lunes, 11 de marzo de 2019

Muerte de José Martí, en Dos Ríos el 19 de mayo de 1895.-a



Como ya hemos visto el día 12 de mayo habían llegado Martí y sus compañeros a los campos de "Dos Ríos" estableciendo allí su campamento, para dedicarse a despachar correspondencia, trasmitir órdenes, organizar e instruir sus fuerzas, recibir datos e informes de las operaciones de guerra y esperar refuerzos, principalmente las tropas al mando del General Bartolomé Masó, que debía reunírseles en ese lugar.
En dicho campamento pronunció Martí un elocuente discurso, como todos los suyos; y cuentan los que le oyeron ese día, que de pie, sobre los estribos de su caballo, se dirigió a las tropas, arengándolas, enardeciéndolas e impresionándolas hasta hacer derramar lágrimas a los viejos veteranos del 68. Esos viejos veteranos que eran inmutables ante los fusiles y cañones españoles, estaban allí conmovidos al oír las palabras ardientes y patrióticas del Maestro.
Todos llamaban a Martí "Presidente", aunque él sólo quería que lo llamaran "Delegado". Había en el campamento gran animación y alegría. Los revolucionarios se entregaban a sus trabajos con el brío y el entusiasmo de los grandes luchadores.
Martí laboraba con afán, moviéndose y visitando los lugares, más recónditos del campamento; atendiendo a todo; cuidando y alentando a los heridos; dando algún consejo; escribiendo y hablando siempre de la patria. Máximo Gómez, activo, enérgico, daba órdenes y se agitaba nervioso, preparándose para el combate... Pero, muy pronto, aquel patriótico júbilo y ardoroso entusiasmo, habría de convertirse en silencio profundo e infinita tristeza.
El General Gómez había tenido confidencias de que acababa de llegar a Palma Soriano un gran convoy custodiado por fuerte columna al mando de un Coronel, y que el mismo seguiría después a "Las Ventas de Casanova", a fin de aprovisionar toda esa línea de fuertes. Estimó el General de gran importancia atacarlo, y con tal objeto decidió el día 16 de mayo, salir para "Las Ventas de Casanova". Escogió cuarenta hombres de Caballería para dicha operación, dejando a Martí con el resto de las fuerzas encargado del campamento, donde debía permanecer en espera del General Masó, que "con el número mayor de hombres que pueda reunir", según la orden del General Gómez, debía incorporarse en ese lugar.
El coronel D. José Jiménez de Sandoval, jefe de la columna que abatió a los insurrectos entre Bijas y Dos Ríos (Santiago de Cuba) y la muerte al titulado presidente D. José Martí, en la revista española La Ilustración Española y Americana .

El día 17 salió el General Gómez con sus cuarenta jinetes y se dirigió a "Las Ventas de Casanova" para atacar al enemigo que suponía marchando en ese rumbo. No encontró rastro alguno del convoy, y creyendo que estaría por Remanganaguas, marchó hacia este lugar, llegando a el en los momentos que el enemigo entraba en el pueblo, lo que pudo apreciar con sus lentes desde una loma contigua, por lo que se emboscó en sus proximidades para esperarlo, tomando las precauciones del caso. El enemigo no se movió al parecer.
El día 18 al amanecer, el General Gómez emboscó a sus soldados y esperó la salida del convoy. Recibe aviso de sus escuchas de que "han comenzado a cargar las acémilas" para salir. Más tarde recibe otro aviso de que "han descargado las mismas" y hay silencio absoluto. A las 12 del día recibe un aviso de Martí, en el que le comunica la llegada al campamento del General Masó con caballerías estropeadas. El General Gómez contesta: "que acampe y espere..."
Parece que el convoy se detuvo a descargar en Remanganaguas, y por haber sabido confidencialmente el Coronel José Ximénez de Sandoval, que iba al mando del mismo, que el General Gómez lo esperaba en el camino de "Las Ventas de Casanova", para atacarlo, salió sigilosamente para dicho lugar, sin que el General se diera cuenta de ello, a pesar de su vigilancia.

Las fuerzas habían pasado un día terrible, según las palabras del General en su diario; "habían apenas comido y habían tenido que soportar un plaguero terrible".
A las cinco de la tarde el General levantó la emboscada y se retiró a un sitio mejor donde poder pasar la noche.
Parece que un isleño a quien el General había enviado al pueblo a buscar café le dio cuenta a Sandoval de que el General se encontraba allí con mucha gente esperándolo, lo que hizo que el Coronel Sandoval tratara de llegar a "Las Ventas de Casanova" con su convoy, que era su misión, sin ser molestado y una vez libre de ello poder actuar libremente sobre las fuerzas insurrectas.
El día 19, temprano, viendo el Generalísimo que no había señales del enemigo y estando en el campamento esperándolos Martí y Masó, decidió regresar a "La Bija" donde había dejado acampado a Martí, y emprendió la marcha hacia dicho lugar por la orilla derecha del Contramaestre, es decir, por un camino que va de Remanganaguas a "Dos Ríos".
Al llegar al campamento de "La Bija" no encuentra a Martí y demás fuerzas por haberse estos trasladados para "La Vuelta Grande", lugar apropiado para acampar las tropas, y haber mucho pasto para los caballos. Sigue su rastro hasta llegar al campamento cerca de la una de la tarde.
La llegada del General Gómez al campamento fue causa de gran alborozo y alegría. Formaron las fuerzas y hablaron los Generales Gómez y Masó, y también habló Martí, el que estuvo elocuentísimo. Después de esta ceremonia Martí almorzó con los Generales.
A Juan Masó Parra que era el jefe de Día, estaba encomendada la custodia del campamento. Mientras esto ocurría, veamos que hace Sandoval.

El 19 temprano, el Coronel Sandoval, por los informes que ha logrado recoger, sabe que hay partidas de insurrectos por los alrededores y que en la dirección de "La Vuelta Grande" había algún núcleo de importancia. No comunica su proyecto de salir a combatir esas partidas y emprende su marcha con mucho sigilo por la orilla izquierda del Contramaestre. Al llegar a Limones vadea el río y sigue la marcha por el camino de Remanganaguas a "Dos Ríos", o sea, por la orilla derecha del Contramaestre. A poco andar, la vanguardia da el alto a un campesino que trata de huir, pero es alcanzado.
Traído a presencia del Jefe de la Columna, el Guajiro cantó de plano todo lo que sabía, aun cuando ya había hecho desaparecer el papel que llevaba. Este individuo era el isleño Carlos Chacón, de la finca "La Vuelta Grande", donde estaban acampados Martí y Gómez, etc. Chacón confesó el lugar donde estaban los cubanos, y también que un señor a quien todos respetaban, llamado Martí, le había entregado cuatro monedas de oro y otras de plata para que le trajera ropas y víveres de acuerdo con una lista que le había dado éste de su puño y letra. En vista de ello Chacón fue obligado a servir de guía o práctico a la columna española. Sigue Sandoval su marcha y al llegar a "Dos Ríos", precisamente al lugar llamado "La Jatía", hace alto, seguramente por tener noticias de la proximidad del campamento cubano. Probablemente por la familia del prefecto Rosalío Pacheco se entera Sandoval que suman más de trescientos los hombres que hay en "La Vuelta Grande" y decide tomar posiciones estratégicas y esperar.
Coloca una avanzada como de cuarenta hombres cerca de la barranca del río por donde supone ha de venir el enemigo.
Despliega una compañía en línea de combate, apoyando su flanco en el monte distante del río Contramaestre como 400 metros.
También cerca del río aposta una sección, y con el grueso de las fuerzas de infantería y caballería a sus órdenes, espera el momento para lanzarlas donde menester fuere.
En el campamento cubano hay tranquilidad y se disponen a descansar cuando se oyen tiros en dirección del camino de "Dos Ríos". Parece que estos disparos fueron hechos a una patrulla cubana de caballería, por la avanzada española. Se da el aviso de enemigo a la vista. Habían transcurrido escasamente dos horas de la llegada de Máximo Gómez al campamento cuando sonaron los disparos. El General ordenó "¡a caballo!", y dijo al General Masó: "siga con toda la gente detrás de mí". Pensaba el General Gómez poder llegar a los campos de "Dos Ríos", que es un lugar bueno para maniobrar la caballería, lo que no logró por estar ya el enemigo posesionado de sus entradas. La gente demostró un gran entusiasmo, lo que hizo pensar al General Gómez en otro "Palo Seco", según dice en su diario de operaciones. Ataca el General con gran ímpetu la avanzada enemiga arrollándola. Entonces el General ordena a Martí "retirarse hacia atrás que aquél no era su puesto".





Las tropas españolas están desplegadas en línea de combate y resisten la acometida de los cubanos, no sin sufrir muchas bajas. Se generaliza el combate y Máximo Gómez no sabe ya de Martí, el que ha quedado atrás.
Parece que Martí, ante la ruda lucha que estaba presenciando, y de los ineficaces ataques contra las líneas enemigas, se lanzó hacia el enemigo, diciéndole al Ayudante del General Masó, Angel de la Guardia: "vamos a la carga, joven", emprendiendo loca carrera con su revólver desenfundado, seguido por Angel de la Guardia. Parece que con este gesto, intentó en un arranque de valor provocar una reacción favorable de las armas cubanas.
Corría el caballo de Martí, sin saber este a donde iba, guiado solamente por el sonido de los disparos, y en su loca carrera, atravesaron el río Contramaestre, subieron la cuesta del camino, doblaron un recodo que hay en este, y al salir a la recta que desemboca en "La Jatía", cayeron en la zona de fuego de los fusiles enemigos. La cerca que servía de parapeto a los españoles, tenía una portada sobre el camino, y por ella cruzaron Martí y su Ayudante, avanzando hacia el enemigo. Los españoles abrieron intenso fuego sobre ellos, pero Martí siguió avanzando con un valor temerario, hasta caer, mortalmente herido, "de cara al sol", como el pedía en sus conocidos versos, más allá de la línea enemiga, a unos veinte metros de la margen derecha del río Contramaestre, entre un fustete y un dagame. Su Ayudante, Angel de la Guardia, logró escapar ileso después de haber caído herido su caballo. El caballo que montaba Martí volvió a las líneas cubanas, siendo recogido por el corneta José Gutiérrez. La sección que mandaba Sánchez de León fue la que hizo las descargas que produjeron la muerte de Martí.
El cadáver de Martí fue hallado por las fuerzas españolas, y al ver los soldados el aspecto distinguido y las ropas que vestía (sombrero de castor negro, saco oscuro, pantalón claro, borceguíes negros y revólver de cachas de nácar (atado al cuello con un cordón) sospecharon que fuera de algún Jefe de la Revolución y dieron aviso de su hallazgo al Coronel Sandoval, quien ordenó a su Ayudante Capitán de Infantería Don Enrique Satué y Carbonell, -que conocía a Martí de Santo Domingo- examinar el cadáver. Después de cumplimentar este la orden cuidadosamente, y de oír distintas opiniones, llegó a la conclusión, por las marcas de la ropa, por el revolver, etc., así como los papeles y diversos objetos, y la cantidad de dinero que llevaba, ascendente a 500 pesos oro, que se trataba de José Martí. Inmediatamente ordenó el Coronel Sandoval que el cadáver fuera recogido. Encerrado que fue en una hamaca, es colgado en el portal o colgadizo de la casa de Rosalío Pacheco, y después atado a un caballo para conducirlo al inmediato poblado de Remanganaguas.

La columna se puso en marcha siendo hostilizada durante un buen tramo de su recorrido por tiradores destinados al efecto por el General Gómez, con el objeto de que este se detuviera a combatir y tratar de rescatar el cadáver del Maestro, lo que no logro debido a las malas condiciones de los caminos y a que el Coronel Sandoval había acelerado la marcha, a fin de evitar el encuentro con tropas cubanas, que el comprendía tratarían de rescatar el cadáver de su Presidente.
Ya entrada la noche, el Coronel Sandoval ordeno hacer alto en el camino y coloco sus avanzadas. El cadáver fue descansado al lado de un árbol, -un Jobo- que había junto al camino. Este árbol se conservaba hasta hace pocos años y fue señalado por nosotros cuando lo visitó la "Comisión Histórica" en la reconstrucción de la ruta en el año de 1922. El Coronel Sandoval hizo ese alto en su marcha para descansar y reorganizarse ante el temor de caer en alguna emboscada preparada por las fuerzas libertadoras durante la noche, en su afán de rescatar el cadáver. Esto demuestra de una manera clara que el jefe español conocía perfectamente que llevaba los preciados despojos de nuestro Apóstol.
Ya una vez reorganizados y de haber descansado continuaron las fuerzas españolas su marcha, entrando en el poblado de Remanganaguas en la noche. Inmediatamente ordenó el Coronel Sandoval darle sepultura al cadáver de Martí y dio cuenta a la superioridad de la importante operación de guerra llevada a efecto en los campos de "Dos Ríos". El cadáver fue sepultado, sin haberlo colocado en un ataúd, en una fosa cavada en el Cementerio de Remanganaguas y junto con el de un sargento del ejército español, siendo colocado este último cadáver sobre el del Maestro.
En tanto eso ocurría en el bando español, todo era silencio y pesadumbre en el campamento cubano, y esa noche ni las cornetas tocaron silencio. Cuando amaneció, formáronse las tropas, y el General Gómez les dirigió la palabra. Dicen los que le oyeron que el General pronuncio breves, pero elocuentes y sentidas palabras que arrancaron lágrimas de sus oyentes. Después el General ordenó la salida en marcha del campamento, en columna de uno en fondo, y se dirigieron en ordenada y silenciosa peregrinación al lugar del combate.

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