo el hemisferio, el país de América donde hay menos índice de robo, a pesar de que hay ladrones, de menos índice de crimen, índices ínfimos de droga, no hay prostitución, y no se tolera y está totalmente prohibido el juego.

Todavía los granadinos y los nicaragüenses no han podido superar esa situación y les llevará tiempo superarla, porque nosotros tampoco la pudimos superar ni el primero ni el segundo año de la Revolución.

Pero no hay una sociedad con un ambiente moral más sano que el de nuestra sociedad en todo este hemisferio (APLAUSOS); no hay una sociedad con más valores morales que los que ha alcanzado esta sociedad nuestra al cabo de 21 años de revolución, con un sentido de la justicia, con un sentido del honor, con un sentido de la dignidad, con un aprecio y una admiración por el mérito, por el trabajo, por el sacrificio. Y se demuestra cada vez que se pone a prueba. Como otras veces hemos dicho, a raíz de las guerras de Etiopía y Angola, cientos de miles de cubanos se ofrecían voluntarios para participar en esas luchas. Lo demuestra el hecho de que tenemos 50 000 compatriotas nuestros, entre militares y civiles en el extranjero; lo demuestra el hecho de que técnicos cubanos trabajan en 35 países (APLAUSOS).

Y al imperialismo no le quedaban aliados aquí. Al principio tenía a los burgueses, los terratenientes; tenía elementos vacilantes de la clase media, incluso de la pequeña burguesía; pero ahora, ¿en quién van a encontrar aliados? ¿En los obreros? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¿En los campesinos? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¿En los estudiantes? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¿Van a encontrar aliados en nuestros honestos trabajadores manuales e intelectuales? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") ¡No! Al principio buscaban aquellas clases porque existían como clases explotadoras en nuestro país y eran sus aliados, ahora les queda solo el lumpen, es el único aliado potencial del imperialismo; y algunos que tienen mentalidad de lumpen o se confunden con el lumpen, sencillamente; pero es el único aliado potencial que le queda al imperialismo, y de ahí es de donde tienen que empezar a inventar sus refugiados, sus asilados, sus disidentes.

Y decía que parejamente con esto Estados Unidos estaba estimulando las salidas ilegales del país, y eso es lo que en el fondo ha originado la apertura del Puerto de Mariel. ¡Mariel!, que ya ha superado ampliamente a Camarioca; Camarioca era una bobería al lado de Mariel (DEL PUBLICO LE DICEN: "Mariel, Florida, le abrimos ya una herida"). Dicen: Mariel, Florida, le abrimos ya una herida (RISAS). Pero mira, más bien fue una especie de autoherida, te voy a explicar.

Porque lo curioso es que esta vez no fuimos nosotros los que tomamos la iniciativa de abrir Mariel, no, la iniciativa la tomaron de allá. Al calor de la situación y de la campaña creada en los propios Estados Unidos sobre los sucesos de la embajada de Perú, de la Florida surgió espontánea la idea de enviar embarcaciones a recoger a este lumpen, y entonces nosotros simplemente nos limitamos a decir que no los recibiríamos a cañonazos porque no venían en son de guerra y que serían atendidos con toda cortesía, y se abrió eso que no sé si es una autoherida, un harakiri o algo de eso, pero se abrió. Ahora vamos a ver cómo se cierra, cómo se puede cerrar eso (RISAS), hay que ver ahora, hay que ver. Están haciendo un servicio sanitario óptimo (RISAS), óptimo. Ahora se quejan.

Dicen que hay delincuentes, como si fuera un descubrimiento realmente, como si estuvieran asombrados de encontrar algunos delincuentes. ¿Pero quiénes creen que se introdujeron y alojaron en la embajada de Perú? ¿Que eran intelectuales, artistas o técnicos, ingenieros? ¿Qué creían, qué creían ellos que se había alojado allí? Creían que era propaganda de nosotros, creían que estábamos cometiendo una injusticia y estábamos llamando a los "pobrecitos disidentes", lumpen. Y ese fue el tipo de elemento que constituía la inmensa mayoría de los que se alojaron en la embajada de Perú. Claro, algunos de ellos llevaban familia, no vamos a decir que un niño sea un lumpen, es una desgracia que un niño sea hijo de un lumpen, es una terrible desgracia. Pero la inmensa mayoría de la gente que estaba allí era de ese tipo: lumpen.

Algún flojito como dijo alguien (RISAS), algún descarado que estaba tapadito. Ustedes lo saben, los Comités saben eso bien, mejor que nadie, saben que alguna gente de esa se coló también, que por cierto, son los que producen más irritación, los simuladores.

Ahora, bueno, se abrió Mariel, y nosotros estamos cumpliendo estrictamente, rigurosamente, nuestra consigna: que todo el que desee marcharse para cualquier otro país donde lo reciban, que se marche (EXCLAMACIONES DE: "¡Que se vayan!"); y que la construcción del socialismo, la obra revolucionaria, es tarea de hombres y mujeres libres. No olvidarse de este principio, no olvidarse de este principio, que tiene un gigantesco valor moral (APLAUSOS).

Ahora, no le hemos dado salvoconducto y pasaporte solo al lumpen que se alojó en .la embajada, no. A todo lumpen que lo solicite, a todo el que lo solicite. Pero, claro, los lumpens dijeron: "¡Este es el día internacional del lumpen!" (RISAS) Cuando oyeron decir eso, pues muchos lumpens quieren su pasaporte y su salvoconducto. ¿Y qué vamos a hacer? ¿Por qué se lo vamos a negar? Como dice Granma, "sería injusto e inconstitucional".

Entonces, ¿qué creen que van a recibir allí? Claro, al principio, ¡ah!, se llevaban al burgués refinadito, al terrateniente bien vestidito, y se llevaban el médico, el profesional... Y médicos, recuerden que se llevaron la mitad de los que había en este país: teníamos 6 000 y se llevaron 3 000. Ahora es muy difícil que se lleven un médico, pero muy difícil, porque son médicos de otra calidad. Primero los que quedaron aquí, los mejores; luego médicos formados en otro espíritu solidario, en otro espíritu humano, médicos que no están mercantilizados. Y tenemos bastantes. Lo demuestra que hay alrededor de 1 500 médicos cumpliendo misiones internacionalistas. Ya no es el tipo de ingeniero, de arquitecto, de profesor, de los primeros tiempos de la Revolución, no (APLAUSOS).

Porque hay que decir que en esta batalla se han demostrado muchas cosas interesantes. Empezaría por decir la increíble participación de la juventud, la combatividad y el fervor de nuestra juventud, porque esta ha sido la primera gran batalla de toda una generación de jóvenes (APLAUSOS). La masiva participación de las mujeres, cosa notable; pero, además, la actitud de los intelectuales, los trabajadores intelectuales, de los periodistas, de los escritores, de los artistas, de los técnicos, de los profesionales, de los médicos, ¡una actitud magnífica! Hay que decir que han estado en la primera línea en esta batalla también los trabajadores intelectuales, ¡y ni qué decir tienen los estudiantes!

Claro, el imperialismo antes seleccionaba. Bueno, ¿cómo va a seleccionar ahora? Como dice Nuez, no les queda más remedio que tragarse el sable completo hasta la empuñadura (EXCLAMACIONES). Esa es la situación.

Pero, bueno, este no era solo el problema; este era parte del problema. Simultáneamente con esto, y la gran campaña, se anunciaron las maniobras militares en el Caribe —eso ya era más serio—, con desembarco aéreo y naval en la Base de Guantánamo. Eso era más serio, más serio, pero más serio si tomamos en cuenta la situación mundial; más serio si analizamos la política crecientemente agresiva del imperialismo hacia nosotros.

Porque si en los primeros tiempos de esta administración hubo algunos gestos que se podían considerar positivos, más adelante y progresivamente los elementos más reaccionarios, los llamados halcones dentro del gobierno de Estados Unidos iban imponiendo su línea, y esa línea era cada vez más agresiva contra Cuba.

Esto no empezó ahora, esto empezó a raíz de la Reunión de la Sexta Cumbre de Países No Alineados. Ellos estaban irritados por la fuerza de Cuba, el prestigio de Cuba, las posiciones de Cuba y las victorias de Cuba en el Movimiento de los No Alineados. En medio de la Conferencia Cumbre desataron aquella descomunal e hipócrita campaña sobre el personal soviético que estaba en Cuba; un personal, una cantidad de personal militar soviético que estaba en Cuba en número similar desde hacía 17 años, desde la Crisis de Octubre, algo que no tenía nada que ver con los Acuerdos de la Crisis de Octubre, un personal militar soviético. Eso lo sabían los yankis, lo sabían; lo sabían desde entonces, y lo sabían todos los presidentes. Y de repente "descubren" que hay un personal militar soviético. Ellos decían que era una brigada, a nosotros no nos dio la gana de llamarla brigada, y la llamamos de otra forma, creo que fue Centro de Estudios Número 12. Da lo mismo, la nomenclatura no tiene mayor importancia. Pero sí, no negamos que estaba ese personal, que están ahí, y estamos muy contentos de que ese personal haya estado ahí durante 17 años. ¡Lo que nosotros sentimos es que no haya más centros de estudio, que no esté el número 13, el número 14, el número 15! (APLAUSOS) Porque estaríamos mucho más satisfechos todavía si dispusiéramos de unos cuantos centros de estudio más de ese tipo, porque son centros de estudio magníficos, se los advierto.

Pero lo sabían. Ahí es donde está la hipocresía, el fariseísmo del imperialismo. Sin embargo, en medio de la Conferencia arman un gran escándalo con todo eso, empiezan una gran campaña, que después resultó incluso que afectó el prestigio del Gobierno de Estados Unidos. Porque, que vinieran a descubrir eso a esa hora... Y se vio obligado a adoptar ciertas medidas.

Pero parejamente con eso, parejamente, y tomando eso como pretexto, organizaron un comando de tropas para el Caribe, y lo pusieron por ahí por la Florida, por Cayo Hueso, establecieron un mando operativo de fuerzas mixtas.

La preocupación fundamental de ellos estaba determinada por el triunfo revolucionario en Nicaragua y el creciente auge del movimiento revolucionario en Centroamérica. Empezaron a preparar un dispositivo de intervención. Y, claro, utilizaron el pretexto del personal militar soviético en Cuba, y lo utilizaron también para empezar a hacer presiones sobre nosotros y amenazas sobre Cuba, y ya realizaron a fines del año pasado una maniobrita por Guantánamo. Pero ya esta maniobra era mucho mayor, más voluminosa, más medios, más soldados, más extraña. Y dijimos: No, no, no, eso no puede ser. No nos vamos a quedar tan tranquilos con la idea de que van a organizar, así, esa maniobra.

Eso, como se ha dicho, es un vulgar ensayo de invasión a nuestro país, un descarado ensayo de invasión en nuestro propio territorio. Eso es realmente lo que resulta intolerable, lo que resulta inaceptable: una maniobra de cómo invadir a Cuba en nuestro propio territorio.

Las maniobras se convirtieron en un problema serio, y nosotros no nos íbamos a quedar cruzados de brazos. Por cierto, inmediatamente se adoptaron las medidas para movilizar el Ejército de Oriente, y con refuerzo de otras provincias organizar una maniobra de las Fuerzas Armadas Cubanas frente a la maniobra yanki (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel, seguro, a los yankis dales duro!") Era lógico que el ciclón recurvara hacia Estados Unidos, y hacia Estados Unidos recurvó el ciclón.

Bien, Estados Unidos le ha impuesto a Cuba un bloqueo que tiene más de 20 años, ¡un bloqueo económico duro!, que prohíbe la venta, incluso, de alimentos y medicinas, ¡hasta medicinas! Es una cosa brutal, desde hace 21 años.

Estados Unidos ocupa un pedazo de nuestro territorio por la fuerza y contra la voluntad de nuestro pueblo. ¿Y en qué doctrina, y en qué principios, y en qué ley, en qué legalidad se puede basar el hecho de mantener una base naval en el territorio de otro país contra la voluntad del pueblo? Eso no tiene ninguna base legal, ni jurídica, ni moral, ni de principios alguna; es simplemente un acto de fuerza.

Estados Unidos envía sobre el territorio de Cuba los modernísimos aviones SR-71 que vuelan entre 25 000 y 30 000 metros, a velocidades muy altas, que son esas explosiones especiales que cada cierto tiempo se escuchan en todo el país, porque la rotura de la barrera del sonido va creando las explosiones a todo lo largo del país, y se estremecen las paredes, se estremecen los cristales, se estremecen las ventanas cada vez que pasa el SR-71 (ALGUIEN DICE: "¡Hay que derrivarlos!") No es tan fácil derribarlos, no es tan fácil, técnicamente no es fácil.

Ahora, ¿es legal hacer eso? ¿Es legal bloquear a nuestro país? ¿Es legal tener una base naval en nuestro territorio?

¿Es legal violar nuestro espacio aéreo? (EXCLAMACIONES DE: "¡No!") Y esas cosas hacen. Y además, la maniobra.

Pero no hizo eso solo el imperialismo a lo largo de estos años. Bueno, aquí lo han mencionado muchos de los compañeros que han hablado, y recordaron la Coubre, recordaron Girón, recordaron Escambray, recordaron los sabotajes, recordaron los planes de subversión, recordaron los intentos y la introducción de enfermedades en nuestra agricultura, recordaron los planes de asesinato de los dirigentes de la Revolución, recordaron Barbados, recordaron muchas cosas, porque son muchos hechos los que se le pueden recordar a Estados Unidos.

Entonces, no fue que nosotros caprichosamente volcáramos el huracán que comenzó por la embajada de Perú hacia Estados Unidos, sino que el curso natural del huracán era Estados Unidos, y el curso natural de la lucha contra esas violaciones y ese chantaje era que suprimiéramos las restricciones de salida por mar retirándole la custodia a la Florida. Era el curso natural y no tiene que haber sido tan sorpresivo para ellos, porque ellos sabían que eso iba a ocurrir. Y como dije, formalmente no fuimos nosotros los que abrimos Mariel, se abrió desde allá, y allá nosotros no tenemos policías. Eso es asunto de ellos, trabajo de ellos allí, puesto que si nadie les quiere obedecer las órdenes, es un problema de ellos. Pero nosotros tenemos derecho y es legal lo que hacemos dentro de nuestro territorio al autorizar la salida de los antisociales que quieren marcharse. ¡No obligamos a nadie, en absoluto!, entiéndase bien. ¡No hemos deportado nunca a nadie! ¡Ah!, pero estamos en nuestro absoluto derecho de autorizar la salida de los antisociales, y es lo que estamos haciendo. Bien, pero se está poniendo interesante esta batalla.

En el día de hoy, ya desde por la mañana empezaron a llegar cables y noticias de que los yankis habían suspendido el desembarco naval en Guantánamo. Oigan eso. Incluso, una estación de radio norteamericana, en horas de la madrugada, había dicho que se había suspendido el naval, pero no el aéreo.

Pero ya hoy en horas de la tarde se pudo conocer la información oficial, y se pudo comprobar tanto por la Oficina de Intereses norteamericana en La Habana, como la Oficina de Intereses cubana en Washington, que envió este cable abierto. Dice: "Acabamos de hablar con el señor Myles Frechette, jefe del Buró de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, quien confirmó que las maniobras militares proyectadas en Guantánamo han sido totalmente canceladas" (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel, aprieta, que a Cuba se respeta!") "Frechette comentó que se había comunicado con la emisora ‘Voz de las Américas’ para señalarle el error sobre una versión difundida de que se mantendría la parte correspondiente al lanzamiento de paracaidistas de dicha maniobra."

Parece ser, dicen que la van a realizar ahora por allá por la costa de la Florida y por la costa este de Estados Unidos. Aunque sabemos que esas maniobras, en definitiva se realizan contra nosotros y Centroamérica y el Caribe, desde luego, no vamos a discutir su derecho a hacer maniobras allá en territorio norteamericano. Lo que discutimos es el derecho a realizar maniobras en territorio cubano.

Si esto es así, no hay dudas de que se trata de un notable éxito de la lucha de nuestro pueblo y de la solidaridad internacional (APLAUSOS). Por ello el Gobierno cubano suspenderá las maniobras especiales que con el nombre de Girón-XIX realizaría el Ejército Oriental, y que se iniciarían el día 7 de mayo (APLAUSOS).

Pero la marcha del pueblo combatiente va, ¡la marcha del pueblo combatiente va! (APLAUSOS), porque la marcha no era solo contra las maniobras, sino también contra el bloqueo, contra la base de Guantánamo, y contra los vuelos espías de los SR-71 (APLAUSOS), y hay que evitar que los yankis pretendan sacar como ventaja que el pueblo se desmovilice en medio de la batalla (EXCLAMACIONES DE: "¡Nunca!") La marcha del pueblo combatiente tiene que ir, y tiene que ir con más fuerza todavía que la marcha del 19 de abril (APLAUSOS). Es una movilización del pueblo contra el bloqueo, contra la base de Guantánamo, y contra la violación de nuestro espacio aéreo. No debemos quedarnos callados sencillamente, y debemos expresar ante la opinión pública mundial nuestra repulsa y nuestro espíritu de lucha contra eso.

Bien, si el Gobierno de Estados Unidos anuncia que ha suspendido el bloqueo contra Cuba, que va a devolver nuestro territorio ocupado de Guantánamo y que va a suspender los vuelos de los SR-71, entonces, muy bien, nosotros gustosamente suspendemos la Marcha del Pueblo Combatiente (APLAUSOS). No lo van a hacer, no lo van a hacer; pero van a respetarnos un poquito más, van a aprender un poquito más sobre Cuba, van a aprender a respetar más a Cuba (APLAUSOS Y EXCLAMACIONES DE: "¡Fidel, aprieta, que a Cuba se respeta!"). Porque ellos han suspendido la maniobra, pero no han renunciado a la prerrogativa que se atribuyen de volver a hacerla dentro de tres meses, dentro de cuatro o cinco meses, en otro momento que consideren que hay circunstancias más propicias, de tipo internacional o de otra índole. Por lo tanto, lo que tienen es que renunciar a su presencia en este pedazo de nuestro territorio nacional.

Por eso, nosotros mantendremos estas tres banderas, y organizaremos la marcha. Ellos dicen que yo la organizo. Dicen: "Eso es organizado por Castro." Fueron ciertamente las organizaciones de masas. Claro que las masas tienen sus líderes políticos, y las masas tienen su Partido; no andamos con hipocresía de ninguna clase, pues igual que aquí estamos, estamos en todo (APLAUSOS); no andamos haciendo ficciones, ¡no andamos haciendo ficciones! Estamos unidos, y tenemos un Partido, tenemos una Dirección; pero, claro, el Partido no puede organizar la marcha, no puede. Solo a través de las organizaciones de masas se puede organizar la marcha, solo a través de las organizaciones de masas se puede organizar este acto, y solo a través del milagro de una Revolución se puede crear el entusiasmo de un acto como este. Esas son realidades.

Ahora bien: todo el pueblo ha participado en eso, todo el pueblo ha participado, como estamos participando en este acto.

Entonces, la Marcha se llevará a cabo el sábado 17 de mayo, el 17, no el 8; porque el 8 empezaban las maniobras, pero no era el día exacto en que iban a hacer el desembarco anfibio. Entonces, el sábado 17 de mayo tendrá lugar la Marcha del Pueblo Combatiente en todo el país. Esta vez no será un millón, yo calculo alrededor de 5 millones de personas los que desfilen ese día a lo largo y ancho de nuestra patria (APLAUSOS).

Pero, claro, por eso yo digo: no debemos vanagloriarnos del éxito, no es hora de vanaglorias. El enemigo todavía existe, es fuerte; nos hostiga, nos bloquea, nos amenaza, mucho más al calor de una nueva situación mundial, en que prácticamente estamos en los umbrales, o de lleno ya en una situación de carrera armamentista y de guerra fría. Por eso, nosotros no podemos descuidarnos y no podemos dejar de estar alerta.

Por tanto, el Partido ha dado instrucciones a las Fuerzas Armadas de formar las Milicias de Tropas Territoriales, como una fuerza más (APLAUSOS), que estarán integradas por hombres y mujeres, obreros, campesinos, estudiantes, todo el que sea capaz de combatir, para organizarlas y articularlas, a fin de que puedan defender cada pedazo del territorio nacional (APLAUSOS). Todos aquellos que sean capaces de combatir y no estén encuadrados en la reserva de las tropas regulares, podrán pertenecer a las Milicias de Tropas Territoriales.

Porque, ven bien que en Cuba —como en Nicaragua, aunque Cuba tiene un ejército mucho más fuerte que el de Nicaragua, lógicamente, porque tiene mucho más tiempo, y tiene una población más numerosa— no es solo la guerra regular la que habría que enfrentar a una agresión; habría que enfrentar al enemigo también la guerra popular. Las dos cosas: a la resistencia de las unidades regulares y a la resistencia de todo el pueblo.

¿Saben lo que nos hace fuertes realmente, tanto a nosotros, como a Nicaragua, como a Granada? El hecho de que se trata de revoluciones populares, revoluciones de un gran arraigo, de un gran apoyo popular; y cualquier enemigo tiene que pensar que es una locura invadir un país como este, es una locura, porque le puede pasar como a las tropas de Napoleón en España, que entraron y después no hallaban cómo salir, o las de Napoléon en la vieja Rusia, que entraron y después no hallaban tampoco cómo salir. Porque entrar, se puede; pero sí se van a topar con un pueblo como este, sí se topan con un pueblo como este, es muy difícil después salir. Ese es el problema (APLAUSOS) .

Es decir, que nosotros tenemos que prepararnos para los dos tipos de guerra: la convencional y la popular; las dos guerras, los dos tipos de guerra. Eso es lo que obligará a los imperialistas a pensarlo unas cuantas veces, antes de cometer el disparate de una invasión a nuestro país.

Pero nosotros tenemos riesgos, porque ya algunos de ellos han empezado a hablar en términos más agresivos; han planteado algunos ignorar los acuerdos de 1962, es decir, de nuevo empezar a plantear las tesis de su derecho de invadirnos. Otros han dicho de una manera cínica que, sí se produce una situación conflictiva en otra parte del mundo, ellos se tomarían la libertad de llevar a cabo la acción donde más les conviniera; en dos palabras: se estaban refiriendo a Cuba, dado el hecho de que Cuba está a una enorme distancia de la Unión Soviética y del campo socialista.

De modo que nosotros tenemos que ser realistas, tenemos que ser realistas, porque esos peligros surgen de la creciente agresividad imperialista, y ante las teorías y cosas que están planteando. Pero ellos deben saber qué es lo que se van a encontrar. Por eso decíamos que era tan importante esta concentración, porque esto le indica al imperialismo que aquí hay un pueblo —¡y qué clase de pueblo!

Yo diría que esta es una batalla que se ha librado hoy en defensa de la integridad de nuestra patria (APLAUSOS). La sola presencia de ustedes, la sola presencia de ustedes en esta plaza es una batalla, y una importante batalla en defensa de la integridad y la seguridad de Cuba; porque lo peligroso es que el enemigo se confunda, lo peligroso es que el enemigo se engañe.

Pero vamos a hacer algo más, ya se empieza a trabajar en la elaboración de planes de qué debe hacer el país para sobrevivir y resistir en caso de un bloqueo total; en caso de un bloqueo total qué tiene que hacer cada uno de nosotros. Y suponiendo que no entren alimentos, que no entre combustible, qué tenemos que hacer para sobrevivir y resistir.

Porque ellos hablan también de esas tesis. Decir: bueno, no hacer una acción militar sobre el territorio, sino minar los puertos. Estas maniobras tenían como uno de los objetivos estudiar cómo había que hacerlo. Hablan de bloqueos navales, calculando lo difícil que sería para un país sin petróleo sobrevivir a un bloqueo naval. Y nosotros tenemos que elaborar los planes de qué hacer en esa situación. Por cierto que Regan o Reagan o Rigan, no sé cómo se pronuncia, que es el candidato seguro del Partido Republicano, se ha declarado partidario de hacer bloqueo naval a Cuba. Claro que nada de eso es fácil, debemos advertírselo. Pero nosotros tenemos el deber como revolucionarios, como pueblo realista, de tener una respuesta para cada uno de estos problemas. Pero lo que sí no podrán imaginarse ellos es que Cuba alguna vez se rendirá, porque jamás nos rendiremos, ¡jamás nos rendiremos! (APLAUSOS PROLONGADOS)

Si no hay un clima de paz en el Caribe la culpa no la tenemos nosotros, la tienen ellos. Supriman su bloqueo, supriman su base en Guantánamo, dejen de hacer sus vuelos sobre Cuba, respeten a Nicaragua, respeten a Granada. Si a eso le añadimos la no interferencia en los asuntos internos de otros pueblos de América Latina, entonces se podría crear un clima de paz, de distensión. Tenemos el deber de luchar por desarrollar la paz y la colaboración entre los pueblos. Pero lo que no haremos jamás es ponernos de rodillas a los pies del imperialismo para rogarle la paz (EXCLAMACIONES DE: "¡No!" Y DE: "¡Carter, la CIA, la misma porquería!")

La situación internacional tiende a complicarse. Deseo llamar la atención, aprovechar esta oportunidad para hablar de la situación en Irán.

A todos nos interesan estos problemas, porque un conflicto allá o por otra parte puede dar lugar a determinadas acciones de ellos en otras partes como han declarado cínicamente. Es decir, que lo que pasa en todas partes nos interesa; nos interesa como revolucionarios, nos interesa como hombres conscientes, nos interesa además por nosotros mismos. Lo que pasa en el mundo nos interesa.

En Irán ustedes conocen que la dinastía del Sha duró más de 30 años. Ese pueblo vivió bajo una tiranía feroz durante decenas de años. El pueblo había derrocado al Sha una vez, y la CIA, igual que hizo en Guatemala, exactamente igual, lo reinstaló en el Gobierno. Eso se conoce, es histórico, existen todos los documentos, todas las pruebas. Asesinó a cientos de miles de iraníes, encarceló, torturó, cometió todo tipo de horrores. El pueblo iraní, con una gran valentía, con un gran patriotismo, casi sin armas, y a pesar de que el Sha poseía el ejército más poderoso de esa zona, derrocó al Sha. Y naturalmente eso produjo una irritación y un rechazo muy grande hacia la política de Estados Unidos. Cuando Estados Unidos, además, comete el error de llevar al Sha a su propio territorio, eso provocó un estallido popular, un estallido de indignación que dio lugar a los sucesos de la embajada de Estados Unidos en Irán, la toma de la embajada y la captura de un grupo de funcionarios.

La respuesta de Estados Unidos, prepotente frente a hechos de esa naturaleza, es la fuerza. Fue la acción de la CIA instalando al Sha allí la que produjo ese odio de las masas, fue el apoyo que le brindó Estados Unidos al Sha lo que produjo ese odio contra Estados Unidos, fue la llegada del Sha a Estados Unidos la que produjo la explosión de las masas.

Y nosotros siempre hemos tenido la posición de que ese problema tiene que resolverse por medios políticos y diplomáticos, y no por la fuerza, el problema de la embajada y el problema de los llamados rehenes.

Pero Estados Unidos ha cometido una serie de errores. El primero de ellos fue prácticamente confiscar, apoderarse de miles de millones de dólares que tenía el Estado iraní en bancos norteamericanos. Esa medida de fuerza, de prepotencia, esa medida ilegal, tenía que incrementar la irritación de los iraníes. Y cada cosa que han hecho los norteamericanos ha ido irritando más a los iraníes. Movilizan grandes fuerzas, portaaviones, decenas de unidades navales, a las proximidades de Irán, lo amenazan, y naturalmente eso irrita más a los iraníes. Además de eso hablan de que antes de julio realizarán acciones militares. Y, efectivamente, algunas hicieron, como fue el intento de ataque comando en Irán para resolver el problema por la fuerza y la sorpresa.

Han complicado más la situación. Ahora los estudiantes han dispersado a los llamados rehenes. En definitiva sería muy grave cualquier acción de fuerza contra el pueblo de Irán.

Los Estados Unidos además ahora han prohibido el comercio con Irán y han establecido una especie de bloqueo a Irán, y amenazan con nuevas medidas, y tratan de arrastrar a Europa Occidental y a Japón al bloqueo económico contra Irán, es decir, el intento de rendir a Irán por hambre, algo parecido a las cosas que nos hicieron a nosotros. En Irán se ha producido una verdadera revolución popular —eso es incuestionable—que tiene una extraordinaria fuerza. Y es nuestro deber apoyar a Irán, solidarizarnos con Irán, porque todo lo que está ocurriendo en Irán nos recuerda lo que pasó en nuestro país (APLAUSOS).

Debemos trabajar, a la vez, para que cesen los conflictos entre nuestros hermanos iraquíes y los hermanos iraníes. Debemos trabajar para que sus problemas se resuelvan por vías diplomáticas, porque esos conflictos solo llevan agua al molino del imperialismo.

Ahora bien, ¿qué va a ocurrir si Estados Unidos logra implantar ese bloqueo a Irán? ¿Tratar de rendirlo por hambre? Pero Irán es un país que pertenece al Tercer Mundo, pertenece al Movimiento de los No Alineados y pertenece a la OPEP, es decir, Organización de Países Exportadores de Petróleo.

La OPEP tiene en sus manos impedir un bloqueo económico a Irán; lo tiene en sus manos si advierte que el suministro de petróleo será suspendido a los países que se sumen al bloqueo contra Irán (APLAUSOS). Porque Occidente no tiene posibilidades de aplicar un bloqueo económico a Irán si la OPEP no quiere, si la OPEP se resiste, si la OPEP, con toda razón, advierte esas consecuencias. Y decir: bueno, si quieres matar de hambre a 35 millones de seres humanos, no te envío combustible para que pasees en coche. Esta es la hora de la OPEP, la hora de prueba de la OPEP, que no debe servir solo para aumentar precios y acumular grandes fortunas. Es la hora de prueba de la OPEP, es la hora de prueba para los Países No Alineados, y es la hora de prueba para los países del Tercer Mundo.

Por eso, será muy interesante ver qué hace la OPEP. Y esperamos que la OPEP no haga como la OEA, no haga lo que hizo la OEA cuando los imperialistas establecieron sus bloqueos y sus planes agresivos contra Cuba. Este es un problema que debemos seguir de cerca, movilizar nuestras relaciones, nuestros amigos internacionalmente para darle apoyo a Irán.

Claro que Irán está lejos. Pero aquí mismo, cerca de nosotros, tenemos el caso de El Salvador, donde se está cometiendo un verdadero genocidio, donde están asesinando a miles de patriotas.

Para entender qué inconsecuentes son las políticas de algunos Estados, tenemos el ejemplo de lo que hizo el Pacto Andino a raíz de este y de otros problemas. Nosotros no somos opuestos a la integración de América Latina y el Caribe; por el contrario, somos partidarios. Y con México, fuimos fundadores del SELA, Sistema Económico de América Latina. Pero sí somos opuestos a las mafias políticas en este hemisferio, porque no conducen a nada. Nos habría gustado un Pacto Andino progresista, mejor aún un Pacto revolucionario. Como decía un letrero el día de la Marcha del Pueblo Combatiente: el Pacto Andino debe convertirse en el pacto verdadero de Bolívar y de Sandino.

Pero, ¿qué hizo? ¿Qué ha hecho por ejemplo con relación a estas maniobras provocadoras y amenazantes que estaban organizando los yankis? No hicieron ni una declaración. ¿Qué han hecho con relación al bloqueo a Cuba, que es un crimen? No han hecho ni una declaración condenando al bloqueo. ¿Qué han hecho con relación a la base de Guantánamo? No han hecho una sola declaración exigiendo que nos devuelvan ese territorio. ¿Qué han hecho con relación a los vuelos espías sobre Cuba, que es una desvergonzada violación de nuestra soberanía? No han hecho nunca una sola declaración condenatoria. ¿Qué han hecho con Puerto Rico, un pueblo hermano, al cual se quiere engullir el imperialismo, al cual se quiere anexar Estados Unidos? No han dicho una palabra. ¿Qué han dicho sobre Irán y el bloqueo a Irán? Que se sepa, hasta ahora, no han dicho ni una palabra. ¿Qué han dicho sobre el genocidio que se está llevando a cabo en El Salvador? No han dicho una palabra. Y allí mueren y han muerto en los últimos meses miles de personas.

Contra nosotros lanzaron un diluvio de propaganda alrededor de los sucesos del Perú, y allí no hubo ni un herido.

Digamos que allí, donde miles de patriotas están muriendo, el Pacto Andino no dice una palabra. Y tiene lógica. Porque, precisamente, el partido gobernante de Venezuela, uno de los miembros del Pacto Andino, apoya al Gobierno genocida de El Salvador, lo mismo que apoya en Panamá a una llamada Democracia Cristiana, que es un grupo de derecha, reaccionario, que conspira contra el Gobierno progresista de Panamá.

Estas son las cosas. Y en relación con este problema, adoptaron una política demagógica contra Cuba; actuaron corno una mafia. No voy a decir que la conducta de todos fue igual. Hubo diferencias de unos y de otros, pero para eso sirvió, exclusivamente, el Pacto Andino.

Tenemos, repito, la situación de El Salvador, que exige el más amplio apoyo internacional para frenar las manos de los imperialistas.

Estas demostraciones nuestras son parte de la lucha no solo por la defensa de nuestra propia integridad, sino por la defensa de la integridad de Granada, de Nicaragua, por la defensa de la soberanía de los países del Caribe y de América Central. Es parte de nuestra lucha.

Por eso este acto ha tenido un carácter singular. Ha sido realmente un acto internacional de los trabajadores. Para nosotros ha sido motivo de gran honor, gran satisfacción; nos hemos sentido muy estimulados, muy fortalecidos por la presencia del compañero Bishop en este acto. Tuvo su acto por la mañana en Granada, y su acto por la tarde en La Habana (APLAUSOS). La presencia del compañero Daniel Ortega (APLAUSOS). Ustedes conocen a ambos dirigentes ya desde antes, desde la VI Cumbre. La presencia del Presidente del Consejo Mundial de la Paz, compañero Chandra, entre nosotros (APLAUSOS). La presencia del dirigente de la Organización Mundial de los Trabajadores, el compañero Pastorino (APLAUSOS). Nos ha honrado la presencia valiosa de la representación, pudiéramos llamar, de lo mejor de los intelectuales de América Latina, el compañero Juan Bosch (APLAUSOS) y el compañero Gabriel García Márquez (APLAUSOS).

Mucho ha significado todo esto para nosotros, para darle un carácter realmente histórico a este, que ha sido el más grande acto de la Revolución.

Nosotros, aparte de mantener la movilización y prepararnos para la Marcha del 17, tenemos que convertir esta energía no solo en fuerza política, no solo en fuerza militar, sino también en fuerza productiva. Como explicó Veiga, las próximas semanas son decisivas tanto para la terminación de la zafra, como para la gran cantidad de caña que hay que sembrar y limpiar. Debemos convertir esta energía en una fuerza productiva. Nosotros debemos convertir esta fuerza tremenda, derivada de esta colosal batalla de masas, derivada de esta definición revolucionaria del pueblo, derivada de este odio que se ha expresado contra el vago, contra el parásito, contra el lumpen, contra el antisocial, también en una fuerza de conciencia, en un instrumento de la lucha por la exigencia, la lucha para superar las deficiencias y la lucha para vencer las dificultades. Esto es muy importante: si somos capaces de convertir esta increíble, gigantesca fuerza, en instrumento de la lucha contra nuestras propias deficiencias, en la lucha contra nuestras propias debilidades.

Muchas cosas han sido emocionantes hoy, muchas cosas han sido estimulantes. La más esencial, la más fundamental, ha sido el pueblo. Creo que en todos nosotros dejará la tarde de hoy una impresión inolvidable, una impresión imborrable.

Sin demagogia, sin propósito de halagar, sino como expresión del más profundo, sincero y emocionado espíritu de justicia, me atrevo a decir que un pueblo como este merece un lugar en la historia, un lugar en la gloria. ¡Que un pueblo como este merece la victoria!

¡Patria o Muerte!

¡Venceremos! (EXCLAMACIONES DE: "¡Venceremos!")

(OVACION

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