sábado, 14 de julio de 2018

Francisco Peña Riveros, el último frentista que Francia se negó a extraditar.-a


Francisco Peña Riveros





6 NOV 2018 

En 2014, la Corte Suprema requirió, sin éxito, la extradición del exsubversivo condenado por el secuestro del menor Gonzalo Cruzat. Al igual que Ricardo Palma Salamanca, contaba con la condición de asilo. Según explica Francisco Brzovic, -hermano de Silvia, la expareja del Negro- "Francia es un país a años luz de Chile en cuanto a democracia e independencia de las instituciones" mientras que Chile "no da garantías".
La planificación del escape duró más de un año. Cuando el 30 de enero de 1990, el exfrentista Francisco Peña Riveros, se fugó junto a otros 48 prisioneros vinculados a delitos políticos de la Cárcel Pública de Santiago -demolida en 1994-, el túnel de 60 metros de largo y 50 centímetros de diámetro llevaba varios meses en construcción. Los subversivos que idearon la huida partieron cavando con tenedores y cucharas, escondiendo la tierra sobrante en un entretecho; construyeron luego sistema de ventilación artesanal con botellas de plástico y, finalmente un sistema eléctrico que les permitió continuar avanzando.

La noche en que Peña Riveros recuperó la libertad, dejando atrás los seis años en que permaneció en el recinto que operaban entre la Estación Mapocho y el Mercado Central, se encontró con un grupo de ayudistas que los trasladó en una micro a casas de seguridad y que le dejó boletos de metro, algo de ropa y dinero para locomoción. Tras un año en la clandestinidad, Peña Riveros, al igual que otros frentistas como Jorge Angulo González, Juan Carlos Cancino, Ricardo Campos, Víctor Díaz Caro y Juan Carlos Caro, eligió Francia como lugar de residencia. Desde allí, la Corte Suprema solicitó extraditarlo en 2014, sin tener éxito. Es el precedente más directo de lo que probablemente ocurra con Ricardo Palma Salamanca el próximo 12 de diciembre, cuando la Corte de Apelaciones de Paris revise la petición hecha por Chile y que se prevé sea compleja tras la resolución de la Oficina Francesa de Protección a los Refugiados y Apátridas (Ofpra) de concederle la calidad de refugiado a él y su familia.
Peña Riveros había sido condenado en Chile en ausencia a presidio perpetuo en la causa por la sustracción del  entonces menor Gonzalo Cruzat en 1984. Se trata de uno de los primeros secuestros del Frente: El miércoles 11 de abril de 1984, mientras Gonzalo, de 11 años, esperaba locomoción colectiva en la esquina de su casa, en Charles Hamilton con Lo Fontecilla, fue forzado a subir a un vehículo y trasladado a un sótano que medía 1.90 por 1.50 metros. Allí estuvo durante cuatro días y medio, hasta que su padre, el empresario Manuel Cruzat, entregó los $ 30 millones y US$ 200 mil que se exigió como rescate. Además, el exguerrillero tenía otras sentencias por asociación ilícita por la irrupción a una armería y a una agencia italiana de noticias, que sumaban otros 18 años de presidio y dos penas de 541 días.

En un libro publicado en 2006, titulado “La gran evasión”, Peña Riveros aseveró que “yo hago parte de las personas que no creyeron en el cambio de gobierno, del cambio democrático entre comillas y por esa razón decidimos fugarnos de la cárcel. El trabajo en la cárcel que permitió que recobrásemos nuestra libertad duró prácticamente un año y durante este tiempo, siempre nos interrogamos y analizamos si era o no correcta la evasión, pensando que se avecinaba un cambio de gobierno. Nuestra conclusión fue que el gobierno que venía, la Concertación, no nos iba a permitir la libertad, que íbamos a continuar en la prisión y que lógicamente nuestro derecho era continuar la lucha en la que nos habíamos comprometido, por lo cual la cárcel se convierte en una nueva trinchera. Es por esto que decidimos lograr la libertad por nuestros propios medios”.
Cuando se activó, por fallo unánime de la Segunda Sala de la Corte Suprema, el trámite de extradición, Peña Riveros y su familia contaba con la condición de asilo a través de un visado especial que concedió François Mitterrand a los presos políticos y que fue clave para denegar el requerimiento del máximo tribunal chileno.
Ello, además, no es extraño. Según cifras del Poder Judicial publicadas por La Tercera en febrero de este año, entre 2007 y 2017 Chile ha solicitado la extradición de 86 personas desde el extranjero en el sistema de la justicia antigua, que indaga delitos anteriores a 2005. Sólo en ocho casos esta petición ha tenido buenos resultados.

¿Por qué Francia?

Si bien tampoco ha habido éxito en otras peticiones sobre exfrentistas, como las hechas a Suiza por Patricio Ortiz o a Argentina por Galvarino Apablaza, Francia, en particular, es especialmente reticente a este tipo de procedimientos.
Francisco Brzovic, -hermano de Silvia, la expareja de Palma Salamanca que se encuentra en París con él y sus hijos- asevera que Francia “ tiene una tradición de solidaridad y fraternidad muy grandes, su historia está ligada a estos valores. No hay que olvidar que el golpe de estado de Chile fue durante el gobierno de Giscard d’Estaing, que es de derecha, sin embargo no escatimaron en ayudar y apoyar con todos los medios posibles a las víctimas de la dictadura”.
Francisco, quien es cineasta y reside en París, recalca que en el caso de su hermana, él está “muy contento que hayan obtenido el refugio, me parece muy lógico, y la mejor prueba de ello es las reacciones desmedidas, desaforadas y completamente viscerales de parlamentarios y responsables políticos, es espeluznante saber que son esas personas que tienen el poder y dirigen el país”.
Agrega que “falta mucha cordura y objetividad en el tratamiento de este tema, ya que como bien lo dijo el abogado en la conferencia de prensa de ayer, Chile no da garantías de nada. A modo de ejemplo, el caso Pinochet fue una burla y un brazo de honor que le hicieron al mundo entero, y se supone que eso también ocurrió en ‘democracia’ y en pleno estado de derecho, que mas decir, sino que Francia es un país a años luz de Chile en cuanto a democracia e independencia de las instituciones, por lo que me da risa las pataletas de estos señores que pretenden pedir cuentas y ser ejemplo de sobriedad, seriedad y responsabilidad”.


Habla en exclusiva para Radio Francia Internacional, el ex miembro del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, grupo de lucha armada contra el dictador chileno Augusto Pinochet. Francisco Peña llegó a Francia en 1991 después de fugarse de la cárcel pública de Santiago junto con otros detenidos por un túnel que construyeron durante un año. Peña nos cuenta su historia tras la decisión de la justicia francesa de no extraditar a otro exfrentista, Ricardo Palma Salamaca. 

RFI: ¿Por qué estaba usted detenido en Chile en aquella época?

Francisco Peña: Fui detenido y encarcelado en el año 1984 porque pertenecía al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y desarrollábamos la lucha armada contra la dictadura de Pinochet. En ese contexto, dentro de todas las actividades que se realizaron, acciones militares y acciones de movilización, la represión llegó hasta nosotros y me detuvieron. Fui condenado por varios cargos: por la ley anti-terrorista, la ley de control de armas y explosivos, la ley de seguridad interior del Estado y por sustracción de menor. Fui acusado del secuestro de Gonzalo Cruzat (hijo del empresario Manuel Cruzat y que fue secuestrado en 1984 cuando tenía 11 años).

RFI: ¿Cómo fue el juicio?

FP: Todas las confesiones fueron hechas bajo tortura, incluso una la de sustracción de menor fue hecha con presión al interior del Juzgado. El juez que tenía en esa época, que se llamaba Juan Manuel Muñoz Pardo –el nombre me lo aprendí muy bien– y su actuario Letelier llevaron a la Central Nacional de Informaciones (CNI) [órgano de represión de la dictadura de Pinochet] al tribunal para presionarme diciendo que, si no firmaba la declaración ante el juez, ellos me llevaban de vuelta al cuartel. Todo esto delante del juez y el juez dijo: “Bueno, tienen que llevárselo si no quiere confesar”. Entonces en este momento yo firmé la declaración reconociendo que había participado en el secuestro. Así es que todas estas acusaciones se dieron luego de, primero, diez días en los que estuve detenido en la CNI, en el cuartel secreto, bajo tortura. Y posteriormente, en el periodo en que estaba incomunicado en la cárcel, en que no tenía relación con mi abogado ni con nadie, fui presionado en el tribunal. Y hoy día, curiosamente, ese mismo juez es miembro de la Corte Suprema.


RFI: ¿Las acusaciones son infundadas?

FP: Reconocí algunas acciones puesto que yo pertenecía al Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) y lo reconocí. Reconocí las acciones de propaganda armada en la que había participado, y después enseguida me cargaron un montón de otras acciones en las cuales yo no había participado, justamente basándose en la tortura y haciendo que a través de ella uno firmara las declaraciones sin saber lo que en ellas se decía. Eso fue en el año 1984 y me enviaron a la cárcel pública de Santiago.

RFI: Y ahí también cayeron detenidos otros miembros del FPMR, y al interior de la cárcel, había digamos una especie de organización, ¿no?

FP: Había un comité de presos políticos local y enseguida funcionó la Coordinadora Nacional de Presos Políticos que organizaba y coordinaba toda la actividad de los presos políticos a nivel nacional.

RFI: En esa organización, se puso en marcha un plan de evasión…

FP: La idea fue propuesta a los compañeros de la organización en el exterior de la cárcel, diciendo que había una idea de fuga y qué les parecía. Entonces los compañeros del exterior nos dijeron: “Nosotros vamos a hacer un túnel desde afuera hacia adentro”. Fueron pasando los días, las semanas, los meses y no había ninguna noticia. Entonces los compañeros decidieron empezar con el túnel desde el interior. Avisaron al exterior y los compañeros les dijeron: “Ustedes solamente hagan en un hoyo de seis metros de profundidad y nos dicen dónde va a estar y nosotros llegamos a ese hoyo por fuera”.

Así que los compañeros hicieron el hoyo y nuevamente quedaron esperando. No había noticias, nadie decía nada, así que decidieron avanzar y se optó por la dirección del metro, puesto que nos daba la posibilidad en algún momento si llegábamos al metro de hacer un hoyo y de bajar directamente por ahí.

RFI: ¿Cómo hicieron el túnel?

FP: Los elementos que utilizamos eran muy rudimentarios. Eran pedazos de fierro que recuperamos en un momento en el que teníamos somieres para dormir. Los guardamos, los afilamos y los usamos como chuzos para picar la tierra. Después sacamos la tierra en un balde y la íbamos echando en sacos. Pero a medida que íbamos avanzando en el túnel, el aire iba siendo más necesario. Así que se creó un sistema de ventilación con un pequeño motor que teníamos para hacer artesanía. Había un equipo creativo que se encargaba de inventar cosas para mejorar el trabajo en el túnel. Creamos un tubo uniendo botellas de gaseosas. Les cortábamos las dos puntas y las pegábamos con cinta adhesiva. Después también se hizo un sistema de iluminación y un sistema de comunicación. Este mismo equipo creativo construyó un sistema de micrófono y parlante con una grabadora.

Teníamos un parlante dentro del túnel y estaba otro compañero arriba en la celda, a cargo de la seguridad. El recibía toda la información sobre lo que pasaba en el túnel, en caso de que hubiese un derrumbe, en caso de que a alguien lo llamaran a declarar a la fiscalía o a tribunales, en caso de que alguien lo fuera a buscar para ir al médico o a la sala de abogado. El que estaba a cargo se comunicaba. Todo estaba codificado, hablábamos en clave. Decía las palabras necesarias y la persona salía del túnel y se iba a la sala de abogados o a la fiscalía.

RFI: ¿La construcción del túnel duró mucho tiempo?

FP: En todo esto nos demoramos prácticamente un año hasta el día que decidimos que estábamos listos para salir. Entonces hicimos el orificio y para saber dónde estábamos se tiró tinta a la calle con una jeringa. A la mañana, un compañero vio la tinta y nos dijo: “Les faltan tres metros para pasar la muralla de la Estación Mapocho”. Tuvimos que volver de nuevo a picar y ese día que nosotros teníamos pensado fugarnos hubo que posponerlo por tres o cuatro días más, hasta pasar la muralla de la Estación Mapocho, que era la muralla que nos protegía de la visión que tenían los guardias de la cárcel.

RFI: ¿Cuántos detenidos pasaron por ese túnel?

FP: Por ese túnel, organizados, pasamos 25. Y después de nosotros, otros compañeros encontraron el túnel y se fueron otros 20. En esa misma noche detuvieron a siete.

RFI: Usted se salvó y llegó a Francia…

FP: Primero me fui a Argentina. Allí pedí refugio político en el Consulado francés. Fue una situación que aprovechamos porque la Señora Mitterrand (esposa del presidente en ese momento y comprometida con los exiliados chilenos) había ofrecido visa para todos los presos políticos. Francia nos concedió el refugio político. Así que viajé a Francia y al otro día que llegué, ya tenía la carta de refugiado político y quedamos con residencia de diez años. Años después, pedimos con mi familia la naturalización y pasamos a ser franceses.

RFI: ¿Ahora usted puede viajar libremente a Chile sin ningún problema?

FP: No puedo viajar a Chile todavía, porque en el año 1997 fui condenado en ausencia a cadena perpetua por el secuestro del menor (Gonzalo Cruzat), me condenaron a 18 años de cárcel por asalto y a 541 días por asociación ilícita. Esto hace que no pueda tampoco obtener la prescripción del delito porque fui condenado. No tenía defensa cuando me condenaron, y la condena fue ejecutoriada. Por lo tanto, la pasaron, sin apelación, de la Corta de Apelaciones a la Corte Suprema y la Corte Suprema ratificó la petición de condena. Esto fue en el año 97, entonces como tuve cadena perpetua, tengo que estar 30 años en el extranjero para poder obtener la prescripción. Esa es una situación bien especial que la vivimos aún varios compañeros.

RFI: ¿Hay muchos exguerrilleros en esa situación?

FP: Hay tres categorías de gente que está impedida de volver a Chile hoy en día. Unos son a los que el gobierno de Patricio Aylwin, primer gobierno después de la dictadura, les cambió la pena de cárcel por extrañamiento. Por ejemplo, el que estaba condenado a 40 años de cárcel, tenía que hacer 40 años de exilio antes de volver. Hay otros que han vuelto sin haber cumplido la pena como Marchant o Paulsen, que volvieron porque sus padres murieron y que entraron a Chile y fueron expulsados de nuevo. Y luego, estamos los que nos fugamos de la cárcel, muchos no tenemos nuestra situación resuelta  y no podemos volver a Chile. Luego hay gente que está acusada pero que nunca fue detenida. 

RFI: En su caso, Chile pidió su extradición pero Francia no la concedió.

FP: Hace tres años, el gobierno de Chile, por petición de la Corte Suprema, pidió mi extradición al gobierno francés aduciendo que yo no había cumplido mi condena, que estaba viviendo en Francia y que por lo tanto me tenían que enviar a Chile. El gobierno francés resolvió rechazar la extradición.

RFI: ¿Por qué razón?

FP: Porque primero yo fui refugiado político, torturado y se aplicó el acuerdo internacional contra la tortura. En estos momentos yo no puedo salir del territorio francés. Digamos que estoy preso en Francia. Si salgo, empiezan a correr los acuerdos bilaterales. Si voy a España por ejemplo, empieza a correr el acuerdo bilateral. Como a mí me busca Interpol, si aparezco por cualquier país voy a ser detenido y me van a enviar a Chile. Curiosamente la condena que yo tengo es el doble de lo que duró la dictadura militar. La dictadura duró 17 años. Y eso a pesar de haber pasado cinco gobiernos, digamos, democráticos.

RFI: Palma Salamanca también se fugó de la cárcel, también formó parte del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, le han dado el estatuto de refugiado político y ahora han negado su extradición.

FP: Que Francia haya rechazado la extradición de Palma y que la OFPRA lo haya refugiado nos alegra profundamente. Demuestra claramente la situación de la justicia en Chile. Demuestra que los jueces siguen siendo obsecuentes a un poder fáctico acusando y castigando a los que luchamos por tener la libertad y la democracia en Chile y esas acusaciones se mantienen además con confesiones bajo torturas. Las declaraciones de Palma Salamanca se sacaron bajo tortura, posteriormente fue encarcelado en una cárcel de alta seguridad de donde afortunadamente logró arrancarse con nuestros compañeros.

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